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boletín 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO III iVL 



MADRID 

IMPRENTA DE FORTANET 

CALLE DE LA LIBERTAD, XÚM. 2Í' 

-1883 -S"^ 



'' En las obras que la Academia adopte y publique, cada autor será responsable de 
sus asertos y opiniones: el Cuerpo lo será solamente de que las obras sean acreedoras 
K la luz pública.» 

Estatuto XXV. 



t>P 



A-. 




boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO III. Julio, 1883. CUADERNO I. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS. 

La Academia acordó insertar en el tomo x de sus Memorias la que 
ha escrito el Sr. D. Cesáreo Fernández Duro,, acerca de los viajes 
de Cristóbal Colón, después de haber compulsado las piezas autén- 
ticas del pleito seguido entre la casa de Colón y el fiscal de S. M. 
Estos documentos, á petición de la Academia, vinieron del Ar- 
chivo general de Indias, y fueron estudiados por una comisión 
que la Academia nombró con este motivo. 



Han sido delegados por la Academia los Sres. D. Juan de la 
Rada-y D. Antonio María Fabié, para que la representen en el 
Congreso de Americanistas que ha de celebrarse en Copenhague 
durante la última quincena de Agosto próximo. 



El académico correspondiente, D. Pedro Novo y Colson, lia 
ofrecido á la Academia un ejemplar de su obra Historia de la úl- 
tima guerra del Pacífico^ donativo que la Corporación ha recibi- 
do con singular aprecio. 



I) UOLETi.N DL' LA REAL ACADEMIA DE LA UISTORLA. 

El Sr. Fernández Duro ha ofrecido á la Academia un ejemplar 
del tomo III de su Historia de Zamora, donde, por primera vez, 
han visto la luz [jiiblifa los fueros de aquella nobilísima ciudad. 



El Sr. JL). Vicenle Lafuente ha hecho asimismo un donativo de 
un ejemplar para la biblioteca de la Academia y otro á cada uno 
de sus individuos de su folleto en contestación al publicado por el 
I'. Minguella sobre la patria y vida de San Millán de la Gogolla. 
El ilustre académico toma en consideración y mantiene los pun- 
ios esenciales que había sentado al escribir sobre esta materia 
en el tomo l de la España Sagrada. 



VA Sr. Fita leyó en la íiltima sesión celebrada por la Academia 
una comunicación del príncipe Luis Luciano Bonaparte, relativa 
al famoso himno de los peregrinos, registrado por el códice de 
Calixto, que se conserva en el archivo de la catedral de Gompos- 
tela. El príncipe, cuya competencia en todos los ramos de la 
liencia lingüística es notoria, da la razón á dicho señor académi- 
co en lo tocante á los vocablos ilamencos que ¿iquel himno en- 
cierra; y consigna de paso un rasgo muy característico del idio- 
ma anglosajón, que ilustra las pinturas <) imágenes del Apóstol 
en los si^-'los medios. 



La .\cademia en su iiltima sesión ordinaria celebrada el mar- 
tes ;' del actual, acordó reanudarlas el 28 de Setiembre próximo. 



INFORMES. 



ESCRITURA HIERÁTICA DE LA AMÉRICA CENTRAL. 

Excmo. Si'.: El siglo, que ha visto descifradas las inscripciones 
del Oriente antiguo, mudas esfinges que por tantas y tan varia- 
das épocas de progreso intelectual desafiaron la sagacidad y la 
perseverancia de los sabios, no podía contemplar con indiferen- 
cia los monumentos de arcana literatura, preciosísimos, que bro- 
taron al calor de la civilización reinante en el centro de América, 
mucho antes de que las naves de Pinzón revelasen al antiguo el 
nuevo mundo. Aun cuando el P. Diego de Landa en su Relación 
de las cosas de Yucatán había dado ya los rudimentos de una cla- 
ve para la explicación de la escritura maya, es lo cierto que hasta 
ahora han sido inútiles todas las tentativas enderezadas á expli- 
car los pocos manuscritos que se conservan de ese género, sin 
que puedan exceptuarse de esta afirmación los estudios, dignos 
por otra parte de gran respeto, del célebre abate francés Brasseur 
de Bourbourg, altamente protegidos por el gobierno de Francia. 
M. de Rosny, correspondiente de nuestra Real Academia, bien 
conocido por sus estudios acerca de las lenguas y antigüedades 
del extremo Oriente, ha emprendido con decisión valerosa, pero 
con ánimo prudente, un nuevo análisis de la escritura hierática 
de la América Central; y adoptando nuevos caminos de severa crí- 



S UOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tica, ha intentado, no la traducción completa y absoluta de los 
códices que ha visto, sino un avance hipotético sobre el valor y 
significación posibles de gran número de los signos allí estampa- 
dos. Tal método, si bien hace concebir menos esperanzas á los 
partidarios do soluciones deíinitivas y sorprendentes, satisfará 
mucho mejor, á quienes, avezados á las dificultades de asuntos 
parecidos, juzgan atinadamente que no es firme el paso que no se 
da sobre terreno bien sondado y conocido. 

El Sr. Rada y Delgado, individuo de número de nuestra Real 
Academia y de la de Bellas Artes de San Fernando, después de 
haber prestado al autor no pequeña ayuda en nuestros archivos y 
museos, ha emprendido, de acuerdo con él, una traducción de la 
obra que nos ocupa, con el título de Ensayo sobre la interpre- 
tación de la escritura hierática de la América Central, no sin 
hacerla preceder de un prólogo ó introducción suya propia, y so- 
licita del Gobierno la protección que los derechos vigentes conce- 
den para las versiones de obras importantes ó de inteligencia di- 
fícil. En tal concepto viene á informe de esta Corporación; y aun- 
que el original esté redactado en francés, lengua hoy al alcance 
de la mayoría de los lectores españoles, la importancia suma del 
trabajo, enlazado con nuestra gloriosa historia colonial, le hace 
merecedor de especial distinción y colmados plácemes. Por lo que 
toca al desempeño del traslado á nuestro idioma, no sólo hay que 
decir que está hecho con el acierto propio de un literato de 
fama tan conocida, sino que la importancia del original ha sido 
acrecentada por el traductor con importantes notas é ilustracio- 
nes, debidas ;il conocimiento de piezas exactísimas, que el autor, 
ó bien no lia llegado á ver, ó bien ha poseído en malas copias. 

Todas las circunstancias referidas, unidas al gran dispendio 
<iue han de ocasionar así las numerosas láminas coloridas, hechas 
con todo primor y exactitud, ,y necesarias para ilustrar debida- 
mente el texto, como Umibién los numerosos y complicados sig- 
nos hioráticos que esmaltan en grabado correcto gran parte del 
volumen, inclinan á los que suscriben á proponer á la Academia, 
soliriiuila por el (lobierno en consulta, responda que la obra, cu- 
yos primeros pliegos y láminas ha examinado, es ciertamente 
merercdorn de la protección oficial con arreglo ala Real orden 



ESCRITURA HIERÁ.TICA DE LA AMÉRICA CENTRAL. í) 

del 23 de Junio de 1876. La Academia, como siempre, resolverá lo 
más acertado. 

Madrid 15 de Junio de 188:i. 



Eduardo Saavedra. Antonio María Fabié. 

Fidel Fita. 



II. 



biografías de tres ilustres misioneros en AMERICA Y ÁFRICA 
POR EL P. FR. SERVÁIS DIRKS. 



Los opúsculos enviados por su autor el P. Dirks, á nuestra Aca- 
demia, son de verdadero interés, porque contienen las biografías 
de tres sujetos pertenecientes á la orden seráfica, cuyos hechos 
tuvieron lugar en países y en épocas en que España tenía, y aún 
tiene, una iuüuencia que no ha podido destruir nuestra dolorosa 
decadencia: todos tres son naturales de los Países Bajos que for- 
maron en tiempos, para nosotros más felices, parte de nuestra 
gran monarquía, y dos de ellos ejercitaron sus virtudes en el con- 
tinente americano á poco de ser descubierto y conquistado por 
nuestros heroicos predecesores, de tal manera, que así el inolvi- 
dable Fr. Pedro de Gante como el activo Fr. Josse de Rycke, pue- 
den considerarse como españoles. 

Aunque no ruidosa, porque no se mezcló en los sucesos que 
por aquel tiempo acaecieron en Europa, la vida de estos varones 
apostólicos es digna de estudio, sin que basten á satisfacer nues- 
tra justa curiosidad las noticias que de ellos tenemos; ambos na- 
cieron con corta diferencia en una misma época, en el mismo país, 
y hay muchos motivos para sospechar que corría por las venas 
de uno y otro la ilustre sangre de los Haspsburgos, siendo harto 



10 HUI-I.TIN ÜE I.A nCAL ACADEMIA DE LA HlSTOKlA. 

probable que ambos fuesen hijos bastardos de Felipe I el Hermo- 
so, (¡ue tantos motivos dio á los celos que perturbaron la razón de 
sil esposa Doña Juana. Estos indicios producen casi completa evi- 
dencia por lo que se refiere á Fr. Pedro de. Gante, reuniendo los 
que ya descubrió el Si-. D. Francisco González Vera, con los que 
resultan de las dos cartas de aquel venerable publicadas en la lu- 
josa colección de las de Indias, hechas á expensas del Ministerio 
de Fomento eii 1878. Ya es de notar la circunstancia de que 
Fr. Pedro acompañase á Carlos I cuando vino á España, como 
rlarameute se infiere de la carta que escribió á Felipe II, fechada 
fAi San Francisco de Méjico el 13 de Junio de 1558; en la cual se 
lee lo siguiente: «Y es el caso que yo vine con S. M. el Empera- 
ndor nuestro señor, cuando vino á España y desembarcó en San- 
..lander con otros dos religiosos en compañía de Glapión, su con- 
r-fesor; el uno se llamaba Fray Juan de Tecto, Guardián de Gan- 
óte, y el segundo se llamaba Fray Juan también.» Sabido es que 
aunque el entonces rey Garlos arribó á Villaviciosa de Asturias 
el 17 de Setiembre de 1517 por la escasez de la tierra, siguió por 
mar á Santander, donde desembarcó yendo después por tierra á 
San Vicente de la Barquera. Cinco años hubo de,estar Fr. Pedro 
de (iante en España, sin que sepamos nada de este periodo de su 
vida; pues, según consta, no llegó á Nueva España hasta 15-23; 
de donde se infiere claramente contra lo que dicen sus biógrafos 
que no salió de Gante para ir al Nuevo Mundo, sino que así él 
como los dos religiosos flamencos que en su compañía fueron á 
Méjico, vinieron primero á España con la corte del Rey, y al 
•■abo de algunos años emprendieron su apostólico viaje. 

Por lo que se refiere al parentesco de Fr. Pedro con el Rey, 
resulta claro que no podía ser hijo de éste, como algún historia- 
dor ha dicho; [luos habiendo venido en calidad de religioso el año 
1517 ;í p].sptiMa, debía ser do mayor edad que Garlos I, que como 
so sabe, nació el primer año del siglo décimo sexto. Confírmase 
•'sto adefnás, teniendo en cuenta que todos los biógrafos de Fray 
I'edro de Gante dicen. que al morir en 1572 era octogenario, y 
siendo así, hubo de nacer en los últimos años del siglo xv, en 
los cuales residía de ordinario en Flandes, llevando vida alegre 
y p(KO edificanlí; I). Felipe el Hermoso.. 



biografías D1-: Tr.iis ilustres misioneros. 11 

Sabía de cierlo Fr. Pedro su origen, y por eso en la carta que 
escribió al Emperador el 15 de Febrero de 1552 pidiendo, no me- 
nos calurosamente y en el mismo sentido que lo había hecho an- 
tes y lo seguía haciendo por entonces el P. Las Gasas, que se ali- 
viaran los tributos y servicio personal de los indios, y se les 
librara de la insoportable tiranía de que eran víctimas, alegaba 
por título y razón de su demanda lo siguiente: «Justa cosa es que 
»se me conceda, atento lo mucho ijue he trabajado con ellos y que 
«tengo intención de acabar mi vida en su doctrina. Y dame atre- 
«vimiento el ser tan allegado á V. M. y ser de su tierra.» Mas ex- 
plícito todavía en una breve relación de varios sucesos, dirigida 
al Emperador, le dice: «Pues que V. M. é yo sabemos lo cercanos 
»é propinquos (jue somos é tanto que nos corre lamesma sangre, 
))le diré la verdad en todo para descargo de mi conciencia y 
«que V. M. pueda descargar la suya.» 

No era ignorado de los demás este parentesco, y por eso los 
frailes franciscanos le exigían que escribiera al Emperador y ú 
su hijo D. Felipe síibiendo lo que su intercesión con ellos valía; y 
al dar cuenta á este íiltimo de la muerte de Fr. Pedro, el célebre 
Fr. Alonso de Escalona, provincial de la orden en Nueva España 
dice de él: «Mucho agradecimiento le deben estos indios y nos- 
«otros los religiosos, pues que le daba brios el ser deudo tan alle- 
«í/ado del cristianísimo Padre de V. M., que por su medio nos 
«era gran favorecedor y nos otorgaba muchas de las mercedes 
«que todos habíamos menester.» Tan ilustre y elevado origen, á 
que no era por entonces grave inconveniente la bastardía ni aun 
el sacrilegio, como lo demuestran D. Juan de Austria y el Conde 
de Tendilla, para llegar á ocupar las más altas categorías socia- 
les, no fué parte á que Fr, Pedro dejase de ser un verdadero hijo 
do San Francisco, que practicó la humildad de tal modo, que vi- 
vió- y murió siendo lego en su orden, negándose á recibir las ór- 
denes sagradas, y oponiéndose resueltamente á aceptar el arzo- 
bispado de México que el Emperador le ofreció con vivas instan- 
cias, después de la muerte del insigne Fr. Juan de Zumárraga. 
Su celo apostólico empleado principalmente en la educación de 
los niños indios era infatigable, y dio los más copiosos frutos, 
siendo uno de los primeros españoles que aprendieron la lengua 



\: HOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

mexicana durante su residencia en Tezcoco y Tlascala , algunos 
años antes de establecer en México el famoso colegio de San Fran- 
cisco, donde se enseñaba y doctrinaba de continuo más de seiscien- 
tos nuichadios, hijos de los principales de la tierra, que esparcian 
luego por ella los principios de la civilización cristiana. Entre otros 
leslimonios de tan señalados servicios, es do notar el que dio el 
obispo Zumárraga en carta dirigida al capítulo general de la orden 
de San Francisco, celebrado en Tolosa de Francia el año 1532, en 
la cual dice: «Entre los frailes que están bien enseñados en la len- 
>.-iia índica es uno que se llama Fr. Pedro de Gante, y es lego; el 
>'Cual habla aquella lengua facundísima y copiosamente, y tiene 
«solícito y diligentísimo cuidado de seiscientos mozos, ó más, etc.» 
Y el maestro Gil González Dávila, que inserta esta carta en su 
Teatro eclesiástico de las Indias, afirma que Fr. Pedro de Gante 
fué el mayor ministro que en aquella edad y tiempo tuvo la Nue- 
va España. Como ya he dicho, tan insigne varón falleció en Mé- 
xico el año de 1572, y se le dio sepultura en la capilla de San 
José construida i)or su celo para servicio del colegio de indios. El 
cual colegio se estableció en el patio del convento de San Fran- 
cisco, y fué fundado y dirigido hasta su muerte por el ilustre y 
bienaventurado lego. 

Habiéndome extendido más de lo ordinario en estas noticias, 
soré muy breve en las que se refieren al P. Rycke, narradas ex- 
tensamente en el opúsculo del P. Dirks. Fué natural de Malinas; 
y debió nacer, como Fr. Pedro, hacia 1495 de ilustre familia, es- 
perialmcntc por su madre Juana de Marselaer, cuyo padre llegó 
á srr señor de Pare, Eleuyt, Borre y otros lugares, y desempeñó 
siete veces el cargo de Burgomaestre de Bruselas. Por esto, sin 
'huía, debió la nol)le Marselaer asistir á la corte de D. Felipe el 
Hermoso con frecuencia y ser una de las que inspiraron los jus- 
tos celos de Doña Juana; tal debió ser el fundamento que tuvo 
el V. Córdoba para decir en su Crónica de la religiosísima pro- 
vincia d^'los doce apóstoles del Perú (libro rarísimo, aunque im- 
preso, que .se custodia en nuestra biblioteca): «Hay quienes pien- 
.san que era deudo muy cercano del Emperador Carlos V.» El Pa- 
dre Ryrko, que murió como Gante octogenario, fundó varios con- 
venlfts (Ir l:i or.bn ,1.' <^.n Francisco, y fué el primer custodio de 



ItlOGRAFÍAS DE TRES ILUSTRES MISIONEROS. 13 

ella, cuando aiur no se había elevado á provincia con el título de 
los doce Apóstoles en el vireinato del Perú. Durante las gueri-as, 
á que puso término con su prudencia y energía el Licenciado La 
Gasea, hizo el P. Rycke gran papel, no siempre favorable á los 
representantes de la autoridad del Emperador, pues como la ma- 
yor parte del clero secular y regular siguió á los principios y fa- 
voreció la causa de Gonzalo Pizarro. El autor de esta biografía, 
bajo muchos conceptos interesante, se ha servido para escribirla 
de los curiosísimos documentos que le ha facilitado nuestro Aca- 
démico electo el Sr. Jiménez de la Espada, tan versado en las co- 
sas de América y singularmente en las del Perú. 

No menos interesantes, aunque para nosotros de menos impor- 
tancia y curiosidad, son los viajes y aventuras de Fr. Pedro Far- 
dé, que recorrió el interior de África en el siglo xvii. Así éste, 
como los otros dos opúsculos, escritos gallardamente en lengua 
francesa, demuestran el amor del P. Dirks á los estudios his- 
tóricos; por lo cual, y porque al consagrarse á los de la orden 
seráfica en que tantas glorias españolas brillan, lo mismo en el 
antiguo que en el nuevo mundo, trabaja en beneficio de nuestra 
historia nacional, me atrevo á proponer á la Academia premie y 
estimule al autor nombrándole su correspondiente extranjero. 

Madrid 22 de Junio de 1883. 

Antonio María Fabié. 



IlL 



RUDIMENTOS DE ÁRABE VULGAR. POR EL PADRE LERCHUNDL 



La Academia se sirvió encomendar al individuo que suscribe 
el examen de un libro titulado Rudimentos de árabe vulgar, 
escrito por el P. Fr. José Lerchundi, misionero franciscano oh- 



14 boli;tín de la uv.m. academia de (a hístoria. 

servaule en África, el cual había tenido á bien presentarlo á este 
cuerpo cionlífico por mediación de D. Juan Antonio Disdier, 
vicecónsul de España en Tetuan, correspondiente nuestro, y 
aíirionadísimo (' eslos ])uenos estudios de las lenguas orientales. 

Pocos meses li;í, sj daba cuenta en estas sesiones del contenido de 
otra obra, que con el título de Gramática árabe había visto la luz 
pública en Madrid, durante el pasado año de 1871. Era un libro 
pequeño como de 13G páginas no cabales en octavo menor, con 
honores y mucha apariencia de dozavo, y á juzgar por sus condi- 
ciones extrínsecas más se le hubiera creido opúsculo ó programa 
compendiado de curso elemental, que libro formal de enseñanza. 
En la portada, sin embargo, leíanse en grandes letras en son de 
reclamo para mover voluntades, tan significativas palabras. «Esta 
excelente gramática árabe la primera publicada en España en lo 
que va de siglo, .so vende á pesetas.» Publicada la de Ya- 
cas Merino en el año 18U7, el llamamiento mercantil contenía un 
error de á folio que descubría la redacción del librero, á mí me 
cumple decir tan solo que la obra dejaba que desear algo, en 
lo locante á la exactitud de la doctrina, y mucho por el método 
que recomendaba, ó inoportunamente seguía. 

Proponíase el autor de aquel trabajo gramatical aplicar de plano 
el método práctico, llamado de Ollendorf, al estudio del árabe 
lilerario ó erudito, procedimiento que si no debiera diputarse por 
absolutamente absurdo, ha sido desechado con no escasa copia gle 
razones, por maestros muy insignes y verdaderamente doctos. 
Porque dejadas aparte razones de mucho peso que tienen aplica- 
ción j)rivativa al estudio del arábigo, ello es, que si, merced al 
método Ollcndoríiano, pudiera lograrse respecto de los idiomas 
vulgares, la facilidad de elocución necesaria para los usos más 
indispensables de la vida, en el trato común y en la correspon- 
dencia comercial, el pretender, que por^us mecánicas repeticio- 
nes so aprenda á practicar y á entender el lenguaje de los Ilero- 
dolos. Cicerones, Virgilios, Antares, Hariris y Den Al-jatibes, 
cuyo verso y pro.sa en ellos eran igualmente fruto de detenidos y 
concienzudos estudios; cosa es que no cabe se reciba, con arreglo 
á discurso natural, por razonable entendimiento. Pero el autor, que 
por lo visto no lo apreciaba así á vuelta de varias consideracio- 



RUDIMENTOS UE ÁRAHIi Vt LGAIl. 15 

nes en la prefación puesta al frente del texto confesaba candida- 
mente que, al abandonar la Universidad alemana, donde había 
pasado varios semestres al objeto de estudiar el sánscrito, el zen- 
do, el asirlo de las inscripciones cuneiformes y el árabe por in- 
cidencia, pensó en publicar un estudio sobre la filología, en sus 
relaciones con la lengua de Pánini; aunque, vista la falta abso- 
luta que tenía el público español de gramáticas arábigas, se ha- 
bía anticipado á satisfacer necesidad tan perentoria. El resultado 
de aquel trabajo prematuro fué un texto afeado con erratas en su 
redacción más sencilla, con algún error en sus prescripciones y ad- 
vertencias y tan poco adecuado á satisfacer las necesidades cuya 
urgencia encarecía, que estimando la pronunciación castellana 
poco á propósito para imitar, y reproducir los sonidos líquidos y 
guturales de la lengua arábiga , propinaba al maestro y al auto- 
didacto que se aparejase con el pertrecho de los sonidos france- 
ses, acompañados de larga secuela de zetas y haches. 

Ahora, si hubiera de resumir el juicio que me sugiere la lectura 
del libfo, cuyo examen me ha encomendado novísimamente la 
Academia, 'entiendo que podría formularlo con precisión y exac- 
titud, señalando que sus calidades, si no tan aventajadas y exce- 
lentes como las que es de justicia reconocer en la obra magistral 
de nuestro cempañero don José Moreno Nieto, son verdadera- 
mente opuestas á las que se advierten en el brevísimo opúsculo 
tenido presente en las precedentes observaciones. 

Sólo en una cosa convienen el libro del modesto franciscano y 
la primera edición de la obra gramatical del estudiante de zendo 
y de asirlo (1), por cuanto en ambos trabajos, aunque con dis- 
tinta razón y eficacia, se procura aplicar el método ollendor- 
ñano. Porque prescindiendo de la materia tratada por el P. Ler- 
chundi, circunscrita á la conversación en el idioma árabe vulgar, 
se a\^ntaja sin duda, en la relación del método que sigue, por la 
abundancia de ejercicios que avaloran su obra, en las 426 páginas 
de su texto, no contadas las 70 empleadas en sabrosísimo apéndice. 



(1) En el tiempo trascurrido, desde que se leyó el informe en la Academia, ha apa- 
recido una segunda edición de esta obra, mejorada en su conjunto, y el estudiante de 
otro tiempo ha granjeado reputación de profesor distinguido. 



l(j IJOLKTIN di: la real aCADKMIA nií LA HISTORL\. 

Pero lo <jue más la recomienda y encarece, á mi juicio, es el 
estudio del valor en sonido de cada cual de las letras árabes, com- 
parado directamente con las del abecedario castellano y comproba- 
do con originalidad, sin el recurso ni mediación de otros idiomas 
.'Xtranjeros, como se ha practicado con frecuencia casi increible 
por los autores de obras españolas, en otro concepto muy aprecia- 
das. La porvorsirjn ha llegado al punto de que, desatendiendo nues- 
tros escritores las gcnuinas tradiciones del árabe literal, según 
se conservaban en nombres de objetos particulares, de pueblos y 
de hombres á que se referían nuestras crónicas y libros latinos, 
i"oetáneos de las épocas en que alcanzó su apogeo la cultura ará- 
biga, han aceptado de buen grado transcripciones extranjeras 
plagadas de incorrección y de barbarismos. Provinieron de aquí 
hómonimias y degeneraciones donosísimas sobremanera curiosas. 
Con recordar que la representación del j arábigo por la doble W 
de los ingleses, ha convertido la palabrp, alguacir ó alguacil caste- 
llana y árabe en el Wisir de novelas y periódicos, y que por el 
pedantismo en distinguir la :> fdh) de la d han convertido los 
hispano-franccses en muezzin lo que en castellano se llamó al- 
muédano, y pronuncian Ahiiondzir con z, donde los nuestros di- 
jeron Almondir; no es menester insistir sobre el provecho de 
leer en una gramática como la del P. Lerchundi domiciliado en 
Tcluán desde hace doce años, aquella purísima reproducción cas- 
tellana, que se muestra en los libros españoles de la Edad Me- 
dia íl). Por todas estas razones, el que suscribe estima como 
digno de encomio el esfuerzo del sabio franciscano, por dotar la 
literatura y patria de una obra digna de estima, y propone que se 
lo galardone, en algiíii modo, nombrándole nuestro correspon- 
dieuto. I.a Academia resolverá como siempre lo más oportuno. 

M8(1ri>l 2í .lo Muyo fl.> |K7V». 

Francisco Fernández v González. 



1) No pronuncia el P. Lcrchumli A**js-1 alrJtama sesrún el vulgo délos arabistas 
Bino aliama, romo lo usa nerceo. El ^ árabe, como la g castellana en la Edad Media, 

i|pn« Mir^in iHcbo autor nn Marruecos doble sonido, ora pronunciándose como ¿latina, 
orw romo /; Mtinvc 



EL RIO SAI.OM DK I.A CRÓNICA DEL MOR'» flASIS. 17 



IV. 



EL RIO XALOM DE LA CRÓNICA" DEL MORO RASIS. 
APUNTE PARA UN ESTUDIO SOBRE LA TOPOGRAFÍA DE GRANADA. 



Desde que nuestro erudito compañero D. Pascual de Gayangos 
probó con datos irrecusables (1) la genuina fuente de que pro- 
cede el texto hoy corrupto de una traducción castellana, que los 
nuestros llamaron Crónica del Moro Rasis, deber parecía de los 
orientalistas españoles, el quilatar y poner en su punto la exac- 
titud de las noticias contenidas en ella, con el buen propósito de 
restaurar en lo posible el fondo histórico de uno de los monumen- 
tos más interesantes de la historiografía arábiga. Estimándolo de 
tal suerte, tiempo há que consagra el académico que suscribe 
algunas investigaciones á dicho asunto, no extraño por cierto á la 
materia de otros doctísimos estudios que han ocupado ya las se- 
siones de esta Corporación , y de que ha dado más de una mues- 
tra notabilísima su inteligente y activo anticuario. 

Al ordenar algunas noticias sacadas á este fin de los historia- 
dores árabes, ha creído que la Academia vería sifl disgusto las 
referentes á un pasaje de la topografía de Granada, por el men- 
cionado Rasis, cuyo texto (2) es como sigue: «Et en su término 
ha villas que le obedescen , de las quales es una Cazalla, que en 
el mundo non ha quien la semeje si non Damasco, no es tan 
buena como ella, et en su término ha pedreras de marmoles 
mui buenas et mui blancas, et non mui fuertes; e facen ende 
muchas ollas, et alúdanse del en muchas cosas, et de muchas 
guisas, et facen del mui fermosas imágenes. Et el otro es el 
castillo de Granada, al que llaman villa de los judíos, et esta 



(1) Memorias de la Real Academia de la Historia, t. vin, ^lailrid, 1852. 

(2) Página 37 en la Memoria del Sr. Gayang-os. 



jy boletín de la keal academia de la historia. 

es la mas antigua villa que eu término de Elvira ha, et poblá- 
ronla los judios. Et por medio de la villa de Granada, va un 
rio que avia nombre Salom et agora es llamado Guada-Xenil, 
et uasce de un monte que ha en termino de Elvira, que ha 
nombre Dayna. Et en este rio cojen las alimadui-as del oro 
uno, et entra en el rio que sale del monte de la Elada.» De- 
jada á los arqueólogos la interpretación de las frases, que ofrecen 
caltal sentido, ora puntualicen si el Gazalla eu árabe ¿JlLj (cas- 
tela ó castellaj es la alcazaba Cádima, conservada en el Albaicin 
con sus fábricas de alfarería, sucesoras quizá de los talleres de 
escultores que en la época romana labraron algunas de las esta- 
tuas descubiertas en su recinto, durando tal vez en los períodos 
visigodo y mozárabe, ora deba tenerse ó reputarse cual población 
enteramente distinta; ya concierten aquella opinión con el nom- 
bre de la puerta Bib-Gastro que menciona la Grónica arábiga 
de la caida de los Nazaríes, ya pretendan robustecer ésta con 
la descripción de la mezquita Iliberitana dada por Ben-Aljatib, 
ó con la dirección de Gastaras á que podía encaminar Bib-Gas- 
tro; cumple cuando menos al arabista el reconocer con cuidado 
las lagunas observadas en el contexto del discurso. Anotando el 
último i)asaje (1) nuestro insigne compañero se expresaba de esta 
manera: «Aquí debe faltar algo, ó los traductores confundieron 
el Genil con el Darro. Este ultimo río, y no el Genil, es el que 
tiene su nacimiento en la sierra de Elbira, próxima á Granada.» 
No erró en afirmarlo así el Señor de Gayaugos , antes bien me 
atrevo á añadir por mi cuenta, que lo que falta y se ha alterado 
es tan importante, cuanto de las reliquias parece que con ello se 
eiduzau cuestiones capitalísimas de la topografía de Granada. En 
primer término se habla de un río que se dice haberse llamado 
tan)l)ién Guada-Xenil, el cual naciendo de un monte en tierra de 
Elbira entra eu el río que sale del monte de la «Elada ó Sierra 
Nevada» esto es, en el verdadero Genil. Se expresa asimismo que 



(1) "Kl por medio de la viUa de Granada va un rio que avia nombre Sáloin, et agora 
••s UaniRdo Ouada-Xenil, el nasre de un monte que ha en término de Elbira, que ha 
nombre de Doyna. E en este rio cojen las altmaduras de oro fiao, et entra en el rio que 
sale del mi)ute de la EÍada.» 



EL RÍO SALOM UE LA CRÓNICA DEL íMORO RASIS. 19 

se llama Salom, en algunos manuscritos Calom, nombre que 
dista bastante de la combinación fonética Daharro ó Eladarro, y 
que (á la manera del Darro en Granada la moderna), pasaba por 
la antigua. ¿Entiéndese que dicha ciudad ocupaba en el siglo x, 
en que la crónica se escribe, el mismo emplazamiento que en 
la época de la reconquista? Pues no'ha lugar á duda de nin- 
guna especie. El Calom ó Calom de Rasis es el río llamado pos- 
teriormente por los árabes el torrente SjJ^ (Hadarro). Mas si 
atendidas no despreciables tradiciones, se coloca la antigua ciu- 
dad de los judíos á los pies de las Torres Bermejas, extendién- 
dose desde el campo llamado hoy del Príncipe á la otra parte 
del Xenil (1), no faltaría quien creyese que dada la ordinaria 
disposición de los edificios en las antiguas poblaciones agrícolas 
llegasen algunas de sus alquerías hasta más allá del río Falom ó 
Calom, que pasa por Armilla, no de otra suerte que las alquerías 
y suburbios de Castella, la capital y fortaleza de Iliberis, empla- 
zados en ambas márgenes del Beiro pudieran llegar hasta el 
Atarfe. Ha sugerido tan infundada hipótesi un lugar de la citada 
crónica arábiga publicada por MüUer (Munich 1803) donde se lla- 
man A falom pJit al río de Armilla, transcripción arábiga de Flum, 
nombre con que designaron, según Marmol, el río de la Mona- 
chil los antiguos, coadyuvando no poco á presentarla como pro- 
bable la forma árabe del nombre de Monachil Jlir.-- montecil, 
ó montecillo , la cual conviene con el nacimiento que asigna á 
su río la descripción del Moro Rasis, sin contar con que no se- 
ría imposible se hubiese confundido el Guada-Xenil con uno de 
sus afluentes. De cualquier modo que sea, y aunque esta hipótesi 
se muestre equivocada, lo que parece definitivamente averiguado 



(1) Esta opinión, que es de Mármol, no se compadece ciertamente con la afirmación 
expuesta por dicho historiador ilustre, acerca de la situación de i'-jJ) j-msss. 
Hizn-arromman ó Castillo de la Granada, que dio el nombre á Granada en la llamada 
Alcazaba Cádima, la cual llegaba hasta cerca de la parroquia de San Miguel, en cuyas 
inmediaciones se labró la Alcazaba Qidida ó nueva, continuada hasta el rio. Tam- 
poco concierta con la designación usada desde antiguo por los judíos españoles, quie- 
nes llamaban á Granada JJa-rimmon , esto es la Granada, según la significación hebrea 
de dicho nombre, que aparece va en Palestina, como propio de dos ciudades del reino 
de Israel. 



•JU ItOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA. 

es que el nombre de Flum corrompido en Galom, Galom ó Sa- 
lom, dado como propio al río Darro, y que en la España árabe 
debió servir para designar varios ríos, proviene del latín flumen, 
el cual por la confusión de la /" (^) con la c (^J) frecuentísima 
en el arábigo, donde sólo se distinguen, ha dado origen á las 
formas ^J^ Falom ^Jó Calom y ^j^ Colzom con que según Dozy 
fRecherches, t. I, pág. 338) aparece aquel alterado en los histo- 
riadores árabes. ' 

Madrid 31 de Mayo de 1872. 

Francl«co Fernández y (tOnzález. 



V. 



OBJETOS ROMANOS Y ÁRABES HALLADOS CERCA DE LA CIUDAD 
DE MURCIA. 



Excnio. Sr. : Don Javier Fuentes y Ponte, correspondiente 
nuestro en Murcia, da noticia de un descubrimiento de objetos 
romanos y árabes, hecho en 16 de Mayo último, en la falda bo- 
real de la sierra de la Fuensanta, que dista casi una legua de la 
ciudad de Murcia. El sitio y hacienda donde han parecido, se 
llama Heredad de Tinosa ; y allí cerca se encuentra una boquera 
para aguas torrenciales que se llama Partidor y Riego de Gañida. 
En alguna parle de la ladera, que hoy está plantada de viñas, há- 
llansc vcsiigios de edificios antiguos y pequeñas balsas construi- 
das con hormigón. Es fama que, en el año de 1857, dieron allí 
unos cavadores con riquísimos objetos de oro y plata esmaltados 
que hicieron ricos á los descubridores, despertándose con ello la 
codicia dolos vccinos.y colonos y despertándose las artes y su- 
percherías do estafadores y adivinos. 

El objeto do la excavación de ahora ha sido labrar un aljibe. 
Como á profundidad de poco más de una vara, entre cenizas y 



ÜHJKTOS HUMANOS V ÁllAUES. 21 

tierra movida y bajo una losa ruda, se encontró el esqueleto de 
un niño, trozos de vasijas de varias clases y formas y cuatro pie- 
dras antiguas de molino, que se han depositado en el Museo pro- 
vincial de Murcia, reservando nuestro correspondiente para la 
Academia y remitiéndole, un peso de barro, dos vasijas (una de 
ellas mutilada), un estilo de hueso, un fragmento como de mango 
de un puñal y varios restos de vasijas pintadas, algunas con la- 
bores árabes. 

De aquí .el Sr. Fuentes pasa á inferir haber estado en aquel si- 
tio una villa romana llamada Nossia, conservada en tiempo de los 
árabes con el nombre de Gomila. 

En honor de la verdad, prueba el descubrimiento haber existido 
algún género de población en aquel paraje, porque efectivamente, 
en la edad romana, las ciudades grandes eran muy contadas, y 
aun en estas, la parte cercada y murada harto pequeña. 

En cambio, infinitas alquerías, pagos, castillos y pequeños gru- 
pos de cortijadas, daban animación á todo el territorio : á la ma- 
nera que en nuestras provincias del Norte, con especialidad las 
Vascongadas. Las familias ricas tenían suntuosas casas de campo, 
con toda clase de comodidades y oficinas: y, por lo tanto, á cada 
paso tropieza hoy el arado ola azada con vestigios ibero-romanos. 
Las ruinas de ciudades ofrecen aspecto distinto, como que esta- 
ban colocadas en alto, con su acrópolis ó fortaleza, estrechas calles 
y escalonadas las casas en la ladera y uniendo edificios públicos, 
ya religiosos, ya civiles, de los cuales rara vez dejan de parecer 
señales. 

Ninguna de estas vemos en la Heredad de Tinosa por el relato 
de nuestro correspondiente de Murcia; ni tampoco bastante fun- 
damento para suponer allí una granja llamada Nossia ó una ciu- 
dad con este nombre, como soñó el buen canónigo de Cartagena 
D. Juan Lozano, en su Bastitania y Contestania, libro más con- 
fuso y caprichoso que el laberinto de Greta y de estilo más enre- 
vesado que el de Feliciano de Silva. ¡Lástima que su sistema de 
dar por cierto, firme y seguro, así la verdad demostrada, como lo 
dudoso, lo probable, lo verosímil, lo posible y lo conjetural, venga 
á descaminar á nuestro celoso y digno correspondiente, que ya ve 
en aquel sitio una Nossia romana y una Gomila árabe. No acá- 



22 boletín de la real academla. de la historla. 

bamos los hombres de aprender el arte de saber ignorar, que es 
de suyo bienhechor y fecundo. 

Nada de esto quita para que la Academia dé las más expresivas 
"racias por su regalo al Sr. Fuentes y Ponte, supuesto que toda 
antigüedad es digna de estimación y estudio y contribuye para el 
conocimiento exacto de los tiempos pasados, y es de gran auxilio 
el exacto conocimiento de los parajes con antigüedades, para el 
progreso de la geografía que es uno de los dos ojos de la Historia. 
Los objetos ahora remitidos, deben guardarse oportunamente cla- 
áiíicados en nuestro pequeño Museo. E importa, en fin, estimular 
á nuestro correspondiente murciano para que continúe remitien- 
do á la Academia, oportunas y exactas noticias, así de todo hallaz- 
go de antigüedades, como de las circunstancias de las ruinas y 
despoblados que por razón de su empleo en el Cuerpo de Caminos 
pueda hallar recorriendo la provincia de Murcia. Breves descrip- 
ciones de estos sitios, expresión de los nombres que entre el vulgo 
conservan; y por último, calcos en papel, de toda inscripción 
romana ó árabe que se descubra, sería un buen servicio que per. 
sona tan estudiosa y activa como ésta, podrá prestar al instituto 
de nuestra Corporación. 

Madrid <j de Junio de 18^3. 

El Anticuario, 

Aureliano Fernández Guerra. 



VI. 

GEOGRAFÍA ROMANA DE LA PROVINCIA DE ÁLAVA. 

Exorno. Sr.; Al lomar posesión de su plaza de número nuestra 
compañero el Sr. Cocllo y Quesada en 27 de Diciembre de 1874, 
eligió por materia de su discurso las antiguas vías de comunica- 
ción en nuestra Península, especialmente de la época romana, 



geografía komana de la provincia de Álava. 23 

como sinopsis de un trabajo importante en que hace largo tiem- 
po se ocupa. Rechícese á ofrecer por provincias é ilustrar por ma- 
pas exactos las noticias de vías, poblaciones y ruinas antiguas de 
cada territorio. Y ligera pero excelente muestra de su laudable 
y útilísima tarea, dio uniendo á los discursos de recepción algo 
de la parte relativa á la provincia de Álava. 

Meses después se animó á publicar entera esta misnja parte, 
acompañada de un mapa lindísimo; ofreció el primer ejemplar á 
la Academia; y su digno Director me honró sobre todo encareci- 
miento pidiéndome informe acerca de su estudio. 

Reconcentrada mi pobre imaginación en otro perentorio, obe- 
dezco tarde el mandato; pero la obra del Sr. Goello, es tal, que 
siempre se llega á tiempo de hablar de ella, de examinarla, de es- 
tudiarla y de aplaudirla. 

El folleto se intitula: Noticia sphre las vias, poblaciones y rui- 
nas antiguas, especialmente de la época romana^ en la provincia 
de Álava; y su mapa viene á compendiar el discurso literario, 
ofreciéndolo todo á un solo punto de vista, Señálanse allí con la 
distinción debida los caminos romanos indudables, los probables 
y los conjeturables; y se traza con peculiar atención el de Anto- 
nino Pío Garacalla, como que es la clave segura de muy difíciles 
problemas geográficos. 

Bien observa el Sr. Goello que las poblaciones ibéricas más fa- 
mosas, y las colonias romanas y las sillas episcopales, no habían 
de estar incomunicadas entre sí ni con las de su dependencia y 
sujeción; y sienta discretamente el principio de que estudiados 
y conocidos los antiguos caminos españoles hemos de tropezar 
con ciudades sobre cuya situación se disputa acaloradamente. 

Indicando, pues, en sus excelentes mapas los vestigios indubi- 
tables de antiguos caminos, los villares y poblaciones desiertas y 
despedazadas, los castillos y torreones, los campamentos roma- 
nos, los sitios donde hay epígrafes, y sobre todo piedras milia- 
rias (según lo hace ya en el mapa de Álava), el Sr. Goello ha co- 
menzado á prestar servicio inmenso á nuestra historia y geogra- 
fía, y por ello al instituto de la Academia. Bastaba por sí solo esta 
fiel y exacta investigación, este inventario precioso, esta puntua- 
lidad gráfica, para conquistar envidiable renombre. 



'24 boletín de la real academia de la historl^. 

Con razón da preferencia al itinerario de Antonino, siguiendo 
su dirección y los vestigios de ella paso á paso, y confirmando y 
sacando verdadero lo que dijo nuestra Academia en su intere- 
santísimo Diccionario de Navarra y Provincias Vascongadas, y 
la mayor parte de lo que sostuvo el Sr. Saavedra en su inapre- 
ciable discurso de recepción. 

Al lijar cada una de las mansiones itinerarias, no olvida el se- 
ñor Coello los recuerdos históricos del paraje, los nombres de lu- 
gares que los comprueban, las antiguallas y curiosidades que 
existen por allí. Cuando hay varios sitios del mismo nombre, y 
reduce determinada población á uno de ellos, lo advierte al lec- 
tor, dando prueba de buena fe como sucede respecto de la man- 
sión de SuESSATiuM, que identifica nuestro amigo con el Zuazo de 
entre Iruña y Vitoria, pues suben á siete ü ocho los Zuazo, Zua- 
za y Zuazu en Álava y Navarra. Hé aquí donde coloca las man- 
siones que tuvo la Viapopuli romani de Astorga al atravesar por 
el territorio Alavés: 



VlBOVESCA 


» 


Briviesca. 


Deobrioa 


26 millas . 


Pueatelarrá. 


Beleia 


lo 


Estavillo. 


SUESSATIO 


\:í 


Zuazo. 


TüLLONIO 


7 


Al E. y cerca de Ascarza. 


Alba 


\2 


Salvatierra. 


Araceli 


21 


Arbizu. 


PaM PELÓN E 


24 


Pamplona. 



I*oco, muy poco difieren de estas las reducciones del Sr. Saave» 
dra en su discurso de recepción, fundadas en los planos del mis- 
mo Sr. Coello y de varios ingenieros, y en los datos de nuestro 
Diccionario y del de Madoz; pero el Sr. Coello circunscribe y 
piuitualiza más algunas de ellas. 

El nuevo mapa que avalora el folleto, señala hasta trece cami- 
nos y cuatro ramales más, romanos quizá todos ellos ó la mayor 
parte, en ia provincia de Álava y extremo boreal de la de Burgos; 
prueba insigne de la gran red de bien trazadas carreteras que en 
remotos siglos envolvíala Península. A la comarca Alavesa única- 
mente corresponden 387 kilómetros, ó si quier 70 leguas, de an- 
tignns vías, socún publicnn elocuentes vestigios. 



geografía romana de la provincia de Álava. 2í) 

Desde luego llama la atención en el mapa (fuera de la exactitud 
en la determinación de cada lugar), la claridad y belleza con que 
ha sido trazado. Los ríos y arroyos, las cordilleras y montañas, 
los límites de estados, provincias y partidos judiciales, el ferro- 
carril, las carreteras, los canales de navegación; y las marcas y 
letreros de las capitales, cabezas de partido judicial, ciudades, vi- 
llas y aldeas, todo aparece agradablemente armonioso, claro y 
distinto, sin confusión ni embrollo, sin causar la menor fatiga á 
quien pretende hacer valer su tiempo, y que no se le malogre el 
calor natural. 

Una suave línea azulada indica la frontera Alavesa y el Conda- 
do de Treviño, incrustado en la provincia. Líneas de media tinta 
encarnada figuran los caminos romanos, bien diferenciados los 
ciertos de los probables; y del propio color son los letreros de las 
mansiones itinerarias, y las señales de lápidas miliarias, ruinas, 
castros y torres. 

Y acerca de los nombres de las mansiones y ciudades antiguas, 
como también de pueblos actuales que significan límite, permíta- 
me la Academia que emita una opinión y manifieste un deseo. 

Las mansiones itinerarias se nombran en el registro de Anto- 
nino Pío Garacalla (216), y en los cuatro Vasos Apolinarios ó de 
Vicarello (30-300), indistintamente y sin sujeción á regla fija, ya 
en ablativo, por lo general como Barcinone, Tarracone, Bessippo- 
ne, Portu Gaditano^ Viniolis, Aquis Voconis, Aquis Querquernis: 
ya en acusativo, ahora con la preposición ad, v. g. ad Adrum. 
flumen^ad Aquas, ad Dúos pontes, ad Turres, ad Statuas, ad Her- 
culem; ahora sin preposición, como Titulciam, Raudam, Cluniam^ 
Ang ellas ^ Secerras, Turmulos; y por último, las menos veces eu 
nominativo, como Aquae Bühilitanorum, Caputfluminis Anae, 
y los nombres ibéricos de índole diversa de la latina Acci, Basti, 
lliturgis^ Stiel, etc. 

Voces geográficas ibéricas terminadas en ns, confieso que nc» 
recuerdo sino tres, á saber la de Ibiza, Ebusus; y las no muy se- 
guras de Tolous y Manzellus (Monzón y Medinaceli), conocida 
aquella "únicamente por el Itinerario Antoniniano, y ésta por el 
Ravenate. Añádanse los pueblos que se apellidaban de un bosque 
sagrado , que en latín se dice Lucxis, tales como Lucus Augustí 



l?t) boletín de la real academia de la historia. 

(Lugo), Luctis AsUinim (Santa María de Lugo), Liicus Eporae (á 
1.000 metros hacia el oriente de Montoro); y finalmente los sitios 
en que había el simulacro de una deidad, v. g. Janus Augustas 
ad Baetem, el arco de Jano cuadrifronte en la orilla derecha del 
Guadalquivir, más de dos leguas antes de llegar á Andújar. 

Fuera ile estos casos, que marco taxativamente, parece no po- 
der finalizar en iis pueblos ibéricos tales como Suessatium y Tul- 
LONiUM, peculiares de la primitiva lengua española, y cuya sig- 
nificación es desconocida ó dudosa. 

Respecto de la del último, convengamos en que era nombre de 
una deidad ibérica, de un semidiós, de un monte, de una fueute 
salutífera, y que tuvo quizá su principal santuario en la sierra de 
Toleño, entre el condado de Treviño y el Ebro; y digamos que le 
rindió preferentemente culto la ciudad de Álava, que al oriente 
de Vitoria se nos sale al encuentro en la romana vía. Si quiso 
mostrarse devotísima de aquel numen, y de él tomar su nombre, 
entonces la voz Tullon'ms deus vino ideológicamente como á adje- 
tivarse y concertar con la de oppidum, alcázar, cindadela, fortale- 
za; y el ópido se denominó Tullonium. — Que hubo deidad llama- 
da Tnlonio, consta de una lápida descubierta en Alegría el año 
1799, y publicada por nuestro Diccionario (I, 61). Tenía esta ins- 
cripción: 

S • S E \' E R 

tvllonio 

V • S • L • AY 

•iSrm/n'onio Severo cumplió gustosísimo el voto que fundada- 
mente hahia Iteclio ñ Tnlonio.» 

La deidad ilecíase Tnlíonius; el ópido Tidlonium. Esto no se de- 
muestra por el Itinerario de Antonino, el cual, de las veinte man- 
siones del trigésimo cuarto camino español, sólo trae una en acu- 
sativo, y en ablativo las demás, siendo de estas la de Tullonio; 
pero sí se evidencia por Tolomeo, cuyas tablas nos la ofrecen en 
nominativo, cual vocablo neutro: Toi/X^vcy. En Plinio, en Tolomeo 
y en las inscripciones son neutros los más de nuestros nombres 
}:POpTáílrns. 



geografía romana de la provincia de Álava. 27 

En resolución, al estamparlos sobre los mapas se puede seguir 
uno de dos sistemas: ó tratándose de cualquier estudio especial, 
V. gr., de los vasos apolinarios, ó del Ravenate, ó de Tolomeo, 
Plinio, Mela ó Es trabón, etc., se escriben tales cuales aparecen 
en el autor ó documento que se ilustra, y así lo hizo sabiamente 
en su mapa el Sr, Saavedra; ó cuando no está ceñida la materia á 
determinado autor ó monumento antiguo, se toman en absoluto 
los nombres, expresándose estos en nominativo, cual atinada- 
mente lo hacen los Sres. Ilübner, Kieppert y Goello. Este último 
sistema exige, para fijar en casos dudosos el nominativo, que se 
atiendan y combinen cuantos elementos de diversa índole nos 
pueden conducir al acierto. 

Cúmpleme ahora explicar el deseo que indiqué, dirigiendo so- 
bre este punto súplica á nuestro sabio compañero y mi cariñoso 
amigo. Si aún no tiene grabados sus preciosos mapas, había de 
ser muy útil procurara presentar á la vista los nombres de pue- 
blos y sitios que á través de los siglos nos recuerdan haber sido 
término ó principio de región, ó límite ó frontera de una ciudad 
con otra, en lejanas edades. La voz Torre, por ejemplo, es de ellas 
no pocas veces; y creo ser el primero en notar que el Turres Sae- 
TABiTANAE del cuarto de los vasos Apolinarios, indicaba el límite 
de Saétahis (Játiva) con Ello (Monte Arabí); de igual suerte que 
el Turres del Itinerario de Antonino dividía de los Mentesanos á 
los Oretanos; así como las dos mansiones llamadas Fines en el 
propio Itinerario publicaban la frontera de los Ilergetes y Laceta- 
710S, y la de los Turdetanos y Celtas, mientras que la villa que 
aún se llama Fines, en la provincia de Almería, separaba el te- 
rritorio de la ciudad de Vrci (El Chuche) del de la de Basti 
(Baeza) . 

La actual guipuzcoana Villafranca (esto es, población donde 
no se. cobraba portazgo), Segura, Arrondoa, Araya, Aranache, 
Arenaza, Arraya, Torralba, Aguilar, Aras, Armañanzas, Torres 
y La Guardia, bastarían con sólo su nombre, si no hubiera mu- 
cho más en su apoyo, á conjeturar que por estos pueblos iba 
la linde de Vascones y Várdulos. Mondragón, Arechavaleta, 
Arsarasú, Arlaban, Arroyabe, Arzubiaga, Arlante, Ariaya, 
Armientia, Ariñez, Subiyana, Arrieta, Armiento, Pedruzco, 



28 boletín de la real academía de la historl\. 

Arana y Portillo, dicen haber sido frontera de Várdulos y Ca~ 
vistos. Y por último, van marcando la de los Caristos y Au- 
trigones los pueblos de Arrigorriaga, Arilsa, Areta, Aracaldo, Ar- 
cinicga, Artieta, Peña de Haro, Artomaña, Arrastaria, Arriauo, 
Sierra de Ariamo, Artaza, Morillas, Subijana, Arbígemo, Arreo 
y Molenilla. 

Si la colina que ocupo el Príncipe Negro en la guerra del Rey 
D. Pedro y D. Enrique el Bastardo, se llama todavía Inglesmen- 
di^ monte del inglés, ¿cómo no han de retener su antiquísima de- 
nominación lugares que por siglos y siglos representaron los más 
gi'andes intereses de los pueblos ? 

Ara, vocablo antiquísimo, que en lenguas semíticas y aun ja- 
féticas valía u monte, cumbre, peñasco, y> y que para los italianos 
significaba escollo, según Alrgilio (Aen. I, 109). 

Saxavocant ItuU, mediisque in fluctibus, ARAS, 

fué escogido por los primitivos españoles para denominar la cum- 
bre sagrada que dividía una región ó una ciudad de otra. Dígalo 
si no Lara, en Burgos, distinguiendo Turmódigos y Berones; Pe- 
ñalara, sobre el famoso Paular de Segovia, separando á Carpe- 
tunos y Arévacos. Pero de voces terminales harto discurrí cuando 
ocupó su bien ganada silla nuestro docto compañero el Sr. Saa- 
vedra. 

Tomando ese mapa de voces terminales (uno tengo, imperfec- 
tísirno, bosíjuejado por mí, como de quien no posee los apetecibles 
y necesarios elementos) y trazado con el esmero, claridad y exac- 
titud reservadas al Sr. D. Francisco, vendría á suceder que nos 
encontrásemos con infinitas circunscripciones, y dudaríamos, y 
no supiéramos á (]ué región ó ciudad atribuirlas. ¿Y qué impor- 
ta? ¿Lo hemos de hacer nosotros todo? ¿No servirán para estudio 
provechoso de quien nos suceda? Facilitemos datos á la bien in- 
Icncionaia investigación, averigüe la verdad el afortunado, y 
contribuyamos lodos nosotros á ello. Esto cumplo á los que aman 
la ciencia por la ciencia misma y no por estéril vanidad. 

Hágase on punto á fronteras y límites lo mismo que acaba de 
hacer con los caniiuos el Sr. Goello, y el fruto colmará nuestras 



geografía romana de la provincia de Álava. 19 

esperanzas. De 17 caminos antiguos alaveses somos deudores al 
ilustre autor del ^<¿as de EspaPia, cuando hasta aquí sólo uno 
habíamos estudiado. Pues ellos, como era de esperar, nos han 
patentizado que la Uxama Barga de los Autrígones (Osma de Val- 
degovia) se alzaba en la calzada romana de Pancorvo á Bilbao, 
cruzada por muchos caminos trasversales; que en otra, desde Ci- 
llaperlata tí la capital de Vizcaya, fué Vallispósita (Valpuesta), 
silla episcopal de los mismos Autrígones en el siglo viii, y que 
en la vía romana de Salvatierra á Gastro-Urdiales estuvo Sanda- 
QUiTUM, de quien sólo se acuerda el anónimo de Ravenna, y que 
por un mármol digno de atento examen supongo en Arciniega. 

Debemos, pues, al Sr. Coello, además del nuevo estudio y com- 
probación sobre esta parte del Itinerario, haber descubierto la red 
de antiguas comunicaciones regionales y municipales en la pro- 
vincia de Álava. 

Debemos también á nuestro compañero los datos que son me- 
nester para formar la red de límites y fronteras; y con tan buena 
cuadrícula deslindaremos fácilmente la circunscripción de las an- 
tiguas ciudades, regiones, obispados y provincias, disipando las 
tinieblas que oscurecen nuestra geografía, sin la cual, sin la cro- 
nología, no puede haber historia. 

Tales circunstancias son guía no menos segura que la de los 
caminos para rastrear el sitio de olvidadas ciudades. Quede al 
vulgo de los escritores dejarse alucinar por las identidades ó pa- 
rentesco de voces antiguas y modernas, y sin más apoyo decidir 
sobre un problema geográfico. La crítica sabia echa mano de se- 
mejante auxilio cuando no existe otro ü otros más eficaces. Harto 
escarmentada ha de mostrarse recordando, v. gr,, que la Junga- 
ría de los Indígetes no es la actual Junquera, sino Figueras; ni 
Asso, en los Deitanos, es Isso, á la izquierda del río Mundo, sino 
Las Cuevas, al Sur de Caravaca; ni la episcopal Conímbriga es la 
célebre Coimhra, sino Condeixa a Velha. 

Con razón se ostenta sabiamente receloso y comedido nuestro 
colega al llevar nombres tolemaicos ó plinianos á su mapa, que 
no se afianzan en pruebas decisivas. Hace muy bien en poner in- 
terrogante á las voces Gebala y Gebalaega, aplicados por la sino- 
nimia á Guevara y Galarreta. La primera reducción es, á mi en- 



30 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tender, felicísima; la segunda se apoya en la congruencia del si- 
tio, ya que no en la del nombre. Pero Guevara y Galarreta salen 
al encuentro en el camino tolemaico donde debían estar Gebala 
y Gehalaeca, reconocido é inventariado hasta la Sierra de San 
Adrián por el Sr, Coello. Este camino arrancaba de Tüllonium, 
buscaba primero la cuenca del Oria y en seguida la del Urola, 
V terminaba en Zumaya, población adonde yo reduzco la Mexos- 
CA de Tolomeo. 

Permítame con este motivo mi afectuoso compañero que le ad- 
vierla un olvido del grabador en el mapa. Fáltale interrogante al 
nombre Yennia, escrito sobre el despoblado de I ruña, cuando el 
Sr. Coello, en la página 111 de su discurso, califica de muy du- 
dosa semejante reducción en que formó empeño D. Miguel Cor- 
tés y López. Ningún autor, fuera de Plinio, cita á los Yennenses 
ó Venüesi, como hallo en un antiguo códice no explorado toda- 
vía. Pero veamos qué dice Plinio. Dice: «Al convento de Clunia 
(Córuna del Conde) los Várdulos envían á litigar catorce pue- 
blos, de los que no quiero nombrar sino el de Álava (Salvatie- 
rra); y los TuRMÓDiGOS (Burgaleses) mandan cuatro, siendo de 
ellos Segisamox y Segisama-iulia. Al mismo convento van los 
Carietes y Yennenses con cinco ciudades, entre los cuales se 
cuenta Yelia (EstavilloJ. Los Pelendones, gente celtíbera, acu- 
den con cuatro pueblos. >^ 

Entiendo ser la mente de Plinio citar á los Yennenses como 
región, puesto que enviaban ciudades á la Ghancillería de Gllnia. 
Y es indudable para mí que así como en los Carieles alude á los 
Caristos, en los Yennenses se refiere Plinio á los Yerones; los 
rúales jnnlamcnle con los Caristos y Yárdulos formaban en el 
siglo VI I i ol obispado de Alisanco, hoy Alesanco en la Rioja. 
Estoy, pues, muy lejos de fantasear con el nombre pliniano una 
región Yennira, aunque sí pudo existir una gente en aquella co- 
marca donde están enclavados Rioberca, Santovenia, Montes de 
Oca (Ai:cÁ) y Tampuerca; ó sea desde la margen izquierda del 
río Oca y los pueblos terminales de Piedrahita, Villaescusa, la 
Solana y Villaescusa la Soinl»ría, hasta el río Yona, al Nordeste 
do Htirgos. Ya ve la Academia que hasta en el olvido de un in- 
forrng;mio paro l;i .itención para demostrar con cuánta he exa- 



geografía romana de la províncía be Álava 31. 

minado el trabajo de nuestro dignísimo compañero; y que á 
falta de otra cosa reparo en los tildes más insiguiñcautes. 

Procediendo con el pulso que le distingue, se abstiene de lle- 
var al plano topográfico la oportuna y en mi juicio feliz reduc- 
ción de la tolemaica Thábuga ó la moderna Avalos; y estampa 
con interrogante el nombre de Túlliga sobre el moderno lugar 
de Tuyo, frente á la Puebla de Arganzón, á pesar de no ser con- 
jetura infundada. Tanto cuidado pone, á ley de excelente crítico, 
en deslindar bien lo escrito, lo dudoso, lo conjetural y vero- 
símil. 

Voy á concluir, no sin pediros antes indulgencia por lo difuso 
y desaliñado de este informe, haciéndome cargo de tres puntos 
en que descubre cierta vacilación nuestro colega, no omite opi- 
nión decisiva, aplazándola para la provincia que les corresponde; 
pero sobre los cuales hace tiempo que tengo escrito y publicado 
algo. 

Primero; ¿Dónde estuvo la ciudad Várdula Tritium Tobolicum? 
Veíase enclavada en la provincia de Guipúzcoa. Mela, que reco- 
rre los lugares próximos á las costas, da seguras señas de esta 
población, diciendo que el río Deva la ciñe. <íDeva Tritium To- 
BOLicuM attingit.y> Con efecto, el Deva, una legua antes de per- 
derse en el mar, ciñe á Mendaro, cuyo elevado monte de Santa 
Cruz y Santa Ana, con Mendaro el viejo ó su falda, viene á for- 
mar una península; y une allí ambas orillas un puente levantado 
sobre los muros de otro romano tendido en mitad del cauce. 
Vestigios patentes de.romana vía siguen por la falda de la mon- 
taña sobre el arroyo de Quilimón, famoso por su fuente interca- 
dente; y no se interrumpen en dirección de Cestona. Yo los he 
recorrido también por cima de los baños de esta villa, de la cual 
se acuerda el Ravenate, en un camino costeño, nombrándola 
Cestonia. 

Tricio Tubórigo estuvo en Mendaro el viejo; su puerto quizá 
en la actualidad villa de Deva; y Motrico, al Noroeste (Menstri' 
tius) debió ser su límite en los Caristos, como lo es hoy de Gui- 
púzcoa con Vizcaya. 

Segundo punto. En mi Libro de Sardoña fijo en Castro Morca 
la Móreca de los Cántabros que los. vascongados han querido 



:i-J HOI.ETIN DE LA REAL ACADE.NHA DE LA HIST0RL4, 

traer al confiado de Treviño, identificándole con Moraza. Castro- 
Morca retiene casi intacto el nombre de Móreca; allí existen ro^ 
manas antigüedades, y el sitio es el mismo que determina Tolo- 
meo, en lo más meridional de la Cantabria, vecino á los Turmó- 
digos de Sasamon. La hispana Segisamon partía lindes con la 
Legión Cuarta Macedónica, como expresa una piedra terminal 
¡nt''dila. hallada al Noroeste y no lejos de aquel pueblo. Legio iiii 
se lia reducido al sitio de las Finestrosas, sin otro motivo que el 
de haber por su término diez ó doce piedras divisorias del prado 
de la Legión cuarta y del campo Julio hrigense. Para mí, después 
de nuevo y detenido estudio, es casi indudable que un golpe de 
soldados de esta Legión {la cual permaneció en España desde 
Octaviano, hasta que el Emperador Claudio César la hizo trasla- 
dar á las márgenes del Rhin), estuvieron acuartelados en Vellica 
lElecha) y en Amaga, dándole su nombre de Legio Quarta y te- 
niendo por suyos como jurisdicción propia desde las Finestrosas 
hasta Santamaría de Aranuñez, desde Aguilar de Gampoó á Pie- 
dra, y Villanueva de Puerta, y desde Sobrepenilla á la Dehesa de 
Romanos. Aparece en seguida perfectamente circunscrito el terri- 
torio de Morca, desde Villadiego al confín occidental de los Au- 

TR ICONES. 

Ultimo punto: ¿Dónde fué Secontia Parámica? Dice Plinio 
III-3-27), que los nombres de Sigi'ienza y de Osma se hallaban 
repelidos en diversas regiones: aSecontia et IJxama, quae nomina 
rrebro aliis in locis usurpantur.o Con esto no extrañaríamos ha- 
llar varias Sigüenzas en Tolomeo, si dos de ellas no llevasen la 
misma calificación de Parámicas ó del Páramo, colocando la una 
••n los VÁnnuLOs y la otra cu los Vacgéos, sin que cite la que debió 
o.x¡stir seguramente en los Autrigones, supifesto que allí tenemos 
hoy ol lugar de Sigfienza del Páramo cerca de Villarcayo. ¿Pu- 
dieron coexistir nada menos que tres con el mismo apodo? En lo 
posible cabe; pero yo lo dudo. No sería este el caso único de sa- 
••ar Tolonieo do su propia región una ciudad, y llevarla á territo- 
rio diferente. Dien recordáis que de ello ofrece repetidos ejem- 
plares. Si en .Vlava y Guipúzcoa hubo una Secontia Parámica, 
biisijueítc en un páramo, esto es, en un campo desierto, desnudo, 
riho y frió. Mionlras parece, satisfagamos la identidad de los dos 



GEOíVRAFÍA llOMANA DE LA PROVINCIA DE ÁLAVA. 33 

nombres iguales citados por Tolomeo, y la del pueblecillo húr- 
gales; y téngase presente que Sigüenza del Páramo está en el 
confín de los Autrigones con los Cántabros en dirección de Ju- 

LIOBRIGA. 

He concluido. El Sr. Goello insta ú sus compañeros porque le 
dirijan observaciones sobre un nuevo estudio; y asi se me ad- 
vierte en la comunicación de Secretaria. Yo, el menos compe- 
tente, el último de todos, hago lo poquísimo que en mí es. Su- 
plan mis excelentes colegas lo que me falta; y todos á una esti- 
mulen al Sr. D. Francisco á dar cima á esta empresa que ha de 
realzar tanto el buen nombre de España. 

Madrid 16 de Febrero de 1876. 

AuRELiANO Fernandez Guerra y Orbe. 



Vil. 



CORRESPONDENCIA AUTÓGRAFA DE CARLOS VI DE AUSTRIA. 

El que suscribe ha examinado la obra que con el título de 
Eigenhandige Correspondenz des Konigs Karl III von Spanien, 
ha publicado en Viena, y presenta hoy á nuestra Academia el 
consejero áulico, caballero Alfredo Von Arneh, Director de los 
Archivos Imperiales de aquella capital. 

Comprende dicha obra, según lo declara su título, la corres- 
pondencia original y autógrafa del archiduque Carlos, hijo se- 
gundo del Emperador Leopoldo I, con el gran canciller del rei- 
no de Bohemia el conde .fiian Wenzel Wratislaw, abrazando un 
período de dos años y siete meses, desde el 17 de Enero de 1705 
hasta el 8 de Octubre de 1711 en que murió el citado canciller. 
Y como quiera que este archiduque Carlos es el mismo que 
habiéndose dos años antes hecho proclamar en Viena «Rey de 



34 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

España y de las Indias,» desembarcó primeramente en Lisboa y 
más tarde en Barcelona, y sostuvo con las armas sus pretendidos 
derechos al trono español, es evidente que su correspondencia 
epistolar, nunca antes impresa, había de arrojar nueva luz, no 
sólo sobre la historia de la casa de Austria, sino también sobre 
la de nuestra Península, donde aclamado j reconocido por las 
provincias del antiguo reino de Aragón, hubo de encenderse la 
civil contienda conocida bajo el nombre de «Guerra de sucesión.» 

Da principio á la correspondencia una carta autógrafa del Ar- 
chiduque para el citado canciller, en que se da cuenta de los 
preparativos que en Inglaterra y Holanda se estaban haciendo, 
así como del apresto de una gruesa armada que debía traerle á la 
costa de la Península; y concluye con otra, fecha á bordo del na- 
vio Blenhesin el 8 de Octubre de 1711, cuando desesperado el Ar- 
chiduque de afianzar en sus sienes la corona de España se dispo- 
nía ya á darse á la vela, de vuelta á sus dominios, habiendo poco 
antes heredado el Imperio por muerte de su hermano mayor, el 
Emperador de Alemania, José I. 

Son todas ellas de carácter privado y confidencial y están en 
su mayor parte dirigidas al conde Wratislaw, según arriba que- 
da dicho; pero, aunque escritas desde Valencia, Barcelona, el 
campo de Villa verde, Daroca, etc., son escasas las noticias que 
contienen de la guerra entre imperiales y ñlipistas, limitándose 
el archiduque á recomendar el pronto despacho de sus negocios 
particulares en Alemania y procurar por todos los medios posi- 
bles el triunfo de sus armas, gobernadas á la sazón por el prín- 
cipe Eugenio de Saboya y el inglés Marlborough; como si las 
bi-illantes campañas de estos ilustres generales hubieran de influir 
en el éxito de su propia causa y sentarle en el trono español. 

Era el conde de Wratislaw uno de los principales ministros 
de Leopoldo I. Nacido en 1670 de una familia ilustre, fué nom- 
brado asesor de la Cancillería Bohemia, cuando contaba apenas 
25 años, y do tal manera supo granjearse el aprecio y confianza 
de aquel monarca, padre del archiduque, que después de la ab- 
dicación (le Jacobo II de Inglaterra, y advenimiento al trono de 
<luill(^rmodeOrange, se le confió la difícil misión de procurar 
una liga ofensiva y defensiva entre Inglaterra, Holanda, Austria 



CORRESPONDENCIA AUTÓGRAFA DE CARLOS VI DE AUSTRIA. 35 

y Saboya contra Luis XIY de Francia, liga cimentada con 15 
años de guerra y que termino con la paz de Utrecht en 1713. 
Nombrado sucesivamente para los más altos cargos del imperio, 
y últimamente gran canciller de Bohemia en 1705 el conde 
hubo de acompañar al archiduque en su navegación desde uno 
de los puertos de Holanda hasta Lisboa, formando parte de su 
consejo privado durante su permanencia en aquella capital, si 
bien no pudo por su falta de salud seguirle hasta Barcelona. 

Este es el personaje á quien el Archiduque dirige sus cartas, 
en las cuales, según arriba queda enunciado, hay pocos detalles 
de la guerra llamada «de sucesión,» si bien los hay, y muy inte- 
resantes, de las negociaciones secretas entre Austria y Holanda, 
juntamente con Inglaterra, interesadas como lo estaban en arran- 
car á la Francia el País Bajo y el ducado de Milán, de que 
Luis XIV se había apoderado. 

La publicación de esta correspondencia está hecha con el es- 
mero que debía esperarse del caballero Von Arneh, autor de otras 
varias obras históricas, vicepresidente de la Academia Imperial de 
Ciencias de Viena, y Director del Archivo Cesáreo; archivo, en que 
sea dicho de paso, se custodia aparte de muchos papeles originales 
del reinado de Carlos V, toda la correspondencia de Luis Praet, 
D. íñigo de Mendoza, Eustaquio Chappuys, E. Vandervyst y otros 
embajadores de aquel monarca en Inglaterra, Francia y Saboya. 

Ofrece el autor dar á luz en breve plazo otra correspondencia 
del mismo Archiduque, con su padre y hermano, en que más de 
lleno se tratan los asuntos de la Península, y el que suscribe tie- 
ne la seguridad de que siempre que nuestra Academia necesite 
noticias del Archivo Imperial, le hallará dispuesto á comunicar- 
las. Por cuya razón, y la de no haber en él día ningún corres- 
pondiente en la capital del imperio austríaco, el informante se 
atreve á proponer que se le nombre, confiriéndole así el honor de 
pertenecer á nuestra Academia, como en carta particular lo soli- 
cita. La Academia en su mejor acuerdo decidirá lo que sea más 
conveniente. 

Madrid 15 de Junio de 1871. 

Pascual de Gayangos. 



3ü holetín de la rkal academia de la historia. 

VTII. 

CARTAS DE CARLOS VI DE AUSTRIA AL BARÓN DE FREISHEIM. 



Excrao. Sr.: He examinado detenidamente las copias de las 
doce cartas relativas á la guerra de sucesión que remitió á la Aca- 
demia el Sr. Pietter Arend Seuppe, correspondiente en Utrecht; 
y al devolvérselas tengo el honor de exponer mi parecer sobre di- 
chos documentos. 

Aunque las copias que los reproducen no vengan debidamente 
certificadas con la firma del señor remitente, como la Academia 
tendrá la debida confianza en su veracidad, bastará para probar 
que son auténticas la misma comunicación firmada con que las 
ha remitido, procediendo indudablemente los originales de la fa- 
milia ó herederos del teniente general barón de Freisheim, jefe 
superior que fué en España del cuerpo de tropas holandesas que 
auxilió al archiduque Garlos en sus campañas contra Felipe V en 
170G y 1707. 

De las doce copias de cartas antedichas, nueve lo son de las que 
escribió el Archiduque á aquel personaje cuando era gobernador 
en Lérida y comandante general de toda la ribera catalana del 
Ebro. Están fechadas en Barcelona entre el 19 de Mayo y el l4 de 
Noviembre de 1707. Aunque se refieren á disposiciones del Archi- 
duque para la defensa de aquel principado cuando después de per- 
dida por sus tropas la batalla de Almansa le invadieron las de su 
contrario, sitiando ytomando á Lérida y á Tortosa luego, no ex- 
plican ningún hecho de la campaña de aquel año, y así resulta 
mucho menor el interés que inspiran estos documentos, en uno 
de los cuales anuncia el príncipe austríaco al general holandés, 
su enlace con Isabel Cristina Brawuswick VolíTens-buttel. Son, 
sin embargo, de importancia como precedentes de un pretendiente 
á la corona, que dejó muy pocas huellas en España, y de una 
épora en que, más que ninguna otra de las modernas, escasean 
originales en nuestros archivos hasta el punto de no haber en- 



CARTAS DE CARLOS VI DE AUSTRIA AL BARÜX DE FREISHEIM. ^37 

centrado el que suscribe en el de Simancas, las relaciones oficia- 
les de las batallas de la Gudiña, Almausa, Almenara, Zaragoza y 
Villa viciosa, las de mayores resultados en la larga guerra de su- 
cesión. Las nueve cartas del Archiduque á que me refiero, como 
redactadas por un secretario español, lo están en bastante buen 
castellano, aunque con el modismo austríaco reemplaza algunas 
veces el sentimiento á la persona, como por ejemplo: mi amor os 
recomienda: mi confianza en vos espera, etc. 

Las otras tres cartas no son del Archiduque pretendiente, sino 
escritas de orden suya al mismo Freisheim por sus ministros ó 
secretarios D. Antonio Borneo Anderas, y D. Ramón del Llano 
Perlas, en Setiembre del mismo año de 1707, y sólo comunican 
avisos y ligeras instrucciones. 

La remisión de las doce copias de todos modos es muy de agra- 
decer al señor correspondiente Leuppe, y sometiendo mi juicio 
al superior de la Academia, opino que se le conteste por la secre- 
taría, agradeciéndole la prueba que con ella ha dado de su inte- 
rés por nuestras averiguaciones históricas. 

Madrid 10 de Mayo de 1872. 

Jacobo de LA Pezuela. 



IX. 



TRATADO ELEMENTAL JE DESECHO INTERNACIONAL MARÍTIMO, 
POR D. IGNACIO DE NEGRÍN. 



En desempeño de la comisión de examinar la obra intitulada 
Tratado elemental de derecho internacional marítimo, por D. Ig- 
nacio de Negrín, y de informar á la Academia lo que se ofreciese 
y me pareciese acerca de ella, cumplo el grato deber de emitir mi 
dictamen favorable á su autor, con tanta más seguridad cuanto 
mi juicio viene después del formado en igual sentido por una 
Corporación docta y conipetente. 



38 boletín de la real academlv de la historia. 

Es tan manifiesta la necesidad de que los oficiales de nuestra 
Marina militar posean cierta suma de conocimientos relativos al 
derecho internacional, así en tiempo de paz como de guerra, 
cuanto que allí está la patria donde está el pabellón que acredita 
la existencia de un Estado soberano, ya se arbole en las inmen- 
sas soledades del Océano, ya en las playas más remotas del globo. 
El oficial de la Armada á quien se confía el mando de un buque, 
es á veces el único representante del Gobierno supremo de la na- 
ción cerca do una potencia situada á millares de leguas de su pa- 
tria, y á veces el centinela avanzado que protege la persona y la 
propiedad de sus conciudadanos en momentos de conflicto, de que 
sólo puede salvarlas la firme resolución de exigir el respeto de- 
bido á la bandera. 

Así, pues, el oficial de marina, llegado el caso, negocia y com- 
bate, invoca el derecho ó usa de la fuerza. Si para bien emplear 
las armas recibe una educación militar, para Lien conducirse en 
sus relaciones de un Estado con otro necesita conocer los princi- 
pios y reglas del derecho internacional marítimo, y muy particu- 
larmente los tratados y convenios ajustados entre el Gobierno de 
su nación y las potencias extranjeras en cuanto al derecho inter- 
nacional marítimo se refiera. 

No acertamos á explicar cómo no se comprendió así desde hace 
mucho tiempo, y por qué en nuestras escuelas navales no fué 
hasta poco há semejante estudio obligatorio. Debemos aplaudir 
esta reforma sobre seguro, considerando que son pocos los libros 
(le derecho internacional que poseemos en España, habiéndonos 
quedado muy rezagados do Europa, donde abundan. En el siglo xvi 
florecieron Vitoria, Soto y el famoso jesuíta Suarez, bien cono- 
cido do los filósofos, teólogos y jurisconsultos por su tratado De 
legibui ac Deo legislatore. En nuestros días, sin negar el mérito 
de algunos libros elementales, como los que publicaron Pando, 
Ui(iuelme y otros varios autores que, si no de propósito, por in- 
«•idencia discurrieron sobre varias materias relativas al derecho 
inleniarional, ó siguiendo como Castillo las huellas de Abreu y 
Mcrtodano, formaron colecciones de tratados y convenios celebra- 
dos por los monarcas españoles con diversas potencias, es lo cierto 
(|U(> su< iionilires, no sólo no pueden ponerse en parangón con los 



TRATADO DE DERECHO INTERNACIONAL MARÍTIMO. 39 

ilustres que hemos citado, pero ni tampoco llegan al nivel de 
Gauchy, Wlieaton, Klüber, Heífter y otros que honran á Fran- 
cia, Alemania y los Estados-Unidos, y gozan hoy de grande auto- 
ridad en el mundo. 

Persuadido el Sr, Negrín de que podía prestar un importante 
servicio al Cuerpo de la Armada, acaba de publicar el libro de que 
damos cuenta, el cual en corto volumen encierra excelente doc- 
trina tocante al derecho internacional marítimo, que nos ofrece 
una agradable ocasión de examinarlo y juzgarlo iitil á la ense- 
ñanza. 

Empieza el autor con un bosquejo histórico del derech'o inter- 
nacional en los tiempos antiguos, en la Edad Media y en la mo- 
derna. En breves páginas condensa lo sustancial del asunto, sin 
detenerse en ninguno para ilustrarlo, como seguramente lo hu- 
biera hecho si al descender á pormenores no estuviese reñido con 
el plan de su obra. Entonces se le hubiera ocurrido probar loque 
presume, esto es, que los pueblos de la antigüedad celebraron 
pactos ó tratados internacionales, dando origen al derecho de las 
gentes secundario ó positivo. Sin referir los diversos tratados de 
alianza y navegación que, según el testimonio de Tucídides, ajus- 
taron las ciudades de la Grecia con motivo de la guerra del Pelo- 
poneso, en las cuales no se olvidaban los intereses del comercio 
ni los de la política, tan enlazados con la dominación de los ma- 
res, consta por el texto de Polibio que los hubo de comercio y na- 
vegación entre Roma y Gartago desde una época no muy poste- 
rior á la expulsión de los Tarquines. 

Estipularon estas dos repúblicas rivales que los romanos nave- 
garían dentro de ciertos límites; que sólo en caso de peligro to- 
marían puerto fuera de ellos por cinco días; que los mercaderes 
que fuesen á Gartago no pagarían ningún tributo; que la fe pú- 
blica.protegería al vendedor, y que todos serían juzgados con equi- 
dad en sus causas y negocios. En otro se obligaron los romanos á 
no trancar, piratear y formar colonias más allá de tales cabos ó 
promontorios; á no entrar en ningún puerto del África ó la Ger- 
deña, sino el tiempo necesario á reparar sus naves ó proveerse de 
víveres; y convinieron que en la Sicilia Cartaginesa, lo mismo 
que en Gartago, gozasen los romanos de la libertad de negociar y 



40 boletín t)E LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

disfrutasen de iguales beneficios que los cartagineses, á cambio 
de que estos fuesen considerados en Roma como romanos. Véa- 
se (1), pues, cómo no es del todo exacto decir con el Sr. Negrín 
que el derecho internacional en la primera época de su historia 
se resume en la legislación interior de cada país. 

Tampoco hay completa exactitud en afirmar que el pueblo ro- 
mano hubiese continuado siempre despreciando el comercio ma- 
rítimo, aunque tal sea la opinión generalmente recibida. Estima- 
ba en poco la profesión de los vendedores á la menuda, regatones 
y mercaderes de drogas, perfumes, artículos de primera necesi- 
dad y bagatelas para el uso del sexo femenino, pero no tenía por 
deshonrosas las grandes especulaciones mercantiles por mar y 
tierra. Cicerón, en su libro De officiis^ dice: Mercatura... magna 
et copiosa... non est admodum vitupera^ida. Ciertos Emperadores 
mostraron empeño en favorecer el comercio y la navegación. De 
Alejandro Severo cuenta Elio Lampridio que negotiatoríbus^ ut 
Romam volentes concurrerent^ maximam immunitatern dedit. La 
incorporación de las leyes rodias al derecho común, las estaciones 
navales en diversos mares, la guerra continua á los piratas que 
los infestaban, la construcción de puertos y las obras que acome- 
tían para facilitar la navegación de los ríos, muestran que los ro- 
manos, si no estuvieron poseídos del espíritu mercantil de los ti- 
rios, los rodios y los cartagineses, tuvieron al fin una política co- 
mercial (¡ue Constantino llevó á Bizaucio, ala entrada del Ponto, 
cuya admirable situación la hizo emporio de todas las riquezas' de 
Europa y del Asia. 

Son estos toques dedicados al cuadro de la historia delineado 
por el Sr. Negrín, que no afectan á la ciencia; y volviendo á su 
libro, entra el autor en materia exponiendo los principios del de- 
recho internacional, preliminares necesarios á la inteligencia del 
marítimo, objeto de la obra. 

Divide el asunto en dos partes principales, á saber: derecho in- 
tcrnacioiUi-1 marítimo en tiempo de paz y en estado de guerra; 
consagra un título especial A las presas marítimas y concluye 



(1) Tliucydides, De Mío Pelop., lib. i; Polyb., fíist., lib. iii, 22, 23, 24; Hist. de la 
tconomia potitica en España, cap. a, 1. 1, pág. 12. 



TRATADO DE DERECHO INTERNACIONAL MARÍTIMO. 41 

con un apéndice en el cual extracta los tratados, ordenanzas y 
disposiciones dictadas por el Gobierno de España de más frecuen- 
te uso y aplicación á las cuestiones que se ventilan en el texto. 

Recomiendan el libro del Sr. Negrín el método verdaderamente 
didáctico que observa el autor al desarrollar el plan de la obra, 
la claridad en la exposición de la doctrina y el buen criterio en 
los casos dudosos, y como tales sujetos á controversia. 

En resolución, es el libro que analizamos un excelente Tratado 
elemental de derecho internacional marítimo, que si no satisface 
por su brevedad á quien desea profundizar la materia, puede y 
debe contentar al lector más modesto que sólo aspira á conocer 
los principios en que descansa. 

No pretende el Sr. Negrín el mérito de la originalidad ó de la 
profundidad, como autor de una obra de derecho internacional. 
Su ambición se limita á ser ütil á la juventud que aspira á servir 
al Estado en la marina de guerra; y en efecto, el Gobierno le hizo 
justicia al escogerla para texto délas escuelas naval y flotante y 
las Academias del cuerpo administrativo de la Armada. 

Madrid 16 de Mayo de 1873. 

Manuel Colmeiro. 



HISTORIA ECLESIÁSTICA Y CIVIL BE NUEVA-GRANADA, 
POR D. JOSÉ MANUEL GROOT. 



Con el título de Historia eclesiástica y civil de Nueva- Granada 
ha escrito el Sr. D. José Manuel Groot, ciudadano de aquella Re- 
pública, una preciosa obra, digna de atención y estudio, y que ha 
publicado en los tiempos que median del 69 al 71. Consta la His- 
toria de Nueva- Granada, de tres tomos gruesos en 4.°, de impre- 
sión compacta y de unas 600 páginas cada uno, que dan de sí una 



42 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORL\. 

cantidad enorme de lectura, y desde luego acredita eii esta condi- 
ción extensa de su entidad, como decimos eii la moderna jerga 
escolástica, que es un trabajo prolijo y concienzudamente elabo- 
rado. 

Principia la Historia de la Nueva-Granada desde el año de 1514, 
en que el activo y valiente descubridor Vasco Nuñez de Balboa, 
envió ;í pedir se le nombrase Gobernador del país que dominaba 
Castillo del Oro, y se vio malamente suplantado por Pedrarias 
Dávila, de funesto recuerdo. Avanza el tomo i hasta el año 1780, 
siendo todo el libro parte de nuestra historia nacional, pues vi- 
vían aquellos países con la vida de la Madre patria. 

La rapacidad é inicuas exacciones de las autoridades, dieron 
motivo en aquel país á la sublevación de los Comuneros del So- 
corro que secundaron los movimientos insurreccionales de los 
indios del Perú, acaudillados por Tupac- Amaro. Así que el tomo ii 
principia en el capítulo 73 (pues el autor no divide en épocas ni 
en libros) el movimiento insurreccional de aquellos países, que 
coincidió con la revolución francesa y la independencia norte- 
americana; y avanza hasta fines de 1819 en que la torpeza de las 
autoridades españolas por una parte, la destreza de Bolívar por 
otra y la sublevación de Riego sobre todo, concluyeron con la 
dominación española en aquel país. Así que el tomo iir contiene 
ya solamente la historia del establecimiento de la República por 
Bolívar, después de la derrota de Boyacá y entrada de éste en 
Santa Fe. 

El tomo III de cerca de 700 páginas, contiene en los capítulos 68 
á lOG la iiistoria délos diez años de Ja República Colombiana, 
que puede decirse murió con Bolívar al espirar éste en 1830. 

Tal es el conjunto y la parte externa de la Historia de Nueva- 
(iranada, por elSr. Groot: Tomo i. — Los tres siglos de la domina- 
c'u'm española (1514-1780); Tomo ii. — Período insurreccional ó de 
transición (1780-1820); Tomo iii.— República Colombiana en los 
diez años Áltimos do la vida de Bolívar (1820-1830). Resulta, pues, 
que lo más interesante para nosotros es el tomo i, algo el ii y poco 
el III. En esta suposición, el juicio crítico debe recaer principal- 
mente sobre el primero. El Sr. Groot, Tjue en el tomo iii se mues- 
tra onlusiaslay admirmlor rio Bolívar, y en el ii aparece partida- 



HISTORIA ECLESIÁSTICA Y CIVIL DE NLEVA-GRANADA. 43 

rio enérgico de la independencia; con todo, en el i no se muestra 
hostil á España ni á la dominación española; y si nada calla 
acerca de las extorsiones, ruindades, atropellos y delitos de los 
conquistadores, tampoco deja de referir, y con cierta fruición, lo 
que halla digno de elogio y de alabar los nombres y los hechos 
que lo merecen; que no es poco, ni se encuentra siempre en los 
historiadores de aquel país, instintivamente dispuestos siempre á 
zaherir á España, puesto que desde niños han aprendido á mal- 
decir y mirar á los antiguos españoles como unos monstruos, ó 
como ellos dicen Godos. 

De las opiniones del autor en estaparte, se puede juzgar por 
el siguiente edificante párrafo que por sí sólo se recomienda al cu- 
rioso lector. Pregunta el autor al fin del capítulo 17, ¿si han me- 
jorado los indios de condición en la República? y responde así 
(pág. 228 del tomo i): 

«Al proclamar la Soberanía nacional americana, los naturales 
de América debían haber mejorado de condición bajo un gobier- 
no propio y liberal; pero ha sido todo al revés. Aquí no abogamos 
por la causa de los españoles, sino de los genuinos americanos. 

»E1 gobierno del Rey al hacer á los naturales subditos suyos, 
trató de conservarles hasta donde era posible su carácter de dig- 
nidad nacional, y por eso trató de mantener los caciques y la 
aristocracia indígena con preeminencias de autoridad entre los 
naturales, y para dar más lustre á esa nacionalidad, proveyó á la 
educación de los hijos de sus grandes, á fin de que estos, bien 
formados, difundiesen entre sus subditos con más ventajas que 
los españoles las luces del Evangelio y las costumbres sociales. 
Con tal fin se dictó la Real cédula de 27 de Abril de 1554, por la 
cual se mandaba establecer, como en Méjico, un colegio para 
educar en las letras y costumbres cristianas á los hijos de los in- 
dios. principales. 

» Hoy los indios son los seres más miserables y desgraciados 
del país, con la notable circunstancia de que los más abyectos y 
pobres, son los moradores de los pueblos inmediatos á la capital 
de la República. 

»Se ha hablado mucho sobre que los indios pagaban un tributo 
en plata al Rey: sí, pero ahora lo pagan en sangre... 



44 bolltín de la real academia de la historia. 

))E1 repartimiento que en nuestros tiempos se ha hecho á estos 
infelices, dignos de mejor suerte en la República, ha sido el de 
lo? resguardos con libertad para poderlos vender. Los españoles 
fueron los primeros que les repartieron resguardos, pero sin li- 
bertad para venderlos. Se les repartieron de los mejores terrenos 
y más bien situados. La prohibición de enajenarlos correspondía 
con el nombre puesto á la cosa, porque conociendo la imbecilidad 
de los indios, susceptibles de ser engañados, su inclinación á la 
holganza y á la chicha, se vio que necesitaban de un resguardo 
para que sus familias tuvieran resguardada la subsistencia. Guan- 
do les ha faltado este resguardo con la libertad de contratar, aún 
ha quedado á las tierras el nombre de resguardo, con la misma 
impropiedad con que ha quedado á la República el nombre de 
federación, después de haber desligado sus provincias. ¡Todo se 
entiende al revés entre nosotros ! » 

En otro pasaje del mismo tomo (pág. 373), vindica al Gobierno 
español por haber reincorporado á la Gorona el derecho de acu- 
ñar moneda, que había enajenado Felipe Y, ó mejor dicho el far- 
sante Alberoni, gran explotador de los filones argentíferos de 
América. Garlos III señalo ¿í la familia de Prieto,, que había ex- 
plotado ya el privilegio por espacio de medio siglo una indemni- 
zación de 8.000 pesos de renta perpetua, por los 85.000 pesos en- 
i regados á Felipe V. Con este motivo, comparando el Sr. Groot 
tiempos con tiempos, y los de la monarquía que indemnizaba con 
los de la República que se incauta á su antojo y sin indemnizar, 
dice en una nota: 

«El mismo que esto escribe fué víctima de esa medida por ha- 
l)érsele despojado sin indemnización alguna, aunque reclamada, 
del empleo de Regidor fiel ejecutor del cabildo de Santa Fe, oficio 
que su abuelo D. José Groot había comprado al Rey.» 

Y es lo bueno que el gobierno republicano echó á pique las in- 
demnizaciones de la familia Prieto, que de seguro tampoco le 
luil)iera dejado el derecho de batir moneda. Gon este motivo el 
Sr. Groot censura al Doctor Plaza, que al hablar de este asunto 
considera la expropiación ó reivindicación hecha por Garlos III 
romo una villanía y exclama dolorido: o ¡ Ojalá que el Gongreso 
de Colombia so hubiera portado como el Rey de España al in- 



HISTORIA ECLESIÁSTICA Y CIVIL DE NUEVA-GRANADA. 45 

corporareii el Cabildo ciertos empleos, que por compra hecha al 
Rey poseían algunos individuos!» 

No siempre suele ser este el tono del Sr. Groot en el resto de su 
obra. Si en el tomo i se ve al descendiente de España, católico 
fervoroso, tradicionalista, amante de las antigüedades de su país, 
que defiende á España en gracia de lo que allí hizo por la Reli- 
gión y la colonización intelectual y moral de su país, en el tomo ii 
al describir el período de transición y levantamiento de 1780 
á 1820, se pone al lado de los insurgentes y combate á los espa- 
ñoles con la pluma, como sus padres los combatieron, que tal es 
la triste ley de las colonias. El Sr. Groot podría decir á esto en- 
tre otras muchas cosas que los españoles de aquel período no eran 
lo que habían sido los de los tres siglos anteriores, que no es ex- 
traño que los americanos no quisieran al Rey de España, cuando 
los españoles en la Península no dejaban títere con cabeza, como 
el retablo de D. Gaiferos y Melisendra, y que detestasen cordial- 
mente á los españoles, cuando nosotros les damos el espectáculo 
de odiarnos de muerte convirtiendo la Península en un extrapa- 
raíso de Caínes, los unos por amor de Dios y los otros por amor 
de libertad. 

El Sr. Groot desengañado á vista de las chanzas pesadas que 
los amigos de esta señora han jugado al país y que refiere en el 
tomo III, concluye su obra con estas sentidas frases. « ¡Qué faces 
(fases debía decir) tan tristes presenta la historia de Colombia!... 
La República de Colombia, creación de Bolívar, que por esfuerzos 
de tantos patriotas se alzó con tanto brío, cayó muy pronto pu- 
diendo haber sido una gran nación !» 

Cabalmente es lo mismo que decimos por aquí. 

El mismo Sr. Groot describe las horribles escenas del 28 de Se- 
tiembre de 1828 cuando los individuos de una sociedad secreta 
estuvieron para asesinar á Bolívar, que hubo de tirarse por un 
balcón. 

¡Qué escenas tan edificantes presenta en sus últimos capítulos 
la historia escrita j)or el Sr. Groot! Una mayoría parlamentaria 
pretende lanzar al país á una serie de aventuras por medio de una 
Constitución disparatada. Bolívar acude al remedio heroico de 
hacerse dictador, y los convencionales al de asesinarle. Formóse 



4G boletín de la real academia de la HíSTOHIA. 

para ello una sociedad secreta con los elementos integrantes de 
todas ellas, abogados sin pleitos, oficiales expulsados del ejército, 
generales ambiciosos, frailes apóstatas y estudiantes que habla- 
ban mucho y estudiaban poco. Es notable esta cláusula á la pá- 
gina 502 del tomo ni. «Esta sociedad secreta, dice Groot, dirigía 
otra que se formó denominada Filológica, compuesta de jóvenes 
bajo pretexto de perfeccionarse en el estudio de las ciencias, y al 
efecto asistían á ella algunos catedráticos.» 

Es lo bueno, según nota el historiador, que estos catedráticos 
eran partidarios de Bsntham y explicaban las teorías de éste en 
sentido liberal, y eso que ya hoy día se las considera como de 
puro absolutismo, y de sensualismo con sus puntas de egoísmo. 

Librado Bolívar casi milagrosamente del puñal de los Scévolas 
americanos, ninguno de los cuales puso la mano en el fuego, se 
dedicó en los dos últimos años de su vida á destejer lo hecho tra- 
bajando algo por el orden, y diciendo de su tierra lo que de la 
nuestra dicen los arrepentidos. — El país no está todavía bien pre- 
parado. 

Tal es á grandes rasgos el carácter ó parte- interna de esa his- 
toria de Nueva Granada. El autor en el tomo i narra mucho y 
aprecia poco el estilo antiguo: en la parte moderna sigue el gusto 
moderno, dando dos historias, la de los sucesos y la de sus apre- 
ciaciones. Indudablemente es más animada y entretenida la pri- 
mera á pesar de esa circunstancia. El historiador ameniza la na- 
rración descendiendo á pormenores literarios, jurídicos, anecdó- 
ticos, arqueológicos y etnográficos que hacenla lectura interesante. 
La historia dr aquel país sin historia como todas nuestras colo- 
nias, está reducida en su parte antigua á describir el valor y la 
crueldad de los conquistadores con ciertos rasgos de caballerosi- 
dad, las virtudes apostólicas de sus primeros misioneros, las ri- 
ñas de los encomenderos y sus nuevas empresas y rebeliones. 

Viene luego la fundación de chancillerías y obispados, y en pos 
de estos, coiíventos, universidades y colegios. Hechas estas, prin- 
cipian las sempiternas luchas de los virreyes con las audiencias, 
de estas con los obispos, de los obispos ton los cabildos, de los ca- 
bildos con los frailes, de los frailes con otros frailes, con los cu- 
ras y <oti los jesuítas , vejaciones á los jndios, órdenes para no 



HISTORIA ECLESIÁSTICA V CIVIL DE NUEVA-GRANADA. 47 

vejarlos, expediciones piráticas val fin creación de establecimien- 
tos industriales y científicos. Por este patrón están corladas todas 
las historias de Indias, y no desmiente el corte la de Nueva-Gra- 
nada. 

En esta abundan las biografías de personajes de alto renombre 
como fray Bartolomé de las Gasas y San Luis Beltrán que por ' 
allí estuvieron; las anécdotas chispeantes de interés de escritores 
de cosas del país apenas conocidos por acá, poetas y guerreros. 

Tampoco fallan etopeyas curiosas de personajes modernos ó de 
la época revolucionaria. Si es que allí la época revolucionaria no 
cuenta ya cerca de un siglo, y todavía no ha terminado, como tam- 
poco por acá. 

Es delicioso el retrato del P. Manuel, 6 sea D. Manuel Benito 
de Castro, que en 1812 compartía el poder ejecutivo con D. Luís 
de Ayala en los azarosos momentos en que se disputaban el poder 
los pateadores y carracos, ó sean centralistas j federalistas, y ¡coin- 
cidencia notable ! también allí los carracos contaban con Carta- 
gena. 

Había sido el Sr. Gastro novicio de los jesuítas por lo que le 
llamaban el P. Manuel. Parece que está uno viendo un personaje 
de los que pintaba en sus sainetes D. Ramón déla Gruz. Todavía 
en 1812 el poder ejecutivo gastaba en Nueva-Granada capa en- 
carnada con galón de plata. Tenía el vicio de la puntualidad, 
siendo eso que llamamos un reló de carne , uno de esos hombres 
automáticos que tienen señalados los minutos para cada cosa y 
no salen de su hora aunque se hunda el mundo. Tenía horas fijas 
hasta para la asistencia de los animales domésticos. «Se dijo, ha- 
bla el historiador , que en un día de aquellos de borrasca fueron 
á llamarlo del Consejo y que mandó á decir que en acabando de 
espulgar á la perrita iría.» «Bastó esto, añade, para dar á cono- 
cer el genio del poder ejecutivo que dejó Nariño en Santafé en el 
año 12 para lidiar con los chisperos, carracos y pateadores.» 

Resultó lo que era de esperar: los pateadores fueron pateados 
por los carracos ó federales, y entre los pateados lo fué D. Pedro 
Groot, tío de nuestro historiador, que al decir de su sobrino, al- 
guna vez acaudilló á los pateadores. 

Digamos ya algo acerca del historiador antes de concluir este 



48 boletín de la real academia de la historia. 

prolijo informe. Por lo que se acaba de decir, y por lo que antes 
se manifestó acerca del abolengo de nuestro D. José Manuel se 
echa de ver que es de pura raza española , que su familia tenía 
cargos honoríficos hace más de un siglo en aquel país y compra- 
dos á la corona, aunque el apellido á primera vista pudiera creerse 
extranjero. 

De sus opiniones se puede formar concepto por lo que ya queda 
dicho. Pecadores arrepentidos quiere Dios. Sus ideas son de fer- 
voroso y puro católico: las caricaturas que traza de los jansenis- 
tas y de los frailes mal hallados con su hábito lo indican bien 
claramente, y también sus clamores contra las medidas cismáti- 
cas de los revolucionarios. Su estilo es sencillo y sin pretensio- 
nes. El lenguaje llano y IMido, pero poco correcto, mezclado con 
algunos americanismos, lo cual no es de extrañar. Para la Aca- 
demia de la Lengua quizá no valiera gran cosa : para la nuestra 
puede ser mucho. En este concepto, y pidiendo antes perdón á la 
Academia por la tardanza del informe y por pesadez y desaliño 
hijos de la premura con que está redactado , me tomo la libertad 
de indicar que creo convendría nombrarle académico honorario 
de la Historia en la república de Nueva-Granada, donde no tiene 
ninguna persona con quien entenderse. 

La Academia, sin embargo, acordará como siempre lo más con- 
veniente. 

Madrid 30 de Enero de 1874. 

Vicente de la Fuente. 



XI. 

INSCRIPCIÓN ARÁBIGA DE CASTELLÓN DE LA PLANA. 

Esta inscripción cuyo vaciado en yeso nos ha regalado D. An- 
tonio Francisco Ruiz y presentado el Sr. Codera, está grabada 



50 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

con trazos muy fiaos en una piedra de 29 por 15 centímetros alto, 
algo desportillada en el ángulo inferior de la izquierda. Su lectura 
es como sigue: 




En el nombre de A.lláh, clemente, misericordioso. O gentes, sabed que las promesas 
de AUáh son ciertas; no os dejéis seducir por los halagos del mundo y no os aparten de 
Allih loa eneraúos (del Demonio). Aquí yace Aafrá, hija de Farach, la cual murió miér- 
coles, á seis diaa andados de la luna de Xauel del año tres }' cincuenta j' cuatrocientos. 
AUáh se eompadt^zca de los que oraren pflr ella implorando su misericordia. Amen. 
¡Alláh. señor de las criaturas su bendición sea sobre Mohámmad! 

La [echa citada en la inscripción, cayó en 9 de Noviembre de 
lOGl. Las líneas 2.% 3.'. y 4.*, con la primera letra déla 5.», con- 
tienen el versículo 5." de la sura 35 del alcorán, titulada Los 
Ángeles; y en ellas se encuentran las .variantes 1§j'j por 'w^t b, y 
í'.-jw por s-^i-a», cosa que no es nueva en esta clase de ins- 
cripciones . 

Pascual -de Gayangos. 



ANTÍGÜBDADES RdMANAS DE VALENCIA. 



XIÍ. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 

En 1766, salió á luz en Valencia del Cid y en la imprenta de 
Benito Monfort, un folleto en 8.°, cuya pérdida ó extravío lamen- 
ta el sabio epigrafista D. Emilio Hübner (1), como de inaprecia- 
ble valor para la colección de inscripciones romanas propias de 
aquella ciudad. Y en efecto, encierra tres epígrafes itinerarios y 
uno sepulcral, de los cuales, uno tan solamente (4949) se halla 
incluido en la obra monumental del Corpus inscriptionum lati- 
narum , sin que los demás hayan comparecido todavía en la 
Ephemeris epigraphica. Por esta razón, creo que nuestra Acade- 
mia verá con agrado un ejemplar del folleto. Me lo ha prestado 
D. José María Settier, director de la Ilustración popular econó- 
mica de Valencia; y estimo que tan interesante opúsculo, raro 
ya y casi perdido, merece reproducirse en las páginas de nuestro 
Boletín. 

Dice así : 

«DECLARACIÓN || DE UNA || COLUNA |! DEL EMPERA- 
DOR II HADRIANO; || DESCUBIERTA EN LA VEGA || DE 
VALENCIA. II SU AUTOR, || AGUSTÍN SALES || PRESBÍTE- 
RO DE LAIGLESIA DE SAN || Bartolomé del Sepulcro; Dotor 
Theologo por la Universidad de Valencia; Real administrador de 
lo destinado por Su Magestad para los pobres de Cárceles de Corte; 
i Chronista de la misma Ciudad y Reino. — En Valencia: Por Be- 
nito Montfort, año 1766. 

Cliristianorum Doctrina, vel Romanorum Senattis, Imperaíorumq'U'e, ut quisque succes- 
serat, & PoptdisticcnOnisset insidiis, ni Divina virtute emergens, superior adeo evasisset, 
nt terrarum Orbem etsi insidias moUentem pervicerit. (Origrenes. Hadriano coevus, 
lib. t. coatra Celsum Epicuraeum.¡ 



(1) InscriptionesJUsponiae lnUnae, pág. 5ül y 655. 



52 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

(iuid ingrati sumusf si veritat Dicinitatis ^uam nos eonsteutos ffloriamw, nostri ttmpo- 
ris attatt tnaturttt? Pruamur bono nostro, cohibeatur superstitie, impietas txpittur, vera 
Stliffif) rtservetur. (Mimitius Félix, in Ortavio circa finem,) 



DECLARACIÓN II DE LA COLUNA DE || HADRIANO 
EN ESTA II CARTA. 



Muí Sr. mió: Deviendo á Vm. la noticia de la Coluna millar 
descubierta en 10. del presente á un lado del Camino Real que 
guia de Valencia por la Puerta de San Vicente Mártir, á San Fe- 
lipe &c. es mui puesto en razón, que en prueva de mi agradeci- 
miento, diga á Vm. con certidumbre, lo que ella significó en 
tiempo de los Romanos. Esta pues, Coluna, ó Piedra redon- 
da tiene gravada la Inscripción siguiente que copié dia 12. ape- 
nas Vm. me dio la noticia: 

IMP'CAESAR 
DI- VL'TRAIANI 
PARTHICI FIL' 
DlVl • NERVAE • 
NEPO'TRAIANVS 
HADRIANVS'AVG- 
POSSSiS E «MAXIM • 
TRSSS=IC«POTESTATE 



Esto es: hnperator Caesar^ Divi Vlpii Trajani Parthici filhis, Divi 
Nervae Nepos; Trajanus Hadrianus Augustus, Póntifex Matimus, 
Tribunicia potestate, ¿ce. &c. En efecto no fué Hijo, sino reputado 
por tal; pro Filio hahitus, como notó Sparciano. Los Rústicos 
Peones lapicidas, al sacarla, rompieron con el pedestral, parte de 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 53 

la Inscripción, en que en semejantes monumentos ponian el vía 
AUGVSTA, ó hasta donde Uegava la calzada, i á costas de quien se 
hacia, si impensa sva, ó por mandato; i nos han privado de la luz 
Topográfica, ó noticia de los Lugares. Las Caízadas que llamavan 
Strata, i eran Vias Militares, ó Consulares, ó Pretorias á que el 
Emperador Justiniano llamó Caminos públicos, eran Caminos 
empedrados, ó arenados, llenando las cavidades hasta hacerlos 
llanos para mayor comodidad de los Egercitos Romanos. Las in- 
ventó C. Graco, como escrive Plutarco en su vida: In Viarum re- 
fectione praecipuam adhihuit solertiam, cum utilitatis, tum pul' 
cliritudinis rationem habens. Ducebantur eae rectae per Regio- 
?ie§, & partim lapide ad hoc caeso, & dolato, partim congestis 
arenarum cumulis :: cavitates implebantur ::: Porro singula Mi- 
lliaria, dimensa diligenter lapidéis Columnis distinxit. S. Isidoro, 
señaló el motivo de hacerse estas Calzadas: Strata Romani per 
omnem pené Orbern disposuerunt, propter rectitiidinem Itine- 
rum, &ne Plebs esset otiosa. (Originum, 1. 15. o. 16.) Desde Bra- 
ga, á Orense, aun se ve la Calzada de quince leguas. En Merida 
ai grandes rastros de las suyas; i se observan assi mismo en mu- 
chas partes de España. Sobresale á todos el famoso Camino de la 
Plata. De casi todas ellas, se compuso el Rinerario de Antonino, 
que yo tengo de la mejor edición. Después de los Emperadores 
Augusto, Vespasiano, Domiciano, i Trajano, que procuraron re- 
parar los Caminos en varias Provincias de España, como mani- 
fiestan sus Marmoles, el Emperador Hadriano, hizo el favor á 
nuestra Valencia, Población mui distinguida por ser Colonia ju* 
ris Ralici, de aderezar este Camino, que guiava á las principales 
Ciudades de la Contestania: I después el Emperador Decio hizo 
lo mismo con el que encaminava de Valencia por Sagunto, á las 
■de la lUercaonia, i mas allá, como diré.. Por estas Calzadas, cami- 
navan.los Legados, i Pretores, que visitábanlas Provincias, i 
también los Egercitos conducidos á varios parages. Esta Coluna 
que ponian á cada milla, ó á mil passos de la Puerta, ó. Muro de 
la Ciudad álos lados déla Via Pretoria, sellamava Coluna millar^ 
como vemos en Suetonio, (in Othone, cap. VI.) También la ila- 
mavan Lapide, contando las distancias por millas, como Cice- 
rón, 6. Att. I. Accepi tuas litteras ad quintum milliare Laodiceae; 



54 boletín de la real academia de la historia. 

ó Lapides; I assi dijo Marcial, que Torquato tenia su Casa de cam- 
po distante de Roma quatro Lapides : 

Ad Lapidem Torquatus hahet Praetoria quartum. (Epigr. lib. X. 
cap 79.) Cada tres millas forraavan una legua Española: bien que 
por Provisión de la Ciudad de Valencia, hecha en 19. de Junio 1556. 
quedó resuelto, consultado primero Pedro Juan Nuñez, Varón el 
mas juicioso de la Nación, que cada legua tuviera quatro millas, 
i cada milla, mil passos geométricos. 

A las Puertas de la Ciudad que era Colonia, tenian los Roma- 
nos gravado el Itinerario, que guiava al Egercito por el Camina 
Pretorio á las Ciudades de la mansión. Un Itinerario de estos se 
encontró por Junio de 1727. en una Puerta de Valencia antigua, 
donde ahora la Iglesia nueva de la Congregación del Oratorio, 
que guiava al Egercito por Sagunto, á la Illercaonia, i mas allá. 
Antes que mandara quitar las letras un Anciano imperitissimo, 
las copió el erudito Padre Felipe Seguér, quien andando los tiem- 
pos, me permitió copia, i decian: 

AB valentía SAGVNT 

AB SAGVNTO DERTOS 

AB DERTOSA TARRAGONA 

AB TARRACONASSSSSSSS 

AB=SS====2S=S====SSSS 
AB5==S==SSSS====2SSS= 

Hizo perpetuo el sentimiento de la perdida de este Itinerario, el 
que es Maestro de la Nación, i mi singular amigo, el Cl. Don 
Gregorio Mayáns, i Sisear, en sus Epistolas. (lib. IIL Epist. XXVII. 
ad Baronem Schomhergium) El Camino militar que guiava á 
estas Poblaciones, todavia está mui patente, i es el Camino de 
Barcelona. Quedan rastros de averio mandado reparar el Empe- 
rador Decio, en una Coluna millar, consagrada á este Cesar, i á 
Q. llcrenio Mesio su Hijo por los que procuraron la obra; i está 
hechada en cl suelo delante la Hermita de S. Vicente de Borriol, 
á once leguas de Valencia, que yo descubri, i copié en 25. de Sep- 
tiembre 1753. i bolvi á registrar en 7 de Junio 1756. i tiene gra- 
vada e.«5ta ine;cripcion: 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 55 

IMP-CAES'C-MESIO 
CL'TRAIANO-DECIO 
INVICTO • Pío • FELICI • AVG • 
DACICO • MÁXIMO • PONTIFIC • 
MÁXIMO • TRIBVNICIA 
POTESTATE'ñ'COS' 
fl . p . p . PROCOS • ET • Q_- HERENNIO 
ETRVSCIO • MESIO-NNOBILIS • 
CAES- VIA* AVG* 

CXIX. 

Esto es: Imperaiori, Caesari Caio Mesio Quinto Trajano Decio^ In- 
victo, Pío, Felici, Augusto, Dacico, Máximo ¡ Pontifici Máximo, 
Trihunicia potestate secundum: Co7isuli secundum. Patriae Patri, 
Proconsuli; & Quinto Herennio Etrusco Mesio, Nohilissim,is Caesa- 
rihus. Via Augusta. Centum novemdecim milliaria. Manifiesta la 
Jnscripcion, que este Camino Pretorio, mandaron aderezar Caio 
Mesio DECIO, i su Hijo Quinto Herenio Etrusco Mesio, ambos 
Emperadores á un tiempo, á quienes los Questores consagraron 
la Coluna. Fue DEGIO, el que poco después de lograr el Imperio, 
en que entró con benignidad, movió la séptima persecución de la 
Iglesia. De él no hai otra memoria en Valencia: pero la de su mu- 
ger, Gnea, Seta, Herenia, Salustia, Barhia, Orbiana, permanece 
aun, en la Basa de Estatua (que le dedicaron los Valencianos ju- 
bilados de la milicia, i los Viejos descendientes de los que vinie- 
ron aqui á formar la Colonia) que está en la esquina de la Casa 
de la Ciudad, á vista de todos. De este cruel Emperador, escrivie- 
ron Trebelio Polion, Eusebio Cesariense, i otros. Su primer Hijo 
Q. Herenio Etrusco Mesio Decio corregnante, que insinúa la Co- 
luna, fué marido de Santa Trifonía Romana, de que hace memo- 
ria el Martirologio Romano en 18. de Octubre. Juicios de Dios 
adorables, mantener en el mismo Palacio esta Santa, la luz de la 
Fe, para crédito de su poder, i misericordia, i que no tuvieran es- 
cusa los que la perseguían. Fué también Hijo de Decio, Cayo Va-, 
lente Hostiliano Mesio, Quinto: i á cada uno de estos Hermanos, 



.".tí 



HOLETIN DE LA. REAI. A.(;A0EMIA DE LA HiaTuiUA. 



los mismos Soldados Valencianos consagraron Estatua, cuyas Ins- 
cripciones, se pusieron en la Gapillita de S. Benito en la Seo, las 
quales no copio, porgúelas trae Gaspar Escolano, (tom. i. col. 115. 
118. i 787. á-c.l i otros antes de el. Pero mandando justissima- 
niente el Concilio Provincial Valentino del año 1565. Nein Chris- 
tianorinn Templis aliquid Spectari possit, quod Gentililios ritus 
sapere videatur, (Sess. 4, cap. IX.) el Ilustrissimo Señor Don Fr. 
Isidoro Aliaga, honor de la Religión de Predicadores, i Arzobispo 
de Valencia, á quien no puedo nombrar sin veneración, i ternura, 
mandó picar estas dos Piedras; (Olmo, Litholog. pag. 63.) porque 
en la Gasa de Dios, solo puede caber la Santidad, i la verdadera 
victima del Cielo, que con su Cruz triunfó de la superstición, i su- 
getó á sus pies todo el poder de las tinieblas. Pero bolvamos yá á 
la Coluna millar de Decio. Denotan los últimos números, que 
desde Tarragona Cabeza de la Provincia, hasta aqui, avia 119. 
millas. No se ha descubierto aun, el Itinerario Romano, que por 
este Camino Pretorio que aderezó nuestro Hadriano Augusto, i 
aora va reparando nuestro Monarca, i Señor Don Carlos III. guia- 
va á la Contestania, i mas allá. Pero están bien patentes las Po- 
blaciones, i distancias desde Valencia, en el Itinerario de Antoni- 
no, que las pone assi, notando las millas, ó quantas veces mil 
passos. 



valentía, 
svcronem. 
ad statvas. 
ad tvrres. 

ADELLO. 

ASPIS, 

ILICI. 

THIAR. 

CARTriAG. SPARTARIA. 

ELIOCROCA. 



M. P. XVI. 
M. P. XX. 
M. P. XXII. 
M. P. VIIII. 
M. P. XXIIII. 
M. P. XXIIII. 
M. P. XXIIII. 
M.. P. XXVII. 
M. P. XXV. 
M. P. XLIIII. 



^•011 »ist;is Poblaciones desde Valencia, Cullera, Oliva, Alcacer, 
(se ignora Adello) Aspe, Elche, (no se sabe la de Thiar) Gariage- 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 57 

na, Lorca. Por la misma Via, se salla á las Vecinales, para eatrar 
en Saetabi, (Jativa) en Laurona, ^Llauri *) enl.ucentum (es Ali- 
cante) &c. (5cc. Hizo el Emperador Hadriano este Camino á los Va- 
lencianos, para manifestarles su afecto visitándoles desde Tarra- 
gona, en donde passó el Invierno quando vino de Francia, como 
escrive Sparciano; i rodeó á pie todas las Provincias, para mejo- 
rar las Ciudades, i aumentar las Tropas, como dice Aurelio Vic- 
tor: Provincias otnnes pedibus circiímivit :: cum Oppida universa 
restitueret, augeret ordinibus. Hizo siempre gran aprecio de las 
Ciudades, i de los Vassallos, como notó Dion Cassio; en especial 
amó mucho á la Plebe, dice Sparciano. I siendo propenso á assis- 
tir á los misterios de la Diosa Ceres, que es ISIS, para los quales 
se habilitó en la Grecia, como se explicó Dion : Sacris initiatus 
mysteria Cereris specta7^e voluit, puede inferirse el placer que ten- 
dria en nuestra Valencia, en que estos misterios se celebravan 
con la mayor solemnidad, como lo convenci plenamente en mi 
Dissertacion latina, de Valentmo Sodalicio Vernarum colentium 
ISIDEM, que publiqué por Febrero de 1760, comentando una 
bella Inscripción de dentro el Turia, que el año antes se des- 
cubrió. 

La quarta parte de esta Via Pretoria, (hasta el millar descubier- 
to, que empieza en la Puerta Sucronense, que los Moros llamaron 
Boatella, i eslava á las quatro esquinas de la Calle de Cerrajeros 
donde ai un Horno, derribada año 1383.) se incluye dentro de 
Valencia Moderna, i llamamos Calle de San Vicente Mártir. 

Entre otras medallas que se hallaron al desenterrar este Millar 
Romano, fué una grande de metal Corintio, que me permitió con 
su acostumbrada humanidad, i confianza Don Simón Desnaux, 
Ingeniero peretissimo, i mui instruida en todas Artes liberales, 
que cuida va por orden superior de la reparación de este Camino. 



* Quedavaa ea este Pueblo las ruinas de Laurona en 1543. como asseguró el V. P. 
Juao Bautista Agnesio en su Apolog.pro Avibns, pues dice hablando de Cvllera: 

Cid denvm ad stadium dinita Lavron abest. 
Qriondam ubi Pompeius Sertoria castra svbegit. 

Conque Laurona junto al Jucar, no puede ser Liria. 



58 BOLETÍN DE LA IlEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Es del Emperador Domiciano; al rededor de su Efigie se lee: Imp. 
CAES. DOMiT. AVG. GERM. p. M. ====== Su rcverso, contiene un 

Templo sobre quatro Colunas, i una figura en pie estendiendo la 
mano; i enfrente de ella, tres figurillas arrodilladas, que la ado- 
ran con gran reverencia: las letras de la circumferencia no se per- 
ciben; pero en otra que he visto del mismo cuño, son: eos. xiv. 
LVD. SAEC. FEC. S. C. esto es : Cónsul quartum decimum^ Ludos 
Saeculares fecit^ Senatus Consulto. Celebró Domiciano estos jue- 
gos, quando distribuyó entre el Pueblo Romano, en una gran 
necessidad, i carestía, pan, i trigo en abundancia, como lo expre- 
ssa otra medalla del mismo Emperador, i Consulado, que tengo. 
Esta medalla es por las circunstancias apreciable; pero es mas aun 
el Millar, por ser la única memoria que logra Valencia del Empe- 
rador Hadriano; i por ser Inscripción erudita, que nos enseña la 
verdadera Ortografía en diftongar sin enlaces, i en escrivir con 
acierto el nombre de Hadriano. Huviera sido cabal este Principe, 
si por continuar con furia contra los Ghristianos la persecución 
que movió Trajano, no huviera sido Autor de la gwaría, que des- 
pués mandó suprimir, como escrive Sulpicio Severo en su Histo- 
lia: Quarta suh Hadriano persecutionumeratur, quam tamen post 
exerceri prohihuit, iniustum esse pronuncians^ ut quisquam sine 
crimine reus constitueretur. (lib. 2. c. 31.) I reconocido por las 
Apologías de Quadrato, i Aristides, i informes de Sereno Grato 
su Legado, favoreció ocultamente á los Christianos; i aun quiso 
levantar Templo á JESU-CHRISTO, imitando á Alejandro Se- 
vero, como escrivió Elio Lampridio: Christo Templum faceré vo- 
/uíí, eumque inter Déos recipere; quod & Hadrianus cogitasse fer- 
tur:: sed prohihitus est áb his, qui consulentes sacra, repererant 
ornnes Christianos futuros si id optato evetiisset , ¿c Templa reliqua 
deferenda. Infeliz Principe, que huviera sido perfecto, sino se hu» 
viera dejado dominar! 

Publiqué Yo primero el Itinerario encontrado en el sitio de la 
Congregación, en- mi Historia de la Aparición de S. Pablo Após- 
tol, en Albocacer, Villa del Reino, Patria de mi Padre, impressa 
eu 1752. La Inscripción áe Decio, de tanto honor para este Reino, 
aun eslava sin imprimir. Soi siempre de Vm. cuya vida guarde 
Dios muchos años. Valencia i Abril, 14. de 17GG. B. L. M. de Vm. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 59 

SU afecto Servidor. =Dr. Agustín Sales Presbítero, Chronista de 
Valencia. =Sr. Dr. Joaquín Gibertó, Retor de S. Bartholomé. 



NUEVO DESCUBRIMIENTO. 

Después que esta Carta se leyó día 16 de Abril, en una ilustre, 
í autorizada Tertulia, al hacerse las diligencias para imprimirla, 
se descubrió cerca del sitio de la Goluna, (todo en Heredad, i Vín- 
culo del celebre Jurisconsulto Don Salvador Martin Lop, i Bor- 
rúl, á quien mi gratitud nombrará siempre con veneración) lo 
que yo me prometí. Sabia, que los antiguos, junto á esas Calza- 
das á la entrada de las Ciudades ponían los Cippos, que eran Se- 
pulturas, ó piedras quadradas de los Entierros, con Letras en la 
Via Publica. I aunque no se han encontrado tales Inscripciones 
Sepulcrales, porque se devieron sacar en otros tiempos, ó no se 
han descubierto aun, pero si, indicios de ellas. Pues continuando 
en cavar, se halló otro Medalla de Domíciano, i una de nuestra 
Hadriano; i también un jarro de barro con cenizas, que rompie- 
ron los Peones al sacarlo, i dentro de el, dos Redomitas pirami- 
dales mui angostas de vidrio, la una de cerca de un palmo de ele- 
vación, la otra de medio, que eran Lacrimatorios; i asimismo 
otra pieza de vidrio, como frasquitó, que por su forma irregular, 
i el barniz de su interior, no me pareció Lacrimatorio, sino Lam- 
para que llaman inextinguible. Lo vi, i observé todo, dia 24. en 
Casa de Don Vicente Sassús, Arcediano de Alzira, Dignidad de 
esta Santa Metropolitana, que por su liberalidad, i afición á las 
antigüedades, logró estos monumentos apenas se descubrieron.- 

Que los Cippos fueran Sepulcros, consta de Persio. Sat. r. 

Assensere viri, nunc non cinis Ule Poetae 

Félix? non levior Cippus nunc imprimit ossa. 

Los Gentiles quemavan los cuerpos: entretanto lloravan al di- 
funto los Parientes mas cercanos, como escrivió Ovidio. Pont. i. 9. 

Illíim ego non aliter flentem mea fuñera vidi, 

Ponendus quam si frater in igne foret. 

Los ungian antes de quemar. Apagadas por si las llamas, re- 
cogían los fragmentos de Huessos, i las Cenizas, i. lo encerravan 
todo en una Urna, Olla, ó Jarro de barro, en que ponían rosas, 



GO BOLETÍN UE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORLA. 

ungüentos, varios aromas, Lacrimatorios de vidrio, en que esta- 
van recogidas las lagrimas de los Parientes, i amigos mas Ínti- 
mos; i esto para manifestar la estimación al difunto; i ponian tam- 
bién su Lampara inextingible en obsequio de Pluton; todo esto, 
imediato al Cippo de piedra, en que gravavan el nombre del di-" 
funto. I tal significan las Inscripciones en que leemos: Cum la- 
crymis posuere. Estos Gippos se hallan con frecuencia. En el cau- 
ce del Turia, mui cerca de la. ISIS, que yo comenté, se encontró 
en 20. de Mayo 1760. la Inscripción siguiente, quebrada: 

AlARlTvMO 
LAE • VXOrI 
ARlTvMA 
A'VATRI 



Expressa, que una Hija, puso esta memoria á su Madre, rauger 
de Maritumo. Tiene de raro, la noticia de la Gente Marituma esta- 
blecida en Valencia; i que se puso quando era vía Publica, parte 
de lo que aora es Rio; cuya corriente passava entonces por en 
frente de la Puerta Sucronense, dejando los muros de la ciudad 
á mano izquierda, como dijo Salustio. (in Fragment. lib. 2".) Des- 
pués de este Historiador, los Valencianos comprando el sitio, i 
trayendo el agua desde la Puerta del Suero, encaminaron el Rio, 
dejando los muros á mano derecha como le vemos. De esta mu- 
danza, nos queda una Inscripción en la Puerta de la Trinidad, 
assi llamada por el Monasterio de en frente, cuya Historia publi- 
qué en 1761. De algunos puntos, se acaba de resintir un Regular, 
á quien espero, para confirmarme en las verdades que expressé en 
ella. Cornelio Sila, fué el primero que mandó ser quemado des- 
pués de su muerte: de el tuvo principio el quemar los cuerpos di- 
funtos antes de ponerlos en el Sepulcro, como notó Cicerón, lib. 2. 
de legib. I esta costumbre duró hasta la edad de los Emperadores 
Antoniuos. Por especial virtud tuvo en algunos excepción, como 
alli expressó el mismo Cicerón: i el sin duda la logró para su tan 
querida hija Tuliola, cuyo Cuerpo, en el Pontificado de Alejan- 
<lro VI. (no en el de Sixto IV. ni Paulo ílLl se halló en la famo- 



ANTIGÜEDADES KOMANAS DE VALENCIA. 61 

sa Via Apia, cerca de la sepultura de su Padre, entero, siu lesión, 
con sus cabellos embueltos en red de oro, todo el lleno de licores, 
dentro de una Arca de Marmol, con la Inscripción: Tulliolae fi- 
liae meae; i á cuyos pies ardia una Lampara inextinguible, que 
se apagó al abrir el Sepulcro. (Rhodigin. Lect. antiq. lib. 3. c. 24. 
Casal, de Vrhis splendor. part. ii. pag. 352.) Aunqne en nuestros 
tiempos ai tanto descubierto, aun no han encontrado los moder- 
nos aquellos aromas conque los antiguos preservavan los cuerpos 
tantos años. La lei de las XII. Tablas disponía assi: Hominem 
mortuum, in Vrbe ne sepelito, nevé vrito : no obstante á veces 
prevaleció la costumbre de enterrarse en la Ciudad, i aun en 
Casa, de que habló Virgilio: Sedihus hunc refer ante suis, <fc 
conde Sepulcro. I en prueva, en la Ciudad de Padua, en un 
ángulo exterior del Monasterio de Santa Justina , se encontra- 
ron los Huessos de Tito Livio, con su Inscripción, dentro de un 
Arca de plomo, en Tiempo de Andrés Dándolo, Gran Dux de 
Venecia, por los años 1350. Después Don Alonso V. Rei de 
Aragón, i Conquistador de Ñapóles, pidió á Padua un Brazo, 
para memoria de tan gran Historiador de la edad de Augusto, 
que la Ciudad entregó á su Legado Antonio Panormitano, Poeta 
insigne. (Thess. Bollaiid. in Cletn. X. tom. 2. Dissert. 49. de 
Epikia, seu discretione, pag. 521.) Avia sido grande la inclina- 
ción de este Principe á la Historia de Livio: tanto que Lorenzo 
Vala, no la dissimuló al dirigirle la Carta que empieza: Cum 
Titum Livium, quotidie Romanoruní Historicorum eloquentissi- 
rmim, aut audias, aut legas &. Plinio el Menor, assegura, que un 
Español de Cádiz, llevado de la gran fama de Livio, se encaminó 
á Roina por solo verle, i apenas lo consiguió, se bolvió á su tier- 
ra: (Epistol. lib. 2, Epist. 3.) lo que repitió San Gerónimo, Epist. 
103. á Paulino. San Basilio el Grande, San Gregorio Nazianceno, 
i San Agustín, no condenaron la inclinación á estas antigüeda- 
des, antes, la dieron por mui útil, i inocente. I en efeto, Jesu- 
Christo, no se desdeñó de mirar el Denario Romano, en que esla- 
va la Efigie del Cesar, Idolatra: ni San Pablo, de ver las E'síaíMas, 
i Aras Gentilicias de los Athenienses, para demostrarles su enga- 
ño, que llanamente confessamos, diciendo con el Salmista: Con- 
fundantur omnes, qui adorant Sculptilia; & qui gloriantur in Si- 



í)2 BOLETÍN DE LA REAL ACaDE.VÍL\ DE LA HISTORIA. 

mulacris suis. De mi Librería, Valencia -26 de Abril 1766. ídem 
qui superius, Aiigustinus Salesius. 

Jhs. Imprimatur: Imprimase: 

Mayoral, Vic. Gen. Caro.y> 

Tal es la mejor Monografía del Sr. Sales , escritor fecundísi- 
mo y honra de su patria Yaljunquera de Aragón, villa poco 
distante de Alcañíz en la provincia de Teruel. Allí nació en 21 
de Diciembre de 1707. Ocho años después pasó á Valencia, ea 
cuya Universidad perfeccionó sus estudios, con tanta maestría, 
como lo dan á entender los trabajos eruditos que publicó en 1734-, 
y singularmente el que intituló: Scekel et Middak Israelis; seu de 
Veterum Hebraeorwn ponderihrts et mensuris, cum nostris His- 
pajiicis collatis comparatisque. Sacó á luz en 174G las Memorias 
históricas del antiguo santuario del Santo Sepulcro de Valencia, 
donde (1) estampa el dibujo de una inscripción arábiga, grabada 
en el frontispicio de aquel Monumento insigne. Para mejor des- 
cifrarla se puso en correspondencia con el célebre benedictino 
Montfaucon, cuya carta escrita desdé Orleans en 12 de Julio 
de 1739, y la que obtuvo del P. Alejandro Brehón, fechada en 
San Sebastián, á 20 de Agosto de 1736, diéroule ocasión ó pre- 
texto de imaginar que la inscripción, para ellos indescifrable^ se 
remontaba á la época de Constantino. 

Lo cual aviso con el objeto de asegurar la validez de su testi- 
monio acerca de la tabla marmórea (laterculum), que llama iti- 
nerario, y dice haberse mostrado por Junio de 1727 en la puerta 
de la Xerca; donde asimismo apareció la inscripción (3732) dedi- 
cada á Tito Vespasiano, y alusiva al culto ferviente y pecu- 
liar ({ue tributaba el Emperador á la Paz Augusta. 

En 25 de Setiembre de 1753 encontró y copió el Dr. Sales la 
preciosa inscripción miliaria de San Vicente de Borriol, ratifi- 
cándose de nuevo V sin vacilación, tres años después, en el nú- 
mero do ciento diez y mijeve millas que la piedra marcaba, segu- 



(IJ l'áKia:. I 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 63 

raméate en armonía ó de acuerdo con la distancia contada desde 
Tarragona. Este punto es capital, ya se considere como atendible 
para fijar la copia del epígrafe, sacada por Laborde, que aceptó 
Hübner (4949), ya para restaurar los números de las millas, ó 
descabalados ó erróneos en los miliarios de Gabanes (4951), Al- 
dea cerca de Tortosa (4952), Cambrils (4954) y Vilaseca (4953). 

Á 20 de Mayo de 1760 se descubrió en el moderno cauce del 
Turia la piedra funeral, que tampoco ha sido registrada por 
Hübner. Esta piedra era quebrada. El Dr. Sales interpretó mal 
la inscripción, no advirtiendo que le falta el nombre del dedi- 
cante. Suplo y traduzco : 



MARlTvMO 

LAE • VXORI 

mAKlTvMAe 

MATR! 



Á 3u esposa Maritúmola y á su madre Marituma 



En Baeza (3311) ocurre otra Marituma y en Itálica (1133, 5039) 
dos Marítimas. Reservado estaba á Valencia el ofrecernos un 
ejemplar del gracioso diminutivo Maritúmola. 

Finalmente, el miliario Hadrianéo se descubrió á 10 de Abril 
de 1766, cerca de Valencia, en la heredad de D. Salvador Martin 
Lop y Borrull, á un lado del camino real, que guia desde la ciu- 
dad del Cid hasta Játiva. Tiene su complemento este epígrafe en 
otro de Agreda (4892) ; y ojalá no sea el último que se encuentre 
en el corto trecho de la vía Augusta que iba desde Valencia hasta 
el remate occidental del convento jurídico Tarraconense. El cual 
espiraba en Alcira (Sucronem); variándose allí, simétrica, por el 
lado opuesto la numeración de los miliarios, que venían alinea- 
dos desde Cartagena. 

El Dr. Sales murió en Valencia el día 4 de Enero de 1774. Han 
dado noticia de sus obras, aunque no de todas, el laborioso 



f»4 boletín de la keal acaeemia de la historia. 

D. Vicente Ximeno ( 1 ) y el no menos diligente D. Justo Pastor 
Fuster (2). «Son muchísimas, dice Fuster, las obras que este in- 
cAnsable escritor tiene trabajadas; porque solo un índice de letra 
suya, que he visto, ocupa seis hojas, que no copio por no ser di- 
fuso.» No le agradecerán por de contado la omisión los biblió- 
filos, ni los verdaderos amigos de nuestra Historia y Literatura. 
Lamenta Hübner (3730) el extravio de otra Monografía que 
cita Sales en la que acabáis deoir: «.Turiae marrnor nuper effos- 
9um, sive Dissertatio critica de Valentino sodalitio vernarum co- 
lentinm Isidem; Valentiae, apud Jos. Thom. Lucam; 1760.» Es- 
pero que no podrá ese folleto, por más que se esconda, ocultarse 
á la sagacidad é inteligencia del Sr. Settier, quien acaba de favo- 
recernos tan oportuna como útilmente con el ejemplar del relati- 
vo á la coluna Hadrianéa, sacándolo del polvo del olvido. 

Madrid 3 de Julio de 1883, 

Fidel Fita. 



(1) Escritores del Reyno de Valencta; t. i:, pág. ;}04 y 305; "Valencia, l'J'iS. 

(2) Biblioteca valenciana con adiciones y enmiendas a ia de Z>. Vicente limeño: t. lu 
pip. 72 y :.3; Valencia, 1830. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO III. Agosto, 1883. cuaderno li. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA, 



NOTICIAS. 

Nuestro sabio socio correspondiente D. Pablo Ewaid, en unión 
con D. Gustavo Loewe, ha publicado en Heidelberg la preciosa 
monografía en folio « Exempla scripturce visigoticx xl tábulis ex- 
pressa^n la cual ofrece cuarenta láminas fotográficas sacadas de 
nuestros mejores códices, y dispuestas por orden cronológico para 
dar idea exacta de la variación sucesiva que tuvo nuestra paleo- 
grafía latina desde el siglo vi hasta el año 1171. Entre estos ejem- 
plares figura la noticia délas sedes episcopales de España, tomada 
de un códice escurialense del siglo viii, y la vida de San Ildefonso, 
arzobispo de Toledo, conservada por otro códice de nuestra Aca- 
demia, procedente del Monasterio de San Millán. También es por 
todo extremo notable la lámina musical que lleva el núm. xxx y 
procede del Breviario gótico toledano que se conserva en la Bi- 
blioteca Nacional, y fué escrito en el año 1006; y no lo es menos 
el ejemplar de la versión árabe de la colección de cánones de la 
Iglesia española, que fué copiada en el año 1049, y enriquece la 
Biblioteca del Escorial. Para dar á luz una obra de tanto valor á 
, precio baratísimo, los Sres. Ewald y Loewe han obtenido sub- 
vención del Gobierno de Prusia. Las fotografías han sido confia- 
das al distinguido artista Sr. Selfa, ya conocido en el mundo li- 

•TOMO III. 5 



66 boletín de la real academia de la historlv. 

terario por las que sacó del Lapidario de D. Alfonso X , y de las 
obras autógrafas de Santa Teresa. 

Los editores reconocen, como es justo , el generoso apoyo que 
les han prestado los jefes y principales empleados de los archivos 
V bibliotecas de donde han reunido la colección de los cuarenta 
ejemplares; como son el difunto D. Cayetano Rosell, D. Octavio 
Toledo, D. Antonio Paz y Mella, D. Manuel R. Zarco del Valle, 
D. Manuel de Goicoechea, D. Félix Rozanski y D. Francisco Bux 
y Loras. También hacen singular elogio del profesor de la Escuela 
de Diplomática D. Eduardo de Hinojosa y del fotógrafo toledano 
D. Casiano Alguacil. Finalmente mencionan la Paleografía visi- 
goda de D. Jesús Muñoz y Rivero, comprensiva de los siglos v al xii. 

La colección fotográfica va precedida de una introducción donde , 
además del texto de cada lámina, cuidadosamente expuesto y ano- 
tado, se da por los editores un trasunto crítico del códice respec- 
tivo que ha servido de original. 

Trabajos de esta índole se recomiendan por su importancia ma- 
nifiesta; y es de creer que después de tan feliz comienzo, no tar- 
dará en llegar el turno á los códices tan ricos y variados de nues- 
tras primeras catedrales de la Reconquista, como las de Lugo, 
Astorga, Oviedo, León, Pamplona, Gerona, Yich, Urgel, Barce- 
lona, etc. 

La Revue des Études juives, en su último número (Abril-Junio 
1883), página 278, ha publicado un excelente artículo de nuestro 
socio correspondiente en Paris, Mr. Isidore Loeb, quien ha fijado 
definitivamente la forma y color de las famosas ruedas ó marcas 
que estaban obligados los hebreos de la Edad Media á llevar, 
como insignia distintiva de su religión y prosapia. Tomándola 
de un códice de Manresa, escrito en 1347, este artículo estampa 
la figura ó retrato del judío manresano Rovén Salamó, del cual 
hace mención el códice; y asimismo lá figura de otro hebreo que 
se halla en el Livrc vcrt del municipio de Barcelona, comenzado 
á escribir en 1335. Mr. Loeb elogia dignamente á nuestros socios 
correspondientes D. José Puggarí y D. Andrés Balaguer Merino, 
que han contribuido á facilitarle dibujos y noticias de tanto precio. 



INFORMES. 



MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 



No se os oculta, Señores, el interés científico que encierra la 
■publicación de cuantas especies inéditas se vayan descubriendo de 
monedas autónomas con tipo ibérico. Nuevo campo abren á estu- 
dios filológicos, étnicos y geográficos; sirven con su copioso nú- 
mero, jamás agotado, para concertar, sin soluciones de continui- 
dad, en rigorosa escala cronológica, los ya conocidos; identifican 
las más de las veces con la repetición de los hallazgos, nuestros 
antiguos despoblados, cuyos despojos yacen sin nombre; y de- 
rraman en fin copiosa luz sobre los arcanos de nuestra Historia 
antigua. Las monedas ibéricas constituirán siempre un raudal se- 
guro y purísimo, de fuentes no adulteradas por copistas, que no 
entienden lo que transcriben, ó por geógrafos é historiadores mal 
informados: sus caracteres gráficos no serán nunca desatendidos 
,por quien ambicione el lauro de hallar ó difundir lo que hay de 
cierto sobre las variedades de escritura y de lenguaje que usaron 
nuestros mayores. No es tiempo aún de labrar, sino de allegar 
materiales. 

Concretando mi estudio á las leyendas numismáticas de la Es- 
paña Citerior, no acierto á decir si unas mismas letras tuvieron 
igual valor fonético en los distintos períodos históricos en que las 
vemos usadas, y hasta me asalta la sospecha de que no guardan 
identidad de lenguaje entre las apartadas regiones del Este y del 



(j8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

centro de Iberia. La unidad política no mancomunaba tan múlti- 
ple enjambre de tribus, y la de la sangre mucho menos: nómadas 
unos, como los Berybraces que describe Avieno, sedentarios otros 
como los Vacceos, solían vivir aislados casi todos, encastillándose 
en sus breñas, tan ásperas como su trato, y ajenos de consiguiente 
á la civilizadora influencia de fenicios, cartagineses y griegos que 
modiücaran sus hábitos, sus costumbres, y pulieran sus briosos 
idiomas, oscuros por una parte como el céltico, y por otra como 
el vascuence muy claros. 

Pero los fundamentos en que pudiera hacer estribar mis pre- 
sunciones no son de este lugar: voy á cumplir la obligación que 
contraje con esta Real Academia y que os dignasteis aceptar, li- 
mitándome hoy á presentaros las variedades de monedas ibéricas 
que he logrado reunir de algunos años acá en mis viajes de ex- 
ploración y que no veo grabadas en la obra de Medallas autóno- 
mas de mi eminente maestro D. Antonio Delgado, de grata memo- 
i'ia, ni tampoco en las láminas del Estudio histórico de la moneda 
antigua española de mi querido amigo el concienzudo numismá- 
tico Sr. Zobcl de Zangroniz. Estos dos libros serán el punto de 
partida de mi trabajo. 

lie aquí las monedas: 

LÁMINA 1.» 

Guissona, Delgado (lám. 145) . — lessonenses, Zobel 
(pág. 39, tom. ii). 

1. Anv. Cabeza varonil imberbe, con torques en el cuello, mi- 
rando hacia la derecha; detrás espiga ó palma. 
Rev. Jinete en el aire, con palma al hombro, corriendo á la 
derecha; debajo f*}^lA\r\- 

Domingo Bazán, Barcelona. 

Curiosa es esta* variedad por la disposición en forma de arca 
de su leyenda, sin línea sobre la que descanse, careciendo 
al propio tiempo su anverso de indicaciones omonóicas. 



1M^ 



'/ ^; >í.;f^' "^f^. 



I, A;: A I 



y\í 









^».. ^r>«**^ 









^1 .M-áf 



rjtL.AT.i^z.A:-'Ap..íl. 



MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 69 

Ildera, Delgado (h'im. 148) . — Ilduroneuses, Zol)cl 
(pág. 55, tom. ii). 

Anv. Cabeza varonil imberbe, con torques en el cuello mi- 

raiido hacia la derecha. 
Rev. Caballo suelto galopando á la derecha sobre una linea; 

encima de ella r^hA^H. 

Domingo Bazán, Barcelona. 



La bella fábrica helénica y el gran diií metro de este semis, 
son los que nos han aconsejado publicarlo. 



Masenesa, Delgado (lám. 155).— Masonenses, Zobel 
(pág. 39, tom. II ). 

:3. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha; 
detrás símbolo de dudosa clasificación; á nosotros nos 
parece un strigUiim. 
Rev. Jinete con palma al hombro corriendo hacia la dere- 
cha y apoyado sobre una línea; debajo de ella 

D. Mariano la Hoz, Calatayud. 

Gomo quiera que nuestra misión en este trabajo se con- 
trae simplemente á dar á conocer variedades de monedas, 
nos abstenemos de discurrir acerca la región donde existió 
la Masenesa de Delgado, ó sea, los Masonenses de Zobel; 
guardando en este punto igual silencio que el que man- 
tendremos al describir las monedas de Segisa. Más adelante, 
nos cabrá la honra de ofrecer á la consideración de la Aca- 
demia las apuntaciones que tenemos hechas acerca del 
.particular, no aceptando los pareceres de los Sres. Delgado 
y Zobel, . 



70 boletín de la real ACADENHA de la HlSTOrJA. 

oíais, Delgado (lám. 155). — Galsesenses, Zobel (pá- 
gina 83, tom. ii). 

4. Anv. Cabeza varonil imberbe con torques en el cuello, mi- 
rando á la derecha; delante aspergilo, detrás ^. 
Rev. Jinete en el aire y lanza en ristre corriendo hacia la 
derecha; debajo y en dos líneas ^h^l^ — f^XT. 

Gato de Lema, Madrid. 

En monedas de esta leyenda no era conocido el símbolo 
que campea en el anverso de este precioso ejemplar. 



Iloqith, Delgado (lám. 153). — Ildugoitanos, Zobel, 
(pág. 45, tom. II ). 

5. Aiiv. Basto varonil imberbe, con peinado do bucles y tor- 
ques en el cuello; mirando hacia la derecha y ro- 
deada de tres delfines. 
Rev. Caballo corriendo sobre una línea y con brida volante; 
encima medialuna; debajo f^A AXr^0- 

DoMiNfrO Bazáx, Barcelona. 

Delgado no conoció el semis de las monedas en que lee 
ILOQVITh , publicado solamente el as , y copiándolo 
de un ejemplar con reverso tan borroso, que nos obligará 
más adelante á grabar el que figura en nuestro monetario, 
el cual es excelente muestra de dibujo helénico, coetánea 
de las más bellas acufiaciones ilerdenses. El semis inédita 
(jue acabamos de describir, puede relacionarse con otro no 
menos curioso que dio á conocer nuestro amigo Sr. Zobel 
(lám. iii-l?, lom. II.) 

Saetabi, Delgado (lám. 162). — Saetabitanos, Zobel 
(pág. 55, tom. II ). 



MONEDAS INÉDITAS DE TIPO inÉRICO. 71 

6. Anv. Pectén presentado por su cara convexa. 

Rev. Delfín; encima media luna con un punto en su centro; 
debajo y sobre una linea M^r^H'. 

Vidal Ramón, Barcelona. 

Inédita por completo es esta interesante moneda: en ella 
se nos presenta el pectén y delfín saguntinos, combinados 
con la leyenda ibérica de Játiva. 

Ildera, Delgado (lám. 148) . — Ilduronenses, Zobel 
(pág. 55, tom. II ). 

7. Ativ. Cabeza varonil imberbe á la derecha; detríís de 

ella • • • 
Rev. Caballo suelto; encima y escrita de dentro á fuera la 
leyenda I^AA- 

Domingo Bazán, Barcelona. 

. Aumenta este quadrante en una variedad los heterogéneos 
tipos que presentan las monedas de Ildera, ofreciendo el que 
acabamos de describir, por la situación y desusadp trazado de 
su leyenda, alguna semejanza con los pequeños bronces con 
epígrafe I^'l^rAAA- 

Segea, Delgado (lám. 167).— Segienses, Zobel (pá- 
gina 61, tom. II ). 

8. Ánv. Cabeza varonil imberbe; detrás delfín. 

Rev. Caballo suelto, corriendo hacia la derecha sobre una lí- 
nea; encima media luna; debajo h}^'XP''. 

Vidal Ramón, Barcelona. 

9. Anv. Cabeza barbuda con íorgues en el cuello, mirando hacia 

la derecha; detrás Hl*** 
Rev. Como el de la moneda anterior. 

Constantino Bazán, Barcelona. 



72 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Inéditos eran los divisores de los ases cou leyenda ^^h^ 
y Zobel, tom. ii, lám. v, nüm. 3 y 4 fué el primero que los 
publicó grabando un semis y un triens, siendo común el pri- 
mero y tomando el segundo de la colección Rais, de Zara- 
goza, en cuya capital existe otro ejemplar que pertenece al 
Sr. Gil. Con dos divisores más aumentamos la serie, siendo 
semises lo que acabamos de describir, variante el de nues- 
tro núm. 8.° por el delfín de su anverso y constituyendo 
el 9.° una importante especie, ya que en la moneda aparece 
la leyenda Hr* propia de los ases y denaríos. 

40 y 11. As bilingüe de Saetahis y mediano bronce de Julia 
Traducía contrasellados con el monograma S^E de la 
primera de dichas poblaciones. 

Museo Arqueológico Nacional. 

No me ha parecido inoportuno dar d conocer desde luego 
estas dos monedas de necesidad. Sus resellos acusan al- 
guna perturbación económica que obligase á estampar en 
ellas la marca setabense, á fin de asegurar áu circulación, 
dándolps valor legal. 

No es este un caso nuevo en la numismática autónoma 
española. Ya lo demostré en la obra del Sr. Delgado, expo- 
niendo la contramarca DD (decreto decurionum) de los me- 
dianos bronces latinos emporitanos. En dicha obra de Me- 
dallas autónomas aparece un Segobriga con el sello SE. y 
un as de Ileresi marcado con una H; y no es menos no- 
table el resello de Gili puesto en un as de Bilbilis que pu- 
bliqué en la Revista de Ciencias Históricas, tom. iii, pág. 1 69. 

LÁMIXA 2.». 

Segisa-Sethisa, Delgado (lám. 168).— Sethianos, Zo- 
bel tpág. 101 , tom. II ). 

i 2. Ánv. Gai)cza varonil imberbe mirando hacia la derecha; do- 
lante, lobo I?) corriendo. 



MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 73 

Rev. Jinete con enseña militar al hombro, galopando ha- 
cia la derecha; un ave posada sobre las manos 
del caballo, que asienta sus pies, sobre la línea 
superior del marco, dentro del cual campea la le- 
yenda /^lüfir^i^. 

La Hoz, Calatayud. 

Entre los ases y semises que llevan la leyenda transcrita 
anteriormente, conocida era la emisión que se diferencia 
de sus congéneres, por el cuadrúpedo que se distingue en 
el anverso y el ave que en el reverso dé los ases remata la 
enseña militar que al hombro lleva el jinete. El sitio en 
que figura el ave en las monedas, aconsejó á los autores que 
me han precedido, á clasificarla de águila legionaria; así 
como el Sr. Delgado llama león, y leona el Sr. Zobel, al cua- 
drúpedo de que acabamos de hacer mención. En el rarísimo 
ejemplar que publicamos, los dos indicados símbolos no apa- 
recen en su sitio normal; el ave no es complemento de la en- 
seña militar, ya que está sobre las manos del caballo, y en 
cuanto al cuadrúpedo que vemos campear delante de la efi- 
gie del anverso, por su cabeza prolongada y puntiagudo ho- 
cico, más que leona debe parecemos lobo. 

13. Anv. Cabeza varonil, imberbe, con cabello crespo entre dos 
delfines y mirando hacia la derecha. 
Rev. Jinete lanza en ristre apoyado sobre una línea corta; 
debajo y en arco, la leyenda MI^Rr^T^* 

Vidal Ramón, Barcelona. 

La fábrica tosca de esta moneda, nos ha aconsejado repro- 
-ducirla, para auxiliar los estudios comparativos con las 
acuñaciones de otros pueblos. 

44. Anv. Cabeza varonil imberbe; delante M- 

Rev. Caballo suelto, en el aire, y con brida volante; debajo 

y en arco MlS^ñ^^F^. 

Domingo Bazán, Barcelona. 



74 boletín de la real academla de la historia. 

Este hermoso semis que se encuentra á llor de cuño, justi- 
fica el as núm. 9 publicado por Delgado, del cual es divisor, 
y cuya moneda debió considerar el Sr. Zobei que había sido 
copiada de un ejemplar incompleto, cuando no la incluye 
en su concienzudo cuadro de la pág. 291, tom. ii de su obra. 

15. Anv. Cabeza varonil mirando hacia la derecha. 

Rev. Caballo suelto, con brida volante, corriendo á la dere- 
cha sobre una línea; debajo ÍA^ encima •••• 
Domingo Bazán, Barcelona. 

Titia, Delgado (lám. 179). — Titios, Zobcl (pág. 79, 
tom. ii). 

16, Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha: 

detrás y escrita de fuera adentro, la letra "+*. 
Rev. Parte anterior de un Pegaso; debajo •••• 

La Hoz, Calatayud. 

En una excursión por la comarca bilbilitana, pudimos 
estudiar con todo detenimiento la estimable colección nu- 
mismática, extraordinaria en especies de Bilbilis, que posee 
Uuistro buen amigo D. Mariano La Hoz. En ella vimos el 
ejemplar que acabamos de describir, único en nuestra noti- 
cia y cuyo anepígrafo reverso, haría difícil su clasilicación 
á pueblo determinado, á no contar con la letra (jue rotula el 
anverso, y que nos lleva á considerar tan precioso qua- 
drantc como divisor de los ases con leyenda TH^^X/^. 
La clasiílcaci(')n nos parece indicada, desde el momento que 
lio sólo en las monedas de dicha leyenda aparece la 4^ en 
los anve.'sos, sino (juc, aun cuando así no aconteciera, es 
bien sabido que buen número de acuñaciones ibéricas, figu- 
ran cu sus anversos la letra inicial de su epígrafe étnico, 
como se observa por ejemplo en las leyendas que el Sr. Del- 
gado interpreta Orsao, Oláis, Nertóbriga, Gonlrebia, Vire- 
bia, Oligam, Segobriga, etc., etc. . 



MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 75 

Setisacum, Delgado (l;ím. 171) .—Sethit anos, Zobel 
(pág. 45, tom. II ). 

17. Anv. Cabeza varonil imberbe á la derecha. 

Rev. Caballo suelto corriendo sobre una línea; encima tres 

glóbulos; debajo ^1^0l^t*<^- 

Gato de Lema, Madrid. 

El Sr. Zobel conoció esta moneda pues dice de ella: «De 
estequadrante publicó Heiss en su lám. 12,5, sólo el reverso, 
porque el modelo que estaba en su propia colección, carecía 
de auverso. El Sr. Gato de Lema, vecino de Madrid, posee en 
su monetario otro ejemplar á flor de cuño, que senl publi- 
cado en nuestras láminas. (Estudio histórico, tom. ii, página 
247-275). Interrumpida la continuación déla obra del se- 
ñor Zobel, damos á conocer la moneda, advirtiendo, que ade- 
más del hermoso ejemplar del Sr. Gato de Lema que figura 
en nuestra lámina, conocemos otro en la colección zarago- 
zana de D. Pablo Gil. 

18. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha. 
Rev. Caballo suelto corriendo á la derecha sobre una línea; 

encima •••; debajo ^l^0r^^<--- 

D. Pablo Gil, Zaragoza. 

El quadrante de Sethísacmn, no figura en las láminas de 
la obra Delgado, pues sin duda no creyó conveniente repro- 
ducir el ejemplar incompleto grabado por Heiss, cuya moneda 
había perdido el anverso. (Heiss mon. auton. ,\íim. 12-5). Zo- 
■ bel, ofrece corregir esta laguna y tomándolo de la colección 
Gato de Lema, cita (pág. 244, núm. 275, tom. ii de su Es- 
tudio) un quadrante completo de Sethisacum, con cabeza 
imberbe y rodeada de tres delfines. (Ibid. pág. 447.) — Po- 
demos, pues, ofrecer al estudio de la Academia, una varie- 
dad inédita de la dicha especie, cuyo anverso carece de 
delfines. 



7G boletín de la real academia de la historia. 

19. Anv. Cabeza varonil é imberbe mirando hacia la derecha; 

detrás media luna. 
Rev. Jinete corriendo á la derecha y en el aire; con enseña 
mihtar ? al hombro; debajo frl^OTfr<r'- 
D. Pablo Gil, Zaragoza. 

Gomo esta hermosa moneda está perfectamente conservada, 
se observa en ella á la par que la carencia de línea sobre que 
se apoye el caballo, la forma de la llamada enseña militar, 
que soliendo ser un tridente en ases de este género, en el 
ejemplar que describimos, dudo mucho que pueda verse en 
ella un emblema marcial. Simplemente es un caduceo lo 
que lleva el jinete. 

Orsao, Delgado (lám. 156) . — Bursavonenses, Zobel 
(pág. 79, tom. ii). 

20. Anv. Cabeza barbuda mirando á la derecha; detrás D- 
Rev. Jinete lanza en ristre corriendo en el aire hacia la de- 
recha; debajo y sobre una línea n^'t^'^* 

D. Pablo Gil, Zaragoza. 

No puede justificarse si existió el delfín delante de la ca- 
ra del anverso . La efigie se nos presenta con barbas y di- 
bujo bárbaro y el jinete sin línea, constituyendo una varie- 
dad apreciable en las monedas que el Sr. Delgado llama de 
Orsao. 

21. A)iv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha; 

detrás D- 
Rev. Caballo suelto con brida volante, corriendo sobre una 

línea Hacia la derecha; encima de ella DO^^"^- 
D. Pablo Gil, Zaragoza. 

Delgado no conoció este semis que no ha sido grabado 
aiíii. Además del que describimos, conocemos dosejempla- 



MONEDAS INÉDITAS DE TIPO IBÉRICO. 77 

* 

res más en las colecciones de los Sres. Sisear de Barcelona 
y Gato de Lema en Madrid. Zobel cita otro desconocido para 
nosotros, que se encuentra en el monetario del Sr. Marques 
de Molins, que en breve podremos estudiar, merced ú la ga- 
lantería de su ilustre propietario. 

22. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha; de- 
lante, delfín; detrás □• 
Rev. Jinete lanza en ristre corriendo hacia la derecha sobre 

una línea; detrás media luna; debajo OO^^^* 
Museo Arqueológico, Madrid. 

Delgado no conoció, entre los ases en que lee Orsao, la 
variante con la media luna en el reverso, la cual cita Zobel 
en la especie nüm. 498, pág. 277, del tomo ii de su Estudio, 
tomándolo de una moneda con la cabeza barbuda, que en- 
contró en el monetario de esta Academia; mas no publicó el 
ejemplar que apunto, y que posee el Museo arqueológico 
nacional. 

Madrid, 3 de Julio, 1883. 

Celestino Pujol y Camps. 



II. 



HISTORIA DE VALLADOLID, POR D. JUAN ORTEGA. 

El que suscribe, designado por acuerdo de la Academia para 
informar sobre el libro titulado Historia de Valladolid, por don 
Juan Ortega y Rubio, obra remitida á este cuerpo literario por el 
Excmo. señor ministro de Ultramar á los efectos de la Real or- 
den de 19 de Abril de 1881, habiendo leido con atención el texto 



78 boletín de la real academia de la historia. 

<lc la historia expresada, expone su dictamen en los términos si- 
j.'^uientes. 

Defecto es que deslustra los merecimientos granjeados por no 
l)0C0s historiadores el frecuente prurito de anteponerlas glorias y 
excelencias peculiares, ora del suelo natal, ora de aquel que apa- 
rece como teatro de los sucesos que refieren á las más calificadas 
de otras comarcas ilustres; inconveniente de importancia para la 
averiguación de la verdad, si no hallase remedio en el concurso 
apetecible de escritores de diferentes lugares, cuyas relaciones, 
atentas á encarecer y recordar hechos olvidados fuera desús res- 
pectivas patrias, muestran el interés de recíprocos correctivos, al 
propio tiempo que acaudalan la masa general de acontecimientos 
narrados, que influyen en el carácter de la historia general de los 
pueblos. Con razón dirigen sus aficiones varones muy doctos de 
nuestra edad al cultivo de la monografía histórica, en cuyo campo 
han granjeado laureles inmarcesibles algunos de nuestros antece- 
sores en esta Academia. Extreman su fuerza tales consideraciones, 
si la monografía se aplica á una localidad tan interesante como 
Valladolid, preferida para corte por muchos antiguos monarcas 
de Castilla y por algunos de la casa de Austria; cuna y morada 
de varones sobremanera ilustres en la época en que España los 
tuvo muy señalados, y teatro de acontecimientos memorables en 
las edades Media y Moderna. Pues con todo esto, es notorio que 
el olvido lamentado en este punto un siglo há, por el benemérito 
académico don Rafael de Floranes, ha tardado mucho tiempo en 
subsanarse, ofreciéndose manifiesto y muy de resalto hasta nues- 
tros días. Cierto es que el interés del asunto ha puesto deseos en 
más de un curioso para llenar este vacío, y que los que lo son 
pueden encontrar en nuestras bibliotecas documentos y antece- 
dentes estimables, ya en la Historia ilustrada de Valladolid, es- 
crita por Martín Anlolinez de Burgos, continuada por don Gaspar 
Uriarte y conservada manuscrita en las bibliotecas de Osuna y 
de la Real Academia, ya en los seis volúmenes consagrados á la 
historia de Valladolid por don Manuel Conesi, escritor del pasado 
siglo, y cuya obra, probablemente autógrafa, disfrutó Floranes, 
así en los tratados impresos y manuscritos de este académico in- 
signe, como en his historias manuscritas de los monasterios de 



HISTORIA DE VALLADOLID. 79 

San Francisco y Real de San Benito de Valladolid, sin contar las 
noticias que avaloran algunas obras impresas, como la.?, Excelen- 
cias de la ciudad de Valladolid, por Antonio Daca (Valladolid, 
1617), la Relación de lo sucedido en Valladolid, desde el punto del 
nacimiento del principe Don Felipe, por Domingo Víctor (1G07), 
libro que Pellicer atribuye sin suficiente fandamenio á Cervan- 
tes; la parte relativa á Valladolid en el tomo i del Teatro de las 
iglesias de España, por Gil González Dávila; el Viaje de España, 
por don Antonio Ponz; las Memorias políticas y económicas de 
Larruga, Madrid, 1792 y 1793; los Recuerdos de España, por Cua- 
drado; el Compendio Jiistórico y descriptivo, de Valladolid, im- 
preso en 1849; la Historia de la M. N. ij M. L. ciudad de Valla- 
dolid, por don Matías Sangrador y Vítores, y hasta en el Manual 
histórico y descriptivo de la misma ciudad, impreso por los seño- 
res Rodríguez. La falta de una buena historia de Valladolid se 
dejaba sentir, sin embargo, antes de que con buen acuerdo y re- 
sultado muy apreciable, se consagrara á escribirla don Juan 
Ortega y Rubio. No es el nombre de este escritor desconocido 
para la Academia, ni peregrino en la república literaria. Anti- 
guo correspondiente de este cuerpo literario, catedrático de His- 
toria por oposición en la Universidad de Valladolid y autor 
de obras históricas muy reputadas, ha sido laureado varias ve- 
ces en concursos literarios y científicos por trabajos históricos de 
Valladolid y su provincia. Recientemente ha consagrado su ac- 
tividad á allegar datos y noticias sobre escritores vallisoletanos 
ilustres, luciendo sus condiciones de escritor galano en una 
concienzuda biografía que acaba de ver la luz, acerca del in- 
signe jurisconsulto don Manuel Silvela y Aragón, abuelo de los 
distinguidos hombres de Estado que llevan este apellido, y el 
cual, á principios de este siglo, acertó á ilustrar con su ingenio y 
sus fructuosos estudios, hechos en la Universidad vallisoletana, 
el foro, el Parnaso y la cátedra. 

No es en verdad el trabajo histórico que examinamos indigno 
de la reputación del autor, ni del asunto importante en que ha 
empleado sus fuerzas, según demostrará un breve análisis del 
libro. 

Después de algunas páginas consagradas á las antigüedades ro- 



80 boletín de la real academia de la historla. 

manas de Valladolid, reducida? hasta lo presente á cierto número 
de sepulcros descubiertos en el siglo pasado, tanto al construir el 
nuevo claustro de la Universidad literaria como al ahondar unas 
lioyas para la formación de un laberinto en el paseo del Campo 
(jrande; á cierta arqueta con monedas de los emperadores romanos 
ijue se hallaron bajo tierra en la calle de la Parra; á una urna 
con inscripción latina que apareció al cavar en un cimiento de la 
iglesia de San Esteban, y, en fin, á dos restos de edificios anti- 
guos descubiertos, uno al derribar el trozo de muralla inmediata 
á la puerta del Campo, hoy calle de Doña María de Molina, y otro 
al abrir los cimientos de la catedral, se discuten los orígenes de 
la población antigua asentada en las inmediaciones de la moderna 
'Mudad, con grande copia de estudios y autoridades, atentas las 
luces que han arrojado sobre materia tan difícil las concienzudas 
investigaciones de Hernán Nuñez de Toledo, apellidado el Pin- 
<-iano, las de nuestros doctos compañeros los Sres. Fernández- 
(luerra y Saavedra, y la del sabio profesor berlinés y distinguido 
epigrafista Dr. Emilio Hübner. 

Al llegar á la Edad Media controvierte el autor doctamente la 
opinión expuesta por Ponz que sobre el nombre de Vallisoletum, 
con que se ofrece en antiguos documentos, sea una contracción de 
Vallis olivetum «valle de olivos, « así como la de Floranes en lo 
tocante á que valga y signifique tanto como «valle para oler;w y 
aunque no acoge la especie divulgada por Antolinez do que pro- 
reda de un moro llamado Ulid, ü Olid, que vino con Abdalaziz á 
la conquista de España, ni la de Masdcu, respecto de que su ori- 
gen sea Medina-Guali, ciudad del guali ó asiento del guaaliato, 
expone, cómo varios geógrafos árabes, entre ellos Abulfeda, de- 
signan esta ciudad con el nombre de Medina- Gualid, ciudad de 
(lualid ú Olid, y Bilad-Gualid, tierras ó comarcas de Gualid, no 
sin recordar ;í este propósito que Gualid era el califa de Damasco 
en el momento de la conquista de España. Agrega á esta especie 
las do que los visigodos, al decir de Dahn, conforme en esto con 
Morales y otros historiadores, hicieron las primeras conquistas 
jior su niciita on territorio español sin tenencia de los emperado- 
res romanos on las tierras que se extienden á la derecha del 
Duoro, ontre el Pisucrga y el Órbigo, ganadas por Toodorico á 



HISTORIA DE VALLADOLID. 81 

]o5 suevos, y que en ellas debieron heredarse pingüemente el 
monarca y sus capitanes, según parecen acreditar las memorias 
góticas de aquel territorio en San Juan de Baños, obra de Re- 
cesvinto en San Román de Hormigausgo, donde fué sepultado 
este Rey, en Gcrticos ó Yamba, etc., conjeturando con buen 
indicio de que mucha parte del Patrimonio Real se hallaba 
en tierra de Campos; que Cabezón, nombrado en muy antiguos 
documentos de la Reconquista, y que por algún tiempo parece 
como cabeza de Valladolid, era verosímilmente el centro de ex- 
plotaciones agrícolas que se extendían hasta la confluencia del 
Esgucva con el Pisuerga, y que en las tierras y términos de 
la hermosa ciudad de Doña María de Molina sólo había al veri- 
ficarse la invasión de los muslimes villas y tierras del Patrimo- 
nio Re¿il visigodo, las cuales, al pasar al patrimonio de los cali- 
fas, señalaban el principio por aquella parte de las posesiones y 
territorio realengo de Gualid ú Olid. Eran sus vastas llanu- 
ras y risueños campos, en concepto del moderno historiador, 
luíís á propósito para el culto pacífico de Ceres y para el recreo 
y comodidad de sus moradores, que para su defensa y reparo en 
época de guerra, con lo cual se entiende bien que no debió exis- 
tir allí población murada importante, mientras el teatro de la 
guerra entre cristianos y muslimes permaneció en las márgenes 
del Duero, sino que sus moradores pasarían alternativamente 
de la dominación sarracena á la de los monarcas cristianos, limi- 
tándose estos á procurar la dependencia de ellos respecto de los 
magistrados y de la iglesia de León á principios del siglo xi (se- 
gún indica el testamento de Don Ordoño II), y á establecer al- 
guna defensa en Simancas, que llegó á tener también su obispo 
con granada importancia en 959 ó 9G0; pero que hubo de decaer 
algunos años adelante, expugnada su fortaleza y entregados sus 
baluartes, como todos los de aquel territorio, á un Sahih Axxorta 
ó gobernador militar y político de los que acostumbraban á po- 
ner los muslimes. La conquista de Toledo, que trasladó definiti- 
vamente el teatro de la guerra á la margen izquierda del Tajo, 
brindando seguridad á los trabajadores, industriales y traficantes 
que se estableciesen en aquellas llanuras libres ya de las inva- 
siones, es el principio de generosa grandeza para Valladolid, se- 

TOMO ni. 6 



82 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

giíii se muestra en la creciente extensión de sus alfozes declara- 
dos en la carta de donación otorgada por don Pedro Ansurez y 
su mujer á la iglesia de Valladolid en 1098, y en el considerable 
número de Concilios, Cortes, bodas reales y solemnidades cele- 
bradas en su recinto durante el siglo xii. Sería prolijo el enume- 
rar las investigaciones nuevas debidas al autor, así sobre los orí- 
genes del escudo de Valladolid, como relativas á los orígenes 
de su Estudio general que aparece con importancia antes del si- 
glo XIII, y en particular sobre la habilidad política mostrada por 
la insigne Reina madre doña María de Molina, no siendo para 
olvidados tampoco los estudios sobre los privilegios concedidos á 
la ciudad por don Alfonso XI, don Pedro I y don Enrique II, ni 
los concernientes al establecimiento de la corte en Valladolid du- 
rante el reinado de don .fuan II y al casamiento de los Reyes 
Católicos, puesto que ofrezca aún más granado y privatísimo in- 
terés el cuadro del movimiento industrial, comercial, científico, 
religioso y literario en Valladolid durante los siglos xvi y xvii. 
Al tratar de esta materia, como asimismo de los acontecimientos 
que se desarrollan en los siglos xviii y xix, el Sr. Ortega escribe 
guiado casi siempre por indagaciones propias. 

Considerado el vasto conjunto de hechos que comprende la 
Historia de Valladolid, el largo período de años á que se ex- 
tiende, y los múltiples y varios elementos sociales con que se 
muestra su relación, no sería de extrañar por ventura que una 
crítica muy minuciosa pudiera encontrar en ella noticias que 
añadir ó alguna opinión motivada á controversia; pero en rigor 
de verdad nadie podrá negar, sin evidente injusticia, el mereci- 
miento contraído por el autor, quien ha prestado con su obra 
un servicio de importancia para el cultivo de los estudios his- 
tóricos. 

En atención á las consideraciones precedentes , el académico 
que firma este dictamen opina que la obra examinada es de mé- 
rito relevante y de utilidad para las bibliotecas, hallándose com- 
prendida, á su juicio, en la prescripción tercera que establece la 
Real orden de 19 de Abril de 1881. Propone, por tanto, que se 
informe al Excmo'. señor ministro de Ultramar en el sentido de 
que otorgue al autor la protección justa á que se ha hecho aeree- 



HISTORIA DE VALLADOLID. 83 

dor por su recomendable trabajo. La Academia acordará, como 
siempre, lo más oportuno. 

Madrid 22 de Junio de 1883. 

Francisco «Fernández y Go.nzález. 



III. 



INFORME ACERCA DEL LIBRO TITULADO RELACIÓN HISTÓRICA DE LA 
ÚLTIMA CAMPAÑA DEL MAR(iUÉS DEL DUERO. ESCRITA POR LOS SEÑO- 
RES DON MIGUEL DE LA VEGA INCLÁN, DON JOSÉ DE CASTRO Y LÓPEZ 
Y DON MANUEL DE ASTORGA, CON UNA INTRODUCCIÓN ESCRITA POR 
DON JOSÉ GÓMEZ DE ARTECHE. 



En cumplimiento de la orden que en sesión del viernes 19 del 
mes último se sirvió dictar el Sr. Presidente, Director accidental 
de esta Real Academia, voy á presentar un ligero extracto del li- 
bro que, con el título de Relación histórica de la última campaña 
del Marqués del Duero, tuve el honor de ofrecerla en nombre del 
Fixcmo. Sr. D. Juan Gutiérrez de la Concha, hermano de aquel 
general insigne. 

Forma un volumen de 225 páginas en cuarto, délas que 30 sir- 
ven para la introducción, dirigida, como en ella misma aparece, 
á presentar á grandes rasgos la personalidad militar del general 
Coucha; 150, que constituyen el cuerpo de la obra, con la descrip- 
ción de la campaña que comenzó por el levantamiento del sitio 
de Bilbao y terminó al frente de Estella, y 45 más de apéndice 
que los autores han creido deber estampar como pruebas de sus 
asertos y observaciones. Para mayor ilustración de su trabajo 
han añadido hasta diez láminas con el retrato del Manjués del 
Duero, vistas de los teatros principales de su acción militar, y los 
planos de los combates principales reñidos por las tropas de su 
mando, láminas ejecutadas por los mejores artistas ó por la sec- 
ción geográfica del Depósito de la Guerra, único establecimiento 



84 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

en Madrid donde puedan darse á luz con la inteligencia, la exac- 
titud y el esmero con que están dibujadas y grabadas. 

Aun cuando no lo dijese la portada, con solo hojear el libro, se 
comprende qnc sus autores, ^1 general D. Miguel de la Vega In- 
clán, jefe de E. M. G. que fué del Ejército del Norte, D. José de 
Castro y López, coronel encargado de la sección topográfica del 
mismo, y D. Manuel Astorga, ayudante de campo del general 
Concha, han tenido por principal objeto, al escribirlo, el de ofre- 
cer á la memoria de su malogrado jefe el homenaje de honor mi- 
litar que les merecía y merecerá seguramente á todo imparcial 
conocedor de las cosas de la guerra. La época en que se escribió 
y comenzó á escribirse, muy próxima, de un lado, á los sucesos 
que relata el libro, y en que, de otro, ni era permitido dar á la 
estampa noticia alguna de la guerra que revelara operaciones ó 
proyectos todavía utilizables, ni había de consentirse el examen 
de los que se habían llevado á práctica por quienes ocupaban una 
posición eminente en la dictadura á que se hallaba sometida la 
nación, impedia la empresa de escribir la relación íntegra de la 
primera parte, la más interesante quizá, de la campaña, la que- 
dio por resultado, después de los todavía no juzgados combates^ 
de SomoiTOStro, el levantamiento del sitio de Bilbao, exclusiva- 
mente debido, sin duda alguna, á la pericia y al valor y la ener- 
gía del Marqués del Duero. De ahí el que, como relación histó- 
rica, aparezca la de la última campaña del general Concha sin la; 
conexión ó enlace que en un trabajo general hubiera exigido la 
circunstancia de operar las tropas del tercer cuerpo de ejército á" 
la inmediación y combinando sus movimientos con los dos pri- 
meros en el del Norte. 

Los autores, sin embargo, y comprendiendo seguramente que 
podría hacérseles esa objeción, principian por manifestar que 
saben la dificultad de escribir su libro en tales momentos, «que 
«no se nos esconde, dicen, que en historia como en perspectiva- 
«convienen las distancias; pero como en nuestro propósito no en- 
ntra sino el de reseñar los acontecimientos en que personalmente 
«influyera el general Concha, esperamos realizarlo sin tropezar 
■ncn los obstáculos que se nos presentarían en camino tan áspero,. 
»dc otro uso y escabroso.» 



RELACIÓN DE LA ÚLTLMA CAMPANA DEL MARQUÉS DEL DUERO. «3 

No puede, pues, acusárseles de falta de unidad ui de extensióu 
^n su trabajo. 

De la introducción no toca hablar al que en estos momentos 
está ocupando la atención de los señores académicos, que es obra, 
y bien iniperfecta, suya, en la que sólo se propuso dar idea á sus 
-lectores de las prendas de carácter y de talento que atesoraba eu 
su persona el soldado valeroso ó insigne capitán que llora y cada 
di:i llorará más la patria. Y no teme haber pecado de exageración, 
aún habiéndole consagrado en vida la amistad más tierna y la 
adhesión más calurosa, que las .hazañas que ejecutara el general 
JGoncha, los conocimientos militares que en ella reveló, su apli- 
cación constante para extenderlos más y más, y aquel patriotis- 
mo que en su alma sofocaba todo otro sentimiento, por elevado 
que fuera, hacían de él un personaje verdaderamente excepcional 
que ha de hacer resaltar el tiempo en el espacioso campo de nues- 
Ira hisioria contemporánea. 

Cual cumplimiento de ese ligerísimo trabajo y escrito por la 
misma inexperta y torpe mano, se presenta en el libro á que se 
va refiriendo este resumen el epílogo, dirigido,' cuando ya las cir- 
cunstancias habían tan venturosamente cambiado en nuestro 
país, á poner de manifiesto los pensamientos políticos que abri- 
gaba el Marqués del Duero al emprender su última campaña. 
Ellos eran nobles y generosos, 'dignos de su posición y su carácter; 
pero su examen y su juicio ni son de este lugar ni estarían bien 
en quien esto escribe que los ha revelado, aunque someramente 
en la relación histórica. 

Con leer el índice se comprende al momento la extensión dada 
ipor los autores á su importante trabajo. El capítulo I contiene 
la reseña, de todo punto necesaria, del estado de la guerra ea 
el país vasco-navarro al ser llamado el Marqués del Duero al 
mando del tercer cuerpo en el ejército del Norte. En esa reseña 
se apuntan las causas del incremento que desgraciadamente ha 
tomado la guerra y la marcha de las operaciones ejecutadas por 
los diferentes generales que tomaron á su cargo el de sofocarla en 
un principio, ó el de contener, después, sus progresos. 

El capítulo II describe la organización de ese tercer cuerpo, 
para en el siguiente presentarlo combatiendo bizarramente en 



86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HIST0RL4. 

las Muñecas y Galdámes, las dos posiciones más importantes áe 
la línea carlista en su extrema izquierda; la primera, amenazan- 
do la comunicación del ejércitoliberal en Somorrostro con Castro 
Urdiales, su plaza de depósito y puerto de embarque, y la segun- 
da, cubriendo por aquel lado el campamento carlista de Abanto 
y asegurando la retirada de su ejército, si era en él vencido y 
arrollado. Tomadas aquellas posiciones, el levantamiento del si- 
lio de Bilbao era inmediato; y así se vio cómo á los dos días pe- 
netraba el ejército en la invicta villa, librándola de la presión, ya 
inmediata, de sus implacables enemigos. 

Ejecutada tan feliz como rápidamente una operación de que no 
sólo pendía la salvación de Bilbao sino la suerte de las armas li- 
berales en la izquierda del Ebro que se hubieran visto obligadas 
á evacuar desde Santander hasta el Aragón, el general Concha 
obtuvo el mando en jefe del ejército del Norte, de cuya organi- 
zación trata el capítulo IV, así como de la entrada en Orduña du- 
rante la marcha que hubo de emprender á Vitoria para cambiar 
la base de operaciones. La expedición á Villareal, así como la de 
Salvatierra, ejecutadas, más que con un objeto ofensivo, con el 
de probar al país que ninguna de sus poblaciones debía conside- 
rarse como exenta de una invasión del ejército, el establecimien- 
to de telégrafos en la línea de comunicación de Vitoria con Mi- 
randa, cortada hasta entonces, y en la general de ocupación por 
todo el curso superior del Ebro, y la marcha, por fin, á Logroño 
por Peñacerrada y la Guardia, son objeto del capítulo V en el que 
se revelan ideas y proyectos militares que hacen grande honor al 
Marqués del Duero como general entendido y previsor. 

Los dos capítulos siguientes se refieren ya á las operaciones 
sobre Estella; el VI abrazando los preparativos indispensables 
para la reunión de cuantos elementos habían de ser necesarios 
para obtener un éxito completo; el VII y iiltimo dedicado á la 
descripción de los movimientos y los combates que tuvieran lu- 
gar al frente de aquella población donde terminó la campaña con 
la muerte del general Concha, causa, después, de la retirada del 
ejercito á la izquierda del Arga. 

Tal es la que bien puede llamarse trama del trabajo que á los 
poros días de tan sentida é irreparable pérdida se impusieron los 



RELACIÓN DE LA ÚLTIMA CAMPANA DEL MAnQUÉS DEL DUERO. 87 

autores de la Relación histórica, ejecutándolo inmediatamente con 
todos los datos que nadie como ellos podía reunir y ornándolo 
con una serie de observaciones, cuya oportunidad y exactitud re- 
salta al primer golpe de vista que se arroje sobre sus páginas y 
especialmente sobre los excelentes planos que las acompañan é 
ilustran. 

Que ese trabajo es apreciable lo dice, mejor que estos renglo- 
nes, la aceptación qne ha tenido de parte de la prensa periódica á 
que ha podido llegar; y es de presumir que servirá más adelante 
como dato de gran interés para la redacción de la historia de la 
guerra civil actual, más fecunda acaso, que la de siete años en 
acontecimientos de importancia por la distinta índole de las cau- 
sas que la han promovido, la diferencia de los elementos milita- 
res con que ahora se cuenta y la diversidad de los procedimien- 
tos políticos que han debido emplearse en su remedio. 

El que suscribe cree, de consiguiente, que podría acusarse el 
recibo del libro al Excmo. Sr. D. Juan Gutiérrez de I9, Concha, y 
darle las gracias por su atención al enviarlo, con algunas frases 
que demuestren, á la vez, la parte que esta Real Academia ha 
tomado en el duelo general causado en la nación por la muerte 
de su ilustre y malogrado hermano, el capitán general Marqués 
del Duero. 

La Academia, sin embargo, resolverá lo que considere como 
más conveniente que, de seguro, será lo mejor. 

Madrid 9 de Abril de 1875. 

José Gómez de Arteche. 



IV. 

LA CATEDRAL DEL PUY Y LA DE GERONA. 

La Academia de la Historia ha recibido de su amable y la- 
borioso correspondiente el P. Fidel Fita, y por conducto del 



88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Sr. D. Eduardo Saavedra, un ejemplar de la obra escrita por ei 
abogado M. Garlos Rocher, titulada Les rapports de VEglüe du 
Pwj avec la Villede Girone enEspagneetle Comté deBigorre. Es 
un tomo en 4." de 286 páginas y contiene una serie de observacio- 
nes y artículos publicados en la Revista titulada TahleUes histori- 
ques du Velay de 1873. En las notas y apéndices se ve citado con 
frecuencia el nombre de nuestro correspondiente el P. Fita, y desde 
luego se podría conjeturar que á él le corresponde en gran parte 
el origen del libro, si el autor mismo no nos absolviese de este 
juicio en el párrafo último y adicional diciendo en sustancia que 
si el libro vale algo es por el P. Fita. Si le petit essai qu'on vient 
de lire en valait la peine nous en ferions la dédicace au P, Fita. 
Cette ceuvre modeste n'est pas nutre; elle est sienne, elle lui appar- 
tient toui entiere. 

Tiene el libro como de su mismo título se colige, dos partes, la 
primera de relaciones de la iglesia de Puy con la de Gerona, la 
segunda de relaciones entre aquella misma iglesia y el condado 
de Bigorra. La primera es la que hace más al caso á la institu- 
ción de la Academia, pues la segunda tiene menos conexión con 
nuestra historia patria, si bien sería muy aventurado el suponer 
que no tiene alguna. 

Redúcese la primera parte en sus 62 páginas á probar que ha- 
bía hermandad inmemorial entre las iglesias de Puy y de Ge- 
rona, pues aunque el autor dice la Ville de Girone las investiga- 
ciones acreditan que las relaciones eran eclesiásticas y no civiles, 
ni municipales. 

El asunto como se ve no es de primera magnitud, y con todo 
no deja de ofrecer interés. Ojalá que todas la revistas provinciales 
y locales comprendieran de ese modo su misión, y dirigieran sus 
conatos á la publicación de documentos inéditos, ó poco conoci- 
dos, procedentes de sus olvidados é inexplorados archivos, á in- 
vestigaciones científicas sobre su terreno, y á la discusión de in- 
tereses locales. 

El asunto pues do nuestro libro es de un interés local y parti- 
cular, sobre un asunto diminuto; y con todo ofrece tal interés. 
tal cúmulo de datos, que se lee con gusto y ofrece no poca uti- 
lidad. 



{.A CATEDRAL DEL PUY Y LA DIC GERONA. 89 

Algo se exalta el autor al principio hablando de la epopeya 
francesa y de la poesía Garlovingiana, ó Carolina , sintetizada en 
el canto de Roldan (La Chanson de Roland), la cual es el resul- 
tado de una vasta superposici(3n de edades, como la Iliada y el 
Niebelungen. ¡La poesía francesa, exclama el autor, es la. jwesia 
de la humanidad! ¡Raro privilegio del genio francés (¡ue sola- 
mente Grecia nos disputa! Esta noticia de seguro que no es del 
P. Fita. Además que la. poesía de la liumanidad sería en tal caso 
bastante pesada. 

Viene esto á propósito de que Garlo Magno conquistó á Gerona 
y que allí tuvo culto como santo (1). No es el tal culto lo que más 
honra á nuestra catedral. Precisamente es uno de los ejemplos 
que tenemos á mano, en las cátedras de derecho canónico ," para 
probar la necesidad de que la Santa Sede se reservara el derecho 
do beatificar á los santos por los abusos que los obispos y los 
concilios particulares cometían con este motivo. Porque el bueno 
de Garlo Magno, aunque gran defensor de la Iglesia y del Pontifi- 
cado, dejó bastante que desear en materia de moralidad, y su fa- 
milia todavía más. Y por lo que hace á España nunca fué popu- 
lar el buen señor, y antes bien los vascos fueron muy ingratos 
con él, pues le dieron un mal rato, á él y á Roldan, el de la can- 
ción, allá en Roncesvalles, nada más que por la pequenez de ha- 
berles derribado los muros de Pamplona. 

En vano quisieron los galicanos en el siglo xii rehabilitar la 
memoria de Garlo Magno. Las tradiciones Garlovingias no lo- 
graron aclimatarse del Ebro aquende. Las fábulas de D. Pelayo 
fueron conocidas; los palacios de Galiana en Toledo y sus* amo- 
res carlovingianos no prosperaron tampoco; quedaron por casti- 
llos en España fcháteaux en Espagne) que dicen nuestros ve- 
cinos. 

En Gerona mismo hubieron de tomar por armas para el sello 
diocesano las célebres moscas de San Narciso , verdadero santo 
español que en aquella iglesia no estaba de acuerdo con San Garlo 
Magno en materia de invasiones. 

Las e.xageraciones del escritor francés acerca de la epopeya 



(1 ' Véase el t. 43 de la España Sagrada. 



90 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

francesa, á propósito del culto de Cario Magno en Gerona y de 
las relaciones entre esta iglesia y la de Puy me han hecho divagar 
fuera del tema. Mas no se pierde el tiempo en ver cómo escriben 
nuestros vecinos aun á propósito de pequeños asuntos. Además 
que unas divagaciones traen otras. 

En el § 3." y á la página 17, entra ya el autor en historia y crí- 
tica, dejando á un lado la lira; y pregunta: — ¿Es cierta la famosa 
carta de los canónigos pobres de Puy, ó es una de esas superche- 
rías tan comunes en la Edad Media? 

Volvamos aquí la hoja antes de entrar en esta materia, dema- 
siado ocasionada para mí, y en la cual es uno dueño de su pluma 
mientras no se la deja entrar en materia, pues en acometiéndola, 
tan fácil es detenerse, como contener el torrente que principia á 
despeñarse por la montaña. 

Prueba el autor que Garlo Magno tuvo gran afecto á la iglesia 
de Puy, pues según consta de una carta de San Gregorio VII, era 
una de las tres iglesias que señaló aquél para recoger el denario 
anual, que hacía pagar á todas las iglesias para San Pedro, y que 
se llamó el dinero de San Pedro; debiéndose llamar el denario 
de San Pedro. Es verdad que en Aragón todavía llaman dinero al 
ochavo. 

A la página 20 entra en materia más de lleno hablando de las 
cartas de hermandad que había entonces en los monasterios y 
que todavía duran. El autor las hace derivar del siglo viii y trae 
una carta curiosa de confraternidad monástica en el siglo xi. Pero 
los antecedentes canónicos son mucho más antiguos, y se remon- 
tan al siglo v, y aun á épocas anteriores, pues se relacionan con 
las cartas formadas ó pasaportes cristianos, con la comimión pe- 
regrina, como honor prestado á los forasteros, y la incomunión ó 
incomunicación con los díscolos y malos, confundida con la ex- 
comunión y no siempre bien comprendida por los comentaristas 
del derecho canónico. 

Que los canónigos de Gerona tenían hermandad con los de 
Puy aparece probado, gracias á las diligencias del P. Fita y del 
secretario del Cabildo de Gerona D. Francisco Aznar y Pueyo(l); 

(1) Obispo (le Tortosa, desde ^1 dia 28 de Febrero de 1879. 



LA CATEDRAL DEL TUY Y LA DE OEnONA. 9| 

que trascribe un suceso de 1470, con motivo de li.ilicr ido á Ge- 
rona Pedro Rouvier, canónigo de Nuestra Señora de Puy; con 
cuyo motivo se describen todos los obsequios que al canónigo 
francés dispensaron los de Gerona. 

Mas estas hermandades no eran solamente entre cabildos, cole- 
giatas, monasterios y conventos. Las había entre ayuntamientos 
y cabildos, entre cabildos y universidades, y entre universidades 
y universidades. La Universidad de Salamanca tiene todavía her- 
mandad con el cabildo. Los prebendados se sientan entre los doc- 
tores y los canónigos do oficio y dignidades entre los caled raucos 
y viceversa, cuando estos van al cabildo si van de toga ó manteo. 

Cuando hay oposiciones se da propina á los catedráticos que 
asisten como si fueran canónigos. La Universidad de Huesca te- 
uía hermandad con el cabildo y el ayuntamiento. Los grados ma- 
yores se conferían en la catedral y cobraban propina los canóni- 
gos y concejales, y hasta los bachilleres. A todo bachiller que se 
sentaba en el coro se le daba un real. 

La Universidad de Alcalá tenía hermandad con la Sorbona. 
Cuando pasaba por Alcalá un doctor parisiense se le invitaba á 
todos los actos de Universidad y se le ofrecía el segundo argu- 
mento, ó sea de doctor, pues la costumbre era dar á un bachiller 
el primero, el segundo á un doctor y el tercero á un catedrático 
como más difícil. En la Universidad había noticias y tradiciones 
de doctores complutenses á quienes en Paris se hicieron iguales 
obsequios. 

Es más, cuando la Sorbona se negó á aceptar la bula Unigeni' 
tus rompió la Universidad con la hermandad en 1718, pero la re- 
novó cuando fué aceptada la bula en 1737. Se ve, pues, que estas 
hermandades fundadas en la participación de sufragios, de hos- 
pitalidad y cortesía son antiquísimas y de mil especies, y que du- 
ran hoy día. 

Aun pudiera hablarse aquí de los decantados Jesuítas de ropa 
corta. Después de hablar lanto de ellos al tiempo de la expulsión, 
apenas si se halló alguna carta de hermandad dada por la Com- 
pañía, cuando los otros institutos religiosos los prodigaban á mi- 
llones. Se ve, pues, que la hermandad de los canónigos de Puy 
y de Gerona era una cosa bien común y sencilla. Pero estos obsc- 



92 boletín ue la. real academia de la historia. 

qüios, era ni más ni menos, que los que se prestan hoy día los 
frailes cuando se hospedan en conventos de otra orden. La vida 
de San Antonio Abad recuerda ya esto. Unos monjes orientales 
vienen al convento de San Antonio á la hora de trabajar, les alar- 
gan una azada: poco aficionados los monjes orientales á este 
género de cruz, sin inri, hi rechazan, alegando que ellos son con- 
templativos. San Antonio los deja que estén contemplando no sólo 
durante el trabajo, sino luego durante la cena. Quéjanselos con- 
templativos y el santo bendito les dice estas palabras, que debie- 
ron escribirse en letras de oro en todos los conventos, en todas 
las oñcinas... y, para que no lo lleven á mal los frailes y los em- 
pleados, «en todas las Universidades de España.» 

— En esta casa el que no trabaja no come. ¡ Ah, santo bendito, 
y que bien entendíais de hacer los honores de vuestra casa ! 

Las hermandades eran unas veces para la participación de su- 
fragios: lioy las tenemos ni más ni menos que entonces. 

El P. Briz Martínez habla largamente de los donados de San 
Juan de la Peña, que supone eran caballeros, y que Masdeu, cu 
su aversión á todo lo de San Juan de la Peña opina que no pasaban 
de legos motilones. Yo creo que ni era.n caballeros religiosos, aun- 
que fueran caballeros, ni tampoco legos religiosos, sino meros de- 
votos del santo y de su monasterio. 

Hoy día los hermanos de los franciscanos y capuchinos alber- 
gan á estos en sus casas y se albergan en sus conventos cuando 
van de viaje ¿qué tiene CFto de particular? Petimusque , damus^ 
que, vicissim. 

Esas hermandades entre iglesias eran tan comunes en España 
que apenas había iglesia que no hubiese hermandad con dos ó 
tres catedrales, y á veces con colegiatas y monasterios. Toledo 
tenía hermandad con Sahagún; Falencia con Osma; y Pamiers y 
Osma con la colegiata de Soria; Zaragoza con Santiago, Santiago 
con Córdoba, la de Orense con la de Tours; y así otras mil que 
sería prolijo referir y que, si fueran á enumerarse darían por re- 
sultado un libro. La hermandad de Osma con Soria le salió cara 
al obispo, según cuenta Loperraez. En el tomo l de la España 
Sagrada he manifestado lo cara que le salió también al obispo de 
Tarazona la bermandad con la colegiata de Tudela, pues cuando 



LA CATEDRAL DEL PL'Y Y LA ÜK GlünONA. 93 

iba allí el obispo le querían tratar como mero canónigo, y no como 
obispo. Este debió hallar poco grato el trato demasiado íntimo y 
fraternal que le propinaban los hermanos de Tudela, á título de 
libertady igualdad y fraternidad, pues desconocían su autoridad. 

Sanjnrjo en la historia de los obispos de Mcndoñcdo, p:íg. líO, 
copia la escritura de hermandad que hicieron en lóSG los canó- 
nigos de Lugo con los de Mondoñedo. Lugo tenía además her- 
mandad con Oviedo y Orense. 

Por lo que hace á la confraternidad entre (ierona y Puy, el pa- 
dre Villanueva habló ya de ella como de cosa corriente y sencilla, 
en el tomo xiii de un viaje literario, y aun más en el tomo xii, pá- 
gina 159 y siguientes. Si el señor abogado Rochcr hubiese visto 
este tomo, que la Academia tiene impreso desde el año 1830, hu- 
biera podido simplificar mucho su trabajo. «Tenía esta Iglesia 
hasta nuestros días, dice Yillanueva, hermandad con la de Puy 
de Francia, y de ello hay muestras en las ocurrencias de ir y ve- 
nir canónigos, los cuales mutuamente percibían la porción cano- 
nical, y eran tratados como tales. Quedan además desde el siglo xv 
varias cartas de un capítulo, algunas de lascuales están copiadas 
en el Gartoral, fol. 310. Mas esto no nace de lo que dicen co- 
munmente los escritores que cuando Garlo Magno conquistó esta 
ciudad en 785 puso en ella por obispo un canónigo de la de Puy, 
cuyo nombre se ignora. En el episcopologio verás cuan fuera va 
esto de camino, y como verisímilmente, en 785 era ya obispo de 
esta silla Adaulfo.» 

Hasta aquí Villanueva ; y aquí principia ahora lo más recio c 
importante de la pelea, cual es el saber quién fué el primer obispo 
de Gerona. La aserción de Villanueva parece rotunda, también 
lo es la de La Ganal y Merino; estos y aquel ponen por primer 
obispo á Adulfo ó Adaulfo, y desechan á Pedro el canóniga 
de Puy. 

Mas el abogado M. Rocher vuelve á la carga y quiere reponer 
á Pedro, desechando á Adulfo, ó, en todo caso, dejar á los dos, á 
Pedro y Adulfo. Con gran aplomo dice, que Balucio y el P. Pagi 
han probado hasta la evidencia, que el Goncilio de Narbona era 
apócrifo y mutilado, y que los nombres de los obispos se habíaii 
adicionado para dar apariencias de autenticidad al Goncilio dé- 



94 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

montreiit jusqu'ü Vévidence que ceprétendu Concile de Narbonne... 

(pág. 55). 

No debe ser tan grande la evidencia cuando á pesar de las ad- 
vertencias de Pagi muchos críticos posteriores que citan Merino 
y La Canal han insistido en ellas, y lo mismo Villanueva, que 
no ignoraba lo que habían dicho Balucio y Pagi. Este rebate 
principalmente las inscripciones de tres obispos, entre ellos el de 
Barcelona, que entonces no podía tener obispos por estar en po- 
der de infieles, que este es un error de Pagi, pues entonces ha- 
bía obispos en muchos pueblos ocupados por los musulma- 
nes, como el obispo Sénior en Zaragoza, y otros varios á este 
tenor. 

Los galicanos y los falsarios del siglo xii hicieron creer por 
Europa, y desgraciadamente hasta en Roma, que donde había 
sarracenos no había obispos, y que España era un país perdido; 
y todavía Pagi, á pesar de escribir en época en que ya se 
habían descubierto aquellos fraudes, padeció algo de error en 
ese concepto. 

Triste es, señores, que siempre que tenga que emitir algún 
dictamen haya de ser sobre el triste y obligado tema de las falsi- 
ficaciones. Pero en verdad que la ocasión no la he buscado yo, y 
el libro que examino habla de tres falsificaciones, sino bien, 
siempre con igual criterio. 

Falsificación del diploma de la canónica pobre de Puy en 
Francia. 

Falsificación del Concilio de Narbona en Francia. 

Falsificación de las lecciones del rezo de San Carlo-Magno, en 
que tienen parte, España, Francia y Alemania. 

M. Rocher, que considera evidentemente apócrifo el Concilio 
de Narbona y sus suscriciones, que no parecieron tan evidentes 
á otros escritores españoles, ni aun al mismo Pagi, quiere soste- 
ner y dar importancia á la legendaria narración del rezo de San 
Carlo-Magno. El siglo xii, en que se introduce ese rezo, justa- 
nienlc prohiiñdo por la Iglesia y anticatólicamente continuado, 
es la época de las ficciones más absurdas. Es la época en que 
D. Pelayo fingia carias de D. Alfonso el Casto á Carlo-Magno y 
de Carlo-Magno á éste, diciéndole sandeces acerca de la exten- 



LA CATEDRAL DEL PUY Y LA DE GERONA. 95 

sión de Asturias, y que bien podía tener doce obispos, puesto 
que no se le pedia dar vuelta en veinte dias de jornada. Es ver- 
dad que Garlo-Magno no expresaba cuánto se había de andar en 
cada jornada. 

Las alusiones á la fundación de la catedral de Tarragona y á 
los monjes negros, indican que la leyenda no corresponde á me- 
diados del siglo XII, sino á fines de aquel siglo, (3 más tarde, que 
fué cuando principiaron á llamar monjes negros á los benedicti- 
nos, en contraposición á los blancos ó cistercienses, por lo que 
dice el P. Manrique en sus Anales. «De cómo muchos monjes 
negros se hicieron blancos,-/) esto es, cistercienses. 

Ahora bien, por dudoso que sea Adulfo como primer obispo 
de Gerona, es todavía más dudoso Pedro, el supuesto canónigo 
de Puy, citado en la lecci'ón ix, que ya se dio por apócrifo 
en el tomo xliii de la España Sagrada. Si pues el docu- 
mento en que se cita al obispo Pedro es apócrifo, el obispo lo es 
también. 

El decir que ese documento disparatado de fines del siglo xii 
vale para probar cosas de fines del siglo viii, y de 400 años an- 
tes, porque está calcado sobre reminiscencias y tradiciones anti- 
guas, es una cantinela alegada por todos los defensores de estas 
supercherías, y que la sana crítica no puede admitir. Dado el 
pase á ese principio no hay falsificación histórica que no se pue- 
da sostener. 

Probado por el crítico que un documento es apócrifo, vendrán 
el novelista, el romancero, el legendista, el poeta, el krauseador 
de historia, el fantaseador calenturiento y hasta el forjador pre- 
histórico, y nos dirán con mucho aplomo. — Es verdad que ese 
documento es legendario, es apócrifo, es una patraña, pero, 
amigo mió, es una reminiscencia de una tradición de generación 
en generación por espacio de 400 ó 500 años, y quien dice 400 
puede decir 4.000. 

A la verdad, si el racionalismo tiene exageración y errores, el 
tradicionalismo los tiene también, y ni la religión, ni la razón 
quieren exageraciones. Hace muy bien el abogado M. Rocheren 
burlarse de los alemanes, que han escrito que Garlo-Magno fué 
luterano, ó según otros calvinista, pero hay que reirse tambiéu 



06 boletín de la real acade^ha de la HIST0RL\. 

(le los alemanes que le hicieron Santo, y de aquel otro Santo 
bendito, Luis XI, que mandó darle culto. 

Los franceses tienen manía por hacer santos á todos los perso- 
najes célebres, sin tener en cuenta que, para ser santo, no basta 
ser hombre de bien, ni estar en el cielo, sino que se necesitan 
virtudes heroicas, mihigros indudables y declaración pontificia. 
Hace poco se pidió por uu prelado francés la canonización de 
Colón; ahora piden la de Juana de Arco, y al paso que van por 
allá el culto y la devoción á la bandera blanca, creo que no tar- 
darán en pedir la canonización de Enrique IV. Todo será que un 
escritor lo sueñe. 

M. Rocher para dar cierto colorido al libro lo ha adornado 
con sellos, uno de la Iglesia de Gerona y otro de la de Puy. El 
de Gerona es de Pedro de Gastcln'ou, á mediados del siglo xiii: 
iguales y parecidos á ese los hay en nuestros archivos de otras 
muchas iglesias, pues por entonces todos eran así. El que la Vir- 
gen esté sentada importa muy poco, pues hay sellos en que se 
la ve lo mismo. Los visigodos, según dicen, i-epresentaban á la 
Virgen sentada: las efigies antiguas de la Virgen, desde el si- 
glo X al XV suelen estar también en esa actitud de majestad y re- 
poso. Algo más pudiera haber investigado si hubiese tenido no- 
ticia de una virgen «donada por lo Sant Rey Carlos^» la cual fué 
sacada en procesión en 1434 con motivo de los horribles terre- 
motos que hubo en aquel año, según refiere Villánueva en su 
Viaje literario, tomo xiv, pág, 33. 

Pudiera citar más de veinte que recuerdo. Por desgracia la 
manía de vestir esas antiguas efigies con una devoción de pési- 
mo gusto, y aun poco canónica, y á veces irreverente, hace que 
no se las vea como debieran estar. Así que el ser parecido un 
sello de Gerona al de Puy en estar la Virgen sentada, prueba 
poco ó casi nada. 

En resumen, M. Rocher al combatir la prelacia de Adulfo 
para sustituirle con su paisano Pedro, ha pretendido quitar un 
obispo que consta en un documento dudoso, para sustituirle con 
otro que consta en un documento descabellado y notoriamente 
apócrifo. La Academia no puede admitir esto criterio. 

Por lo demás, así y todo, el libro es apreciable y deben darse las 



LA CATEDRAL DE PLY V LA DE r.ERONA. 97 

gracias al P. Fidel Fita (1), por haber honrado con él los estantes 
de nuestra Academia, tanto más cuauloque lioy no son muchos 
los que se dedican á reñir estas pacíficas batallas. La Academia, 
sin embargo, acordará lo más conveniente. 

Madrid 20 de Junio de 1874. 

Vicente de la Fíente. 



DICTAMEN ACERCA DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA 
EN PORTUGAL, ESCRITO POR D, ANTONIO DA COSTA. 



Hace algún tiempo que esta Real Academia tuvo á ]jicn comi- 
sionarme para informar acerca de dos libros presentados á ella 
con dedicatoria de su autor el Sr. D. Antonio Da Costa. Titúlase 
el primero: A instruccao nacional; Lisboa, Imprenta nacional, 
Í870. El segundo tiene por epígrafe: Historia da inslrucQao po- 
pular em Portugal desde a fundacao da monarchia até aos nossos 
días; Lisboa, Imprenta nacional, 1871.» 

Creo que debe alterarse el orden de antigüedad para el e.xamen 
de estos dos libros. El titulado de la Instrucción 'popular es hislú- 
rico, y su examen corresponde á la especialidad de nuestra Aca- 
demia. El titulado de la Instrucción nacional es más bien político 
y administrativo, y sería más bien objeto de estudio para la Aca- 
demia de Ciencias morales y políticas. Al analizar su contenido 
la Academia, podrá observar que los títulos de los libros parecen 
trocados, según veremos luego. Y al hacer esta advertencia acerca 
del uso poco afortunado de los títulos de ambos libros, y después 



(1) En la obra titulada Los Reys fVAragó y la Scu de ffi/wa (Barcelona, 1873), ar- 
tículo ex, ha publicado el P. Fita grau copia de nuevos datos relativos al mismo 
asunto. 



98 UOLETÍN DE LA. IlEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

(le pedir perdón á la Academia por el retraso de este informe, mo- 
tivado por mis ocupaciones profesorales y el deseo de hacer un 
examen más detenido y concienzudo aprovechándolas vacaciones 
de verano, tengo que deplorar también con ingenuidad el haber 
sido comisionado para informar acerca de estos dos libros. Las 
ideas del autor, en su mayor parte, son tan diametralmente 
opuestas á las mías en casi todos conceptos que no me es dado 
transigir con ellas sin faltar á mi conciencia moral y literaria. 
Tentado estuve de solicitar se designase para este encargo á otro 
señor académico, que pudiera ser más benigno con las aprecia- 
ciones críticas del Sr. Da Costa ; pero ya era tarde cuando conocí 
la mala posición en que me hallaba, y como ningún señor aca- 
démico podría ser más indulgente que yo, creí un deber ahorrar á 
otros ese disgusto, ya que mi negra estrella me lo había deparado. 
Considero, pues, como un deber, advertir esto mismo á los se- 
ñores académicos, á fin de que oigan mi informe con alguna pre- 
vención, que es el último extremo adonde puede llevarse la fran- 
queza. 

Consta la Historia de la Instrucción popular en Portugal de un 
tomo en 4." menor de 320 páginas, incluyendo en ellas portada é 
índices, impreso en riquísimo papel, con hermosos y espaciados 
tipos y grandes márgenes, que dejan reducido su tamaño, en ri- 
gor á lo que llamamos comunmente un 8," marquilla. 

De las oÜO páginas útiles consagra el autor unas ciento escasa- 
jnenle á narrar la historia pedagógica de Portugal en los GOO pri- 
meros años de su existencia desde 1 130 á 1750, lo cual, de seguro, 
á nadie parecerá excesivo. Las 40 páginas siguientes se refieren á 
las reformas hechas por el marqués de Pombal , y las vicisitudes 
<le estas. A la narración de las reformas y sucesos de este siglo se 
da una latitud de 110 páginas, es decir, casi tanto espacio como 
el que se dio á todo el período no coetáneo, ó sea verdaderamente 
histórico. Las 00 páginas últimas están dedicadas á muy breves 
apéndices, entre los cuales descuella por su extensión de 44 pági- 
nas la reforma de estudios hecha en 1870 por el Ministerio Sal- 
danha. Como este documento se halla firrtiado por D. Antonio Da 
Costa de Sonsa de Macedo, supongo que este señor ministro es el 
jnismo autor del libro. 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOHKE INSTRUCCIÓN PÚlíLlCA. *>'.» 

Al ver copiado este largo docuniouto en un libro hislórico. que 
no copia ningún olro, ni aun en compendio, creo que este bos- 
quejo ó esbozo de historia [shozo lo llama su autor) puede consi- 
-derarse como el pedestal sobre que descansa la estatua de la re- 
forma de estudios intentada en Portugal en 1870. 

Tal es la descripción del libro en su parte material y externa. 
Entremos ya en su parte formal é interna, principalmente en lo 
relativo á historia y crítica, objeto preferente del informe, como 
que lo es del instituto de nuestra Academia. 

Prescinde el autor completamente de toda la historia, rc!ativ;i 
á la enseñanza en los tiempos de la Unidad Ibérica, á la cual por 
cierto no es aficionado. Omite igualmente lo que pudiera haber 
en tiempo de D. Enrique de Borgoña y de la infeudación de Por- 
tugal, y principia con el reinado de D. Alfonso I, que se fija en 
1139, aunque el autor hasta la fecha omite por demasiado sa- 
bida. Cumple en esto, demasiado á la letra, el precepto de Ho- 
racio: «semper ad eventum festinat.^^ Todas las noticias que nos 
da acerca del siglo xi están reducidas á decir, que las letras esla- 
"ijan reservadas «ágarnacha da cathedral, oupara o habito do mos- 
leiro.» No nos hubiera venido mal, si el trabajo hubiera sido más 
serio y completo, el saber qué catedrales y qué monasteiios eran 
esos donde se guarecían las letras. La razón que da el autor para 
ese retraimiento es que «o empenho de arrancar aos infieles as 
térras do christianismo era moda do tempo.» A la verdad en esa 
moda tuvo que entrar Garlos Martel cuando los musulmanes se 
le metieron en Francia, y en la Península llevaba ya esa mod;i 
más de 400 años; que para moda fué mucho durar. 

Una contradicción notable ofrece el autor en estos primeros y 
vacilantes pasos con que entra en el campo de la historia. Com- 
bate al erudito Andrés de Resende; el cual dice que fray Gil, coe- 
táneo de D. Sancho I (1185-1211) estudió en Coimbra, suponiendo 
allí una especie de Universidad ó estudios mayores. Xiégalo el se- 
ñor Da Costa, asegurando que allí no había escuela superior por 
cuenta del Estado, sino solamente algunas enseñanzas en el con- 
vento de Santa Cruz, que llama escola dos frades Crudos. Mas á 
la página siguiente nos habla de un Seminario en 1073, esto es, 
mandando los revés de León ; y que en el Monasterio de Santa 



100 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLV DE LA HISTORIA. 

Cruz había enseñanzas de liumanidades, teología y medicina. 
Luego el origen de la Universidad de Goimbra (1) data de los tiem- 
pos españoles de la dominación leonesa. El que no las sostuviera 
el Estado importa poco, pues á la verdad hasta nuestro siglo, y hace- 
pocos años, casi ninguna Universidad la ha sostenido el Estado; 
y los estudios que había allí bastaban para merecer entonces el 
dictado de estudio general, que era como se llamaba entonces á las 
Universidades, no estudio superior como dice el Sr. Da Costa, 
pues tal nomenclatura no se usaba. Universidades eran en España 
las de Avila, Almagro é Irache, siquiera estuvieran en monaste- 
rios, y tuviesen apenas poco más que aquellas enseñanzas. El his- 
toriador debe apreciar las cosas por lo que eran en su siglo, no 
por el valor actual de las cosas y los nombres que se usan en 
nuestros días. 

El mismo Sr. Da Costa dice que D. Sancho favorecía algún 
tanto aquellos estudios, costeando los grados de algunos discípu- 
los aventajados que, como el citado Fr. Gil, iban á graduarse á 
París; y consta que los costeó á D. Mendo Diaz, que se graduó en 
medicina en 1199, y de regreso puso cátedra para enseñarla en el 
citado monasterio de Santa Cruz. Constan igualmenle los nom- 
bres de otros clérigos no menos doctos que hubieron de señalarse 
allí como profesores, tales como el prior D. Juan, el maestro Rai- 
mundo, D. Pedro Pires y otros, hasta D. Pedro Julián, que llegó 
d ser Papa con el nombre de Juan XXI. 

El autor, por desvirtuar estas noticias, de que pudiera resultar 
tal cual gloria al clero, asegura, sin probarlo, que aquellos estu- 
dios eran cerrados, que la enseñanza no alcanzaba á los seglares, 
y que los clérigos se arrogaban de esa manera el ejercicio de la 
medicina. Mal se avienen estas noticias con las que tenemos acer- 
ca del ejercicio déla medicina por los judíos. Perdone el Sr. Costa 
que no crea ninguna de esas gratuitas aserciones: la Historia an- 
tigua no se escribe bajo palabra de honor. Y aun en todo caso, 
esos clérigos y monjes, ¿de dónde procedían sino del pueblo, y en 



(1) E lionra seja a ciudade de Coimbra, onde tendo ja o conde Sisnando instituido 
em 10~:t un Seminario, teve tambem, desde os primeiros dias da monarcliia no mostsiro 
de Santa Cruz, o casino das liumanidades de theologia e medicina (pá?. U).» 



DICTAMEN DE LOS I.IUROS SOlUíE INSTH UCCIÚX PÚHLIC.V. 1()1 

beneficio de quién aprendían, enseñaban y ojercíau sino del 
pueblo? 

El autor desprecia todos estos elementos de enseñanza, y lam- 
bién las escuelas parroquiales, mandadas crear, según aparece, 
por las Decretales del Papa Gregorio IX, en lo que cabe su parle 
de gloria á nuestro compatriota San Raimundo de Peñafort, pro- 
fesor de Derecho canónico, capellán del Papa y compilador de 
aquel Código. Los primeros que tenían que aprender en muchos 
casos, dice el Sr. Da Costa, eran el propio piírroco y el propio 
clero. (Pág. 19.) 

Pues qué, ¿había en el siglo xiii en Portugal algún clérigo que 
no supiese siquiera leer y escribir? Pues qué ¿en el siglo ix, en 
la época de mayor rudeza y grosería, se ordenaba á ningún clé- 
rigo sin saber leer y escribir, cuando el saber esto se llamaba cle- 
recía? Pues qué, aun cuando hubiese alguno que otro por caso 
raro, ¿es lícito al historiador generalizar sobre hechos particula- 
res y aislados, erigir las excepciones desgraciadas en casos comu- 
nes y reglas corrientes, y todo ello por privar á un Papa generoso 
del justísimo elogio que se le debe por aquel mandato en benefi- 
cio de la educación popular? Sabido es que todavía en algunos 
parajes de Francia llaman le parvis al atrio ó pórtico de la iglesia, 
pronunciando con mal acento la palabra parvis, porque era el si- 
tio donde el cura, y á veces el sacristán, reunían á los niños para 
enseñarles en aquel paraje, á falta de mejor local. 

Los pórticos de muchas de nuestras iglesias rurales, con sus 
bancos sumamente bajos, recuerdan esto, y yo sé de más de una 
escuela que no tenía otro local todavía en este siglo, ni más maes- 
tro que el anciano y honrado sacristán. ¿Pero qué extraño es esto, 
si todavía he visto una escuela rur.al al aire libre, porque la pobre 
capilla ni aun pórtico tenía? 

Estas y otras aserciones por el estilo nos dan la medida del cri- 
terio del Sr. Da Costa y de su calidad. Su talento, lúcido y claro 
en muchos conceptos, se halla vejado por la politico-manía y el 
fanatismo de nuestra época; pues si la credulidad y la supersti- 
ción tienen sus fanáticos, también los tienen la incredulidad y el 
anticlericalismo, y hoy en día este es el género que abunda. 

A fines de aquel mismo siglo xiii el Rey D. Dionisio de Porta- 



102 UOLETÍN Dli LA REAL ACADEML^ DE LA HISTOIUA. 

gal funda la Universidad de Lisboa en 1-289, sin que le arredrase- 
el tener estudiantes en la capital de la monarquía; que no le arre- 
draban los estudios ;í quien amaba las letras. El Rey galante y 
literato, el fiel retrato de D. Alfonso el Sabio, desgraciado como' 
éste en tener un hijo ambicioso y con excesivos deseos de suplan- 
tarle en el trono; el marido de la bella y simpática Isabel de Ara- 
g(3n, pacitlcadora de civiles discordias, á quien la Iglesia poste- 
riormenlc apellidó Santa; aquel Rey tan noble como caballero, 
fuó quien llevó á cabo el pensamiento de dotar á la capital de su 
reino con un estudio general, que se apellidara la primera Uni- 
versidad de Portugal, como era Lisboa el primer pueblo de su 
monarquía; y el Papa debió hallar muy racional este pensamiento 
cuando confirmó en 1290 la Universidad naciente. 

;.Qnó razones pudo tener el Rey D. Dionís para sacar la Uni- 
versidad de la capital y llevarla pocos años después á Goimbra, 
precisamente á la ciudad desde donde después hizo guerra su hija 
D. Alfonso el Fuerte? El Sr. Da Costa no lo dice; consigna sólo 
que la traslación se hizo en 1307, y confirmó esta traslación el 
Papa por Bula dada en 26 de Febrero de 1308, llevando desde 
entonces el título de Universidad, ó estudio general., cuya realidad 
tenía desde siglos antes, como arriba queda dicho. En tal concep- 
to, la Universidad de Coimbra aparece coetíínea á la de Vallado- 
lid y aun posterior á ésta, y la de Salamanca la precede con anti- 
güedad de un siglo. La Universidad de Coimbra tenía estudio de 
Derecho canónico y romano, medicina, gramática, filosofía y mú- 
sica. D. Dionisio hizo traducir las leyes de Partida como libro de 
texto para sus es<íuelas. Quizá este mismo pensamiento había te- 
nido el Rey Sabio; y esto robustecería la conjetura de que el pro- 
fesorado de Salamanca tuviera mano en la redacción de aquel 
importante Código, mejor acogido en Portugal que en Castilla, 
donde le perjudic(') la politico-nianía, la cual, entonces como aho- 
ra, enconaba todo cuanto llegaba á tocar con sus manos de 
arpía. 

Echase de menos la teología entre lasasignatui-as de la Univer- 
sidad naciente; pero como esta enseñanza, y algunas otras asimi- 
ladas á ella, estaban en los conventos de San Francisco y Santo- 
Domingo, no fué necesario crearlas en la Universidad. Lo mismo 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOHIIE INSTRUCCIÓN IM lU.ICA. HV.l 

sucedía en Salamanca, donde la teología no entró .í formar facnl- 
tad hasta principios del siglo xv, ó sea el año I i 10. Pregunta el 
Sr. Da Costa: ¿cómo no se opuso el clero ;l que se llevase á cabo 
aquella secularización de la enseñanza cu Goim])ra, y autos I.- 
prestó su auxilio? 

Lo primero sería saber si hubo tal secularización^ y eso depen- 
derá de la significación que se dé á esa palabra. El Sr. Da Costa 
supone, pero no prueba, que los estudios monásticos anteriores 
eran cerrados; y llama secularización, no al alejamiento completo 
del clero y de su inüuencia en la enseñanza, sino sólo al hecho 
de ser públicos los estudios fuera de conventos, y no para clérigos 
solamente. Aun cuando fuesen cerrados los estudios, ¿cómo el 
clero se había de oponer á que estos fueran públicos, cuando 1<> 
eran en Salamanca y Valladolid, á las puertas de Coimbra, y pú- 
blicos igualmente en Lérida para la Corona de Aragón? ¿No eran 
piíblicos en París y Bolonia, modelos entonces de estudios gene- 
rales? El clero vio en ello una cosa buena y íitil, y lo apoyó, como 
apoyaba entonces todo lo bueno. Pero elSr. Da Costa no ve siem- 
pre en el clero más que lo que veía D. Quijote en los monjes be- 
nitos, encantadores malignos, endriagos, malandrines y robadores 
de doncellas andantes. El clero, para el Sr. Da Costa y todos los 
de su escuela, ó mejor dicho secta, es siempre el astuto y rapaz 
leopardo, adversario de la humanidad, que describe San Pedro: 
tamqiiam leo riigiens circuit quxrens quem devoret. El Quijote 
moderno que llega á infatuarse coa esa idea fija, hará siempre de 
las suyas; y bien sea que tope con unas señoras que van en coche 
por un camino, ó con la comitiva de un cuerpo muerto, ó con una 
rogativa piadosa que llevare en andas á la Virgen de los Dolores, 
siempre hallará á mano un fraile á quien tirar una lanzada, un 
bachiller ordenado de menores á quien derribar de su muía, ó un 
cofrade disciplinante á quien romper la cabeza si no enarbola ;i 
tiempo la horquilla. Y no servirá gritarle como Sancho— « ¿Ad<3n- 
de va, señor? ¿qué demonios lleva en el pecho que le incitan á ir 
contra nuestra fe católica?» porque el fanático moderno respon- 
derá al punto— «¡Para conmigo no hay palabras blandas, que yo 
ya os conozco, fementida canalla!» 

Si el historiador no respeta las intenciones ajenas en casos don- 



104 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA. 

de no consta que obrara mal, y antes aparece que se obró bien, 
¿tendrá derecho á reclamar que se le respete á él? 

Cita luego el Sr. Da Costa las prohibiciones de estudiar Dere- 
cho y Medicina impuestas á los clérigos en el Concilio de Reim? 
(1131), de Letran (1139, fecha de la inauguración de la monarquía 
portuguesa), de Tours (11G3), la Decretal de Honorio III (1211), y 
la de Honorio lY.en 1285. Acumula á Inocencio IV haber in- 
tentado prohilür el estudio del Derecho romano (1245), vulgari- 
dad tomada de Savigny (1), pues el querer cohibir el abuso y exa- 
geración de una cosa, ó de una institución, no es prohibir el buen 
uso de ella. 

Para disculpar que no hubiese matemáticas en Coimbra, no pu- 
diendo echar la culpa de esto al clero, dice el Sr. Da Costa «que 
estaban as sciencias mathematicas ainda entenebradas na Euro- 
pa.» No estaban muy lejos de Portugal los autores de las tablas 
Alfonsinas, que no se redactaron sin grandes conocimientos ma- 
temáticos. Y en tal caso ¿á qué queda reducida la ampulosa frase 
con que principia el capítulo hablando la moderna jerga periodís- 
tica? «Fundouse a Uuiversidade; respondendo assim ao apello da 
Europa (la de las tinieblas 'parciales), mostramos que perteniamos 
ao progreso, e que tomavamos o nosso logar no banquete da ci- 
vilisacao contemporánea.» • 

No quisiera ver la figura retórica y positivista del banquete 
unida á la idea nominal del progreso, y más tratándose del si- 
glo XIV, en que se degeneró de los grandes adelantos del siglo ante- 
rior. A pesar de eso insiste el Sr. Da Costa en la idea progresiva 
del siglo XIV, dando como tal la introducción de la escuela de los 
glosistas acaudillados por Bartolo, cuyas elucubraciones introdu- 
jo en la nueva Universidad el jurisconsulto Juan de las Reglas 
(.Toaó das Regras); pero no es de extrañar que en Portugal sepro- 
gi'esara entonces, pues al fin D. Juan I era un rey popular. Ex- 
cusado es decir que el autor que miró como moda del siglo xii 
combatir á los musulmanes y revindicar el territorio usurpado, 
hal)la aquí con énfasis de la batalla de Aljubarrota, 

En cambio apenas da ul autor dalo alguno sobre el estado de la 

(1) Savigny, Tlist»i,r dvdroit roniain au mayen óge; t. 1.. cap. 21. 



DIGlAMIiN DE LOS LIBROS SOBUE INSTiaCClÚN PLIM.ICA. 105 

instrucción popular ni nacional en los siglos xv y primera mitad 
del xvi; y no porque Portugal no pueda figurar dignamente eii la 
historia del renacimiento literario y del desarrollo de la instruc- 
ción en aquel tiempo. Pero en cambio no escasea las vulgarida- 
des que se dicen á cada paso sobre el Santo Oficio, expulsión de 
los judíos, inutilidad de los descubrimientos marítimos y esteri- 
lidad do sus hazañas, deplorando que los portugueses, tan gran- 
des mareantes, no supieran ser buenos mercaderes. Podrán estas 
cosas ser más ó menos ciertas, pero no vienen al caso, ó llegan 
traídas por los cabellos. 

De pronto, a mediados del siglo xvi, anúblase el sol de ¡Portu- 
gal. Preséntase una nube en'el horizonte (pág. 79i; y aumino al 
pronto parece nube, luego se ve que es «un bulto sombrío fon 
pasos firmes e vagorosos.» Lo de siempre: ¡qmerens quetu devoren 
El buli.o sombrío, cuyos pasos son firmes, y á pesar de eso vago- 
rosos, ya se deja comprender quien es. Ya no es el gigante bene- 
dictino: ya pasó también la batalla délos carneros. Es el Bachiller 
Alonso Lo])ez de Alcobendas, que viene de Baeza con otros once 
curas enlutados, murmurando una salmodia en voz baja y com- 
pasiva, y acompañando un cuerpo muerto; y, sino es el Bachiller 
Alonso López de Alcobendas, es el Padre Simón Rodríguez, com- 
pañero de San ígnacio de Loyola. El bulto sombrío es... digá- 
moslo de una vez... ¡el jesuíta! 

Los jesuitas cometieron desde mediados del siglo xvi, el crimen 
imperdonable de dedicarse á la segunda enseñanza, en la que ha- 
bía poco que usurpar, pues si había en Salamanca un Brócense, 
en Alcalá un Fernán Nuñez el Pinciano, y en Evora un Andrés 
Resende, en cambio de estos genios felices, y esplendentes excep- 
ciones, pululaban por todas partíis los dómines, como el licencia- 
do Cabra y otros de menguado recuerdo, contra quienes se dio la 
pragmática de Garlos V prohibiendo establecer estudios de latini- 
dad sino en las grandes poblaciones. • 

Don Juan III comete la torpeza de entregar á los jesuitas la 
dirección del Colegio de Artes y de las escuelas de Humanidades 
en Goimbra, año de 1555. Convendrá saber si esta herencia fué 
cedida, como dicen los juristas, á beneficio de inventario, y en 
todo caso convendría conocer éste para saber lo que heredaron. 



106 boletín de la re¿l academia de la historia. 

pues si el derecho da en tales casos la acción expilatx hcereditatis 
también hay casos de solutio indebiti, cuando el heredero tiene 
que pagar más que lo que recibió oh Jatitans xs alienum, en 
cuyo caso la herencia deja arruinado al pobre heredero. 

Convendría pues saber qué tal estuvo el Colegio de Artistas en 
Goimbra, y sí éste ganó ó perdió bajo la mano de los jesuítas. El 
Sr. Da Costa no se molesta en darnos estos pormenores, sin los 
cuales no se puede fallar esa causa con acierto. Pero no debia ser 
mucha la concurrencia, cuando, por sugestiones de la reina Doña 
Catalina, se mandó en 13 de Agosto de 1561, que no pudieran los 
estudiantes matrií^ularse en las facultades de Leyes y Cánones sin 
presentar certificación de haber cursado Artes y en aquel Colegio. 
Esta picardía tenía por objeto someter los estudiantes á los profe- 
sores del Colegio y la Universidad «ficava enfeudada aos jesuí- 
tas.» ¡Mal pecado! y lo peor es que esa picardía continúa aún ejer- 
ciendo su maléfica influencia, pues hoy es el día en que en Espa- 
ña no se permite á ningún estudiante matricularse en Leyes sin 
presentar certificaciones de haber cursado Artes en un Instituto, 
porque siendo las nociones que aquí se aprenden fundamentales 
deben preceder al estudio de las ciencias, por la misma razón por 
la que los arquitectos echan los cimientos antes de hacer el tejado. 

El Cardenal Regente D. Enrique creó el Colegvp de Evora en 
1.554 (pág. 75, línea segunda), si bien luego (á la pág. 79), se da el 
año 1551 por fecha de su creación: puso el fundador su colegio 
en manos de los jesuítas, creando así una Universidad «que po- 
desse competir com a de Coimbra,» como dice el P. Baltasar Te- 
llez. Si no mediaran los jesuítas, esta emulación y rivalidad litera- 
ria hubieran parecido una cosa muy notable y sencilla. Cisneros 
había creado en Alcalá una rival á la de Salamanca, y nadie le 
ha echado esto en cara como una picardía usurpadora. Según 
las leyes de la economía el crear una competencia, ó si se quiere 
(ipncurrencia, es siempre útil al público; y por lo tanto el que- 
brantar el monopolio universitario de Coimbra se hubiera mirado 
siempre como un beneficio, á no mediar el instituto de la Com- 
pañía. 

I*ara mayor dolor el Papa Paulo IV, confirmó la Universidad 
de Evora en 18 de Setiembre de 1558. La reina Regente Doña Ca- 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PLULICA. 107 

talina cometió lambióii la torpeza de coulinnarla en I55>, y en -21 
do Julio la equiparó ú la de Goimbra. San Pío V, ¡<inó horror! 
le concedió fuero académico, pues así llamahan las ^'.Mites esa 
exención de la jurisdicción ordinaria y de la jurisdicción Real 
que tanto asusta al Sr. Da Costa, hasta el punto de obligarle ;í 
exclamar: «¡Dito esto, está dito todo!') 

Y en efecto, por parte del autor no queda más que decir. Ksi 
invasión que tanto asusta al historiador portugués, pasaba enton- 
ces en unas diez y seis universidiides nuevas fundadas en Es[»a- 
ña: En Alcalá, Toledo, Sevilla, Santiago, Oviedo Granada, Gan- 
día, Baeza, Pamplona, Almagro, Osuna, Ávila, Zaragoza y hasta 
en Méjico, Lima y Manila; y los españoles, gente de suyo asusta- 
diza en materia de fueros y exenciones, no se alarmaban por se- 
mejante acuerdo. 

Además, si la Universidad de Goimbra gozaba del fuero aca- 
démico, una vez creada la de Evora, la igualdad legal exigía que 
se diese á ésta, ó se le quitase á aquélla. 

Entra luego el Sr. Da Costa á tratar de la perniciosa intluencia 
de la Universidad de Evora, mostrándose muy poco partidario de 
la libertad de enseñanza en nombre de la libertad; y pretende 
que todo lo malo que sucede entonces y la decadencia de todos 
los elementos sociales en el siglo xvii se deben á esta causa. Es 
más, los reyes Felipes sostuvieron la Universidad de Evora, y 
f/!/a se ve.' j lo hicieron con el mal tin de avasallar á los por- 
tugueses y esclavizarlos por medio de la Compañía de Jesús. 
¿Tendría también la Universidad de Evora la culpa de la gran 
postración en que cayó España en aquel desdichadísimo si.í^loy 

Los grados eran más baratos en Evora ijue en Coimbra: y 
esta mala maña jesuítica aumentó, dice, los estudiantes y gra- 
duados en Évora. A la verdad, en un país donde hay dos Uni- 
versidades, por fuerza se habían de robar estudiantes la unaá la 
otra; y si obtenían destino los graduados de un claustro los iia- 
bían de quitar á los del otro, á no ser que se graduaran con el 
santo fin de morirse de hambre, ó hacer el cuarto voto, como los 
jesuítas, votum non amhiendi. 

Las pruebas de que con el método de enseñanza de los jesuí- 
tas no se puede educar bien, están, según Da Costa, en la regla 



108 boletín de la real academia de la historia, 

misma de los jesuítas; y con tolo, los jesuítas con ese perverso 
método sacaron discípulos eminentes en todas partes del mundo; 
y hoy es el día en que la gente tiene la manía de llenar sus co- 
legios, siendo preciso cerrárselos á la fuerza, y atropellarlos en 
nombre de la libertad de enseñanza, y hasta expulsarlos de algu- 
nos países, bien sea en nombre del orden y de la monarquía 
como en España, ó bien de la libertad y la república como en 
Suiza, yes más, aplaudiendo estas expulsiones, como las aplaude 
el Sr. Da Costa, que deploró algunas páginas antes la expulsión 
de los judíos de Portugal. ¡Cuan mezquinos han de encontrar- 
nos en nuestras apreciaciones políticas los críticos de las gene- 
raciones que vendrán en pos de nosotros, y cuan inconsecuentes 
á cada paso! 

Acusa el Sr. Da Costa á los jesuítas de haber rebajado el estu- 
dio de la Teología en Portugal, barajando el estudio de los esco- 
lásticos con el de los Santos Padres. Pero entonces ¿qué alega con- 
tra Santo Tomás y su guía Pedro Lombardo, también adicto á los 
Padres? ¿Y quién le ha dicho al Sr. Da Costa que la Teología es- 
colástica y la patrística se estorban mutuamente? Lo contrario 
es lo verdadero; ni la una ha de andar sin la otra. 

Por de contado que la ida del célebre Suarez á Coimbra para 
reformar y levantar aquella Universidad no le merece ni un re- 
cuerdo: mejor es, pues con eso economiza una diatriba contra 
aquel sabio y eminente personaje. 

Los jesuítas, dice, tuvieron también la culpa de la decadencia 
de las ciencias exactas y matemáticas en Portugal. De lo mismo 
se les acusa neciamente en España. La creación de los estudios 
de San Isidro en Madrid tuvo por objeto fomentarlas, por lo mal 
que estaban en las universidades mayores y menores, en algu- 
nas délas cuales ni había jesuítas ni tenían estos las cátedras de 
ciencias, ni gozaban de gran influencia, como sucedía en Alcalá 
y Salamanca, donde los dominicos, agustinos y franciscanos neu- 
tralizaban la influencia de aquellos en todos conceptos. El estu- 
diar la historia de un país, ó de una institución de un modo ce- 
rrado, y sin mirar á la historia general y á los países é institu- 
ciones afines, expone siempre á estas apreciaciones inexactas. 

A la página 82 parece inclinarse el Sr. Da Costa á la libertad 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBUK INSTll i;c.CIÚN PÚPLICv. ln'.l 

de enseñanza al vituperar el monopolio de la uiiivcrsid.id d.; 
Évora. Pero ^;no había aplaudido antes el de Goimhra y acusado 
á los jesuítas por querer eximirse de él? Al decidirse por un 
sistema hay que aceptarlo con todas sus consecuencias, con sus 
ventajas y sus inconvenientes. 

El llamado monopolio universitario tiene muchas de aquellas 
y no poco de estos, como sucede con todas las cosas humanas. 
En él se resumen las teorías del individuo y do la colectividad, 
del copiante y de la imprenta. El individuo har;í una cosa pri- 
morosa y rara, pero cara como los trabajos de copia y miniatura 
de la Edad Media; pero la máquina la reproducirá por milla- 
res en menos tiempo y la pondrá al alcance de todas las foi- 
tunas. 

La Universidad eS la máquina, es la compañía de muchos y 
variados enseñantes. El privatim docens es el brazo, el individuo, 
el capital aislado, el copiante de la Edad Media. Si es hombre d(^ 
mérito, en tres ó seis años sacará media docena de discípulos 
aventajados, pero estos no serán los pobres, no serán los hijos 
del pueblo: serán ricos que les paguen 8.000 ál 2.000 reales cada 
uno: el hijo del pobre, del comerciante, del hombre de la clase 
media, encontrará por una onza de oro al año doce profesores 
que le enseñarán mucho más. A esto se llama á veces monopolio 
universitario. 

Lamenta el Sr. Da Costa que Andrés Resende tuviera que ceri-ar 
su escuela de Humanidades en Evora. Pero aquel célebre huma- 
nista la cerró porque quiso, pues se hizo en su obsequio una ex- 
cepción honrosa. ¿Y cuántos Resendes había entonces? La ense- 
ñanza del colegio no se da bien sino por comunidades y compa- 
ñías, ora las guíe la caridad, ora las impulse el interés, los dos 
grandes motores de las empresas colosales ó arriesgadas. La glo- 
ria, fuera de la del cielo, hay que admitirla en las empresas con 
cuenta y razón, y á cargo y data. 

Entre tanto el Sr. Da Costa al escribir su historia de la ins- 
trucción popwíar nada nos ha dicho del pueblo ni de su instruc- 
ción y cultura. El mismo se reconviene por ello al concluir el 
período que podemos llamar de historia antigua en su libro (pá- 
gina 91.) «¿E o povo preguntarao? A educa(;aü nacional é do que 



lio BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

principalmente nos occupamos.» Con perdón del autor, la nacio- 
nal es del otro libro de que hablaremos luego. 

Es lo cierto que en las 90 páginas primeras dedicadas á estu- 
diar el desarrollo de la instrucción popular de Portugal desde prin- 
cipios del siglo XII á mediados del siglo xvni nada se nos ha di- 
cho de escuelas populares, sino solo dos líneas para rebajar la 
importancia de las parroquiales en el siglo xiii y de la piadosa 
solicitud de Gregorio IX. La historia se ha reducido en su mayor 
parte á combatir á los jesuitas. Mas, ¿cómo estos, que lo monopo- 
lizaban todo en Portugal á pesar de la terrible influencia inglesa, 
necesaria allí para sostener la independencia contra Castilla, no 
cuidaron de aiJoderarse de la enseñanza de las turbas populares? 
«A Companhia que, nfio se esquecia de elemento algún, deslem- 
brarse ha do ensino das turbas?^) El autor responde categórica- 
mente: «As turbas n5o forem esquicidas.» 

La respuesta es terminante: los jesuitas descuidaron en Portu- 
gal la enseñanza del pueblo. Eso no libra de cargos al Estado, ó 
mejor dicho al Gobierno, pues la enseñanza del pueblo no es un 
derecho, sino es un deber que tiene éste que atender, si no lo sa- 
tisfacen la caridad cristiana ó el interés particular, relevándole del 
cumplimiento de esta obligación sagrada. Pero la solución del 
Sr. Da Costa para poner en relieve esta falta jesuítica es peregri- 
na. Los jesuitas, dice, absorbían también la predicación en Por- 
tugal, y por medio de jubileos especiales y funciones de cuarenta 
horas, atraían la gente más que los otros frailes, y de ese modo 
lograban atraerse las turbas y educarlas á su modo. 

¿Pero qué? ¿Aprendía la gente en Portugal á leer y escribir en 
los jubileos y en las cuarenta horas? Por lo visto los jesuitas de 
ahora han perdido el secreto. Es preciso leerlo en el original 
para dar crédito á tan estupenda noticia. «O sistema assim reali- 
zado (el de los sermones) absorbía por una especie de insiruccao 
primaria (nota henej as classes populares, abrangendo todo o 
circulo da instruccflo. Era a dominacao sobre o paiz» (pág. 91'. 

Ya lo oye la Academia: el sermoneo jesuítico en Portugal era 
una especie de instrucción popular que abrazaba, no como quiera 
la educación moral y la religiosa del pueblo, efectos naturales de 
la predicación, sino algo más, mucho más que esta educación, la 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. lii 

instrucción del pueblo en su parte intelectual y todo el círculo 
de la instrucción primaria: aAhrangendo todo o circulo da ins- 
trucao.y> Son palabras textuales ala pág. 91 del libro; y es más. 
esto venía í\ instituir una dominación universal. 

¿Pero no predicaban los otros curas ó frailes? ¿O era que estos 
no estaban en el secreto de enseñar el deletreo, cuentas y jtalotes 
en las cuarenta horas':* Según eso, en los siglos xvii y .wiii no 
había absolutamente en Portugal escuelas de instrucción prima- 
ria. Una de dos; ó las había ó no: si las había ¿porqué no lo dicei' 
Si no las había, el Gobierno faltaba á uno de sus deberes más sa- 
grados é indeclinables. 

Excusado es decir que el Sr. Da Costa toma cslfl noticia dema- 
siado candorosamente de los escritos con que algunos frailes eii 
el siglo pasado daban á los jesuítas la coz del asno. Sucedía en- 
tonces, y aun sucede ahora, que los holgazanes encubren su in- 
dolencia llamando intrigas, osadía y petulancia á la actividad de 
los que trabajan. Un jesuíta da misiones en un pueblo; logra 
reanimar su fe y la frecuencia de Sacramentos, la desaparición 
de la blasfemia, y encarga el sostenimiento de este fervor á los que 
deben procurarlo de continuo y por obUgación: á los tres meses 
se ha perdido todo el fruto, y para disculparlo nunca falta quien 
llame al jesuíta entremetido, intrigante y declamador importuno. 
En fuentes por ese estilo ha bebido el Sr. Da Costa. 

Si las noticias que nos da son exactas y lo que calla es porque 
no existía, resulta que en Portugal no había escuelas donde edu- 
car, no como quiera al pueblo, pero ni aun á la clase media; y 
que los portugueses eran entonces de peor condición y más atra- 
sados que nuestros indios. La demostración es evidente. A estos 
les enseñaban á leer y escribir, sin perjuicio de sermonearles los 
misioneros, no solamente jesuítas, sino frailes de otros institutos. 

Hace pocos años que ha sido demolido por la revolución en 
Méjico el local donde estuvo la primera escuela que bulto en 
América, y eso á los pocos años de la conquista, en el convento 
de San Francisco, regida por Fr. Pedro de Gante. Allí fué donde 
se dieron las primeras lecciones de leer y escribir en el conti- 
nente americano. 

El Sr. D. Manuel Castellanos trituró en 18G5 las calumnias 



112 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

que contra la dominación española en Méjico había vertido el 
Ministro D. Manuel Silicéo, acusando á los españoles de haber 
descuidado en Méjico la educación de los indios y la instrucción 
pública, favoreciendo intencionalmente la ignorancia. Asombra 
lo que allí hicieron los españoles por la instrucción pública. Con- 
cluida la conquista en 1521, ya había algún colegio en 1525, el 
de San Juan de Letrán en 1529, y el de San Pablo para indios e» 
1533. El Sr. Castellanos prueba hasta qué punto son todavía los 
aborígenes del país refractarios á todo progreso; y que si los in* 
dios no aprendieron más fué porque no quisieron, y porque harto 
les costaba íi los españoles lo que aprendieron. 

El Sr. Barrantes, en su discurso de recepción en esta Academia 
nos ha pintado á nuestros piadosos misioneros en Filipinas en- 
señando á los indios desde los primeros días, y por métodos tan 
sencillos, que les hemos visto con asombro adelantarse al decan- 
tado sistema Lancasteriano. 

¡Y cuánto trabajo, y cuántos halagos y amenazas no tienen 
que emplear hoy todavía nuestros misioneros para obligar á los 
tagalos á frecuentar las escuelas! ¿Se culpará por ello algún día 
á los frailes españoles? Es muy posible. 

Buenas ó malas teníamos en España multitud de escuelas de 
instrucción primaria en casi todos los pueblos. Los escritores de 
los siglos XVI y svii hablan siempre del maestro de aldea como 
de una persona que no puede menos de haber en el pueblo. 

En los conventos de Agustinos y Franciscanos solía haber 
escuelas de instrucción primaria y de latinidad: de filosofía y 
teología solían tener, no solamente estos sino también los Domi- 
nicos, Mercenarios y Carmelitas. 

Sabida es la pregunta del Emperador Garlos V. Cuando quería 
saber el estado intelectual, moral y económico de un pueblo; 
preguntaba por los que llamaba los tres Pres. «¿Qualis prcetor? 
¿Qualis prxceptor? ¿Qualis preshyter?» — ¿Qué tales son el alcal- 
de, el maestro y el cura? El Emperador no calculaba que pudiese 
haber pueblo sin maestro, como sin cura; señal cierta de que lo 
común, lo general, lo corriente, era que lo hubiese en todos los 
pueblos de España. 

Es más, la exuberancia de escuelas de latinidad supone una 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 113 

multitud de escuelas de instrucción primaria, pues ¿cómo apren- 
dería latin en España el que no supiese leer y escribir? Pues bien, 
la multitud de establecimientos literarios y de latinidad se llegó 
á considerar como perjudicial al Estado, y como tal la denunció 
el canónigo Navarrete en sus discursos políticos ;í Felipe III, 
donde dice: «Débese ponderar que en tan corta latitud como la 
que tiene España, hay 32 universidades y más de 4.000 estudios 
de gramática, daño que va cada dia cundiendo más, habiéndose 
varias veces pedido el remedio y últimamente en las Cortes de 
Madrid del año 1616». 

Hay, pues, un contraste terrible entre la exuberancia de Espa- 
ña y la penuria de Portugal según el Sr. Da Costa. 

Pero es mayor el contraste si se tiene en cuenta que España 
tuvo el honor de haber dado á Italia uno do sus hijos predilectos, 
noble por su casa y aun más por sus hechos, que se dedicó en la 
misma ciudad de Roma á educar é instruirá los niños, y no como 
quiera, sino á los niños del pueblo, pobres, perdidos y andrajosos; 
y él mismo, dejando su prebenda y su pingüe patrimonio, se li- 
tuló, é hizo á sus hijos titularse clérigos pobres de la Madre de 
Dios; y pobres han sido y pobres son, en términos que al ocu- 
parles todos los bienes fructíferos que poseían en España, el año 
1855^, ascendían á la mezquina cantidad de 40.000 duros, según 
declaró en las Cortes el Sr. Madoz, que, con todo, opinó que no 
se hiciese excepción á favor de ellos, como no se hizo. 

Lo que hacían los escolapios de España, lo hacían los betlemi- 
tas en Méjico. Si en España se fundaban por Felipe II los cole- 
gios de Loreto y Santa Isabel, para educación de niñas, y el de 
doncellas en Toledo por el cardenal Silíceo, y á su imitación sur- 
gían en Madrid los de San Antonio y de Leganés por la caridad 
de las corporaciones ó de la aristocracia, y otros muchos aunque 
menos conocidos por toda España; en Méjico la cofradía de la ca- 
ridad creaba en 1538 un colegio para niñas, que duró hasta 1862, 
en que fué despoblado y vendido á nombre de la libertad y del 
amor.al pueblo. No era este colegio el único para niñas, pues 
había otro para niñas pobres en Salto del Agua, otro fundado por 
los jesuítas en 1633, otro por los betlemilas para la educación de 
niñas indias, el de las vizcaínas fundado por tres vascongados, y 



114 boletín de la real academia de la historia. 

otros varios en conventos de monjas, que sería prolijo citar, y que 
acreditan la piadosa é inteligente solicitud de los españoles para 
la educación no sólo de los niños sino también de las niñas del 
pueblo y de la clase media, tanto en la Península como en sus co- 
lonias. A vista de estos datos acerca de la cultura ó instrucción de 
los indios españoles y del rebajamiento intelectual de Portugal, 
que resulta de la obra del Sr. Da Costa ¿es ó no es cierto que el 
pueblo portugués se hallaba en el siglo xvii por bajo del nivel de 
los indios de Nueva España? 

Si esto no es cierto, como no creo que lo sea, si esto lastima el 
orgullo nacional del noble pueblo portugués, ¿tendrá la culpa de 
ello ningún extranjero, ni la tendré yo al decirlo y probarlo i* 
Repito que no lo creo, pero vuelvo á mi dilema irrecusable y 
contundente. Si había más ¿por qué lo oculta el Sr. Da Costa en 
perjuicio de su patria á trueque de maltratar á los jesuitas? sino 
había más que lo dicho por el Sr. Da Costa, ese rebajamiento 
moral será doloroso, pero será cierto. 

Tres páginas dedica éste á tratar de la reacción literaria obrada 
en la primera mitad del siglo pasado y en contra de los jesuitas; 
y todo ello se reduce á hablar acerca de las cartas del Barbadiño 
sobre el método de estudiar, cartas que aplaude el Sr. Da Costa 
por estar escritas en contra de los jesuitas, y que rebatió nuestro 
festivo P. Isla en su Gerundio. Preciso es confesar que las cartas 
del Barbadiño eran un adelanto para su tiempo, pero también 
debe advertirse que, al lado de esos adelantos, había errores tras- 
cendentales. Más importante fué la creación de estudios de se- 
gunda enseñanza, por D. Juan V, en el hospicio de las Necesi- 
dades, por decreto de 25 de Enero de \~i2o, y á cargo de los pa- 
dres del Oratorio de Jesús. 

Desde los tiempos de Pascal, Quesnel y otros corifeos del jan- 
senismo en Francia, los oratorianos pasaban por ser enemigos 
capitales de los jesuitas. ¡Cosa rara! El P. Daubentou, jesuíta y 
confesor de Felipe V, obtenía de este por entonces los fondos 
para construir el Noviciado de la Compañía en Madrid. A la ex- 
pulsión de ésta en 1767, se dio á los padres del Oratorio, y an- 
dando el tiempolia venido á erigirse allí la Universidad Central 
d3 E?paüa. 



DinXAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 115 

Los oratorianos no obtuvieron por entonces que se diese eu 
Portugal valor académico á sus certificaciones de estudios, \nivo 
sin embargo, lo consiguieron, por decreto de 3 de Setiembre 
de 1747. 

Con esto concluye en cien páginas la Historia de la Instruc- 
ción popular de Portugal en el período de GOO años; reducido casi 
todo ello á una diatriba tardía contra los jesuítas y nada de las 
escuelas en que se educaba el pueblo, ora ponjuc uo las hubiese, 
ora porque no se haya investigado su existencia. Con razón llama 
á esto su autor un bosquejo ú esbozo. «No presente esbozo de cii- 
íiino público, nao é intencSo nossa julgar á Gompanhia de Je- 
sús... encontrárnosla no nosso camino.» Es lo que le sucede á un 
vapor de guerra que pasa de ojo á un buque mercante: enconti'ó- 
iselo en su camino. 

A la escasez de datos respecto de los tiempos antiguos, sucede 
la abundancia respecto de los modernos, y á las diatribas contra 
ios jesuítas, los elogios hiperbólicos del marqués de Pombal, que 
los expulsó de los dominios portugueses. Esto era consiguiente: 
« A uacao sa dar exemplo do que é o corpo de un pigmeo com 
a alma de un gigante.» Muy bien dicho en lo del alma de la na- 
ción portuguesa. Mas, ¿porqué el cuerpo ha de ser el de un 
pigmeo? Eso sería bueno á lo más para las repúblicas de San 
Marín y Andorra. 

Cuarenta páginas dedica á las reformas ejecutadas por el mar- 
qués de Pombal: no todo ello es relativo á la enseñanza. Negar 
que por entonces se hicieron cosas buenas, se reformaron abusos 
y se mejoró mucho la enseñanza, sería faltar á la verdad y cerrar 
los ojos á la luz. De la reforma universitaria de Portugal pode- 
mos juzgar por las que entonces se hicieron en España, las cuales 
fueron coleccionadas en tres tomos en folio por las universidades 
de Alcalá y Salamanca. 

Aparte de las noticias políticas contenidas en a(]uellas 40 pági- 
nas y de lo relativo al absolutismo ilustrado de Pombal, los da- 
los que encontramos relativos á la educación popular son tan 
escasos que están comprendidos en dos páginas: las mejoras in- 
troducidas en ésta, se reducen al establecimiento de una mesa 
censoria para los maestros, provisión de escuelas por concurso, 



116 boletín de la real agadExMia de la historia. 

establecimiento de una escuela en cada centro local, y de una 
contribución para sostenerla. 

La mesa censoria matando el monopolio jesuítico, organizaba 
en esta parte por primera vez el elemento fundamental del Esta- 
do (pág. 105). 

Por los concursos los maestros iban á ser en adelante maestros 
reales (mestres regios)^ dejando de estar ligados á una profesión 
que se miraba como mechanica, ¿será esto cierto? 

Para el sostenimiento de las escuelas, imponía el marqués de 
Pombal, por un albalá de 6 de Noviembre de 1772, una contribu- 
ción sobre el vino, aguardiente y vinagre. Era el modo de que 
los sobrios educasen á sus hijos gratis, y los borrachos cogieran 
aún más horror á las escuelas. 

Fundábase la nueva reforma de la enseñanza en la convenien- 
cia de aprovechar las primeras edades para inspirar en ellas prin- 
cipios morales y sociales. Supongo que el Sr. Da Costa no preten- 
derá pasar esa vulgaridad por un descubrimiento portentoso del 
marqués de Pombal, aunque los términos en que lo indica pare- 
cen suponer que, al fundar sobre él, era como quien edifica de 
nuevo. 

La idea de instituir el catecismo de Montpeller como libro para 
enseñar á leer en vez de los procesos judiciales que se usaban en 
las escuelas primarias, no da idea del estado de estas. ¿Quién 
creería que los jesuítas enseñasen á leer por medio de la enreve- 
sada letra procesal? En España, no há muchos años, que en al- 
gunos rincones apartados y pobres montañas se aprendía á leer 
con procesos, pero esto era una ridicula excepción y agraviaría 
á nuestro país quien lo mirase como regla, pues cuesta más, y 
costaba en el siglo pasado, encontrar un proceso que encontrar 
un libro. Además, los procesos se daban á los niños que ya de- 
letreaban y leían algo en letra de molde. De lo que sucedía en 
España todavía en algún lugar á mediados del siglo xix, podre- 
mos inferir lo de Portugal hace cien años. 

Los jesuítas portugueses, nada inferiores á los de España en 
saber y riqueza, ¿ habían de carecer de libros para enseñar á los 
niños, dado caso que ejercieran ese monopolio, que afirma el 
Sr. Da Costa, pero que no prueba ni yo creo? 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOBRE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 117 

Viene también en 1772 la creación de las facultades de mate- 
máticas y filosofía en Goirabra por los estatutos de aquel año, y 
t¿mibién la creación de Museo, Observatorio, Jardín Botánico y 
otros establecimientos análogos en la famosa «cidade do Modego,» 
y estos estatutos son mirados como «a primitiva constitucao libe- 
ral de este paiz.» Mucho decir es para unos estatutos universita- 
rios y mucha influencia sobre la organización política del país. 
De temer es que esta hipérbole, figura usual en la parte meri- 
dional del país, como aquel nuestro, haya que juntarla con el no 
menos exagerado desprecio del derecho patrio portugués, que ca- 
lifica desdeñosamente Da Costa de legislacao harharisada, sobre 
cuyas cenizas vino á sentarse el principio de la equidad y de la 
razón por la ley de 18 de Agosto de 17G9. 

También á nuestro derecho antiguo, y sobre todo al foral, se le 
ha considerado por algunos como bárbaro, al paso que otros prin- 
cipian á dar en la manía de enarnorarse de su profundo saber y 
cultura. Es cuestión de gustos y de opiniones. 

Para sacar do su postración á las ciencias naturales y matemá- 
ticas, tuvo el marqués de Pombal que enviar á buscar á Italia 
profesores, viniendo al efecto Fransini, el abate Branelli y otros 
que cita el Sr. Da Costa (pág. 111). Y aquí me ocurre una obser- 
vación. En Italia brillaban por entonces muchos jesuítas expul- 
sados de España, despreciados aquí y apreciados allá, escarneci- 
dos por los gobiernos católicos, y acogidos y llamados por el es- 
céptico Rey de Prusia y la nada piadosa Czarina de Rusia. Entre 
ellos había también matemáticos y hombres sumamente eruditos. 
Nuestro compañero el Sr. D. Fermín Caballero, nos ha dado una 
preciosa biografía del expulso Hervas. Pero ¿era éste sóloí' 

Los monasterios y conventos secundaron este impulso según 
lo describe el Sr. Da Costa. ¿Qué indica esto? ¿La presión jesuí- 
tica anterior? 

En mi juicio indica sólo la falta de aptitud, energía, moralidad 
y talento en los gobiernos. Si el Gobierno portugués hubiera sa- 
bido cumplir con su deber cien años antes, hubiera sucedido 
en 1672 lo que en 1772; y frailes y curas y jesuítas, hubieran fo- 
mentado en alto grado las ciencias de experimentación natural; 
pero con Reyes haraganes ó imbéciles, y ministros malos como 



118 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Olivares y D. Juan el de la Galderona, es imposible que se des- 
arrolle en un país ningún elemento de grandeza estable y positi- 
va. Sucede lo que en las casas ricas, donde el marido es tonto, la 
mujer picara, y el mayordomo ladrón. Echar la culpa de los ma- 
les del Estado á los jesuítas, es lo mismo que culpar al confesor 
de que el mayorazgo sea tonto y duerma, de que su mujer derro- 
che y de que el mayordomo robe y no se confiese. Este ejemplo 
de la vida doméstica da la medida de las acusaciones políticas con- 
tra los jesuítas en España y Portugal. Los Reyes portugueses de 
los siglos XVII y XVIII, no supieron ni quisieron. Pombal supo, 
quiso y logró. No le quitemos el mérito en lo que hizo, pero re- 
duzcámoslo á debidas proporciones. Si le aplaudimos por lo bue- 
no y laudable, no le adulemos en todo elogiando ni aun ocul- 
tando lo malo; y con respecto á sus diatribas contra los jesuí- 
tas, recordamos la frase del cáustico ministro francés, Choiseul, 
que decía: El marqués de Pomhal lleva siempre en vez de anteojos, 
un jesuíta montado en las narices. El que cabalgaba en las de 
Pombal, debe haber transmigrado á las del Sr. Da Costa; y e& 
lástima. 

Con la escasez de datos y carencia completa de documentos, 
respecto á lo antiguo, contrasta la prodigalidad de los primeros 
en lo que concierne al siglo xrx: mezclados vienen aquellos coa 
no pocas noticias y observaciones acerca de las vicisitudes políti-, 
cas de Portugal en estos últimos tiempcs, y á la verdad, satura- 
dos como estamos los españoles de pronunciamientos, crisis, 
acciones, reacciones y otros excesos, no me he sentido con fuer- 
zas para arrostrar esas ciento diez páginas, en que el Sr. Da Costa 
hace la oración pro domo sua, con cierta fruición bien disculpable. 
Yo por mi parte, después de haber hojeado esas páginas, he crei- 
do, y Dios me lo perdone si me equivoco, que podía calcular las 
lindezas de los pronunciamientos de Portugal por la desenvoltura 
sin par de los nuestros. Si esto tiene poco que ver con la instruc- 
ción popular, en verdad que tampoco estos acontecimientos, ade- 
más muy sabidos, merecían ocupar lugar en el libro que pu- 
diera pasar muy íAen sin ellos. 

No debo dejar de consignar que el autor concluye su libro y 
apéndices con la cuestión ruidosa de la expulsión de las herma- 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOURE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 119 

ñas de la Caridad, á las cuales el populacho apedreó c^i Lisboa, 
en 1862. El Sr. Da Costa, dice que la cuestión fué política m.ls 
■ que de instrucción. Claro está que fué política, pero eso no quita 
que fuese un acto indigno de un pueblo que hace alardes de cul* 
tura y amor á la libertad. Cuando los salvajes se comen .1 los 
misioneros obran también por política, puc3 al fin esa es la polí- 
tica tradicional de su tribu; sobre que así se nutren. 

Las Cámaras con políticos no menos atrasados, propusieron y 
votaron una ley para que no se admitiesen más fundaciones que 
las de los institutos existentes en 1834. Aprobada en la Cámara 
electiva no llegó á sancionarse en la de los Pares, porque el Supe- 
rior francés de aquellas religiosas hizo que se embarcaran á bordo 
de un buque de su nación. 

En nuestro país, que se quiere pintar como más atrasado, las 
hermanas de la Caridad francesas no han recibido insulto nin- 
guno, á pesar de haber otras españolas, y en sus dos colegios de 
Santa Isabel y San Alfonso tienen aquellas en Madrid á su cargo 
más de 800 párvulos y niñas. Como en este juicio crítico me pro- 
puse no solamente examinar la obra del Sr. Da Costa, sino for- 
mar en lo que cabe un juicio comparativo entre la instrucción 
pública de aquel país, según la pinta este señor, y la del nuestro, 
á fin de tener útiles enseñanzas en esta materia, no he querido 
dejar de parangonar lo que sucede en ambos países al referirme 
á ese dato final de la historia portuguesa sobre la instrucción 
popular. 

Esta es, en resumen, y según habrán podido juzgar los señores 
académicos muy escasa y diminuta en la parte antigua, pro- 
lija en la contemporánea, carece de imparcialidad y elevación de 
miras, tiene casi por único objeto rebajar" en todo y por todo al 
clero y á los jesuítas; pero, con tan poco acierto, que, al rebajar á 
estos, rebaja la cultura general y social de su país, poniendo á 
éste por bajo de nuestros indios de América y Filipinas, según 
queda probado. Si esta pintura no es cierta, la culpa no es mía. 
Triste consecuencia es de la político-manía, que aqueja actual- 
mente á todos los escritores contemporáneos, con muy pocas ex- 
cepciones, haciéndoles llevar al campo de las letras y de la His- 
toria sus rivalidades y sus odios de secta y de partido. 



120 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Se podrá quejar el autor de que se le trate con poca tolerancia 
ó con rigor excesivo. No hay justicia como la justicia de Dios, y 
esta dice; «Con la vara con que midiereis seréis medidos.y> 

Tiempo es ya de pasar á decir algo acerca del otro libro del se- 
ñor Da Costa, que trata de la instrucción nacional, más política 
que histórica, y publicado anteriormente, ó sea en 1870. El au- 
tor ha querido consignar en este libro todas las ideas económi- 
cas, políticas y filosóficas que hizo bullir en su mente, ó compiló 
con su estudio, para elaborar su reglamento de estudios, ó refor- 
ma con aquella fecha; así como el de la popular, consigna los 
datos históricos que tuvo en cuenta con igual objeto. Por ese mo- 
tivo dije que ese libro no era más que la base del reglamento de 
estudios que dio el Sr. Da Costa por extenso en los apéndices. 

Y vuelve con este motivo la cuestión antes iniciada. ¿Por qué 
el Sr. Da Costa tituló Instrucción nacional á ese libro, en que se 
trata de apreciaciones generales sobre la enseñanza, comunes á 
todos los países y naciones, y que por tanto no son nacionales de 
ningún país, sino generales y comunes á todos? ¿Por qué llamó 
popular al liljro que trata de la historia de las universidades y 
colegios, en los que apenas se ha dado cabida á lo que más ó 
menos propiamente se llamó pueblo? ¿Por qué se ha dado este 
nombre al libro que apenas habla de la instrucción primaria, 
única que logra penetrar más ó menos en esas capas sociales in- 
feriores, que si no constituyen ellas solas el pueblo^ forman la 
casi totalidad de las masas populares?. No lo adivino. En todo 
caso, mejor pudiera llamarse nacional la historia que habla de 
las universidades, colegios y otros establecimientos públicos y 
de todas las enseñanzas, en todos los puntos y en todos los dife- 
rentes períodos hislóiiccrs de la nación, y dejar el título de Ins- 
trucción popular al libro que trata principalmente de la instruc- 
ción primaria y de los modos y medios de mejorar la cultura, 
educación é instrucción del pueblo en los diferentes aspectos so- 
ciales y de la acción ó gestión de los gobiernos con tal objeto. 

Hoy, señores, la palabra 2>ueblo, y el adjetivo popular^ como 
de moda, se aplican á todo: Patria, Nación, Constitución; y sus 
adjetivos patriota, patriótico, nacional, constitucional, quedan 
eclipsados y supeditados ,por la palabra pueblo. ¿Qué más? La 



DICTAMEN DE LOS LIHROS SOBIIE INSTRUCCIÓN PÚHLICA. 121 

Internacional, ese gran corredor, que viene ahora azotando y ha- 
ciendo ir de prisa á todos los que hacían alarde hasta el preseutr 
de avanzar mucho y de ejecutar evoKiciones y inovimieiitos rá- 
pidos, maldice ya de la patria y de las naciones, como de la fa- 
milia, de la honradez y de la propiedad; se propone quitar todas 
las fronteras, aspirando á un quimérico y grotesco cosmopolitis- 
mo, que en resumen no será sino un pasajero vandalismo, llov 
todos hablan del pueblo, y nadie sabe lo que es el pueblo: la de- 
finición que da el sabio de levita no le gusta al sabio de cha- 
queta. 

Pero veamos ya el libro del Sr. Da Costa sobre lo que llama 
instrucción nacional. 

Las ideas del autor en este libro son algo avanzadas, y aun á 
veces pasau de positivistas á parecer algo materialistas. Creo que 
se ha dejado llevar mucho de las ideas del ministro francés 
M. Duruy, algunas de las cuales han hecho fortuna por su mis- 
ma extravagancia. Gomo este asunto más bien corresponde al 
instituto de la Academia de Ciencias Morales y Políticas que al 
nuestro de la Historia, poco será lo que me detenga en su exa- 
men, reduciendo éste á pocas y ligeras ideas, pues tampoco la 
Historia puede prescindir por completo de la Moral y la Política, 
como no pueden estas prescindir á veces de lo que enseñan la ex- 
periencia, el derecho y el elemento histórico. 

En esta obra acerca de la instrucción nacional, el Sr. Da Costa 
adolece de los defectos ya indicados en el otro libro que tiene por 
objeto la popular. Para él todo lo antiguo en general es malo, 
todo lo nuevo en general es bueno. Yo creo que antes había 
maestros buenos y malos, así como ahora los hay malos y bue- 
nos, apreciados y despreciables, famélicos y bien retribuidos. 

El Sr. Da Costa no es partidario del Iberismo, y antes previe- 
ne á los portugueses contra sus blandicias engannosas (pág. 28). 
Pero ¿cómo se aviene esto con sus ideas cosmopolitas manifesta- 
das pocas páginas antes (pág. 15) contra las fronteras y barreras 
iüternacionales? Para lograr que se despedacen las fronteras de 
los pueblos (así habla), el autor confía poco en las formas repu- 
blicanas y en el sufragio universal. Oigámosle. 

aA república ignorante proclamase, sí, uin dia; e morrc no día 



122 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

¡seguinte. N5o é urna aurora, mas urna noite. Davos un Juárez 
ou um López, sempre um despotismo de tyrannos ou de be- 
Ihacos.» Muy bien dicho: estoy por esta vez con el Sr. Da Costa: 
no saldremos de tiranos ó de bellacos. La maula será si alguno 
reúne las dos cualidades. 

¿Pero qué remedio nos propone para ello el Sr. Ministro por- 
tugués? Oigámosle también, pues al fin es la síntesis de su libro, 
el misterioso Abracadabra y la panacea universal, que andamos 
buscando. 

— «¿Queréis a liberdade consubstanciada no sangue nacional?» 
¿Queréis, añade, una libertad que no dependa de fórmulas para 
vivir, ni os recete fórmulas que os maten en vez de curaros? pues 
bien, yo os la daré 

¡IJniversalicade a inüruccáo! 

Generalizad, difundid por todas partes, extended la instrucción. 

Paréceme soberbia la receta. ¿ Cómo no, si toda mi vida he 
sido profesor y fabricado ese específico en cuanto ha estado á mis 
alcances? ¿Cómo no, si por años enteros he llevado al pecho, 
como parte de la que se' llamaba en 1868 librea del profesorado 
la medalla del Perfundet omnia luce^ con el sol mitológico, con el 
Apolo rutilante de los poetas paganos? 

Sólo me queda un escrúpulo, ligero como todos los escrúpulos, 
y que no puedo menos de consignar aquí antes de concluir este 
ya pesado informe. Porque á la verdad en las boticas existen 
también muchas recetas eficaces, las cuales á pesar de su eficacia 
eficacísima, si no curan, abrevian mucho los dolores de los pa- 
cientes y á veces abrevian su agonía. Todos los tiranos antiguos 
y modernos han sido gente instruida por lo común, á contar 
desde Dionisio el de Siracusa hasta los más modernos. «Mas 
ese título de tirano, á pesar de sus dulzuras pasajeras, tiene y ha 
tenido siempre muchas quiebras;» y un tirano podría decir como 
el loco de Cervantes para acreditar su talento: «¡Ustedes creen 
que no hay más qw^ hinchar á iin puehlo!y> 

Calomarde, por ejemplo, que fué citado por algunos años como 
editor responsable de la -tiranía en nombre del orden, siquiera 



DICTAMEN DE LOS LIBROS SOHHE INSTHUCCKKN PLIJLICA. 1-^3 

Otros después hayan perfeccionado la industria en nombre de la 
libertad, Calomarde era hombre instruido, y tanto él como Ama- 
ble Juárez," eran abogados, y por tanto tenían generalizada la 
instrucción, pues no creo yo que el Sr. Da Costa pretenda quo 
todos, hasta los labradores y zapateros, lleguen á ser abogados. 
Es más, la sociedad de Amigos del País de Zaragoza premió una 
memoria de Calomarde, sobre economía política, fuera ó no fuera 
del todo suya. Pues bien, á pesar de su saber, fué tirano, segiín 
dicen, y los primeros tiranizados por él fueron los literatos, pues 
no hay gente más tiranizable ni más propensa á tiranizar que el 
geyíns irritahile vaUím. Estudiad el desarrollo de las letras en el 
Egipto, Grecia y Roma: los siglos de oro de su gran saber lo son 
de todas las tiranías. El mismo Horacio adula á los tiranos de su 
tiempo á copa por estrofa. ¿Cómo habrá, pues, quien trague ese 
específico que no nos sirve á los mismos que lo tomamos en do- 
sis alopáticas? 

El Sr. Da Costa canta las glorias de Suiza y Prusia en materia 
de instrucción primaria, y esto en los momentos en que el des- 
potismo cesáreo y el despotismo democrático expulsan de sus te- 
rritorios á corporaciones docentes, renovando las hazañas de 
Pombal y Aranda, los unos en nombre del orden, los otros en 
nombre de la libertad, los unos en nombre del César, los otros 
en nombre del pueblo. Y mientras se habla de libertad de ense- 
ñanza se cierran las escuelas católicas, se usurpa sus bienes y se 
les obliga á los padres á que envien sus hijos á escuelas por ellos 
aborrecidas, renovando las escenas feroces ya vistas en Irlan- 
da en los pasados siglos. Esperemos un poco: esperemos dos, 
cuatro años, á ver los frutos de esas dos distintas é iguales tira- 
nías. ¿Qué son dos ni cuatro años en la vida de la humanidad? 

No es la instrucción, no, por mucho que se generalice, la que 
curará las llagas que corroen á nuestra civilización, hoy terrible- 
mente amenazada y aun comprometida. La instrucción sin la 
educación, sin la educación sobre todo religiosa y moral, escomo 
esa quimera que se llama fe sin caridad, creencia sin obras bue- 
nas, cabeza sin corazón, talento sin amor, talento frío, egoisla 
calculador, avaro, como la ciencia del Yo, con la adoración de sí 
mismo, con la Egolatría. 



124 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Hace cien años, señores, que se habla mucho de letras y ape- 
nas habla nadie de virtudes. Parece que, sin ser Catones ni Esci- 
piones, estaraos diciendo con glacial sarcasmo ¡Vaniím virtutis 
nomen! Se ha querido sublimar la ilustración y se ha matado la 
instrucción. 

f<Hoc fonte derivata clades 

In patriam populumque fluxit.» 

Nunca se pudo repetir mejor que ahora este manoseado apo- 
tegma. 

Con instrucción y sin educación sólida, que dé no solamente 
savia sino verdaderos sabios y hombres de bien, el vir homis an- 
tes que el dicendi peritus, tendréis... lo mismo con que antes os 
amenazó el Sr. Da Costa, «sempre um despotismo de tyrannos 
ou de velhacos». 

La receta del Ministro portugués desleida en todo su libro de 
la educación nacional, no nos librará de esa terrible epidemia. 
Tal es mi opinión sobre esta materia, sintiendo de veras no po- 
der convenir con la suya, ni ser más indulgente, ni transigir con 
mi conciencia. 

Madrid 3 de Noviembre de 1872. 

Vigente de la Fuente. 



VI. 

TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPURIAS. 



La Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de 
Eviporion, por D. Joaquín Botel y Sisó, justamente premiada en 
el concui'so de 1875 y publicada cuatro años después por nuestra 
Real Academia, ofrece una. colección de 25 lápidas, cuya mayor 



TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPURIAS. 125 

parte di á conocer en la Revista Hispano-Americana (1), y de las 
cuales, sin duda alguna, la que más interesa á la Historia es al 
ara de Júpiter (2). 

I • o • M 

VEXILLATO 
lEG • vil • & . F 
SVB . CVRA 
i V N I • VICTO 
»'1S • D LEG • El 
2iSD • OB • NA 
TALEM' AQjyiLAE 

J(ovi) o(ptimo) m(aximo) vexillatio leg(ionis) vn g(era¡nae) f(elicis) sub cura Juui 
Victoris c(eiituriünis) leg(ionis) eiusdem ob natalem aquilae. 

La fecha de la dedicación hecha por Junio Victor se concreta á 
fines del siglo ii, en atención al carácter paleográfico de la le- 
yenda y cá la circunstancia de no tomar la legión el sobrenombre 
de Pia, que le fué otorgada por el emperador Aurelio Cómodo. 
Al otro extremo de la España tarraconense^ en San Cristóbal de 
Castro, provincia de Lugo, otro destacamento de la legión vii 
gemina felix, erigía en la propia época y por igual motivo «ob 
natalem aquilaen cinco aras (3) del mismo género. Sabido es que 
el águila legionaria era venerada como numen divino. Simboli- 
zaba el Genio militar de Roma, Jovis armiger ales. 

Con la conquista del Egipto y de todo el Oriente el sincretismo 
religioso tuvo abierta la puerta, si no para trastornar, al menos 
para trastrocar la faz del panteón romano. Júpiter recibe en Va- 
lencia (3729) el nombre de Amon, y en mil parajes el de Sé- 
rapis. Una inscripción de Beja (46) se consagró á Serapi pantheo; 
y en otra de Astorga, cuyo diseño publiqué (4), suena ztüs 2£>»7n5. 



(1) Año 1871, núm. xn; en el artículo tiiulado Inscripciones inéditas de Ampurias. 

(2) Hübner la reprodujo en la Epheineris epigraphica, tomo ii, pág. 4S; Berlín, 1872. 

(3) Hübn. 2552-2556, Las tres primeras están fechadas respectivamente en loa años 
163, 167 y 184; y en días distintos (10 Junio, 15 Octubre) las dos primeras. 

(4) En la Revista madrileña La Academia, tomo ii, pá¿-. 3C6; año 1877. 




luscripcióu de Sérapis en Ampurias (laiiiaúü natural,. 



TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPURIAS. 1^7 

No se libró de ese movimiento Ampurias. En las iumediacio- 
nes del ex-convento de Nuestra Señora de Gracia (1) y á pocos 
pasos del lienzo de muralla ibérica, que subsiste aún como el 
mejor comentario á la descripción que hace Pliuio de la estruc- 
tura de tapial, ó formácea [2], encontró, no ha mucho, nuestro an- 
tiguo correspondiente D. Joaquín Pujol y Santo, ese fragmento 
de inscripción marmórea, que tenéis á la vista y nos envía como 
dádiva, por cierto muy generosa: 

seraví • aEDEM 

serftYiA'PORTICVS 

c/yMEN! • F 

IVS 

Serapi aedem sedilia porticus Clymeni f(ieri) ius(sit). 

Á Sérapis mandó Clímeue que se le labrase este santuario con sus ¿gradas y pór- 
ticos. 

La tabla es de mármol blanco, oscurecido por las huellas de 
diez y siete siglos, rota en sus bordes inferior é izquierdo. Mide 
5 centímetros de profundidad por 13 de latitud y 11 de alto. 

Para restituir á la inscripción el nombre de la persona que 
mandó construir el templo, hay que buscar con un compás sobre 
el eje de la línea tercera un principio simétrico ásu remate. Este 
nombre era griego; y no debía prolongarse más que el de Clij- 
mene, que se lee en una inscripción (1996) de Adra. Estaba en 
nominativo; y de consiguiente sale escrito como se pronunciaba 
KAuu.c'vn : ejemplo de iotacismo que se manifiesta igualmente en 
la inscripción de Voconia <iProculi et Clymenis liberta,» hallada 
en Gandía (3605). Para restaurar la línea segunda me sirve, en- 
tre otros epígrafes, uno muy precioso de Vich (4618); y final- 



di Véase el plano de las ruinas de la ciudad eu la mencionada obra del Sr. BoteU 
pág. 29. 

(2) ftQuid? non in África Hispaniaque ex térra parietes, quos appellant formii- 
ceós, quoniam in forma, circumdatis utrinque duabus tabulis, inferciuntur veriu» 
quam instruuntur, aevis durant, incorrupti irabribus, ventis, ignibus, omaique cae- 
mento firmiores? Spectat etiam nunc speculas Hannibalis Hispania,terrenasque turres 
jugis montium impositas.v xxxv, tí. 



1-28 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 

mente, para no dar paso preferente al genitivo Asclepi en concu- 
rrencia con el dativo Serapi, atiendo al buen gusto y giro ele- 
gante que toda la inscripción manifiesta. 

Por ventura con este fragmento compaginaba otro, extraviado 
hace largo tiempo. Fué recogido en el mismo lugar por el padre 
Fr. Manuel Romeu, quien regaló el original á D. Mariano Pou, 
de Mataró, y puso en manos del P. Villanueva una copia tan in- 
fiel como desdichada, que decía (i): 

PORCIA • ME • FECIT 

SEVERA • GERVNDENSIS • REFECIT 

A • VI • A • IX 

La primera línea trae suplementos impropios del estilo lapida- 
rio. Menos inexacto el P. Rius, teniendo probablemente á la vista 
el original (2), estampó: 

PORCIA • M • F • SEVERA 
GERVNDENSIS • REFECIT • A • IX 

Suprime tres letras del remate, que pudieron quizá gastarse 
en la piedra que las contenía. Y no es extraño; toda vez que el 
traslado hecho por mano del P. Rius, en Mataró, fué muy poste- 
rior al del P. Romeu, en Ampurias. Tampoco el número de las 
líneas coincide en ambas copias, ni el de las palabras en cada lí- 
nea. Si después de refecit, como en otras inscripciones de la 
misma índole, leyéremos a • fvndamentis, fácilmente se ex- 
plican las variantes dichas anteriormente. Así que, la restitución 
más plausible, me parece ha de ser 

PORCIA • M • F • SEVERA 

GERVNDENSIS • REFECIT 

A • /VNC?AMen¿iS 

Porcia Severa, hija de Marco, natural de Gerona, lo rehizo desde los fundamentos. 



(1) Villanueva, Viaje epigráfico, xv, 2{». 

(2) llübner, IGáG. 



TEMPLO DE SÉRAPIS EN AMPI'RIAS. 129 

Si es dable conjeturar la destinación que tuvo este edificio, no 
es para olvidado el epígrafe, descubierto en paraje no muy dis- 
tante de Ampurias, que ahora se conserva en el Musco provin- 
cial de Gerona. Hallóse en Caldas de Malavella (Aquis Voconh 
del itinerario de Antonino), y lo saqué á luz por Enero de 1872 
en la Ilustración Hispano- Americana. Dice así: 

A p o L L I N I 
A V & . H o 
N o R I • M E M 
O R I A E Q^V E • L • 
AEMILI • L • FIL • 
QJVIR . CE latí 
A N I • PORCIA 
FESTA • FILIÍWI 
K A R I S S I M I 
L • D • D • D 

Al augusto Apolo, para honor y memoria de fu hijo queridísimo Lucio Emilio 
Celaciano, hijo de Lucio, de la tribu Quirina, su madre Porcia Festa lo mandó 
construir. T.up-nr dado por decreto de los Decuriones. 

Gomo esta se han visto en Tarragona é Isona (4080, 4081 , 4087, 
4458) lápidas de templetes, erigidos por padres y esposos in- 
consolables, en memoria y honor de Manes queridos: á Isis, por 
Sempronia Lijnis; á Juno, por Gecilio Epitínjano; á Neptuno, 
por Emilia Ninfódote; y á la Luna augusta (Diana), por Lucio 
Emilio Materno y por Fabia Fusca. También se hallan en la Lu- 
sitania, como el dedicado á Sérapis en Beja por Stelina Frisca, 
de cuya lápida (46) hice arriba mención. No creo tuviese otro 
destino el de Sérapis, en Ampurias, que mandó hacer Glímene, 
y quizá rehacer Porcia Severa. 

Madrid, 19 de Enero, 1883. 

Fidel Fita. 



Í3ÍI BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



VIL 



LÁPIDAS ROMANAS, DESCUBIERTAS EN LOS VALLES DE SAN MILLÁN 

Y DE ARAN. 



Gampliendo con el encargo que me ha hecho nuestro dignísi- 
mo Sr. Director;, emitiré breve informe sobre el libro escrito y 
publicado recientemente por el sabio P. Minguella (1). 

La obra tiene por objeto, como lo anuncia su portada, discutir 
las cuestiones históricas que se refieren á la patria, estado y vida 
de San Millán. Fina crítica, erudición selecta, buena fe de áni- 
mo imparcial, claridad y amenidad de estilo, son dotes aprecia- 
bles que acompañan á la principal del autor, esto es, su talento 
de penetración y de análisis, acudiendo á las fuentes. Ha res- 
tituido al texto de la vida de San Millán, escrita por San Braulio, 
aquella precisión bella y pura que dan los códices más anti- 
guos. Al exponer, discutir y combatir en todo el cuerpo de la 
obra las opiniones respetabilísimas de un muy docto compañero 
nuestro, lo hace el P. Minguella con sobriedad y modestia; y 
puesto caso que el Sr. La Fuente nos anunció, que iba con este 
motivo á responder en público (2), séame lícito aguardar que de 
tan rico manantial brote espléndida la luz, que no debo prevenir, 
y mucho menos prejuzgar, con mi somero dictamen. 

Todavía en cuestión que, á la sustancial del libro afecta muy 
poco, mas que os parecerá, si mal no veo, muy digna de vuestra 
atención benévola, no dejaré de hablaros de dos lápidas ro- 
manas, inéditas, halladas en el valle de San Millán, cuyas copias, 
en tamaño natural, me ha franqueado el P. Minguella, con los 
datos que hacen al caso, para que no se le crea por sola su pala- 
bra. La comunicación que me ha dirigido y firmado, dice así : 



(1) Estudios histórico-religiosos acerca de la patria^ estado y vida de San Millán, 
por Fr. Toribio MinRuella, de la Merced, agustino recoleto de las misiones de Fili- 
pinas. Mailrid, imprenta de A. Pérez Dubrull, 1883. Un tomo de 280 pégs. en S." 

('¿) Asi lo hn lipfho. Véase Ifl pág. G en el tomo presente del Bot.KTÍN. 



LÁPIDAS HUMANAS. ) ¡) 

"Por los años 1«48 al 52, estando aiaiido .luán Gañas, vcriiio 
de San Andrés, en una finca de su propiedad, notó (juc la roja 
del arado había tropezado en una piedra; y en deseos que no If 
volviese ;í suceder, tomó el azadón y se puso á sacarla. Induda- 
blemente la hubiera abandonado por crecida y costosa de extraer, 
á no haber notado en su parte superior una circunferencia per- 
fectamente labrada en forma de cordoncillo, que encerraba un 
círculo, como dispuesto á sostener una columna. De pronto la 
curiosidad, y después, vista su forma, la idea de que pudiei-a 
servirle como sostén de un pié derecho de fábrica, le animaron á 
terminar su obra, que dio por resultado una piedra como hasta 
seis pies de altura, perfectamente labrada, con zócalo y cornisa, 
y entre ambos una inscripción, que entonces, á pesar de hallarse 
completas en sus letras y forma de estas, nadie se cuidó de tra- 
ducir; pero ni aun de conservar. Esta piedra, aunque por de fuera 
parece ser de las siliceo-molares, según el aspecto que presenta, 
es de las que en el país llaman simplemente arenosas. El término 
donde se encontró se denomina San Cristóhaly en una especie de 
cañada que baja desde el monte Castillo hacia el río Cárd-enas, 
como á 2 kilómetros Sur de Bercéo y Sudeste de San Millán y 
1 kilómetro Sudeste de Estollo; siendo de advertir que, el monte 
dicho, parece tomar su nombre de un castillo antiguo, cuyos fo- 
sos aún se conocen; en donde varias yeces han encontrado sa- 
bles cortos y corvos; especie de cimitarras, y herraduras de ta- 
maño más que regular. 

Por los mismos años un boyero, llamado Gregorio Matute, 
hizo unas excavaciones en un término llamado Socastillo, al Sur 
de una gran roca de piedra caliza, á cuyo pié, por la parte Norte, 
se halla el Barranco de los Moros. En dichas excavaciones en- 
contró gran cantidad de ladrillos y la piedra que se halla en Es- 
tollo, en casa de Clemente Urcey, de la misma clase que la ante- 
riormente mencionada. El término de Socastillo se encuentra al 
Sudoeste de Bercéo, unos 4 kilómetros, y otros 4 al Sur de San 
Millán.» 

Estos datos son importantes. El monte Caslillo con su término 
de San Cristóbal, donde apareció su primera lápida, lo mismo que 
San Cristóbal de Castro cerca del Miño, pudo contener un cabtro 



132 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

romano. Cieiiamcntc hay que buscar por aquella parto la inscrip- 
ción (Hübner, 2901), hoy perdida, cuya copia hizo Basiano á me- 
diados del siglo XVI, y que describió como situada «en San Millán 
de la Gogolla, dos leguas de Náxera, á la subida del monte, que 
los antiguos llaman Jubeda, en un valle apacible. » 



D'M'S 
AVRO CAPITÓN 
M 1 L í> L 1 1 & • V II • & • F 
ORESTITVTI ^^^° 

R. XXVIII 

LVSiIa'HER'FA'CVR 



D(is) M(anibus) s(acrum). Aur[elio) Capiton(i)miI(iti)leg¡ionis) vii g(em¡nae) f(eliciB) 
[j] Restituti anno(rum) xxviii. Luseia her(es) fa(ciendum)cur(avit). 

Consagrado á los dioses Manes. A la memoria de Aurelio Capitón, de 28 años de edad 
soldado de la legión vii gemina feliz, de la centuria de Restituto. Luseya, su heredera 
lo mandó hacer. 



El epígrafe es anterior al siglo in y posterior al regreso pri- 
mero de la legión á España, acontecido en el año 70 del primer 
siglo. Al indicio de antigüedad, suministrado por el hecho de no 
llamarse aún pia la legión, se añade el de la forma ii que toma 
la E, como en varias lápidas de Talavera (1). 

A la misma época pertenecen las dos inscripciones romanas, 
inéditas, del valle de San Millán, de que arriba llevo apuntado el 
mérito. Las copias que me ha facilitado el P. Minguella se han 
hecho, no ha muchos días, siguiendo con lápiz los huecos de las 
letras en las piedras originales. Su forma es la del primer ó se- 
gundo siglo. 

1. — Lápida del monte Castillo, conservada en el pueblo de San 
Andrés; y en un corral de la casa, propia de D. Cándido Cañas, 
á la entrada del pueblo que mira hacia San Millán. Mide la cara 
del epígrafe unos 24 centímetros en cuadro. 



(l) Boletín di. la iikal acadlmia de la uistouia, tomo ii, pág. 284. 



LÁPIDAS ROMANAS. l;j;} 

DERCETIO 
C...A... S.O- 

M S 

S AC 

M 

Dercetio, tiene, sin duda, relación con el del monte Dircecin, 
conocido por la biografía de San Millán ( 1 ) . 

Desgraciadamente las cuatro líneas siguientes resultan en ].i 
copia tan incompletas é inseguVas, que sin un buen calco, ó foto- 
grafía, que me ha prometido el P. Minguella, no acierto á tan- 
tear la restauración, ni me resuelvo á decidir si fue ara sepulcral 
ó votiva. Acerca del vocablo indubitable, Dercetio, que la inscrip- 
ción guarda intacta, solo me cumple hacer observar que en toda 
la comarca septentrional de nuestra Península son muy comunes 
los nombres de persona y divinidades tomados de los geográficos. 
Asi en Elizmendi vemos el epitafio de Cantaber (2953), y en Ale- 
gría de la sierra de Toleña el ara que Sempronio Severo dedicó 
al dios Tullonio (2939). La penúltima línea cerrada por ag y la 
iiltima terminada en m, tanto se acomodan á la formula sepulcral 
fKG(iendum) ciirfavitj ex testaufento), como á la votiva prosalute 
sua AC suorum omniíiM. 

2. — Hallada en Socastillo. Poséela en su casa de EstoUo, 
calle de la Solana, núm. 101, D. Clemente Urcey. Mide 48 por 60 
centímetros y está coronada por dos dobles círculos, tocándose 
los de mayor diámetro en el eje vertical y céntrico de la piedra. 
La inscripción es del primer siglo; y ha perdido algo, que el sen- 
tido cabal exige, y que restituyo por vía de conjetura. Carece de 
puntos y de separación de palabras. Es geográfica. 



(V) Párrafo iv. El P. Minguella en su obra (pág. 223), valiéndose del códice Escu- 
rialense del siglo x y del Emilianense del siglo xii ha restituido en este punto al texto 
Brauliano su pureza, eliminando la falsa lección Distertii vulgarmente admitida. La 
cual aparece en un diploma de Alfonso VI (Yepes, 25), fechado en 1092, que pone 
el santuario de la Virgen de Valvanera «¿« inontem qui vocatur Distercii.» 



134 boletín de la real academia de la historia. 

secontivs 

OBlONESISAAl 
bati. f. ann..,. 

h. s. e. s. t. t. I 

Secontius Obionesis Ambati f(Uius) ann(orum)...; h(i3) s(itus) e[st); s(it) t(ibi) tier- 
ra) l(evis). 

Seconcio Obionense, hijo de Ambato, de edad de (?) años yace aquí. Séate la tie- 
rra liíjera. 

El uoiiibrc del diiuutu sale y se repite en diferentes lápidas de 
la comarca riojana (Hübiier 818, 2942, 2946, 2956). Conlirma, 
como geográfico aplicado á persona, lo que llevo sentado al tra- 
tar de averiguar la significación de Dercetio. Más nos importa, 
por indicar una localidad (Baños de Tohia?) hasta hoy descono- 
cida en el mapa romano de la región del Ebro, el étnico Obionesis, 
con desinencia propia del habla celto-hispana, como Cauriesis 
(168),Saldaniesis (2670). 

Y á la verdad, ninguna de las lápidas encontradas en el valle 
de San Millán descubre indicios indubitables de la lengua eus- 
kara, ó del vascuence; pero su corto número no debe constituir 
una base ó argumento exclusivo en este concepto. Ya fuese celti- 
bérico el territorio, ya de los Berones, gente céltica, según Es- 
trabón (1), como sus vecinos los Cántabros, poco distaba del valle 
de San Millán la Euskalerria, propiamente dicha, comprensiva 
de Várdulos y Vascones. En el riñon de la Beronia, y en una 
colina cerca de Herramélluri , nuestro doctísimo compañero el 
Sr. Saavedra, guiado por el compás de las medidas itinerarias 
ha fijado la situación de la antigua Libia, hoy Leiba, ú 'oxípa. 
de Ptolomeo. Pues bien, Herramélluri es nombre puramente 
vascongado, y significa «tierra yerma ó de páramo.» 

Al otro extremo de la Vasconia primitiva y en su línea meri- 
dional, sobre la cordillera pirenaica se tiende el valle de Aran, 
en que nace y corre el Garona, que al decir de Estrabón, fué, 

(1) « Kavrá^poís cpiOfo.^ Toís KoviVko/s , xaí cívtoi tou KíXtihov (TtÓXou 
yíyovoTíc,,... (j\jví')(/i<; í'íiVi toÍ; BapS'üiíraís, ous oi vuv Bap^üXofS y.aKov<yiy.y> 
¡II, 4, 12. 



LAPIDAS RONfANAS. í;^-, 

como el Ródano, linde de Iberia. Allí también, las inscripciones 
romanas comienzan á derramar viva luz sobre la religión y ar- 
cano idioma del pueblo vascongado. Conocíanse las lápidas vo- 
tivas al dios Lex (Lexi deoj, halladas en la villa de Lez, famosa 
por sus baños termales y última de las del valle de Aran, que 
atraviesa el Garona. Creo que Lez no es numen distinto por su 
significado del que presidió á las no menos famosas y cercanas ter- 
mas de Luchon , y en sus aras votivas toma el nombre de Lixo 6 
Ilixo; y tengo para mí que la raíz del vocablo es la céltica leski, 
(quemar, abrasar) que apunté (!) como propia del nombre de 
otras fuentes termales, divinizadas, en Brozas de Extremadura y 
en Castro Caldelas, provincia de Orense. El elemento romano 
puro se ostenta dentro del valle de Aran, en la inscripción votiva 
del pueblo de Gesa : 

L . POM 
P A V L I N 1 A 

NVS • V • S • L • M 

La descubrió por Diciembre del año pasado, y acaba de publi- 
carla mi docto amigo M. Maurice Gourdon ; quien además de 
enviarme su noticia impresa (2), ha tenido la bondad de remi- 
tirme por medio de D. Ramón Arabia y Solanas, presidente de 
la Associació d'excursions catalana . la fotografía de otro mármol 
insigne que halló en la iglesia del pueblo de Escuñau. Por des- 
gracia no está completa la inscripción, como lo hace ver la rotui-a 
de la piedra; bien que sus dos palabras 

ILVRBERRiXO 
A NDE R EX C 

compensan asaz ese defecto, por ser enteramente vascongadas. 
La segunda es nombre de mujer, derivado, de Ajidere (señora 



(1) Restos de la declinación céltica y celtibérica en algunas lápidas espaTioJas. Madrid. 
1878; pág. 12-15. 
(•2) Note snr deux inscñptions inédites dn val d'A ran: sin pié de imprenta. 



1.% BOLETÍX DF, LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ama de casa), conforme lo ha demostrado M. Luchaire (I), va- 
liéndose de otras inscripciones romanas y de códices qne ha 
compulsado y sabiamente expuesto, procedentes del territorio 
que fué dominio del vascuence, al uno y al otro lado del Pirineo. 
Yo sólo añadiré á las observaciones de autor tan ilustre, la de 
que el vocablo v Andrea (domina)» se halla registrado por el glo- 
sario del vascuence escrito en la primera mitad del siglo xii y en 
el libro final del códice Calixlino (2). En cnanto á la primera pa- 
labra del epígrafe llnrhprrixo que al parecer concierta con la se- 




gunda, tiene íisonomía vascongada lan evidente como la de IlihC' 
rri (villa nueva), del cual Jhirherri me parece sinónimo. La raíz 
llttr con significación de ciudad ó villa, se deslaca innegable en 
lluro (Oleron) y en otras varias homónimas de la antigua Es- 
paña; así como en Ilurre, llnrdoz de Navarra, ó Ilnrmendieta de 
Guipúzcoa. Ni hay que extrañarse de ver que en el valle de Aran 
• nos viene saliendo al paso el nombre de una persona, ó tal vez 
divinidad, sacado de otro geográfico; pues eso mismo hemos visto 
en el valle de San Millán hablando de la inscripción de Dercetio. 

Madrid, 1." de Junio 1^83. 

Fidel Fita. 



(1) Eludes sur les idionics Pyrénéens de la Tcgion Francaise, Paris 1879; pég. 53, 89.— 
Hevue de Lingrdstique ef de P?iilologie comparc'e, Paris, 1881; pág-. 150, ICO. 

(2) Publiqué su grabado ó interpretación en la Revuede Lingvistiíjveetde Philologie. 
Paria 1882; pág. ic. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORLV, 



TOMO iir. Setiembre, 1883. cuaderno iii. 



NOTICIAS. 

El quinto Congreso internacional de americanistas, al que 
han asistido en representación de nuestra Academia los Señores 
Fabió y Rada, se inauguró en Copenhague, como estaba anua- 
-ciado, el martes 21 de Agosto último á la una de la tarde, en pre- 
sencia del Rey y de la familia real de Dinamarca. El Señor 
Worsaae, Chambelán de Su Majestad, abrió, el Congreso dedi- 
<iando nobles y galanas frases á las tareas iniciadas y llevadas ;í 
cabo por el de Madrid, y encareciendo la parte que corresponde- 
á la patria de Nordenskiold en el primer descubrimiento y ve- 
tusta civilización del suelo americano. La Groenlandia — dijo, — 
poblada de escandinavos en 98G, es el más bello florón de la Co- 
rona dinamarquesa. Acto continuo subió íi la tribuna el Señor 
Fabié. Hízose intérprete de la profunda gratitud que inspiraba á 
todos los extranjeros de ambos mundos allí reunidos, la cordial 
acogida y la generosa munificencia del pueblo y del Gobierno 
dinamarqués y del excelso Cristian IX que, como Alfonso XII. 
tiene á gloria el cultivar y proteger con toda eficacia este linaje 
de esludios. Los discursos de M. Bamps, comisionado del Go- 
bierno belga, y de M. L. Adam, ilustre sabio francés, cerraron 
dignamente la sesión regia. 

Presidió la primera científica el Sr. Rada; y la segunda el Se- 
ñor Fabié. En ésta, M. Beauvois desarrolló con- nuevos datos sus 
favoritos estudios sobre el cristianismo, llevado á la América por 
los misioneros irlandeses de lengua gaül, desde el siglo ix. Su 

Trwrn itt ^" 



138 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML4 DE LA HIST0RL4.. 

tema dio lugar á discusión, en que tomaron parte los Sres. Bamps^ 
Vinson y Fabié, sobre el signo de la cruz rodante ó svástika, que 
no es ciertamente emblema característico de la religión cristiana, 
sino muy conocido y usado en las regiones boreales de Europa, 
antes de que se convirtiesen á Cristo. En aquella, ó en la presi- 
dida por el Sr. Rada, leyó el Sr. Herrera nutrida Memoria, dando 
cuenta de la del Sr. Fernández Duro, acerca de los primeros via- 
jes de Colón, que fué vivamente aplaudida (1). También usaron 
la palabra los Sres. Lütken, Reiss, Thomsen y Steenstrup, ilus- 
trando la arqueología histórica y prehistórica de las Pampas, 
Brasil, Virginia, Tierra del Labrador, Nueva Escocia y Groen- 
landia. 

Las discusiones suscitadas en los dias 23 y 24 de Agosto, últi- 
mos del Congreso, no excitaron menos interés. Tal fué, por 
ejemplo, la que entabló el Sr. Barón de Baye, sobro los hechos 
de trepanación observados en las estaciones de la edad de la pie- 
dra, tanto en el antiguo como en el nuevo mundo. Acaso estos- 
hechos, andando el tiempo, arrojen gran luz sobre el rito, ex- 
traño por todo extremo, que nuestro docto correspondiente Don 
Román Andrés de la Pastora, ha notado en el cementerio anti- 
quísimo de Pedregal (partido de Molina de Aragón), y en otros 
parajes del centro y sur de España. El Sr. Vera, discurrió sobre- 
las variaciones ocurridas en la Geografía física del continente 
americano, desde la época del descubrimiento hasta nuestros 
dias; y, además, sobre las materias colorantes empleadas por los 
indios americanos. El Sr. Fabié trató de los reinos de Gibóla, 
(^)uivira y Teguayo, con ocasión de presentar la erudita obra del 
Sr. Fernández Duro, relativa á D. Diego de Peñalosa. Final- 
mente, el Sr. Rada, pronunció dos discursos que, atendida su 
importancia excepcional, reproducimos al pié de este número del 
Boletín en la sección de Variedades. 

(1) Se anunció en la página 5 del tomo presente del Boletín. 



INFORMES. 



ALTABISKARCO CANTUA. 



Tributando á la poesía vascongada la brillante consideración 
y el puesto de honor que le corresponde, los elocuentes Discursos 
leidos ante la Real Academia Española en la recepción pública 
del Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer, el domingo '25 de Febrero 
de 1883, han tocado una cuestión histórica de interés muy vivo. 
í]l gran poeta é historiador de Cataluña la plantea, mas no la re- 
suelve, atento, á lo que parece, á descargar su plan literario de 
arideces críticas que poco montan para juzgar de lo bello. «Xo 
lilasona, dice (pág. G.), de remota antigüedad la poesía euskara: 
moderna es, de nuestros dias; pero sus poetas están cortados á la 
antigua; nacen formados y adultos, con los bríos mismos y des- 
fogues que pudieron tener los autores de aquel famoso Canto de 
Altabiscar^ que podrá ser más ó menos antiguo, lo cual no es 
])ara debatir en este instante; pero que, más antiguo ó más mo- 
derno, es un monumento de gloria, con sobra de esta, para enri- 
quecer á toda una serie de generaciones literarias.» Y en las 
notas, que cierran el discurso, donde el texto del Altábiskarco 
cantad sale avalorado con la preciosa traducción castellana, hecha 
l)or D. José Manterola (1), habíanos de nuevo el Sr. Balaguer de 



(1) Autor de la obra El cancionero xasco y director de la excelente RevisU La Eiis- 
halerria, que contribuye eficazmente á desarrollar los verdaderos gérmenes y adelan- 
tos de la literatura vascongada. 



140 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ese amoiiumentalé imperecedero Ca.nto de Altahiscar, sobre cuya 
antigüedad más ó menos remota, aún no se ha dicho la úUinia 
palabra.» 

Para bien juzgar de la cuestión, expondré ante todas cosas su 
marcha histórica. 

El Canto de Altabiscar salió al público por primera vez en 
1834, dentro dO un largo artículo que su autor M. Garay de 
Monglave, fundador y secretario perpetuo de L'Institut Historique, 
compuso y estampó en el Journal (tomo i, año i) de dicho insti- 
tuto histórico ó asociación literaria. Después de trazar á grandes 
rasgos el cuadro de la importancia del vascuence por razón de su 
antigüedad, belleza eufónica y estructura gramatical (páginas 
174-176), introduce y expone la cuestión en los siguientes tér- 
minos (1): 

Pág. 17G, lín. 2. — ttParmi les poésies, qui se sont ainsi con- 
servées de génération en génération, on cite un poeme assez 
étendu sur la religión des cantabres, des chants guerriers et allé- 
goriques, quelques chansonnettes inférieures peut-etreen naivé- 
té á celle de Métastase, et de romances populaires qui datent, 
d'aprí'S M. Humboldt, de l'invasion des Romains, et qui ne sont 
pas inférieures aux plus beaux chants nationaux des Grecs mo- 
dernes. Yiendra peut-étre un MacPherson qui les recucillera. Le 
souvenir des preux de Ghaiiemagne est présent a l'imagination 
des bergers pyrénéens : toutes les ballades du pays sont em- 
preintes de leurs vaillants exploits: on montre ici au voyageur 
les jardius enchantés d'Armide, la plus de vingt rochers que le 
fabuleux lloland a fendus de sa Durandal; et pourtant personne 
dans CCS vallées n'a lu ni le faux archevCNjue Turpin, ni Boyar- 
do, ni Arioste dont on ignore mrme les noms. 

Parini ees romances chevaleresques des Escualdiinac, une des 
plus connucs est celle qui a pour titre le chant d'Altabicar, Alta- 
bicaren cantua. G'est la fameuse bataille de Roncevaux, racontée 
par les descendants des vainqueurs. Tout le monde sait que 



(1) Los extractos del .rticuloque traslado, me han sido facilitados por M. Julián 
Vinson, profesor eu Paris de la escuela de lenguas orientales y correspondiente extran- 
jero de nuestra Real Academia. 



ALTABISKAllCO CANTUÁ. |4| 

C'narlemagne étant alié par dola les Navarrais (on ignore si 
c'était pour les Mores, ou pour les Ghrc(iens) rentrait vainqucm- 
011 P>ance, lorsquc les Sarrazins seloa les uns, les Escucdíhmac 
ou les Vascons selon les autres, ct peut-rtrc les troís peuples á la 
{'oís, passórent au sommct des moat¿ignes, firent rouler sur les 
troupes des fragmcuts de rochcrs, obscurcirent l'air de leurs (lo- 
ches, et malgré les prouesses des Paladins, mirent de toufes 
parts les Francs en dósordre et en fircnt un ópouvanlable car- 
nage. 

Ge chaut comme tout ce qul n'est pas écrit, a sans doule chan- 
gó enpassant de bouche en bouche, et je Tai retrouvó avec de 
nombreuses variantes sur plusieurs points des deux vcrsants. 
lia des rédacteurs du Díctionnaire de la Gonversation ct de la 
Lectura, M. G. OUivier, en parle dans un articlo fort curieux sur 
les chants populaires de différents peuples (tome mii, pag. 25). 
Malheureusement il paraít u'avoir connuc que la fin des troisié- 
me et septieme versets, c'cst-a-dire les noms de nombre declines 
depuis un jusqu'á vingt, ct puis en sens inverse. Gherchant quel 
scns caché pouvait couver sous ce titre bizarre, il y a vu, dit-il 
les Escualdunacs (qu'il nomme a tort Vascons) designan t par leur 
simple dénomination numérique les dures années de Téxil et ap- 
pelant ensuite une á une par une sorte de progression (sic) dé- 
croissaute, celle de la vengeance; chant cabalistique, ajoutait-il 
qui n'est pkis maintenant qu'une musique denuée de signifi- 
ca tion.» 

Pág. 177. — «Si M. Ollivier eut connu la romance cntiore il nc 
serait pas tombé dans cette spirituelle errour: tout s'explique na- 
turellement des qu'on rétablit les huit versets. La progression as- 
cendante, c'est la marche d'une armée qui s'avance; la progres- 
sion descendante, c'est la fuite de cette armée vaincue. 

J'ai vu autrefois une copie du chant d'Altabicar chez le Gomtc 
Garat, ancien ministre, anclen sénateur et membre de l'Institut 
do France, un des philosophes les plus célebres de notre pays, 
nn des hommes dont le talent honore le plus les Esciialdunac ses 
compatriotas. II la tenait du famcux la Tour d'Auvergnc, le pre- 
mier grenadier de France, lequei pendan t les guerres de la Ré- 
publique, se délassait de ses fatigues en travaillant á un glossairo 



142 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOllIA. 

en quarante-ciiiq laiigues. La Tour d'Auvergue avait étú chargó 
de traiter de la capitulation de Saint-Sébastien, le 5 aout 1794; 
et c'etait au prieur d'un de ees couvents de la ville qu'il étail re- 
devable de ce précieux document, écrit en deux colonnes surpar- 
chemin, et dont les caracteres peuvent remonter a la ñn du dou- 
ziéme ou au commencement du treizieme siecle, date évidem- 
meut poslérieure de beaucoup a celle de ce chaul populaire. 

Le texte qui je donne ici n'est pas exactement le meme que 
celui qu'on a dú trouver dans les papiers de M. le Gomte Garat. 
II se compose du rapprochement des diverses variantes que j"ai 
pu recueillir. Ges différences sont, au reste, purement gramma- 
ticales: elles u'affectent en rien le sens des mots ni des phrases. 

Puisse cette exhumation nouvelle ne pas déplaire aux lecteurs 
du Journal de l'Institut Historique! 

Pág. 175-176, — En notas. — «Mots et étymologies': ees notes 
nous ont été communiquées par M. Duhaldc, jeune philologue 
Escualdunac, aussi modeste que savant. Nous lui devons en 
grande partie , le rapprochement des diverses variantes du texte 
du Ghaut d'Altahizar.i^ 

El Dictionnaire Universel des Contemporains (par G. Vaque- 
rean , París, 1861), nos da el siguiente informe sobre M. dv 
Monglave : 

«MoxGLAVE ( Francois-Eugene Garay, dit de) littérateur Fran- 

cois ué á Bayonne, 5 Mars, 1796. — il se jeta dans la petite 

presse, fonda en 1823 le Diahle Boiteux, journal qu'il íit revivre 
■en 1832 et enl857, et fit par ses articles et par ses livres une 
guerre continuelle á la Restauratiou. II fut obligó de se cacher 
sous divers pseudouymes En 1833, il fonda Tlnstitut histori- 
que, société dont la cróalion fut autorisée l'année suivante, et en 
fut élu le Secrétaire perpctuel.» 

No se requiere mucha perspicacia para demostrar que las ideas, 
expuestas por M. Monglave en los extractos que he recogido, 
adolecen de inexactitud y de escasa atención á la verdad de los 
hechos. Ni negaré que «íe souvenir des preux de Charlemagne est 
2)résent á l'imaginalion des hergers Pyrénéensy>\ pero es falso que 
i toldes les hallades áu pays sont empreintes de leurs vaillants ex- 
ploits.i) Ni una siquiera de las baladas víiscongadas , que han lie- 



ALTABISKARCO CANTCÁ. l'i.'"; 

gado á mi conocimiento , versa sobre Carlomagno y sus doce 
Pares. Por lo tocante á los veinte y pico de urochers que le falu- 
leux Roland a fendus de sa Diwandal» ^ casi todos son puro i)arto 
de la imaginación de M. Monglave. La Brcdie de Roland encima 
de Gavarnie en el departamento de los Altos Pirineos está fuera 
del país vascongado. El nombre Pas de Roland cerca de Gambo 
no cuenta mucho más de un siglo de antigüedad ; anteriormente, 
el desfiladero se liabia llamado siempre en vascuence (1) Atheca- 
gaüz (puerta mala). Mayores recuerdos de Roldan aw la nomen- 
clatura del país vascongado y aledaños no sé que existan. Es ver- 
dad que el país conserva la memoria de Carlomagno y de sus 
Pares; el conductor vascongado , que me guió desde los Alduides 
á Pioncesvalles, me contó la historia de Rolando que anda por 
allí conocida; mas no es la del Canto de Altabiscar, sino la del 
romance popular, atribuido al falso Turpin , que á principios del 
siglo XIII fué justamente censurado de apócrifo por un ingenio 
ilustre de Navarra (2). La indignación de mi guía se desbordaba 
contra el traidor Canelón, de quien el Canto de Altabiscar nada 
recuerda. Buen golpe de las Pastorales ó Tragedles, que todavía 
salen á la escena en el territorio de La Soule, y suelen ser las 
más agradables al público, brotan de la leyenda Carlovingia, y 
so titulan Charlemagne; Roland; Les Douze Pairs de France; Les 
qiiatre fils Aymon; Richard sans Peur, Duc deNormandie; etc. 
De estos dramas he visto representados Richard sans Peur , Duc 
de Normandie en Larrau (24 Junio 1864), y Les quatre Fils Ay- 
mon en Tardetz (19 Abril 1879 ). No están basados en tradiciones 
privativas y propias del pueblo vasco ; antes bien por poco que se 
examinasen, descubrirían su asiento reciente. Se han sacado y se 
toman de los Livres ¡wpulaires de colportage que en los mercados 
y ferias de aldeas y villas distribuyen y expenden los buhoneros 



(1) El tipo original de «Les échos ñu Pas de Roland por J. B. Dasconaguerre (Bayona, 
1868)», así como el de los «Atheka-Gaitzeko oiharttunak (Bayona, 1870)», se escribió en 
francés, y no en vascuence. El autor mismo en persona me lo atestiguó positivamente. 

(2) Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, De rebus fíispaniie, libro iv, 
capítulos 10 y IL. El calificativo «histrioHt'.m fahuUe», de que se vale D. Rodrigo, me 
hace abrazar la idea del P. Fita, esto es, que las pastorales tuvieron un dechado anti- 
quísimo, que, sin embargo, no ha ejercido influjo inmediato en ellas. 



144 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORL\. 

con SUS agujas por toda Francia. El autor de la Pastoral Les^ 
quatre fus Aijmon, conviene á saber el Sieur Fierre Irigarez, de 
Laguinge, me mostró en Junio de 1875 el libro , de que se valió 
para componerla , titulado vHistoire des Quatre Fus Aymon, tres- 
nobles , tres-hardis , et tres-vaillants chevaliers. Nouvelle édition 
ornee de huit gravures, a Epinal, chez Pellerin, imprimeur- 
libraire. Sin data, en 4." á dos columnas, 9G páginas.)) Ante mis 
ojos tengo otra edición de este libro , comprada en país vasco por 
30 céntimos, también sin data , pero impresa en Limoges chez 
Eugene Ardant et C. Thihaut. De estos y semejantes opúsculos- 
puede verse una excelente enumeración y descripción en la«fíis- 
toire des Livres Populaires ou de la Littérature de Colportage, 
depuis le xV siecle, par M. Charles Nisard; 2 tomos, Paris, 1854.» 
Estos libros y las Pastorales (1) á que han dado margen son las 
únicas fuentes del conocimiento que el moderno pueblo vascon- 
gado alcanza acerca de la persona de Garlomagno y sus doce 
Pares. No hay tradición fundada en canlarcs populares de remota 
antigüedad conocida. 

Absurda es además la frase , que emplea Monglave para com- 
probar su tentativa, diciendo que acaso concurrieron á la em- 
presa contra Garlomagno tres gentes á una, Sarracenos , Vascos 
y Escualdunac. Para la historia no es un misterio la acción de 
Roncesvalles. Einhard en su Vita Kavoli imperataris y en sus 



(1) Hé aquí las que están sacadas de libros iiue enumera Jíisard, tomo n : 

rág. 217 Prodiga. 

— 226..' Abi-aham. 

— 435 Charlemagne, 

— » Jtan (le Paris, 

— 436 Oídipa. 

— » A lexandre. 

— » Godefroi de Bouillon, 

— 450 Jean de Calais. 

— 459 i Sainte Hélaine, 

— 469 Sainte Geneviéte. 

— 489 Richard sans Peur. 

— 500. ....... Les quatre fils Aymon. 

.\ estas y demis Pastorales, M. Julien Vinson, dedica largo espacio eu la obra Zes 
I.itt&atures populaires de toutes les-natiotis (París, Maisonneuve). 



ALTAHISKAIIGO CANTL'Á. lí.", 

Annalcs , tan verídico como que es autor grave y coulemporáuoo 
del hecho, rcíicre sencillamente la batalla y ía muerte de Ilriiot- 
landus (Rolando), sobrino de Garlomagno y prefecto de Hritania. 
Describe el combate como un ataque ó acometimiento (¡ue los 
Vascones^ y ninguna otra gente más , hicieron en la retaguardia, 
al que se siguió el saqueo de los bagajes. La distinción que pro- 
pone M. Monglave entre Vascones y Escmddunac se desvanece ni 
menor soplo de atento examen. 

M. Monglave pretende que un manuscrito del Canto estuvo cu 
posesión del conde Garat. Algunos descendientes de este lionibrc 
ilustre, aprovechándose de sus manuscritos, han publicado libros 
n obras literarias acerca de los vascongados; pero el manuscrito 
aludido por M. Monglave no lo lian hallado , ó por lo menos no 
lo mencionan. A este propósito no he de pasar por alto la obser- 
vación de M. Fr. Michel, el cual en 1857 dio en creer que era 
auténtico el Canto de Altabiscar (1) : «A ce sujet je ne sais trop 
ce qu'il faut croire des assertions de M. Garay , qui parle d'nn 
anclen manuscrit oú le fameux la Tour d'Auvergne aurait ren- 
contré ce morceau á Saint Sebastian en 170 í.» Paréceme extraño 
que M. Michel no cayese en la cuenta de que no hay más prueba 
respecto de la existencia del manuscrito , que la palabra harto 
sospechosa do M. Garay de Monglave; y si bien este asegura que 
en otro tiempo vio una copia del Canto de Altabiscar en casa del 
conde Garat, y que además recogió muchas y diversas variantes 
de aquella copia, ello es cierto, que ni otros ojos han visto, ni 
otras manos que las de M. Monglave se han encontrado que toca- 
sen aquel manuscrito, ni sus variantes; por manera que seme- 
jante testimonio aislado y sujeto a la ilusión de un falso recuerdo 
no hace fe ni merece crédito razonable. El puesto de secretario 
perpetuo que ocupaba M. Monglave en el Institut Historique, 
fundado'por él, le dispensó y proporcionó ventajas singulares 
para dar curso á una triquiñuela poco plausible. Si hubiese escrito 
en otra publicación periódica, el jefe de redacción le habría pe- 
dida alguna prueba de lo que asegura, por ejemplo, alguna de 
las nomhreiises variantes retrouvées sur plusieurs points des deux 



(1) Le Pays Basque. Paris, 1817, pág. 231. 



14G boletín de la real academia de la historia. 

versants, toda vez que no pudiese demostrar la existencia de la 
copia del Canto en casa del conde Garat; mas M. Monglavecomo 
dueño de la situación, pudo imprimir sin ningún inconveniente 
lo que le plugo. 

Tan pronto como se publicó el canto, su autenticidad halló con- 
tradictores. Lo aceptó Fauriel; pero lo reusó Du Mege. Recibié- 
ronlo á título de canción antigua Ghaho, Cenac-Moncaut, Fr. Mi- 
cliel, Louis Laude; pero le han opuesto serias objeciones 
M. M. Barry de Tolosa, Gastón Paris, J. F. Bladé, Julián Yin- 
son y otros críticos eminentes. Una disertación excelente de 
M. Alexandre Dihinx salió á luz en el Impartial des Pyrénées 
■( 10-12 Setiembre 1873i. Reprodujo estos artículos M. Yinson en 
el Avenir de Bayonne (1, 3, 6, Mayo 1878) y los ha insertado 
igualmente en la obra titulada Mélanges de Linguislique et d'An- 
tliropoloijie (1), pág. 161. Con fina crítica y rara sagacidad, apun- 
ta M. Dihinx que «l'auteur du Chant d' Altahiscar savait mieux 
le franrais que le basque, ct qu'iiécrivait en basque cequ'il avait 
conru en francais.» Sol)reel uso constante de los diminutivos que 
no escasean en la canción, observa que son indicios de una mano 
de autor joven y poco diestra en los primores del vascuence: 
«Pour l'enfant la langue basque n'est, pour ainsi diré, composée 
que des diminutifs; c'est un langage a part, qui n'cst pascelui de 
l'homme fort; l'enfant s'en débarrasse péu á peu, en passant de 
l'enfance h l'adolescence, et ne parle le basque franc et noble que 
lorsqu'il dcvient liomme. Faut-ii déduire de ees observations que 
rauleur du chanl d'Altal)izcar était encoré jcune quand il fit 
celle composition?); 

En España, por lo que puedo apreciar, el Altabizkarco cantuá 
ha corrido menos percances do contradicción que en Francia. Lo 
celebran D. Yicente de la Fuente, Amador de los Rios, D. Miguel 
Rodríguez Ferrer, Araquislain, los editores de la Revista Eus- 
kara y I). José Mantcrola en el Cancionero Vasco. Por primera 
vez pasó como auténtico al otro lado del Canal de la Mancha con 
el artículo que le dedicó M. Fr. Michel en el Gentleman's Maga- 
zine iLóndres Octubre de 1858); mas en las columnas de la misma 

(1) I'aris, diez Leroux, ISSo. 



ALTAIJISKAUCO CANTL'Á. 147 

publicación (Marzo 1859, pág. 220), obtuvo lu rectificación siguien- 
te, firmada por M. Antoine d'Abbadie (1); «Pena mu da ver anun- 
ciado el Altahiscarraco Cantuñ como perla de antigua poesía, en 
uno de los números de esa ilustrada publicaciini. La verdad me 
obliga á protestar contra la pretensión de (jue universalmenle 
esté así reconocido, pues en efecto uno de mis paisanos vascon- 
gados ha designado repetidas veces por su propio- nombre tanto 
al sujeto que hace 24 años compuso en francés la pieza original, 
como al que la tradujo en vascuence moderno ó impertincntL',» 
A lo cual M. Michel defirió, como era razón, en el número del 
siguiente Abril (2): «M. d'Abbadie, siendo como es vascongado, 
conoce mejor que yo el fondo de la cuestión. No rehuso confesar 
y de hoy en adelante me inclinaré á creer que las piezas llamadas 
Abarcara Cantua y Altahiscarraco Canina son imposturas.» Esta 
correspondencia reproduje yo mismo en el apéndice á la segunda 
edición de mis Basque Legends (Londres, 1879, pág. 258.) 

También la cita M. Vinson en los artículos de que arriba hice 
mérito. M. d'Abbadie en conversaciones privadas rae ha ratili- 
cado eso mismo no una sola vez y me ha dado pormenores que 
no dejan lugar á ninguna duda. El valor de su autoridad es tan 
grande y su testimonio de tanto peso en las balanzas de la crítica, 
como lo saben los que no han olvidado que este ilustre socio del 
Instituto de Francia, renombrado por sus estudios y obras en los 
varios ramos de las Ciencias exactas y en el cultivo de la Geo- 
grafía y de la lingüística, es de abolengo vascongado y figura en- 
tre los escritores que más han promovido con toda eficacia desde 
su principio el natural desarrollo científico á que ha llegado el 
estudio del vascuence (3). Con ser esto así, no parece sin embar- 



(i; «[ am sorry that tlie Altabiscarraco Cantua mentioued in your same nuraber is 
ücknowledg-ed as a gem of ancient poetry. Trutli compels me to deny that it i.« nnirer- 
í^ally admitted as such, for one of my Basque neiglibours has oftea uamed the person 
who, about twenty four years a^'o, composed it in Freuch, and the olher person who 
translated it into modern but indifferent lJasque.>> 

(2). «That Mr. d'Abbadie being Basque, knows the thiiig niuch better Iban I do. 
I feel by no means reluctant to confess, and hencefortli I will believe that the souíí.s 
called Abarcaren Cantua anJ Altabiscarraco Cantua are for)?eries.v 

(3) En 1836, nada menos, ya iiublicó M. d'Abbadie teniendo por colaborador ni doctj 
A. Chaho sus Etv/les Grammaticaks sur la lan¡/ue Ei(shar tenue. 



Ii8 boletín de la real academl\ de la HISTOIíLA. 

go que la noticia de la verdad se haya extendido ó impuesto cuan- 
to sería justo apetecer; no faltan, aún ahora, escritores que llaman 
antiguo el AUabiskarco Cantua. En ííxSaturday Review (17 Agos- 
to 1878) se nos presenta como históricamente genuino; y en el 
Blackwood's Magazine (Noviembre 1881) un escritor, que expone 
todo el canto en inglés, lo coloca por encima del mérito de La 
Chanson de Roland, y se escandaliza de los críticos que afirman 
(jue ese noble canto es moderno. 

Tan luego como leí lo que el Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer 
afirma en los pasajes de su discurso de recepción en la Real Aca- 
demia Española, que llevo copiados arriba, escribí á M. d'Abba- 
die á fin de que con la verdad de su declaración reiterada se ata- 
jase la corriente de incertidumbre que asoma en la culta palabra 
del nuevo académico de la Real Española. M, d'Abbadie ha teni- 
do la bondad de enviarme su declaración, que he recibido con 
algún retraso motivado por la enfermedad de M. Duvoisin, parte 
integrante de la misma declaración, que es como sigue: 

Le chant d'Altahiscar ou Altabisar' (on a écrit ce mot des deux 
manieres) que M. Garay de Monglave a inséré, en 1834, dans le 
Journal de l'Inslitut historique (r. 176)... 

«Les jeunes Basques, et notamment les eleves des universités, 
les étudiants en droit et en médecine, faisant leurs cours a Paris, 
aiment a chanter en chceur, pour le plaisir de former des accords, 
un air aconmiodé sur les noms de nombres Basques, un, deux, 
trois, etc. jusqu'a vingt, rebroussant de vingt á un» (1). 



(1) En una carta adjunta M. d'Abbadie escribe: «Un paisano de las cercanías de 
Baygori cantaba la serie de ios números en un zorzico de ocho versos. La primera es- 
tancia es progresiva de uno hasta veinte, y la segunda viceversa, retrógrada : 

( 1 - 4 ) Bat , biga , Jiirn)\ latir, 

( 5 - 8 ) Boi'ti , sei , zazpi, cortzi ,* 

(9, 10) Bcderatzi. Jtamar, 

(11, ]'2) Ilameika., Jiamahi; 

(13, 11) I/amairtir, /lamalaiir , 

(15, IG) //amaiortz, kamasei , 

(17, 18) Hemezaipi, kemezorlti, 

np, 20) flemeretzi , Itogoi. 

El aire de la canción , según me dijo un amigo que me lo cantó y lo había oido e;i 
Paris y en San Juan de Luz , no tiepe nada de belicoso.* 



AI/rAHISlvAUCÜ CANTUÁ. l4'J 

«M. Garay de Monglave fréquenlait ses compairioles. II élait 
Bayonnais. Gel air, ce soiivcnii- attrayant du pays, loin du pays, 
lui inspira l'idée du Ghanl d'Altabiscar. II le coinposa cu frail- 
eáis. Un de mes cousins, M. Louis Diihaldcd'Espeloüu, «jiii dou- 
uait des répétilions aux jeuiies -cus óludiaiil a París poar ciilrcr 
ñTEcole Politechnique, traduisit en bastiuel'cj'uvre de M. de Mon- 
glave. Louis Duhalde ne s'étaiL jamáis oceupé de sa langue inater- 
nclle; s'il n'en savait que ce qu'il av¿iit appris daus l'enfance, 
aussi sa versión trahil-ello une main inexperle. II a Iraduil sim- 
piement en prose, sans mesure et sans rime; le morceau nc peut- 
élre que recité; on chante seulement la nomenclature un, deiix, 
trois, ele, sur un air qui n'a certes rien de guerrier; ai-je besoíii 
d'ajouter que les prétendues copies a variantes, conservces dans 
la montagne, n'ont jamáis existe?» 

aUne simple reflexión aurait dú faire comprendre á la foule, 
qui si un chant peut se conserver par tradilion órale, un récitalif 
indiantable n'aurait pas eu de lendcmain. M. Duhalde lui-mémc 
a bien ri avec moi de la méprise de tant dVjcrivains.» 

L'original de la note ci-dessus est signé Düvoisin et accompa- 
gnait une lelre du méme littéraieur Basque, datée Giboure, 30 
Mai, 1883 ou il m'autorise á faire desadéclarationl'usagequime 
conviendra. — Signée — Antoine d'Abbadie (de rinstiluti — Paris, 
Juin, I, 1883. 

De esta carta de M. d'Abbadie que incluye la terminante decla- 
i-ación de M. Düvoisin, resulla. 

I.'' Que el original del canto de Altahiscar, es francés y no 
vascongado. 

2.° Que la versión vascongada está en .prosa moderna; y no 
en verso, que autorice la presunción de haberse cantado y con- 
servado en boca del pueblo. 

3.° Que un solo fragmento de la canción ó la lista de les nú- 
meros en aumento y disminución hasta veinte, tiene ó puede te- 
ner tipo vascongado independientemente de la car.ción original 
ó composición francesa. 

El autor de la declaración es el célebre capitán Düvoisin, que 
trasladó la Biblia en dialecto Labortano bajo los auspicios del 
príncipe Luis Luciano Bonaparte, y ha publicado asimismo va- 



150 boletín de la real academia de la historia. 

rias memorias y artículos sobre cuestiones gramaticales del vas- 
cuence. Fácil es observar que la declaración confirma de lleno 
en lleno la fina crítica de M. A. Dihinx, el cual, entre otras 
palabras del canto que censura y señala como impropias , dice lo 
siguiente sobre el vocablo bota: «Le mot propre a fait défaut, et 
l'auteur peut-otre encoré jeune, a employé, sans y réfléchir cette 
expression dont 11 s'est serví bien souvent dans les jeux de son 
enfance.» 

La idea de la canción fué evidentemente sugerida á M. Mongla- 
ve por el canto de los números y por lo que sobre ellos le apuntó 
M. Ollivier. 

Lejos, pues, de ser contemporáneo á la época de Carlomagno, ó 
de remontarse en su redacción escrita cuando menos al siglo xii, 
el canto de Altahiscares modernísimo. Para echar por tierra esta 
proposición que estimo evidente, no queda más partido que el de 
presentarnos el manuscrito que dicen pertenecer ala centuria xii 
y haber estado en poder del conde Garat, ó siquiera algunas de 
las numerosas variantes que se pretenden encontradas en dife- 
rentes parajes del país vascongado. No es necesario ailadir que 
los vascófilos verían con mucho placer ese manuscrito del siglo xii 
para que sirviese de inapreciable aumento al descubrimiento no- 
tabilísimo del glosario vascongado que ha hecho el R. P. Fidel 
Fita en el códice Galixtino propio de aquella centuria. Mas ¿po- 
drán presentarlo quienes tienen contra sí las improbabilidades 
que la crítica ha señalado, y sólo pueden alegar en favor suyo un 
vago decir de la ilusión temeraria? 

Réstame demostrar, en comprobación de cuanto llevo manifes- 
tado á la Real Academia, las correcciones y transformaciones que 
ha ido gradualmente sufriendo bajo sucesivas ediciones el texto 
primitivo que M. Duvoisin señalaba como obra de una mano in- 
experta, y que M, d'Abbadie apuntaba en 1859 como coloreado 
de modernismo en su vascuence. Anotaré en especial las variantes 
introducidas por el texto que el Cancionero vasco del Sr. Mante- 
rola (serie 2.*, tomo iii, páginas 44-4G; San Sebastián, 1878) ha 
proporcionado al Excmo. Sr. D. Víctor Baíaguer; y por de pronto 
no será difícil notar que los conatos del autor del Cancionero 
para obtener el metro de la versificación han salido casi comple- 



ALTAHISKARCO CANTIÁ. jj] 

tamcnte inútiles. El texto que adopto como tipo de comparación 
puede verse cu la obra de M. Frnncisquc Micliel, Le Pays Basque 

(páginas 230 y 237), publicada en 1S57, 



ALTABISCARRACO CAXTUA (I). 

Oyhu bat aditua izan da 

Escualdnnen mendien artetic , 

Eta etcheco jaunac, bere athearen aintcinean (2) chutic 

Ideki tu beharriac, eta erran du : «Nor da hor? Cer nabi dautet?» 

Eta chacurra (3), bere nausiaren oinetan lo zaguena, 

Alchatu da, eta karrasiz Altabiscarren inguruac bethe ditu. 

Ibañetaren lepoan harabotz bat aghertcen da, 
Urbiitcen da , arrokac esker eta escun (i) jeteen dituelan'c ; 
Hori da urruntic heldu den armadabaten (5) burruma. 
Mendien capetetaric (6) guriec erepuesta (7) eman diote ; 
Berec (8) tuten seinua (9) adiarazi dute, 
Eta etcheco jaunac bere dardac zorrozten tu. 

Heldu dirá! Heldu dirá! cer lanzazco (10) Basia! 
Ñola cer nahi colorezco banderac heien erdian aghertcen direa ! 
Cer simiztac (II) atheratcen diren hein arraetaric! 

Cémbat dirá? Haurra, condatzac (12) onghi. [hamabi, 

Bat, biga, hirur, laur, bortz, sei, zazpi, zortzi, bederatzi , hamar, liameca. 
Hamahirur, hamalaur, hamabortz , hamasein, hamazazpi , hemezortzi, 

[hemeretzi, hogoi. 



(1) Monglave, «Altabicaren cantua»; Manterola, «Altahiskarco cantiia». 

(2) Manterola «aiteinean ». 

(3) Este diminutivo ha sido censurado por Dihinx, asi como los otros dos, l/oí/u 
r/titmitan, de las estrofas iv y v. El vocablo apto á la composición es takhnrra. 

(I) Mant. «escuin». 

(5) Mant. «armadabaten». 
(C) Mant. «copetetaric». 

(7) Mant. «errespuesta»; palabra de cuño moderno, así como arpiada y otras. 

(8) Mant, «Beren». 

(9) Mant. «soinua». 

(10) Mant. «lantzazco». 

(II) Mant. «simistac». 
(12) Mant. «condatzic». 



152 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

Hogoi eta millaca (1) oraino, 

Hein (2) condatcea demboraren galtcea Hteke (3). 

ürbilt ditzagun (4j gure beso zailac, errotic atliera ditzagun arroca horiec. 

Botlia ditzagun mendiaren patarra beberá 

Heiu burueu gaineraiuo; 

Leber ditzagun, berioaz (o) jo ditzagun. 

Cer nabi zuten gure meudietaric Norteco gbizon (6) boriec? 

Certaco jin dirá gure bakearen nabastera? 

Jaungoicoac mendiac in (7) dituenean nabi izan du bec gbizonec ez pasatcea. 

Bainan arrokac biribilcolica erortcen dirá, tropac lebertcen dituzte. 

Odola cburrutan badoa, baragbi puscac dardaran daude. 

Ob! cembat liezurr carrascatuac! cer odolezco itsasoa! 

Escapa! escapa! indar eta zaldi dituzuenac. [gorriarekin ; 

Escapa badi , Carloniano erregbe , bire luma beltzekin eta bire capa 

Hire iloba raaitea, Errolan zangarra, bantcbet bila dago; 

Bere zangarrtassua (8) beretaco ez du (9) izan. 

Eta orai, Escualdunac, utz ditzagun arroca boriec; 

Jauts gbiten fite, igor ditzagun gure dardac (10) escapatcen direueu contra. 

Badoadi! badoadi ! (11) non da bada lantzezco (12) sasi bura? 
Non dirá beieu erdian aglierri (13) cireu cer nahi colorezco bandera bec? 
Ez da gbebiago (I 4) simiztaric (lo) atberatcen beien arma odolez betbetaric. 
Cembat dirá? Haurra, condatzac ongbi. [bamabirur, 

Hogoi, bemeretzi, bemezortzi, hamazazpi, bamasei, bamabertz, bamalaur, 



(I) Mant. «milaca^.. 
(■2) Maní. «Heien». 

(3) Mant. «lilequew. 

(4) Mant. « urbilditzaguu ». 
<5) Mant. «lierioz». 

(G) Mant. «guizon». 

(7) Mant. «eguin». 

(8) Mant. «zangartasuna». 

(9) Mant. «tu». 

(10) Mant. «dad ac». 

(II) Mant. «Bailoazi ! Badoazi 

(12) Mant. «lantzazco». 

(13) Mant. «aírlieri >a 

(14) Mant. <<gheiago».' 

(15) Mant. «simiztari >> 



ALTADISKARCO CANTUA. t53 

Hamabi, hameca, liamar, bederatzi, zortzi, zazpi, eei, bortz, laur, hirur 

[biga, bat. 
Bat! ez da bihiric agliertcen gchiago (1). 

Akhabo da (2). Etcheco jauna, joaiten ahalzira (3) zuro chacurrarekiu 
Zure emaztearen eta zure haurren besarkatcera , 

Zure darden garbitcera eta alchatcera zuro tutekin (i), eta ghero heien 

[gainean etzatera eta lo itera (5). 
Gabaz, arranoac joanea dirá ha[r]aghi pusca lebertu horien jatera, 
Eta hezurr (6) horiec oro churituco dirá eternitatean (7). 

La piGza es hermosísima, demasiado bella para el tiempo íi que 
se atribuye. Drama de acción sublime, que prescinde de las galas 
de la versificación; y hace casi olvidar, en el entusiasmo que des- 
piertan las escenas simétrica y gradualmente encadenadas, que 
tanto merece el nombre de hojarasca de neologismos por su leu- 
guaje, como de tallo romántico por sus ideas ingerto en puro cla- 
sicismo. Su remate, cuyo brío tanto se encomia, está calcado (8) 
en la Eneida (xii, 34-36): 

«Bis magna victi pugna, vix urbe tuemur 
Spes ítalas ; recalent nostro Tiberina fluenta 
Sanguina adhuc, campiqíie ingentes ossibus albent.T> 

Sare (Basses-Pyrénées) 15 de Julio, 1883. 

Wentworth Webster, 

correspondiente extranjero 
de la Real Academia de la Historia. 



(1) Mant. «gheiago». 

(2) Con ebtas dos palabras Manterola da remate á la línea precedente. 

(3) Mant. «ahal zira». 

(4) Aquí Manterola da fin á una línea y comienzo á otra; y de consiguiente siete, 
lineas á toda la estrofa. 

(ü) Mant. «giterav. 

(6) Mant. «hezur. » 

(7} El texto que adoptó Dihinx en 1873 difiere muy poco ó casi nada del de MiclieL 

(8) Esta observación, la debo al P. Fita. 



154 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

II. 

ANTIGÜEDADES PREHISTÓRICAS DEL PARTIDO DE MOLINA DE ARAGÓN. 

Hallándome por temporada los meses del estío de este presente 
año de 1882 en la ciudad de Molina de Aragón, provincia de 
Guadalajara, fui noticioso que en el pueblo de El Pedregal, uno 
del partido judicial de la referida ciudad de Molina, situado en 
la margen izquierda de la carretera que conduce á Teruel , como 
á unos 25 cá 30 kilómetros al oriente de la cabeza del juzgado, 
habían sido descubiertos algunos objetos antiguos, y que aún se 
abrigaban fundadas esperanzas de que pudiesen aparecer más. 
La singular predilección que desde mi juventud he sentido por 
todo género de antigüedades, por lo que nos enseña respecto del 
modo de ser, vida íntima, usos y costumbres de nuestros mayo- 
res, me hizo concebir el designio de pasar á aquella población, 
tan luego como ocupaciones del momento me lo permitiesen, y 
averiguar personalmente lo que hubiere de verdad en este asun- 
to. Por fortuna mía, cuando más vivamente acariciaba este para 
mí lisongero proyecto, merecí una honrosa visita del Sr. B. Ra- 
món Malo, celoso cura propio de El Pedregal, quien, al certifi- 
carme de la realidad del hallazgo de objetos antiguos en el terri- 
torio y jurisdicción de su pueblo, me hizo el obsequio y presen- 
tación de tres acicates, al parecer moriscos, de una saeta de 
hierro y de una especie de dedal de bronce, hallados en el sitio 
denominado El Hostal de Mañas , contiguo á una espaciosa lla- 
nura, á la izquierda de la mencionada carretera á Teruel, dis- 
tante como unos dos kilómetros, poco más ó menos, antes de 
llegar á la población. 

También me insinuó el expresado Sr. D. Ramón Malo la noti- 
cia de que en otro sitio , dentro del término del lugar llamado 
La Jaquesa, situado á la derecha de la expresada carretera, con- 
finando con la línea divisoria de Aragón, fué descubierta por un 
lal)rador en el año pasado una lápida de figura irregular, en la 



ANTIGÜEDADES DEL PARTIDO DE MOLINA DE AIIAOÚN. 15 j 

cual se notaban clara y disliatamentc esculpidos ciertos caracte- 
res, que por extraños no pudieron ser leidos, razón por la cual 
se abandonó en el mismo sitio. Esta noticia, más fuertementu 
íiguzando mi curiosidad, fué motivo de que en 27 de Agosto, 
aunque no del todo desocupado de negocios, apresurase mi de- 
seado viaje al mencionado pueblo de El Pedregal. 

Grandemente preocupado con la idea del liallazgo de la citada 
lápida, mi primer cuidado cu llegando á la poblaci<')U fué el po- 
nerme en relación con el dueño de la heredad en que apareció la 
piedra, quien con la mejor voluntad desde luego se me ofreció, 
no sólo á indicarme el sitio donde debía hallarse, sino que tam- 
bién á no poner la más pequeña dificultad ni el menor obstáculo 
á las excavaciones que fueran precisas para encontrarla ; y efec- 
tivamente, con poco trabajo se ofreció el objeto apetecido. 

Excuso hacer la descripción de su figura ni la de los caracte- 
res, puesto que el mismo original acompaña á este escrito, jun- 
tamente con otro fragmento de piedra que conserva también in- 
dicios de inscripción, hallado allí mismo, todo sobre un sepul- 
cro, que además de los restos deshechos de ün cadáver contenía 
dos pequeñas esferas, una como de vidrio y otra de metal. 

Otro resultado igualmente notable, si bien en mi humilde jui- 
cio más sorprendente, se ofreció á la vista, con ocasión del des- 
cubrimiento de este sepulcro, puesto que continuando la excava- 
ción á la profundidad de unos 70 centímetros, poco más ó menos, 
apareció un grande enterramiento , cuyas osamentas , por su fra- 
gilidad y poca consistencia, en un sitio seco por su elevación 
respecto del valle inmediato, parecían acusar mucha antigüedad. 
Los cadáveres, por lo general, yacían con la cabeza mirando al 
Oriente, los brazos extendidos en toda la longitud pegados á los 
costados, rodeados de unas pequeñas losas; entre las cuales y los 
huesos de los esqueletos aparecieron gran porción de clavos, que 
parecían indicar haber estado como hundidos en las partes blan- 
das y carnosas del sepultado, por cuanto algunos, redoblados por 
ambas partes en figura de asa, fueron extraídos de la parte que 
correspondía ó pudiera corresponder al vientre, otros hacia las 
orejas y cuello; y lo más singular y pasmoso de todo es que en 
este enterramiento pavoroso aparecen en su mayor parte los crá- 



156 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORLA.. 

neos penetrados perpendicularmente por un más largo clavo 
que, vivo ó muerto el allí sepultado, debió atravesarle toda la 
masa cerebral. 

Sin duda que estos cadáveres debieron ser sepultados con sus 
ropas, vestiduras y adornos usuales, puesto que sobre uno de 
ellos se hallaron las dos lindas hebillas mayores que se acompa- 
ñan y un anillo, todo de metal, en buen estado de conservación 
y algunos con dibujos de relieve que parecen indicar gusto de 
una sociedad bastante adelantada. Otras dos anillas también apa- 
recieron en otra sepultura, pero que por su mayor delicadeza no 
pudieron resistir la acción del tiempo, y se deshicieron al inten- 
tar extraerlas de las falanjes que algún día adornaron. 

En otra sepultura de reducidas proporciones fueron halladas 
dos vasijas de arcilla de figuras distintas: una de ancha base y 
cuello prolongado en ^toda su integridad; la otra se fracturó en 
menudos pedazos al extraerla. Debía afectar figura más abierta y 
ancha. 

En medio de este vasto cementerio, del cual sólo una pequeña 
parte me fue dado reconocer, llamó mi atención una singular se- 
pultura de mayores dimensiones que las demás, en la cual se 
notaron mezclados y confundidos osamentas de dos ó tres ó más 
cadáveres completamente dislocados y en informe aglomeración. 
Sus cráneos, en número de tres, se hallaron boca abajo y con su 
correspondiente clavo cada uno, como los descubiertos anterior- 
mente, pero separados de los troncos unos 50 ó más centímetros, 
como si' esto quisiera indicar si tal vez estos esqueletos hubieran 
sido arrojados á una fosa común después de trasportados de otra 
parte, así como sucede hoy en los huesarios de nuestros cemen- 
terios y antes en nuestras iglesias. 

No pudiendo disponer de más tiempo, porque obligaciones 
imprescindibles me llamaban ;i otro lado, y en la persuasión de 
que los hechos consignados, juntos con los efectos recogidos, 
que con la debida separación tengo la honra de presentar á la 
Real Academia, pudieran ser suficientes para que la sabiduría de 
sus individuos tal vez halle la explicación de las raras costum- 
bres, no solo de los r.-ntiguos habitantes de este fértil valle sobre 
el que descansa la descrita necrópolis, mas también los de una 



ANTIGÜEDADES DEL PARTIDO DE MOLINA DE ARAGÓN. 157 

vasta circunscripción, suspendí las excavaciones. Retiróme del 
fúnebre asilo de la muerte al anochecer de ardoroso día, pensa- 
tivo y un tanto exaltada la imaginación con la lúgubre aparición 
de tantos cadáveres, sin acertar á explicarme si fueron inmolados 
por bárbara é inexorable ley, ó por la fiera venganza de algún 
implacable vencedor, ó tal vez en holocausto voluntario ó forzoso 
en las pomposas exequias de algún valeroso caudillo. 

Paréceme que los mencionados enterramientos, llevados á 
cabo en la forma rarísima que queda consignada, no deben te- 
nerse como un hecho aislado y casual en aquella localidad, sino 
más bien como una práctica, como prescripción constante de una 
ley, costumbre ó ceremonia religiosa, observada en una muy 
■extensa y dilatada comarca y vasto territorio, habitado por gente 
de un origen común, de unos mismos habitantes y de unos mis- 
mos hábitos y de unas mismas creencias. 

He calificado antes de raros estos enterramientos , concretán- 
dome á los de El Pedregal , y así es la verdad , pero no pueden 
tenerse por únicos. 

Las escasas noticias que he podido descubrir durante los mu- 
chos años que vengo preocupado con la idea, de otros semejantes, 
de que después haré mención, me inducen á creer que ellos, con 
las horripilantes circunstancias que revisten, han debido ser en 
lo antiguo de uso general, si no en toda la Península Ibérica, 
cuando menos en el territorio que actualmente ocupa Castilla la 
Nueva. 

Las eruditas Memorias de ese ilustre Cuerpo, al folio 225 del 
tomo III, ya nos guardan la noticia del hallazgo de 10 cadáveres, 
•cuyos cráneos, perforados cada uno por un gran clavo, fueron 
descubiertos en el último tercio del siglo pasado eu la Mancha 
Alta, con otra porción de objetos antiguos, por los señores her- 
manos Zamora al abrir los cimientos para ciertos edificios. Tam- 
bién el diligente historiador de Osma, Sr. Loperraez , nos refiere 
el hallazgo de otro sepulcro que contenía un esqueleto con todo 
ol .cráneo empedrado de clavos, según su expresión, del tamaño 
de tachuelas. Todavía recuerda la ciudad de Sigüenza, no sin 
cierta especie de terror, el descubrimiento en el año 1826 de un 
cementerio con ocasión de hacer una era el padre del que estas 



158 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

líneas escribe, los cuales esqueletos en gran número y cada uno 
en sepulcro separado , y alguno de ellos empezado en tierra y 
continuado en piedra arenisca, aparecían no solamente con el 
cráneo empedrado de pequeños clavos como el referido por el 
Sr. Loperraez, sino lo que es más de admirar, penetrados de 
ellos y en toda su longitud las tibias, fémures y huesos de am- 
bos brazos, siendo de notar que el sitio del singular enterra- 
miento, conocido con el nombre de Cuesta del Huesario, lo fué 
ya en el año de 1519 con poca variación material con el de Hon- 
sario. Por último, según noticias que acabo de recibir de un sa- 
cerdote de la villa de Medinaceli, en el término de ella llamado 
Ven-Alcalde han sido descubiertos muy recientemente porción 
considerable de sepulturas, cuyos cadáveres todos han aparecido 
con sus respectivos cráneos atravesados por sendas escarpias, 
introducidas, no perpendicularmente como en los cadáveres de 
El Pedregal y alguno de Si^üenza, sino en dirección horizontal, 
es decir, de la frente una y las dos restantes desde los huesos 
temporales hacia el interior del cerebro. 

Razones son estas que, en mi humilde juicio , persuaden que 
nuestra España ha pasado por una época en la cual debió estar 
bastante extendida y generalizada la práctica que en materia de 
enterramientos cjueda manifestada, sin que ni la historia ni la 
tradición nos hayan dejado rastro alguno ni la menor luz para 
poder vislumbrar el origen de tan rara como repugnante cos- 
tumbre. 

No obstante, en medio de las no pequeñas dificultades que pa- 
rece llevar consigo el esclarecimiento de los referidos hechos, si 
fuera cierto el dicho de nn venerable y muy calificado sacerdote 
que yo traté y ya dejó de existir, de haber visto algún antiguo- 
documento en el cual haciendo memoria del sitio de Sigüenza, 
en que fueron descubiertos los enterramientos antes citados, se 
le daba la denominación de Osario de los Judíos , tendríamos na 
poco adelantado en la investigación do estos oscuros misterios; y 
si al propio tiempo pudiera justificarse el informe que nos sumi- 
nistró otra persona fidedigua de que en el reino de Aragón toda- 
vía es frecuente entre el pueblo la imprecación de clavado te veas 
como judio, también esto pudiera excitar la sospecha de si entre 



ANTIGÜEDADES DKL PARTIDO DK MOLINA DE ARAGÓN. 150 

aquella raza hubiese existido en lo antiguo alguna práctica pú- 
blica ó secreta de aquella manera de sepultar ciertos cadáveres, 
en la época en que vivía entre nosotros tolerada y se le permitía 
gobernarse por su legislación particular. 

Como quiera que ello sea, deseoso yo de contribuir con mi 
granito de arena al levantamiento de la grandiosa obra de la 
reconstrucción de nuestra historia patria, confiado tan digna- 
mente á la sabiduría de esta ilustre Academia, me permito darla 
cuenta de los descubrimientos que quedan consignados. 

Madrid 4 de Noviembre de 188"2. 

Román Andrés de la Pastora, 

Presbitero, 
Correspondiente de la Real Academia de la Historia. 



III. 



EXPEDICIÓN científica Y ARTÍSTICA A LA SIERRA DE FRANCIA, 
PROVINCIA DE SALAMANCA, EN EL MES DE JULIO AÑO DE 1857. 



Parte arqueológica. 

Aprovechando la ocasión de salir los catedráticos de Historia 
Natural y Física experimental de esta Universidad, para una 
expedición científica á la Sierra de Francia , el que suscribe , ca- 
tedrático de Jurisprudencia de esta Universidad y secretario de 
la Comisión de monumentos de esta provincia, tuvo la satisfac- 
ción de unirse á sus comprofesores, para hacer por su parte ob- 
servaciones arqueológicas en algunos de los pueblos que la expe- 
dición debía recorrer. 

Al efecto salimos de Salamanca en la tarde del dia 7 de Julio 
para pernoctar en Villalba de los Llanos. El objeto de visitar este 
pueblo era para averiguar el paradero de los restos mortales de 



160 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

célebre D.° María de Monrroy (a) la Brava Sahnantina, la que 
vengó el asesinato de sus hijos cortando la cabeza á los jóvenes 
de la familia de Manzano, que los había asesinado y viniendo 
desde Portugal con ellas puestas en la punta de dos picas, á de- 
positarlas sobre el sepulcro de sus hijos en la parroquia de Santo 
Tomó de los Caballeros, que actualmente se está demoliendo por 
amenazar inminente ruina. Esta venganza dio ocasión á los san- 
grientos bandos que inundaron de sangre las calles de Salaman- 
ca á mediados del siglo xv, hasta que logró calmar á los conten- 
dientes el célebre San Juan de Sahagun, llamado por este motivo 
el Apóstol de Salamanca. 

La tradición vulgar aseguraba que el sepulcro de dicha señora 
se hallaba también en la misma parroquia de Santo Tomé, cerca 
del de sus malogrados hijos, y aun designaba como tal uno de 
los sepulcros próximos á desaparecer. Con este motivo el secre- 
tario de la Comisión de monumentos que suscribe y los apode- 
rados de las casas de Abrantes, Gor y la Roca, emparentados con 
dicha señora, procedieron á reconocer el sepulcro previa la auto- 
rización del ordinario y á presencia del señor cura párroco. 
Dudábase que pudiera estar el sepulcro de D.* María la Brava 
en la parroquia de Santo Tomé, á pesar de lo que la tradición 
aseguraba, por constar en el archivo del Excmo. Sr. Duque de 
Abrantes, que aquella señora se hallaba, enterrada en Yillalba de 
los Llanos, según había mandado en vida. 

El sepulcro estaba en un arco cerrado de la parroquia de Santo 
Tomé: caido el tabique se halló una hermosa figura yacente de 
mujer con un elegante traje del tiempo de D. Juan II, plegado 
con mucha gracia y hasta coquetería. El tocado de la figura es 
digno de estudio , y la Comisión de monumentos ha reclamado 
por esto motivo la dicha figura yacente para su museo. 

El esqueleto de la señora enterrada en la urna de piedra, tenía 
aún adherida al cráneo una redecilla igual á la que tenía la figu- 
ra yacente. Mas al momento se conoció que aquel esqueleto no 
podía ser el de D." María la Brava, sino de persona mucho más 
joven. Así lo certificó en el acto el Sr. D. Andrés La Orden, de- 
cano de la facultad de medicina de la Universidad , que se halló 
presente al reconocimiento, asegurando , que la edad de aquella 



EXPEDICIÓN científica Á LA SIERRA DE FRANCIA. 101 

persona cuyos fueron los restos debía de ser de unos 24 años al 
tiempo de morir. 

La siguiente inscripción hecha en la iglesia de Villalba do los 
Llanos pone ya fuera de toda duda que el entierro de D.^ María 
la Brava se verificó en este pueblo y no en la parroquia de Santo 
Tomé de Salamanca. En el centro de la capilla mayor y al pié 
de las gradas para subir al pequeño presbiterio, hay una lápida 
de unas cinco cuartas de largo por tres de ancho en cuyo centro 
se ven las armas de los Enriquez de Sevilla, que consisten en un 
escudo acuartelado , con dos castillos y dos ci-uces negras y al- 
rededor esta leyenda: 

Aquí yace D. Enrique Enriquez viznieto del ynfante Don 
Enrique que Dios perdone y de D.'* María de Monroy la Brava, 
fundadores del mayorazgo de Villalba y de esta santa capilla. 

La redacción de esta inscripción es muy defectuosa, pero se ha 
copiado tal cual se puede leer. Debía decir: este es el sepulcro 
de, etc. 

Sin duda gastada la primera lápida del siglo xv, se repuso ésta 
en el xvii, de cuya época parecen las letras y abreviaturas, las 
-cuales están ya muy gastadas y especialm.ente por la parte donde 
fistán las letras relativas á D.^ María la Brava. 

El palacio que allí había, y en que habitaría aquella señora, 
fué destruido por los franceses y sólo se ha podido rehabilitar 
una pequeña parte que nada ofrece de notable. 

Las armas de los Enriquez de Sevilla, muy comunes en Sala- 
manca, son escudo acuartekido con dos castillos de oro aclarados 
de azul en campo de gules (rojo) y dos cruces de sable (negro) en 
campo de oro. 

Tamames. 

De Villalba de los Llanos á Tamames el terreno es quebrado y 
ofrece una serie continua de montes y valles con cierta unifor- 
midad. De esta manera se hallan los pueblos de Carrascal del 
Obispo, Sanchon de la Sagrada y Garrascalejo. No así Tamames, 
villa grande é importante situada á la cabeza de un hermoso y 
nncho valle por el que se dilata la vista con mucho gusto cansada 



162 boletín de la real acade.mla de la historl\. 

de la monotonía y estrechez de los anteriores montes y vallecitos. 
Su anchura es como de media legua y la vista alcanza A descu- 
brir una longitud de unas dos leguas, hasta más allá de Tejada, 
pueblo situado al otro extremo de aquel hermoso valle, en el que 
se echa de menos el arbolado, cuya falta es casi general en toda 
la provincia de Salamanca. 

Por lo demás la villa de Tamames poco ofrece de notable para 
el artista. La iglesia, que no se pudo visitar, parece en su exte- 
rior espaciosa y sólida y tiene un ábside elíptico , sostenido por 
sólidos contrafuertes, como casi todos los de las iglesias grandes 
de la provincia. 

Tamames es célebre en nuestra historia contemporánea por la 
batalla que allí perdieron los franceses. Todavía se enseña el 
anchuroso anfiteatro donde tuvo lugar aquella sangrienta escena, 
en Octubre de 1809, cruzándose por cada parte más de 12.000' 
hombres de todas armas. 

A la salida misma de Tamames y cruzando el campo de batalla 
se principia á cubrir la pendiente para trasponer la sierra á que 
da nombre el mismo pueblo. Arranca ésta de la de Béjar, de E. 
á O., y tiene nueve leguas de extensión á contar desde San Este- 
ban á San Muñoz, que está dos leguas al O. de Tamames. 

Traspuesta aquella pequeña sierra se cruza un hermoso valle 
en que está el pueblo de Aldeanueva, por donde atraviesa un 
caudaloso arroyo, sobre el que se ha construido en estos últimos 
años un lindo puentecillo. 

Monasterio de Zarzoso. 

A la falda de un monte poblado de espesos robles se halla el 
convento de monjas del Zarzoso, que en otro tiempo fué villa del 
señorío de la Abadesa y ahora es despoblado. Ignórase el origen 
del monasterio, pero debe ser del siglo xiv al xv, pues en 28 de 
Mayo de 1455 el mariscal D. Gómez de Benavides, hizo al mo- 
nasterio de Nuestra Señora de Portaceli del Zarzoso, una dona- 
ción muy pingüe cuyo trasumpto nos enseñó el capellán. 

La iglesia es gótica, muy linda y digna de ser conservada con 
todo esmero: tiene 26 pies de latitud por 24 de longitud. Es pa- 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A LA SIERRA DE FRANCIA. 1 Piíl 

rccida á la de Santa Úrsula do Salamanca. El presbilerio es es- 
pacioso y tiene cuatro capillas adornadas de una preciosa greca 
muy bien conservada. Estas capillas tienen sus agujas y remates 
de alcachofa por el estilo de las de la Catedral, Santa Úrsula y 
San Adrián, por las que se viene en conocimiento de la época de 
construcción de la iglesia, á principio del siglo xvi. 

El altar mayor es todo de mármoles y de gusto greco-romano 
pero no de los más recargados, y en cualquiera otra iglesia esta- 
ría muy bien. En el centro so ve una escultura bastante regular 
de Nuestra Señora de la Asunción. 

El edificio es espacioso y lüen conservado, sólido y simétrico; 
es muy á propósito para la contemplación, por su situación y 
alejamiento del mundo. Las once religiosas que allí hay, viven 
muy unidas, contentas y gozan de reputación de austeridad y de 
recogimiento. 

Plácia el año de 1830 sufrieron un robo por rumores de que los 
frailes habían hecho enterrar varias cargas de dinero en la bo- 
dega del convento. Los ladrones no hallaron dinero alguno des- 
pués de cavar en muchos parajes, y aun lo que llevaron del con- 
vento fué muy poco. 

La Alberca. 

Desde el Zarzoso á la Alberca se cruza un valle frondoso y pin- 
toresco, que quizás sea el mí'is ameno que hay en la árida pro- 
vincia de Salamanca. Contrasta esta vegetación vigorosa con la 
enana y raquítica de los valles que se cruzan desde Salamanca 
hasta el pié de la Sierra de Francia, término oriental de la pro- 
vincia. 

Hállanse arroyos de cristalinas aguas, que bajan de las inme- 
diatas sierras y amenizan el valle por do quiera. El principal es 
el Yeltes, que pasa por bajo del Zarzoso y al cual vierten otros 
varios que cruzan el bosque del Cavaco. 

Siguiendo por la falda septentrional de la Peña de Francia, se 
halla el pueblo llamado el Cavaco, de donde toma aquel su nom- 
bre. Más al poniente y <:asi frente al Zarzoso estaba el otro con- 
vento en que habitaban los frailes de la Peña de Francia, duraute 



164 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

el invierno, y al lado opuesto el lugar llamado el Gaserito, que 
fué arruinado por los franceses, y que está al pié mismo del 
cerro de la Peña de Francia. 

Éntrase luego en un terreno fragoso para subir al pueblo de la 
Alborea. Antes de llegar á éste, se atraviesa el río Francia que 
corre por un barranco hondo y escarpado y en el que hay un 
sólido puente. 

La posición de la Alberca, aunque agreste, es sumamente pin- 
toresca, rodeada por todas partes de altos y frondosos nogales, 
manzanos y castaños, que por desgracia están padeciendo de 
algunos años á esta parte una enfermedad desconocida queUos va 
destruyendo lentamente, privando de amenidad al paisaje y de 
su principal riqueza al pueblo, que á principios de este siglo era 
sumamente rico. 

Tenía entonces este pueblo sujetos muy ilustres que honrá- 
banle en la catedral y Universidad de Salamanca. En lo espiri- 
tual pertenece la Alberca al obispado de Coria. Es probable que 
en la nueva demarcación eclesiástica desaparezca esta deformidad 
y se agregue la Alberca al obispado de Salamanca, al que por su 
topografía corresponde, estando á la parte septentrional de la 
Sierra de Francia, que es el limite natural de los dos obispados 
de Coria y Salamanca, como también de las provincias de Casti- 
lla la Vieja y Extremadura. 

El pueblo está situado al pié de dos altos cerros que lo circun- 
dan por Oriente y Mediodía. El primero es el puerto por donde 
se pasa á las Batuecas y Extremadura. El otro se reconoce por 
una gran mole redonda de granito que se distingue desde Sala- 
manca. La iglesia y los principales edificios son de aquella pie- 
dra. Algunas casas están construidas sobre grandes masas de 
granito, lo cual le da cierto aire de construcciones ciclópeas. 

Iglesia de la Alberca. 

La iglesia es sencilla y espaciosa, toda de piedra, de tres naves 
y el conjunto que ofrece es agradable. 

Hay en ella muciías cosas notables, tal como el Santísimo Cristo 
del Sudor, el cual se dice que sudó sangre el 1." de Setiembre de 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 105 

1655, entre tres y cinco de la tarde y al día signiente por la ma- 
ñana, de lo cual hay testimonio auténtico en la catedral de Coria, 
donde se conservan unos corporales teñidos en sangre. 

La capilla de los Dolores es bastante espaciosa y linda, y fué 
construida á expensas del presbítero D. Antonio González Pavón, 
sujeto muy caritativo y que á pesar de haber estado en Indias, 
de donde vino muy rico , dio todo á la iglesia y á los pobres; en 
términos que cuando murió no tenía ni aun cama, pues quiso 
como Santo Tomás de Yillanueva, dar en vida hasta el último 
maravedí y la cama en que murió. Hay todavía sujetos en la Al- 
herca que alcanzaron á conocerle. 

Las alhajas que ha podido conservar la iglesia son bastante 
curiosas, á pesar de que les quitaron 45 libras de plata: hay un 
cáliz gótico del siglo xvi muy lindo y también lo es el pié de la 
cruz parroquial. 

El pendón de las mujeres. 

De resultas de las guerras de Portugal en 1475, atacaron á l;i 
Alberca de rebato 500 portugueses. Las mujeres de la Alberca 
tomaron parte en aquel rebato con tanto denuedo , que saliendo 
contra los invasores les quitaron el pendón que llevaban , y que 
en memoria de aquel hecho se guarda todavía en la sacristía de 
la iglesia. 

Es de antiguo damasco carmesí de 44 pulgadas de ancho y 
58 de largo. El asta tiene 143 pulgadas de largo hasta el boi'- 
lón, y desde éste al remate de la pica 17 X; el hierro tiene ñ}{ 
pulgadas de alto por 2)4 de ancho en su base. 

Este pendón (1) se saca procesionalmente el día segundo de 
Pascua de Resurrección hasta las eras en donde la justicia hace 
algún corto agasajo á los concurrentes. 



(1) La historia de la Alberca dice que las tropas que perdieron esta banrlera' perte- 
necían al Prior de Ocrato, y que andaban saqueando por las inmediaciones de Ciudad 
Rodrigo. La cruz blanca del pendón y la peque-ia dentro de la media luna pajiza eran 
de la orden de San Juan ó por lo menos parecidas á ellas, aunque no del todo. No es 
fácil avenir entre sí estas noticias que corresponden á la época de Felipe II, con la 
fecha que es la de las guerras con motivo de la sucesión de la Beltraneja. 



166 boletín de la real academla de la histopja. 

Armas y medidas. 

También se guardan en el archivo de la Alberca las antiguas 
medidas para áridos, y unos chuzos ó venablos, que dicen se cus- 
todiaban allí para armarse los vecinos cuando necesitaban salir 
á caza de fieras. Hé aquí las dimensiones de unos y otros. 

La saeta es do forma piramidal y construida de acero templa- 
do. Lleva dos aletas de chapa de hierro templado. El asta está 
pintada de un color oscuro. 

Las medidas son tres y servían de tipo para aforar las que se 
construían en el pueblo para medir áridos. La mayor tiene una 
capacidad de 2,66 litros, siendo, por tanto, superior al medio ce- 
lemín de Castilla. 

La segunda tiene una capacidad de 2,14 litros, siendo, por 
tanto, menor que el medio celemín de Castilla. 

La tercera tiene de calñda 1,15 litros, exactamente igual á la 
del cuartillo de Castilla. Las tres medidas son de madera. 

El gabán de D. Juan II. 

Habiendo venido D. Juan II á la Alberca el año de 1455, com- 
padecido de la pobreza de la iglesia y del mal estado de las ropas, 
dejó su propio gabán, para que se hiciera alguna vestidura sa- 
grada. Hízose con 61 una casulla y antes solamente se decía misa 
con ella en la Noche Buena para la llamada del Gallo. 

La casulla es de raso carmesí bordado de oro con grandes cua- 
dros y está aún bastante bien conservada en la sacristía de la 
iglesia. 

Archivo de la Alberca. 

En el presbiterio mismo de la iglesia al lado de la epístola está 
el archivo de la villa, que se abre con muchas formalidades, des- 
pués de reunir las tres llaves. 

Consérvansc en él varios privilegios y pergaminos antiguos. 
Por ellos se viene en conocimiento de que este pueblo era del 
señorío de la casa de Alba dependiente de la jurisdicción de la 



EXPEDICIÓN científica Á LA SIERDA DE FRANCIA. 107 

villa de Granada; que ahora habiendo venido á menos se llama 
Granadilla y está al otro lado de la sierra de Extremadura. 

Los privilegios más notables son los siguientes: 

Uno original del rey D. Pedro el Cruel, dado en la Era 130.'] 
(año 1355), estando en el Real sobre Toro, confirmando dos cé- 
dulas del infante D. Juan , señor de la villa de Granada, dadas 
la una en el Zarzoso á 25 de Marzo de la Era 1390, y la otra en 
Montemayor en 29 de Marzo de la Era 1391. 

En la primera se concede á este lugar de la AlJjerca por el co- 
lodrazgo, vueltas de las armas y demás rentas y pechos, que no 
se apremie á ninguno de la Alberca por vecino de Granada sin 
ser oído en juicio; que si alguno de este lugar quisiere hacer tre- 
guas en él, se lo reciban los jurados ante su notario, y sino qui- 
siere hacerlas, los jurados le prendan hasta que las hagan, y no 
le suelten, ni lleven tampoco preso á Granada. Si algún vecino 
de Granada demandase á otro de la Alberca hasta 70 maravedís, 
si este no quisiese responder en la villa, pueda litigar ante los 
jurados de la Alberca. Que los alcaldes de Granada, cuando ven- 
gan á este lugar, coman por cuenta de ellos, y los fieles de esta 
villa prendan y quiten las medidas que no estuvieren selladas 
por su concejo. 

En la segunda manda que en los repartimientos que se hicie- 
ren en Granada asistan dos personas de este lugar y que la co- 
branza la hagan los regidores de la Alberca. 

Por estas cédulas se ve que la jurisdicción de Granada era bas- 
tante pesada y por tanto los de la Alberca habiendo adquirido 
alguna importancia y aprovechando la buena proporción de las 
guerras civiles, que suele ser la mejor coyuntura para obtener 
gracias, trataron de irse eximiendo poco á poco de aquella gra- 
vosa sujeción. 

Otra de D. Fernando de Aragón estando en gu Real sobre Ba- 
laguer á 9 de Setiembre de 1413, mandando que sus 60 monteros 
de los pueblos de Salvatierra, Granada, Galisteo, Montemayor y 
Miranda del Castañar, fuesen libres de pechos en Granada y en 
su tierra. Todos estos pueblos eran las villas más importantes 
que entonces había en la Sierra de Francia y sus inmediaciones. 

Algunos de estos privilegios ya están publicados en una cu- 



168 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

riosa obrita titulada Verdadera relación y manifestó apologética 
de la antigiiedad de las Batuecas u su descubrimiento, por el ba- 
chiller D. Tomás González de Manuel, presbítero del lugar de la 
Alberca, dedicado al duque de Alba en 1693. 

En el archivo se guarda un ejemplar de la obra, y también lo 
hay en la biblioteca de la Universidad de Salamanca. Hay ade- 
más otra edición más moderna y correcta en un tomo en 8." que 
nos enseñaron en la Alberca; mas por desgracia estaba muy de- 
teriorado y le faltaba la portada. 



Las Batuecas. 

Para ir á las Batuecas desde la Alberca, á cuyo término perte- 
necen, se necesita subir una alta y enriscada sierra, que cierra 
el horizonte de la provincia de Salamanca por aquella parte; y es 
también el lindero natural de las provincias de Castilla y Extre- 
madura. Al llegar al encumbrado sitio llamado el Portillo , se 
descubre un paisaje montuoso y agreste de escasa vegetación. 
Una multitud de montañas agrupadas unas en pos de otras y 
asomando sus peladas cimas, en todo lo que se alcanza á ver, y 
en la parte inferior un estrecho valle que muy poco promete. 

Hasta haber llegado á la mitad de la montaña no se descubre 
el empizarrado techo de la iglesia: allí el espectáculo cambia de 
repente, presentándose en el fondo del valle que se domina á 
vista de pájaro, una vegetación lozana y vigorosa, pero á la par 
sombría y agreste. Mas para llegar hasta allí hay que dar 23 
vueltas y revueltas por el costado de la montaña, no sin peligro 
por algunos parajes. 

Veamos rápidamente lo que fueron las Batuecas, lo que eran 
y lo que son. 

A fines del siglo svi era el desierto do las Batuecas una dehesa, 
cruzada por dos arroyos y poblada de jarales, encinas, enebros y 
otros árboles silvestres. Los vecinos de la Alberca llevaban allí 
sus ganados en invierno; pues en el fondo del valle rara vez llega 
á cuajar la nieve á pesar de la mucha que suele haber en los 
montes inmediatos. Puede formarse idea de lo que eran las Ba- 
tuecas antes del siglo svii, por lo que es ahora aquel sitio fuera 



EXPEDICIÓN científica Á LA SIERR.V DE FRANCIA. 1 G9 

(le la cerca del convento. La dehesa tenía una legua escasa do 
longitud y un cuarto de legua en su mayor anchura, si hien por 
algunos parajes, juntándose demasiado los cerros que forman el 
valle, dejan apenas un estrecho tránsito á las aguas: tal sucede 
por detrás del monasterio, en donde los cerros están tan juntos, 
que parecen terminar allí completamente el valle. 

Los padres Carmelitas descalzos se hallaban por aquel tiempo 
á los principios de su reforma. Prendados de lo solitario y agres- 
te de aquel sitio, retirado de todo comercio humano, y á propó- 
sito para la contemplación , se decidieron á fundar allí un mo- 
nasterio de los que solían tener para su retiro, como era en Cas- 
tilla la Nueva el desierto de Balargue á las inmediaciones de 
Pastrana. En ellos procuraban los religiosos del Carmen vivir, 
no como cenobitas, sino como anacoretas, en continua contem- 
plación y silencio, sin trato alguno exterior, ni aun de predica- 
ción y confesonario, como tenían en los conventos. 

Negábanse los vecinos de la Alberca á vender la dehesa, que 
les era muy útil en invierno, pero atentos á la indicación del 
duque de Alba, señor del pueblo y cuya casa siempre fué muy 
afecta á Santa Teresa, hubieron de vender una parte de ella. 

Los tasadores del pueblo fueron á designar el sitio por orden 
del Concejo. Habíase instalado allí un religioso en una ermita 
donde dijo misa. Tasaron en 800 ducados el sitio acotado, precio 
muy inferior al de su valor real, y eso que alguno de los tasado- 
res tenía que desalojar de allí su ganado. Reconvenidos por ello, 
no supieron decir sino que después de oir misa no se habían 
sentido con fuerzas para pedir más. 

Por aquel mismo tiempo la fábula vino á dar más interés al 
sitio de las Batuecas. Suponíase que este valle se acababa de des- 
cubrir; ni más ni menos que Colón había descubierto el Nuevo 
Mundo; que el valle estaba todavía poblado de Alarbes, sin ves- 
tigio alguno de religión cristiana, más que algunas cruces toscas 
y contrahechas. Principióse á hablar de las Batuecas como de un 
país imaginario y desconocido , y se hizo proverbio en España 
para' llamar á un hombre distraído, el decir, está ¡censando en 
Babia ó está pensando en las Batuecas. Las Batuecas, pues, que- 
daban igualadas con los países do Babia y Jauja. Esta patraña 

TOMO IJI. 12 



170 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA. DE LA HISTORLA., 

pasó tan adelante, que el maestro Alonso Sánchez en un libro 
latino impreso en AlcaLá en 1632 y titulado de rehiis Hispanice 
\\ih. 1, cap. 5." de Batuecis al folio 368), incurrió en la torpeza de 
apadrinar esta fábula, dándole cierto colorido romántico. Un 
paje del duque de Alba se fugó (según se refiere) del castillo de 
Alba de Tormes con una joven doncella, de quien andaba ena- 
morado. Temiendo la ira del duque, y que sus escuderos fueran 
á su alcance, anduvieron ocultos por los montes hasta que al 
cabo de dos tres días llegaron á un valle sumamente agreste é 
inaccesible, donde se hubieran fijado sin temor alguno. Mas por 
desgracia encontraron allí unos hombres bravios y feroces, que 
andaban sin aliño alguno, hablaban un idioma desconocido y 
parecían indios bravos. Asustados con aquel descubrimiento, 
habían avisado á los pueblos inmediatos, (|ue por lo visto nada 
sabían, y reuniéndose alguna gente de ellos y los escuderos del 
duque de Alba, penetraron en aquellas sierras y exterminaron 
aquellos idólatras. 

Mas no debieron exterminarlos por completo , pues el P. Nie- 
remberg refería que dos colegiales de Alcalá que se habían atre- 
vido á penetrar hasta allá (largo viaje era, si lo echaron desde 
Alcalá), habían tenido que huir á uña de caballo de los Alarbes 
que poblaban aquellos valles. A la verdad, el terreno es á propó- 
sito pard, correr caballos! 

Sobre estos fundamentos vinieron los autores dramáticos á 
propagar más aquella vulgaridad. El Dr. Juan Pérez de Montal- 
fcán compuso una comedia titulada Nuevo mundo en España: 
también Lope de Vega manoseó este asunto, y últimamente don 
Juan Eugenio Hartzenbusch tuvo la ocurrencia de escribir una 
comedia de magia titulada Las Batueeas, hará como cosa de unos 
15 años. 

El P. Feijóo escribió también sobre la fábula do las Batuecas, 
combatiéndola como una preocupación ridicula, (jue aún duraba 
en su tiempo. Antes lo haJjía hecho ya el citado bachiller don 
Tomás González de Manuel, cuya apología de las Batuecas tiene 
por objeto desmentir aquellos dislates, que tuvieron su origen á 
principios del siglb xvii, época en que inundó á España un dilu- 
vio de mentiras , ridiculas patrañas , falsos cronicones , plomos 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A L.\ SIERUA DE FRANCIA. 171 

apostólicos, reliquias apócrifas, revoluciones fingidas, milagros 
tontos; santas que parecían caballeros andantes, que hacían más 
milagros que las santas. Pero la mentira siempre es hija de algo. 
Es indudable que la sencillez de los pobres jurdanos, su atraso, 
incultura, rusticidad, la miseria con que aún en el día viven y su 
escaso trato de gentes, timidez y encogimiento, dieron lugar á 
que se les considerase como una especie de salvajes. No sería 
extraño que si alguno oyó caliíicar en tono de broma á los veci- 
nos de las Jurdes llamándoles indios bravos, tomase la burla por 
realidad en un siglo de tanto embuste y tan poco criterio. Lo ex- 
traño es que fuera á nacer precisamente cuando en las Batuecas 
se acababa de establecer un instituto de tanta nombradía en Es- 
paña como el de religiosos carmelitas descalzos, y cuando algu- 
nos de los sabios que aquel instituto tuvo siempre, solían pasar 
allá desde Salamanca á retirarse por algún tiempo para la con- 
templación y ejercicios espirituales. 

Veamos, pues, lo que era aquel desierto antes de la exclaustra- 
ción de sus ascéticos pobladores. 

Desierto de las Batuecas. 

En el convento de las Batuecas se daba franca hospitalidad 
durante el día á los que llamaban á la puerta del convento. Cer- 
rado éste por una alta cerca, solamente se entraba por el lado que 
mira al Norie. Un hermoso y cristalino arroyo que sale por 
junto á la puerta del monasterio y el puente que se atraviesa 
para entrar en él, dan cierto airo de fortaleza á este recinto reli- 
gioso adonde llega anhelante el viajero, que por espacio de me- 
dia hora ha estado girando por los costados de la montaña pedre- 
gosa, sin ver más que el agudo techo de la iglesia y su blanco 
campanario descollando entre los cedros, cipreses y otros árboles 
frondosos. 

Un ancho zaguán, ó portal, permitía esperar al viajero al abrigo 
de la intemperie, ínterin que llegaba el lego avisado por la cam- 
pana. Hasta en esto creía el viajero hallarse trasportado á los 
•antiguos tiempos al llegar á una fortaleza. 

Abierta la puerta por el silencioso lego ó interrogados los via- 



172 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

jeros acerca de su venida al desierto, eran conducidos á la hos- 
pedería. Si querían confesarse, ó hacer ejercicios, se les desig- 
naba director espiritual. 

Los religiosos de las Batuecas guardaban siempre silencio^ 
como los cartujos: al encontrarse proferían el fatídico Morir /e- 
nemos. Una ó dos veces en semana hablaban por poco tiempo y 
eii comunidad. 

Durante el adviento y cuaresma se retiraban á las ermitas, y 
aun algunas veces entre el año. 

De trecho en trecho sobre los riscos, en las quebradas del valle 
y aun alrededor de la cerca se ven diseminadas ermitas. Cada 
una de ellas tiene su cuartito desahogado para dormitorio, un 
pequeño oratorio para decir misa, un corredorcito y aun una 
pequeña cueva para tener agua y provisiones. Uno ó más cipre- 
ses marcan desde luego el sitio de la ermita, cual si aquel árbol 
funerario quisiera indicar que allí había una sepultura para 
vivir. 

Entre todas las ermitas la principal y más contigua al convento 
es la de Santa Teresa, situada al par de los más altos y hermosos 
cedros de aquel valle, pasado un puentecillo y en un paraje su- 
mamente fresco y ameno en verano. Allí solía situarse el prior 
cuando la comunidad se retiraba á las demás ermitas. Cada una 
de estas solía estar bajo el patronato de alguna casa ilustre que 
la costeaba, y la de Santa Teresa lo era de la casa de Abrantcs. 
Esta ermita aún se halla bastante bien conservada. Las demás 
están en su mayor parte ruinosas ó arruinadas. Cada una de 
ellas tenía su campana. El tocarla á deshora indicaba que el er- 
mitaño se hallaba enfermo ó aquejado de alguna grave necesidad, 
en cuyo caso pasaba un lego á visitarlo. Para decir misa ayudá- 
banse mutuamente los de las más inmediatas. Al dar el reloj las 
doce de la noche el prior tocaba la campana, y lo mismo para 
todas las demás horas del oficio divino, y los ermitaños iban res- 
pondiendo con las suyas cada uno por su orden. El no responder 
con su campanil indicaba que el ermitaño estaba enfermo. 

Mas no eran solamente los religiosos los que en el desierto de 
las Batuecas se albergaban. Nuestras discordias políticas habían ■ 
llegado á profanar aquel recinto, como profanaban todo en Es- 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 173 

paña. Priacipióse por enviar allí algunos clérigos díscolos y liber- 
tinos, para que en el retiro y la oración, y á vista de la austeri- 
dad de aquellos piadosos cenobitas, reformasen su conduela. Des- 
pués se envió allá por vía de reclusión á varios clérigos compli- 
cados en causas políticas , y últimamente hasta seglares. A pesar 
de que los carmelitas descalzos vivían en todas parles, y con po- 
cas excepciones^ alejados de la política, la disciplina que con ellos 
se observaba en las Batuecas con los reclusos era bastante rígida, 
como no podía menos de acontecer. Mas como las prácticas de 
penitencia y devoción son muy oportunas cuando voluntaria- 
mente se ejecutan, y rara vez se ejecutan bien cuando se hacen á 
la fuerza, creo que las reclusiones forzadas en las Batuecas habían 
producido más hipócritas que santos. 

Con todo, no pocos solían ir allí, pero en verano, para dedicarse 
algún tiempo á la contemplación y al retiro. 

La amenidad y soledad del sitio convidaban á ello. Efectiva- 
mente, un hombre envuelto en negocios y agitado de continuo 
por el trabajo del mundo, difícilmente ve una de aquellas solita- 
rias ermitas sin dejar de sentir vivos deseos de pasar una semana 
en una de ellas para reconcentrarse dentro de sí mismo por algún 
tiempo. 

Mas es de notar que nadie visita generalmente las Batuecas 
sino en verano. Pero cuando la nieve cubre por todas partes las 
contiguas sierras j, y los árboles se hallan deshojados, y el cierzo 
sopla por entre las anchurosas grietas de las desguarnecidas ven- 
tanas , y la naturaleza aparece por do quiera como muerta , y el 
jabalí hambriento corre por dentro de la cerca , creo que ha de 
haber muy pocos contemplativos que deseen trepar hasta una 
ermita y remedar la vida de aquellos anacoretas , aun sin contar 
sus rezos, vigilias, ayunos y privaciones. 

El convento de las Batuecas. 

Aquel cúmulo de edificios toscos y sombríos ofrece mucho para 
el hombre religioso, no poco para el filósofo y pensador, pero 
absolutamente nada para el artista. Consiste todo ello en un 
gran paralelógrarao en cuyo centro está la iglesia. Circunda por 



174 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

la parte interior aquel vasto patio un largo pórtico sobre toscos 
postes construido, que sirve para comunicarse por todo el edi- 
ficio y con la iglesia, á cubierto del agua y do la nieve, y para 
dar paso á. todas las celdas y oficinas del convento. Nada de ele- 
gancia y de hermosura en el todo, ni en las partes del edificio; 
cruces de corcho por do quiera constituyen su único ornato. Allí 
es todo aún más que sencillo ; pobre , cual correspondía al insti- 
tuto, al sitio y al objeto. 

El único sitio que tiene algún ornato es el refectorio, y aquel 
consiste en los monogramas de Jesús y María, y algunos otros 
objetos religiosos hechos con tiras de corcho sobrepuestas en el 
techo de madera. 

Las celdas, iguales todas, sombrías y estrechas, no ofrecen co- 
modidad alguna, sino un pequeño huertecito con su ¿irroyo, pues 
el agua corre allí libre y abundantemente por todas partes. 

Los adornos de la naturaleza suplen allí por los del arte : pre- 
ciosos cuadros de boj recortado adornan los contornos de la igle- 
sia , delante de cuya sencilla fachada corría una fuente copiosa 
con varios juegos de agua. 

En la misma galería que circunda la iglesia llaman la atención 
cuatro capillas, correspondientes cada una aun ángulo de la igle- 
sia» Las cuatro son exactamente iguales y simétricas; las piedras 
sin pulir y adornadas de conchas y mariscos por el estilo grotes- 
co. En efecto, cada una de las capillas representa una gruta en 
que se ve un santo anacoreta , y á cada lado otros dos que con él 
tienen analogía, situados en otras dos grutas más pequeñas. 

Las cuatro capillas ó grutas estaban dedicadas á San Pablo, 
primer ermitaño, San Elias, San Juan Bautista y San Jerónimo. 
Al lado de cada gruta unos sencillos azulejos contienen dos quin- 
tillas á cada santo en versos conceptuosos y altamente gongo- 
rinos. 

Fié aquí una muestra tomada de la gruta de San Elias : 

Del duro suelo hace cama 
Elias, por divertir 
lazos que Jezabel trama; ' 
quo pues cobró buena fama, 
bien puede echarse á dormir. 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 175 

No se copiaron más, pues todas las veinticuatro quintillas son 
por el estilo. 

La iglesia de las Batuecas. 

El desierto de las Batuecas podía mirarse como una continua 
iglesia, pero el centro de aquel desierto era la iglesia del con- 
vento. Una cerca rodea las ermitas, las ermitas al convento, 
el convento á la galería, la galería al jardín, el jardín ;í la 
iglesia. 

Esta es sencilla, pero espaciosa, en figura de cruz latina. No 
tiene coro; pues como sólo era para el uso de los cenobitas, ser- 
víales de coro toda la iglesia. Las efigies que decoraban los tres 
altares son bastante lindas, en especial las de San José y Virgen 
del Carmen. 

Detrás del altar mayor hay una espaciosa capilla llamada de 
los Entierros^ porque allí eran enterrados los religiosos que falle- 
cían en el convento. Tanto la iglesia como esta capilla eran sen- 
cillas y de escaso ornato, aunque no les falta cierta severa majes- 
tad en armonía con el desierto. 

Afortunadamente se hallan habilitados para el culto, y aún 
subsisten los altares , los cuadros y las efigies , inventariadas por 
la Comisión de monumentos artísticos, y que no se extrajeron á 
la exclaustración de los religiosos por no tener la Comisión fondos 
para costear los gastos. En el día, habiendo hecho desembolsos 
el dueño del desierto para habilitar la iglesia al culto, sería ya 
inconveniente y mal visto el sacarlos de allí, aun cuando conser- 
ve la Comisión los inventarios para evitar cualquier enajenación 
ó extravío. 

La fachada nada ofrece de particular; y según una fecha que 
en ella se lee, fué restaurada á mediados del siglo pasado. Con- 
cluye con una doble espadaña ó campanario para cuatro cam- 
panas. 

Contigua á la sacristía estaba una capilla linda, pero ya en su 
mayor parte desmantelada, que se llamaba de la Reina, porque 
era de patronato real , á la manera que lo eran otras ermitas de 
varias casas ilustres. 



176 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

La ermita del Alcornoque. 

Entre todas las ermitas goza de' nombradla la llamada del Al- 
cornoque. Redúcese al tronco de un árbol , dentro del cual se re- 
cogía el ermitaño. Para conservarlo se le revistió por fuera de 
una tapia, y por delante tiene un cobertizo forrado de corcho. 
Una tosca puerta cubre la entrada del tronco, al que no se puede 
penetrar sin agacharse, ni se puede estar con comodidad sino sen- 
tado ó de rodillas. Sobre la puerta la triste calavera con los hue- 
sos, puestos en aspa, aumenta el religioso pavor que inspira aquel 
penitente asilo; y si esto no bastara, una tablilla pendiente sobre 
la puerta dice en toscas pero en claras letras: 

Morituro satis. 

Todos los viajeros se apresuran á poner su nombre en el cor- 
cho del pórtico , sin que baste la prohibición expresa del dueño 
actual de la finca. 

Con todo, alií no suena más que un nombre, y nombre que sin 
estar grabado en ninguna parte durará cuanto dure la ermita del 
Alcornoque , y cuanto dure quizá el monasterio de las Batuecas. 

Pocos años antes de la exclaustración vivía allí un religioso 
llamado el P. Acebedo, más comunmente el P. Cadete, pues lo 
haln'a sido en el ejército por algún tiempo. Era además hijo de 
una familia noble de Asturias. Amargas decepciones y los remor- 
dimientos de juveniles extravíos le llevaron al claustro al P. Ace- 
bedo, y del claustro al desierto de las Batuecas. Su silencio era 
profundo, su oración continua y su sitio predilecto la ermita del 
Alcornoque, en donde se le veía casi de continuo de rodillas, ó 
echado , con la frente hundida en el polvo y cubiertos los oídos 
con las manos. Los que alcanzaron á conocerle hacen un retrato 
de él como el que hacía Santa Teresa de San Pedro Alcántara; 
<'Era tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces 
de árboles; con toda esta santidad era muy afable, aunque de po- 
cas palabras, si no era preguntado .y> También lo era el P. Cadete 
con los queacudíaii á confesarse con él, que solían levantarse de 
sus pies tan compungidos como consolados. Después de impo- 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A LA SIERRA DE FRANXIA. 177 

uerle al penitente una severa que le aterrorizaba , parcciéndole 
imposible de cumplir, encargábale cjccutai-a una peijueña parle, 
ofreciéndole él cumplir la restante; y no era el P. xVcebedo quien 
estas ofertas hiciera en vano. 

Su tono de voz era siempre pausado y grave; hablaba como un 
hombre inspirado. Una palabra suya bastó para que el P. La 
Calle dejase su canongía de Palencia y entrase jesuíta. 

El P. Cadete, en unión de otros pocos religiosos, logró perma- 
necer en las Batuecas por algún tiempo aún después de la ex- 
claustración. Allí murió poco después , y allí yace en la capilla 
délos Entierros, detrás del altar mayor, en el número 2. Su nom- 
bre es todavía popular en la Sierra de Francia, donde siempre so 
oye con respeto. 

Las Batuecas en su estado actual. 

El arrendador del sitio presenta á los visitadores un álbum eu 
que están las prescripciones á que estos deben atenerse, y en que 
se les suplica consignen allí sus pensamientos y observaciones. 

No pocos de los que allí iban se consideraban autorizados para 
cazar á su arbitrio, talarlo y destrozarlo todo, ó profanar aquel 
sitio con inmundas bacanales. Fué preciso se advirtiera en el ál- 
bum á estos sujetos lo jue la buena educación hubiera hecho in- 
necesario se tuviera que advertir. 

No ha faltado tampoco quien al estampar sus observaciones en 
el álbum ha prorrumpido en invectivas contra el estéril misti- 
cismo. 

Hé aquí las ideas que sobre poco más ó menos, y por lo que 
recuerda, estampó en el álbum el autor de esta Memoria: 

«Dos sitios me han impresionado fuertemente en este desierto; 
la ermita del Alcornoque, donde todavía parece presidir la som- 
bra del P., Acebedo como reina allí su memoria. ¡ Cuan terrible 
es aquel morituro satis en lo que fué su ermita! ¿Cómo hay ne- 
cios que se atreven á estampar allí su nombre? ¿•Quiénes son 
estos entes obscuros que allí han dejado sus obscuros nombres?... 
El otro sitio que me causó viva impresión fué el refectorio ; l.-i 
obscuridad que allí reina, aquella cruz junto á la entrada y li 



178 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Otra en el testero, la calavera en el pulpito, los nichos vacíos de 
los libros, el artesonado de corcho, son emblemas que hablan al 
alma religiosa mucho más fuertemente que la momia que los 
egipcios paseaban alrededor de la mesa del festín. ¡Oh qué dife- 
rencia entre unos y otros símbolos, y entre sus tendencias y sig- 
nificaciones ! 

Más de una hora pasé allí en silencioso recogimiento, y mi 
mente penetraba en lo pasado y evocaba los tiempos que fueron 
nara no volver, y creí distinguir aún las som.bras de los piadosos 
ascetas que ]Doblaron aquellos sombríos recintos, desengañados 
de la vanidad del mundo y dirigiendo á Dios sus fervorosas prc- 
rcs. Y esta noble misión de rogar por los pecados de sus herma- 
nos y expiar los propios, calmar la cólera divina, elevar su pen- 
samiento á Dios, autor de todo bien, criador de la naturaleza vi- 
vificadora de estas sombrías soledades, y que algún día las redu- 
cirá á la nada, ¿se llama contemplación estéril? Consagrar el 
recogimiento en el otoño de la vida, manchada quizá con extra- 
víos, ó lacerada con amargas decepciones, ¿será faltar á su mi- 
sión ? ¡ Oh, el materialismo en todas sus partes ha de ser estúpido, 
avaro, egoísta, ridículo y ramplón! 

¿Querrá negarse la verdad de la palabra de Cristo, que man- 
daba orar y lo enseñaba con su ejemplo retirándose él mismo al 
desierto por largos períodos? Quien tal hiciere no es católico, ni 
español, ó lo será, cuando más, espúreo y degenerado. 

¿Qué eran estas rocas y estas breñas antes que la religión las 
fecundara? ¿Qué son hoy en día respecto de lo que fueron? ¿Qué 
serán quizá dentro de pocos años, si les falta la generosidad del 
dueño que aún las sostiene, pasando á manos de avaros especu- 
ladores ó de administradores negligentes? ¡Oh, tú que vienes á 
visitar esta agreste é imponente soledad : si eres católico, contem- 
pla; si eres protestante, admira; si eres necio, calla; si eres impío, 
puesto que eres dos veces necio, calla y vete luego!» 

■• Las Jurdes. 

Ya se dijo algo acerca de las Jurdes y de los j úrdanos al ha- 
blar del fabuloso descubrimiento de las Batuecas. Dase el nom- 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIEURA DE FRANCIA. 179 

Lre de Jurdes á unas dehesas que hay en el valle mismo de las 
Batuecas y á poca distancia de estas. El terreno es agrio y pobre 
en su vegetación; lo hace aún más ingrato la liahilual indolencia 
y flojedad de sus habitantes y el gran atraso do civilización en 
(jue viven. Apenas tienen trato alguno y no pocas veces al ver un 
forastero huyeu y se esconden en sus casas. Xo tienen médicos 
ni menestrales para los oficios más precisos de la vida; ellos se 
curan eutre sí y á su modo con plantas cuyas virtudes conservan 
tradicioualmente como los salvajes. Su alimento es, más que te- 
nue y parco, pobrísimo, pues su habitual miseria no les permite 
otra cosa que algunos fréjoles y patatas; pan y leche muy raras 
veces y éste de ínfima calidad cuando lo comen. Algnnosde ellos 
apenas tienen idea de haber comido carne alguna vez, y ni aun 
suelen llevarla sus empobrecidos estómagos. 

En el invierno pasado han sufrido muy cruel hambre, mu- 
riendo muchos de miseria dentro de sus chozas, pues no merecen 
otro nombre las casas en que viven. 

El primer pueblo que se encuentra en el valle siguiendo el río 
que baja de las Batuecas so llama las Mestasy es lo más princi- 
pal de las Jurdes. Tiene una iglesia bastante regular. Parte de la 
expedición llegó hasta allí. El catedrático de Física D. Dionisio 
Barreda, en la memoria que acompañó á sus observaciones baro- 
métricas é hipsométricas, recogidas en esta expedición, hace esta 
descripción del valle de las Jurdes y de sus habitantes. 

Extiéndese este valle en la dirección de N. á S. y siguiendo la 
corriente de las aguas, no lejos del arroyo de las Viñas se halla 
el puente primero que conduce hacia las Mestas, por el cual se 
pasa á la orilla derecha del río, y faldeando la vertiente oriental 
del valle se vuelve á pasar aquél por el puente segundo con el fin 
de tomar la vertiente occidental, siendo acaso el desnivel que so 
halle entre ambos puentes y caminando á corta distancia de las 
aguas que recorren el fondo del valle. Estréchase éste sobre ma- 
nera en el trayecto anterior empezando á ensancharse desde el 
segundo puente hasta las Mestas. Para llegar hasta este punto 
hay que ascender bastante sobre la vertiente occidental, bajando 
en seguida proporcionalmente. Descúbrense desde el camino los 
variados accidentes del terreno y la carencia del cultivo. Algunas 



480 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.. 

descuidadas praderas, algunos olivos casi abandonados á sí mis- 
mos, y pocas castañas raquíticas forman su vegetación. La sole- 
dad de los áridos desiertos es la que allí reina, y hasta las aves 
parécenos han huido de aquellos sitios, no habiendo escuchado el 
menor trino ni visto pájaro alguno en todo el espacio que media 
desde el puente primero hasta las Mestas. 

Es "el pueblo de bis Mestas el primero que se encuentra en 
aquella dirección y pertenece ya á la provincia de Cáceres, cuyos 
h'mites con la de Salamanca se hallan en el puente segundo ya 
mencionado. Sus habitantes, lo mismo que los que se hallan es- 
parcidos por aquellas montañas, son los conocidos por los Jur- 
danos, sobre cuya educación atrasada y sus costumbres se cuen- 
tan tantas consejas, verdaderas algunas y supuestas la mayor 
parte. Dedicados á la vida pastoril no se ocupan en el cultivo de 
la tierra, y sus ganados y colmenas forman toda su riqueza. Estas 
ocupaciones y las pocas necesidades que se crean y su falta de 
comunicación con los habitantes de los valles circunvecinos les 
dan un carácter tosco, rudo y semi-idiota y hasta enfermizo y de- 
gradado por su falta de higiene. 

Ocupa el pueblo una corta meseta que se eleva á la orilla dere- 
cha del río, y el poco terreno cultivado que se observa en sus 
contornos revela lo que pudieran ser si la mano inerte hoy de 
sus habitantes le trabajase como trabajan otros más ingratos, de 
peores condiciones y clima, los montañeses de Asturias, de Gali- 
cia, de Cataluña y Vizcaya. No será fácil que se borre tan pronto 
de mi memoria el triste cuadro que á las inmediaciones de la 
iglesia formaban en torno nuestrO; aquellos famélicos habitantes 
andrajosos, sucios, enfermos y semi-idiotas. 

La Peña de Francia. 

Dase es le nombre á un elevado cerro á distancia de doce leguas 
de Salamanca y una de Alborea. 

Su elevación es de 1.482, 4 metros, según las alturas que lomó 
y experimentos que hizo el catedrático de Física D. Dionisio Ba- 
rreda. Descúbrese desde muy lejos, y domina con su elevación á 
la serranía de Francia á la que da nombre. Cuál fuera la etimolo- 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIEHRA DE FRANCIA. 181 

gía de éste se ignora. Dícese, no se sabe con qué fundamento, 
que habiendo poblado por allí algunos franceses de los que vi- 
nieron con D. Ramón de Borgoña, á cuya mujer D." Urraca ?<? 
dio el señorío de Salamanca y su país, dieron á esla sierra y peña 
el nombre de su país natal. 

La cima de esta montaña se halla la mitad del año cubierta de 
nieve. El aire es muy raso y sutil, y los vecinos de los pueblos 
inmediatos decían que los frailes no podían criar gallinas en el 
convento porque morían al poco tiempo de estar en él. Desde su 
alta cumbre se descubre toda la provincia de Salamanca y aun 
las entradas de Zamora, Ávila, Burgos y Portugal. 

Por la parte de Oriente y en el sitio donde se descubri(3 la ima- 
gen de la Virgen, la peña eslá tajada en una elevación de 200 
varas no pudiendo asomarse sin horror á tal precipicio. 

No pocas veces mientras las nubes descargan las lluvias sobre 
los campos á la falda de la montaña, gózase en ésta del sol y se- 
renidad, viéndose desde el convento los relámpagos y exhalacio- 
nes que rasgan las nubes, y oyéndose las detonaciones á la parte 
de abajo. 

Mas otras veces los vapores circundan el monasterio y la cima 
de la montaña, y el espectáculo en tales casos solía ser muy poco 
halagüeño, rodeados los habitantes de electricidad. 

En 1827 una espesa y amenazadora nube circundó el monaste- 
rio el día 7 de Setiembre, á la sazón que la gran plaza del con- 
vento se hallaba llena de la mucha gente que á la feria había 
concurrido. Desde los pueblos inmediatos vieron con terror aque- 
lla negra nube envolver á la blanca masa del convento, que se 
destacaba en la cima. El relámpago hendió el aire, y sin inter- 
misión apenas retumbó el trueno y la campana del convento sonó 
cual si pidiera socorro. Acudieron de los pueblos inmediatos y 
hallaron un espectáculo horroroso; la descarga eléctrica había 
matado siete personas y varios animales, otras se hallaban heri- 
das ó medio asfixiadas: ninguno de cuantos había en la feria y 
en el convento habían dejado de sentir el sacudimiento eicctrico. 

"Un sujeto que se hallaba allí me refirió que tres minutos an- 
tes acababa de oir una blasfemia en boca de uno de los muertos 
por el rayo, quejándose de lo poco que vendía. 



182 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA. 

La Virgen de la Peña de Francia. 

La Sierra de Fnuicia era uno de los distritos más monástica- 
mente poblados de España. 

Al Mediodía tenía las Batuecas, al Poniente' la Peña de Fran- 
cia con SQS dos conventos; más allá, y al frente en la opuesta cor- 
dillera el monasterio del Zarzoso y el convento de franciscos de 
Nuestra Señora de Gracia; estos cuatro conventos estaban en un 
cuadro de unas cuatro leguas escasas. 

Entre todos ellos sobresalía el convento de la Peña de Francia, 
por su nombradla, su riqueza, su antigüedad, elevación y tradi- 
ciones. Hé aquí su origen, según estas refieren copiándola al 
efecto de una obra que relata el nuevo en pocas palabras, con la 
candorosa sencillez con que escribían acerca de estas cosas nues- 
tros antepasados (1).. 

Hacia el año 1434 se presentó en Salamanca un extranjero lla- 
mado Simón Vela. Llamóse así porque estando en Paris se le 
apareció tres veces c?. sueños la Virgen diciéndole que velase, y 
como la Virgen le decía : Simón vela, de ahí le quedó el nombre 
de Simón Vela. Díjole la gran Reina que buscase la Peña de 
Francia, que en ella haría su santa imagen. Salióse de Paris y 
fuese en busca de la Peña, en cuya empresa empleó más de siete 
años, hasta que encontrando unos carboneros que decían iban á 
hacer carbón á la Peña de Francia, siguiólos, y llegando á la Peña 
se quedó una noche allí, donde le cayó una piedra en la cabeza, 
que hiriéndole le maltrató no poco y oyó una voz que decía: 
«Donde vieres la piedra teñida con tu propia sangre, cava y allí 
hallarás lo que buscas. « Así faé que halló una imagen hermosí- 
sima, y aunque Simón curó de la herida, queda hoy en el día en 
la calavera un grande hueco. 

Hasta aquí la piadosa tradición. La crítica tiene que mostrarse 
algo benigna con estas sencillas nai-raciones de nuestros padres, 
con que se vestía á veces el origen de ciertas cosas, cuya verda- 



(I) Ano virgíneo. Tom. ir., pág. 309.— Había además una historia de la Virgen de la 
Peña que refería su desculjrimiento y milagros. Esta obra es ya muy rara hoy en día. 
Fué escrita por Fr. Juan Telilla y aumentada por Fr. Juan Gil Godoy. 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 18.5 

dera procedencia ya no es fácil averiguar; y como por o Ira parte 
son de poca trascendencia histórica, á nadie perjudican, y aun el 
analizarlas pudiera causar escándalo entre la gente sencilla, pre- 
ciso es contentarse con narrar sin discutir. 

Mas con lo que no se puede convenir, es con lo que asegura 
el' piadoso morador de ser una hermosísima imagen. Claro es que 
al hombre piadoso y al católico ilustrado, poco le importan la ma- 
yor ó menor belleza y perfección de la escultura. Gomo no ter- 
mina su culto en la materia, sino en otra más elevada idea que 
aquella representa á los sentidos, poco le importan la calidad y 
precio de la materia ni la mayor ó menor belleza de su forma, 
pues á través de ella distingue su mente otras más perfectas y ce- 
lestes. 

Mas el artista no transige fácilmente con estas apreciaciones, 
y en efecto, la efigie hallada por Simón Vela, no pasado ser una 
escultura tosca del sig-lo x al xiii, con la cara aplastada, las 
narices postizas y casi triangulares; y como por otra parte el 
bermellón con que estuvo abundantemente confeccionada la en- 
carnación, se ha oxidado, resulta un color- negruzco y de mal 
efecto, como en otras muchas efigies antiguas. 

Su escultura es coetánea del Cristo de las Batallas, que fué del 
Cid, y que hoy en día se venera en la catedral de Salamanca. 
Aún tiene algo de parecido á la otra efigie de bronce de Nuestra 
Señora de la Vega la patrona de Salamanca, que hoy en día se 
halla colocada en el camarín del altar mayor de la iglesia de San 
Esteban, 

Yo creo que tanto la efigie de Nuestra Señora de la Peña de 
Francia, como las otras que Simón Vela encontró en aquel sitio, 
fueron conducidas allí por los cristianos del país, durante la in- 
vasión de Almanzor, ó algunas otras de aquellas en que los ára- 
bes talaron con harta frecuencia las comarcas de Zamora y Sala- 
manca. Es de presumir que los cristianos del país tratasen de 
aprovechar aquella eminencia donde fácilmente podían guaj-darse 
y encastillarse contra los árabes , defendiéndose pocos contra 
muchos, y que al trasladarse allá con sus lares , no olvidaran 
tampoco sus penates, ó hablando cristianamente las efigies de su 
devoción. Quizá próximos á sucumbir en aquellas enriscadas for- 



184 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORL-V. 

talezas t)ajo el alfanje agai-eno escondieran aquellas en la Sierra, 
para evitar su profanación, dejando á cargo de la Providencia el 
descubrirlas si ellos morían. 

Esto no pasa de una conjetura, pero harto verosímil; y que es 
la clave de tantas efigies antiguas, descubiertas, ó aparecidas en 
España. Ello es que no lejos del sitio donde hallara aquella efigie 
Simón Vela, encontró también otra de Cristo crucificado y otras 
de Santiago y San Andrés, que en sus correspondientes ermitas 
se veneraban, cabe el convento, en los sitios que la tradición de- 
signaba como puntos de su hallazgo respectivo. 

Ermita de Nuestra Señora la Blanca. 

Cuatro son los edificios principales que coronan la cúspide de 
la Peña de Francia, á saber: la iglesia de Nuestra Señora la 
Blanca, la iglesia, el convento y la hospedería: hállanse estos 
unidos por medio de un pórtico sostenido sobre esbeltas colum- 
nas de piedra berroqueña que forman con los citados cuatro 
edificios una plaza anchurosa, aunque irregular. 

El primero que se encuentra en ella es la iglesia de Nuestra 
Señora la Blanca. Es una linda iglesia gótica plateresca, sencilla, 
pero elegante y sólida. Construyóse sobre el mismo sitio donde 
se encontró la Virgen. Bájase, á esta por una angosta escalera, 
(jue termina en una covacha cavada en la peña, y cuyo único 
adorno es el de un altar sencillo de piedra berroqueña con un 
bajo relieve de lo mismo. 

Esta iglesia se está habilitando ahora para volver la Virgen al 
sitio de su aparición, por Real orden de 10 de Abril de 185G, para 
cortar de este modo las rencillas de los pueblos comarcanos qne 
en estos últimos años pasaron ya á vías de hecho, en medio de los 
disturbios políticos. 

Las bóvedas de la iglesia han resistido á la acción del tiempo 
y de las nieves, á pesar de haberlas tenido sin techo por espacio 
de más de veinte años. Son todas de piedra berroqueña, y en las 
claves de sus arcos se ve el monograma de Simón Vela (S. cru- 
zado con V.] altcrnaado con las armas de Castilla y León. 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 185 

Iglesia y convento de dominicos de la Peña de Francia. 

* 
No era en el sitio de su aparición donde se colocó á la Virgen, 

sino en la grandiosa iglesia que al efecto erigieron los frailes de 

Santo Domingo. 

Al verificarse aquella, los obispos de Salamanca, Ciudad- Ro- 
drigo y Coria se disputaron la posesión de la ermita construida 
por Simón Vela. En efecto, la Peña de Francia está enclavada en 
el punto de convergencia de los tres obispados. 

Para evitar disputas D. Juan II dio la Virgen al orden de Pre- 
dicadores, de que era muy devoto, por contar á Santo Domingo 
de Guzman entre sus ascendientes. Al mismo tiempo dio al Prior 
el señorío temporal de toda la cúspide de aquella montaña, vi- 
niendo de este modo á formarse allí por privilegio y Bulas Pon- 
tificias un Priorato exento y veré nullius con jurisdicción espiri- 
tual y temporal, que ejerció el Prior hasta el tiempo de la ex- 
claustración. Esto contribuyó á dar gran importancia al convento, 
priorato é iglesia, á la que la devoción hizo afluir on breve gran- 
des riquezas y no pocos privilegios. 

La iglesia es gótica y de tres naves espaciosas, cada una de 
ellas de cinco arcos por lado. La longitud de la iglesia es de 140 
pasos por 70 de ancho. La capilla mayor tenía una imperfección 
notable, pues el arco toral que la daba entrada se hallaba refor- 
mado con un machón, ó contrafuerte que desfiguraba la capilla 
mayor haciendo que ésta no correspondiese exactamente al centro 
de la nave. 

Fuera destrozo causado por el rayo, ó por la acción incesante 
del tiempo, ello es que el remiendo echado á la capilla mayor la 
afea extraordinariamente. Por otra parte el coro, el pulpito y 
otros varios adornos eran de gusto m^oderno y desdecían del resto 
de la iglesia. Este se halla tan destrozado en todos conceptos, que 
es ya casi imposible su reparación. No se comprende cómo á tal 
altura, y con la devoción que inspiraba aquel recinto en los pue- 
blos haya hecho allí tantos estragos el vandalismo impío. 

Otro tanto sucede en el convento del cual apenas quedan las 
paredes y una puerta gótica del tiempo de su fundación, á me- 
diados del siglo XV. Del mismo tiempo es la hospedería sobre cuya 

TnyfO ni. 13 



18G BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORIA. 

puerta campea el escudo de D. Juan 11. Allí encontraban franca, 
gratuita y generosa acogida cuantos peregrinos, devotos y viaje- 
ros concurrían á visitar la Virgen. Más de cuarenta personas se 
refugiaron allí durante el cólera de 1834 por espacio de cuatro 
meses y se vieron libres de aquel azote. Una de ellas era D. Juan 
Nicasio Gallego. 

Poco tiempo después, estando los religiosos cantando vísperas, 
llegaron sesenta nacionales de Sequeros, y apoderándose de la 
iglesia cargaron la Virgen y sus alhajas en unas cestas y la ba- 
jaron á su puelDlo. Los religiosos quedaron llorando su desampa- 
ro. Al saberlo los de la Alberca tocaron á somatén y se armaron 
más de 300 hombres para salir á quitarles la Virgen. A duras 
penas logró el párroco contenerlos ofreciendo que se remediaría 
todo por medios legales, ello es que la Virgen de la Peña quedó 
encerrada y casi oculta por muchos años en el camarín de la Vir- 
gen del Robledo, con harto disgusto de los pueblos inmediatos, 
que por estas y otras causas se declararon en hostilidad abierta 
contra Sequeros. 

Las cosas llegaron á tal extremo que en 1854 más de 500 hom- 
bres de la Alberca marcharon armados contra Sequeros, dispues- 
tos á entrar á viva fuerza en el pueblo y arrancarles la efigie de 
la Virgen si buenamente no la querían entregar. 

De allí fué conducida á la Alberca, donde actualmente está. El 
dia 13 de Agosto de este año se principió la obra para la rehabili- 
tación de la linda iglesia de Nuestra Señora la Blanca, donde se 
la va á colocar de Real orden para evitar las rencillas entre los 
pueblos comarcanos. Al mismo tiempo se le habilitará una parte 
de la hospedería á fin de que sirva para habitación del capellán y 
dos ermitaños, á quienes se permitirá pedir limosna para el culto 
de la Virgen y manutención de ellos. 

Cuando los frailes ocupaban el convento, en llegando á Todos 
Santos, dejaban allí dos ó tres individuos, para custodiar la Vir- 
gen, y el resto de la comunidad se bajaba á otro monasterio, que 
tenía poco separado de las faldas de la Peña donde se subían pe- 
riódicamente algunas provisiones álos que habían quedado arri- 
ba reclusos y casi en tinieblas entre la uieve que durante muchos 
meses euvuelve totalmente el monasterio. 



EXPEDICIÓN CIENTÍFICA Á LA SIERRA DE FRANCIA. 187 

Sequeros. 

Salimos de la Al])erca el domingo por la tarde para Sequeros. 
El camino para esta villa es agrio, pero pintoresco, principal- 
mente antes de llegar á Mogarraz y en la hondonada de un valle 
que hay entre este pueblo y el de las Gasas del Conde. Este se 
halla situado en un cerro de bastante elevación. A la salida del 
pueblo que está á la mitad de la cuesta, hay una subida suma- 
mente agria y pendiente, donde las caballerías resbalan con 
facilidad. 

En lo más alto del cerro está Sequeros en una planicie muy pin- 
toresca, y domina todo el país circunvecino, como en un vasto 
panorama. El nombre se deriva, según dicen, de los secaderos ó 
sequeros, de castaña que en él había. 

Esta villa fué hasta 1756 dependiente de Miranda del Castañar, 
cabeza del coudado de Miranda y de toda aquella tierra. A fin de 
emanciparse de aquella acudieron al Consejo de Castilla donde 
se siguió un expediente ruidoso, en que probaron que los de Mi- 
randa los tenían tiranizados, que les exigian tributos indebidos, 
les llevaban las mieses y no se las pagaban á los del pueblo, y 
les hacían otros muchos desafueros. Con esta prueba, y el pago 
de 23.823 reales 20 maravedises y de otros muchos gastos y gajes 
lograron que se declarase á Sequeros villa por si y sobre sí al te- 
nor de la administración de entonces con alcaldes y ayuntamien- 
tos propios y derecho de llevar varas levantadas que vino á traer- 
las desde Madrid un alcalde enviado por el Consejo. 

El expediente es muy curioso, y se conserva original en el pue- 
blo. El Consejo al motivar la sentencia dice que lo hace para ma- 
yor prosperidad, aumento y población de la villa, y en efecto, 
desde entonces ha prosperado tanto que en el día es cabeza de 
partido y juzgado de primera instancia, y uno de los pueblos im- 
portantes de la provincia de Salamanca. 

La Virgen del Robledo. 

Al llegar á Sequeros descúbrese lo primero la Virgen del Ro- 
bledo, ó del Robledal, en una posición muy pintoresca, rodeada 



188 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de robles y cipreses, y desde la cual se descubre una hermosa 
perspectiva por toda la extensión de las faldas de la sierra. 

Aparecióse esta Virgen á una joven de Sequeros llamada Juana 
Hernández, hija de Santos Hernández, arriero, doncella suma- 
mente piadosa que vivia á principios del siglo xv y es teñida con 
veneración en aquella villa. Murió diez años antes de la venida 
de Simón Vela, siendo de edad de unos 30 años. Al irla á ente- 
rrar, se incorporó en el ataúd y para consolar á sus padres, que 
según la costumbre de entonces, acompañaban al funeral, les va- 
ticinó que dentro de pocos años se hallaría una efigie que seria 
el consuelo de aquel país. 

Este milagro estaba pintado en uno de los cuadros que decora- 
ban el altar mayor de la Peña de Francia. La calavera de la pro- 
fetisa Juana (que así la llamaban en el pueblo] se enseña en la 
iglesia del Robledo en una caja de cristal, y los documentos rela- 
tivos á este prodigio, se conservan en un arca de la sacristía. 

En la misma sacristía se enseñan también en otra urna de cris- 
tal los huesos y calavera de Simón Vela. Esta conserva todavía un 
agujero en el ocipucio que dicen le hizo la Virgen con la piedra 
que le cayó encima de la cabeza cuando estaba durmiendo. No 
se concibe cómo pudiera vivir con tal rotura, y es seguro que 
nadie se condenará aunque no lo crea. 

La iglesia del Robledar es linda y espaciosa y aunque está faera 
del pueblo, es la matriz, y en ella se hacen las principales fiestas 
y solemnidades religiosas. Para la administración de sacramentos 
y demás, hay otra iglesia en paraje más céntrico de la villa. 

En esta además se han construido últimamente otros paseos, 
además del ya citado de Robledo, y uno de ellos cubierto y sirve 
para las ferias y mercados. 

Convento de Santa María de Gracia. 

Al hablar de la población monástica de la Peña de Francia se 
citó ya el convento franciscano de Santa María de Gracia. Este 
se halla á una legua al SE. de Sequeros hacia la parte de Miran- 
da. En el día no existe: su mérito artístico era nulo, según 
noticias. 



EXPEDICIÓN científica k LA SIEllIlA DE FRANCIA. 189 

Convento de Nuestra Señora de Gracia en Tejeda.— Regre- 
so á Salamanca. 

A la salida de Sequeros continúa presentando un aspecto bas- 
tante ameno y halagüeño, merced á las aguas que se desprenden 
de las sierras inmediatas. En el camino encontramos los pueblc- 
citos de Cilleros, el Parral, y otros de muy poca importancia. 

Al traspasar la sierra de la Quilama vuelve á encontrarse el 
anchuroso valle de Tamames. Al pió de ella está el pueblo de Te- 
jeda, en el que había un pequeño y pobre convento de francis- 
cos cuyo exterior promete harto poco. La suerte fué iguala la del 
otro de Nuestra Señora de Gracia. Ni un libro, ni un papel, ni 
un cuadro, llegó á la Comisión de monumentos. En Tejeda había 
un hermoso y fuerte castillo, cuyos ángulos volaron los franceses 
en la guerra de la Independencia. De Tejeda en adelante se atra- 
viesan los pueblos de la Moraleja, Peralejos, Vecinos, Sanchiri- 
cones y Aldea Tejada vecino á Salamanca. 

En todos ellos el terreno es árido y sin verdura alguna, des- 
aprovechado en gran parte y reducido únicamente á tierras de 
pan llevar, medianamente cultivadas, y montes de encinas con 
grandes claros en su escaso arbolado. 

Salamanca 1.' de Setiembre de 1857. 

Vicente de la Fuente. 



VARIEDADES. 



DISCUESOS 



PRONUNCIADOS POR EL SR. RADA Y DELGADO EN EL CONGRESO 
INTERNACIONAL DE COPENHAGUE. 



Vasos peruanos. 

Sesión del 23 de Agosto. 



Señores: 



He tenido el atrevimieato de pedir la palabra en este día, para 
presentar al Congreso diversas fotografías de la riquísima y aca- 
so única colección por su importancia y su número de vasos pe- 
ruanos que se conservan en nuestro Museo Arqueológico Nacio- 
nal, pues aunque estuvieran expuestos al celebrarse la reunión 
anterior de este Congreso, en que mi querida patria tuvo la dicha 
de ver reunidos bajo su hermoso cielo á los dignísimos represen- 
tantes de las ciencias americanistas en ambos hemisferios, no 
creo inoportuno traer á este Congreso las reproducciones fotográfi- 
cas de algunos de los vasos más importantes de aquella colección, 
aunque no todos los que yo hubiera deseado, pues mi propósito 
ora, y espero que Dios me permitirá realizarlo, sacar reproduc- 
ciones fotográficas de todos ellos y enviarlas á todos los centros 
donde se cultiven estos importantes estudios, para que á manera 
de próvida semilla, esparcida por los vientos de la Providencia, 
haga brotar por lodaá partes los fecundos y hermosos frutos de 
la í'ioiicia V del arte. 



VASOS PERUANOS. 191 

Y como la procedencia de los objetos antiguos es uno de los 
más interesantes datos que puedan consultar el erudito y el ar- 
queólogo para encontrar la verdad, objeto supremo de toda inves- 
tigación humana, comenzaré por consignar la de estos curiosísi- 
mos objetos que nos revelan un grado de cultura y adelanto, su- 
perior al que generalmente se ha concedido ;t los antiguos ame- 
ricanos. 

Esta colección fue remitida á España en Noviembre del año 
1788, por D. Baltasar Jaime, obispo de Trujillo; y consta de más 
de 600 ejemplares, todos en hermoso estado de conservación, 
habiendo sido encontrados en los sepulcros ó huacas délos indios 
gentiles del Perú, siendo estas las únicas noticias que de su épo- 
ca y procedencia se conservan; noticias que constan en el archi- 
vo del antiguo gabinete de Historia Natural y de antigüedades 
de Madrid, creado en 17 de Octubre de 1771, para donde los re- 
mitió después de haberlos encontrado y reunido con ilustrado 
celo el digno prelado español. 

Que estas huacas, y por consiguiente los vasos en ellas encon- 
trados fueron anteriores á la conquista no puede ponerse en duda. 
La frase de indios gentiles, prueba su antigüedad, porque desde 
los primeros tiempos de la conquista hasta la época en que el 
obispo de Trujillo los remitió á España, se bautizaban los indios 
y no se enterraban según sus antiguos ritos, sino con arreglo á 
las prácticas de sus conquistadores. Las relaciones ó historias de 
aquel período, siempre que se refieren á hechos anteriores á la 
conquista, dicen: cuando vivían los naturales en su gentilidad. 
Además con la conquista decayó rápidamente la civilización pro- 
pia y peculiar de los indios, y no era posible, ni lo atestigua dato 
alguno, que después de la ruina de los imperios peruano y meji- 
cano continuase la cerámica en el mismo grado de esplendor que 
tenían las artes americanas, cuando llegaron al Nuevo Mundo los 
españoles. Ahora, fijar la época determinada á que estos vasos 
pertenecen dentro del período en que gobernaron las comarcas 
peruanas los descendientes de Manco Gapac es en extremo difícil, 
y en mi juicio no tenemos datos bastantes para poder hacerlo. 
Lo que sí pufede asegurarse es que los numerosos vasos peruanos 
que nos ocupan, dan elocuente testimonio del estado de perfección 



192 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

á que habían llegado las artes plásticas en ciertos pueblos de 
América, así en la parte industrial como también en la artística. 
La finura del barro y de las delicadas arcillas bucarinas de que 
están formados, revelan el esmero, perfección é inteligencia en 
el molido de tierras cerámicas, que es una de las principales 
partes de esta artística industria, así como el verdadero gusto 
artístico de sus autores, la copia de seres animales y vegetales, 
tan perfectamente caracterizados que no puede caber duda algu- 
na acerca del animal ó planta qae quisieron representar. 

Con razón se ha dicho que podrían estudiarse la Zoología y 
Botánica peruanas por estos interesantes productos de su antigua 
cerámica. Así vemos entre estos vasos reproducidos cuadrúpe- 
dos como el mono (BatzJ^ la ardilla (Cuz), la zorra fParJ, el 
zorro ó venado (QuechJ j el perro (TziJ, siendo muchas las va- 
riedades de reptiles y peces, de camarones fOtz), de que conocían 
varias especies, y la culebra (Kau). Entre las varias aves repro- 
ducidas se ve el (Luch) ó águila negra, el (Pich) ó mochuelo, el 
(Tzotz) ó murciélago, el (üt) ó paloma, el (Vac) ó gavilán , el 
fXoch) ó lechuza, el (Butz) ó tordo, y otras diversas aves. Pero 
entre todas las representaciones de seres zoológicos la más intere- 
sante que aparece en estos vasos, es la del hombre, que se ve en 
diversas actitudes, revelándonos diversos usos y costumbres, 
algunas de las cuales habían sido negadas por partidarios enco- 
miásticos de los indios, en contra del testimonio de otros verídicos 
escritores también españoles que florecieron en la época de la 
conquista. 

Así vemos en estos vasos representaciones de guerreros y de 
sacerdotes, y de indios que marchan al trabajo llevando al hom- 
bro los instrumentos necesarios para el mismo; entre los cuales 
llama extraordinariamente la atención uno en que el indio lleva 
al hombro un hacha de piedra, exactamente igual á las que de 
aquella misma procedencia se conservan en nuestro Museo, y en 
una especie de zurrón otras varias y azuelas de la misma clase. 
Este curiosísimo vaso, que he publicado en la obra que fundé y 
dirijo con el título de uMuseo Español de antigüedades^)^ demues- 
tra una vez más qué la llamada aEdad de Piedra», no marca una 
época cronológica cu la historia de la humanidad, sino un perío- 



VASOS PERUANOS. l'J'A 

do de la vida de los pueblos, un estado más ó menos primilivu 
de su civilización, período que en unos se remonta á tiempos le- 
janos y en otros llega hasta la misma edad moderna. 

Otros vasos hay en que se ve á un hombre conduciendo á la es- 
palda un gran búcaro, igual á los que se hacían en la llamada 
Cartagena de Indias, que también tenemos en nuestro Museo, y 
no faltan algunos que representan escenas eróticas entre hombres 
y mujeres representadas en diversas actitudes, nada edificantes 
por cierto; y lo que es peor, otras no ya eróticas, sino de asqueroso 
vicio en que dos hombres están cometiendo el pecado nefando, 
vasos que demuestran con cuánta razón un antiguo escritor espa- 
ñol de aquella época acusaba á los indios de tal pecado , y cuan 
poco tenían los que llevados de su irreflexiva afición á los indios 
negaron que entre ellos se conociera tan inmundo vicio. 

Hay otros, de los que pueden llamarse gemelos unidos por un 
asa donde claramente se ve quiso el artista representar una mo- 
mia. Este vaso, aludiendo tal vez á su funerario destino, produce 
un gemido lastimero por la presión del aire sobre el agua al co- 
locarle en determinada posición. No puede oírse aquella especie 
de doliente queja, mirando al mismo tiempo la bien modelada 
cabeza que representa un difunto momificado, sin que acuda al 
instante ala memoria la idea del fúnebre destino de aquel vaso 
que probablemente se liaría, como otros de la misma clase, para 
ser depositado en las huacas á manera de funeraria ofrenda á 
los manes queridos, de suerte que en todo tiempo al menearse 
repitiese los tristes ayes que el dolor arranca por los seres per- 
didos para siempre en la humana vida. 

Molestaría demasiado la atención del Congreso si entrase á 
descri])ir las grandes variedades que en la representación de la 
figura humana se encuentran en estos vasos, los cuales, como ya 
he indicado, en la parte artística revelan notables adelantos, pues 
si bien es verdad que hay unos de mal dibujo, en cambio hay 
otros modelados hasta con perfección, sobre todo en las cabezas, 
que es la parte más importante de la figura, cabezas que ofrecen 
gran interés para el estudio etnográfico, pues en todas ellas pueden 
estudiarse perfectamente los rasgos fisionómicos, característicos 
de aquella raza. 



194 BOLETÍN DE LA REAL AGADEXUA DE LA HIST0RL4. 

También hay vasos, como el primero de los que figuran en la 
adjunta lámina, que parecen representar luchas de razas. Vese 
en el una especie de jaguar fantástico, cuya cola remata en una 
serpiente; jaguar que sujeta entre sus garras una cabeza de tipo 
distinto que las expresadas en otros vasos, y teniendo presente 
que el jaguar es un animal con el que se simbolizan divinidades 
americanas y aun la América misma, no sería aventurado suponer 
que el autor de este vaso al presentar al jaguar devorando entre 
sus garras una cabeza humana, hubiera querido referirse al 
triunfo de la raza indígena sobre otras razas extranjeras, ó acaso 
también á los sacrificios humanos ofrecidos á ciertas divini- 
dades. 

También para el estudio de las enfermedades ofrece curiosos 
datos alguno de estos vasos, pues los hay que figuran una pierna 
completamente hinchada casi hasta los dedos, presentando el 
mismo repugnante aspecto que exhiben las piernas de los que 
padecen la elefantiasis, enfermedad terrible que he podido apre- 
ciar con frecuencia en las comarcas de Oriente que he recorrido. 
Acaso no faltará un fisiólogo que verá en esto un dato para 
resolver que los antiguos americanos padecieron tan terrible 
enfermedad, producida por el constante uso, como principal ali- 
mento, del maíz. 

Dije que estos vasos se distinguen no solo por la perfección de 
los procedimientos industriales que en los mismos se advierte, 
sino también por la perfección que se nota en el modelado de 
algunos de ellos; y en efecto, no hay más que fijarse en las foto- 
grafías que acompaño y en la lámina del Museo que también 
presento, para ver el intencionado estudio del natural que hacían 
aquellos artistas. 

Una circunstancia he notado en estos vasos, digna de tenerse 
en cuenta, porque constituye en el día el mérito mayor en obras 
de cerámica artística, como en otros muchos productos del arte; 
y es, que no se encuentran dos idénticos ni que revelen habe? 
sido moldeados ó repetidos por medio del molde; todos son ejem- 
plares únicos, porque aunque haya otros parecidos, ninguno 
puede considerarse como repetición de su compañero; todo lo 
cual revela la riqueza de imaginación de aquellos artistas y la 



VASOS PEiiuANOs. i;ir> 

facilidad de ejecución que les distinguíci, cuando no se les ocu- 
rría moldear los producios de su arle, para repetirlos con más 
facilidad. 

En los vasos de colores claros ya varía el sistema de ornamen- 
tación, siendo más pictórico que escultural, pues mientras culos 
negros predominan las figuras tomadas del reino animal y del 
reino vegetal, en estos el adorno lo forman zonas, con variadas 
formas geométricas, siendo el color más comunmente empleado 
el rojizo, debido en mi juicio á óxidos de hierro. Estos vasos, como 
dije en una de las sesiones del Congreso anterior de Madrid, re- 
cuerdan mucho los griegos del grupo que llaman unos oriental y 
otros corintio, y sobre todo por su forma y por la cualidad de ge- 
melos que los distingue de los chipriotas. ¿Indicará esto anti- 
guas relaciones ó mejor orígenes griegos, y fenicios entre los 
americanos? No es imposibje que existieran; pero no hay dalos 
bastantes para asegurarlo; y repito como dije entonces, que la 
igualdad en los productos del ingenio humano no prueba rela- 
ciones directas de unos pueblos con otros, sino que el hombre 
colocado en la superficie de la tierra, en análogas condiciones y 
con los mismos medios de acción, produce también de análoga 
manera. Gomo el castor y la abeja no necesitan que otros castores 
ü otras abejas les enseñen á construir sus maravillosas moradas, 
así también á sus obras el espíritu del hombre en cada región, les 
da sello especial y característico dependiente de mil causas que 
no son del momento examinar, pero en el fondo de las cuales se 
ve siempre un foco de numen inteligente, que revela la indiscu- 
tible unidad de la raza humana. El arte es uno en la esencia y 
múltiple en la forma; y como la forma es la que aspira á realizar la 
belleza, ideal y aspiración de todo arte, el hombre la busca en lo 
que le rodea, en sus creencias, en su inspiración interior; pero 
como hombre al fin viene á coincidir siempre en un putito, como 
coinciden las fuerzas todas de los diversos y varios mundos que 
pueblan el espacio en un centro único cuyo nombre ni cuya esen- 
cia es conocida todavía, ni acaso lo sea nunca , pero de la que 
irradian como rayos todos de un mismo foco y con análogas con- 
diciones las invariables esferas del Universo. 

El estudio de los vasos de nuestra colección, revela un estilo de 



196 boletín de la real academia de la historla.. 

civilización y de cultura, que indudablemente corresponde al 
apogeo del imperio peruano , aquel imperio que tanto amó las 
artes del lujo, á que corresponde á no dudarlo la cerámica artís- 
tica, artes suntuarias que causaban la admiración de los mismos 
conquistadores, como lo demuestra entre otros importantes testi- 
monios la Crónica del Perú escrita á vista de ojos por Pedro Cie- 
za de León. 

Difícil sería después de lo que llevo dicho entrar en la espinosa 
y, en mi juicio^ no muy necesaria investigación acerca de cuáles 
de estos vasos son más antiguos: si los negros representando 
figuras diversas ó los de color claro con diversos adornos pintados. 
Si en estas investigaciones fuera lícito presentar opiniones sin 
datos positivos en que apoyarlas, diría que, á semejanza de lo 
que sucede con los vasos griegos, yo creo más antiguos estos úl- 
timos que los que representan figuras; pero sí repito que no me 
atrevo á presentar acerca de ello ni de la verdadera época de estos 
vasos, conclusión alguna absoluta; pues siempre tengo por norma 
en estas difíciles investigaciones, que vale más detenerse en una 
prudente reserva, é ir paso á paso abriendo la cerrada senda de 
la investigación, que lanzarse á afirmaciones atrevidas destinadas 
á verse desvanecidas como el humo á los primeros resplandores 
de severa crítica. 

Concluyo rogando al Congreso me perdone si anduve desacor- 
tado, y tal vez difuso, y que me juzgue no con la rigidez de la jus- 
ticia sino con la bondad de la indulgencia, distintivo inseparable 
de la sabiduría. 



11. 
, Escritura maya. 

(Sesión del 2 i de Agosto.) 

Señores: 

Mi ol)jeto es presentar al Congreso terminada la traducción, 
que he hecho y anotado, de la notabilísima obra de M. Rosny 



ESCRITORA MAVA. 107 

sobre la interpretación de los caracteres hicráticos do Yucatán, 
traducci(3n cuyos primeros pliegos exhibí en el seno del Congreso 
anterior, y que causas ajenas á mi voluntad me han impedido 
terminar antes de ahora. No viene el libro encuadernado, porque 
no me ha alcanzado el tiempo para imprimir el pnjlogo que tengo 
escrito y el primer apéndice con que adiciono mi traducciíjn, 
apéndice que contiene, tomado directamente del original, el ma- 
nuscrito de Diego de Lauda, que conservamos cu nuestra Real 
Academia de la Historia, expurgado de los trascendentales errores 
con que lo dio ú luz Brasscur de Bourbourg. A los pocos días de 
haber regresado á mi patria estará terminada, así lo espero, la 
impresión de dicho apéndice y del prólogo, y remitiré ambas cosas 
al Sr. Secretario general para que complete esta obra. 

En cambio presento el apéndice II, que contiene un importan- 
tísimo documento, hasta ahora no publicado; el cual demuestra 
cómo los españoles usaron en los días de la conquista la escritura 
figurativa, á la vez que reproducían en caracteres españoles el 
idioma del país formando una especie de aljamiado, con lo cual 
conseguían irse haciendo entender de los indios, y que se fuese 
verificando lentamente la fusión de las dos razas por medio de 
la fusión del lenguaje y de la escritura; lo cual demuestra, 
contra el común sentir de los que calumnian á los españoles, que 
no fueron allá solamente en son de destructora conquista, sino 
valiéndose de medios profundamente civilizadores. 

Me ha animado á emprender la difícil traducción de la obra 
de M. Rosny, el deseo de popularizar en mi patria los elementos 
para la interpretación de los caracteres katúnicos, por el único 
racional y acertado que en mi juicio puede llevarnos al fin apete- 
cido. Querer traducir desdo luego, considerando estos caracteres 
como los rehus de nuestros días, es prescindir de todo procedi- 
miento científico y exponerse á caer en los errores que tanto han 
perjudicado á la fama tan justamente adquirida por otros tra- 
bajos de M, Brasseur y sus imitadores. Para interpretar una es- 
critura desconocida, hay que descubrir primero el sistema segui- 
do en la escritura misma, y después el idioma que bajo ella se 
oculta. Lo primero es saber si hay en la escritura desconocida 
ideografismo, simbolismo ó fonetismo; y hasta tener sobre esta 



198 boletín de la real acadenha de la historia. 

ideas ciertas no puede darse un paso adelante. Este es el gran 
servicio que lia prestado el manuscrito de Landa, presentándonos 
los caracteres fonéticos de los antiguos mayas y enseñándonos 
la manera de usarlos,, y al mismo tiempo diciéndonos que tenían 
también caracteres figurativos é ideográficos. 

Hay un pasaje en Landa, en que no se lian fijado los que se 
han ocupado en su alfabeto, pasaje que demuestra con brevísi- 
mas palabras los tres elementos que componían su escritura. Dice 
así el celoso misionero español: Usavan también esta gente (los 
yucatecos) de ciertos caracteres ó letras con las quales escrihian 
en sus libros sus cosas antiguas^ y sus sciencias, y con ellas y 
FIGURAS y ALGUNAS SEÑALES en Itts figuras, entendían sus cosas y las 
daban á entender y enseñaban. Vemos pues que tenían caracteres 
figurativos (y figurasj, caracteres ideográficos fy algunas señales 
en las figuras)^ y caracteres fonéticos (ciertos caracteres ó letras). 
No puede darse mayor claridad en la enunciación del sistema de 
escritura de los antiguos yucatecos. Constaba, pues, de los mis- 
mos tres elementos que consta la escritura egipcia, y todo el se- 
creto está en comprender la manera con que combinaban estos 
tres elementos. Teniendo presente este importante pasaje del ma- 
nuscrito de Landa, desaparece la extrañeza que al mismo M. de 
Rosny produce el no encontrar en los códices yucatecos, que po- 
seemos, palabras que puedan leerse solo fonéticamente ó mejor 
dicho alfabéticamente, porque en la com])i nación de los tres ele- 
mentos de su escritura está el misterio, que todavía por desgracia 
no hemos podido descubrir por completo. Acaso la aplicación del 
fonetismo ó alfabetismo puro lo empleasen solo para las palabras 
que representan ideas abstractas, y que por lo tanto no pueden 
fácilmente expresarse por medio de signos figurativos directos 
ni aun convencionales ó ideográficos. Asi vemos que el ejemplo 
citado por Landa, escrito con caracteres fonéticos 

ma in ka ti, 

expresa una idea que de otro modo no hu])iera podido fácilmente 
representarse: la ic'.ea de negación, puesto que equivalía á decir 
«no quiero.» En cambio para la expresión de palabras que repre- 



ESCRITüIlA MAYA. l',|;) 

sentaban ideas directas, se valdrían de signos figurativos también 
directos ó modificados con algunas seriales en la escritura. En el 
manuscrito azteca que acompaño, las palabras que están expresa- 
das con jeroglíficos son las que representan directamente el nom- 
bre de la población Halampa (brazo), el templo, el número de las 
personas que de 61 cuidaban, los cantores, los señores principales, 
las autoridades y los jefes, empleando para las demás ideas los 
caracteres alfabéticos españoles; aungue en el idioma azteca del 
país, bien porque (como parece averiguado) no conocieran los me- 
jicanos el alfabetismo, bien porque los españoles quisieron ir in- 
troduciendo su escritura en sustitución de la escritura indígena. 

Estas no son más que indicaciones, las cuales acaso puedan 
encontrar confirmación en descubrimientos posteriores; pero lo 
que no puede ponerse en duda, según el testimonio del P. Lau- 
da, es que su escritura constaba de los tres elementos inducidos: 
figurativo, ideográfico y fonético; por lo cual igualmente se equi- 
vocan, en mi sentir, los que quieren traducir los escasos códices 
yucatecas que poseemos, interpretándolos como simples rehiis, ó 
sea como escritura figurativa, ó á lo más ideográfica, que los que 
quieren buscar en ellos sólo palabras escritas con los signos al- 
fabéticos de Landa. 

A la interpretación de la escritura bierática del Yucatán sólo 
puede llegarse por el camino emprendido con grande acierto por 
M. Rosny, en la importante obra que he tenido la fortuna de 
trasladar á la hermosa habla castellana. Hay que ir fijando jalo- 
nes en cada trazo de camino que se logre abrir, y después reco- 
rrerlo con pausada marcha, para llegar al término importante de 
la interpretación que se desea. M. Rosny ha puesto las primeras 
piedras, con la seguridad de un verdadero sabio, de éste que ha 
de ser gloriosísimo edificio, y estamos seguros de que habrá de 
terminarlo ; y aunque no le conceda tanta ventura la Providen- 
cia, siempre tendrá la gloria de haber encauzado estos estudios 
por el único sendero que pueden recorrer. Verdad es que el ca- 
mino por él emprendido no satisface por el momento á la curio- 
sidad, pero satisface á la crítica científica, y esto es lo serio, lo 
verdadero y justo. Alardear de traducciones á priori, sin plan 
preconcebido, sin penetrar en el estudio de la naturaleza consti- 



200 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML4. DE LA HISTORIA. 

tutiva de la escritura que se trata de interpretar, es tarea fácil; 
pero que á nada conduce más que al desprestigio de la ciencia y 
al alejamiento de la verdad. 

Dije en el Congreso anterior que para la interpretación que anhe- 
lamos el manuscrito de Landa era de grandísima importancia; y 
continúo creyéndolo, aun en contra de lo sustentado por el mismo 
M. Rosny. Nada importa que en los manuscritos yucatecas que 
poseemos no haya podido leerse una sola palabra aplicando el 
alfabeto que nos ha dado á conocer el célebre misionero; pero 
consiste en que no se ha tenido presente que él no dice que sólo 
se escribiera por los mayas con solo aquellos caracteres, sino 
que, como ya hemos repetido, empleaban también el elemento 
iio-urativo é ideográfico (figuras y algunas señales en ellas), todo 
lo cual se ve por el examen de los manuscritos katúnicos que po- 
seemos. Lo que falta que encontrar es la manera de combinar 
estos elementos: si ohedecía á reglas constantes ó si se hacía ad 
libitum, según los casos; y la falta de datos acerca de esto es lo 
que impide que obténganlos tan pronto como se deseara resulta- 
dos prácticos en la interpretación. Landa nos da el alfabeto y el 
mecanismo de su combinación para escribir las palabras alfabé- 
ticamente. Le faltó el decirnos cómo combinaban este elemento 
con el figurativo ideográfico, ó sea el de las figuras y algunas se- 
ñales en las figuras; pero estamos seguros de que por el camino 
profundamente científico seguido por Rosny, habremos de llegar 
á descubrirlo. 

Lo que no puede sostenerse, ni por un momento, es que este 
alfabeto no sea el de los mayas, sino otro inventado por los mi- 
sioneros para entenderse con los indios, tomándole de sus anti- 
guos jeroglíficos. A tan gratuito aserto se opone terminante- 
mente el texto mismo del manuscrito, cuando dice que usaban 
también estas gentes de ciertos caracteres ó letras con las cuales 
escribiati en sus libros sus cosas antiguas é sciencias, pues si las 
usaban ya á la llegada de los misioneros, no pudieron ser inven- 
tadas por estos. Además, en otro pasaje, en el que apenas han 
hecho alto los que se han ocupado de este importante manuscrito, 
dice Landa, habb.ndo de los importantísimos y civilizadores tra- 
bajos de los padres misioneros, «que aprendieron á leer y escri- 



KSr.RITTTRA MAYA. -JO I 

bir en la lengua de los indios, la cual se redujo tanto á arte, que 
se estudiaba como la latina, y que se halló que no usaban de seis 
letras nuestras, que son: D. F. G. Q. R. S. , que para cosa nin- 
guna las han menester, pero tienen necesidad de doblar otras 
para entender las muchas significaciones de algunos vocablos, 
porque Pa quiere decir abrir, y Paa, apretando mucho los labios, 
quiere decir quebrar, y Tan es cal ó ceniza, y Tan, dicho recio, 
entre la lengua y los dientes altos, quiere decir palabra (3 hablar, 
y así en otras dicciones, y puesto que ellos para estas cosas te- 
nían diferentes caracteres, no fué menester inventar nvevas figu- 
ras de letras.y) Creemos que después de tan terminante declara- 
ción no podrá haber quien sostenga que el alfabeto de Landa 
fué arreglado por los misioneros, sino el que usaban los mayas 
en sus documentos escritos. 

Acaso estoy abusando de vuestra benevolencia ; pero antes de 
concluir, deseo dar al Congreso una grata nueva que también he 
consignado en las notas de mi traducción. Cuando salvé para mi 
querido Museo el manuscrito que ha dado en llamarse Cortesia- 
nus, creí que era la continuación ó complemento del Codejc Troa- 
us, y el examen minucioso que de uno y otro hizo M, Rosny y 
yo mismo á su lado, nos demostró de una manera incuestiona- 
ble, que eran uno mismo, y que en época acaso no muy lejana 
había sido separado en dos por alguno de sus anteriores posee- 
dores. Reunido, forma el códice mayor y completo que existe de 
los antiguos mayas, y en breve podrán así estudiarlo los aman- 
tes de estos importantísimos estudios, porque el Museo que re- 
presento ha conseguido del Sr. D. Luis de Tro la cesión del céle- 
bre códice á que dio nombre su ilustrado padre, á fin de unir lo 
que nunca debió separarse, y que, reunido, ha dado yn el impor- 
tantísimo resultado de hacer comprensibles páginas que antes no 
lo eran, y poder descubrir que en estos códices, que forman nno 
solo, se encuentra la notación del gran ciclo yucateco, confir- 
mando los datos que sobre el mismo interesante punto nos ofrece 
el manuscrito de Paris. 

Pero al llegar á este punto de mi informe, noto que acaso me 
he excedido molestando vuestra atención con estas indicaciones, 
y voy á terminar ya que estoy en el uso de la palabra, con una 

TOMO III. 14 



202 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

indicación de índole diversa que las expuestas; pero que no creo 
debo omitir. Acaso antes que yo se hayan fijado en ella los sa- 
bios americanistas que me escuchan; pero no por eso debo omi- 
tirla. El héroe legendario y casi divinizado de las tradiciones es- 
candinavas Odin, es llamado también en algunos autores Votan; 
y Votan es el nombre de un personaje mítico divinizado del Yu- 
catán, que reunió en su persona las cualidades de soberano, 
de legislador, de institutor y de sacerdote; Votan y Kukulcan, 
con el cual se le identifica también, presentan los mismos carac- 
teres exteriores; color blanco, barba abundante, largos vestidos; 
y desaparecen misteriosamente sin que nadie volviera á saber 
de ellos. Según Gogolludo, la partida de Kukulkan no iría más 
allá del siglo xii; y según Herrera precedería sólo en 560 años á 
la llegada de los españoles, pues bien, de los siglos xr y xii son 
los principales descubrimientos en la América por los escandina- 
vos. Serán coincidencias, si se quiere, y nada más que coinci- 
dencias; pero deben apuntarse por si nuevos descubrimientos 
viniesen á confirmarlas, y para que la crítica sagaz de los ver- 
daderos sabios profundice en estos problemas. 



ESCRITURAS INÉDITAS DE LOS SIGLOS XI Y XIV. 



EL MONASTERIO DE VARRIA (SAN AGUSTÍN DE ECHEVARRÍA, TKRMINO 
DE ELORRIO) EN 1053. 

Su acta de fundación encierra no corto interés, así para la 
historia particular de Vizcaya y general de España como para el 
estudio del vascuence. Del instrumento original, escrito en letra 
gótica, que hubo de ver, mas no piililicó Garibay (i), citan Florez 

(1) Compendio fiistwial de Expa'ia, L xxn, cap. 3\ 



ESCRITURAS INÉDITAS. 203 

y Risco (1) algunos fragmentos; prometió darlo á luz líeiiao (2), 
pero tampoco se logró; y, en fin, Iturriza (3) y Llórenle ('»), que 
copiaron la traducción castellana, no lograron hacerse con el 
texto latino, y deploraron su pérdida. Afortunadamente , si bien 
el pergamino original ha desaparecido, quédanos el facsimüe 
que el Sr. Echaguibel, abogado y propietario de Elorrio, facilitó, 
lio ha muchos días, al R. P. José Eugenio de Uriarte, sabio je- 
suíta, á cuya diligencia soy deudor de esmerada copia. El fac- 
símile, papel manuscrito del siglo xvi, lleva este encabeza- 
miento: «gííe, in membrana vetustissima, scripta reperi, hec ad 
verbum et iisdem characteribiis transcripsi. » Probablemente su 
autor debió de ser cura párroco, ó beneficiado, de la iglesia de 
Echevarría; pues cuentan que este facsímile se salvó, como por 
milagro, del incendio que, un siglo há, redujo á pavesas lodo el 
archivo. 

Dice así: 

«(5) In nomine doniiiii noslri Ihesu christi siib sánete trinitatis 
et individué, patris et filii et spirilus sancti, Amen. Ego munio 
sancic comité, et uxor mea comitissa domna. leguntia, posuimus 
ccclesia quod dicitur monasterio narria, que habitent in ea mo- 
ñacos, et fratres vel sórores, et non habeant ibi partem nostros 
filios et filias ñeque nostra generatio, set moñacos et fratres vel 
sórores, et quod orent pro animabus nostris et pro omnium fide- 
lium christianorum. Et dedimus hereditates, térras et mancana- 
res, agros et campos, sive montes et fontes et pasturas et térmi- 
nos. Id sa (6) de olabee cahar usque ad illumpontum quod dicitur 
marcocubi; et quomodo currit riguum quod dicitur cumelegui 
usque ad monasterium quod dicitur memaia, et ad ilum riguum 
quod descendit iuxta harhegui; et de alia parte de legeriano usque 



(1) España Sagrada, xxvi, 188; xxxiii, 244. 

(2) Antigüedades de Cantabria, 1. i, c. 7 (t. i, pág. 39). Salamanca, 1689. 

(3) Historia general de Vizcaya (Berriz, 1785), ms. de la R. Acad. de la Historia, pá- 
gina 596. 

(4) Noticias kistnricas de las Provincias Vascongadas: t. iii, pág. 388, Madrid, 1807. 

(5) Lugar del crismón. 

(6) ¿Vascuence da (latin estjf La gramática vizcaína, escrita por el Dr. Micoleta en 
1653, tratando del pretérito del verbo ser, dice que sa es la tercera persona del singular. 



204 ÜÜLETIN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

ad riguLim quod dicitur iturlax omnia ipsa valle; etiam post mor- 
tem coniux meam, cui sit requies ia perenne vite, Amen. Ego, 
comitissa domna leguntia, venit mici voluntatem, pro amorem 
sánete trinitatis donavi a illum monasterium in villa, quod dici- 
tur garaio, duas sernas, unum de dextra parte de ecclesia nova, 
et alia ad sinistra parte; et quatuor bustos de vakas : unum ex 
ipsis bustis misit sénior lupe ahoctarric pro animam suam ; et al- 
baro albaror darroita omnia sua hereditate; et similter muño 
ossandoz de arroita posuit omnia hereditate; et nunnuto miotaco 
ad una cum uxor sua urrana vitacoc omnia hereditate, et sancio 
lelluc de olhahehe caliar quinta parte et media de sua hereditate; 
et suum filium munio sancic posuit suum rationem. Et ego co- 
mité munio sancic ad una cum uxor mea comitissa domna legun- 
tia ct ad una quantos sunt rovorata in ista scedula donavimus ad 
illos sanctos qui ibidem sunt recondite, id sa sancti iohannis apos- 
toli et sancti tome apostoli vel sancti agustini episcopi, et in alia 
ecclesia deorssum sunt recondite, id sa, sánete marie virginis et 
sánete mikael arcangeli sive sancta marina virginis, et quod ibi 
fuerint omni hora conlocatum, in illos sanctos moñacos, aut fra- 
tres vel sórores, pro amore christi ita donavimus tota ista dona. 
Et posuit de unum molinum demedia parte sénior munio sancic, 
quod vocatur ¿ncomentio, pro sua' anima. 

Gundesalbu albaroz et suo filio fidiatores. 

Lope gaif ¡5 contirniat. 

Eneco lup¡9 de lafjkanu conf . 

GomÍ9 fortunif. áe formaiqtegui conf. 

Nunuso narriatec de lohinac^ conf. 

Acenari mome9 de aqubaiTO conf. 

Et 8U0 germano gideri momez de anhelo conf. 

San^i nnnusoo, de aberanka conf. 

Gellu nunu80Í9 de arratia conf. 

Acenari san90Í9 de ivarra conf. 

Acenari Ban90Í9 de herrio conf. 

Et si aliquid lioc mandatum in iustitia voluerit defenderé aut 
disrumpcrc, habcat 'cautum a parto rcgis quinqué libras auri, et 
a parte monastcrii dupplatum vel melioratum. Et si fuerit ali- 



ESCUITURAS INÉDITAS. ;'0n 

quid homo, fortiter facial supra iioc testamentum, aut ro^c, aut 
cpiscopus, aut abbas seu presbiter, sive séniores, vel (juis livel 
homo, ista sit comuiiicalio ilHus bacuata, ct diabolo sit suum 
minister, et participatio iUius sit cum iudas traditore in inferno; 
el oratio eius sit semper in pecatum, et non habeat aliquid nul- 
la ratio de illa oratio; íiant dies eius pauci et episcopatura eius 
accipiat alter, sicut psalmista narravit (1). Fiant íilii eius orfani 
et uxor eius vidua, fiant anui eius pauci in interitu, in una ge- 
ueratione deleátur nomen eius. Et non habeat partcm cum chris- 
to, sed cum antichristo; et sit condemnatus de collegium angelo- 
rum, sive sanctorum martirum , virginum, confessorum; et in 
presentí seculi excomunicatus pcrmaneat ab omni congrcgatio- 
ne christianorum , qui hoc iustitia voluerit defenderé. Semper 
valeat illum cum antichristo, cum socio suo. Amen, Amen, 
Amen. 

Regnante domino nostro ihesu christo et sub eius imperio 
leionensem fredinandus rex, Garsia rex in nagera et in castella 
vetula, Ranimirus rex in aragona et superarvi et in ripa curca, 
Comessanus episcopus vurgensis, Gomessanus episcopus naga- 
rensis, Santius episcopus rector ecclesie navarrensium , Garsia 
episcopus alavensis sive in uiskahia, comité Munio sancic in Tu- 
ranko, Fata carta in era ílx" et unum; e confirmata in kalendis 
februariis, Regnante ego garsia rex in pampilona et in ala- 
va, frenandus rex in legione, garsia episcope in alava, San- 
cius episcope in paupilona , gomessanus in nagera. — j^ Sig. 
rex.» 

La fecha del año 1053 (era 1091) es indubitable. Reinaban los 
tres hijos de Sancho el Mayor; regían las diócesis de Burgos, 
Nájera, Pamplona y Armentia los obispos que el documento ex- 
presa; y era conde del Duranguesado (Turanko) Munio Sanchiz. 
Dos años antes (30 Enero, 1051), y probablemente en Cortes de 
los Estados sometidos á D. García, expedía este monarca la cons- 
titución que publicó Moret (2), tomándola del archivo de la cate- 
dral de Calahorra (caf. Í2, n° 1): 



(1) Salmo cviii. 

(2) Investigaciones históricas de las antigüedades del reino de Navarra^ 11, c. 2, 



206 UOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«In Dei nomine et individué Trinitatis ego Garsea rex et uxor mea Ste- 
phania regina, una pariter cum Episcopis subnominatis, Garsea episcopo, 
Sancio episcopo, Gomesano episcopo et Comités mei qui sunt in mea térra. 
Placuit nobis simul et Comili Ennego Lopiz, qui est Dux in illa patria 
que vocatur Vizcaia et Durango, et consenserunt omnes milites mei ut in- 
genuasem illos omnes monasterios, qui sunt in illa térra, ut non habeant 
super eos potestatem in aliqua servitute, nec Comités, neo potestates. Si 
tamen in unoquoque monasterio si migraverit unus Abbas, perquirant 
fratres Episcopum, cui decet regere patriam, et inter semetipsos eligant 
Abbatem, qui dignus sit regere fratres, Et de alio, quod usuale habebant 
illi Comités et sui milites in illis monasteriis mittere suos canes et suos ho- 
mines ad gubernandum : et ego Garsea rex et uxor mea cum Comitibus et 
militibus meis contestor ut nuUns homo sedeat aptus pertemptare banc 
rem. Facta carta, noto die iii kal. februarias, Era m.lxxxix, regnante ego 
Garsea rex in Pampilona et in Álava et in Vizcaia, Fredenandus rex in Le- 
gione. Garsea episcopus in Álava, Sancius episcopus in Pampilona, Gomes- 
sanuB in Naxera. » 



Modelóse esta constitución por los nomocánones II y III de 
las Cortes, ó concilio nacional de Goyanza (1050), al que asistie- 
ron entre otros ijrelados Gómez de Burgos (Occensis) Gómez de 
"N áiera. f Kalagiirritanensis) y Juan coadjutor de Sancho de Pam- 
plona. Sujetándose á ella, y en el mismo día de su fecha (30 Ene- 
ro, 1051) los Condes de Vizcaya D. Iñigo López y doña Toda pac- 
taron (1) con el obispo de Armentia, D. García, sobre la iglesia 
de Axpee (2) en la merindad de Busturia sobre la ría de Monda- 
ca. Firmaron la escritura el obispo y los condes de Vizcaya, sien- 
do testigos los abades, ó párrocos de Munguía (MunchiensisJ Mo- 
linar fMoliniharrensis), y Abadiano (AhadieiisisJ, los señores de 
Arratia (ArrathiensisJ , Baracaldo fBaracaldensisJ ^ Berango (Áhe- 
racanensis), y la señora de Echevarría (domna Leguncia Esceher^ 
riensisj, que opino fué la condesa de Durango, esposa de Munio 
Sanchiz. El condado Duranguós se distinguía del de Vizcaya; lo 
que no impedía al poseedor de este último título el ser Duque de 



(1) El documento se sacó del becerro ííótico del archivo de Sau Milliin. Véase en Lló- 
rente, op. cit., t. ni, pág. 3~7-879. 

(2) «Monasterium iuxta maris, cui vocabulum est sánete Mavie de Izpea, subtus 
penna, in territorio Bustw ri.» Lleva Izpea consigo la traducción en «subtus peuna, » 
habiéndose mudado be (debajo de) en pe, por virtud de una ley fonológica común á to- 
dos los dialectos del vascuence. 



ESCRITURAS INÉDITAS. JOT 

ambos distritos (comiti Ennego Lopiz, qxii est ditx in illa patria 
que vocatnr Vizcaia et Duranr/o) con arreglo tal vez á domarca- 
cioiics corrientes en los períodos visigodo y romano. 



ir. 

VENTA DE UNA ESCLAVA MORA POR UN JUDÍO EN 1313. 

Del archivo de la catedral de Toledo han venido al Histórico 
Nacional varias escrituras, relativas á los hebreos de aquella ciu- 
dad y divididas en sección rabínica y castellana. El pergamino, 
cuyo facsímile reducido á dos tercios del original presento, es el 
primero de la última sección. 

Sepan quantos esta carta vieren commo yo don abrahen, fijo de don 
mayr al levi, judio de toledo otorgo e connosco que vendo a vos marina 
alfonso, fija de don alfonso garcia de soto mayor, una mora blanca man- 
ceba quel disen mariem, fija de mahomad almacaz (1) de lubreyr (2) por 
seys cientos maravedis de la moneda blanca de diez dineros el maravedí, 
que rregabi de vos e passaron a mi poder todos bien e complida mientre. 
Et rrenun9Ío que non pueda desir que los non rre9ebi, e si lo dixiere que 
me non vala por ninguna manera; e apodero vos la diclia mora con esta 
carta e del dia de su era que sea vuestra para faser della lo que quisiere- 
des, e fio vos la de furto e de rabina, e lo al de sus tachas a vuestra ven- 
tura; e esta vendida vos fago al fuero de toledo con mari aderae (3); e 
por todo esto conplir, segund dicho es, obligo todos mis bienes, los que 
oy dia e, e abre cabadelante. Fecha la carta, veynte e un dia de junio, era 
de mili 6 ccc°^ e §inquenta e un anno. 

Yo don 9ag, fijo de don todros al levi, so testigo, ^j ii^}^ DTnTC 13 pnV^ 
— Yo don 9ag, fijo de don mayr aben nahman, so testigo. -|ixa 12 pni" 
"tSD TDnJ n — ^^ ^'^y peres, escrivano en toledo, escrevi esta carta, e so 



(1) w5'jLd.3l (el molinero). 

(2) ¿Lobreiro (prov. de la Coruña, part. jud. de Negreira)? 

(3) *^¿5^ jJ! í =1 »J (bari adderak). Estipulación de no sanear la cosa vendida; 6 de 
que ésta, una vez adquirida, corre á riesgo y ventura del comprador. Previene aquí los 
efectos establecidos eu el código de Alfonso X (part. v, tit. v. ley Gí', habiendo arriba 
declarado el objeto de la misma estipulación: é finws lo al de sus tachas á tucstra ven- 
twa. La obligación de los bienes recae sobre el titulo esencial de la venta. 



208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

testigo. ^^J^ ^-2 J — ^* y^ Alfonso fernandes, escrivano en toledo, 
80 testigo. í ^M^ ij^J.' 




El tipo cursivo hebreo de las primeras firmas no ha caido en 
desuso ; pues lo emplean aún los judíos de Turquía oriundos de 
España. 

MRflrid, 9.', (le .Julio, 1H«:{. FiDEL FiTA. 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO III. Octubre, 1883. cuaderno iv 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS. 

La Academia ha reanudado sus sesiones el viernes 28 del pró- 
ximo pasado mes. 



El académico Sr. Fabié habiendo ido á Florencia con objeto de 
estudiar en la Biblioteca Laurenciana el texto en mejicano del 
P. Sahagún , del que habló en el Congreso de Americanistas re- 
unido en Copenhague, ha visto al pasar por Venecia la inapre- 
ciable colección de los despachos originales, que sin interrupción 
desde el año 1554, y anteriormente á la presente centuria, envia- 
ron á la poderosa Piepüblica del Adriático sus embajadores acre- 
ditados cerca de la corte de España. 



Se ha descubierto últimamente en Tarragona un miliario del 
tiempo de Augusto , gemelo del ya conocido y publicado por La- 
borde , que se halla en la ermita de la Aldea , sobre la margen 
izquierda del Ebro, frente de Amposta. De este último ha presen- 
todo una copia fotográfica el Sr. Fita, que ha sido comisionado 
para informar sobre ambos monumentos itinerarios. 



15 



210 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Notable ha sido el descubrimiento de inscripciones ibéricas en 
estampillas de cerámica que ha hecho el Sr. D. Emilio Burges en 
el término de Olietes, y en el punto nombrado Solana Emilia, á 
dos kilómetros de la margen izquierda del río Martín, cerca del 
alto cerro que llaman Torreón de las Brujas ó Venta de San Pe- 
dro. Fué este ultimo sitio lugar fortificado, como lo demuestran 
los enormes pedruscos que forman la cerca de un arruinado cas- 
tillo de estructura ciclópica. El Sr. Burges, que ha presentado 
inprontas de las inscripciones y depositado los originales en la 
Exposición de Minería, establecida en el Buen Retiro de esta ca- 
pital, se propone seguir con actividad las excavaciones en aquel 
terreno de su propiedad. El sitio del hallazgo fué de seguro ede- 
tano; y no parece que distase mucho de allí la antigua Damania^ 
cuyas monedas, así como las atribuidas á Olite, están marcadas 
con caracteres gráficos, que ofrecen bastante analogía con las ins- 
cripciones descubiertas. 



El Sr. Flores Laguna ha publicado en la Correspondencia mu- 
sical (números del 1 1 de Agosto al 8 de Setiembre) las eruditas con- 
sideraciones que, á su entender, justifican la interpretación que 
dio á las piezas musicales del famoso Códice de Calixto. 



Ha recibido la Academia con vivo agradecimiento el regalo de 
200 monedas americanas, que le ha enviado desdóla isla de Cuba 
la viuda del Sr. Aríñiga, como manda testamentaria de su difun- 
to esposo. 

Nuestro corresponsal el Dr. Wenlworth Webster ha merecido 
bien de nuestro Cuerpo literario, ofreciéndole en donativo y pre- 
ciosamente encuadernada la segunda edición de su libro, titulado 
Basque legends. 



El académico Sr. Codera ha terminado la edición del códice 
arábigo de Aben Pasqual. 



INFORMES. 



SANTIAGO, JERUSALÉN, ROMA 
POR LOS SRES. FERNÁNDEZ SÁNCHEZ Y FREIRÉ BARREIRO. 



Cumpliendo el encargo que el Sr. Director se ha servido con- 
íiarme de proponer á la Acadepiia el informe que ¿i mi juicio 
debe darse para los efectos del Real decreto de 12 de Marzo de 
1875 sobre la obra escrita por los Sres. D. José María Fernández 
Sánchez y D. Francisco Freiré Barreiro, titulada Santiago^ Jeru- 
salén, Roma; Diario de una peregrinación á estos y otros lugares 
de España, Francia, Egipto, Palestina, Siria é Italia en el año 
de iSlo, tengo el honor de someter á la aprobación de este ilus- 
trado cuerpo el siguiente: 

Basta dar una ojeada á la parte material de la obra de los seño- 
res Fernández Sánchez y Freiré Barreiro para comprender que 
no es fruto de un trabajo ligero ó superficial sobre la materia que 
constituye su objeto. 

Compónese hasta ahora de dos gruesos tomos en 4." mayor, 
uno de xvi y 728, y otro de 1.0G4 páginas á dos columnas, y falta 
aún publicar un tomo tercero de igual extensión y volumen. Sus 
autores, catedráticos de la Universidad de Santiago, parten de 
esta ciudad para su peregrinación , pero antes de abandonarla se 
proponen darla á conocer; y para ello describen minuciosamente 
su famosa Catedral, sus edificios más notables y sus principales 
templos con un breve resumen de sus vicisitudes y su historia 



212 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

desde los tiempos más remotos. La mitad próximamente del tomo 
primero no trata sino de Santiago. Siguen después su viaje por 
Pontevedra y Tuy, entran en Portugal, visitan las ciudades de 
Oporto y Coimbra, vuelven á atravesar la frontera por Badajoz, 
atraviesan la Extremadura y la Mancha y llegan á Madrid, dando 
noticias oportunas de las ciudades y monumentos que encuen- 
tran á su paso. Esto mismo hacen cuando se dirigen desde Ma- 
drid por Zaragoza á Barcelona, donde se embarcan para Marsella. 
Allí toman pasaje para Egipto, y desembarcan en Alejandría. 
Visitan y describen cuidadosamente todo lo antiguo y lo mo- 
derno que ofrece de interesante esta famosísima ciudad; hacen 
otro tanto en el Cairo, dando noticias bastante completas, no sólo 
de todos los principales monumentos que encierra el Egipto, sino 
también de las razas que lo pueblan; de sus instituciones políti- 
cas y administrativas, de su organización social , de su historia 
contemporíínea y de sus usos y costumbres. Aquí concluye el 
tomo primero; y con él esta que puede considerarse como la 
primera parte de las tres en que (^ivideu la peregrinación. 

Desde la tierra de los faraones pasan nuestros peregrinos á 
Jafa y entran llenos de alborozo en la Tierra Santa, que fué tea- 
tro de nuestra redención. Allí visitan y describen todos los luga- 
res en que ocurrieron los hechos principales de la Historia Sa- 
grada, donde primero se anunció al mundo la nueva doctrina de 
Jesús y donde tuvieron lugar los principales misterios de su 
santa religión. Betania, Jerusalén, Getsemaní, el Monte de las 
Olivas, Emaús, las orillas del Jordán y del Mar muerto; el Valle 
de Jericó, Belén, Rámala, Nazaret, el Tabor, el Carmelo, San 
Juan de Acre, la antigua Fenicia, Beirut, Damasco y el Líbano, 
descritos con exactitud escrupulosa y exornados con abundantes 
noticias religiosas, históricas y arqueológicas forman la segunda 
parte y el tomo segundo de la obra. Roma y otras ciudades de 
Italia serán el asunto del tercero que aún no ha visto la luz pú- 
blica. 

Si se desea saber cómo está desempeñado este extenso trabajo, 
la Academia no debe vacilar en decir que con prolijo y concien- 
zudo esmero. La narración de todo el viaje es íil parecer, fidelí- 
sima y por demás circunstanciada. Píntase en ella con sencillo 



SANTIAGO, JERUSALÉN, ROMA. 213 

estilo y á veces con vivos colores, el estado actual de cada pueblo, 
de cada edificio histórico ó artístico, de cada paraje famoso y de 
cada monumento más ó menos célebre. Luego se refieren sus 
principales vicisitudes y su reciente historia, y por último se dan 
á conocer los usos y costumbres del país que están en relación 
con ellos. Para hacerlos aún más perceptibles acompañan al 
texto numerosos grabados en madera y algunos mapas geográ- 
ficos. Dan igualmente vivísimo interés á estas descripciones, 
particularmente á las de Tierra Santa, la reproducción de los 
textos de las Sagradas Letras que hacen mención de los lugares 
descritos y de los sucesos que tuvieron lugar en ellos. 

Escrita la obra por peregrinos católicos y con ocasión del Jubi- 
leo universal de 1875, predominan naturalmente en toda ella la 
idea religiosa y el propósito de venerar los Santos Lugares y los 
interesantes monumentos que dan testimonio de los orígenes del 
cristianismo. Mas no por eso dejan sus autores de visitar y des- 
cribir todas las reliquias de la antigua civilización pagana, que 
hallan el paso, así en las orillas del Nilo, como en las demás tie- 
rras dominadas por el Islamismo. No desconocen tampoco los 
descubrimientos de la ciencia moderna en Egipto, Nínive y Ba- 
bilonia, que tanto han iluminado la historia del antiguo Oriente; 
antes al contrario se ajustan á ello en sus breves reseñas históri- 
cas. Ni omiten siquiera las tradiciones y leyendas más ó menos 
justificadas que suelen acompañar á la historia verdadera de los 
Santos Lugares. Aunque la crítica racional tuviera datos bastan- 
tes para distinguir entre estas noticias las auténticas de las no 
comprobadas, en cuanto se hallan fuera del dominio de la fe, los 
Sres. Fernández y Freiré se abstienen con razón de intentarlo, 
por no ser tal el objeto de su obra, más descriptiva que crítica 
como corresponde á un Diario de viajes, y se limitan á referirlas 
como creencias populares, y por lo tanto, hechos que no deben 
escaparse á la observación del viajero. 

Se ha escrito tanto sobre la Tierra Santa, sus antigüedades y 
sus monumentos; son tan numerosos los viajeros que nos han co- 
municado sus noticias, sus impresiones y sus juicios de aquellos 
países, que sería temerario empeño exigir de un escritor contem- 
poráneo relaciones de hechos peregrinos ó descripciones de mo- 



214 boletín de la real academia de la historl\, 

numentos hasta ahora ignorados. Ni tampoco obraría cuerda- 
mente quien para escribir hoy de los Santos Lugares, prescin- 
diera de cuanto han dicho sobre ellos los que le precedieran en 
esta tarea. Los autores de Una peregrinación se valen, por tanto, 
de las investigaciones de los muchos viajeros que han escrito so- 
bre el mismo asunto, desde San Jerónimo y Adamasco hasta Ge- 
ramb é Izaguirre, y así dan mejor á conocer, no srjlo el estado 
actual de los lugares y monu.ncntos que describen , sino el que 
han tenido muchos de ellos en las pasadas edades y el de otros 
que fueron y ya han desaparecido. Así también logran compro- 
bar, con su propio testimonio, las observaciones de otros explo- 
radores, no sin añadir á veces las suyas propias, sobre todo en 
puntos controvertidos. 

Tenemos en castellano multitud de relaciones de viajes á la 
Tierra Santa, verificados desde el siglo xvr hasta el presente. 
Fr. Antonio Miranda en 1550, Mandavila en 1526, Fr. Antonio de 
Medina en 1583, Aveiro en 1600, Selle en 1019, Adricomio Del- 
pho en 1G30, Castillo en su Devoto Peregrino de 1656, Encina en 
1733, San Juan del Puerto en 1724, sin contar otros muchos, die- 
ron ya bastante á conocer los Santos Lugares en sus épocas res- 
pectivas; pero una narración tan extensa y circunstanciada de 
ellos, como la que ofrece la presente obra, no existe en nuestro 
idioma. Mezclando con noticias ya conocidas la de las alteracio- 
nes que han sufrido los mismos monumentos en el transcurso del 
tiempo, la de los hechos que los autores presenciaron y sus pro- 
pias impresiones, ha resultado un libro interesante, instructivo 
y ameno, con todas las condiciones que requiere el Real decreto 
de 12 de Marzo de 1875 y la Real orden de 23 de Junio de 1876, 
para optar á la subvención del Estado. 

Lo dicho basta para justificar la originalidad del libro, que es 
la primera de aquellas condiciones ; casi todo lo (jue sus autores 
reseñan y describen, ha sido examinado por ellos, y cuando in- 
vocan el testimonio de oti'os viíijeros, es para comprobar ó expli- 
f^ar lo mismo de que dan noticia. Reunir en dos gruesos volúme- 
nes descripciones tan prolijas y completas de las ciudades y mo- 
numentos más notalSles que se encuentran en el largo itinerario 
desde Santiago hasta Ismailia, pasando por Alejandría y el Cairo 



SANTIAGO, JERUSALÉX, ROMA. 215 

y en las extensas regiones de la Tierra Santa, sería siempre obra 
meritoria en quien la hiciese bien, sin salir de su gabinete; pero 
ejecutarla después de haber visitado pcrsoníilmente todos los lu- 
gares que se mencionan, es obra de mérito relevante, que es la 
segunda condición que de])en tener los libros que aspiren al fa- 
vor del Estado. Por üllimo, la de que se trata, merecería propa- 
garse, no solamente por ser su lectura instructiva y amena, sino 
también porque, escrita con espíritu verdaderamente religioso, 
puede contribuir á mantener y fortalecer en el pueblo la fe cris- 
tiana. Así viene también á cumplirse el último requisito necesa- 
rio para optar á la subvención que se pretende, ó sea la de ser 
útil la obra para las bibliotecas públicas. 

Por todas estas consideraciones opinará esta Real Academia que 
la publicación de que se trata merece la protección que sus auto- 
res solicitan, mediante la adquisición por el Estado de un número 
de ejemplares que el Gobierno estime posible y conveniente. 

Francisco de Cárdenas. 



11. 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIGLO XIV. 

Dos escrituras formarán el cuerpo de mi cuadro analítico. La pri- 
mera, inédita, está registrada con el número 2 entre las hebreas 
(sección castellana) que vinieron del archivo de la Catedral de To- 
ledo al Histórico Nacional, y merece figurar al lado de la que 
publicó Amador de los Rios (1), donde va expuesta la «distribución 
de los tributos que pagaban las aljamas de los judíos de Castilla 
en 1291.» La que nos ocupa es un cuaderno de papel ceblí, cinco 



(1) Historia social, poliilcay religiosa de los judíos de EspaTia y Portugal, 1. ii, apea- 
dice n. II. 



216 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

pliegos en folio, que se escribió de 1294 , y lleva por título Cuenta 
de Juan Mateo Farradar (1), cobrador ó alfardero alavés, natural 
délos Güetos, Ayuntamiento de Mendoza. aEsto, dice, es lo que 
montaron los derechos de toda la frontera por un año que comen- 
có primero dia de Dezienihre de la era de mili e cea e treynta e un 
año; e se acabó postrimero dia de Noviembre de la era de mili e 
cea e treinta e dos años, segund que aquí será dicho. ^^ Comprende 
las partidas del cobro de las rentas reales en el arzobispado de 
Sevilla y en los obispados de Córdoba y de Jaén; é interesa al 
examen del movimiento comercial de aquella época, y en particu- 
lar al de los pechos, ó contribuciones, que gravitaban sobre las 
aljamas de mudejares y hebreos. Estos últimos pagaban en Sevi- 
lla 115.333 maravedises; en Niebla, 7.000; en Jerez, 5.000; en 
Écija, 5.000; en Córdoba, 38,333; en Andújar, 1.500 y finalmente 
en Jaén, Úbeda y Baeza reunidas, 25.000. Pero más importante 
que todos los precedentes es el último folio del cuaderno, que pue- 
de servir así de complemento á las Cortes de Haro ó Villabona 
celebradas en Julio de 1288, como de ilustración á la geografía y 
estadística de la provincia de Álava. La cuota ó rendimiento de 
cada lugar demuestra proporcionalmente su población y riqueza; 
los nombres allí apuntados suenan como extendidos entre los 
que hoy son de uso corriente alaveses y los que harto se han he- 
cho conocer por el Becerro del Monasterio de San Millán en 
precioso cuadro geográfico del año 1025 (2); por manera que 
cotejándolos y aplicándoles el análisis filológico, podremos lle- 
gar con cierta seguridad á la determinación de algunos puntos 
ó leyes fundamentales, que tiendan á desvanecer no pocas pre- 
ocupaciones todavía reinantes y despejar más y más la fisonomía 
arcana del antiguo vascuence. Sin hechos no hay razón científi- 
ca. Entre los nombres de color y de estructura vascongada, muy 
raros por desgracia, que en la región alavesa ofrece el período ro- 
mano con sus lápidas y textos geográficos por un lado, y los 
nombres que por otro lado nos pone á la vista el mapa sabiamente 



(1) Cogedor de la alfarda [i^ yij\] en el sentido propio de tasa, ó tributo impuesto 
para el servicio de la nación, que tiene el vocablo árabe. 

(2) Llórente, Noticias históricas de las tres provincias vascongadas, t. ui. pág. 342-31Ci. 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIGLO XIV 



!17 



trazado por el Sr. Goello, media la distancia enorme de quince 
siglos. Los nombres antiquísimos han podido sufrir transfor- 
maciones ó caer totalmente en el olvido suplantados por otros; 
y por lo tanto urge que entablemos discusión sobre monumentos 
intermedios y hábiles para cortar la duda imprudente en ciertos 
casos y suscitarla prudentemente en otros. Así, por ejemplo, no 
atino á creer que sea norma indeficiente para investigar los 
límites geográficos el atribuir á la sílaba inicial ar la significa- 
ción de piedra, mojón ó ara; toda vez que con idea diversa pudo 
entrar en Arana, Ardngiiiz, Argomániz, /Irmeníia, Arroyave, 
Artaza, etc. Ni creo tampoco que por parecerse fonológicamente 
á otro moderno un nombre de la época romana, como ^o-jírrá^iov 
á Znazo, haya derecho para inferir al punto que son idénticos 
per su radical y significado. 
Veamos el primer documento. 



«En Madrit xxvii días de Febrero, era de mil ccc.xxxiii annos vino a 
cuenta Johan velez de Hueto de los c mil maravedís, que diz que cogió de 
los pueblos dalava, que prometieron al Rey para la ayuda de la cerca de 
Tarifa el anno de xxx annos; e lo que dixo que recibieron, es esto con los di- 
neros que diz. 



De arvaxa 330 

De Harriola 523 

De Cordoua iOO 

DeBicuña (I) i95 

De sancta Pia 90 

De udala 75 

De llano 203 

DeNarana 240 

DeHelguea 240 

De jauregue 230 

De Enguereño 600 

De Hollivarre 350 

De A9ÍIU 37 

De Año 900 

De ga9aeta 1200 



De Garona 80 

De axona 60O 

De ygueleta 400 

De Dulance 210 

De harrarayn 300 

De larraza 467 

De Olga 25 

De herencliyon 344- 

De laraharra 240 

De ayala 673 



De harrieta.. , 
De Guevara. , 
De heztura.. 
De maturana 
De andicana. , 



200 
380 
220 
60O 
320 



(1) Dejó la ñ como en el original, sin prejuzgar si sonaba como dos enes. 



218 



'BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HISTORLA.. 



De andozqueta 36o; 3 dineros 

De argomaniz iOO 

De quilcliano ■^30 

De ma anchona '26 

De mendixur 800 

De lanclarcs de gamboa 800 

De Mojo 400 

Decaafu 900 

De afua 790 

DdOreñiyn COO 

De liurifar -60 

De Garayo 500 

De Marieta 90 

DeOtaga iOO 

De hollivarrigamboa 300 

De Ciriano 200 

De Geriiica 400 

De Mefiano mayor 868 

De Meñano menor 389 

De liuUivariaraca 500 

Da Mendiguren 374 

De Lupidana 900 

De yhurre 150 

De Letona 316 

De {;:ahytagin 100 

DeMurua 240 

DeMuradehe 200 

Dalarrinua 500 

De Gopeliegui 337 

De Iloüdategui 280 

De Berricano 440 

De Eciiagoyeii 260 

De Buruaga 360 

De Ilereydee 194 

De Mendarozqueta 523 

De Echaverre de viña 930 

De Helossua 200 

De nafarrato 1 87 

Dü II u maga ' 400 

De uaoziallo 230 



De Sarricuri 300 

DeHota^u 300 

De haverasturi 500 

De buriarte 200 

De arcaya 1000 

300 
100 
400 
100 
353 

De Monasterio guren 640 

670 
400 
273 
300 
900 
250 
300 
2o0 



De Ollivarri de los olleros.. 

De Ollivarri menor 

De BoUivar 

De gamiz 

De Meana , 



De luviano 

De holiaraga 

De arcaut 

De Betriquez 

De ylarra9 la 

De Cario 

De mataucu 

De ania 

DeOretia 1100 

De arbulu 340 

De Ollivarri doypa 500 

DeDurana 200 

De anteyana 700 

De Guereña 563 

De Mautoyana . . . . .' 230 

De Legarda 430 

De artafaa 270 

De apodaca 300 

De hueto de yuso 1000 

De bueto de suso 690 

De burrialdo 300 

De bullivarri de viña 800 

De Suvijana 500 

De lanclarcs 1 1 00 

De liaztoguieta 600 

De Otayáa 300 

De Cumelfu 500 

De Gumecba 800 

Dellareniz 800 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SICLO XIV 



•:i!) 



De Margarita., 500 

De lennanda 220 

De Ilollavarri 6U0 

De Berrozteguieta iOO 

De armentia e de gaztlieta. . . 250 

De heztarrona 430 

De Cua^u 600 

De villodas 800 

De Traspuentes 840 

De Goveyo 70 

De crispijana 1 82 

De Legartagutia 400 

De Ciiartango 1528 

De Man9anos 1 50 



De Curaufion 712 

De higahegui 1 40 

De raoliniella 400 

De cayzedo de yuso 497 

De vasconi ellaa 210 

DeEreña 261 

De Meliedes 200 

De villavezana 290 

De villalnenga 1 22 

De autecana 412 

De Leziniana 300 

De f rezneda 1 50 

De Cárcamo 162 



La serie de los pueblos sigue en general la dirección del nordeste al sud- 
oeste desde Narvaja, donde está una de las fuentes del Zadorra. La suma 
de maravedises (57,928), que escasamente pasa de la mitad de los cieii mily 
acusa la pérdida ó extravío de otro cuaderno, el cual unido al anterior, ha- 
bría completado el parangón á que se presta el documento del año 102o, co- 
nocido bajo el nombre de reja de San llillcin. De esté lie solicitado esmera- 
da copia, que espero hará sobre el Becerro gótico original (1) el R. Padre 
Fr. Toribio Minguella de la Merced, 

«De ferro de Álava. — lo era millesinia sexagésima tercia, deca- 
no de sancti Emiliani sicut colligebat ferro per Álava (2), ita 
scribimus, 

Ubarrundia. — Gamarra maior, duas regas. Hamarra minor, 
una rega. Erretana, una rega, Hamarita, unarega. Mengano, una 
rega. Hurribarri, una rega, Menganogoien, una rega. Gernica, 
una rega, Zeriano, una rega. Betellogaha, duas regas. Nafarrate 
et Elhosu, una rega. Hurnaga una rega. Urbina et Angellu, una 



(1) No cita Llórente el folio. La publicación, que hizo, se ajustó á un traslado sacado 
directa é inmediatamente de ambos Becerros, que el célebre ex-monasterio posee. 

(2) La escritura de los Votos de San Millán consigna felizmente el número de ve- 
ciaos, que representa cada reja, ó barra, de hierro: «Álava cum suis villis ad suas al- 
focas pertinentibus, id est, de Losa et de Ruradon usque Eznate, ferrum per omnes 
villas Ínter domns decemx\\i^ve\&.t>'E\ tributo era de un buey por cada alfoz en toda 
Vizc&yK (derivo de (JaUíarraga: usque iii /fumen Deva) y en toda Guipúzcoa (de ipsa 
Deva iisque ad sanctnm SeMstianum Dernani). 



220 boletín de la real academia de la historla. 

rega. Lucu et Arzamendi, una rega. Goihaen, una rega. Bagoeta, 
una rega. 

Gamboa. — Lehete, una rega. Essavarri, Argillana et Arina, tres 
regas. Lángara et Moio, tres regas. Azoraa, una rega. Zuhazu, 
una rega. Mariheta, una rega. Hazua, dúos regas. Hurizahar et 
Orengoin, una rega. Mendissur, una rega. Maturana, tres re- 
gas, una de cubito in longo, et duas minores. Essavarri, una 
rega. 

Harhazua. — Durana, duas regas. Arzubiaga, una rega. Zurba- 
no, duas regas. Hillarrazaha, duas regas. Zerio una rega. Oretia 
et Matauco, tres regas. Ania et Junquitu, tres regas. Argumaniz, 
tres regas. Arbuslu, duas regas. Luviano, duas regas. Hurribarri, 
una rega. Doipa, duas regas. Sansoheta una rega. Arroiaha et 
Retia, una rega. Meudivil, una rega. 

Harhazua II. — Betoniu, duas regas. Elhorriaga, una rega. Ar- 
cahia, una rega. Sarricohuri, una rega. Otazu, una rega. Gamiz, 
una rega. Borinivar, una rega. Hurribarri, una rega. Haberas- 
luri et Huriarte, Argendonia, Betriquiz, Hascarzaha et Sancti 
Romani, tres regas. 

Malizhaeza. — Abendangu, una rega. Armentehi, tres regas. 
Ehari, una rega. Gazaeta, una rega. Berroztegieta, duas regas. 
Lasarte, tres regas. Harizaballeta et Gardellihi, tres regas. Gaz- 
tellu et Meiana, tres regas. Mendiolha, Hollarruizu et Adurzaha, 
tres regas. Gastehiz, tres regas. Arriaga, una rega. 

Hiruzhaeza. — Igelhegieta, tres regas. Iscona, tres regas. Tro- 
coniz, duas regas. Burgellu et Garonna, duas regas; in alio anno, 
nna rega. Hararihini, una rega. Aialha, duas regas. Larrahara, 
una rega. Dullanzi, una rega. Aniu, una rega. Larraza et Al- 
bergoieu in dúos anuos, tres regas. Hereinzguhin et Habaunza, 
tres regas. 

Hegiraz. — Hansamio, una rega. líarrahia, una rega. Haiztara, 
una rega. Zalduhondo, duas regas. Mizquina, una rega. Pater- 
niana, una rega. Ilagurahin et Salurtegui, una rega. Ocariz et 
Padura et Opaucu, una rega. Munniahin, una rega. Pinguu- 
na, una rega. Harrizaballaga, llegilior et Abulanga, tres regas 
in auno. 

Septem alfoces. — Ilcguiraz et Sancti Romani et llurabagin et 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIGLO XIV. 221 

Albiniz et Hamezaha, uno andosco (1). Hilardui et Arzanhegi et 
Ibarguren et Anduiahin, Ileinhu, uno andosco. Zornoztegi, Irros- 
sona, Horibarri, Udalha, uno andosco. 

Barrandiz. — Galharreta, una rcga. Gordua, una rcga, Arrio- 
Iha, duas regas. Narbaiza, duas rcgas. Larrea, una rega. Ilazpu- 
rua et Ilurdgurrenna et Zuhazulha, una rega. Ermua, una rega. 
Audicaua, una rega. Algio, una rega. Deredia, una rega. An- 
dozqueta, una rega. Kirku, una rega. Helkeguren, una rega. 
Zuhazu, una rega. Uhulla, una rega. Erdongana, una rega. 

Langrares. — Transponte, uno carnero (2). Mendil, una rega. 
Harrieta, una rega in anno. Gurtupiano, una rega in alio anno. 
Adanna, una rega. Mendoza, una rega. Eztarrona, una rega. 
Otazaha, una rega. Haztegieta, una rega. Gobeio, una rega. Zu- 
hazu, una rega. Lermanda, una rega. Margarita, duas regas. 
Gomega, una rega. Ariniz, una rega. Zumelzu, una rega. Benea, 
una rega. Subillana, una rega. Elhenivilla, una rega. Lupero, 
una rega. Quintaniella de Sursum Zaballa, una rega. Billodas, 
tres regas. Langrares, tres regas. 

Murielles. — Gersalzaha, una rega. Olhabarri, una rega. líuer- 
zas, una rega. Mandaita, una rega. Murielles, una rega. Urbilla- 
ua, una rega. Haizcoeta, una rega. Artazaha, una rega. Barhoa, 
una rega. Kinea, una rega. Garcamu, una rega. Frasceneta, una 
rega. 

Ossinganin. — Pabes, una rega. Arbigano, una rega. Bascon- 
guelas, una rega. Erennua, una rega. Gassicedo, una rega. Cas- 
tellu, una rega. Padul, una rega. Villoria, una rega. Arreio, una 
rega. Lagus, una rega. Gassicedo, una rega. Lecingana, una 
rega. Gassicedo, una rega. Antepardo, una rega. Moliniella, una 
rega. Olibani, una rega. Moscatuero, una rega. Gomungoni, una 
rega. Torreciella, una rega. Arcillana, una rega. Villavizana, 
una rega. Lunantu, una rega. Ripa, una rega. Torrissu, una rega. 
Garasta, una rega. Zuhiabarrutia, novem regas. In Quartango, 
duodecim regas. In Urca , octo regas. Revendeca , una rega. 
Olhaerrea, una rega. Bardauri, una rega. 



(1) ¿Res de ganado menor que tiene dos años? 

(2) En labortano akari. La raíz es muy problemática. 



222 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORLA. 

Alfoce de Fornello. —'Evcima, una rega. Anuzquita, ima rega. 
Villaluenga, una rega. Lunivilla, una rega. Taiu, una rega. 
Sancti Juliani, una rega. Ripa Martini, una rega. Lizinganiella, 
una rega. Antezana, una rega. Mázanos, una rega. Ripa Orta, 
una rega. Melietes, una rega. Quintaniella, una rega. Igahigi, 
una rega. Ripa Vellosa, una rega. Aramingon, una rega. Ripa 
Acuta, una rega. Logrozana, una rega. Baia, una rega. 

Rivo de Ivita. — Prango et Prango, duas ragas. Armendihi, una 
rega. Atazabal, una rega. Betruz, una rega. Argote, una rega. 
Sancti Meiani, una rega. Torre, una rega. Sancti Martini, una 
rega. Galbari, una rega. Cimeutu, una rega. Barolha, una rega. 
Loza, una rega. Alma, una rega. Paldu, una rega, Mesanza, una 
rega, Sebastian, una rega. Bergilgona, una rega. Langu, una 
rega. Guzkiano de Yuso, una rega. Bustia, una rega. Gogate, 
una rega. Agellu, una rega. Pudio, una rega. Barizahaga, una 
rega. Sagassaheta, una rega. Orzalzan, una rega. Uarte, una 
rega. Marquina de Yuso, una rega. Carrelucca, una rega. Mar- 
quina de Suso, una rega. Bassahuri, una rega. Hobbecori, una 
rega. Hassarte, una rega. 

Ilarrahia. — Sancta Pia, duas regas. Atahuri de Suso, dúo re- 
gas. Atahuri de Yuso, dúo regas. Okerruri, dúo regas. Sabando 
de Suso, dúo regas. Sabando de Yuso, dúo regas. Ebisate, dúo 
regas. Donnas, dúo regas, Mussitu, dúo regas. Kerriauu, dúo 
regas. Haizpilleta, dúo regas. Erroeta, dúo regas. Allegga, dúo 
regas. Gekungano, dúo regas. Elhorzahea, dúo regas. Bahaeztu, 
dúo regas. Kessalla, dúo regas. In his villis predictis, ubi bacca 
occidcrint, dúo regas donant. Oquina, una rega. Izarza, una 
rega. Azazaheta, una rega. Birgara de Suso et Birgara de Yuso, 
dúo regas. Apinganiz, una rega. Gesalua, una rega. Bahanezta, 
una rega. Bcrrozihavi, una rega. 

Divina. — Oto et Oto, tres regas. Huribarri et Uribaldo, tres 
regas. Mandoiana, una rega. Gerenga, una rega. Legarda, una 
rega. Artazaha, dúo regas. Apodaca, dúo regas. Mendiguren, 
una rega. Arangiz, una rega. Avoggoca, una rega. Ihurre et 
Lopeggana, tres regas. Audicana et Oronda, tres regas. Zuffia de 
Suso, tredccim regaij. ZufTuí de Yuso, novem regas.» 

Tracemos ahora el cuadro comparativo. 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTRniOIl AL SIGLO XIV. 233 

1 . Narbaiza, A rvaxa. Narvaja.— En escritura (Llórente, 49] 
del año lOüO Narbaza; en otra de 1071 (Llor. 55) Narvaiza; 
y en 113't (Llor. 103) Larhasa. ¿De navatzar (navazo, navajo)? 

1. Harriolha, Harriola, Arrióla.— Confina al O. con Nar- 
vaja y al S. con Górdoa.— //arri (piedra, roca) se pronnnciaba con 
aspiración, qiio ha perdido, lo mismo que olha (taller, oficina, 
habitación). 

3. Gordua, Cordoua, Górdoa.— La final a representa el ar- 
tículo pospuesto á corche 6 gordu, vocablo afine del lalin horlus 
(huerto) y del bajo-latín curtís (corte, corral.) 

4. Pingunna, Bicuña, Vicuña.— En 1200 (Llor. 193) Vicu- 
nia. ¿Bahildu (arrebañar)? La «junta ó concejo de personas,» 
que Larraraendi llama hilcuma, se dice en suletín hükhurra. 

5. Sancta Pia, Santa Pia, Santa Pia. — El monasterio 
con este nombre, dependía de San Veremundo, abad de Irache, 
en 1085 (Llor. G8). 

G. Udalha, Udala, Udala.— Despoblado entre Lnzuriaga y 
Zuazo. — ¿De udare (peral, peredal? 

7. ¿Langu? Llano, ¿Laño? 

8. Narana, Arana. — En 1089 (Llor., 75) firmó la donación del 
patronato de San Andrés de Bolívar «sennior Garsia Beiliz de 
Arana.» El catiilogo de 1294 puso Narana en vez de At-ana, y 
viceversa ^ í'uaxa en vez de Narvaxa. De la ?i, ya cadente, ó bien 
expletiva, ya sustituyendo á la Z, hay varios ejemplos en vas- 
cuence, que demuestran el genio dental del idioma. Arana (valle) 
quizá es vocablo aune del griego aOxriv , con cuyo nombre designó 
Estrabón (1) los valles pirenaicos de la frontera francesa (2). 

9. ¿Helkeguren? Helguea, Elguea. — En 1085 (Llor. 70), su 
señor Sancho Sánchez dio á San Juan de la Peña «unum mo- 
nasterium, quod dicitur sancti Laurentii de Iraza cum sua me- 
dia villa, que apellatur Elkea. » Significa elgue , lo que el labor- 
tano elhi y guipuzcoano ele (ganado, rebaño), y además ganade- 
ría por contracción de el-egui (corral de ganado) (3). En sule- 



(1)' 111,4, 11. 

(2) Entre ellos el valle de Aran, que suena con este nombre en documentos del 
siglo IX, y presenta en sus lápidas romanas claros vestigios del vascuence. 

(3) Diccionario de Larramendi, art. Ganado. 



224 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tín (1) elgiie vale tanto como campo cultivado ó pradera. La raíz 
es el ó eldu (ganar). Guren es genitivo de gur (arriba). 

10. Jaiiregue, Jáuregui. — Brotó de Jau[na]r[en]egui (casa del 
señor, palacio). 

11. Enguereño, Guereño. — Confina con Jáuregui y Ullibarri- 
Jáuregui. En, antepuesto á Guereño^ me parece ser el artículo 
castellano el; lo que explicaría perfectamente la razón de N'arana 
(aló ía Arana). Guereño, en dialecto navarro, vale tanto como 
garaño (garañón) en guipuzcoano y labortano. El vocablo, con 
significación de caballo bayo, era vulgar en España á fines del 
siglo VI, cuando escribió San Isidoro (2): «Cervinus est quem 
vulgo gauranem dicunt. Aeranem idem vulgus vocat, quod in 
modum aerei sit colorís. » Sin embargo, no debemos olvidar el 
bajo-latín garaúna ó garenna (dehesa) , ni el vasco herengo (tercio). 

12. Horivarri, Hollivarre, Ullibarri-Jáuregui. — Hori va 
con el vizcaíno uri (mansión, villa), al paso que en guipuzcoano, 
navarro y labortano la primera vocal se hace menos oscura: iri, 
hiri. Esta preferencia de la vocal grave por los dialectos del 
Oeste, se puede notar asimismo en varri ó harri (nuevo), verri y 
herri. En el Duranguesado, país intermedio, hemos visto (3) el 
monasterio Varria (el nuevo), Echevarría (la casa nueva), «dom- 
na Legoutia Esceherriensis.y) 

13. Acilu, Acilu. — ¿De azi-l[ek]u (lugar de sembradura)? 

14. Anio, ^ño, Hcnayo. — En 1138 (Llor, \12) ' Annio. ¿Del 
latín castro Annio? Tiene ruinas romanas. 

lo. Gazaheta, Gameta, Gaceta, — ¿De Sagarzaeta (manza- 
nar)? Sagassaheta, del año 1025, era en 1085 (Llor. 79j Sa- 
garzaeta. Gaza, no obstante, forma vizcaína de gruesa (dulce) en 
los demás dialectos, pudo alternar con sagar (manzana), emer- 
gente del latín saccharum (azúcar). La manzana misma es el 'po- 



(1) Géze, Eléments de grammaire lasque, dialccte soítlctin, suivis d'v.n vocahulairc 
hasque-franrais et franrais-hasqv.e; Baj-ona, 1873. El dialecto labortano tiene además el 
verbo alha (pacer, pastorear), del que lia formado alhapide (camino de pasto). v?Wí sig- 
nifica propiamente «ganado mayor,» tal vez afine del árabe r"^' faWfía, uros ó toros 
salvajes). 

(2) Etymol., xii, 1. 

(3) DoLETÍN, t. ni, pág. 2G2-207, 



EL VASCUENC1-; M.AVKS ANTEIilOH AL SICLO \1V, ^C"» 

mum massia^mm del que habla Plinio; '^uy.i raíz aria (sánscrito 
tnadlni) significa «dulce.» 

16. Garonna, Cmrona, Gaun.— En el año 871 Llor. 12) 
Ganna, y en 1138 (Llor. 11 Oi (¡aonna. ¿Del latín ganea icabaña)? 
La inserci(3n de r suave es característica de la conjugación nava- 
rra (1) cuyo influjo se dejó sentir en la vizcaina (2). Durante el 
espacio de mil años las formas de un mismo vocablo en tierra ala- 
vesa han dado las variantes: 

871. Ganna (pronunciando Gaña?) 
1025. Garonna. 
1138. Gaonna. 
1294. Garona. 
1871. Gaiina, Gaun. 

No hay pues necesidad, si bien siento, de explicar con mu- 
danza de radical las variaciones dialécticas que se ofrecen en 
la conjugación de los auxiliares , donde viéremos intercalada 
la r. Así, por ejemplo, en vizcaíno d-cm-t (lo he yo) pudo salir 
de d-aro-at; pero también viceversa, como el castellano eres del 
latín es pasando por la forma hipotética ees (3'. Faltan hoy por 
hoy términos hábiles para decidir tamaña cuesliíjn, cuya trans- 
cendencia nadie ignora; mas entretanto, el estudio de unos mis- 
mos vocablos en determinada región vascongada, combinado con 
la Historia y la Geografía, podrá no mal esclarecer los pasos de 
la Crítica, hasta que se descubran textos auténticos de la antigüe- 
dad, en los que resuelle el, alma del idioma, ó el verbo. 

17. Iscona, Axona, Igona. — En 1138 (Lor. 112) Assono. 

18. Igelhegieta, Igueleta, Eguileta. — La raíz fué tal vez 
igel ó iguel (ranal, de suerte que Jgueleta, traducido en latín se 
habría dicho Raneto, que aparece en e.scritura (Llor. 24) del 
año 952. Hegi, pronunciada hegni, ó egui, es un sufijo local, y 



(1) Van Eys, Etude sitr Vorigine et la formatton (les 'certesauxiliaires lasquiS, pági- 
na 38-66; París, 1875. 

(2) El idioma de Álava es subdialecto del vizcaino. La influencia del navarro dismi- 
nuyó sin duda después de la sentencia arbitral, dictada en 1177 por Enriviue II de In- 
^rlaterra. En Arratia la >•, asi interpuesta, es vocal como la ri sánscrita. 

(31 Así también hemos sacado '<liombre» de /tor/iiin]e, «lumbre» de {»»¡¡/«>, etc. 

TOMO ni. IG 



226 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA. 

á veces aumentativo: andi-egui (demasiarlo grande;. Higelhe- 
gieta vale pues tanto como decir «lugar de muchas ranas.» 

19. Dullanci, Dulance, villa de alegría. — En los fueros de 
población que le dio Alfonso XI (20 Octubre, 1337) dice el mo- 
narca: «É por que la dicha villa sea mejor poblada... tenemos por 
bien que haya nombre Alegría de Dulanci.» Vinieron á formar 
parte de su vecindad las aldeas de Igueleta, Heuayo, Larraza, 
Oiga, Larrara y Ayala. Su nombre debió de ser el del montecito, 
próximo á su oriente, coronado por el castillo de Henayo, donde 
en 1799 se mostró la inscripción (Hübner, 2939): 

S'SEVER 
TVLLONIO 
V • S • L • Al 

Las millas del Itinerario Antoniniano parecen fijar algo más 
lejos, al O. ó cerca de Escarza el sitio de la mansión tvllonio (1). 
Bien pudo referirse á Dullanci, como término del distrito regio- 
nal á que se extendía la ciudad várdula; puesto que no raras ve- 
ces las mansiones, ó paradas, así como las estaciones de nuestros 
caminos de hierro, estíiban á cierta distancia de la población, 
cuyo nombre tenían. Si fué Dullanci, en realidad el várdulo 
TVLLONIO (ToüXwv/jy de Ptolcmeo) , la derivación indica otra forma 
intermedia: Dullaunci, que corresponde á la más antigua Tul- 
launci como Durango á Turanko (2). En vizcaíno hay las dos 
formas de un mismo adjetivo aundi 6 andi (grande); el cual tal 
vez entró en la composición de Dullanci ó Dulanci, como asimis- 
mo en la de Irunia (iri-aundia, la ciudad grande), nombre vas- 
congado y común á pómpelo (Pamplona) y á la despoblada sves- 
.SATio (Iruña de Álava). 

20. Harrarahini, Harrarayn, Arrarain (despoblado en el 
Ayuntamiento de Elburgo). — ¿Sinónimo del labortano harroin 
(pilar)? El sufijo ahini, forma alavesa del siglo xi, es muy nota- 



(1) Véase Boletín, iii, 21. 

12] Idid. 205.-Duranc¡ en lOTS (I.Ior. 58). 



VA. VASCUENCE AI.AVKS ANTErUOH AL SIGLO XIV. •>27 

ble. Enlaza el in de Arrarañi, Andoain, etc. del país vasco-espa- 
ñol con el enía del vasco-franccs en Bechienia {\) , Mahatse- 
nia (2), etc. Probablemente dimanó de la partícula locativa, que 
significa lo mismo que la inglesa on (encima, en incumbencia de), 
y abora se dice en labortano gain, guipuzcoano gañ y vizcaíno 
gan. Pide genitivo; y así, harrar-áldni, que brotó de harriaren- 
gáhi7ii (encima de la roca) obedece á las mismas leyes de con- 
tracción que hemos visto en jáuregui, formado dojaimaren-egui. 
Otro tanto hace el sufijo labortano haitan, contracción quizá de 
[g]ai[ne]ia7i, por ejemplo: cataren haitan (en casa del padre). 

21. Larraza , Larraza, Ilarraza.— De ilharr-aza (haza de ar- 
vejas). En escritura del año 1138 (Llor. 112) se presenta como 
fiador, «García Sanz de lllarraza.n 

22. Olga (despoblado de Alegría).— ¿Variante de olha (herre- 
ría)? Olga, en 1085 (Llor. 69), se decía el río que dio su nombre 
á la Rioja. 

23. Hereinzguhin, Herenchoyn, Herenchún. — Hereinz 
(tercio?), va determinado por guhin, como en escritura del 
año 1027 (3), Aez (peña) lo estuvo por coien, correspondiente al 
moderno goyen. En vez de Herenchún, el dialecto navarro habría 
dicho Irurzün. 

24. Larrahara, Laraharra, ermita de Larrar en el término 
de Alegría. — De larra[r]-á (el prado). 

25. Aialha, Ayala^ Ayala. — ¿Sinónimo del labortano y bajo- 
navarro eihara (el molino)? La mudanza de eiJir en aihl justifí- 
case así por los derivados de iharr-a (el valle), por ejemplo, Ayhar 
en Navarra, Eyhar, en Guipúzcoa, como por otras localidades, 
expresadas en nuestra lista del año 1025: Hegiraz (Eguílaz), 
Ehari (Alí) . El mismo «Álava» se ha pronunciado Araba. 

26. Harrieta, Harrieta, Arricia. — Significa pedregal. En 
composición la consonante de harri (piedra) podía suavizarse: 
Harrizabállaga (Arrízala), Harizabálleta (Arcc/iavaleta), 
frecuentativos de arri-zabal (piedra ancha, lat. Petralata). El acen- 



(1) Casa de Sare, donde reside el eminente vascófllo Mr. Wentwortli Webster. 

(2) Alqüeria de Guétary. 

(3) «In Aezcoien (Peralta), villa que dicitur Abarzuza.» Llor. 33. 



228 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 

to hacía doblar la I de zahal; y la aspiración de la r, al perderse^ 
trocaba en ch la z, como lo demuestran ambos ejemplos. Tan cier- 
to es que el vascuence no ha de colocarse entre las lenguas pu- 
ramente aglutinativas, y que el cambio, ó síntesis de sus letras, 
anda muy lejos de ser totalmente reconocido. 

27. Guevara, Guevara. — Es la Tí.3áXx de Tolomeo (1). El vas- 
cuence tiende á transformarla I en r entre dos vocales: ainguero 
del latín «angelo,» oro (todo) del griego í'xjí.» Después de TijSxXa. 
vemos á TspáXonm en la Vardulia de Tolomeo. Conjeturo que el 
tipo nominal, indígena de la primera ciudad fué Zahala, y el de 
la segunda Zahaleta, pronunciándose la z inicial de la raíz, como- 
en Arec/iavaleta. 

28. Haiztara (2), Heztura, Etura. — ¿De aitz-ur (agua de pe- 
ña)? La mudanza de aiz en ez halla su intermedia en Aezcoien (3), 
del año 1027 (Llor. 33), dialecto navarro. La muy antigua aspira- 
ción y la z del radical se han perdido en Etura. 

29. Maturana, Maturana, Maturana (4).— Concierta con el 
sustantivo latino villa (aldea, quinta, caserío) que se sobreentien- 
de. Todo el país alavés eétá sembrado de restos de población ro- 
mana. Crispijana fCrispimanaJ, Leciñana (LicinianaJ, Paterni- 
na (Paterniana), etc. 

30. Audicana, Andicana, Audicana. — Hacia el año 104Q 
salió por íiador de una donación (Llor. 35), al monasterio de San 
Juan de la Peña «sénior Sancio Lopiz de Audicana.» ¿De al- 
deco (aldehuela)? 

31. Andozketa, Andozqueta, Andosqueta, ermita en el lu- 
gar de Ileredia. — En 1086 (Llor. 71) Antozketa. Daedánóeda- 
tú (beber) ha formado el vascuence edoski (mamar el animal) y 
eredoski ó eradoski (dar á mamar, ordeñar). Con esta raíz paré- 
cerne se aviene andosko^ res distinta del carnero, que pagaba 
el lugar de Trespuentes. El diccionario de la Academia deüne ac- 
tualmente andosco «res de ganado menor, que tiene dos años;» 



(1) Boletín, t. iii, pñ?. 30. 

(2) ¿Haiztura en el original? La a de la escritura gótica es tan abierta que se pare- 
ce á la u. En labortano :.aitura es «cerdo de tres á doce meses.» 

(8) Su nombre castellano es Peralta, latino Petralta ó Pet/a alta. 

(1) En escritura del año 955 (Llor. 2-5) leemos «doinna Justa de Matn.mnd.» 



EL VASCUENCt: ALAVÉS ANTERIOII AL SIGLO XIV. 22!) 

í^ero la edición del año 1770, que faé la primera en proponer el 
vocablo, nos dice que es ares lanar que lionc dos años.» No cita la 
Real Academia ninguna autoridad; y es verosímil que no tuviese 
á la vista otro documento que el nuestro del año 1025, fijándose 
para dar la definición en la segunda sílaba de andosco. Tam- 
poco trae autoridad en su diccionario el P. Estéijun Terreros, 
para quien andosco es el carnero de tres años. Semejante sistema 
desdice del método científico. Andosco, por lo mismo que aparece 
•como contribución de pueblos alaveses, y so ve entrañado en la 
nomenclatura geográfica de este país, pudo tener origen del vas- 
cuence, ó bien de una palabra latina, modificada en su pronun- 
ciación conforme á las leyes fonológicas de aquel idioma. Así de 
villüso (velloso), pronunciado á la latina (vil-loso), nace regular- 
mente hildots ó hildoch (cordero borro, ó no recental). El vascuen- 
ce rehuye en el radical el choque de la Z, así como el de n, con 
■otra; y transforma la segunda en d: latín caballo, francés clieval, 
vascuence zaldi; latín mannus , catalán macho, vascuence man- 
do; latín sanus , vascuence sendo (sano), pasando por senno del 
francés sain. Así que, nada se opone á que en teoría deduzcamos 
andosco del bajo-latín annolio ó annoso, fuente del castellano 
<iñojo (becerro de un año cumplido). Obsta, sin embargo, que el 
vocablo es antiquísimo en el tesoro de la euskara, y se repite con 
sobrada frecuencia, en las inscripciones romanas de la Vasconia 
francesa, como bien lo repara M. Luchaire (1). Tales son los no- 
minativos ANDVS, ANDOSS, ANDOXVS, y loS CaSOS ObliCUOS ANDOS 

TENNO ANDOSi ffiUo), ANDOSso, ANDOSsic, nombrcs propios de va- 
rón, que del latín ciertamente no se tomaron. Si la raíz es vas- 
congada, el nombre pudo significar toda cría de ganado menor ó 
mayor, de lana ó de cerda; y al antojo del uso, supremo juez y 
arbitro de los idiomas, incumbió el aplicar (si en realidad así fué) 
<xñojo al becerro y andosco al cordero borro ó borrego. 

32. Argumaniz, Argomaniz, Argomániz. — Quizá de arku- 
3we, compuesto de ardi-liume (recental de oveja, cordero). 

33. . Quilchano, despoblado de Elburgo. — En el año 1095 



(1) Etvdes sur les idiomes Pyrénéens de la región franraise, pág. 67, "(i, TT; Pa- 
rís, 1879. 



230 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Kexana (Llor. 80], ¿Del vizcaíno g azta i {queso , latín caseiisj? 

34. Jlaranchona, Maranchón, monte y fortaleza antigua de la 
Berrueza. — No la nombra el primer documento por ser entonces 
propia de Navarra. En el privilegio de los votos (Llor. 18) Ma- 
rangone; en lOíO (Llor. 34) Maragnione; en 1057 (Llor. 46) 
«monte de Maranione.» El dialecto labortano conserva herho 
ó herrho (brezal, maraña). La m en vascuence reemplaza á menu- 
do la t; ó í^ inicial : wagfiíina, m.akilla, del latín vagina (vaina). 
haculus (bastón); mentura (ventura), merchika (albérchigo). Lo 
mismo hace el castellano: amimbre, del latín vimine.y> El radical 
de Maranchona debió de ser variedad eufónica del de Berrueza 
(Berrogi). 

35. Mendissur, Mendixiir, Mendíjur. — En 1060 (Llor. 49) 
Mentisur. ¿De mendi-clmri (monte blanco]? 

30. Lángara, Landares'de Gamboa, Nanclares. — En 1071 
(Llor. 54) Langarica; en 1075 (Llor. 57) Langreiz; en 1113 
(Llor. 89) Langlares. La terminación es de Langlares provino 
de Langarica, que ya empezaba á contraerse en Langreiz. 
La mudanza de la g en c, de la r en Z, y de í en n dimanó de la 
influencia castellana. La raíz del vocablo ya se nos mostró en 
Langu (Laño). Me inclino á creer que fué romana, reforzada 
por el empeño de los reyes visigodos en llamarse Flavios. En 
efecto; Lain, Laño, Lainez, brotaron de Flavino , Flaino. Con 
todo, la ibérica Lancia, asaz frecuente en todo el norte de la Pe- 
nínsula, como indicio de castro, ó castillo fuerte, antes que los 
abatiesen las legiones romanas, landa y otras reclaman también 
su parte. En punto á etimologías no se puede andar con sobrado 
tiento. 

37. Molo, Moio, Menoyo.— En 1114 (Llor. 91) se escribía 
Menoio. 

38. Zuhazu, Cuaco, Zuazo de Gamboa.' — De zuaitz, que de- 
nota propiamente el roble, del que se saca tabla, ó madera. Está 
formado de zur-árilza (roble de tabla); pues viceversa se dice la 
tabla de roble aritz-zulá. Posteriormente, sin perder el primer 
ú originario sentido^ ha significado «¿írbol grande ó arboleda,» 
como en labortano zuhaitz, suletín zuhaütze. El roble, ó famoso 
árbol de Guernica, es de esta especie. Cada junta de concejo, ó 



EL YASt:LENCH ALAVIÍS ANTKIUOR AL SIGLO XIV. y.]\ 

comunidad (batzarra) vascongada, se tenía probablemente desdo 
la más remota antigüedad bajo uno de estos árI)olcs. Por ello son 
tan frecuentes en Álava los Zuazos: y así me explico la razón no- 
minal de 2;v£77ácr/:v en Tolomeo, y de svkssatio en el Itinerario 
de Antonino, que también se lee svissatio. La mansión ha deja- 
do su nombre en Ziiazo, que está entre Armentia y el gran des- 
poblado de Iruña. 

39. HaQua, Eania, Azua.— En el año 952 (Llor. 24) Areze 
en 988 (Llor. 20) Arce y brotaron del teutónico Arcemiro. En 
Navarra es conocido el río y valle de Areso. ¿Do arte-su (en- 
cinar)? 

40. Orengoin, Oreñayn^ Orenín. — En el año 952 (Llor. 24) 
Orango, y en 1085 (Llor. 70] Aurangi. De gora[n]go-in (en 
lo alto). Orenín, desde la cima del monte en que se asienta, do- 
mina una extensa llanura. 

41. Hurizahar, Huricar, Urízar. — De uri-zar (villa vieja). 

42. Garayo, Garayo. — En 1087 (Llor. 74) Garagio, y en 1136 
(Llor. 112) Garachio. En 1114 (Llor. 91) cítase Mejioio entre Me- 
nagaray y Mnnica. De garaiko (cumbre). 

43. Mariheta, Marieta, Marieta.— En 1095 (Llor. 80) Mar- 
rieka. Si viene de madari (pera), equivale á madariaga (peral, 
peraleda). 

44. Otazaha, Otaga^ Otaza. — De ote (argoma). 

45. Hurribarri, Hollivarrigamhoa, Ullibarri Gamboa. — 
De uri harri (villa nncva^. La r, sencilla, de Hurizahar, con- 
trapuesta á la doble de Hurribarri, me hace pensar que el an- 
tiguo vascuence extendía á las consonantes la regla de armonía 
vocal, que le ha valido en la clasificación de las lenguas un grado 
notable de semejanza con los idiomas magyar ó húngaro, turco, 
mongólico y demás úralo-altaicos. Esta ley, (jue podríamos lla- 
mar de consonancia atractiva, se ve también observada en Hi- 
ruzhaeza, hoy Iruráiz (tres picos). 

46. Zeriano, Ciriano, Ciriano.— En 1200 (Llor. 193) Ce- 
riano. 

47. Gernica, Gernica, Guernica. — Hoy despoblada en el tér- 
mino de Meñano menor. La de Vizcaya, Guernika en 1051 
(Llor. 42). ¿De guerri (lomo, loma)? 



íS'v' boletín de la real aoademlv de la historia. 

48. Mengano goien, Meñano mayor, Miñano menor. Goien 
significa propiamente «superior,» de goi (alto). 

49. Mengano, Meñano menor. Miñano menor. — Del bajo- 
latín mediano. En 108U (Llor. 72| Mediano; en 1179 (Llor. 132) 
Mennano. 

50. Hurribarri, Hullivarriaraca, Ullibarri, despoblado del 
monte Aiaca entre los dos Miñanos. — En 1179 (Llor. 132) Urri- 
harri (villa nueval. 

51. Mendiguren, Mendiguren, Mendigaren. — El adjetivo 
no puede confundirse con el de Mendixur. Aquí es churri 
(blanco), allí guren (el más alto) que hemos visto en Helkegu- 
ren; y se verá en Monesterioguren. 

52. Lopeggana, Lupidana, Lopidana. — De Lope-echana 
(casa de Lope^ . 

53. Yhurre, Yhurre, Yurre. — De hi-xir-urren (inmediato á 
dos aguas). En 1057 (Llor. 4Gi decíase Biurco la villa de Yé- 
cora. El Zallas y el Zadorra bañan el término occidental de Yurre. 
De Yurreta, lugar vizcaíno, hay memoria en 1072 (Llor. 56): 
«monasterium unum in confinio Duranci, cum decania partís 
Vizcahie, nomine lurreta, reliquias sancli, Martini ferens.» 

54. Letpna, Letona. — En 871 (Llor, 12) Letonu; 1093 (Llor, 79) 
Letona, y en 1173 (Llor, 149) también Letona. ¿De Celedonius? 
La derivación no es imposible; y se nos hará menos extraña si 
recordamos que hace más de mil años tuvieron no lejos de allí san- 
tuarios los mártires Celedonio y Emeterio, y que de sánelo Eme- 
terio se ha formado el nombre de la ciudad cántabra Santander. 

55. Caliitagin, Záitegui. — De zain-tegui (mansión del guarda). 
Fueron alcaides de su famoso castillo en 1192 «Furtado de Álava» 
y en 1196 «Enego Lopiz de Mendoza» (Llor. 180, 188). En ambas 
escrituras suena Zííiíeí/ui. Cítalo D. Rodrigo Jiménez de Rada (i), 
entre las fortalezas que conquistó Alonso YIII. El códice tole- 
dano que sirvió para la edición de Lorenzana, escribe Zegui' 
tagui, y el Complutense Zeguitaguin, aproximándose á Cahg- 
tagin, que prevaleció por lo visto á fines del mismo siglo xiii. 
La n final ¿representa la inserción de tegv.i en zai-n? El nombre 

(1) De relius Hispauiac, I. vii, cap. '.i2. 



EL VASGLENCE ALAVÉS ANTEHIOlt AL Slf.LO XIV. '2X\ 

OtOStellaiio de Záitegiñ, esto es, La Guardia, lo tenemos eu l;i 
Irontera de Álava, guardando el paso del Ebro. 
50. Miirua, Múrua.— Significa «el muro.» 

57. Miiradehe, Murabe. — Despoblado vecino á Murua. En 1088 
(Llor. 70) Moreta. ¿De Muruátegui (aldea de Miíma)? 

58. Larrinoa^ Larrinoa. — En vizcaíno larrañ significa «era 
donde se trilla,» y en labortano larrain «llanura, valle,» de larre 
(llano, prado). La primera raíz es latina: área (era), de la que se 
lormó el vocablo gallego leyra. 

59. Gopehegui, Gopegui. — De gor-pe-tegui (casa debajo de lo 
alio). 

60. Hondategxá^ Ondátegui. — ¿De ondar (fondo)? El mayor de 
sus riachuelos atraviesa el fondo de una peña, á la que está ado- 
sada la población. 

61. Berricano, Berrícano. — ¿De he-erri-gan (en tierra baja)? 

62. jEc/ia^foj/en, Echagoyen (1). — Be eche-goyeti (casa de arri- 
ba). Opóuese á su colindante por el Oriente, es decir, al pueblo 
de Groroztiza, que en 1040 (Llor. 35) se decia Eskerecocia, y 
en 1071 (Llor. 55) Escherecoza, y se halla al ina del monte 
Oqueta con dos fuentes ferruginoí?as. Cocia y coza hoy se di- 
rían gutia ó guchia (el pequeño). 

63. Buruaga, Buruaga.— En 1087 (Llor. 74) Buruaga. De 
buru I cabeza). 

64. Hereidehe, Erive. — La sílaba ñnal he me parece residuo 
de hehe (bajo), como lo indica la forma actual «Erive,» pues ya 
se ha visto que Murabe lo es de Muradehe. ¿De ereiten (sembrar' 
ó ereite (sembradío)? 

65. Mendarozqueta ,■ Mendarozqueta. — De mendi (monte) y 
arotz (herrero). Aunque no esté incluido en los diccionarios, aroz- 
queta pudo significar «grande herrería.» 

66. Echaverre de viña, Echavarri de Yiña. — De eche-varri 
casa nueva). El territorio de Viña fué quizá el de los vennenses, 

ó vENUEsi, que cita Plinio (2). 

67. Elhosu, Helossua, Elosu.— El diccionario geográfico por 



(1) También se llama por contracción Echaguen. 

(2) Véase Boletín iii, pág. 3't. 



234 ÜOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA D-E LA HIST0RL4. 

la Real Academia de la Historia quiere que eu el documento del 
año 1025, tantas veces citado, se puso Elohosu; pero Llórente, 
á quien sigo, Elhosu. Su término septentrional es frontera de 
Vizcaya, sobre la margen izquierda del rio de Santa Engracia, y 
en el centro del distrito de Villareal, que fertilizan, además de 
aquel rio el Iharhalz (corriente negra) y el Bostihayeta (cinco 
raudales). En 1333, con las aldeas de Nafarrate, Urrünaga, An- 
gelu, Gojain, y Urbina, fué agregada por Alfonso XI á Villareal 
(((]ue tenemos por bien de mandar poblar en el lugar que dicen 
Legutinno (1'.» Llámala el Rey en este documento Losu. Quizá 
se formó del vocablo vizcaíno erlaiitz (colmena), con el sufijo sii^ 
que le da la idea de «colmenar.» 

68. Nafarrate, Nafarrate, Nafarrate.— En 1179 (Llor. 132} 
Navarrete; de nava-erri ^tierra de la nava, ó de la vega) contra- 
puesta á goi-erri (tierra de la montaña). 

69. Hurnaga, Hurnaga, Urrünaga. — Sinónimo de Urrutia 
(lejana); de urrün (lejos). En el año 052 Diego Beilaz dio al mo- 
nasterio de San Millán (2) un solariego de Urrünaga: «In Hur- 
na, Musca Telluz,» documento (Llor. 24) muy digno de aten- 
ción y estudio. Por él consta con certidumbre que los solariegos 
del lugar de Lekete (3) se apellidaban «Tellu Vinquentize, Beila 
Lequentize, etc.» Los patronímicos e.stán compuestos del pospo- 
sitivo ze, primera sílaba de zeme (hijo) y de los genitivos latinos 
de Vincentius y Decentius; esto es Vincenti, Decenl'iy pronuncia- 
dos por boca vascongada. Ya Moret observó que varios apellidos 
navarros de la primera época anadian íntegro al genitivo latino 
el nombre xeme (hijo), que á su vez resulla de xemen (4). 

70. Angellu, Nanziello, Angelu. — ¿Del latín angelliis (reco- 
do), diminutivo de angulus? En 952 (Llor. 24) Anguellu; en 117^ 
(Llor. 132) Anguello, y en 1200 (Llor. 193) Angello. Al norte de Viz- 
caya, cerca del cabo Ogaño, está la población marítima Iharran- 
guélua, compuesta de dos parroquias ó barrios antiquísimos. De 



(1) ¿De ZeAíí-^íííífl (lUijar pequeño, lu<.'arcillo,? 

l"2) '<A(1 alrium ganoti Einiliani preshiteri, qui est in monasterio nergeijio » 

(3) Lehete en \0'2U. Despoblado de Ullibarri-Oainboa. 

(4) Jii/ieiio. ¿tíe latín semen.'' 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOU AL SIGLO XIV. -^.já 

uno y otro hay recuerdo en las firmas del documento del año Ki.jl , 
cuyo texto latino he dado ;t conocer (1): «Acenari sancoic de 
ivarra; Gideri memez de ankelu.r, 

71. Sarricohuri, Sarricuñ, Sarricuri despoblado de Elo- 
rriaga.— En 1338 (Llor. 1121 Sarochio; pero antes, en 1087 (Ll. 75) 
Villa Porkera. Basarrico (porquera) y/mW (villa). Van Eys (2) 
no registra sino las formas navarra, labortana y guipuzcoana del 
animal; es decir, cherri, y la guipuzcoana y vizcaína charri. La 
pronunciación de la ch radical es menos áspera en el vascuence 
francés. Antiguamente se acercaría todavía más á la de nuestra s. 
Los Cerretanos^ limítrofes del valle de Aran, eran célebres por 
la cria (sin perdón sea dicho) del cerdo. 

72. Otazu, Hotaeu, Otazu. — Sinónimo de otadi (argomal). 

73. Haberasturi, Haberastiiri , Aberásturi. — De aheratz- 
uri (villa de ganado). 

74. Hurlarte, Hurtarte, Uriarte, despoblado en el término 
do Aberásturi.— En 1056 (Llor. 45) Huart, y en 1082 Uharthe 
(Llor. 66), que es Ugarte de Müjica en Vizcaya, manifestaban 
una ley de flexión, ó derivación, que impide identificar su pri- 
mera raíz con \^ üq Huriarte que en 1114 (Llor. 91) era Uliarte. La 
de este vocablo es /iwn, y unida al adjetivo arte produce el signi- 
ficado de villa mediana. La de aquellos es wr (agua), y se unió al 
sufijo arte (entre), anticuado harthe; y trocando la aspiración en 
g, produjo «ligarte» con sentido de «entre agua.» presa de moli- 
no, islilla. 

75. Arcahia, Arcaya, Arcaya. — ¿De arkaitz (berrocal) ó arri- 
gai (cantera)? El sufijo gai (de eguin, hacer) indica habilidad para 
realizar lo que significa el nombre al que se pospone. Las letras 
h, cí, g (suave), siguiendo inmediatas á la r final de sílaba, suelen 
mudarse en fuertes. Por esta razón de ar[ri]gai vino Arcaya, y 
tal vez arkaitz. 

76. Ollivarri de los olleros, Ullibarri de los olleros. 

77. Ollivarri menor, UUibarriguchi. La reja de San Millán 
coloca á Hurribarri entre Bolívar y Aberásturi, de suerte que 



(1) Boletín ni, 302-305. 

(2) Dictionn. basco-franjáis, art. charri. 



23G BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORIA. 

corresponde sin iluJa alguna á Ollivarri de los Olleros. El cambio 
de Hurri en Olli, tiene por base una ley de transformación, que 
ya he notado en el núm. 12 de este Ensayo analítico, artículo 
Horivarri = //o/¿it'arre. Merece además notarse cómo en boca 
del pueblo se ha conservado el adjetivo «guchi» (pequeña), que el 
catálogo de 1294 traduce por «menor.» 

78. Borinivar, BoUivar, Bolívar. — Dio su nombre á un ape- 
lUdo sobrado célebre en los f¿istos americanos de la presente cen- 
turia. En 1087 (Llor, 75) Bonivar. No debe confundirse con la 
segunda parroquia de la vizcaína Cenarruza, que en 1051 (Llor. 42) 
regía «Ligoarius molinibarriensis abba.» El vocablo se ori- 
ginó de harri (nuevo), aplicado al latín molendino (molino), bajo- 
latín molinio, y transformado sucesivamente en molini, horini, 
honi, bolli, huli, afine este último al catalán molí. 

79. Gamiz, Gamiz^ Gamiz. — Patronímico, derivado como 
Gómez, Mameiz, Momeiz, del árabe --ysr-'. 

80. Meana, Meana. — Del bajo-latín mediana. 

81. Monesterio guren., Monasterioguren. — Guren (superior). 

82. Luviano, Luviano, Luviano. — ¿Del bajo-latín liibia 6 
labia (pórtico, ándito, corredor)? En ¡Santiago de Gompostela es 
famoso el hospital antiquísimo de San Félix de Llovió, que hace 
mil años hizo construir el obispo Sisnando I, según lo refiere el 
Cronicón Iriense (1): «ct lovium ad susceptionem pauperum, 
ubi nunc est ecclesia sancti Martini.» Florez (2), atendiendo á 
que lovio en gallego es lo mismo que «parra,» dio en decir que 
por «alguna antigua y notable» llamarían así á la iglesia de San 
Félix. Mas el texto solamente afirma que Sisnando construyó el 
hospicio donde estaba tres siglos después, ó cuando se escribió el 
Cronicón, la iglesia de San Félix. 

83. Elhorriaga, Ifoliaraga, Elorriaga. — Significa «espinar.» 
En 1087 (Llor. 75) firmó «sennior Albaro Gonsalvez de Elhor- 



(1) España Sagrada, xs,G03. 

(2) Esp. Sag., xix, lOG.— Suele explicarse lovium, voz de origen teutónico por la idea 
de follaje (alemán laub), que t'.aba en los patios animación á semejantes albergues. La 
de «parral de poca altura,» que tiene lobio, según el diccionario gallego de Cuveiro 
Piñijl, ¿provino del idioma suevo? 



EL VASCLENCK ANAVKS ANTKHIOR AI. SIGLO \IV. "iS? 

riaga.)) El nombre y su Imilucción ascienden ámás de mil años 
de antigüedad, toda vez que en fi7l (Llor. 1-2) se descril)e entre 
las posesiones otorgadas al monasterio de Acosta (Ocoizta) por 
el obispo Yívere y su familia: «Sancti Romani cum sua perti- 
nentia, id cst, ubi iniciat via, Zaiiga (1) sub defesa (2) Ercihcli 
usque via de Olleros (3) et do Spino abbate (i) de Elorriaga.» 

84. Arcaut, Arcante.— ¿De argal-di (terreno pobre)? 

85. Betriquiz, Betriqnez, Betriquiz, despoblado en el Icr- 
mino de Arcaute. — En 1138 (Llor. \\i] Betriquez. Patronímico de 
Pedro en vizcaíno antiguo. 

86. Hillarrazaba, llarracaa, Ilarraza. — La primera forma 
añade claramente el artículo al sustantivo lúllar-azaxi (arvcjal). 
Azau ya no se usa, si no es en sentido de «haz ó gavilla;» pero 
en su origen debió de significar «colección.» 

87. Zerio, Cerio^ Cerio. — ¿De azeri (raposa)? Arriba (núme- 
ro 46), hemos visto Zeriano. 

88. Matauco, Mataucu, Matauco. — De mahats-gokhoac (ra- 
cimos, viñedo); ó tal vez de ana (población judiega). 

89. Ania, Ania, Ania, despoblado en el término de Junquitu, 
muy cerca del de Matauco. — Hoy sólo existe su ermita do San 
Martín. 

90. Oretio, Oretia, Oreitia. — De orein-di (sitio de ciervosi. 

91. Arbuslu, Arhulii, Arbulo. — ¿De arri-busti-leku (lugar 
de piedra mojada)? 

92. Hurribarri, Ollivarri, Ullibarride Arrazua. 

93. Doipa, Doypa, Doipa. — De Don-ípan (San Juan). La er- 
mita de San Juan es lo único que ha quedado en este lugar, 
arruinado casi dos siglos há en el término de Ullibarri-Arrazua. 
El uso de Don (latín doninus) por San aún está en vigor: Donos- 
lid (San Sebastián) ; y lo atestigua para el siglo xrr el códice de 
Calixto (5): «Deum vocant, urda; Dei genitricem, andrea Maria; 



(1) Záitegui (Zegititagui, del siglo mu). :¿Es la Qí^r.-y/.'j. de Ptolemeo? 

(2) Dehesa. 

(3) Ulibarri de los Olleros. 

(4) Abadía, monasterio. ■ 

(5) Recueráos de un cioje é Santiago de Galicia, pág. 58; Madrid, 1880. 



238 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

panem, orgui; vinum, ardiim; carnem. aragiii; piscem, araign: 
domum, echea; dominum domus iaona; dominara, andrea; eccle- 
siam, elicera; presbyterum, belaterra, quod iiiterpretatur pulcra 
torra; triticum, gari; aquam, wWcyrcgem, e?'egfi«a; saiictum iaco- 
bum iaona DOMNE iacue.y 

94. Durana, Durana, Durana. — En 1089 (Llor. 77) firmó 
como fiador «Lope de Durana.» Los pueblos, con los cuales lin- 
da, salen nombrados en 1025 por el documento de San Millán: 
Gamarra maior (Gamarra mayor), Erretana (Retana), 
Mendivil (Mendivil) y Betoniu (Betonio). La desinencia pro- 
viene del latín, pues concierta con «villa;» pero su tipo vascon- 
gado sería, á lo que estimo, Iturrain (üiir-raño, hacia la fuente), 
cuyo nombre permanece en un despoblado vecino. Desde el monte 
pintoresco, donde se halla Durana^ se ven 24 pueblos. Su raíz 
nada ó muy poco debió diferir de la de Durango. 

95-99. Andicana, Antecana; Guerenga, Guereña; Man- 
toiana, Mandoiana (de mando, mulo?); Le^aroía, Legarda; y Ar- 
tazaha, Artacaa. 

100. Apodaca, Apodaca, Apodaca. — Sinónimo de Apozaga 
en Guipúzcoa. La explicación de ambos nombres la encuentro en 
apoteaga, colectivo de apote (verraco). En 1089 (Llor. 77) firmaron 
como testigos «Fortun Gonsalvez et Garsca Beilaz de Apodaca;» 
y en 1173 (Llor, 149) persistía invariable la misma forma. 

101-102. Oto, Huelo de yuso, Hueto de suso, Los Güetos. — 
¿Del latía alto? En castellano antiguo díjose auter, autero (otero), 
también de alto. 

103. üribaldo, Ilurrialdo, Urrialdo. — Despoblado en la her- 
mandad de los Güetos. Hoy queda su hermita. La b Üribaldo 
es eufónica y concertada con la r suave que la precede. En Na- 
varra dicen ürraul. Raices uri-aldeco (villar). 

104. Huribarri, Hullibarri de viña, Ullibarride Viña. — La 
repetición frecuente de este nombre permite apreciar las diferen- 
cias locales de pronunciación en cada subdialecto. 

105. Subillana, Suvijana, Subijana.— En 1087 (Llor. 74) 
Subillana, y en 1113 (Llor. 89) Suhilana. De subi-aldean (al 
lado del puente). Lo .tiene sobre el Zadorra, como la otra Subi- 
jana de Álava sobre el rio Bayas. En el documento de la funda- 



EL VASCL'EN'CE AL.WÉS ANTEIUOR AL SIGLO XIV. 2;U> 

ción del monasterio de Varria, (jue di á la luz pública, se indica 
la situación del «pontuní (¡uod dicitur riiarco(:ubi,y> el cual perse- 
vera aún hoy día en Elorrio con el mismo nombre, perpetuando 
la memoria de su constructor Marcos. Zubi ipuenle), lo propio 
que eüiorri ¡espino) pertenece al tesoro antiguo del genuino vas- 
cuence. 

lOG. Langrares, Lanclares, Nanclares déla Oca. — En 1113 
(Llor. 89) firmó «Lope Alvarez de Laudares. ^^ 

107. Haztegiata, Ilazteguieta ., Asteguieta. — ¿De astigar 
{tilo)? En Guipúzcoa suenan Astigarraga, Astigarrela, y en Viz- 
caya Astigarrivia. Esta última localidad se escribía (Llor. 85) As- 
tigar ribia en 1081. 

108. Otazaha, Otaraa^ Otaza. — Dcoíe (argoma). Con el tiem- 
po anduvo limándose el artículo ha pospositivo, que fácilmente 
pudo ser ba en Hillarrazaba. 

109. Zumelzu, Cumelcu, Zumelzu. — De ziim{ar h]dz (álamo 
negro, chopo). La construcción es menos fuerte en Zumbelz del 
navarro valle de Yerri; pero se usaba en Vizcaya, puesto que en 
1051 y en el subdialecto durangués (alameda de chopos) se lla- 
maba un arroyo lindero de Echevarría (1): «riguum quod dicitur 
rumelegui.i) Este último nombre, frecuentativo de zumel-, es si- 
nónimo de zumelz-zu (alameda de chopos). La contracción de zu- 
mar en zum se observa en composición con el adjetivo zuri, ó 
churi (blanco). En labortano chum-churi significa «álamo blanco," 
ó simplemente «álamo.» 

110. Gomega, Gumedia, Gomecha.— Está en la mitad del 
camino desde Armen tia á Zumelzu, y confina al Oeste con Ari- 
ñez.— ¿De Gomeedie (casa de Gómez)? 

111. Ariniz, Hareniz, Ariñez.— En 1106 (Llor. 85) Harreiz, 
y en 1151 (Llor. 372) Ariniz.— Be arguin (cantero). En su distrito 
€Stá el famoso Inglesmendi (monte del Inglés), en cuyo recuesto 
y en el año 13G7, fueron derrotados por las tropas del rey Don 
Pedro los ingleses y gascones, puestos al servicio del bastardo 
Enrique de Trastamara. 



(l) Boletín- III, 203. 



■240 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HlSTORLi. 

112. Margarita, Margarita, Margarita. — En 1087 (Llor. 73í 
Margarita. Romano fué tal vez el nombre, y lo acredita la 
bella inscripción, empotrada en la capilla de su pila bautismal 
(Hübner, 2928): 

M. O OCTAVIVS 
SABINI © F O QJV 
I R O CARICVS 

Marco Octavio Cárico, de la tribu Quirina, hijo de Sabino. 

Sin embargo, la inscripción pudo venir y extraerse de la cer- 
cana svESSATio (Iruña); y de consiguiente, no demuestra que la 
población de Margarita hubiese existido durante la época romana. 
En Galicia y en Cataluña subsisten varios lugares de la misma 
denominación: Margarita, Margarit, Margaride. El portugués 
tiene almargem; el inglés, moor, y el francés, marais, rnarécage, 
sinónimo del castellano marjal ó almarjal, oriundo del persa por 
medio del árabe -^j^. La raíz es aria, y se adapta perfectamente á 
los marjales que forma el Zadorra en torno áe Margarita. 

113. Lermandi , Lermanda, Lermanda. — ¿La misma raíz 
que en Armentia? Los habitantes del país, según rae ha dicho 
uno de ellos, pronuncian Laermandia. Por lo menos, seguro es 
que la i no fallaba el año 1025. 

ll'i. Hollarruizu, Olharizu en 1258, Hollavarri, Ollabarre. 
— Tuijo linda al Sur con Ollabarre. ¿Está incluido su nombre cu 
Hollarruizu? 

115. Berroztegieta, Berrozteguieta , Berrosteguieta. — En 
vizcaíno hay bior (yegua), y en los demás dialectos higor, heor. 
hehor. De ahí salió berrotz (yegua de cría); como de urde (cerdo), 
ordotz (verraco). Es, pues, herróztegui, cuadra de yeguas madres. 
Y que así fué, bastante lo insinúa un instrumento del año 1105 
(Llor. 85): «comparavi uno solare cum sua divisa in villa, quedi- 
citur Berrozteguieta, in uno caballo et in uno mulo.y> 

110. Armentehi, Armentia^ Armentia.— En 1776, al reedi- 
ficarse su antigua ig-esia episcopal, fué descubierto el epitafio ro- 
mano (llübncr, 2938) consogrado por Pompeya á los manes de su 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SICLO XIV. 241 

anciano esposo Domicio Attio. No veo difícil de suponer que, así 
en Lermanda como en Armentia, á cuyos pies corría la vía ro- 
mana que bajaba de Iruña, se hubiesen levantado montones de 
piedras (acervi lapidum), arrojadas por los viandantes en honor 
de Mercurio. Su nombre vascongado ar-mendi, de arri-mendi, 
halla eco en Aramendia de Navarra y en su siiKjiiimo Aramingon 
ó Armiñón (montón de piedras). El sitio poblado junto á esto 
lugar, se habría dicho armendi-tegiii, y por contracción armen - 
tehi. La otra Armentia, ahora castellana, del ayuntamionlo do 
Treviño, se llamaba en 1087 (Llor. 73) Ermendica; en 1083 
(Llor. 67) Armendeca, y en 1025 (reja de San Millán) Ar- 
mendihi. 

117. Gasteiz, Gaztheta, primer recinto fortificado ó «villa de 
Suso» en la ciudad de Vitoria. — En 1089. (Llor. 77) Gasteiz. 
Del latín castello, pasando por casteldo y castelz. 

118. Eztarrona, Heztarrona, Estarrona. — Bq altzá (aliso), 
(jue también se dice ostarro. No debe confundirse la raíz con la 
de Heztura (Etura), cuya r es dulce. 

119. Zuhazu, Cuacu, Zuazo. — En 1106 (Llor. 85) Zuazo. 
Retiene el nombre, y quizá el sitio, de la no lejana estación 

SVESSATIO. 

120. Billodas, FiZíodas, Villodas. — Del latín villa. En el año 
862 (Llor. 9) existía dentro del valle de Losa la heredad «in loco 
qui dicitur Villota et Villateca.» 

12Í. Transponte, Traspieeníes, Trespuentes. — TranssGha. 
mudado en «Tres» por el intermedio Tras. En rcíilidad su primer 
nombre se refiere al puente sobre el Zadorra, que la separa de 
Iruña. Mas como la despoblada ciudad se halla ceñida por el 
gran río de Álava, á la manera que lo está por el Tajo la ciudad 
de Toledo, no faltaron otros puentes en las inmediaciones, como 
el de Villodas y el que enlaza á Mendoza con Margarita. Así que 
el sitio ha ido llamándose con toda propiedad, primero Trans- 
ponte, luego Traspiiejites, y ahora Trespuentes. Entre tantas y 
tan importantes inscripciones de svessatio que en Iruña existen, 
ó se han transportado á los pueblos vecinos, hay dos militares 
(Hübn., 2926, 2927); con lo cual fácil es argüir que tuvo guarni- 
ción romana. 

TOMO III. n 



242 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

122. Goveio, Goveyo, Gobeo. — ¿De go-hehe (bajo el alto)? 

123. Crispijana, Grispijana. — Del latín Crispiniana. 

124. Legartagutia, Legar taguchia. — Despoblado en el térmi- 
no de Lermanda. Pronunciábase gutia (la pequeña) guzia. 

125. Quartango, Cuartango^ Cuartango. — En el año 950 
(Llor. 23) Quartango. Del bajo-latín quartanico. En la merin- 
dad de OrduñaliayTertanga, derivado quizá de «villa íeríiajiica.» 

120. Mázanos, Máncanos, Manzanos. — La primera forma 
confirma la derivación que se da al castellano «manzano,» como 
.sacado del latín massianum. 

127. Comungoni, Cumuñon, Comunión. 

128. Higahegui^ Ig^y. — ¿De ibay-tegui? Está al lado del río 
Bayas. 

129. Moliniella, Moliniella, Molenilla. 

130. Cassicedo, Caycedo de yuso, Caicedo yuso. — En 1087 
(Llor. 73) Casicedo. 

131. Basconguelas, Vasconietlas, Basquiñuelas. — ¿Beha- 
sokoguela (celda ó ermita del bosque)? Está el pueblo en la falda 
de un cerro alto. 

132. Erennua, Ereña, Hereña. — Del castellano herrén, que 
á su vez desciende del latín farragine. 

133. Melietes, Meliedes, INÍelledes. — Del latín medietas. El 
sinónimo vascongado aparece en Ertanga iLlor. 55) del año 1075. 

134. Villavizana, Fiííauecajia, Villamezana ó' Villabezana. 

135. Villaluenga, Vülaluenga, Villaluenga. 

13G. Antezana, Antecana, Antezaua de la Ribera. — ¿Del la- 
tín ANTISTLVXA? 

137. Lecingana, Lezíniana, Leciñana de la Oca. — Del latín 
LiciNiANA. En 1087 (Llor. 73) Liciniana. 

138. Frasceneta, Frezneda, Fresneda. — Del latín fraxi- 
ncto; sinónimo del vascuence lizarza, lizarreta, lizárraga. 

139. Carcamu, Cárcamo, Cárcamo. 

Del análisis que acabo de hacer, infiero que hay sobrade teme- 
ridad y ñuta de método, cuando el problema ibérico se plantea 
con las bases que le han señalado Humboldt, Phillips y Astarloa. 
El vascuence, vivo organismo de la palabra, no ha estado jamás 
inmóvil. Con el tiempo ha ido germinando y desechando formas, 



EL VASCUENCE ALAVÉS ANTERIOR AL SIOLO XIV. 243 

que trascienden á ocultar y modifícar la primitiva raíz nominal, 
é involucrarla con sufijos y prefijos gramaticales, sujetos á leyes 
eufónicas; de los cuales no pocos, muertos ya, parecen como re- 
sucitar del fondo de algún valle aislado ó del polvo de los archi- 
vos, para poner en confusión á los sabios. Con lodo, si bien se es- 
tudian, compaginándolos y clasificándolos como lo hace con los 
sujetos de sus tres reinos la Historia natural, no tardaremos cu 
conocer las verdaderas fuentes del óuskaro; y con ellas á la vista 
sabremos juzgar si conviene ó no aplicarlo á la interpretación de 
los caracteres ibéricos y de las lenguas que hablaron los habitan- 
tes indígenas de todo nuestro suelo antes de la invasión céltica y 
de la dominación romana. 

Al cerrar esta breve discusión, pláceme insistir acerca de un 
punto de alta importancia histórica , que tocó en la' íiltima se- 
sión (1) nuestro doctísimo compañero, el Sr. Fernández y Gonzá- 
lez, dando cuenta de sus investigaciones prolijas sobre los ma- 
nuscritos rabínicos de la Biblioteca Escurialense. Casi todos los 
ramos del saber en la España de la Edad Media están vinculados 
al progreso científico de los hijos de Israel. ¿Quién había de ima- 
ginar que la marcha histórica del vascuence no estaba excluida 
del teorema? Y, sin embargo, del fondo geográfico, sometido á la 
sagacidad rentística de D. Abrahén Barchilón, almojarife mayor 
del Rey D. Sancho IV, procede la escritura que ha servido de 
base á nuestra investigación filológica. Álava, Rioja y Xavarrn. 
no menos que León y Galicia, abrieron cauce hondísimo á la ('fi- 
niente hebrea (2). 

Fidel Fita. 

Madrid, 9 Octubre 1883. 



(1) 5 Octubre. 

(2) «Rex vero Aldefonsus ponit in fidelitatem Nag-araní castellum christianorum, et 
Or caste lli'jn jiídeomm, et Arneáo castellum christianorum ei Cellorigo castellum ;,"- 
deorum. Similiter Saucius, rex Navarre in hac fidelitate ponit Estellam, quod Petrus 
Rode"rici tenet, et castellum judeorum» {Llor. C2.)— ((Monasterio, quod dicitur sancti 
Michaelis de Biurco cum sua decania sancti Andree de monte de Maranione, cum suos 
molinos et cum sua casa de Biurco, quod fiiit de illo iudeo.» (Llor. 16.) La primera es- 
critura es del año 1170, y la segunda de 1057. Recuérdese el Jiidizniendi de Vitoria. 



VARIEDADES. 



III. 

MEMOEIA 

HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA 
DE MISIONES DE INDIOS GUARANIS *. 

(Contimiacion.j 

Deserción de 102. Del fiboiTecimíento cíue los vndios tienen a 

lo 5 yndios. 

la comunidad, de la corta asistencia que tienen de 
esta, y de las vejaciones que reciven de sus Gorrcxi- 
dores - y Gavildos, resulta la mayor parte de la discr- 
cion ^ que se experimenta en los pueblos; la que es 
tanta, que se puede computar que en el dia están fuera 
de sus pueblos * quando menos la octava parte de los 
naturales que existen. Estos están dispersos en la ju- 
risdicion * de Buenos Ayres, Montevideo, Santa Fee, 
Bajada, Gualeguay, Arroyo de la China, terrenos de 
Yapeyü, Corrientes, y Paraguay, cuyos parajes ase- 
guran todos están llenos de yndios Tapes; y muchos 
de los prófugos do los pueblos permanecen en esta 
provincia de Misiones, pasados de unos pueblos a 
otros, en los que los tienen ocultos en las chácaras ^ 
los mismos yndios. 



1 Véase el cuaderno VI del tomo II. 

- En la edic. de Ángelis: de los corregidores. 

3 Asi en el m?.: en la edic. de Ángelis: de la deserción. 

* En la e,dic. de Ángelis: está fuera de sus pueblos. 

* En la edic. de Ángelis: en las jurisdicciones, 
o En la edic. de .\ngelis: en sus chacras. 



MISIONES Dt: INDIOS GUARANÍ». 245 

103. Los perjuicios que se ocasionan de estas di- Perjuicios que 

, , , - , ocasiona la 

serciones son muchos, y algunos de la mayor con- deserción, 
sideración. De los Reales tributos se hace imbcriíica- 
ble la recaudación; la decadencia de los pueblos, asi 
6n la populación, que se disminuye, como la falta de 
ellos * , y de su posteridad, como en la de sus bienes, 
pribandose del trabajo dolos desertores, es considera- 
ble; pero lo mas doloroso es el daño espiritual que se 
experimenta en ellos, y que pide se solicite remedio. 

104. Los yndios que se desertan llevan general- üs causa de la 

. 1 j • 1 ruina de mu- 

mente alguna yndia que no es su muger, con la que ciias almas, 
vive ^ como si lo fuera; y, ya salga de la provincia, ó 
se quede en ella, en todas partes pasan por casados, 
porque aquellos a que se agregan, sean yndios ó es- 
pañoles, solo cuidan de disfrutar de su trabajo, sin 
reparar en que vivan como christianos, o no; y asi, ni 
procuran que oygan Misa, niel que se confiesen, ni 
que exerciten ningún acto de cristianos; pues saven 
que, si los quieren obligar a ello, se van a ofra parte 
y los dejan: con que, por no privarse del servicio que 
les hacen, los dejan vivir como ynfieles. 

105. Los que se van solos abandonando a sus mu- 
geres y familias, y lo mismo las yndias que también 
se huyen solas, en quales quiera parte que se estable- 
cen procuran, si pueden, casarse luego. Es mui creí- 
ble * que este desorden haya sido mas frecuente en los 
años anteriores, por poco cuidado délos Guras de es- 
pañoles en las informaciones, o por testigos falsos que 
afirman la soltura. En los mismos pueblos se havisto 
también este desorden. El sr. Malvar en su general 

1 Asi en el ms.: en la edic. de Angelis: de estas deserciones. 

2 Asi en el ms.: más correcto en la edic. de Ángelis: que se dismi- 
nuye con la falta de ellos. 

3 Asi .se lee también impreso en la edic. de Áng-elis. Estaría más co- 
rrecto de esta manera: con la que viven como si lo fuera; y, ya salgan 
de la provincia, ó se queden en ella. 

4 En la edic. de Angelis: procuran, si pueden, casarse; luego es muy 
creíble. 



24G boletín de la real academia de la historla. 

visita uejó proveydo en forma de auto a todos los Cu- 
ras de españoles, no pudiesen casar a ningún yndio 
sin dar primeramente parte a sus propios Curas. De 
esta acertada providencia se puede inferir que en el 
dia no seríí tanto el exceso; pero, quando esto no su- 
ceda, sucede el que el yndio que se ausenta, dejando 
a su muger, o la yndia que deja a su marido, el que 
permanece en el pueblo, queda sin que jamas pueda 
tomar estado, aunr|uehaya enviudado; porque, como 
se ignora donde se halla el fugitibo, se ignora también 
si es vivo o muerto, y asi no pueden pasar a segun- 
das nuncias ' ; de que resulta el vivir siempre en con- 
tinuo amancebamiento, en ruina de sus almas ocasio- 
na de estas desordenes ^. 

Casan negras y 106. Teugo uoticia quo CU Santa Fee y Corrientes, 
?i" val con y aun dcutro de los mismos pueblos está sucediendo 
^" '°^' que los Curas han casado yndios con negras, y mula- 

tas esclavas; y, como las leyes previenen que la muger 
del yndio y sus hijos sean del pueblo de el, y por otra 
parte la esclava deve seguir a su amo, y los hijos son 
esclavos, no so como pueda componerse esto: al mismo 
tiempo el yndio abrá de seguir a la muger, y enton- 
ces se perjudican los Reales tributos, y el pueblo con 
su falta y la de la posteridad; y me parece que este es 
un punto que pide remedio. 

107. Este es el estado presente de estos pueblos en 
lo general, y al que viven reducidos estos naturales. 

Lo que ?.>iui se 108. Ya que he manifestado a Vm. lo que han sido 

refiere es re- , . , , 

lativo al de- y sou CU general estos pueblos, y su govierno, quiero 
de Cande?a- dccir algo CU particular de los del departamento de 
mi cargo; con la satis facion de que hablo con quien 
los ha visto, y comparado con el resto de los demás 
pueblos de esta provincia, y que puedo confirmar 

* Asi en el ms.: en la edic. de Angelis: á segundas nupcias. 

- Asi en" el ms., menos correcto que la edic. de Angelis: de lo que 
resulta vivir siempre en continuo amancebamiento, con ruina de sus 
almas, ocasionada.de estas deserciones. 



na. 



MISIONES DK INDIOS CUAHANIS. Í47 

(juanto digei-e con la autoridad del señor D. Pedro 
Meló de Portugal, Governador Yntendenle y Capitán 
General de la provincia del Paraguay que también las 
visto '; cuya narración podrá servir de confirmación 
de quanto llevo expuesto ", y de anticijiacion para lo 
que digere, quando trate de los medios que me pare- 
cen oportunos para mejorar el govierno de estos pue- 
blos, aumento del Real Horario, y felicidad de estos 
naturales, a quienes les deseo ^la mayor prosperidad. 

109. A medeados * del año pasado de ochenta y se componía 
uno ' me encargué del mando de este departamento, bíos!'^°^"^" 
que se componía de ocho pueblos, incluso el de Nues- 
tra de Candelaria ^, que ahora se ha separado por per- 
tenecer al obispado del Paraguay, y por consiguiente 
a su Govierno e Yntendencia; quedándome ahora los 
de San Carlos, San Josef, Apostóles, Concepción, 
Santos Mártires, Santa Maria la Mayor, y San Fran- 
cisco Xavier. Estos pueblos por su situación son los son ios déme - 

, . TI., nos pi-opor- 

de menos proporción para sus adelantamientos : no cienes, 
tienen yervales silbestres, campos parabaquerias, ni 
como extraer maderas; porque por lo peligroso del 
Uruguay, sobre cuya costa están sus montes, nunca 
se ha intentado embiar a Buenos Ayres: con que solo 
la agricultura, e industria los han de producir su sub- 
sistencia. Ademas desto, son todos ellos de muy corto Tienen pocos 

, . , , _ , , a yndios. 

numero de avitauores: el ano de ochenta y uno ^ te- 
nían ocho mil setecientos cinquenta y dos almas, y 



1 En la edic. de Angelis: deesa provincLa del Paraguay, que tain bien 
los ha visto. 

2 En la edic. de Angelis: de cuanto llevo dicho. 

3 En la edic. de Angelis: á quienes deseo. 

4 Asi en el ms. 

5 En la edic. de Angelis: á mediados del año de 1781. 

'' Asi en el MS.: en la edic. de Angelis: incluso el de Nuestra Señora 
de Candelaria. 

■J En la edic. de Angelis: de menos proporciones para su adelanta- 
miento. 

** En la edic. de Angelis: el año de 1*81. 



tablecerlos. 



248 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORIA. 

mil ocho cientos veinte y dos tributarios, según los 
padrones que formcj mi antecesor, el Theniente de dra- 
gones D. Juan Valiente. 

Estubieron HO- Por los aiios de setcuta v tres Y setenta y qua- 
muy pobres.- ^^.^ i gst^^jigi-Qn estos pueblos CU la ultima miseria: 
solo el pueblo de la Concepción tenia algún ganado 
en sus estancias; en las de los demás era muy poco el 
que havia. Los' almacenes de todos estaban vacios; el 
chacarero ■ arruinado, sin algodonales ni cosa que les 

Se solicitó res- pudiera producir para su subsistencia. Pero la solici- 
tud de dicho mi antecesor les proporcionó el bolver a 
poblar sus estancias; hizo plantar algodonales, y puso 
en un regular estado todos los pueblos a el encomen- 
dados; de modo que a mi ingreso tenian las estancias 
de los ocho pueblos mas de cien mil cavezas de gana- 
do bacuno, y de cavalLar, y demás especies en buen 
estado, y el chacarerio y algodonales bastante adelan- 
tados: vien es que estaban empeñados ^ en mas de no- 
venta mil pesos de comercio, resto del importe de los 
ganados acopiados para poblar las estancias. En lo 
demás estavan bastante atrasados: sus almacenes en- 
teramente vacios; las casas, asi las principales nom- 
bradas Colojios, como las particulares de los yndios, 
caldas, ó mui detrioradas; * mucha desnudez, ningu- 
na civilidad; en ñn, en sus costumbres, y preocupa- 
ciones convenían con los demás pueblos, en los tér- 
minos que queda dicho. 

111. Al principio apliqué todo mi cuidado en gran- 
gearme la boluutad, y confianza detodoslos yndios del 
departamento, * no tan solamente de los yndios, sino 
también de los Guras, y Administradores; y lo logré 



' En la edic. de Ángelis: Por los años de 17*3 y 74. 
- En la edic. de Ángelis: el chacarerio. 
3 En la edic. de Ángelis: bien que estaban empeñados. 
* Asi en,;l ms. En la edic. de Ángelis: ó muy deterioradas. 
^ Asi en el srs : más correcto en la edic. de Ángelis: de todos los in- 
dividuos del departamento. 



MISIONES DE INÜIOS GUARANIS. 249 

tan cumplidamente, que hasta el presente nadie m'e 
ha ocasionado quebranto de consideración: todos de- 
sean complacerme, y asi consigo quanto deseo. 

112. Conociendo que de las enemistades de Guras Sc ha logrado 
y Administradores, resultava parte de la ruina de los todos cu par' 
pueblos, o estorbava su adelantamiento, procuré ante 

todas las cosas arrancar de raiz el espíritu de discor- 
dia, estableciendo con algunos reglamentos una paz 
solida, que cada dia se ha asegurado mas, y mas. Es 
verdad que alguna u otra vez ha ávido algunos dis- 
gustos entre Guras y Administradores; pero estos han 
sido de poca consideración, y que con facilidad* se 
han disipado, sin que haya sido menester dar parte a 
la superioridad, a donde antes era preciso .acudir a 
menudo. 

1 13. Procuré también que a los Correxidores y Ga- a ios Correxi- 

■ ^ ^ o 11 • dores y Ca- 

viiaos se trataran - con aquella atención que encargan viidos se íes 
las leyes, y que ninguna persona de ninguna calidad atención, 
se atreviese a faltar al respeto devido a ninguno de los 
yndividuos; haciéndoles conocer a estos el modo con 
que devian portarse para no desmerecer las honras y 
distinciones devidas a sus empleos, y que yo queria 
se les guardasen, como lo manda Su Mag**. ^ 

114. Establecí reglas para que entre el Cavildo y AnéyUseu 

. , . . , , . . , ,. ,. , distiibucioii 

Administrador no huviesc motivo de discordia en la de f^nas, y 

. modo de cas- 

distribuciou de las faenas de comunidad, y su verifi- tigar. 
cacion, con otros varios puntos, concernientes al buen 
govierno del pueblo ; y particularmente para evitar 
las vejaciones que padecían los yndios por los Gorre- 
xidores y Gavildos, que muchas veces los castigaban 
por sus fines particulares, aunque con protesto de otras 
faltas. Para remediar esto mandé que en el Gavildo 
haya un libro en que se escriban todos los castigos 



En laedic. de Angrelis: y con facilidad. 
En la edic. de Ángelis: se les tratara. 
En la edic. de Ángelis: como lo manda el Rey. 



250 boletín de la real academia de la HI3T0RL\. 

que s6 executan, en esta forma: «A fulano de tal se le 
dieron tal dia tantos azotes por tal delito, por manda- 
do de tal Juez que entendió en su causa:» y al fin del 
raes han de firmar, y autorizar todos los de Cavildo ' 
esta relación, y el Administrador ha de certificar a 
continuación constarle no haverse hecho mas casti- 
gos que los que alli se refieren, y si se han dejado * ó 
no de castigar a otros que lo han merecido, con todo 
lo demás que le parezca digno de mi noticia; y, sa- 
cando del libro una copia, me la embian mensualmen- 
te. Con esta providencia he atajado, quando no todas, 
mucha parte de las injusticias que hacian, y he dado 
una regular forma al govierno económico de los pue- 
blos, y a la buena armonía ' que deve haver entre el 
Correxidor y Cavildo * y Administrador de cada esta- 
blecimiento. 

115. Apliqué todo mi cuidado ^ a promover la 
agricultura y la industria , animándolos con mis ex- 
hortaciones, y consejos; y, para que se aplicasen con 
mas empeño , acrecenté la ración de carne que se les 
dava en un tercio mas: y asi he conseguido sin rigor 
el que se apliquen al trabajo, y el ver pagadas todas 
las deudas, y aumentado el ganado bacuno en las es- 
tancias, que al presente tienen cerca de ochenta mil 
cavezas mas de las que tenian a mi ingreso; y a pro- 
porción es el aumento de las boyadas, yeguas, potros, 
caballos, muías y ovejas; no siendo menor la ventaja 
que se conoce en el chacarerio. Se han aumentado los 
algodonales, plantado cañaverales , reparado los yer- 
vales, y mejorado todos los ramos de agricultura: 
también he procurado se construyan casas nuevas en 
todos los pueblos , y que se reparasen las que hayia; 



1 En la edic. de ADyelis: lodos los del cabildo. 

5 En la edic. de Angelis: y si se ha dejado. 

5 En la edic. de Ani,'elis: y á la armonía. 

* En la edic. de Angelis: entre el corregidor, cabildo. 

*» En la edic. de Ang-elis: todo mi conato. 



MISIONES DE INDIOS GUAÜANIS. 251 

como asi mismo las yglesias , y casas principales. 
Aunque en esto no se ha adelantado tanto como yo 
quisiera, porque la falta de albañiles lo ha impedido, 
aunque no ha sido tan poco lo que se ha hecho ' que 
no se conozca bastante diferencia de aora a como es- 
taban antes. Pero, para haber conseguido estos adelan- 
tamientos, me ha sido preciso recorrer a lo menos cada 
dos meses todos los pueblos, ver sus obrajes , y cha- 
carerio ^, mejorar lo que no estava según devia, esta- 
blecer lo que considcrava útil, arrimar ' a los yndios^ 
y no perdonar diligencia, ni fatiga, como la conside- 
rase oportuna al logro del adelantamiento. Hasta las 
mismas estancias he visitado , sin eml^argo de estar 
muy separadas de los pueblos, (algunas distan mas de 
quarcnta leguas); he reconocido todos sus terrenos, 
poblaciones, puestos, rodeos , corrales, estados de sus 
ganados *, aperos de los peones; y, en fin, quanto 
puede conducir al conocimiento practico de ellas ; re- 
mediando muchos abusos , y otras faltas que encon- • 
tré , dejando establecido con consejo de dos capataces 
ahiles, y de experiencia quanto consideré podia ser 
útil al aumento y buen estado de los ganados : y el 
éxito ha correspondido conforme a mis deseos. 

116. Viendo que una de las principales cavezas ^ se aumenu la 

. r, . 1 -I • • • • 1 policía y ci- 

que influía para el abatimiento en que vivían estos viudad. 
naturales, era la indecencia y desaseo con que se tra- 
taban en sus casas, procure que á los Gorrexidores se 
les dispusieran avitaciones decentes, dándoles a en- 



1 En la edic. de Angelis está escrito este período de una manera más 
correcta : Aunque en esto no se ha adelantado tanto como yo quisiera, 
porque la falta de albañiles lo ha impedido , no lia sido tan poco lo que 
se ha hecho. 

2 Eq la edic. de Ángelis: y chacarerios. 

3 Así en el ms., y es fácil conocer que es errata. En la edic. de An- 
gelis: animar. 

■» En la edic. de Ángelis: estado de sus ganados. 
5 Así en el ms., y es errata. Én la edic. de Ángelis: que una de las 
principales causas. 



¿o2 boletín de la real academia de la historia. 

tender lo que me agradaría el encontrarlos a ellos, y 
a sus mugeres ' con decencia siempre que yo los vi- 
sitase, que seria a menudo. Después establecí que 
cada año aseasen y reparasen sus casas interior, y 
csteriormente todos los de Gavildo; y asi se van me- 
jorando los pueblos, y acostumbrando a vivir con 
decencia. 

1 17. Para que al aseo de sus casas correspondiese 
el de sus personas, les procuré persuadir quan grato 
me seria el ver que en lugar de tipoy de que vsaban sus 
mugeres, vistiesen camisas, polleras, o enaguas, aun- 
que fuesen * de lienzo de algodón, y corpinos, o ajus- 
tadores que ciñeran sus cuerpos ^ y ocultaran los pe- 
chos; y que las que se presentasen con mas aseo serian 
tratadas por mi, y haria lo fnescn por todos con mas 
distinción. En este punto huvo algo que vencer por 
que, preocupados los yndios con la igualdad en que 
los havian criado, no permitieran que la una sobre- 
saliese de la otra *; pero al fin se les ha desinpresio- 
nado ^ deste error, y el aseo se ha introducido con no 
pequeños adelantamientos. 

118. Como las cosas que se intentan no se consi- 
guen con el éxito que se desea, si al mandarlas o per- 
suadirlas no se acompañan con la practica de algu- 
nos actos, en que por la esperiencia se conozcan los 
favorables efectos, y conveniencias que se les pro- 
pone ", para que desdo luego conocieran estos natu- 
rales lo que se les havia de seguir del aseo, dispuse 
el que en las casas principales, en la del Gorrexidor, 
o en las do otros yndios principales, no se les impi- 
diese el juntarse a tener sus diversiones caseras. 



' En \n eriic. de Áng-elis: á ellos y sus mugieres. 

- En la edic. de Ángrelis: ó enaguas, aunque fueran. 

^ En la edic. de Ánf^elis: que ciñeran su cuerpo. 

* En l'.i edic. de Áng^elis: de las otras. 

•■' Asi en el ms. En la edic. de Ángelis: se les ha desimpresionado. 

^ En la edic. de Ang-elis: que se le propone. 



MISIONES DE INDIOS GUAIIANIS. 253 

(|uanclo huvicra uii razonable motivo, y coa la decen- 
cia y orden regular; a las que no pocas veces asisto 
yo ' con mi muger, y a mi ex-cmi)lo asisten siempre 
los Administradores y sus mugeres: con lo que he 
conseguido desterrar la odiosa separación que havia 
entre españoles e yndios, estableciendo el trato, y co- 
municación mutua, no tan solamente en estas ocasio- 
nes, sino también en todos los dias del año que mu- 
tuamente se visitan con los españoles y españolas 
todas las familias en quien resplandece el aseo: y este 
es un poderoso estimulo para animarlos mas y mas 
cada dia, como se va experimentando. 

119. Considerando las pocas proporciones que tie- se íes propur- 
nen estos naturales para conseguir algunos adelanta- aLTsurra.- 
mientos, por faltarles los medios de veneñccncia por kres!^'^''*^"' 
medio de la venta los frutos que pueden adquirir con 

su trabajo; y que de no proporcionarles este benefi- 
cio, serian inútiles mis esfuerzos y providencias, he 
dispuesto que todos los frutos que recojan en sus cha- 
caras particulares *, y quieran venderlos a la Comu- 
nidad, se los han de comprar precisamente, pagándo- 
les de contado su balor en aquellos frutos o efectos 
que ellos quieran, o el pueblo tenga; haciéndoles re- 
servar lo preciso para el alimento de aquel año. Así 
mismo deben comprarlos por su justo precio quales- 
quiera cosa que con su industria hayan adquirido ', 
por los precios que señalé en un aranccel que formé 
para el efecto. 

120. Esta providencia ha tenido tan favorables 
efectos * que en solo dos años que se practica han ad- 



í En la edic. de Ángelis: asistí yo. 

'- En la edic. de Angelis: en sus chacras particulares. 

3 En la edic. de .Vng'elis: cualquiera íosa que con su industria ha- 
yan adquirido. 

■» Más correcto el jis. que la édic. de Angelis, donde se imprimió: 
ha tenido favorables efectos. 



254 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

quirido ' muchos yndios unas regulares convenien- 
cias; sellan aseado muchas familias; y ya aseadas, 
no se avergüenzan de parecer delante de toda clase de 
gentes, con cuyo trato se van haciendo sociables, y 
adquiriendo una perfecta avilidad -, reynando en todos 
la abundancia, y cada dia va a mas; pues el cxemplo 
de unos sirve de estimulo a otros. Vm. lo ha visto, y 
también lo ha visto el Sr. Gobernador Intendente de 
esta provincia; y asi no me queda recelo de que le 
parezca a Vra. encarecimiento nacido de amor 
propio ^ 
La.iesidiay 1-1- Auuquc BU la opiuion coiTiun son tenidos 

abandono de , , , . i i i 

los yndios no cstos naturales por perezosos, c incapaces de poderles 
infundir deseos de salir ^ de la miseria, y aborreci- 
miento ^ en que se hallan; pareciendoles a los que 
asi opinan que es natural en ellos este abandono. Yo 
nunca me he podido persuadir de esta opinión. No 
negaré que el temperamento y alimentos pueden in- 
fluir algo en la robustez, y disposición del cuerpo, y 
hacerlos mas o menos *"', según sus cualidades; y mu- 
cho mas puede influir en mi concepto la educación, 
por la cual se imprimen en el animo las ideas que 
determinan sus operaciones; pero negaré siempre que 
estos sean unos estorbos incapaces de vencerlos, como 
muchos piensan. Convendré sí en que costar¿'i tra- 
bajo; pero no en que es imposible. 
Los yndios 122. Por reiteradas csperiencias tengo conocido 

Guarnnis no , i • ,-> 

son perezo- quc los yudios Guarauís no son tan perezosos como 
los suponen; ni aun se les devc notar de perezosos. 



> Así en el ms. En la edic. de Áng'elis: han adquirldc. 

2 Así en el ms.: más correcta la edic. de .Vng'elis: una perfecta civi- 
lidad. 

' En la edic. de .Vngelis: del amor proi)io. 

* Eq la edic. de An^-elis: deseo de salir. 

5 Asi en el ms., y es errata: más corréelo en la edic. de Angelis: y 
al)atimier,*-o. 

^ En la edic. de Angelis: mas 6 menos activo, En la copia mf. se 
omitió esta última palabra. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 255 

Del pueblo de Candelaria destinó a trabajar al de 
Santa Maria la Mayor a cuatro indios aserradores, 
por no haver yndios de este oficio en Santa Maria: a 
estos se les señaló de jornal a dos reales * cada dia, 
el uno para la comunidad de sn pueblo, y el otro para 
ellos: en dicho pueblo trabajaban de sol a sol muy 
gustosos por el jornal que savian que estaban ga- 
nando. Llegó el caso de haver de despedir dos de 
ellos, por haver aprendido * ya a serrar otros de Santa 
Maria: ninguno de los cuatro queria ser despedido; 
todos querían continuar, sin acobardarse del fuerte 
trabajo da la sierra, y les causó mucho sentimiento 
cuando los despidieron. Lo mismo ha sucedido con 
los que han trabajado de calafates en los barcos de 
San Josef; y, en fin, cuantos se emplean en estos tér- 
minos, trabajan con gusto y empeño. 

123. Todos los españoles empleados en los pue- 
blos tienen uno, ó mas yndios que los sirven, sin 
darles mas ¡jornal que la comida, el vestido y algún 
corto regalillo: y con solo esto son mui puntuales, y 
eficaces sirvientes, sin que jamas se escusen a lo que 
se les manda, aunque sea trabajosísima la execucion; 
y el mayor castigo que puede dárseles a estos sirvien- 
tes, es el despedirlos, por que es cosa que les cuesta 
mucho sentimiento. 

124. A qualesquiera yndio que se le ofrezca ' un 
corto interés, está pronto a todo cuanto quieran man- 
darle, ofreciéndose ellos mismos \ y procurando ser 
preferidos a los otros: con que estos no son procedi- 
mientos de perezosos; por que, sí lo fueran, ningún 
interés les moviera a trabajar. 

125. En todas partes en que los yndios Tapes los 



' En la edic. de Angelis: de jornal dos reales. 

- En la edic. de Angrelis: por haber ya aprendido. 

^ En la edic. de Angelis: Cualquier indio á quien se ofrezca. 

■* En la edic. de Ángelis: brindándose ellos mismos 



25G boletín de la real academia de la historia. 

ocupan pagándoles jornal, son muy buenos peones; 
como se experimenta en la ciudad de Buenos Aires, 
y en todas las de españoles, que los prefieren a otros 
peones: conque al no ser aquí aplicados es por que 
les falta el estimulo de la paga. 

sonnotadosde 12G. También sou uotados do ladroucs: y es ver- 
a roñes. ^^^ ^^^^ robau quanto pueden; pero a ello les obliga 
la necesidad: ellos apetecen cuanto ven, y mucho más 
lo que no hay dentro de los pueblos; y, como lo de- 
sean y no tienen como comprarlo; y, aunque tubie- 
ran, no hallarían quien se lo vendiera, no cono- 
ciendo otro modo de adquerirlo \ roban si hallan 
ocasión. Vien es que ya no es tan general este vicio, 
en el que no conciven infamia; pues tal vez al que 
este año lo castigaron por ladrón, al siguiente lo ha- 
cen alcalde. Yo en este vicio descubro en los yndios 
vna buena disposición para civilizarlos, y hacerlos 
laboriosos; pues una vez que codician lo brillante, se 
les proporciona poderlo adquerir " a costa de su tra- 
bajo, se aplican •'' con empeño; lo que no sucedería, 
si mirasen las cosas con indiferencia. 

Govierno par- 127. Para Completar esta relación, quiero referir 

ticularde ca- . , . • i i i . ^^ .■ 

.la pueblo, aqui lo mas particular del govierno político y econó- 
mico de estos naturales, según la generalidad con que 
k) practican en estos pueblos*, para que Vm. venga 
mas conocimiento * de las luces, genio y costumbres * 
de todos ellos. 

/"Se contiiuiai'á.j 



' En esta forma se repite varias veces en la copia ms. En la edic. 
de Angelis: de adquirirlo. 
2 En la edic. de Angelis: si se les proporciona poderlo adquirir. 
^ En la edic. de Ángelis: se aplicarán. 

■* Así en el sis. En la edic. de Ángelis: venga mas en conocimiento. 
5 En la edic. de Ángelis: y costumbre. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO III. Noviembre, 1883. cuaderno v. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS. 

El Si-. Director ele ki Academia ha hecho á esta el donativo de 
su notable obra en dos volúmenes titulada El Solitario, en que 
describe la vida y méritos literarios del Sr. Estébanez Calderón. 
Por la parte que se refiere á la historia contemporánea, sólo dire- 
mos que difícilmente se encontrará un cuadro de ella que mejor 
dé á conocer su curso y sus tendencias. El Sr. Cánovas ha hecho 
asimismo el regalo de un ejemplar de su obra ;l cada uno de los 
individuos de la Academia. 



La Academia ha recibido con agradecimiento la comunicación 
•le D. Juan Ochoa de Alaiza, cura párroco dé Tres Puentes (Álava)^ 
en que da noticia del estado actual del despoblado de Iruña [Sues- 
^atio) incluido dentro del término de aquella parroquia. El cas- 
tillo que fué de la orden de San Juan y su próximo santuario do 
Dónela, que contenía preciosas lápidas romanas, yacen en la 
mayor desolación; pero, gracias al celo inteligente del Sr. Ochoa 
de Alaiza, muchos epígrafes no se han destruido; y de ellos en- 
viará improntas que rectifiquen ó confirmen los ya publicados, ó 
au mienten sa número. 



18 



258 noLETÍN DI-: la rkal academia de la HISTORLA. 

El Académico Sr. Colmciro ha presentado impreso el primer 
volumen de su Introducción á las Cortes de los antigaos reinos 
de León y de Castilla. El segundo volumen, que la Academia ha 
visto y aprobado, se dará <á luz en breve término. 



La Comisión que entiende en la edición de las Cortes propias 
de los estados de Aragón ha acordado, con beneplácito de la Aca- 
demia, dar el testo puro latino ó vulgar de las actas auténticas, 
sin traducción al castellano, reservando para el fin de cada volu- 
men y para la introducción general los comentarios é ilustraciones 
que considera oportunos. 



El Sr. Académico D. Eduardo Saavedra ha presentado copia de 
una inscripción romana, recien hallada en Tarragona mientras 
se derribaba una casa en la plaza del Payo!, que ha sido recogida 
por él Sr. Fernández Sanahuja, conservador del Museo de aquella 
capital. 

D • M 

P • COR • SECim 

D\SO • CORne 

LLA.-BARVCINA 

MARITO he 

NEMEREN// 

En Cabeza del Griego [Ilübner 3097) dedicó una lápida votiv;t 
Cornelia Bessuca; y en Sahélices (Hübn. 3130^ apareció la memoria 
sepulcral de Cecilia Panfila, erigida por su esposo Cecilio BarsO' 
wis. Tanto este último nombre como el de Barucina. inclinan el 
ánimo á pensar que representan origen ó procedencia de familia 
oriental y de estirpe tal vez hebrea ó siriaca. 



La Introduccit'iK que [)0r encargo de la Academia ha escrito su 
sabio individuo el Sr. Colmciro, sintetiza con claro método y adc- 



ACUIiUDOS Y DISC.L'SIO.NICS 1)1-; LA ACADKMIA. 2")',) 

<-üada exposiciíjii tudo lo que encierran los cuatro voliínieiies do 
Cortes de León y Castilla ya piildicaili)^. Divúli'se en dos partes. 
La primera, o sea Historia de las Cortes de León y Castilla, llega 
hasta la página 108; la segunda, mucho más extensa y consagra - 
■da al Examen de los cuadernos de Cortes , llega en el primer vo- 
lumen hasta el lin del reinado do I). .Juan II. 



La x\cademia oyó con sentimiento la noticia de haber fallecido 
■en Bai'celona el día 5 de Octubre último, su doctísimo correspon- 
diente D. Andrés Balaguer y Merino. 



Ha sido elegido correspondiente extranjero el sabio literato 
alemán Dr. D. Godofredo Baist, autor de muchos y muy notables 
trabajos críticos. sobre el texto de los más preciados autores espa- 
ñoles y extranjeros de la Edad Media que abrillantaron el florido 
vergel de nuestra historia y literatura. 



El Académico de número Sr, Fernández y (ionzález ha coii- 
menzado á leer, siendo escuchado con gran placer por este Cuer- 
po literario, la serie de sus notables ostudios acerca de los nombre^ 
geográficos y memorias recónditas del antiguo Madrid y sus al- 
rededores. 



El Sr. Fabié en luminoso escrito ha dado cuenta de los recientes 
descubrimientos de antigüedades egipcias que han resultado do 
las excavaciones mandadas practicar por la municipalidad do 
Eoma en el sitio donde estuvo el famoso templo de Isis. 



El Académico honorario, D. Augusto Pécoul, ha encontrado en 
Paris y adquirido para nuestra Biblioteca, la voluminosa obra 
Specimen Bibliotliecae Hispano-AIaynnsianae , apostillada de puño 
V letra del mismo Mayans. 



260 COLETiX DE LA REAL ACADENHA DE LA HISTORIA. 

El Sr. Barros Silvelo, antiguo correspondiente de la Academia 
en la provincia de la Corana, expuso verbalraente en la sesión 
del 2G de Octubre el resultado de sus últimas investigaciones ar- 
queológicas sobre el terreno que ocupan las minas de San Martín 
de Mean. Presentó una hacha de cobre, una lámpara romana con 
la inscripción 

OFF • c • 

y una moneda de oro con el busto y letrero del Rey Egica, acu- 
ñada en Gerona (gervnda pivs), la cual recuerda tal vez algún 
acto de munificencia, análogo á los de Recaredo y Wamba en fa- 
vor de la basílica de San Félix de aquella ciudad. 



El Sr. Fuentes, nuestro corresponsal en Murcia, solicitó de 
nuestra Academia luz y apoyo para averiguar el paradero de los 
restos mortales del ínclito murciano D. Diego de Saavcdra Fa- 
jardo, que es sabido fueron trasladados desde el demolido con- 
vento de Recoletos al templo de San Isidro el Real de esta corte. 



En 29 de Octubre lütimo, monseñor Isbert, presidente de la 
iglesia de San Isidro, descubrió los restos de Saavedra Fajardo, 
y el Sr. Director de la Academia se presentó inmediatamente des- 
pués del hallazgo. El Sr. Marqués de Molins ha sido encargado 
para ilustrar la Academia sobre este punto. 



lia encontrado D. Pr(3culo Garrachón, rico propietario de Yi- 
llasirga, un gran mosaico romano dentro de su heredad, vecina 
al trayecto de la vía romana, que pasaba por aquella villa diri- 
giéndose á la próxima lacorriga (Carrión de los Condes). El mo- 
saico será probablemente cedido en venta por el Sr. Garrachón 
al Museo anjucológico nacional. 



INFORMES. 



CARTULARIO DE LAS ABADLAS DK LA COUTURE Y DE SOLKSMES. 



Una pequeña colonia de monjes benedictinos franceses, expul- 
sados de su país nalal, ha venido á ocupar el célebre y abandonado 
monasterio de Silos, cuyo nombre suena siempre con gusto en 
los oídos de todos los que se dedican alcultivo.de la historia patria 
y de la literatura. Conservadores de los restos del saber antiguo, 
cultivadores de casi todos los conocimientos del saber humano, 
agricultores laboriosos é inteligentes, al par que escritores con- 
cienzudos y eruditos, investigadores infatigables, críticos avisa- 
dos y discretos, austeros siu grosería, piadosos ú la par que cor- 
teses, hospitalarios y caballerosos, Jos benedictinos han llegado 
hasta nuestros días con cierta aureola y reputación envidiable de 
«aber y de virtud, que les ha proporcionado el respeto y simpatías 
de todos los sabios, hasta el punto de que para calificar un tra- 
bajo literario de paciente y laboriosa investigación, y de erudi- 
ción sólida y profunda, sea costumbre el decir es un trabajo de 
benediclmos. 

Desde el Sileuse, que nos lega una de nuestras más antiguas y 
preciadas crónicas, hasta los PP. Sarmiento y Feijóo, y nuestro 
correspondiente el P. Abad y Lasierra, nuestra historia literaria 
€ueñta con un gran caudal de sabios que han ilustrado la histo- 
ria, y los nombres de Berganza, Sota, Briz Martínez, Pérez, Saez 
y otros que sería prolijo enumerar, figuran en el ciclo literario 



•202 ÜOLETIX DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de nuesta historia al lado do los Mabillon, Ruiíiart y otros céle- 
bres benedictinos extranjeros. 

A pedir modestamente una limosna de libros llegó á las puer- 
tas de nuestra Academia, el moderno Prior de Silos Dom A. P. 
Guepiu, procedente de la célebre abadía de Solesmes, ilustrada re- 
cientemente con los nombres del abad Don Gueranguer, carde- 
nal Pitra y el renombrado obispo de Poitiers Mons'. Pie. Y los li- 
bros que pedía, y que la Academia con su habitual generosidad ha 
tenido á bien conceder al restaurado monasterio de Silos, no doi- 
mirán en los estantes de su librería, como eu ciertas llamadas 
Ijibliotecas de asociaciones civiles, donde sólo sirven de adorno, 
sin que nadie se tome la molestia de abrirlos, cuanto menos ma- 
nejarlos. La Academia puede tener la seguridad y convicción de- 
que sus libros no yacerán en Silos ni muertos ni aun dormidos^ 
sino que tendrán ese movimiento, (¡ue viene á ser la vida de los 
.seres inanimados; y sobre todo de los libros , que con esa vitali- 
dad honrosa adquieren también vejez honrada. 

Mas no fué eso tan sólo, sino que el P. Guepin, antes de recibir- 
los libros, tuvo á bien regalar á la Academia el precioso cartulario 
de las Abadías de San Pedro de la Gouture y de Solesmes, que 
motiva este informe, porque la Academia lo ha creído de tal 
mérito é importancia, que determinó nombrar comisión que lo 
examinara é informase acerca de él. Tal- es el motivo que obliga á 
los que suscriben á molestar por breves momentos la atención de 
la Academia. 

El cartulario de las Abadías de Saint Pierre de la Gouture y 
de Saint Pierre de Solesmes ha sido publicado en Mans, el año 
de 1881, por los benedictinos de Solesmes, á expensas y bajo Ios- 
auspicios de su iioIjIc y dignísimo protector el duque de Ghaulnes, 
cuya reciente pérdida lloran las letras y las artes al par del cato- 
licismo, ilel cual era uno de los más ilustres paladines. 

El cartulario forma, un enorme tomo en folio de 540 páginas, 
mas un pliego de foliación preliminar, que podría dar unos ocha 
toinilos de nuestra literatura de bolsillo. De esta obra sólo se han 
lirado 300 ejemplares numerados. «El de la Academia lleva el nú- 
mero 1)5, motivo demás para agradecer el obsequio. 

Acompañan al texto curiosas láminas grabadas con vistas de 



CARTUI-AlUO D1-; LAS AHADIAS DE LA COCTL'HE Y DE SOLESMES. '2*'wj 

sepulcros, edilicios, sellos, y lodo lo que constituyo cu esta clase 
de obras una verdadera ilustración, á gusto do los saÍ3Íos y de 
las personas inteligentes, que en esto buscan la utilidad y no el 
mero recreo de la vista. 

El ilustre Mecenas deseaba ilustrar el cartulario con m¿ignífi- 
fos grabados de exquisito gusto, y decorar el libro con lindísimas 
fotografías y grabados en acero, para lo cual hizo grandes gastos 
con escaso fruto, habiendo llegado al extremo de hacer iluminar la 
iglesia con luz eléctrica, áfin de obtener fotografías de los bajo-re- 
lieves colocados en parajef] oscuros, sin obtener el resultado ape- 
tecido. La máxima del duijue de que para no hacer bien las cosas 
valía más no hacerlas, ha sido funesta en esta ocasión como en 
otras muchas. Nuestro axioma dice con razón, que lo mejor es ;í 
veces enemigo de lo bueno. 

Ni aun quería reproducir los dibujos, los sellos y otros objetos 
antiguos de San Pedro de la Gouture, y eso que, destruido el mo- 
nasterio, ya no había más que esos grabados, y por tanto era im- 
posible mejorarlos sin falsearlos y faltar á la verdad arqueológica. 
Por imestra parte estamos muy lejos de pensar así, y, entre esa 
exageración del idealismo estético, y la opuesta de la tosquedad 
de un grabado antiguo, parece que debe haber, corao en todo, un 
término medio regular y prudente. 

Entre estas reproducciones de los antiguos toscos grabados de 
San Pedro de la Gouture son notables la planta del destruido 
monasterio tomada á vista de pájaro, como otras muchas que 
se ven en las obras del siglo xvii, tal como en el Acta Sanctoriim , 
la del sepulcro del obispo Goselin (Gosselimis) de Mans, que los 
franceses convierten en Ganzoliéne , el del Gonde Ilého , la gran 
plancha de bronce sobre el sepulcro del obispo Pascual de Huge- 
not, que estaba en el coro, y otros varios de abades de los si- 
glos XIV y w, hasta el de Miguel Bureau, que murió en 1518, y 
cuyo sepulcro, de distinto género y con estatua yacente, marca ya 
la transición del gótico al plateresco. Doce son las láminas que 
representan sepulcros ó lápidas sepulcrales hasta esta fecha: 
cuatro planos y vistas de las Abadías de la Gouture y Solesmes, 
y además 36 sellos y escudos heráldicos grabados é intercalados 
en el texto y las portadas. 



26i boletín de la. real academia de la HIST0RL4. 

Precede á este medio centenar de grab¿idos, verdadero modelo 
de ilustraciones arqueológicas é historiales, el precioso retrato en 
acero del abad Don Gueranguer, dibujado y grabado por Faillard 
con la mayor delicadeza, y con tal propiedad, que desde luego es 
de aquellos de los cuales suele decirse, que no les falta más que 
hablar. Muestra este precioso grabado, distinto de todos los otros 
por su finura, á diferencia de las reproducciones de los toscos gra- 
bados del siglo XVI, lo que deseaba el duque de Ghaulnes, y á lo 
que a.spiraba y no pudo alcanzar. 

Tal es el cartulario de Solesmes en lo que podemos llamar su 
parte exterior: tiempo es ya de que, dejando de ver el monaste- 
rio y su libro, como quien dice por fuera, nos tomemos la li- 
bertad de entrar por sus puertas y examuiar su interior, ó como 
dicen, su historia interna. 

En las afueras de la ciudad de Mans, en latín Cenomanensis 
urhs, Cenomanensis ecclesia, construyó el obispo D. Beltrán, que 
lo era de a(|uella iglesia, un monasterio, á fines del siglo vi, pues 
se hace remontar su anligüodad al año 595, en tiempo del Rey 
Glptario. El cpiscopologio Genomancnse le llama al fundador 
Beatus Bertchranmis, y dice que rigió el obispado durante 37 años. 

Una antigua leyenda suponía, que estando en oración el obispo 
D. Beltrán se le apareció San Miguel, mandándole de parte de 
Dios que edificase un monasterio en el paraje que antes se lla- 
maba Vivereiis, al cual se le había de llamar de Cultura Dei, pues 
cultivo y cultura significa la palabra francesa couture, siquiera 
nosotros al referir esta palabra á la Divinidad le demos más bien 
el nombre de culto. Pero el testamento del obis[io Beltrán acre- 
dita, que en unión de otros obispos consagró la basílica de su mo- 
nasterio en honor de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, po- 
niendo en ella reli(¡uias de pilos; así que se rechaza la tradición 
del mandato angélico, como cosa legendaria. El obispo D. Beltrán 
tuvo culto en ella más adelante, y su cuerpo fué depositado en un 
arca de plata, el año 1512, colocando la ca])cza en otro relicario 
del mismo metal. 

El testamento de San Beltrán lleva la fecha de 27 de Marzo de 
015, y exprosa las granjas (cillas) que con dinero del Rey Glotario 
bahía adijuirido en tierra de Burdeos, Elampes y Gahors. 



CAUTULARIO DE LAS ABADÍAS DE LA COUTIRE Y DE SOLESMES. ■265 

Este documenlo es el segundo que exhibe el Cartulario junta- 
mente con un fragmento de las actas ó gesta de los obispos de 
Mans, que le precede. Sigue como tercer documento otro frag- 
mento de un testamento del año G'r2, otorgado á favor del monas- 
terio por San lladoindo (Hadoind). De aquí pasa al í^iglo x, lo cual 
manifiesta que la suerte del monasterio no fué muy próspera en 
los tristes siglos viii, ix y x, pues el quinto documenlo del Car- 
tulario es una donación del conde Hugo de Mans á fines de aquel 
siglo (990). 

Veinte años después aparece la fundación de la iglesia de San 
Pedro de Solesmes, dada al monasterio de Cultura, por el conde 
Gofredo de Sabol (Gaufridus de Sabolio), en que además cede 
varios cortijos (vicos) y alodios, con otros derechos señoriales ó 
feudales que en ellos tenía. Pero Solesmes no fué entonces má? 
que un modesto priorato, dependiente de la Abadía benedictina 
de Cultura, ó Couture, como otros muchos. 

Esta acreció mucho en el siglo xii, no sólo de adquisiciones, 
sino también de privilegios pontificios y reales. Honorio III, 
Gregorio IX y otros pontífices hasta Adriano YI inclusive, le 
concedieron exenciones, inmunidades y derechos parroquiales, 
juntamente con uso' de pontificales, báculo, anillo y mitra. 

No le fallaron tampoco algunas averías. En 1180 se quemó el 
monasterio: ardió otra vez en 130G. En 14-21 le pegaron fuego los 
ingleses, demoliéndolo en gran parle, y finalmente, en 15G2 lo 
saquearon los hugonotes, profanando las reliquias, violando los 
sepulcros, y destrozando la biblioteca, llena de ricos y antiquísi- 
mos códices. Al saqueo siguió el incendio. Y aún no fué eso lo 
peor, sino que á estos males materiales siguieron, en la general 
disipación del siglo xvii, otros morales, y la relajación de la disci- 
plina monástica, hasta el punto de que, habiendo traído el prín- 
cipe Mauricio Eugenio de Saboya monjes de la Congregación de 
San Mauro para la reforma del monasterio, los del monasterio de 
Cultura les cerraron las puertas. 

Tenía el monasterio á su cargo 100 parroquias, 26 capellanías 
y 50 prioratos, alguno de ellos en España. Cuál fuera éste no se 
sabe, pues un Buxedo, que allí suena, parece ser Bouessay. 

También padeció nuicho en el monasterio de Solesmes la dis- 



CGG boletín de La real academia de la hístorla. 

ciplina monástic¿i por la rapacidad y molicie de los abades co- 
mcníiatarios, que fueron la polilla de los monasterios opulentos 
de Francia en el siglo xvir, como lo habian sido en España en 
el XVI, y causa funesta de la ruina de muchos y de la decadencia 
de otros. 

El priorato, ahora Abadía de Solesmes, fundado á principios del 
siglo XI, como queda dicho, está situado á la ribera del Sarta, á 
media legua de !¿abol; su iglesia estaba dedicada á San Pedro y 
San Pablo como la de Cultura. El abad de este monasterio en- 
vinba á Solesmcs un prior, para regir el monasterio bajóla regla 
de San Benito. Creció mucho en importancia el priorato desde fines 
del siglo XV. Distinguióse en el adorno de la fábrica de la iglesia 
Guillermo Cheminal que construyó el altar de Nuestra Señora de 
la Piedad y el sepulcro del Señor, y tamliién un hermoso campa- 
nario de 200 pies de altura, que derribó un huracán el año l(i82. 
En 1532 el maestro Juan Bougler construyó también una mag- 
nífica capilla colateral, al lado del Evangelio en honor de la San- 
tísima Virgen, con cinco altares llenos de hermosas figuras de 
piedra blanca, representando varios pasajes de la vida de aquella, 
que aun hoy día llaman mucho la atención do los inteligentes y 
aiin más de las personas piadosas; como también las bellas vi- 
drieras de colores costeadas por entonces. Estas bellezas artísti- 
cas eran las que principalmente quería reproducir el duque de 
Cbaulnes en ricas láminas en acero. 

Consérvase también una espina de la Corona del Señor, que 
trajo Raúl ó Radolfo, señor do Saból, el cual fué á la Cruzada con 
Gofredo de Bullón. Tuvo la suerte este monasterio, el año 16Gi, 
de que Dios tocase el corazón del illtimo abad comendatario don 
Gabriel de Courses de Beauregard para que cediera el monasterio 
decadente á la Congregación de San Mauro, permitiendo á los 
monjes nombrar prior libremente, renunciando la encomienda 
prioral, no sin quedarse con algunos gajes. 

No fué gran cosa lo que ganó; pues al enviarle noticias á Ma- 
billon cu 1702 (pág. 396) se le decía, que el monasterio se hallaba 
desolado y em[)oI)recido por un falso hermano litular de él. Tam- 
poco mejoró gran cosa durante el siglo pasado, y la revolución 
vino á poner término á los abusos do aijuella aristocracia dege- 



CAflTULARIO DK LAS ABADÍAS DK LA C.OLTI'HE Y DE SOLKSMKS. 2()1 

nerad;i, que gastaha en orgías los liieues y rentas do ,m;i.n parlo 
de los monasterios de Francia. 

Quinientos son los documentos corrospondientes ¡I la Abadía 
de Gonture y priora'o de Solesmes, (jiio contieno este precioso 
Cartoral. La mayor [¡arte de ellos son de la Abadía de Cultura: 
de Solesmes apenas un medio ciento. Los cuatro íiltimos de este 
siglo son muy notables. 

El 41)7 es un decreto de Napoleón dado en Wiina el año 181?. 
prohibiendo se saquen do la iglesia de Solesmes las estatuas do 
piedra que la Prefectura quería ruttseizar (1). 
. Por el 498 Gregorio XVI, en 1337, erige el priorato de Solesmes 
en Abadía, y cabeza de Congregación. AI par de este documento 
y al frente de la pág. 402 se echa de ver la plantado la Abadía dr- 
Solesmes después de su restauración. Por primer abad y restau- 
rador fue nombrado el célebre Dom Luis Pascual Gueranguei-, 
solicitándolo así, no solamente el obispo de Mans, sino también 
los arzobispos de Tours y de Pnris. 

Los dos últimos documentos son del Papa Pió IX, dados en 
1875, confirmando por segundo abad de Solesmes al P. Dom León 
Bastido, y el último contiene un hermoso elogio del abad an- 
terior. 

Tal es el curioso cartulario que la Academia nos ha encai-gado 
revisar, obra preciosa, por los documentos, por sus grabados ó 
ilustraciones y por su excelente desempeño, que la hace modelo 
de las de su clase, y obra propiamente de benedictinos en lodo el 
i'igor de la palabra. 

Madrid, -22 Junio 188:^. 

Vicente de la Fuente. Cesáreo Fernández Duro. 



(1) Palabra no admitida en el Diccionario, que significa hoy dia entre los literatos 
la torpeza de destrozar monumentos antiguos para sacar objetos arqueológicos á fin 
de llevarlos á los museos sin motivo racional. 



2G8 liOLETÍ.N DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTURIA. 



II. 



LA CATEDRAL DE MURCIA EN 1291. 



Señores Académicos. 

La carta original del Rey D. Sancho IV, fechada en -26 de Mayo 
de 1291, que nuestro docto correspondiente, D. Félix Martínez 
Espinosa, arcediano de Murcia, ha encontrado recientemente en 
el archivo de aquella Santa Iglesia, dice así: 

«Don Sancho, p[ojr la gracia de dios Rey de Castiella, de 
[Toljedo, de León, de Gallicia, d[e] Sevilla, de Gordova, de Mar- 
[cia], de Jahen e del Algarbe, [a vo]s don Diego, por essa misma 
gracia Obispo de Cartagena, S[a]lud commo a aquello que quiero 
bien e en que fio. 

í>Vi vuestras cartas, que me enviastes con Pero guillem com- 
pannero de vuestra Eglesia en rracon de la translación de la Egle- 
sia de Garta[gen]a a Murcia, e que deriades que el papa avia en- 
viados sos del[egado]s alia sobre esta rracon, e que me pidiades 
mercet que lo toviesse p[or bie]n. Et pues el papa lo quiere, e yo 
veo que es servicio de [dios] e mío, e pro e onrra daquel lugar, 
plaze me e [lo ten] go por bien. Et sobresto escrivo mi? cartas alos 
de Cartagena e alos de Murcia, en que les mando que les plega e 
lo tengan p[or] bien, e que vos ayuden en todo lo que fuere y 
mester en guisa que [es] te fecho venga a acabamiento. Empero 
ruego vos (¡ue toda via guisedes commo tinquen algunos com- 
panneros de la Eglesia en Cartagena por onrra daquella Eglesia 
c del logar; e en esto fazer medes servicio, e yo gradecer vos lo 
e, et fazer vos e siempre Ijien e mercet por ello. 

«Olrossi, a lo que me enviastes pedir mercet con Pero Guíllcm 
vuestro mensagero, en que deciades que vuestra Eglesia se derri- 
bava e eslava mal parada, e que vos mandasse fazer alguna ayuda 
para vuestra [Egjlcsia de la madera que acábeselo en Guarda- 
mar e en Alicante e en essos otros logares, (jue la truxo la for- 
tuna de tierra de Valencia, tengo por bien [q]ue vos den ende 



LA CATEDRAL DE MURCL\ E.\ Vi'M . ÍO'.) 

(|UÍnieulos maderos. Et sobresto envió mi carta a Jolian sanche/. 
adelantado, que vos la faga luego dar. 

))Dada en Burgos xxvi dias dií Mayo, Era de mili. cr.n.xxix. an- 
uos. Alfonso peres la mando fazcr por mandato del Rey. Yo Mar- 
tin Alfonso la fis cscrcvir. Alfonso peres. Es[idroj gonsales. — Vi- 
dit Garsia ferrandes.« 

Tres días después, cumpliendo su promesa, escribía el Rey il): 

«Don Sancbo por la gracia de Dios, Rey de Gasliella, de Tole- 
do, de León, de Gallicia, de Sevilla, de Gordova, de Murcia, do 
Jaben e del Algarbe, al Goncexo e a los Alcaldes e Algnazil do 
Murcia salud e gracia. 

«Bien savedes en como el Olñspo c el Gabillo de Gartagena tra- 
baxaron tiempo lia, e Irabaxan por mudar la Sey y en la villa do 
Murcia; et esto tengo que es mío grande servicio e pro ct honrra 
de todos vos, que por que la villa sea mas lionrada e mas precia- 
da por ello. Por que vos ruego e vos mando que vos que les aiu- 
dedes en quanto pudieredes en ello, e que les dedes vuestras car- 
tas aquellas que obieren menester sobrestá razón, en guisa por 
que este fecho venga en acabamiento, e yo grasdecer (2) vos lobo 
mucbo, e fazervosbe siempre bien e merced por ello. Dada en Bur- 
gos veinte y nueve dias de maio, Era de mil e trescientos o veinte 
e nueve años. Alfonso peres lo mandó faser por mandado del Rey. 
Yo Martin Alfonso la fis escrevir. Alfonso Pérez. Esidro Gonza- 
les (3). V,' Garci Ferrandes.» 

Guánto tiempo, por qué motivos y en qué trabajos anduvieron 
el Obispo y Gabildo de Gartagena con la solicitud que indica el 
Rey, nos lo bará ver la bula de Nicolao IV, fechada en Rieli do 



(1) A falta del original que busqué, mas no encontré, doy el texto copiado por don 
Asensio de Morales en el libro de Privilegios reales. Bulas y otros instrementos ii/tpor- 
tantes (fol. "4 vuelto, Tó recto), compilado en 1751 para el archivo de la Santa Iglesia de 
Murcia. La fuente del trasunto, hecho por Morales, fué otra copia extendida en el Li- 
hro autliorizaár. del mismo archivo, qu3 no sube más allá del siglo xv. 

("2) Morales, ó su amanuense: «grasdezoa vos lo he mucho. >> — La errata se ha desli- 
zado en la impresión quede la carta ha hecho el Sr. Fuentes en la página 61 de las 
Fechas Murcianas Murcia. 1882). No ha muchos días he recibido de este docto escritor 
la hoja volante, impresa, ([ue rectifica, con arreglo al original recién descubierto, la 
primera edición (Fechas Murcianas, pág. ."JS y 59) de la regia carta al Obispo. 

(3) Morales «Gomes:» pero se opone el original de la carta anterior. 



"270 boletín de i. a üeai. academia de la historia. 

Xápoles, H 13 de Setiembre de lv!89. La estimo inédita, pues no la 
consigna Potlhast en su preciosa obra Regesta Romanorum Pon- 
tificum, continuación de la de Jalí'é. Un traslado aiUéntico vino 
directamente á la catedral de Murcia en 1772, y lo he visto y co- 
piado al pié de la letra: 

(dn nomine Domini, Amen. Hoc est exeinplar autiienticum quarumdam 
Litfceranim apostolicarum fe!, rec. Nicolai PP. IV teuoris sequentis vi- 
delicet. 

«Xicolaus cpiscopus, servus scrvorum Dei, dilectis filiis... (11, 
Abbali de Benifacani Cisterciensis et... (2) Priori de Porta Geli 
Gartusiensis ordinum monasteriorum, Dertusensis el Yalentine 
diocesium, salutcm et aposlolicam benedictionem. 

)i Accedí t-Matris Ecclesie sinceris aíTectibus ut íMeles suos in 
viam pacis dirigat et mentis tranquillitate custodiat, curet ipsos 
a qaibuslibet perversitatibus preservare. Sane vcnerabilis frater 
noster... p]piscopus ct dilecti íilii Gapitulum ecclesie Carlhaginen- 
sis nobis e.vponere curaverunt quod, eis olim significantibus feli- 
€is recordationis. Nicolao papae IH Predecessori nostro |3i,quod 
civitas Garthaginensis in loco sita dinoscitur propter mare medi- 
terraneum fretum iníidelium feritati vicino, a christiano quoque 
incolatu semoto, quod ipsi et cives Gartliaginenses Agarenorum 
et aliorum etiam, qui sub velamine tituli christiani laxantad in- 
jurias manus suas, vexati insultibus, ingressum et regressum ad 
civitafem ipsam liberos non habentes, plerumque gravia dampna 
in pcrsonis et rebns incurrunt; populus quoque Garthaginensis 
diócesis similiter propter viarnm discrimina, que ex inepta pre- 
l'ali loci dispositionc crebrius suscita ntur, nequáquam iiisi forsan 
gressu interdum clandestino, vel cum ducatu comitum competen- 
ti, adire civitaiem eaiidem prosumunt: undeex hiis et alus variis 
incomodorum arliculis prediclc civilatis habitatio fidelianí quieli 
adco redditur onerosa, (]uo<l ibidem ])rcvis habelur numerus in- 



(1) Según el catálogo (jiie trae Villamieva (Viaje litei-ario, i\,\G\) comenzó é. ser 
abad de Benifaaá en 1263 Berenguer de Concabella, en 128:j (iuillem, en 1"289 Pedro Vi- 
Inrnau y en 12!IJ Ramón Bernat. El primero de los deleg-ados i)on,tiflcios, á quien se re- 
fiere la carta del Uej-, fué, de consiguiente, Pedro Vilarnau. 

(3) ¿Raimundo de Bañuts? 

(:i) Fu»' coronado á '2G de Diciemlirc de \T,~, un mes desinu'-s d<- su elección. 



LA CATKDIíaL 1)K mi liiWA V.S lví?l . 271 

colaniin, ot prediclus populus lurbalur veheineutcr ct rcdJilur 
Carlhaginensi Ecclcsie indcvotus. Unde prefati EpiscopusetCapi- 
tiilnni asserenlos quod castrum Murlie, iii cadem diócesi consti- 
liiluin, est locus honorabilis et insigiiis, ac aptas iii hac parte vo- 
lis popüli mcmorali, eidcín Predecessori humiliier supplicarunl 
lít scdein Carlliaginensein adcaslruin ipsiim traiisrurtíndi liheraní 
cis coiicoderet facaltalem. Ídem vero PreJecessor, cupicns iiislrui 
et plcniíis iiiforinari aii preniissa verilale clarercnt, an hujnsmo- 
di postulatio Clero el po[)ulo prcfalis votiva exislcrct ac saluti ct 
ulililali expediret eorum, el au in chrisliaue professionis reduu- 
<laret honorem, si ejus professorcs fugereiit a facie inimici, et an 
eliain ex hoc Christicolis illarum parlium materia scandali pa- 
rarelur, Venerabili fralii nostro... (1) Episcopo Dertuseiisi ac 
tibi (2), fili abbas, per suas sub certa forma dedil litteras iii man- 
datis ut super hüs et alus circunstantiis, quas hujusmodi ncgolii 
desideraret condilio, inijuircretis diligentias veiúlatcm, et de- 
mum que iiiveniretis per veslras litlcras, cariimdem litlerarum 
ipsius Prcdecessoris seriem continentes, sibi intimare fideliter 
ruraretis ut, veslris inslructionibus informatus, in eis proulipso- 
rum exigeret qualilas tute posset procedíu'é ac consulte. 

«Verum quia, sicut iidem Episcopus et Gapitulum Carlliagi- 
nenses nobis exponere curaverunt, dictus Episcopus Dertusensis 
et tu, Abbas predicte, per ipsius Prcdecessoris litteras, quarum 
¡íucloritas, re adhnc existente integra, per ipsius obitnm (3i expira- 
i'al, procederé non curastis, iidem Episcopus et CapiLulum Gailha- 
ginenses itéralo ad Apostolicac Sedis providcntiam recurrerunt. 
Nos itaque, prcdictorum Episcopi et Gapiluli Garthagínensiuin 
supplicationibus inclinati, cupientes eos optatis desideriis conso- 
iari, discretioni vcstre, de qua plenam in Domino fiduciam obli- 
uemus, cum prefatus episcopus Dertusensis in remotis agat ad 



(1) Arnaldo de Jardino. Lo que refiere ¡a bula se debe ag-rqgar á las breves noticias 
acerca de este Trelado que recoj^ió Viltanueva. ( Viaje Ut., v, ítl, 92.) 

['i) La bula, como lo ha hecho arriba tratando del obispo de Cartagena, se fija inme- 
diatamente en la dignidad: y por ésta en la persona individual, que puede ser con el 
tiempo diversa ó sucesiva. 

(:<) Murió Nicolao III el dia "22 de Agosto de 12-<i). 



272 boletín de la real academia de la HISTOnLi. 

presens il), per Apostólica scripta niandamus quatenusiiihujus- 
modi inquisitionis negotio procedatis juxta predictarum ipsius 
Predecessoris ad eundem Episcopam Dertusensem ct te, predicte 
abbas, directaram super hoc coiitiiientiam littoranira, et demum 
que inveneritis per vestras litteras, harum seriem continentes, 
nobis studeatis fideliter intimare. Non obstante indulgentia, sí 
qiia vobis et ordinibns vestris ab Apostólica Sededicitur essecon- 
cessum quod non teneamini vos intromittere de quibuscumque 
iiegotiis, que vobis a Sede committuntur eadem. 
»Dad. Reate, Idibus Sept. Pontif, nostri Anno secundo. 

))De9cr¡ptum et recognitum ex Regesto Litterarum Apostolicarum Nico- 
lai PP. IV. quod asservatur in Archivo Secreto apostólico Vaticano An. II 
ep. o09. cum quo coUatum concordat. salvo etc. In quorum fidem hic me 
subscripsi et sólito sigillo signavi. 

i)Dabíim ex Archivo prefato Cal. Febr. Anno Domini 1772. Ind. V, Pon- 
tificatus Sanctissimi in Christo Patris et Domini nostri, Domini Clementis 
Divina providentia PP. XIV. Anno III. 

D(Lugar del sello.) Joseph Garansius Archivo predicto Praefectus.» 

Está este ejemplar auténtico en tres pliegos de papel, cosido?^ 
con hilos de seda, color verde y rosa. El ejemplar de la Bula ori- 
ginal, á mediados del siglo pasado existía en el archivo catedral 
de Murcia. Morales, quien allí lo vio y no sin erratas lo transcri- 
bió (2), lo describe en esta manera: 'íEs original, escripia de letra 
antigua en pergamino. Le falta el sello que parece haver tenido 
pendiente de un cordoncillo de ctiñamo, que le permanece atado á 
su pié en la forma acostunibrada.y) Nadie me ha sabido enterar de 
su paradero \'¿\. 

(1) No firmó entre los Prelados que asistieron á las Cortes generales de Cataluña 
(25 Diciembre 1291 ^ 23 Marzo 1292;; pero si en el concilio coetáneo de Tarragona (sá- 
bado, lo Marzo de 1292). 

(2) Privilegios, Bulas, Donaciones y Confirmaciones j- otras escrituras que so liallan 
originales en el Archivo y Tumbo délas santas iglesias de Murcia, Cartagena, Muía y 
Jumilla; fol. 713 recto-715 recto. Códice ms. en la biV.lioteca de la Real Academia de !n 
W'iatoT'iSi, esíante'25, ffrada ].', C, miTa. 12. — Morales encabezó su transcripción con el 
titulo anacrónico y relativamente moderno, que probablemente sacó del dorso del per- 
gamino original: «fínla (leí Papa Xicolao ÍT sohrcla translation de la S.^^Iffl.' ieCart.'"' 
i'r Murcia.» 

(3) Se me liabló de un rimero de bulas viejas, que á nadie se dejan ver: especie ridi- 
cula é incongruente á la notoria ilustración del Cabildo. 



LA CATEDnAT- DR MURCIA EN 1-291. 27.3 

La traslación déla Sede á Murcia, si bien conservando el lílnlo 
de Cartagena, debió de hacerse en 1291. Pruébanlo en primer la- 
gar las palabras del Rey en Mayo de 1291 , tanto de por sí, como 
confrontadas con las de la l)ula que acabáis de oir, fechada en 
13 de Setiembre de 1?8!). Los delegados apostólicos tuvieron su- 
ficiente espacio para cumplir su comisión y dar lugar á la expre- 
sión favorabledel asentimiento de la Santa Sede que uolilicó el 
Obispo al Rey, y este consignó en su respuesta: "é pues el Papa 
lo quiere, ct yo veo ques servicio de Dios ó mió, ó pro ó honra de 
aquel logar, 6 lo tengo por bien.» En segundo lugar lo indican 
las actas de convocación al concilio de Valladolid, que publi- 
qué (1), en su parte relativa á la escena, harto curiosa, de que fué 
teatro la catedral murciana el 27 de Febrero de 1292. No estará 
de más reproducir aquí este notabilísimo documento: 

«Veinte siete dias de febrero, Era de mili ccc et treynta .iños, ante San- 
cho de LnQano Arcidiano de Cartagena et Guillem Reuion arcidiano de 
Lorca et Pasqual Pérez Cliantre de la Eglesia de Cartagena et Johau Pérez 
Canónigo de la dicha Eglesia, et Pedro Guillem et Gun9alo Pérez rracionc- 
ros de la dicha Eglesia, en presencia de los Notarios de iuso escriptos, com- 
parecieron Johan Perez et Pedro Garcia clérigos del Ar9obispo de Toledo 
en el choro de la Eglesia de Santa Maria la mayor de Murcia con una carta 
(íHcripta en pergamino de cuero et seellada con el seello colgado de Don 
Gor9alo por la gracia de Dios Arcobispo de Toledo que dice asi : Gundi- 
salvHS Dei gratin, etc., venerabili io Christo patri, Domino Didaco episcopo 
Carthaginensi, etc. Data apud Alcalam VIIF idus Januarii, anno Domini 
millesiino cc° nonagésimo primo. 

))La qual carta el dicho Pedro Garcia comeiig ó á leer; et los dichoa Arci- 
diano et Chantre et canónigo et racioneros dixieron que si los dichos Johan 
Pérez et Pedro Garcia trayian alguna carta del obispo de Cartliagena que ge 
la oydrian, mas otra carta nol consintirian, nil dexarian leer; ca non era 
tiempo uin razón, porque estaban diziendo sus oras; et que atendiesen fata 
que las oras fuessen dichas. Et ante que las oras fuesscn acabadas, los so- 
bredichos Arcidianos et Chantre et canónigo et Racioneros fuéronse. Et los 
dichos Johan Pérez et Pedro Garcia atendieron fata que fueron dichas las 
oras, et dixieron que leerien la carta si oviessen a quien. 



(1) Actas íne'ffitns de siete rancilios espaTio'i:s. ^celebrados rJesdr i-l aTio r2fí"2 /ias!a el de 
1311. pág-. 1S3-19:!: Madrid, 188-2. 

•Ycv.c i:r. l'J 



•274 DOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»Etdesto que sobredicho es, et en como pasó, los diclios Johan Pérez et 
Pedro García pidieron á Loren9o García et Bondiico Forés et Per Andrés 
Notarios públicos do Murcia que les diesen ende este instrumento, signado 
con sus signos en testimonio.» 

Pruébalo, en fin, la muy fidedigna aseveración del obispo don 
Diego de Comontes, quien ;1 mediados del siglo xv dejó manus- 
crita la historia de sus predecesores en el libro, titulado Funda- 
mentum ecclesiae Cartliaginensis (1). Bien es verdad que la bula 
de traslación no aparece, aunque de un siglo á esta parte se han 
hecho esfuerzos repetidas veces para descubrirla en el archivo 
capitular y episcopal de Murcia, o para recabar su copia auténli- 
ca del Vaticano. Mas una larga experiencia de trabajos críticos de 
esta índole os ha demostrado , señores , que las catedrales de Es- 
paña han atravesado, ya por incendios ú otros percances de for- 
tuna, ya por violentas ó descuidadas miras, tal menoscabo en sus 
papeles y manuscritos antiguos, que de ninguno de ellos, á me- 
nos que se pruebe con evidencia que está completamente perdido, 
hay que desesperar el recobro. La bula de Nicolao IV, creando 
nuevos delegados para el informe previo á la traslación de la Sede, 
existía original en el archivo de la catedral murciana, como lo 
testifica Morales. ¿Dónde se halla actualmente? Tal vez oculta, de 
donde salga á lo mejor cuando menos se cate, como la bula de 
traslación. La carta original del Rey D. Sancho al obispo D. Die- 
go de Magaz, no la vio ni copió Morales, á quien le bastó el trans- 
mitirnos la copia del Libro authorizado; y, sin embargo, ha lo- 
grado encontrarla nuestro dignísimo correspondiente D. Félix 
Martínez Espinosa ; y apoyado y excitado por el sabio Cabildo 
de Murcia y del venerable Prelado do aquella gloriosa diócesis, 
nos ha hecho agasajo de la fotografía, que veis ahí, de tamaño na- 
tural, gemela de otra y otras destinadas á prevenir los efectos de 
luicva desaparición, y á plantear ancha base de operaciones en la 
contienda pacífica del ingenio. ¿Qué más diré? Dos bulas de Lio- 
cencio IV, originales, fechadas respectivamente en los días 5 y 6 
de Agosto de 1-250, que interesaban en altísimo grado á la Santa 

(l) Ví'ase en el Informe siguiente. 



LA CATEUU.VL ÜE MURCIA EX 1291. 27;') 

Iglesia (le Cartagena, ya no comparecen. La primera lleva el nú- 
mero JO y la segunda el 7 en el gran Códice, titulado: a Libro 1, en 
que están compulsadas las bulas y otros instrumentos importan- 
tes, que se Judiaron en el archivo de la sancta Iglesia Catedral de 
Cartagena, el presente año de 1751; formado á pedimento de los 
Tilmos, señores Dean y Cavildo, al tiempo del reconocimiento que 
de orden del Reí/ nuestro Señor (1) se executú de él por el S.'' D." As- 
censio de Morales, del Concexo de su Mag.^, su Oydor de la Real 
Audiencia de Sev.", y Juez delegado para Rexistro de los Arcliiv.^ 
de Cast.^ y Andal.^ (2).» Potthast (3), bajo el nüm. 14.032, cita la 
segunda |G Agosto), que publicó Sbaralea; mas la primera (5 Agos- 
to), ni siquiera la menciona. Cierro, pues, con ella mi breve In- 
forme. 

«Innocentius episcopus, servus servorum Dei, venerabili fra- 
tri... (4) Episcopo Carthaginensi salutcm et apostolicam benedic- 
•tionem. 

«Meritis tue devotionis induciraur ut te speciali gratia prose- 
quamur. Hinc est quod nos, tuis supplicationibus annuentes, tibi 
-auctoritate presentium indulgemus ut ad receptionem in Ecclesia 
■Carthaginensi, seu provisionem alicujus in pensionibus vel be- 
neficiis ecclesiasticis per litteras apostolice Sedis, aut Legatorum 
-ejus, de cetero compelli non possis nisi plenaní et expressam de 
•indulgentia hujusmodi feceriat mentionem. 

»Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginara nostre con- 
cessionis infringere, vel ei ausu temerario contrarié. Si quis au- 
tem hoc atemptare presumpserit, indignationem omnipotentis 
Dei et beatorum Petri et Pauli apostolorum ejus senoveritiiicur- 
■surum. 

»Dat. Lugduni, nonis Augusti, pontificatus nostri anuo oc- 
tavo.» 

Madrid , 12 Octubre 1883. 

Fidel Fita. 



(1) Fernando VI. 

(•2) Folio mayor de 1.122 páginas. 

(3) Regesta Poiitificuní Romanonun, inde ab anuo post C/rristuiu nation mcxcviii ad 
a. Mccciv; Berlin, 1875. 

(4) Pedro Gallego. 



276 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMLA DE LA HIsTOIUA. 

III. 

BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA SEDE CARTAGINENSE- 
POR EL OBIíPO D. DIEGO DE COMONTES. 



Es'inédito. El ejemplai- más precioso, U\l vez autógrafo del au- 
tor, era el Códice, que en el suyo propio (1) vio y describió don 
Ascensio de Morales: «Assimisrao cerlifico que en el referido Ar- 
chivo (2) se halla un libro antiguo, el qual tiene por [ii\i\o Funda- 
mentum Ecclesie Carthaginensis; el qual parece fue formado por 
la Era (3) de mili quatrocientos y quarenta y siete, por el Obispo 
D." Diego de Gommontes, y trassumptado en forma jurídica de 
el antiguo por el año de mil seiscientos y dos, mediante á hallar- 
se el Original mui maltratado; en cuio libro se halla apuulado el 
origen de la Iglesia de Cartagena, sus costumbres y estarutos an- 
tiguos, y al folio [18 hasta el 29 inclusive] (í) se refiere la erec- 
ción y fundación de la Iglesia por el referido Obispo. « No, ha- 
bieudo encontrado el ejemplar en la catedral de Muic.ia, me de- 
beré contentar con el traslado que hizo Morales, y-que obra en 
nuestra Biblioteca (5), anotándolo brevísimamente y restituyén- 
dolo, cuanto se me alcanzare, á su pureza nativa con arreglo á los 
principios de una Crítica sana y sobria. Da gozo ver cómo desde 
San Isidoro y el Biclarense, los Prelados españoles han escrito y 
recogido páginas que sirven al historiador de modelo y de espejo 
constante á la Historia. Hace un siglo, la obra del sucesor de don 
Pablo de Cartagena se citaba con harta ligereza y como perdi- 

(1) Real Academia de !a Historia. Colección de privileg-ios y escrituras de las igle- 
sias de España, lomo xii (est. 2.", grada 1.*, C\ Ibl. 'Adl recto. 

(2) Catedral de Murcia. 

(3) Entiéndase año de la era cristiana, quinto del episcopado del autor. 
(1) Morales dejó en blanco el número del folio. 

ir.) Cod.cit,M.~:\-2T.-~\\r. 



BOSQUEJO HISTÚltlCO DK L.V SEDK CAIíTAGINENSE. 277 

'da (!'. De hoy en aJel.iutc no se le ha de negar, así lo ospei'o, el 
pucslo que le corresponde en la Hispania illnstrata. 

«Didacus de Conionlos, niiscralione divina episcopnsGarthagi- 
iiensis, universis et singulis libelli praesentis seriem inspecturis 
iitriusque hominis sospitatem et paccm. 

Quia de singulis dubitare non est inutile secundum Aristote- 
Icm, ut nolat gloss;i, inlalione Nenio, capite de suvima Trini- 
tate (2), etiamsi de iis supor (|uibus dubilatnr aliqualis habeatur 
notio; naní, nt dicit Lex (.")) «nihil inter homincs tam indnbitaturn 
€St qnin rccipiat quamdaní sollicitam dubilationeni,» in aulhcii- 
tica de Tabellionibus circa médium, colialiono iin, ut eliam no- 
latur de ea constitutione, inlationc i, in glossa«eí ita qnoque-.i) 

ITinc ergo est quod Nos, quamquam antea dum in ea maioris 
Archidiaconalus fungeremur ofñcio de substantia Ecclesiae Gar- 
thaginensis aliqualem haberemus notionem, ex quo lamen ad 
illius pontificalis dignitatis apicem gratia su [Tragante divina fui- 
mus assumpti, dubitare neo immerito coepimus et mente gerere 
quae qualis et quanta Erxlesia ipsa Garthaginensis esset, cui 
praeeramus, undeque et a quo orlum habeat et progressum, ac 
quae ratio causave fuerit quod illius Sedes, apud tam nobilem et 
famosam tamque adeo insignem civitalem, ut est Murcia, locata, 
•Garthaginensis nuncupetur et non potius Murciensis, Guias du-. 
bitalionis tollendae causa, dum intra Gothorum gesta et ipsius 
Hispaniae, cui praerant, veteres studiose legeremus anuales, 
scriplum reperimus quod tempore illo, quo Vandali eamdem Ilis- 
paniam obtinobanl, civitas nosira Garthaginensis, tune Garthago 
vSpartarea nuncupata, quae ut cernitur ad meridianum latus ip- 
sius Hispaniae supra meditei-raneum mare sita est, supra alias 
eiusdem climatis pro tunn eminens, valde celebris habebatur et 



(1) «D. Diego Comentes era Obispo de Cartagena año 143S. Este, dice Marieta, que 
escrivió una historia de los Obispos de Cartagena sus antecesores: gozó de la Silla 
Episcopal 21 aüos, haviendo sido, seis, Obispo de Badajoz. Murió en Murcia; y su 
cuerpo fue depositado en su Capilla, que oy llaman de los Capellanes de Numero. >> 
■Cáscales, Discursos Jiistóricos de la ciudad de Marcia; '2J* impresión, Murcia, 1773; pá- 
gina 519. 

(2) Códice de Justiniano, 1. 1, tít. i, 4. 

(3) Novelas ó auténticas constituciones, (loXzció'a. IX, tít. xxiii, 1. 



278 boletín de la t.eal academia de la HISTOIíLA. 

famosa. Apud quam proptcrca, vcrisimiliter creditur quod eo 
tempore esset Ecclesia cathedralis, sicut erat sedes regia (1); licet 
¡jostea Sedes ipsa, destriicta Carlhagiiie a Gunderico (2), ab inde 
sicut legitur translata exstilit ad Toletum. Sed heu, proh dolor! 
post haec Gothoram témpora, videlicet regis Roderici et perver- 
sissimi comitis Juliani, peccatis exigenlibus, si(;ut historia nostra 
lamentabililer refert, ipsa fere Híspanla tota, quam praetnlimus, 
a perfidis Agarenis, Christi nominis inimicis occupatafuitethos- 
tiliter vastafa ac sectae spurcissimi Mahoraeti miserabiliter su- 
bacta, eliminatis ab inde ómnibus Christi ecclesiis; inter quas^ 
•sicuti credimus, non minorem locum tenere debeat Ecclesia ipsa 
Garthaginensis; quae tamen, aut qualis, aut quanta, aut si Me- 
tropolitica, vel cathedralis, pro I une erat, et (si talis) quae digni- 
tates et beneficia ibi inerant, scriptum minime reperitur. Unde 
jam de iis vesligia aliqualia apparent, quorum causa fuisse cre- 
ditur diuturnitas tam longa temporis (3), quo subsequenter eadem 
Hispania ab ipsis Agarenis detenta et miserabiliter conculcata 
exstitit, ut praefertur. Diuturnitas enim tanti temporis omnia 
vastavit, et quae memoria digna erant oblivioni commisit; nec 
Jam quicquara de iis quae inquirimus invenitur nisi quod, Deo 
gralias, moderna nobis témpora protulerunL 

Post has namque vastitates hostiles, quas ulterius enarrare 
longum csset, succedcntibus tempoiibus bonis ut permisit Altis- 
simus, cxpiatis piaculis ob quae tanta mala evenerunt, jam His- 
pania ipsa a Christi hostibus liberata est. Placuit enim divinae 
maiestati, et ita scriptum authentice reperitur, quod post tanto- 
rum curricula temporum victoriosissimi Principes cssent qui reg- 
num acquisierunt Murciae et dotarunt ecclesiam. Et dominus 
Domnus Alfonsus, clarae memoriae, Domni Fernandi Castellao 
et Legionis regis tune regnantis et dominae reginac Beatricis 



(1) Capital de provincia romana. 

(2) La copia de Morales pone «Cipione;» pero tamaña incongruencia sobre la trasla- 
ción á Toledo de la Sede metropolitana desdice del pensamiento del autor, á quien era 
conocido el texto de la historia Vandálica pnr Pan Isidoro: «Deinde, Cartilágine Spar- 
taria eversa, cum ómnibus Vandalis ad Baeticam (Gundericus) transit.» 

(:}) Délos cuales vestigios, para que á tanta escasez Ueg-asen, créese que la causa 
fué una extensión de tiempo tan prolongada. 



iíOsouE.10 in3T<')R)r.o ijE la SED1-: gautaginknsií:. 279 

eiiis consorLis filias primogenitu.s, et habcns ciini Del adiulorio 
■Ínter alia totum rogiium Murciae, iii quo civitas ipsa nosti-aCar- 
Ihagincnsis sita consistit, amanibus Sarracenorumpracdictoruin 
polenter eripuit. Et eo sic orccto, apud dictain civitatorn Garllia- 
gincnsem c novo ecclesiain cathedralem ad Dei laudein gioriam 
et lionorem sub vocabulo suae gloriosae geaitricis et virgiiiis Ma- 
riae erigi, ac lili sic erectae, bonae mcmoriae dominuní fratrem 
Petrum Gallaccum, ordinis fratram Miiiorum professorem, iii 
episcopum et pastorem praefici procuravít (1) ct fecit per Domi- 
iium Papam Innocentium IV; qui etiain apud Lugduiiimi cum 
sua curia moram teneos cumdem episcopum consecravit pridie 
kalendas Augusli era m.gc.lxxxv.iii., lioc est, auno Domini m" ce" 
(¡uinquagesimo, ad petitionem Principis memorati (2). 

Q)ui postea, post mortem videlicet pjatris, rex eflectus eam do- 
tavit locis hic-scriptis ecclesiam; ac illi pro territorio Garthagi- 
iiensis episcopatus in términos dedit ea quae sequuntur (3). Et 
primo, la villa de Alicante con su término, assi como parte con la 
tierra del señor Rey de Aragón; é mas Petrel, Saix, é Villena, é 
la tierra de Don Juan Manuel su hermano como imrte con la tier- 
ra del diclio señor Rey de Aragón; é mas la valle de Ayora fasta 
Confluentes^ como otrossi j^urte con la tierra Aragón. ítem mas, 
Jorquera con su termino é con la tierra de Goncalo Roiz de Atien- 
za; é mas Chinchilla con su termino con las Quexolas; é otrossi las 
Peñas de Sant Pedro con su termino, é Letur, Calasparra é Cara- 
vaca con sus términos; Celia é horca con sus términos, Ogalte con 
los otros castillos [de Don Juan García con sus términos, é los 



(1) Las cinco bulas de Inocencio IV, concernientes á esta materia (Pottliast, 13.144- 
13.148), tales como Wadingo las dio á luz, carecen desgraciadamente de nota cronoló- 
grica, mas no de indicación de lug-ar, que demuestra que no son anteriores al mes de 
Diciembre de 1244. 

(2) 31 Julio 1250. Con este dato podemos ya circunscribir el tiempo de la bula 13.148, 
que mal coloca Potthast entre los años 1247 y 1248, y describe así: «Decano et Capitulo 
Cartbaginensibus intimat se fratrem P(etrura) Carthag-inensi ecclesiae providisse in 
pastorem, eique munus consecrationis manPjus proprüs impendisse. Hortatur eos ut 
istius mandatis efficaciter impendant.» 

(3) Expidióse el instrumento en Sevilla á 11 de Diciembre de 1266, otorgando al 
Obispo y Cabildo de Cartagena «que baya este Obispado sobredicho estos términos, 
assí como los havie antes que la guerra de los moros comenzasse, que movió contra 
nos el rey de fTranada.>> 



280 150LETIN DE LA REAL AGADEMLA. DE LA Í'ISTORIA. 

castillos (1)] de Don Ferrant Pérez de Pina fasta Penáguila con 
ms términos é con toda la otra tierra que se encierra en estos lii- ' 
yares susodiclios. Los guales lugares é los nombres de los seño- 
res Je ellos nombramos é designamos aguí, como los f¿ülamos 
nombrados é designados en la letra real de la asignación é limi- 
tación por estonces fecha; en posesión de lo qual todo fallamos de 
estonces acá ser estada continué fasta agora é estar la dicha Egle- 
sia de Cartagena sin contradicion alguna, de qua nohis constet. 

Fallamos mas como, después de assí fecha la dicha limitación 
de términos del dicho nuevo Obispado, el rey Don Sancho (2) fijo 
e sucesor del dicho rey Don x\lonso, dio á la dicha Eglesia de Gar- 
Ihagena, para acrescentamienlo del dicho su Obispado, los luga- 
res de Oria y Gantoria, Mojácar é la val de Porcheua, ó los Veli- 
ces, que eran é son aun agora de Moros, para que los oviese é aya 
en propiedad, cuando Dios quisiere que sean de christianos, assi 
como las aguas que vierten de la sierra de Segura, según los so- 
lian aver otro tiempo, según dís se cuenta en la. Concordia vieja (3i, 
La letra é provisión del qual acresccntamiento, según que aquí 
se contiene fué dado en Yalladolid, qiiarta mensis Octobris, era 
M.ccc.xxxi, hoc est, anuo Domini m.cc.xciii. Según lo cual todo, 
é según testifica el dicho rey Don Sancho contenerse en la dicha 
Concordia vieja, tiene el orden de Sanctiago, ó tiene la Eglesia de 
Garthagená por indubitado ser infra los términos del dicho su 
Obispado toda la valle de Segura é los lugares dé aquella, ó la 
villa de Huesca con sus aldeas é términos de ellas. Enpossessibu 
de las quales, assí como lugares de su Obispado, ha seido á está 
la dicha Eglesia después acá que son de christianos. Et ita repe- 
rit^r. 

Per praedicta ergo apparet undc et a quo habuit ortum eccle- 
sia Carlhaginensis; et quis eam erexit in calhcdralem; quam sic 
erectam ct dotatam praefatus dominus, frater Petrus Gallaccus, 
eius novus episcopus poslca orJinavit, ad instar seu iuxta formam 



(1) Omitido en la copia de Morales. 

(2) La copia de este privilegio rodado, que existia original en el arcliivo de la cate- 
dral de Murcia, se halla integra en Morales (fol. 591 recto-59t verso). A la fecha añade: 
«en el a'io qat el sobredicho /•«,/ Don Sancho heredó Molina.» 

(3) Con la Orden de Santiago. 



nosni;i;,io histórico di-: la skde caiítaginexsk. 281 

el modiiin digiiilatiun et lieueficiorum, quo or.liiiala fiicral occle- 
sia Coi'dabeiisis; (juamvis ordinalio ipsa iiniovata seu malata fue- 
rit peí" domimiin opiscopum Joliauíiem eius suocessorem, ut iu- 
fra dicetur. 

Post quaní quidein ei'cctionem , seu Ecclesiac ordinalionein, 
lempore iii meliiis siiccedenlc, cum super eudeni Ecclesia inter 
dóminos Tolctaniim et Tarraconoiisem archicpiscopos de et supcr 
jure suae primatiae, cui videlicot eorum Ecclesia ipsa jure metro- 
politico subjici deberct lis et dissenssionis malitiaesset exoi-ta (1)^ 
pvaefatus dominus lunocentius quartus, ul sic lites et disseiisio- 
«es hujusmodi amputaret, ecclcsiam ipsam Carlhagiaenscm sibi 
et Sedi Apostolicae reservando subjocit; et sic eam exemptam fe- 
cit per suas patentes litteras apostólicas, tcnoroin qui scqnilurte- 
nentes. 

Innocentius episcopus. servus servorum Dei, vencrabili fratri 
episcopo Garthagiuensi salutem el apostolicam bencdiclionem. 

Novella planlatio Garthaginensis ecclesiae, quam pietas Gon- 
<litoris ad sui nominis gloriara eripuit de manibus paganoruní, 
aposlolicae rore gratiae est opporlunis irriganda temporibus; 
quod el vigore proficiat, el in fructuuní prOduclione votiva Dco 
et horainibus grata et amabilis habeatur. Gum itaque super sub- 
iectione. ipsius Ecclesiae inter vicinos metropolitanos confcntiq 
multiplex sit exorta, de qua sibi grave potest imminere dispon^ 
dium, nisi conservationis optatac sibi proveniat fulcimentum. 
Nos circa dictara Ecclesiam aíFectum paternae bcnevolentiae di- 
rigentes, ipsam sub beati Pelri et nostra protectione suscipimiis, 
et praesentisscripti patrocinio communimus,statuenles nteadem 
Ecclesia nulli tamquam mefroiiolilano, seu primati, practerquam' 
Romano Pontiñci responderé de aliijuo teneatur, quousque prae- 
dicta contentio penilus sopita fuerit, et liquide pateat cui saepe- 
dicta Ecclesia de jure debeat esse subiecta. 

Xulli ergo omnino. horainum liceat .hanc paginara nostrao 



(1) Fué muy corto el tiempo que medió rlcsde la dotación (1.° Marzo i'2dO) y restau- 
racióu de la Sede con la consagracii'm del Obispo (31 Julio 1250) hasta la decisión emer- 
gente de la Sede apostólica (6 Agosto del mismo año). La constitución que dio á su 
iglesia D. Pedro Gallego, no parece fuese anterior, sino posterior al acto de la exención 
que obtuvo de Inocencio IV. ' 



•28-3 boletín de la real academla de la historla. 

protectionis et constitulionis infringerc, vel ei ausu temerario 
contrarié. Si quis autem hoc attemptare praesumpserit, indigua- 
tionem omnipotentis Dei et beatorum Petri et Pauli apostolorum- 
eius se noverit incursurura. Dat. Lugduni octavo idus Augusti, 
pontificatus nostri anno octavo.» 

Guiíismodi exemplionis ídem dominus Innocentius daré vo- 
luit exeijuutores, seu conservatores cum plenissima potestate, do- 
minos Astoricensem et Zamorensem ac Salamanticensem episco- 
pos, ut etiam apparet per alias suas patentes lilteras sub eadeni 
data consertas (1). A quo tempore citra usque in praeseus non 
constaf, ñeque reperilur, nec etiam auditur quod reservatio seu 
exemptio huiusmodi in aliquo infracta fuerit, vel impugnata, aut 
perturbata, seu quod ecclesia ipsa Garthaginensis usa non fuerit 
privilegia et gratiam praemissae suae cxemptionis; semper enim 
ab ea, ut ab^exempta, et soli Sedi Apostolicae immediate subiecta, 
ad eamdem Sedem solum consuevit appellari; etinhacpossessio- 
ne exemptionis eam fuise et esse hactenus reperimus, et conti- 
nuare conservare et defenderé intendimus, Domino conceden te. 

Praemissa omnia comperimus in esse fuisse deducta tempore 
praefati domini fratris Petri Gallaeci, primi episcopi Garthagi- 
nensis. Qui vixit in episcopatu xvii annis (2); et tándem, cum 
esset jam septuagenarius et ultra ^3), die Mercurii quae compu- 
tabatur xvi* mensis Novembris arripuit eum febris, et die Sab- 



(1) Según Morales, quien la copió (fol. SOS), existía original en el archivo catedral de 
Murcia, y como quiera que Potthast no la disting-ue de la precedente, ó confunde las 
dos en un mismo número, razón será exhibir su parte peculiar y propia: 

«Innocentius episcopus, servus servorum Dei venerabililus fratribus Astoricensi, 
Zamorensi et Salamanticensi episcopis salutem et apostolicam benedictionem. Novella 
plantatio etc., debeat esse suliiecta. Quocirca, Fraternitati vestrae per apostólica scrip- 
ta mandamus quatenus dictam ecclesiam non permittatis, super liiis contra protectio- 
nis et constitutionis nostre tenorera ab aliquibus indebite molestari; molestatores 
huiusmodi auctoritate nostra, appellationc postposita, compescendo. Non obstante 
constitutione de duabus dietis, edita in concilio generali. Quod si non omnes hiis exse- 
quendis potueritis interesse, dúo vestrum ea nihilominus exsequantur. Dat. Lugdu- 
ni, VIH idus Augusti, pontiflcatus nostri anno octavo.» 

La constitución del concilio Lateranense IV, dednalus f?¿aeW5, está registrada por las 
Decretales de Gregorio IX, 1. 1, tít. iii, c. 2S. 

(2) Desde el 31 de Julio'de 1250. 

(3; Nació, de consiguiente, á fines del siglo xii. 



BOSOL'IvIO HlSTüIiir.O DE I-A SEDE CAnXAGINKNSE. OS:? 

])ati sequcnli, de mane, suum Domino traJidit spiritum (1) er;i 
millesima tricentésima quinta, hoc est anno Domini m.cc.lx.vh. 
Requiescit scpultus Murciae, in Ecclesia maiori, in capella claiis- 
tri ad manum dextcram altaris, ad quam fuit translatus. 

[2 (2).] Post istias 3) obilum fuit electus in cpiscopum G-ir- 
thaginensem dominas Garda Martini, dccanus eiusdem Eccle- 
siae (4'i; non tamen fuit consecratus morle praeventus. Et quia 
non fuit consecratus, inter episcopos non numeratur. 

[3 (5).] Gui inmediate successil in episcopatu dominus Dida- 
cus de Magas, qui fuit secundus (G) episcopus Garthaginensis. 
Guius tempore cum, exeuntibus ct redeuntibus de Murcia, Orio- 
la, Lorca et alus locis dioecesis ad civitatcm Garthaginensem, 
ubi pro tune Sedes episcopalis localiter erat, mulli periclitaren- 
tur, mullique captivarentur a Sarracenis in via, quae ducit illuc 
per Cíimpum (Ti, ad bis et alus periculis obviandum, procurante 
domino rege Sancio supradicti domini Alfonsi regis filio, ad sup- 
IDlicem instantiam eiusdem domini Didaci episcopi Í8) et eius ca- 
pituli ac cleri ct populi Murciae et aliorum locorum praedicto- 
rum, auctoritate Apostólica, ecclesia ipsa Garthaginensis, ut est 
collectio episcopi, decani et capituli, seu personarum capitula- 
rium ad unum tendentium, qui ecclesiam ipsam vivam faciunt, 
ab eadem civitate Garthaginensi realiter translata fuit ad praedic- 
tam civitatcm Murciae. suae dioecesis. Ubi ex tune in antea (9) 



(1) En Sábado, IS) de Noviembre de 1267. Obstan, no obstante, dos documentos (Me- 
morial hnt&ñco espa7iol\ Madrid, 1851, 1. 1, p5g. 210 y 244) fechados respectivamente en 
viernes 27 Enero y lunes .30 Julio 1268, donde firma (¿error de copia?) el Obispo Fray 
Pedro. 

(2) Moral. 3. 

(3) Morales añade «Martini») con evidente anacronismo. 

(4) Tenia esta dignidad en 1.° de Ahril de 12(5?. Sus memorias, con el titulo de «deán 
é electo de Cartagena.» alcanzan desde el 18 Abril 1272 liasta el 8 Agosto 1278 en el 
Memorial histórico español, 1. 1, pág. 27.3-329. 

(5) Moral. 5. 

^6) Moral. c<quartus.>) 

(7) Vega de Murcia. 

(8) La primera instancia se hizo, mientras ocupaba la Silla apostólica Nicolao III 
(2G-Diciembre 1277-22 Agosto 1280). La Sede Cartaginense vacaba el día 11 de Noviem- 
bre de 1279: mas ya la poseia Don Diego de Magaz en 15 de Diciembre del mismo año, 
según aparece del Mehiorial histórico espa'i.ol, tomo ii, pág. 10 y 14. 

(9) De allí en adelante. 



284 BOLETÍN U1-; LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Ídem dominas episcopus. decanus et capilulum, sic translati el 
ecclesiam cathedralera Garthagiaeiiscm facicntes, apud ecclosiain 
bealac Mariac maiorem ipsias civitatis Murciae capitulariter lo- 
cati et localiter cathedrati, rematiserant et pcrmaiicnt de praesen- 
ti, vocem et nomen scmper retinentes ecclesiae Garthaginensis. 
Qiiam translaliouem faclam esse reperimus cum huiusinodi vo- 
cabuli reteiitioiie anuo Domini m.cc.xci. Post qune (1), idem do- 
miiuis Didacus inibi defiinctus exstitit (21; et apud eandem e'ccle- 
siam maiorem Murciae sepultus in medio planae quae est inter 
chorum et altare maius ecclesiae eiusdem. 

[4 (3).] Cui succcssit immediate dominus Martiiius qui fuit 
tertius (4) episcopus Garthaginensis. Ilic fuit vir strenuus; cuius 
tcmpore, vigente guerra Sarracenorum (5), ipse Dei et cleri sui 
adiutorio íronlariam istam regni Granatae ingressus, castrum de 
Lubrin manu forti comperimus et a manibus paganorum eri- 
puisse (6). Loco cuius postmodum (7) data fuerunt ecclesiae Gar- 
thaginénsi loca de Alguazas et de Alcantarilla con el Real de 
Monte Agudo, é las casas de Murcia que son agora obispales, con 



(1) Morales, ineptamente «postquam.» El original diría «post q.» 

(2) Sábado, 23 de Febrero de 1292, hallándose en Orihuela protestó la convocatoria 
del Arzobispo de Toledo. Lo demostré en las Actas inéditas de siete concilios esjia'ioks, 
pág-. 189. En la Colección dijilómatica del Rey D. Fernando IV, arreglada y anotada por 
el Sr. Benavides (Madrid, 1860), está la demostración de que D. Diego de Magaz seguía 
rigiendo la diócesis de Cartagena el día 5 de .lulio de ISH. 

(3) Morales, 2. 

(4) Morales «3ecundus.^> 

(5) Guerra de Granada, emprendida por los Rej'es de Castilla y de Aragón en 1300. 
(G) Por ello le felicitó D. Jaime II, Rey de Aragón, prometiéndole (Sál)ado, 2 Agosto 

1309) que al día siguiente saldrían sus tropas de desembarque, y llegarían á Lorca el 
Miércoles próximo para socorrer la fortaleza. No le nombra equivocadamente «Pedro 
Martínez» como algunos pretenden; toda vez que, sin duda alguna, la inscripción de 
la carta, que vició el copista, estaba concebida en estos términos: «Jacobus etc. vene-, 
rabili in Christo patri Martino, divina providentla Carthaginensi episnopo.» Por su_ 
parte el Rey de Castilla, que estaba sobre la cerca de Algeciras, le escribió (3 Agosto): 
«Por facer bien é merced á vos, don Martino obispo de Cartagena, é por mucho servi- 
cio que me ficiesles, é facedes señaladamientre en la guerra que he contra el rey de 
Granada, en que tomástedes el castiello que los moros dicen Lobrar, á que vos pusiés- 
tedfs nombre Sant Pedro, el qual castiello es entre Vera é Almería; do vos este cas- 
tiello con su villa é con todas .§us pertenencias, etc.» 

(~j Toda la documentació.-. relativa á este asunto, el cual se terminó á 28 de Diciem- 
bre de 1321, puede verse en el Códice de Morales, fol 611-G'2. 



IIOSQUKJO lIISTÓniCO DE I.A SKDE CARTAGINENSE. 28.") 

el Baño, el Real, ó cosas otras que atjora possee aquí en paz la di- 
cha Eglesia. Islc vixit glorióse (i;; el tándem defiuictus est, et ut 
audiviaius reípiiescit sepultas ¿i[)iid Tadohitn de Xavarra. 

15 (2).] Gui successisse repei-itur domiiius Joaunes; et fuit 
(juartus (3) episcopus Garthagineiisis. Iliciimovavitordiiialionem 
dictae Ecclesiae, sicut per praefatam dominara fratrem Petrum, 
primum episcopum, faciam; volens ct statuens quod de caetero 
essent in ipsa ccclesia Garthagincnsi sex dignitates, et octo cano- 
nicatus scu canonici, et dnodccim portionarii, prout habetar in 
eadein ordinatioue, (]aao fuit acta Oriolae eir.sdom dioece^is, idi- 
bus Madii anno Domini m.ccc.xv; licet postea por dominam 
episcopum Xicolaum immutata fuerit, ut infra suo loco dicetnr. 
Post quae tandera viam cxstitit uuivcrsae carnis iugressus (i), et 
sepultus apud Galagut-ram, et ibi corpas eius requiescit (5). 

[6 (6).] Quo qaidem defuncto, illico eífectus exstitit episcopus 
Garthaginensis dominas Petras Barrosas, quintus (7) in ordinc. 
Hic fuit postea Gardinalis (8). Qui tándem, defunctus in Curia 
romana, sepultus est Avinione, in ecclesia Dominae Nostrao, do- 
mas quae est cathedralis ubi requiescit. 

'7.] Cui subsequenter successit dominas Potras de Penna- 
randa; et fuit episcopus sextus in numero. Fuerat antea thesau- 
rarius regias (9); et eífectus episcopus fecit ecclesiam maiorem 

(1) De la Coleccivii diplOMÚtica, ilustrada por el Sr. Benavides, resulta que la Sede 
Cartaginesa, que se dice vacante los días 11 de Enero y 15 de Jlayo de 1303, estaba eu 
poder de D. Martin á G de Febrero de 1301. Las últimas memorias de su episcopado 
llegan hasta el 2.t de Mayo de 1311. 

(•2) Morales, 6. 

(3) Mor. «quintus.» 

^1) La Sede vacaba por muerte de D. Martía en 17 de Mayo de 1312; masen 20 de 
Abril del mismo aóo ya era Gb'spo D. Juan. Los diplomas regios que transcribe Mora- 
les (fol. 613-673 , y otro fOLxxvii) que ha recopilado el Sr. Benavides, evidencian que 
en 28 de Julio de 132G ceñía todavía D. Juan la mitra de Cartagena. 

(5) Trasladado á Calahorra, falleció el día 21 de Enero de 1316. 

(6) Morales, 4. 

(7) Mor. «tertius.>.> 

(8) Con el título de Santa Práxedes en 12 de Diciembre de 1327. Hasta el 8 de Julio 
de 1333, varios diplomas atestiguan su permanencia en el nombre y honor de la Sede 
de Cartagena, que dejó pira recibir el de Cardenal obispo de Sabina, con cuyo título 
falleció á II de Julio de 131^.. 

,9) «:;tra provisión del mismo señor Rey (AU'jnso aI) en que manda á los alcaldes 



280 boletín de la real academia de la historla. 

Murciae, et chorum (ubi iiunc Capitiilum , hactenus mezquita), 
•cum antea mezquitam pro ecclesia haberent (1). Fecit eliam cam- 
paiiile et claustrum ecclesiae eiusdem cum capella capitulad; in 
qua postea duas capellanias instituit et dotavit sub invocalione 
beati Johannis apostoli et evangelistae ; licet una earuní dicatur 
inslituta per eius nepotem. Fertur etiam quod fecerit turrim de 
las Alguazas usque ad médium, et unam aliam turrim in campo 
de Lorcu versus Sarracenos, aliaque multa bona fecit Ecclesiae. 
Et tándem plenus dierum defunctus est (2); et in dicta Ecclesia 
sepultas jacet in dicto choro coram cathedra episcopali. 

[8.] liuic successit dominus Alfonsus de Vargas; et fuit epis- 
copus seplimus. Qui demum, impletus dicbus sui incolatus, de^ 
íunctus est et sepultus [postquamexstitit (3)], in civitale Abulensi 
et ab inde postmodum translatus ad Gordubam, ubi requiescit. 

[9.] Gui quidem domino Alfonso episcopo successit dominus 
Nicolaus de Aguilar (4); et f uit episcopus octavus. Hic innovavit 
ordinationem Ecclesiae antea, ut praemiltitur, factam per supra- 
dictum dominum cpiscopum Joliannem; volens et ordinans (5) 
quod in eadem ecclesia Carthaginensi cssent supra expressae sex 
dignitates, velpersonatus, scilitetdecanatus, archidiaconatusGar- 



y alguaciles de Murcia, á instancia de Don Pedro electo de Cartagena, notario mayor 
del reino de Toledo ^ chanciller mayor de la reina D.* Constanza su mujer (en primeros 
desposorios) no impidan al vicario de este el uso de su jurisdicción, como le hablan 
tisado los demás vicarios antecesores. En Sevilla, á 8 <?<? Mayo, era de 1375, que corres- 
ponde al año i;{37.» Morales, fol. 47, vuelto. 

(1) El sentido, un tanto embrollado, se reduce á decir: que la mezquita purificada y 
convertida en iglesia mayor, la trocó en coro el Obispo que hizo labrar la nueva ca- 
tedral. Este coro servia de capitulo en tiempo del autor, ó mientras trazaba estos apun- 
tes históricos D. Diego de Comontes. 

(2) Antes del l.j de Febrero de 1353, en cuyo dia (Morales, fol. 49) atendió el Rej- 
D. Pedro á la queja del Obispo I). .-Vlfonso de Vargas. 

(3) Palabras omitidas por Morales y reclamadas por el sentido general de la frase. A 
Córdoba fué trasladado en D de Abril de 1373. El episcopologio de Ávila, trazado por 
el P. Gams, asienta un Alfonso II de duración incierta hacia 136Í). Por otro lado Cásca- 
les (pág. 150) exhibe un diploma regio, dirigido á Don Xicolás obispo de Cartagena en 
29 de Abril de 13(J7. 

(4) Según aparece del cuerpo de la ordenación que luego se cita, era hijo de D. Fer- 
nando Yauez y de Dona .luana Gutiérrez; y sobrino del Arzobispo de Toledo (1310-13'2I . 
ü. Gonzalo Gutiérrez. 

(5) La ordenación se hizo de común acuerdo del Obispo y del Cabildo. Tráela Mora- 
les, fol. 718 vuelto-732 recto, tomándola del Lihen finidamenli. 



nosQi'i'jo msTímicü de la sede c.vui'aginense. 287 

thagincnsis, el archidiaconalus Lorcensis, ac cantoria, thesaura- 
ria el scholastria (1), quac omiics ad collatioiiem domini episcopi 
Carthagiiiensis, pro tcmpore exisleiilis, iu solidum pertincrc de- 
bcreiit, practcr decaiiatum ad (juem quis nonnisi per communem 
«lectionem eiusdem domini Episcopi el Gapituli Garlhaginensis 
simul faeiendam debet assumi. Esscnt quoque practer haec inibi 
ocio canonicatus el tolideiii praebendae, necnoii ocio integrae el 
octo dimidiae portiones, ac uuus diacoaatus el unus subdiacona- 
tus. Quorum quidem canonicatuum el praebendarum ac portio- 
íium, necnoii diaconatus et subdiaconatus huiusmodi collationes 
ad eorumdem duorum, Episcopi ac — Dccani et Gapituli, — Gartha- 
g"inenpium coniunctim pertinorent; prouthaec et alia, formam et 
subsfantiam eiusmodi Gapituli et Ecclesiae conceruentia, latius 
contineutur in Gonstitutionc ipsius domini Nicolai episcopi super 
inde edita (2); cui statur, el quae, ul comperimus, ex tune in an- 
tea inconcusse obsérvala exstitit omni tempore. 

Mic etiam, accersitis sibi dominis Decano et Gapitulo, voca- 
tisque ad id vicariis suis ruralibus et clero, necnon de Segura, 
•de Veas, de Yeste, de Ferres, de Socovo, de Garavaca et de Ri- 
cote et alus universis et singulis praeceptoribus villarum castro- 
rum et locorum aliorum ordinum militariuní infradioecesin Gar- 
4.liaginensem consistentium, et de corum omninm volúntate et 
iissensu per certos ad id deputatos taxari fecit et taxavit episco- 
palem et capitularen! mensas, necnon dictas de Segura, de Veas, 
-de Yeste, de Ferez, de Socovos, de Garavaca et alias praeceptorias 
ac beneficia alia omnia, clericis saecularibus assignari consueta 
.totius Garthaginensis dioecesis. Quo pronunciante et decernente 
ut inde secundum taxationem huiusmodi in ómnibus et singulis 
subsidiis tam principalibus (3) quam alus, in quibus tales perso- 



(1) No es para olvidado en la historia de la cultura literaria en España el párrafo 
del instrumento acerca de la obligación que incumbía á la Dignidad de Maestrescuela 
(fol. 719, recto): «Debet etiam Scholasticus tenere magistrum sufflcientem in gramma- 
ticalibus et ¡ogicis artibus, qui pueros et juvenes ecclesiae et pojiiili instruat in 
■eisdem.» 

(2) En el dia 1." de Febrero de 1360. 

(3) Subsidios que se reparten y piden por el Principe., ó Rej', á las iglesias y al esta- 
do eclesiástico. 



288 liOLETÍN DE LA l'.EAL ACADEMIA DE LA IIISTÜRLA. 

nae ratione praeceptoriarum otbeneficiorum eoruní, infra dictam 
dioecesin cousistentium, contribuere deberent ac realilcr exsol- 
vere tenereníur: hanc taxarionem nediim clerici saeculares, sed 
et omnes praeceptores dictarum praeceptoriarum, tamquam prae- 
c'optores infra Gartagineosem dioecesin conslituti, humiliter re- 
ceperunt: ct seciindum eamin sollicitudinibiissabsidiorum prin- 
cipalium cum Episcopo et Capitulo Carthaginensibus ac benefi- 
ciatis eiusdem dioecesis. ex tune in antea, hactenus contribuerunl 
usque in praesens. 

Postque tándem, sic debituní n.alurae solvens dominas Nico- 
laus episcopus, defunclus est , apud dictam maiorem ecclesiam 
Murciae sepultus, ubi jacet in capella capilnlari clauslri ad ma- 
num sinistram altaris (1), 

[10.] Gui successisse comperitur in ipsa Garthaginensi eccle- 
sia dominus Gnillermus de Simel, gallicus; et fuit episcopus no- 
nus. Qui vocatus ad Gnriam Romanam, tune Avinionc consisten- 
tem, cum exspectaret capellum Gardinalatus, ibi Avinione de- 
functus est, et sepultus in domo fratrum Minorum. 

[11.] Gui etiam illico dominus Fernandas de Pedresa Gordu- 
bensis ^2), famosas in sacra nagina magister: et fuit episcopus 
decimus. Ilic, nt comperimns, inchoavit opus novum aulae ip- 
sius ecclesiae maioris IVIurciae, qnae de novo ad latas antiquae 
miro opere lapídeo, ut cernitur, fabricatur. In quo, at fertur, 
appositus fuit priams lapis die vigésima secunda Januarii, auno 
Bomini m°.gcc°.xciiii° (3). Ilic vixit inultissime Iribulatus propter 



(1) En la sobredicha constitución del 1." Febrero 13t]G le prometieron los canónigo» 
celebrar por él, cuamiu fuese difunto, todos los viernes un aniversario, yendo proce- 
sionalmente á su sepulcro <■•/» capella saucti Joamiis enaitgelistae, vbi Capitiiluní celebra- 
tur, juxta altare ad manuní sinisíra/ii cum intratur.» Citan á este propósito un rescripto 
que le hubia ding'ido el romano Pontífice Martin V (13ij'2-lb~0). D. ííicolás era, pues, 
(Jbispo en 13(:.5. Éralo también á 12 de Setiembre de lo~l, fecha de un diploma ijue ob- 
tuvo en las Cortes de Toro (Morales, fol. OSO), otras escrituras (Morales, fol. .')•!) le dan 
sucesor en 7). Oiíillen desde el l;i Setiembre VA^O hasta 2:1 Diciembre 138:1. Con D. Gui- 
llen, frailee.'^, se relaciona el artículo 2i; en el ordenamiento de las Cortes de Burgos- 
de i:n9. 

{2) Una constitución, fechada en Murcia á 1 de Febrero de ]'.]^ó, hizo con su Cabildo 
sobre las distribuciones y modo de servir de los capellanes (Morales, fol. £5, recto). 

(D Morales «scviii.x— La verdadera fecha, y«eroí, 22 de Enero de i:ini, resulta de 
tres comprobantes: el día de la semann, el reinado di; Enrique III (]3í)í!.-ll(.6) y el pon- 



BOSQUEJO lUSTÓniCO DE LA SEDE CARTAGINENSE. 289 

bandositates (1) pro tune urgentes, quibus se immiscere voluil, 
ambulans extra Ecclesiam per témpora multa rjuasi exul. Et tán- 
dem íq suo regressu dcfunctus est et sepultus hic Murciae in 
dicto opere novo, in capaila quam in capite ipsius operis, sub in- 
vocatione beati Hieronymi, incoepcrat, et semistructam relique- 
rat. Ubi, in térra plana, jacet hnmiliter tumulatus. 

[12.] Post cuius obitum, ad supplicationem serenissimi do- 
mini regis Henrici eílectus fuit episcopus Garthaginensis domi- 
nus Paulus de sancta Maria, natione Burgensis (2); et fuit in 
ordiue undecimus. Hic, tempore suo, de etsuper jurisdictioneac 
cura et jure episcopali, quam et quod ecclesia Garthaginensis in 
praeceptoriis et tota valle de Segura habet, diutius in Romana 
curia litigans, unam pro se adiudicatoriam et ^ontra Priorem de 
Ucles ordinis Militiae sancti Jacobi de Spatha sententiam repor- 
lavit, quae etiam in rem transivit judicatam. Hic etiam de novo 
creavit in dicta Ecclesia qualuor dimidias portiones sacerdotales; 
et eas octo alus dimidiis portionibus primaevis, quae ibi erant, 
associavit. Quorum praetextu et ne propterea mensa Gapitularis 
gravaretur, summam ducentorum florenorum de Aragonia, de 
praestimoniis officialatus Murciae, eidem mensae quoad potuit 
univit; licet unió ipsa nondum sortita fuerit eíFectum. Qui post 
ea, successu temporis, ab ipsa Garthaginensi ecclesia ad Burgen- 
sem translatus exstitit (3), it inibi defunctus; ac tándem apud 
ecclesiam sancti Pauli, ordinis Praedicatorum^ quam de novo 
construí feceral, sepultus; ubi honoriñce requiescit. 

[13.] Post quam quidem translationem sic de persona ipsius 
domini Pauli factam ad Burgensem ecclesiam, illico et immedia- 



tificado del nntipapa Clemente VII (1378-26 Setiembre 1394); los cuales especifica la 
cláusula del Libro autorizado (Morales, fol. 373, vuelto¡: «Feria quarta, in festo sancti 
Vincentii martyris, in die vicésima secunda mensis Januarii, anno a Nativitate Domini 
nostri Jesu Christi millesimo trecentesimo octogésimo octavo 'corr. nonagésimo quar- 
to.]» Los números LXXXXIIII ó XCIIIl del más antiguo original fueron, sin reparar 
en el anacronismo, sucesivamente transformados en LXXXVIIIy XCVIII. 

(1) De Fajardos y Manueles. Dirigiósele un despacho real (Morales, fol. 56) del 30 de 
Setiembre de 139S. 

(2) «En el año de 1402, en que D. Pablo contaba el 52 de su edad.^j España Sagrada, 
t. XXVI, 377. 

(3) En 1415. Falleció veinte años después, el día 29 de Agosto. 

TOMO ni. 20 



290 boletín de la keal academia de la historia. 

te eíFectus fuit cpiscopus Gartliaginensis , seu de ecclesia Paceiisi 
Cüi tune praeeral (1) translatus, reverendissimus iii Ghristo pa- 
ter, dominus frater Didacus de Mayorga , nalivus patruus iios- 
ter (2) carissimus; et fuit Garthaginensis episcopus iii ordine duo- 
decimus. Homo magnae scientiae et virtutis per cuius industriam 
circumspectam opus novum praedictae ecclesiae Jjealae Mariae 
maioris Murciae , ut ipsa nostra Garthaginensis ecclesia sicut 
praemittitur translata consistit, multimodum recepisse dignosci- 
tur incrementum. Gum enim tune, temporc videlicet adventus 
ipsius domini Episcopi (3), ecclesia ipsa in redditibus fabricae dc- 
putatis paenes nihil haberet pro illius tam sumptuosa construc- 
tione praeter unum per unum terlioliim (4) sicut habebat unaquae- 
que parochialis ecclesia eiusdem civitatis, et sic opus ipsum tam 
magnum vix assurgi poterat a fundamentis, ipse Dominus, de- 
fectui tanti operis providens, de consilio volúntate et assensu do- 
minorum Decani et Gapituli ac cleri universi suae dioecesis syno- 
daliter congregati^ pie statuit et ordinavit ut annis singulis ex 
fructibus decimalibus, ecclesiae et dioecesis Garthaginensis ad 
eosdem dóminos Episcopum, Decauum et Gapitulum ac clerum 
et ecclesias suas parochiales spectantibus videlicet pro qualibet 
parochia ipsius dioecesis, omnes fructus decimales quinti deci- 
matoris, seu quos quolibet anuo quintus decimator illius paro- 
chiae daré deberet, integre habeat; sicut hahet fabrica ipsius 
ecclesiae Gathedralis perpetuo pro illius constructione et alus ne- 
cessitatibus suis. Qua ex causa, ex tune iu antea dictumopus con- 
tinuatum exstitit; ac votivum, ut supra meminimus, habuit in- 
crementum. In quo etiam idein Dominus capellam unam, sanc- 
torum Francisci et Antonii de Padua invocationibus inslituit 
et dotavit. 

Ilic etiam tempore suo consuetam^ sive regulam divinorum 



(1) Le sucedió en la mitra de Badajoz Fraj- Juan de Morales. 

(2) Nuestro tío carnal.— Kra franciscano. Suelea llamarle los historiadores Fray 
Diegro de Bedán, probablemente en razón de su apellido; pero el nombre de su patria 
seria, por lo visto, Mayorga de Campos, villa no muy distante de Valencia de Dou 
Juan, en cuyo distrito está la dehesa y solar de Conwntes. 

(:J) En lim. 

(4; Uno iior uno, ó un tercio de la décima por cada parroquiano. 



BOSQUEJO msTÓiur.o dh la seüií cartaginense. 291 

officiorum iii eadcni Ecclesia reperlam iiiuovavit, et quasi e novo 
edidit; et juxta illam novuin missalo, complelum oíiicium conü- 
nens quale antea secundum regulam istam Garthagiiieiisem coiis- 
«riptum non fncrat, e novo romposuit et Ecclesiae legenduiu 
dedil. 

Quo tándem post multa (I) ila ad decrepitalomdeducto nt jani. 
in lecticulo suo coalinue jaceiis, quicquid de bis quae pontifica- 
lis officii sunt exercere nequirel, dominus papa Eugenias IV, vo- 
iens indemnitati ipsius Ecclesiae praecavere, eum a vinculo quo 
ipsi Garthaginensi ecclesiae tenebatur absolvens, ipsum ab ea ad 
ecclesiam Gaesariensem transtulit; ac de persona nostra eidem 
Cartbaginensi ecclesiae, sic per huiusmodi absolutionem vacanti, 
providit; nosque ipsum illi, Deo gratias, in episcopum praeficere 
voluit et pastorem. 

Post quam translationem, paucis cvolutis diebus, idem domi- 
nus frater Didacus, sic archiepiscopus eífectus, apud jam dictam 
civita,tem Murciae, die Martis, quaecomputabatur xxii Maii, anni 
Domini millcsimi quadringentesimi quadragesimi secundi (2) in 
nocte obiit; et requiescit sepultus ad praesens in praedicta eccle- 
sia beatae Mariae maiore, quam ibi fecerat ut praefertur. 

[14.] Unde Nos Didacus de Gomontes, Garthaginensis epis- 
copus jam dictus, per justam viam translationis (3) successisse 
dignoscimur eidem patruo nostro; et per consequens ómnibus 
alus Carthaginensibus episcopis praedecessoribus suis; qui, ut 
praemisimus, in eadem successive fuerant usque ad eum. Qui 
omnes et singuli suis temporibus usque in praesens omnia et 
singula villas et loca supra designata eum suis territoriis, quae 



[\) Morales (fol. 682 recto-684) inserta una bula de Eugenio IV, expedida el 11 de 
Marzo de 1431, año primero de su pontificado, por la que delega al Oficial, ó Vicario 
del Obispo de Cuenca, para que proceda, previa información, á la ejecución de la vo- 
luntad de Martino V (7 Marzo 1428) en favor del Obispo de Cartagena Fray Diego y de 
su Cabildo contra los servidores de la Catedral que obtenían ó pretextaban dispensas 
de residencia sin notificarlas en sazón oportuna. 

(2) Morales «quadringentesimo séptimo» cjn error evidente. Murió Fray Diego du- 
rante el pontificado de Ev.genio I V, pocos días después de su traslación á la silla metro- 
politana de Cesárea. Esta circunstancia y la de ser martes el 22 de Mayo de 1442, fijan 
la corrección por hacer. 

(3) De su tío al arzobispado de Cesárea. 



292 boletín de la real academia de la historia. 

pro terminis episcopatus ecclesiae Garthaginensis a principio sibi 
data et assignata fuerant ut scripsimus supra, ac civitates, villas, 
castra, térras et loca alia, quae intra illa claaduntur, seu ab ipsis 
designatis circumcincta consistunt, eteoruní territoriahabuerunt 
tenuerunt et possederant paciñce et quiete terminis et territorio 
ipsius episcopatus; et in hac possessione eamdem Gartaginensem 
ecclesiam per eos hactenus fuisse et esse reperimus, nec est qui 
contrarium viderit umquam. Quam quidem dioecesin, sive epis- 
copatum, etsi unum, distinctum fuisse et esse comperimus per 
membra. Sicut esse conspicimus in Ecclesia universali quae, 11- 
cet sit una, est tamen in plura singularia membra per orbem ter- 
rarum diíl'usa, ad instar cuius etiam ipsa membra per submera- 
bra quamplura subdistincta sunt et ordinata; ita etiam apparet 
in hac ipsa nostra ecclesia Garthaginensi et eius jam dicto epis- 
copatu. Qui, quamquam sit unus ut praemisiinus, est tamen dis- 
tinctus in plura membra; in plure^í videlicet officialatus atque ar- 
cliipresbyteratus et vicariatus, qui ut comperimus noscuntur esse 
sequéntes, scilicet, etc.» 

Hasta aquí la copia de Morales. Omite el cuadro estadístico de- 
toda la diócesis que oportunamente daba remate al histórico^ 
Merece la obra de D. Diego de Comontes un estudio crítico, mu- 
cho más detenido que el que acabo de hacer, limitándome á cum- 
plir los deseos expresados por el doctísimo P. Gams (1) y por 
nuestro sabio compañero el Sr. La Fuente (2) ó á restituir la serie 
de los Obispos de Gartagena á la realidad cronológica, no sin 
devolver á su lugar los períodos del Bosquejo dislocados por 
mano, cuando no temeraria, incauta. El sabio y prudente autor 
alcanzo los azarosos días del cisma de Basilea, que acarreó el es- 
trago y pérdida do Gonslantinopla; y fué mantenido en sus dere- 
chos por Eugenio IV y Nicolao V contra his pretensiones del Rey 
de Aragón Alfonso V, y las de aquella turbulenta Asamblea con- 
vertida en conciliábulo, que se propasaron nada menos que á eri- 
gir la iglesia de Orihuela en catedral independiente de la de 



(1) S'ci-ies episcopofum EcclesUe CathoUcae; Ratisbona, 187U, pág:. 25. 

(2) Historia eclesiástica de España^ 2.* edición, Madrid, 18'3; tomo iv, pág. 487. 



BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA SEDE CARTAGINENSE. 293 

Murcia. La bula Exposcit desuper, de Nicolao V, copiada por Mo- 
rales (1), fechada eu 14 de Julio de 1451, cerró el debate; y en- 
tonces, á mi ver, libre ya de carga tan molesta como absorbente, 
se aplicó D. Diego á perfeccionar su trabajo histórico. Murió, di- 
cen, á G de Marzo de 1458. El fin de su episcopado viene señalado 
por una carta de Enrique IV, que notifica la promoción del sucesor 
y que Morales (fol. 132 vuelto) describe así: ^(Carta del mismo 
jS."'' Rey D." Enrique en que da cuenta como Su Santidad lia pro- 
visto de este Obispado á D.° Lope de Rivas^ Prior de Osma^ Oydor 
del Consejo de S. M. y Capellán Mayor de la Reina^ la qual [pro- 
visión Su Santidad] ha executado á petición de Sus Magestades. 
[Fecha en] Soria, 16 Mayo Í45y.» 



Madrid, 12 Octubre, 1883. 



Fidel Fita. 



IV. 

'COMPENDIO DE LA HISTORIA DE BURGOS , POR D. ANTONIO BUITRAGO. 



En cumplimiento del encargo que se ha servido darle el señor 
Director de la Academia para informarla acerca de la obra de don 
Antonio Buitrago y Romero, titulada Compendio de la Historia 
-de Burgos, remitida por la Dirección general de Instrucción pú- 
blica para los efectos del Real decreto de J 2 de Marzo de 1875, el 
que suscribe entiende que dicha obra no se encuentra compren- 
dida con todo rigor en el caso del art. 3." de aquella disposición, 
el cual exige la condición de relevante mérito para su propia y 
estricta aplicación; pues aunque revele en su autor buenas con- 
diciones de estudio y conocimientos bastantemente bien aprove- 

(1) Folio 681 vuelto-692 recto. 



29i BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

chados de nuestros historiadores modernos y de las crónicas cas- 
tellanas por ellos publicadas, no es el resultado de prolijas inves- 
tigaciones sobre los documentos originales. 

Escrito, como confiesa paladinamente su autor, sin ánimo de 
emprender la ardua tarea de formar una verdadera Historia de 
Burgos, la cual sintetizase y compilase lo mucho que se ha im- 
preso en tal materia, porque ni su suficiencia, como dice con lau- 
dable modestia, podría atreverse coa obra tan superior á ella, ni 
las condiciones del certamen á que se presentaba, convocado por 
aquel Ayuntamiento, hacían presumir que fuera ésto su deseo; 
es el trabajo de que se trata, un compendio para uso de las es- 
cuelas, dividido en capítulos y lecciones arregladas al tenor de 
los primeros en la forma de preguntas y respuestas para la en- 
señanza de los niños, disposición adecuada á su objeto, pero que 
demuestran cuáles fueron las primeras pretensiones , cuyo éxito 
favorable ha alentado después otras más elevadas. 

No es tampoco haber heclio una historia lata, para luego com- 
pendiarla, como se necesitaría indudablemente, si se quiere darle 
el carácter de originalidad que también exige el artículo citado, 
sino haber extractado los sucesos principales en que funda su 
gloria aquella nobilísima ciudad, lo que declara haberse propues- 
to el Sr. Buitrago y exponerlos en un lenguaje comprensible para 
los niños, dando cuenta de los conocidos por la generalidad, con 
tal de hallarse comprobados por documentos y autgres de reco- 
nocido crédito. En el desempeño de este propósito ha llenado cum- 
plidamente, en mi juicio, los loables anhelos de la indicada Cor- 
poración municipal y las condiciones del certamen celebrada 
bajo los auspicios de ésta en aquella ciudad, al que ganoso de 
honra acudió entonces el propio señor, viendo justamente lau- 
reada su obra con el primer premio, regalo de S. M. el Rey; pero 
por lo mismo ha sido suficientemente recompensado en el verda- 
dero y determinado punto á que limitaba sus legítimas aspira- 
ciones. 

Ahora las extiende á recibir nuevo galardón, solicitando la pro- 
tección y auxilio del Gobierno con la compra de ejemplares que 
se destinen á las Bibliotecas píiblicas; para lo cual, téngase en 
cuenta que el níimero de las oficiales de esta clase no llega á 30 



COMPEiNDIO DE LA HISTORIA DE BURGOS. -295 

en todií la Península, y mejor que en ellas podrá prestar utilidad 
en las llamadas Bibliotecas populares la obra en cue5li(3n, [iorquc 
su interés no os el de los trabajos de crítica especial, y como resu- 
raen está localizado en la ciudad á que se refiero, no alcanzando 
alas otras, sino con relación á los sucesos generales consignados 
en las demás historias y compendios de la do España. 

En atención á ello, el informante cree de su deber manifestar 
que el caso no es en su concepto el de la aplicación delart. 3.", sino 
sólo del 1.° del Real decreto mencionado, bastando á satisfacer el 
mérito ya ciertamente premiado sin usura en este libro, y el fin 
de que se distribuya entre varias Bibliotecas, la compra de40 ejem- 
plares, que al precio de G pesetas no excede de las 250 señaladas 
por dicho art, 1." 

La Academia, no obstante, resolverá, como siempre, lo más 
acertado. 

Madrid 25 de Mayo de 1883. 

Manuel Oliver y íIurtado. 



V. 



MONUMENTOS ANTIGUOS DE LA IGLESIA COMPOSTELANA. 



Por encargo de la Real Academia de la Historia, he examinado 
con atención la obra intitulada Monumentos antiguos de la Igle- 
sia Compostelana. Sus autores, D. Antonio López Ferreiro y el 
R. P. Fidel Fita, S. J. (individuos los dos de esta Academia, el 
primero en la clase de correspondientes y el segundo en la de 
numerarios), gozan ya bien ganada fama de investigadores histó- 
ricos en las cuestiones relativas á Santiago y su Iglesia, y el 
presente libro viene á acrecentarla y confirmarla. 

Cualquiera que sea la opinión que se forme acerca de los mo- 



290 boletín de la real agademl^ de la historla. 

demos descubrimientos relativos á la sepultura del Apóstol, siem- 
pre teudrá que reconocerse que han sido de influencia eficacísi- 
ma en el desarrollo de la historiografía corapostelana, como lo 
acreditan, entre otros documento?, el viaje arqueológico de los se- 
ñores Fernández Guerra y Fita, los numerosos escritos del Sr. Fe- 
rreiro, y el libro á cuya recomendación más que censura van di- 
rigidas estas líneas. 

Gompónese de varias monografías, cuyos asuntos son muy di- 
versos, y aun independientes, algunos, de la Iglesia de Santiago, 
aunque convengan todas ellas en estar fundadas en documentos 
de aquel archivo. Las recorreremos rápidamente, fijándonos con 
especial ahinco en las noticias nuevas que contienen. 

Dase noticia en el primer artículo de un solitario códice del 
Palacio arzobispal dQ Compostela, que los g-uardaba antes precio- 
sísimos. Este códice es un Tumbo del siglo xv en vitela, copia de 
otro que los Canónigos de Santiago presentaron eu 1457 al Arzo- 
bispo D. Rodrigo de Luna. Este Tumbo, escrito en'gallego, pre- 
senta especial interés lingüístico, topográfico, y aun de costum- 
bres, pudiendo recogerse en sus páginas desconocidas enseñan- 
zas sobre el estado de la propiedad rural en Galicia, en los tiem- 
pos en que se hizo este apeo y deslinde por encargo del cabildo 
iriense. De Juan Rodríguez del Padrón y de su hacienda, encuén- 
trase en este códice, mención, no inútil para concordar los datos 
de su vida, que va poniendo en claro el P. Fita. Encierra además 
este artículo, un texto del Fuero del Padrón, que sería bien cote- 
jar con el impreso; y una escritura deD. Diego Gelmirez, de rui- 
dosa memoria, en la cual, aquel prelado hace referencia á las in- 
vasiones de los normandos, y á sus tentativas de profanación del 
lugar apostólico, explicando luego, á su modo, cómo para salvar 
el cuerpo del Apóstol, hubo de impetrar el Rey de León por me- 
dio de sus embajadores en la curia romana, la traslación de la 
sede iriense á Compostela. Lo más curioso que este documento 
(artificioso y amañado como todas las cosas de Gelmirez), contie- 
ne, es, sin duda, la memoria de las concesiones hechas por el 
obispo Sisnando á la gente de guerra para defender el país de la 
invasión de los normandos, y las donaciones sucesivas del obispo 
Crescónio al cabildo de Iria, para resarcirle de las pérdidas á que 



MONUMENTOS ANTIGUOS DE LA IGLESIA COMPOSTELANA. 207 

la liberalidad de su antecesor le había expuesto. Todo esto parece 
de autoridad histórica no controvertible y viene á derramar ines- 
perada luz sobre la restauración de la canónica iriense hecha por 
Gelmirez en 1134, y tan de mala fe embrollada por los autores 
de la Historia Compostelana. Con este motivo se aclaran muy cu- 
riosos particulares geográficos respecto de los puntos de Galicia 
terriblemente visitados por los normandos. 

Si es lícito poner algún reparo á trabajo tan bien concebido 
como lo es esta primera monografía, quizá podrá notar alguien 
que, encariñados los autores con el esplendor de la Iglesia com- 
postelana, lleguen á insinuar, aunque de pasada, indicaciones fa- 
vorables al llamado Voto de Santiago, dando así fuerza al espíri- 
tu de reacción que hoy se despierta en nuestros historiógrafos 
locales, y que á la larga puede llevarnos á consecuencias aún más 
funestas que las del espíritu escéptico. Y tampoco se ha de omi- 
tir que quizá los autores conceden demasiada importancia al con- 
cilio compostelano de 987, y á la elección que, fundados no sabe- 
mos en qué ley canónica, hicieron aquellos prelados de arzobispo 
de Tarragona á favor del abad Cesáreo, que ahincadamente lo co- 
licitaba. Pues aunque este hecho sirva para demostrar el gran 
crédito de que en toda España gozaba la sede de Gompostela, hasta 
el punto de que los ambiciosos hiciesen servir la sombra de su 
autoridad para sus entremetimientos; también lo es que el Papa 
anuló semejante elección, viniendo á negar implícitamente la au- 
toridad de los prelados gallegos y leoneses que la hicieron. 

En la segunda monografía se da cuenta de las iglesias que per- 
tenecieron á la sede iriense antes del año 631, conforme á un có- 
dice del archivo capitular de Santiago, que lleva por título Con- 
cordias con esta ciudad, privilegios y constituciones. Este manus- 
crito, que como se ve, consta todo de copias, abarca el texto del 
Concilio de Lugo de 569, ya publicado por el P. Risco, é ilustra- 
do por nuestros autores con enmiendas útiles, y unos apunta- 
mientos inéditos de gran interés para la geografía gallega. Pa- 
recen fragmentos de algunas actas conciliares. 

En el tercer artículo reconoce lealmente el P. Fita, con la since- 
ridad propia del verdadero mérito, que seis de los concilios pu- 
blicados por él como inéditos en 1882, estaban ya impresos en el 



■208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLl DE LA HISTORLA. 

Último apéndice de la colección del Sr. Tejada; y tomando pié de 
aquí, procede á la publicación de otras actas realmente nuevas, es 
ú saber: las de los tres concilios de Santiago de 17 de Agosto de 
1289, 27 de Mayo de 1309 y 3 de Setiembre de 1313, dando, ante 
todo, erudita noticia de sus fnentes, que son varios códices, to- 
dos del archivo de la Iglesia compostelana. 

En la memoria núm. 4 se describe un nuevo Tumbo compos- 
telano, marcado con la letra A é ilnstrado con retratos curiosísi- 
mos, de que ya se dio alguna muestra en el viaje de los Sres. Fer- 
nández Guerra y Fita. 

¡Lástima que hayan perecido los demás códices compañeros de 
este Tumbo, que debieron ser cinco por lo menos, y formar en 
conjunto una serie diplomática curiosísima, ordenada por el ar- 
chivero D. Bernardo, en tiempo del Emperador Alfonso VII! 

De los 28 obispos santos sepultados en la Iglesia de Iria se da 
razón en el capítulo 5.°, con motivo de una frase del Arzobispo 
Gelmirez en el acta de restauración de la canónica iriense. Los se- 
ñores Ferreiro y Fita apuntan, no más que como conjetura, que 
algunos de estos obispos pudieron padecer martirio en alguna 
persecución suscitada por los reyes suevos contra el catolicismo. 

Sobre el códice calixtino de celebridad tan notoria, y cuya ín- 
tegra publicación deberán pronto los doctos al celo de esta Aca- 
demia , versa la monografía sexta , donde el P. Fita reproduce y co- 
menta de nuevo el prólogo que Arnaldo del Monte, monje de 
Ripoll, puso al frente de sus extractos de aquel famoso y contro- 
vertido monumento. Tan á continuación el himno de Aimerico 
Picaud y el de los Peregrinos flamencos, que, interesante como 
poesía, lo será todavía más como música, cuando los doctos ati- 
nen con la clave de sus signos arcanos , y acierten á leerlos. 

Completan este volumen varios documentos relativos á la so- 
lemnidad de la Inmaculada Concepción , y al modo de celebrarla 
en Santiago durante el siglo siv í por donde se ve que aquella Igle- 
sia se adelantó á la misma de Cantorbery, cuyo decreto de 1329 
se citaba hasta ahora como el más antiguo de los que ordenaron 
aquella solemnidad). Todavía ilustran más esta materia un rezo 
antiguo de la Inmaculada transcrito ala letra y lleno de fragmen- 
tos poéticos curiosos, la misa y el rezo de la fiesta de la Santifica- 



MONUMKNTOS ANTIGi OS DK L.V IGLESIA COMPOSTELANA. 209 

(ñóii de Nuestra Señora, tal como se celebraba eu Gerona en 1330, 
muy diverso del que publicaron los PP. Merino y La Canal en 
el tomo XLiv de la España Sagrada, cuyo texto enmienda el 
P. Fita con presencia de un hermoso misal del archivo gerun- 
dense, y finalmente el bellísimo oficio de la Virgen, compuesto á 
ruegos de Alfonso el Sabio, por Egidio ó Gil de Zamora, pieza la 
más curiosa para el estudio do la poesía himuologica, entre todas 
las coleccionadas por el P. Fita, el cual narra además con exqui- 
sita novedad las vicisitudes de la fiesta de la Santificación hasta 
la época del Concilio de Basilea, y trata de restaurar la verdadera 
lección del oficio compostelano, con ayuda délos de Toledo, León, 
Badajoz y Braga. 

No basta tan sumario extracto para dar idea de todos los des- 
cubrimientos paleográficos y arqueológicos contenidos en estas 
190 páginas. La Academia dará, sin duda, la estimación debida 
á esta obra que no es de las que pueden esperar el aplauso del 
vulgo, pero sí de las que el juicio de los doctos debe proteger y 
galardonar, facilitando y estimulando así las laboriosas pesqui- 
sas de sus autores. 

La Academia resolverá, como siempre, 16 más oportuno. 

Madrid, Octubre de 1883. 

Marcelino Menéndez y Pelayo. 



VL 

MALAGA MUSULMANA, POR D. FRANCISCO GUILLEN Y ROBLES. 



Excmo. Sr.: Culto á la verdad, amor á la patria, son los lemas 
que ha estampado nuestro correspondiente D. Francisco Guillen 
y Robles al frente del libro , lleno de erudición y dotado de vivo 
interés, que se tiliúa, Málaga Musulmana. Más que en parte al- 



300 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMLA. DE LA HIST0RL4. 

guna necesita la historia salir cu España del angosto cauce de los 
moldes convencioaales en que la tenía encerrada la tradición de 
las escuelas retóricas, más dadas á considerarla como campo 
donde lucir las galas del ingenio, que como asunto de pacientes 
pesquisas y serias meditaciones; y para alcanzar tan indispensa- 
ble resultado, no hay otro camino que multiplicar los estudios 
parciales y las monografías ó historias particulares, y llegar, 
por la suma y comparación de las partes, A la creación ordenada 
y sólida del conjunto á que aspira la crítica moderna. 

Málaga Musulmana es obra de aquel género; pues se concreta, 
no sólo ú la historia de una ciudad, sino á limitado período his- 
tórico, el de la dominación árabe, tan menospreciado por nues- 
tros clásicos como exageradamente encomiado por los primeros 
renovadores de estos estudios, y que hoy empieza á verse con 
aspecto de verdad y medida de justicia, gracias á las numero- 
sas publicaciones de textos bien compulsados. 

La consumada pericia del autor en letras orientales le ha per- 
mitido aumentar con rico caudal lo que hasta ahora se sabía de 
aquellos revueltos tiempos, y su lozana imaginación andaluza da 
á la verdad de los hechos tan vivo colorido , que impide dejar el 
libro de las manos, una vez empezada la lectura de cualquier ca- 
pítulo. De los más importantes, por su extensión y novedad, son 
los que contienen la larga historia de la dinastía hamudí, pre- 
ciada de nobilísima ascendencia, tenaz en su empeño de ocupar 
en Córdoba un trono que hubo al fin de asentar en Málaga. El 
verdadero concepto de las costumbres de aquellas edades resulta 
bien claro cuando trae á la vista la caballeresca bizarría de la fa- 
milia de Esquirol ó Escallola, de pura sangre indígena, como 
tantas otras, procedentes de la gran masa de españoles islamiza- 
dos y progenitura ésta, por línea femenina, de la brillante casa 
real, en cuyas manos acabó el poder musulmán en España. Con 
la justa severidad propia de quien ejerce el augusto ministerio 
de la historia, lanza el Sr. Guillen merecida censura , aun á costa 
de aminorar en mucho su tradicional aureola, sobre aquella gente 
nazarita, cuyas pasiones raheces precipitaron la catástrofe que 
lloran todavía los nieíos de los desterrados. Preparación y anun- 
cio de este último paso de la épica reconquista fué el asedio y ex- 



MÁLAGA MUSULMANA. 301 

pugnación de Málaga; ocasión de insignes proezas y crueles des- 
venturas, campó donde la codicia de unos y la flaqueza de otros 
empañaron el lustro que por igual alcanzaran para todos el ho- 
nor, el ardimiento, la obstinación y el amor de la patria. La con- 
quista de Málaga fué de las últimas en que, conforme á las cos- 
tumbres antiguas, una población entera, desposeída de todos sus 
bienes, muebles y alhajas, era arrancada de cuajo do sus hogares 
y condenada á la servidumbre ó al destierro; y el corazón gene- 
roso del autor, movido por tanta lástima, marca con duro estigma 
la crueldad de los vencedores al cargar de cadenas al constante y 
valeroso Zegrí, indomable caudillo de la defensa, no menos que 
su avaricia, no saciada con cuantas ropas, joyas y dineros poseía 
la mísera y extenuada población civil, obligada á mendigar sin 
fruto en Granada el complemento de un rescate, que en tiempos 
más felices recibieran todos los cautivos muslimes de la pródiga 
mano de los malagueños. 
No basta hoy la investigación atenta de los sucesos políticos y 
* militares para dar por acabado un trabajo histórico; el lector 
entendido quiere conocer la sociedad en su vida interna, con sus 
costumbres, sus obras, sus instituciones y sus ideales. Persua- 
dido de esto nuestro docto correspondiente, dedica la mitad del 
volumen á cuanto saberse puede acercado arqueología y letras de 
la Edad Media. Una de las cosas en que ha puesto mayor diligen- 
cia es en estudiar la topografía de la ciudad y sus contornos, y 
consultando relaciones antiguas, noticias geográficas, mapas y 
planos, inéditos muchos, y sobre todo, estudiando y comparando 
vestigios que quedan aún en algunos parajes, levanta de nuevo á 
los ojos del lector atento la activa cuanto estrecha factoría fenicia, 
el ostentoso municipio romano y la rica, populosa é inquieta ciu- 
dad árabe, transformada, por obra de las armas, en colonia de 
caballeros cristianos procedentes de todos los reinos de la penín- 
sula. La cerámica, la indumentaria, la arquitectura, y muy espe- 
cialmente la numismática, nada dejan que- desear en este libro, 
donde el número de láminas, de grabados y hasta de trozos de 
difícil composición en caracteres arábigos, demuestra que no so 
ha perdonado dispendio ni fatiga para llegar dignamente al fin 
deseado. 



,")02 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Xo menos atención que á las obras de manos se dedica en esta 
monografía á las del ingenio, dando á conocer la vida y escritos 
de los literatos malagueños, especialmente desde el tiempo en que 
la disolución del califato llevó ¿i la hermosa ciudad del Medite- 
rráneo un centro político importante. Entre multitud de teólogos 
y poetas descuella la simpática figura del infortunado filósofo y 
poeta hebreo Aben Chebirol, con la despreciable del desatentado 
cortesano de D. Juan I de Castilla, Garci-Fernández de Gerena, 
cristiano y moro, casado y ermitaño, renegado y penitente; ocu- 
pan digno puesto las memorias del docto naturalista Ebn Albéi- 
tar, cuyas obras se pueden ya disfrutar por la perseverante labo- 
liosidad de la erudición alemana; y sobre este campo de atildados 
prosistas, sutiles jurisconsultos, delicados rimadores y sabios 
austeros, brillan como luciente constelación dos poetisas insig- 
ues, cuyas composiciones hacen ¡jensar que, si las españolas ma- 
nejaron la pluma con mayor frecuencia relativa que las demás 
mahometanas, consiste en que la mujer mantuvo en nuestra tie- 
rra la dignidad del puesto á que la había levantado la ley evan- 
gélica, con lo cual se ve cómo la buena semilla , si ha arraigado 
con vigor y lozanía, no se deja extirpar del todo por la cizaña. 

Las consideraciones precedentes, en que la afición á los estu- 
dios orientales no ha sido parte para exagerar por estilo alguno 
el mérito del nuevo libro, muestran sobradamente que es acree- 
dor, como pocos, á la protección del Gobierno, y que merece una 
declaración explícita de hallarse comprendido en la letra y en el 
espíritu del Real decreto de 12 de Marzo de 1875. 

La Academia resolverá, como siempre, lo más acertado. 

Madrid, 27 Abril ISSIJ. 

Eduardo Saavedra. 



VARIEDADES 



EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA. 



Gonslruida por Coiifitautino el Grande, en los principios de la 
€uarta centuria; arruinada después por un incendio en tiempo do 
Justiniano; reedificada por este Emperador; destruida de nuevo 
por un terremoto en el siglo viir, y levantada otra vez por León 
ísáurico, la iglesia de Santa Irene en Gonstantinopla, parece ha- 
J)er conservado su primitiva planta después de tantas vicisitudes, 
aunque se sospecha con fundamento que la primera, edificada 
por Constantino, fué más pequeña. No es la actual la única igle- 
sia que hubo en Gonstantinopla dedicada á Santa Irene: Mai-cia- 
no levantó otra á la entrada del Cuerno de Oro ^ y otra había en 
un paraje llamado Sw'a (higuera) ; pero de todas ellas, la más im- 
portante fué la que ahora estudiamos, dentro de cuyas naves tuvo 
lugar un concilio célebre. Esta iglesia se encuentra cerca de la 
coca real ó casa de moneda, y se halla convertida en armería, y 
sus edificaciones adjuntas en Museo arqueológico. 

Por rara excepción , la iglesia cristiana de Santa Irene nunca 
■estuvo convertida en mezquita, sirviendo, desde hace mucho 
tiempo, para el uso á que está destinada, de parque ó depósito de 
íirmas. 

La planta de esta notable iglesia bizantina es un rectángulo 
prolongado, con orientación de Ocaso á Oriente, dividido el inte- 
rior en nave central y laterales mucho más bajas, todas ellas ce- 
rradas con bóveda y sostenidas por pilares de planta rectangular. 



304 boletín de la real academlv de la historla. 

Tiene dos cúpulas de 14,50 m. de diámetro; pero la que podernos 
llamar principal ó de crucero, es circular, y oblonga la que se 
halla hacia los pies de la iglesia, en la misma nave central, sepa- 
rándolas un gran arco, así como otro de más anchura continúa 
la nave hasta la capilla mayor; de modo, que la nave central está 
formada, después del narteh^ primero por una cúpula elíptica, que 
tiene su eje mayor en el sentido de la anchura de la nave , des- 
pués por un gran arco, que apoya sobre gruesos pilares, luego 
por la gran cúpula circular, mucho más elevada que la anterior^ 
y después por otro gran arco, tras del cual se encuentra el casca- 
rón del ábside ó capilla mayor. La gran cúpula se levanta sobre 
un tambor circular, y aparece completamente diáfana, con 20 ven- 
tanas de arco semicircular, ventanas cuyos pilares ó macizos van 
reforzados á la parle exterior por contrafuertes, que llegan hasta 
el arranque de sus arcos. Sobre las bajas naves laterales se levan- 
tan las tribunas del gineceo ó sitio destinado á las mujeres. Los 
lados Sur y Norte del rectángulo general que forma la planta, 
están formados por dos grandes arcos, unidos mejor que cerrados 
por muros, pues estos se presentan casi diáfanos, abiertos en tres 
(jrdenes de ventanas, disposición que explica el origen de análogo 
cerramiento en los templos ojivales. En la actualidad, y temiendo 
acaso por la conservación del edificio^ gran parte de estas venta- 
nas están cerradas; pero puede formarse idea del aspecto de atre- 
vimiento y ligereza que tendría esta iglesia, en la q-ue aparecen 
suprimidos los muros continuos, sustituyéndolos con órdenes de 
ventanas sobrepuestas. La construcción de los muros exteriores 
es de hiladas de mármol y ladrillo alternadas, y ofrece la parti- 
cularidad de que las uniones ó lecho de la argamasa, principal- 
mente en las de ladrillo, tienen un espesor de 4 á 5 centímetro?, 
y llevan un relieve moldeado en forma, ya de greca angulosa ó ya 
de meandro. Las cubiertas están resguardadas con plomo y los 
frontones con tejas. 

El interior de este templo, en su decorado, es tan sencillo como 
majestuoso. Solamente le adornan algunas molduras de mármol 
blanco fuertemente perfiladas, y las bóvedas conservan todavía, 
en parte, la rica decoración de mosaicos á la manera bizantina, que 
las enriquecían. Los antepechos del gineceo faltan hoy, y no puc- 



EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTIXOPLA. 305 

Je conjeturarse cómo estarían formaJos. El narteh (vápír^j, ó ves- 
tíbulo, tiene también su piso superior á la misma línea que las 
tribunas del gincceo, piso terminado, en los extremos laterales, 
por un arco, cuyo vano lo constituye una ventana con un zócalo, 
sobre el. que se levantan dos columnas sosteniendo un friso, y en- 
cima otras dos columnas más pequeñas, cuyos capiteles tocan al 
arco, composición que también explica los orígenes de los grandes 
ventanales del estilo ojival. 

El vestíbulo conduce á una construcción más reciente, donde se 
ha establecido el Museo arqueológico, de que en breve hablare- 
mos, y el interior de la iglesia está lleno completamente de armas 
modernas simétricamente colocadas, y que nada ofrecen de par- 
ticular al viajero, sino el triste convencimiento de que lo único 
que se encuentra siempre más adelantado en todos los pueblos, 
es cuanto se refiere á los medios de destrucción y de destrozarse 
la humanidad en fratricidas é inútiles luchas, que cada vez la 
apartan más y más de su anhelado perfeccionamiento. ¡Cuándo 
llegará el día en que el hombre comprenda que el único medio de 
realizar su misión en la tierra, es enlazarse. con sus semejantes 
por el amor fraternal de su común origen, y acercarse á Dios por 
las conquistas siempre fecundas de la inteligencia! 

En el fondo del ábside encuéntranse también armas que ofre- 
cen recuerdos históricos. Allí está el temido alfanje de Maho- 
met II, un brazal de Tamerlán, cascos circasianos, estandartes 
rojos y verdes, de los cuales uno, llamado la bandera de Alí, lleva 
en el centro tres espadas sobre fondo rojo; cotas de malla, llaves 
de muchas ciudades conquistadas, y otros objetos análogos, de 
interés para los turcos, por recordarles sus pasadas glorias. En el 
vestíbulo encuéntranse también los timbales y las célebres mar- 
mitas de los genízaros, grupos de antiguas alabardas , un arco de 
metal, persa, antiguos cañones y culebrinas, y formando extraño 
contraste con tan bélico aparato, la antigua campana de Santa 
Sofía. 

En la parte alta ó galería del vestíbulo hallábase colocado , cuan- 
do nosotros visitamos aquella artística iglesia, el célebre Museo de 
los genízaros ó Elbicél-Ateka, frase que, lileralmenle traducida, 
quiere decir trajes antiguos; museo interesante hoy, que van es- 

TOMO III. 21 



306 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

tos desapareciendo, viéndose sustituidos por el uniforme nizan. 
En aquella colección indumentaria, de más de 300 maniquís, se 
encuentran los principales funcionarios de los antiguos Sultanes, 
desde el visir y los ministros superiores, hasta los eunucos negros 
y blancos, y los oficiales y soldados de los genízaros, trajes todos 
llenos de variedad, y cuya descripción necesitaría un extenso vo- 
lumen. 

El Museo de antigüedades á que hace poco nos referimos, pue- 
de considerarse todavía en formación, á pesar de los esfuerzos de 
su director, Garabella Effendi, con cuya amistad me honro, y en 
cuya compañía pasé no pocas horas estudiando aquellos restos de 
las pasadas edades. Se fundó este Museo en 1869, siendo gran vi- 
sir Alí Pacha, y es digno de ser conocido el breve, pero bien pen- 
sado reglamento que para ello se dio, pues habla muy alto en fa- 
vor de la cultura de ciertos personajes turcos, demostrcándonos 
hasta dónde podrían llegar en el camino de los modernos adelan- 
tos, si no tuvieran que luchar á cada instante con la remora de 
los tradicionalistas, que no se toman ni el trabajo de estudiar lo 
moderno, sólo porque lo es. 

Dice así el preámbulo de este notable documento: 

«Xadie ignora la alta importancia que tienen las colecciones 
de objetos antiguos, tanto bajo el punto de vista de los conoci- 
mientos históricos, como respecto á las ventajas especiales que pro- 
ducen; siendo estos los móviles que han decidido á casi todos los 
países á fundar esos espléndidos Museos, donde semejantes obje- 
tos, expuestos convenientemente, atraen con justo motivo la ad- 
miración de los conocedores en tales materias. 

»Así, el Gobierno del Sultán, considerando á su vez la utilidad 
de tal institución, particularmente en las vastas posesiones oto- 
manas, conocidas por su riqueza en antigüedades, como lo de- 
muestran preciosos descubrimientos hechos en el país, había, 
hace tiempo, concebido el proyecto de fundar en Constantinopla 
un Museo, adoptando, entre otras medidas encaminadas al pro- 
pósito, la de imponer á los que buscan antigüedades, la obliga- 
ción de ceder al Estado, siempre que descubriesen dos ejemplares 
de un mismo objeto^ uno de ellos. La experiencia , sin embargo, 
ha demostrado cuan raro es encontrar más de una pieza de un 



EL NÍCSEO AlinUEOLÓr.ICO DE CONSTANTINOPLA. 307 

mismo ohjelo antiguo, y lo poco que se de.scul)ría ora- además fá- 
cilmente sustraído á la vigilancia de la Administración. Portales 
causas, todas las medidas adoptadas no han respondido al objeto 
propuesto, y el Musco en cuestiíjn quedaba siempre cu estado de 
proyecto. El Gobierno de S. M. I., no queriendo continúe así por 
más tiempo obra de tal importancia, ha encargado, por medio de 
un Iradé Imperial al ministro de Instrucción publica, la redac- 
ción de un reglamento más completo para la búsqueda de anti- 
güedades, y proceder al mismo tiempo á la formación del Museo 
antedicho. Conforme á esta orden imperial, aquel depirtamenlo 
tiene el encargo de ocuparse en lodo lo que se refiera, así á la 
clasificación, como á la conservación de las antigüedades reuni- 
das ó por reunir en este Museo, y á subvenir á sus gastos me- 
diante un capítulo especial de su presupuesto.» 

Véanse ahora sus artículos: 

«Artículo 1.° Toda petición de autorización para hacer exca- 
vaciones en los Estados de S. M. I. el Sultán, debe ser previa- 
mente dirigida al Ministerio de Instrucción pública, y en parte 
alguna podrán llevarse á cabo sin autorización oficial. 

»Art. 2.° Queda expresamente prohibido, á las personas que 
hagan excavaciones en el Imperio con autorización del Gobierno, 
en los parajes donde no existan inconvenientes para ello, expor- 
tar al extranjero los objetos antiguos que puedan descubrir. Pue- 
den, sin embargo, venderlos dentro del Imperio, ya sea á parti- 
culares, ya al Estado si los pidiese. 

»Art. 3.° Todo objeto antiguo descubierto en projíiedad parti- 
cular, corresponde al dueño del terreno. 

»Art. 4.° Las monedas antiguas, de toda especie, están excep- 
tuadas de la prohibición de exportación, prescrita por el artícu- 
lo 2.° 

»Art. 5.° Toda autorización para hacer excavaciones, se en- 
tiende que es para los objetos que puedan existir bajo el suelo. 
No será permitido á nadie, fuere quien fuere, tocar ni causar des- 
perfectos en los monumentos antiguos de cualquiera clase que 
sean, y lo mismo en sus accesorios que estén sobre la superficie 
de la tierra. Los contraventores á esta regla serán castigados con 
arreglo á la lev. 



308 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA IIISTORLA. 

«Art. 8." La resolución acerca de las peticiones que, en mate- 
ria de anligüedades, dirijan las potencias extranjeras, será objeto- 
de un Iradé Imperial especialmente dado, á propósito de la pe- 
tición. 

»Art. 7.° Las personas que posean conocimientos especiales 
para la investigación y descubrimiento de antigüedades, podrán 
demostrarlo en el departamento de Instrucción pública, y ser en- 
cargadas de hacer excavaciones por cuenta del Estado, obtenien- 
do con tal objeto misiones especiales del Gobierno imperial. Los 
que se encuentren en tal caso están, por lo tanto, invitados á di- 
rigirse al Ministerio de Instrucción pública.» 

No son muy abundantes todavía los objetos que encierra aquel 
Museo, ni están organizados, como nosotros deseáramos, en un 
orden científico, á pesar de tener todos ellos su numeración co- 
rrespondiente, y de haber publicado el ya citado Sr. Garabellaun 
ensayo de Catálogo con algunos de los objetos que juzgó más imr 
portantes, impreso en Gonstantinopla poco después de haber re- 
gresado de mi viaje, parte de cuyos trabajos tuvo la lleudad de- 
enseñarme antes de que viesen la luz pública, haciéndome el ho- 
nor de preguntarme mi opinión acerca de ellos y sobre algunos 
puntos que consideraba dudosos en determinados monumentos. 
La mayor parte pertenecen al arte escultural , y hay también al- 
gunos de artes industriales y mixtas; y precisamente el más no- 
table de todos los objetos que el Museo de Gonstantinopla encie- 
rra, pertenece á las últimas, siendo por su antigüedad, por su 
simbolismo, por la civilización y el pueblo que representa y por 
sus condiciones técnicas, monumento de inestimable valor, y que 
puede asegurarse es, en su género, ilnico en los Museos de 
Europa. 

Gonsiste en un gran disco ó medallón de plata pura, que mido 
un diámetro de 44 centímetros, y (juc tiene representada en su 
centro, en relieve de una alturade 0,25 m., á la diosa de la teogonia 
fenicia, Astarté. Lleva collar de oro, tocado de lo mismo, con dos 
cuernos de 2 centímetros y 3 milímetros de altura, armillas ó bra- 
zaletes del mismo metal en los brazos y en las muñecas, manto 
también de oro, suJGto al hombro izquierdo, cubierto de estrellas, 
y sandalias del mismo metal. Aparece graciosamente sentada so- 



EL MUSEO AIIQI.EOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA. 309 

brc áureo sitial, sostenido por cuatro colmillos de elefante cruza- 
<Ios; y tiene ;í un lado el loro mitológico de la India y al otro el ave 
mítica de Shinyala ó Geylan fGallus ecaicdatus de Temminck, 
Stridliio Casuarius de Linneo), y debajo del x)lauoeuque descan- 
san los pies de la divinidad, dos Métoros, vestidos y tocados tam- 
Í3ica de oro como la diosa, sostienen con cuerdas doradas un ti- 
gre y un leopardo. El diámetro del cíiculo en el cual está sentada 
Astarté, es de 3G centímetros; y está inscrito en otro de 40, divi- 
diéndose la zona comprendida entre ambos por cuatro medallones 
de oro de 0,1 m. de diámetro, llevando un pequeño busto de ¿Ado- 
nis? y todo lo demás cubierto de menuda labor, en cada una de 
las cuatro secciones diferentes, formando digno marco para tan 
notable composición. El tocado de la divinidad lo forma una espe- 
cie de turbante, sobre el que sobresalen ios cuernos simbólicos, 
yol cabello cae en bucles de diferente, pero simétrica longitud, 
iiasta los hombros, formando una línea mucho más corta sobre 
la frente. En la mano izquierda lleva el arco, y tiene la diestra 
levantada mostrando la palma, en actitud hierática. Las carnes 
todas, excepción hecha de una pequeña parte- del antebrazo iz- 
•quierdo en que falta, están formadas de esmalte verde. A los la- 
dos del trono ó asiento de la diosa, se ven dos ¿leonas? también 
■de oro, con collares. 

Para comprender esta notable obra de la orfebrería fenicia, cuya 
exacta copia, debida al inteligente pincel del Sr. Velázquez, hecha 
directamente del original por vez primera, he publicado en mi 
Viaje á OWeníe, lícito ha de sernos recordar algunas nociones 
de la teogonia india, de la cual derivaron, modificándose en su 
marcha bacia el Occidente, todas las del Asia central, de la Feni- 
cia, del Egipto, del África, de la Grecia y de la Europa, así sep- 
tentrional, como central y meridional. 

En el origen de aquella teogonia encontramos el gran principio 
de la unidad; aunque desgraciadamente y como resultado de en- 
carnaciones alegóricas y sucesivas, debidas á la intencionada fan- 
tasía de la casta sacerdotal, cayó bien pronto en las nebulosida- 
des de la Triada. 

En el principio, Brahma, ser eterno y necesario, era el único 
dios conocido y adorado por el indio; pero después de mil años, 



310 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA IIISTORLV. 

según l¿x leyenda religiosa , una encarnación engendró á Siva , y 
produjo la adoración del lingam. Nueva encarnación produjo en 
seguida á Vichnu, y del acuerdo de estas tres divinidades provino 
la trimurti de Brahma, Vichnu y Siva. 

Pero esta triada masculina estaba incompleta sin otra triada fe- 
menina, y bien pronto la formaron Parasacti ó Sarasvati, mujer 
de Brahma, Parvati de Siva, y Lacmi, ó la hermosa, de Vichnu. 

Emblema de la producción, llevaba ésta en la frente el Lingam, 
y nacida de la espuma del mar, dio vida á Varas, que como el 
Eros griego y el Cupido romano, montó sobre un león, llevando 
el arco en la mano y á la espalda un carcax con cinco flechas, en 
número ignal á los sentidos corporales. Su madre le acompañó 
llevada por un loro, como la Venus griega, de ella derivada, era 
conducida por palomas. 

Esta última personificación de la triada femenina, aparece en 
Fenicia al lado de Melkarte, el gran dios de los descubrimientos 
y de la fuerza humana, el Hércules de las tradiciones fenicias, y 
toma el nombre de Astaroth ó Astarté. 

Siguiendo en su fantástico, pero profundo simbolismo, la le- 
yenda sacerdotal dice que la diosa, deseando recorrer la tierra, se 
puso una cabeza de toro á fin de no ser reconocida, y consagró en 
Tiro una estrella caida del cielo, mito astronómico como todos los 
déla religión védica, que indica la conjunción del planeta Ve- 
nus con la luna en el signo de Taurus. 

Astarté amó á Adonis (Adón, Adod , Adad, el Señor); pero ca- 
zando éste en el Líbano, fue muerto por un jabalí, y sus servido- 
res, con los ciervos y animales monteses que su dueño había do- 
mado, y con sus fieles perros, buscaron á la diosa en su templo 
de Byblos y la noticiaron el triste fin de su infortunado amante. 

Cuando en los primei'os días de Junio el río Adonis (hoy Ibra- 
him Nehr, Sandjiak de Trípoli), corría, como corre ahora y co- 
rrer;! siempre, mientras tenga ácido de hierro en su cauce, de co- 
lor rojizo, decíase (jue iba enrojecido por la sangre de Adonis, y 
ofrecíanse en su honor sacrificios fúnebres, que dieron origen á 
festividades religiosas, convertidas bien pronto en verdaderas or- 
gías y escenas de lúbrica prostitución. Este culto pasó á Antio- 
quía, á Chipre, á Atenas, á Argos, á todos los pueblos de la anti- 



EL MUSEO AnQUEOLÓGir.O DE CONSTANTIN'OPLA. 311 

güedad, que sigaicrou en diversos desenvolviiniciitos la religión 
védica, y duró hasta el siglo iv después de Jesucristo. 

Los cuernos que lleva en el artístico medallón que nos ocupa 
la figura do Astartc, así se refieren al Lingam, como también á 
la caza, pues parecen de ciervo, caza de que era protectora aque- 
lla divinidad, tanto por sus amores con Adonis, como por repre- 
sentar también á la diosa, que después llamaron los romanos, 
Diana cazadora. A lo mismo aluden las fieras que sujetan los Me- 
teros, fieras que simbolizan al mismo tiempo los viajes victorio- 
sos del Dionisios indio, ó sea la lucha del hombre con la natura- 
leza, y el triunfo del primero. El ave mítica de Shingala al lado 
de Astarté, aparece como emblema de la producción y de la fe- 
cundidad. 

Anterior probablemente al monumento que acabamos de des- 
cribir, hállase otro, producto también de un arte oriental, el asi- 
rlo, monumento que consiste en un trozo rectangular de mármol, 
de 0,71 m. de alto por 0,47 m. de ancho, dividido en dos com- 
partimientos, superior é inferior. Esta antigüedad babilónica, do 
procedencia, por desgracia, desconocida, está muy bien conser- 
vada, y en la parte superior se ve á un rey asirlo sentado sobre 
su trono, con la espada desnuda en la mano derecha, y ante él un 
hombre y una mujer en actitud suplicante; escena que así puede 
representar una petición dirigida al soberano, como una imposi- 
ción de pena hecha por el mismo. En el compartimiento inferior 
se hallan sentados una mujer y un hombre, ante los cuales otro 
se inclina en ademán de ruego. En el marco de este curioso már- 
mol se encuentran inscripciones en caracteres cuneiformes, cuya 
traducción no estaba hecha, ni nos permitían hacer nuestros es- 
casos estudios en la materia, aun siéndonos conocidos los admi- 
rables trabajos de Grotefend y de Burnouf. Estando hoy, gracias 
á las investigaciones de estos sabios orientalistas, claramente de- 
mostrado que en la escritura cuneiforme hay tres sistemas diver- 
sos, empleados casi siempre á la vez en los monumentos, el babi- 
lónico ó asirlo, el medo, y el persa, siendo este último el menos 
antiguo y más sencillo, sistema que emplea casi en iguales pro- 
porciones los trazos verticales y los horizontales, mientras en el 
medo, los trazos verticales son más raros y el uso del ángulo mu- 



312 boletín de la eeal academlv de la historia. 

dio más frecuente, y el babilónico se distingue por su mayor 
complicación, y los trazos con inclinaciones varias y aun cruzán- 
dose los unos con los otros; y en cuanto al idioma á que respon- 
den aquellos caracteres, hallándose también marcadas diferencias, 
pues mientras las inscripciones persas se refieren á una lengua 
derivada del Zendico, que se hablaba en Persia cinco siglos antes 
de Jesucristo, la lengua asirio-babilónica se cree relacionada y 
formando parte de la misma familia del hebreo, el siriaco y el 
árabe, es decir, de las lenguas semíticas, es indispensable un es- 
tudio profundo y especial de tan complicado ramo de la arqueo- 
logía, para poder atreverse á intentar siquiera la interpretación 
de cualquier epígrafe cuneiforme, por sencillo que parezca. 

Además de estos importantísimos monumentos, encuéntranse 
en el Museo de Constantinopla estatuas y bajo-relieves arcaicos 
y de la mejor época griega. Pertenecen al primer grupo dos esta- 
tuas de mujer casi completas, pues están rotas por debajo de las 
rodillas, que recuerdan por su estilo la estela que se conserva 
en el templo de Teseo en Atenas, conocida con el nombre de Sol- 
dado de Maratón^ estela que he dado á conocer extensamente en 
la citada obra y que ilustró con doctísima monografía en el Mu- 
seo Español de Antigüedades, nuestro sabio y respetado amigo 
D. Pedro de Madrazo. Las dos estatuas visten una simple túnica 
muy amplia, adornan el cuello de cada una de ellas cuatro colla- 
res, y su cabeza un tocado especial, á manera de los,que se en- 
cuentran en figuras chipriotas, con las cuales tienen estas esta- 
tuas muchos puntos de contacto, sin embargo de haber sido en- 
contradas en Rodosto (Rumelia), así como otras dos cabezas, una 
de hombre y otra de mujer, con los mismos caracteres artísticos, 
estando unas y oirás esculpidas, no en mármol, sino en una cal- 
cárea fácil de labrar, lo mismo que las de Chipre; y ofreciendo 
también grandes analogías con las del Cerro de los Sanios, en 
nuestra patria. 

Entre las esculturas griegas del siglo de oro de aquel gran pue- 
blo ocupa preferente lugar en el Museo de Constantinopla un bajo- 
relieve, procedente de Budrün, en Halicarnaso, encontrado cerca 
de las ruinas de Mausoleo, y que representa una joven que re- 
cuerda la fál)ula do las amazonas, pues aparece en actitud de 



EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA. 313 

correr, sujetándose con la izquierda mano los últimos pliegues 
de su traje flotante, y levantando sobre su cabeza con la derecha 
un hacha, en actitud de combatir. Tan hermosa escultura, que 
mide 0,55 m. de altura por 0,'íO m. de anchura, encuéntrase 
desgraciadamente cubierta por una especie de patina verde con 
que la humedad constante del sitio en que estuvo soterrada du- 
rante muchos siglos, ha sustituido al hermoso color del mármol 
en que está esculpida. 

Otra de las notables obras de la antigüedad griega que allí se 
conservan, es un relieve sobre fondo circular rebajado en la forma 
llamada en términos de arquitecnología cartucho , abierto en 
la superficie de un fragmento arquitectcjnico de mármol que 
mide 0,54 m. de altura por 0,48 m. de ancho, cuyo relieve repre- 
senta á Cleómenes, rey de Esparta, que vivió 520 años antes de 
Jesucristo; objeto de gran valor que se halla en perfecto estado 
de conservación, y que, encontrado en Gyzico (Bal-Kis)^ fué lle- 
vado al Museo Imperial por su conservador M. Goold en 18G9. 

También pertenece al mismo brillante período del arte antiguo 
una estatua de mármol, representando á Hestia, divinidad de 
donde provino la Vesta romana. Esta estatua, de la misma pro- 
cedencia que el anterior relieve, mide 0,8G m. de altura, y es no- 
table ijor el estudio de pliegues que en el traje de la diosa se en- 
cuentra. 

No menos importante es otra estatua, también de mármol, 
de 1,7 m. de altura, hallada en Mytilene (MidillíJ, y que representa 
á una hermosa joven de Lesbos, apoyado el brazo derecho en un 
pedestal y el izquierdo sobre la cadera. El admirable estudio del 
natural que acusa, así en el desnudo como en los paños, la finura 
de ejecución, la sobriedad y firmeza al mismo tiempo del dibujo, 
están revelando en esta notable estatua uno de los mejores perío- 
dos del arte antiguo, al que también pertenecen algunas otras 
obras esculturales que allí se conservan, y de las que no creemos 
inoportuno dar noticia á nuestros lectores. 

Un fragmento de bajo-relieve en mármol de Frigia (1) (Syn- 



(1) Tuvo entre los antiguos gran celebridad el mármol de Sjnnada, capital de la an- 
tigua Phrygia Salutañs, llamada en más remota época Mygdonia, de donde fué desig- 



314 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

nada Mygdonienses, Eski Kara Hisar), de 0,87 m. de altura 
por 0,54 m. de longitud, de procedencia desconocida, represen- 
tando la muerte de Alcibiades. 

Cabeza en mármol con corona mural, simbolizando en una 
hermosa doncella la ciudad de Heraclea, situada en la costa asi¿i- 
tica del mar Negro. 

Fragmento marmóreo de relieve, representando el combate de 
Teseo contra los Lápitas, según la tradición legendaria griega, 
monumento de procedencia desconocida, pero de remota anti- 
güedad. 

Otro fragmento, también de mármol, en que se ve á Eros ó el 
Amor, llevando al hombro la maciza clava de Hércules, símbolo 
de la fuerza vencida por el amor. Procede de Heracha en el mar 
de Mármara, la antigua Perintho. 

Hermosa tabla de mármol de 0,60 m. de longitud por 0,50 m, 
de altura representando en relieve muy bajo, indicio seguro de su 



nada con el nombre de Synnada Migdoniensis. En la época romana hicieron tan fre- 
cuente uso de él los ricos patricios de la ciudad del Tiber, que los poetas citaron el 
mármol frigio como emblema del lujo y de la riqueza (Horacio, lib. ni, od. 2.— Ovidio,, 
epístola XV.— Tibulo, elegía 3, libro xiii.) De este mármol está fabricado en Roma el 
Panteón de Agripa, yerno de Augusto, primer emperador romano. Del mismo son tam- 
bién las hermosas columnas de la basílica de San Pablo, /;íon /««rt, que estuvieron 
antes en la tumba de Adriano. 

Pablo el silencioso, secretario de Justiniano I, en su historia de Santa Sofía, dice que 
la tinta general de este mármol era un blanco lúcido, con manchas casi circulares de 
color rosa y violeta. 

Según entraba ( Ac;t!u.iov ) una variedad de esta roca, da, en cantidad considerable, 
mármol de un blanco amarillento de grano fino y muy cristalizado, que sin embargo no 
ofrece resistencia á la labra, respondiendo á todas las necesidades que se exigen para el 
mármol de construcción. Este mármol blanco generalmente se encuentra en la super- 
ficie de la cantera, y al penetrar en sus capas interiores se le halla veteado ó manchado 
de azul, lila y violeta. En Europa apenas es conocida esta calcárea compacta sacaroide 
que lleva grandes ventajas á muchos de los mármoles estatuarios y de construcción 
más renombrados. 

En la antigüedad, según el testimonio de Pausanias (Ática, lib. i cap. 18), se empleaba 
frecuentemente este hermoso mármol para las estatuas policromas. 

La pequeña aldea Seid-el-ar (antigua Docimia) está situada en la entrada de estas can- 
teras á distancia de 2 kilómetros de Eski Kara-Hissar. 

Destruidos los antiguos caminos en el Asia Menor es muy difícil designar el punto 
de la costa donde se embarcarían los prodigiosos monolitos que de aquellas canteras se 
sacaban para fustes de columnas, y aquellas tablas de tan sorprendente belleza y di- 
mensiones, y que tanto admiraban á Strabon (xii, p. 577). 



EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CONSTANTINOPLA. 315 

antigüedad, a Asclepios o Esculapio, sentado, teniendo á su de- 
recha igualmente sentada á Hygia, que con una copa en la mano 
presenta un brebaje á una serpiente. Asclepios so apoya en una 
rama de árbol. 

Aunque ya de la época romana, pero de cincel griego, atrae po- 
derosamente la atención del viajero y del artista, en aquel na- 
ciente Museo, otro bajo-relieve igualmente de mármol, de 1,80 m. 
de altura, que formaba parte de un grupo perlenecieate al anti- 
guo arco de triunfo elevado por Augusto en Tesalónica, en uno 
de cuyos lados el escultor había representado la genealogía de 
Julio César, descendiente de Ascanio, hijo de Eneas, hijo de Ve- 
nus, al decir de Virgilio (JEneid, i, 28G--288): 

Nascetur pulclira Trojanus origine Caesar. 
Imperium Océano, famam qui terrainet a:ítris 
JuliuSj a Magno demissum nomen Julo. 

Y en Otro paraje (Mn. i, 267, 268): 

At puer Ascanius, cui nunc cognomen lulo 
Additur (Ilns erat, dum res stetit Ilia regno.) 

Pasajes por donde se ve, que Ascanio llevó también el sobre- 
nombre de Julo llamándose lio, cuando Ilion y su gloria fueron, 
de cuyo nombre tomó César el suyo, como nacido de la sangre 
más ilustre de los troyanos. 

Este Julo, que fué considerado como el fundador de Alba Lon- 
ga, el padre de la raza romana, el antecesor de Rómulo, el tronco 
de la Gens Julia, de donde nació Julio César, es el que, en los ri- 
sueños años de su adolescencia, está representado en el hermoso 
relieve de puro estilo griego que nos ocupa. 

El joven troyano, todavía imberbe, está de pie, desnudo, la ca- 
beza de perfil, vuelta á la derecha, y el cuerpo más vuelto hacia 
adelante, tres cuartos de frente, revelando en el trazo delicado de 
sus contornos graciosos y simétricos aquel conjunto de finura, 
facilidad y energía, cuyo secreto monopolizó el arte griego en la 
antigüedad. De fisonomía dulce y tranquila, cubierta la cabeza 



316 nOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA.. 

con el sencillo y verdadero gorro frigio, lleva una ligera clámide 
echada descuidadamente sobre el hombro izquierdo, cuyo brazo 
cae á lo largo del torso, sosteniendo una javelina, que apoya en 
tierra por la parte del hierro, y deja ver la extremidad de un aci- 
naces dentro de su vaina, mientras la mano derecha se apoya 
sobre un ovalado escudo. Nada más sencillo que esta figura; pero 
pocas obras del arte antiguo reunirán á tanta sencillez mayor 
encanto. 

También es digno de especial mención un relieve marmóreo de 
ios llamados hí^rj (heróon) , ó monumento funerario, enferma 
de pequeño templo ó xdicula, que lleva un cuadro compuesto de 
un hombre vestido, una mujer con velo y un niño, los tres de 
muy poco relieve. Sobre un triclinium ó canapé de los usados por 
griegos y romanos para las comidas, está recostado el primero, 
elevando el brazo derecho en señal de invocación ó dedicatoria al 
difunto, en cuyo honor se celebra el banquete fúnebre. Sobre un 
taburete de tres pies está sentada la mujer, envuelta en su velo, 
demostrando en su actitud profundo dolor, y en una mesa tripo- 
diana que se levanta en el centro se ven varios platos, algunos 
con frutas, á las cuales tiende la mano el niño, indiferente al 
dolor de sus padres. 

Los monumentos de esta clase tuvieron sn origen entre los 
griegos, y sólo se labraron en un principio en honor de sus hé- 
roes deificados; pero después se usaron también por lt)s particu- 
lares, como puede deducirse de la abundancia con que se encuen- 
tran tales escenas, no sólo en los monumentos funerarios, sino 
también en los vasos pintados. 

A la época greco-romana corresponde una notable y colosal es- 
tatua de marmol, de 2,81 m., representando á Quinto Cecilio Mé- 
telo, llamado CVeíjcus, aquel cónsul romano que en calidad de pro- 
cónsul clavó las enseñas del Lacio por vez primera en la tierra 
hasta entonces libre é independiente de Greta, la antigua Aeria, 
así llamada tal vez por los Pelasgos ó Filisteos de raza arya, que 
la poblaron. Corría el año 686 de la fundación de Roma, 68 antes 
(juc Jesucristo, cuando acudió Mételo á vengarla derrota y muerte 
del pretor Marco Anlo-iio, que en vano intentó impedir que los 
cretenses ayudasen con sus escuadras á los piratas que infestaban 



EL MUSEO ARQUlíOLüGICO DE COXSTAN'TINOPLA. 317 

los mares, aniquilaban el comercio, y llevaban la desolación y l;i 
muerte á las costas de Italia, de Sicilia y de Egipto. 

Las principales poblaciones de Greta, tales como Gortyna, Knos- 
sos y Kydonia, quisieron oponerse al paso del inflexivc descen- 
diente de aquellos Mételos que habían conquistado la Sicilia y 
vencido á los cartagineses, sojuzgado la Macedonia y sometido .í 
Yugurta; pero batidos completamente, tomadas sus ciudades una 
tras otra, á pesar de la heroica resistencia de sus defensores, vie- 
ron por último caer también, al empuje do las invencibles legio- 
nes romanas, el último baluarte de su independencia, la plaza 
fuerte de Hiérapytna, en el centro de cuya plaza fué erigida la 
estatua altiva del vencedor, como perenne recuerdo de su triunfo 
y amenaza permanente de la nación triunfante. Esta estatua es la 
misma que se conserva en el Museo deConstantinopla, habiendo 
sido enviada á aquel notable depósito arqueológico por Costaki 
Pacha Adossides, Mutessarif de Lassythi en la isla de Greta, un 
año escaso antes de nuestro viaje. 

Encuéntrase en muy buen estado de conservación, faltándole 
sólo el brazo derecho, que probablemente sostendría, apoyándose 
en ella, á juzgar por el movimiento general de la figura, una 
lanza. Llévala cabeza ceñida con la corona de laurel y la fálera 
en su centro, distinción obtenida por su importante victoria, que 
le valió el renombre de Creticus. Viste el guerrero traje de su 
época, sin que falte ninguna de sus piezas, el tJwracomachiim, el 
pectoral, enriquecido con figuras que representan victorias aladas 
coronando á Roma, sostenida por la loba legendaria de Rómulo 
y Remo, y la lamina aenea, siendo notables los ricos y adorna- 
dos coturnos de guerra que calzan sus pies, bajo uno de los cuales 
tiene sujeto á un joven cretense. Esta estatua, para mayor igno- 
minia de los vencidos, fué costeada por ellos mismos, cumpliendo 
la orden ineludible del vencedor. 

Monumento también de estilo greco-romano, aunque de la época 
que pudiéramos llamar del renacimiento del arte en Roma, el pe- 
ríodo de los Antoninos, consérvase también en el Musco que nos 
ocupa un sarcófago con altos relieves, á cuya composición sirvo 
de asunto la historia de Fcdra y de Hipólito. El espacio ocupado 
por las figuras está dividido en dos compartimientos, viéndose en 



318 boletíx de la real academia de la historla. 

uno de ellos á una mujer hermosa sentada, que se vuelve hacia 
una joven colocada detrás de ella; en un ara se ve á Afrodita con 
un genio alado. Eros ó el Amor apunta con su arco á Fedra, mien- 
tras habla con olra tercera mujer; y en el otro compartimiento de 
la derecha hay un joven sentado, con la lanza en la mano, que 
mira á una esclava, la cual se ocupa en colgar en un templo las 
astas de un ciervo. Todavía se ven otra figura de un esclavo con 
un jabalí, y un caballo bebiendo en una pila cerca de un i'iltimo 
personaje desnudo. Por cima de toda esta composición corre una 
cornisa jónica sostenida por dos cariátides, que se apoyan en dos 
pedestales con un perro y una liebre. En el otro frente del sarcó- 
fago se ve á una mujer dormida y un héroe en el acto de embar- 
carse, representando acaso á Teseo y Ariadna, y en los laterales 
un águila y una esfinge. 

Algunas otras esculturas de bronce consérvanse también en 
aquel Museo dignas d3 estimación, entre las cuales figura sobre 
todas la célebre cabeza de la Columna Serpentina, que adornaba el 
renombrado Hipódromo; una estatua de bronce (0,31 m. de altura) 
representando á Mermes, el Mercurio de los romanos, en el mo- 
mento de lanzarse al espacio con un pie sobre un globo, el cadu- 
ceo en la mano y la antorcha, actitud en que también se conser- 
van figuras de la misma divinidad en otros museos; otra muy no- 
table (altura 0,72 m.) de Hércules, con la piel del león Ñemeo en 
el brazo izquierdo y la clava en la diestra, procedentes ambas es- 
tatuas de Monastir, y varias figuras grotescas representando á Si- 
leno, ó bien sátiros y faunos. 

De artes industriales y mixtas hállanse pocos objetos; la cerá- 
mica está representada por algunos vasos chipriotas, iguales á 
los que después adquirí en Lernaca, y otros griegos pintados de 
figuras rojas sobre fondo negro, que aunque importantes, como 
todos los de su clase, no ofrecen motivo de especial descripción. 

Consérvanse también, de la época griega, un sello de bronce y 
fragmentos de otros, tan sencillos en su adorno como de buen 
gusto; espejos lisos; fragmentos de hojas de oro, que en su mayor 
parte de])ieron servir para diademas ó adornos de cabeza, todos 
con dibujos y aun co',i figuras de escaso relieve, repujadas; y cu- 
Ijiertas de urnas cinerarias de bronce, algún tiempo dorado. 



EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE COXSTANTINOPLA. 319 

Entre los objetos arqueológicos y artísticos que en aquel Mu- 
«eo se coascrvan de la época bizantina, son notables, un busto de 
hombre; el monumento del célebre actor Porfirios, que algún 
tiempo estuvo en el Hipódromo, cuya escultura, de tiempo de 
Justino II, lleva en sus cuatros frentes el retrato del afortunado 
artista, y la representación de la salida de las cuadrigas, de la 
carrera y del triunfo del auriga vencedor, todo lo cual, aunque 
ejecutado de una manera verdaderamente bárbara y con total 
olvido de las buenas tradiciones artísticas^ es importante en lo 
concerniente á su relación arqueológica, pues reproduce fiel- 
mente cuadros de una de las costumbres más características de la 
•época á que se refiere, lo mismo que otro bajo relieve represen- 
tando juegos del circo, de peor dibujo todavía que el anterior 
monumento , conservado también en aquel depósito de anti- 
güedades; y un hajo relieve que se cree representa á Cons- 
tante II, en el que se ve con efecto á un personaje que recuerda 
los bustos y las figuras que se hallan en las monedas de aquel 
■emperador. 

Del mismo estilo bizantino consérvanse en aquel Museo, dos 
grandes sarcófagos de pórfido, uno de ellos completo y otro más 
pequeño, de verde cmtico; otro sarcófago completo de pórfido; dos 
■de la misma materia, sin sus respectivas cubiertas; una de estas 
•sola sin su correspondiente sarcófago; un fragmento esculpido de 
■otro, en el que se ven representados genios celebrando las ven- 
dimias sagradas; y un obelisco también de pórfido. Excepción 
hecha de éste, todos los demás llevan, por solo adorno, una ó 
muchas cruces bizantinas, estrecha y sencilla bordura, y el 
monograma de Cristo. El uno de ellos es de forma oval y los 
otros rectangulares, midiendo más de 2 m. de largo por IX de 
alto; y las cubiertas en sus dos caras laterales, y por lo tanto más 
estrechas, figuran frontones de templos dóricos. 

Estos monumentos, de gran valor por la materia en que están 
labrados, proceden de la iglesia de los Santos Apóstoles, fundada 
por Constantino el Grande para panteón imperial, en el mismo 
«itio que ocupa actualmente la mezquita de Mahomet II, y se 
cree sirvieron de sepulcros á Constantino 1, y Constancio II, 
Juliano el Apóstata, Teodosio el Grande, Arcadio , Marciano y 



320 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORLA. 

Pulquería, y que el obelisco perteneció á la tumba de Constantino 
el Grande. 

Además de los monumentos y objetos citados, hay en el grupo 
bizantino varias inscripciones y epitafios cristianos, ya griegos, 
ya latinos, y abundantes y curiosos ladrillos, con monogramas 
de los emperadores reinantes en la época de su fabricación. 

Por la noticia que hemos dado de los objetos m;is notables del 
Museo de Constantinopla, se ve, que si bien no m.uy considera- 
bles en número, los hay en ól de la mayor importancia para la 
historia de la antigüedad, y algunos que pueden interesar al es- 
tudio histórico del arte de Bizauzio en España. ¡Ojalá se cumplie- 
ran los deseos de M. Dumont, y se quitase de Santa Irene el de- 
pósito de armas que ocupa la iglesia, estableciendo en su lugar 
un verdadero Museo científicamente organizado! Ningún edificio 
convendría mejor para ello que aquel templo, único resto de la 
antigua y opulenta residencia imperial que coronaba en mejores 
días la primera colina de la nueva Roma, y una de las obras más 
perfectas y mejor conservadas del prinútivo arte bizantino. 

J. DE Dios de la Rada y Delgado. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO iii. Diciembre, 1883. cuaderno vi. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS. 

En la catedral de Murcia, nuestro sabio correspondiente, Don 
Félix Martínez Espinosa, ha encontrado la bula original de Ni- 
colao IV, fechada en Rieti á 13 de Setiembre de 1289, cuyo 
traslado auténtico, del año 1772, procedente del archivo del 
Vaticano ha visto la luz pública en el número anterior de este 
Boletín (1). 



D. Javier Fuentes y Ponte ha enviado á nuestra Academia, de 
la que es correspondiente, el folleto que acaba de publicar titulado 
Sumario del descubrimiento de los restos de D. Diego Saavedra 
Fajardo. En este opúsculo se hace constar que el hallazgo tuvo 
lugar el 27 (no 29) de Octubre último; y que fué debido princi- 
palmente á la actividad y buena fortuna del autor. 



En la sesión del 2 de Noviembre se leyó la solicitud que las 
autoridades de la diócesis, provincia y ciudad de Murcia hablan 
dirigido al Excmo. Sr. Director de la Academia: 

«Excmo Sr.: Los que abajo firman, por sí y en representación 



(1) Páginas 270-272. 

TOMO 111. 22 



322 boletín de la real academia de la historia. 

de la diócesis y su cabildo, de la provincia y municipio de 
Murcia, con motivo del hallazgo de los restos del insigne mur- 
ciano D. Diego Saavedra Fajardo, acuden atentamente á esa Real 
Academia de la Historia, manifestando que si á ella, en 183(1, se 
debió que se salvasen entonces algunos de aquellos, cuyo lugav^ 
de reposo en la Real Iglesia de San Isidro, de esa corte, se ha 
venido ignorando hasta el día 27 del actual, y á ella se debe 
también su identificación; haría ese alto é ilustrado Cuerpo un 
honor á este antiguo reino, cuna de aquel distinguido hombre de 
Estado, si de nuevo, encargándose de los predichos restos, inter- 
pusiera su poderoso valimiento cerca de la superioridad, íi ñn de 
que ésta concediese su licencia para que fuesen trasladados al 
templo catedral de Murcia. 

Esta es la súplica que se permiten dirigir á V. E., sin que 
duden del éxito favorable, por lo que tributan anticipadamente 
á ese alto é ilustrado Cuerpo el testimonio de su gratitud. — Dios 
guarde á V. E. muchos años. — Murcia 31 de Octubre de 1883. — 
Diego Mariano, Obispo de Cartagena. — José María Díaz, Gober- 
nador civil. — Andrés Barrio, Dean. — José Esteve, Presidente 
de la Exorna. Diputación provincial. — Eduardo Riquelme, Alcalde 
constitucional de Murcia. — Javier Fuentes y Ponte, iniciador 
del centenario y de la traslación de los restos.» 



El Sr. Marqués de Molins ha presentado y leido con gran 
satisfacción de la Academia el extenso informe que por encargo 
de la misma ha hecho acerca de lo que piden las autoridades 
de Murcia. 



El Sr. Fuentes y Ponte ha puesto á disposición de la Academia, 
para que se conserven en su archivo, dos documentos originales 
manuscritos de alta importancia histórica. Uno es la memoria 
escrita por el conde de Florida-blanca con este encabezamiento 
autógrafo: Puntos principales sobre mi conducta ministerial. El 
otro documento es la fe de mortuorio de aquel gran repúblico, 
único ejemplar que queda do los dos que se hicieron, ó acta 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 32.'} 

duplicada de la exposición de su cadáver, extendida por el escri- 
bano público de Sevilla D. Antonio Hermoso Míguez y legalizada 
en forma. 



, La Academia ha visto con agrado dos dibujos del mosaico de 
Villasirga que mide 16 pies en cuadro y ofrece muchos puntos 
de semejanza con el que fué encontrado debajo del altar mayor 
de la catedral compostelana y cuyo diseño han publicado los 
Sres. Fita y Fernández-Guerra en su libro intitulado fíecwercíos de 
un viaje á Santiago de Galicia, pág. 71. Uno de los dibujos sen- 
cillo y exacto ha sido ejecutado por la Srta. Doña Guadalupe 
Martínez; el otro iluminado y bellísimo, lo ha remitido el pro- 
pietario del mosaico D. Próculo Garrachón. 



El Diario de Tarragona en su número del 18 de Noviembre da 
la noticia de haberse encontrado algunos días antes la lápida 
romana de mármol jaspeado del país que lleva el número 4408 
en la colección de Hübner. Esta lápida que se halla en ^1 mejor 
estado de conservación se trasladó inmediatamente al Museo 
Arqueológico. 



Han sido remitidas á la Academia copias de nuevas lápidas 
encontradas en el despoblado de Iruña y copiadas por el ilustrado 
párroco de Trespuentes D. Juan Ochoa de Alaiza. Asimismo se 
han enviado por sus respectivos autores dos folletos interesantes 
á la historia y literatura de Galicia y de las Provincias Vascon- 
gadas: Las tradiciones populares acerca del sepulcro del apóstol 
Santiago, por D. Antonio López Ferreiro; Ensayo acerca de las 
leyes fonéticas de la lengua euskara^ por D. Arturo Campión. 



Han sido nombrados socios honorarios por voto unánime de la 
Academia los eminentes filólogos el Príncipe Luis Luciano Bona- 
parte M. Antoine d'Abbadie, miembro del Instituto de Francia, 
y el Dr. A. H. Sayce, catedrático de la Universidad de Oxford. 



INFORMES. 



PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 



Acaso en el largo tiempo que pesa sobre mí el cargo de Anti- 
cuario de esta Real Academia, no he sentido la impresión penosa 
que ahora me causa el tener qne hablar de una nueva pérdida y 
ruina en el caudal de los monumentos arquitectónicos que otras 
edades nos legaron, unidos á gloriosos recuerdos. No pueden 
menos de entristecer el ánimo los documentos sobre que el se- 
ñor Director se ha servido pedirme informe. 

Los esenciales son: Exposición del Ayuntamiento de la ciudad 
de Zamora, remitida por conducto del Gobernador de la provin- 
cia, encareciendo la conveniencia de continuar el derribo de la 
puerta de Santa Clara y del cubo á ella contiguo, é Informe de 
la Comisión de monumentos históricos y artísticos de la misma 
provincia con notas y diseños. Y á reserva de pesar las razones 
de cada uno, citando oportunamente los de ajena procedencia 
que á la comprobación y juicio me sirvan, en resumen dicen lo 
que apunto: 

Para dar mayor facilidad al tráfico, y doble paso álos carruajes 
por la calle de Santa Clara, que es de las principales de la ciudad, 
acordó el Ayuntamiento el derribo de la puerta de la muralla con 
el lienzo de esta y cubo ó torreón contiguo, publicando subasta y 
señalando día para empezar la demolición, en la inteligencia de 
obrar con arreglo á las atribuciones de la ley municipal. Se reu- 



PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 325 

nió con este motivo la Gomisióa de monumentos presidida por el 
Gobernador, acordó á su vez poner el caso en conocimiento de 
las Academias de la Historia y de San Fernando , como su re- 
glamento preceptúa, y lo comunicó á la Corporación concejil 
rogando que suspendiera el derribo en tanto recaía i-esolución su- 
perior; pero por contestación expuso el Ayuntamiento, que no tra- 
tándose de edificio artístico ó histórico, no reconocía en la Comi- 
sión competencia para mediar en el asunto. Reiteró ésta la ges- 
tión con sensatas razones en pro de una demora que no prejuz- 
gaba en modo alguno la cuestión de atribuciones ni tenía otro 
fin que el de consultar á las Corporaciones académicas, cuya de- 
claración creía convenir al buen concepto de la ciudad; y como 
sirviera este acto de móvil para acelerar la obra de destrucción 
ya comenzada, la Comisión repitió el aviso por telégrafo á las 
Academias, y como tuviese en cuenta ser época de vacaciones, dio 
también parte al Sr. Director de Instrucción pública, el cual ce- 
losamente ordenó la suspensión. 

Entonces redactó el Ayuntamiento la exposición referida con 
explicaciones de lo ocurrido y defensa de su acuerdo, que rogaba 
se le consintiera ejecutar. Procedió esta Academia á la tramita- 
ción del expediente, encargando á la Comisión provincial que re- 
mitiese fotografías, y en su defecto dibujos y planos, acompaña- 
dos de las explicaciones necesarias. Pero entre tanto, sin esperar 
el resultado de la repetida exposición , sin que orden superior, 
que conste, revocara la existente, el Ayuntamiento por sí dispuso 
continuar el derribo del torreón, para lo que esta vez se emplea- 
ron barrenos de pólvora como medio más rápido, según nos dice 
la Comisión de monumentos. , 

Hace al propio tiempo la Comisión una advertencia que es de 
consignar aquí, á saber: que ni en la presente ocasión ni en otra 
alguna, se ha opuesto por sistema á mejoras locales que no afec- 
ten á edificios de carácter verdaderamente monumental; y no ha 
hecho ahora objeción al derribo de la puerta y muralla de 
Santa Clara en la extensión que se considerara necesaria á la 
amplitud de la vía pública , y sí sólo al del torreón que sin in- 
conveniente alguno podía conservarse como recuerdo el más 
digno de respeto. 



326 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Consultando antecedentes históricos, encuentra que desde la 
remota fecha en que Zamora fué blanco en el deseo de moros y 
cristianos, como paso obligado del Duero; desde que Alfonso III 
logró fijar la frontera en este río , se debieron levantar y se le- 
vantaron sin duda fortificaciones en el lugar que ocupa el torreón, 
Tínico sitio de acceso llano y fácil al que sirve de asiento á la ciu- 
dad, y padecieron las obras defensivas las vicisitudes consiguien- 
tes á las acometidas y triunfos alternativamente conseguidos. La 
trasformación última del llamado cubo de Santa Clara, según los 
que informan, data del tiempo en que se llevaron á cabo las 
obras de restauración general emprendidas por D. Fernando el 
Magno en la postrera mitad del siglo xi ; y esto se acredita por 
no haber en los recintos sucesivos, flanqueados por gran número 
de torreones de planta cuadrada ó circular, más que dos de espe- 
cial fábrica, notablemente distintos en su forma, en su altura y 
aun en la disposición de los sillares: el uno, ya modificado, que 
se halla en la extremidad meridional de la ciudad , dentro de la 
cindadela ó castillo; el otro, en la opuesta del Norte, que es el de 
que se trata y que por mantenerse intacto, por único en la belleza 
artística, unida al venerando recuerdo de tan codiciado baluarte 
de la cristiandad, amparaba la Comisión en sus recomendaciones 
al Ayuntamiento. 

No es menester tan extenso resumen para que la idea que im- 
pulsó á la Corporación municipal sea conocida; "basta el siguiente 
párrafo de su exposición : 

«Todo el mundo sabe que en España no hay restos de castillo, 
de torre ni de muro, que no represente los heroicos esfuerzos de 
nuestros padres durante la gloriosa época de la reconquista; y 
sin embargo, aquellos monumentos han desaparecido, no por 
incuria ni por afán de destruir, sino porque lo han exigido las 
necesidades de los pueblos, que para extenderse han tenido que 
ocupar los solares de los castillos y de las fortalezas; y porque los 
hechos gloriosos que unos y otros representaban, consignados 
están en la historia, que es un recuerdo vivo é imperecedero, 
bastante por sí solo para mantener inextinguible el fuego sagrado 
del orgullo nacional... ¿Qué queda de los castillos de Peñausende 
de Caslrotorafe, de Fermoselle, de Torrefrades y otros cien pun- 



PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 327 

tos de esta provincia? Grandes montones de piedra que los veci- 
nos de los pueblos inmediatos utilizan para construir sus vivien- 
das, sin que por eso se olviden, porque la historia se lo enseña, 
que fueron un día la linea de defensa de las fronteras del reino 
de León, y que en ellos se estrell(3 más de una vez el furor de las 
huestes agarenas.» * 

Por otro lado, opina que «si las murallas, en tesis general, aho- 
gan á las poblaciones, las de la puerta de Santa Clara con el 
cubo, supuesta fábrica de Fernando el Magno, cuando en reali- 
dad es construcción de principios del siglo xviii, cortando las 
corrientes del aire del Norte y de Levante, reconocidas como las 
más puras, son perjudiciales al saneamiento de los edificios habi- 
tados; y el Ayuntamiento puede economizarse la molestia de 
justificar una medida higiénica y de salubridad general del 
pueblo...» 

Es de advertir que tanto la Corporación popular como la Co- 
misión de monumentos, cada cual apoya sus opiniones encontra- 
das, en datos ó deducciones de la obra que recientemente ha pu- 
blicado nuestro diligente y sabio colega el Sr. D. Cesáreo Fer- 
nández Duro con el título de Memorias históricas de Zamora, y 
la disparidad me ha obligado á repasarla antes de emitir juicio 
propio. 

El historiador zamorano recoge en las antiguas crónicas cuanto 
se sabe de los sucesos concernientes á la reconquista. A partir de 
la destrucción de la ciudad por Almanzor, cuenta cómo empezó 
á restaurarla Alfonso V; el incremento que á la edificación dio 
Fernando I; y cómo después de conquistada Toledo, ensancha- 
das las fronteras del reino y necesitada de expansión la gente, 
crecieron las pueblas exteriores de Zamora, viniendo á ser el 
reinado del emperador Alfonso VII el más fecundo en beneficios 
materiales, como ni más ni menos el de Alfonso IX, príncipe 
que nacido en esta ciudad, las^aumentó, y cuya época debe 
considerarse como término del período monumental zamorano. 
Con patente amor al pueblo que le dio cuna va el Sr. Fernández 
Duro señalando la época y el mérito de los edificios notables, y 
advierte que ya D. José Caveda, de grata y respetada memoria 
para la Academia , calificó los muros de Zamora en el Ensayo 



328 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

sobre los diversos géneros de arquitectura de España, como de las 
construcciones del estilo romano-bizantino más estimables del 
siglo XI. No aventura nuestro compañero opinión que no tenga 
apoyo en documentos de los muchos inéditos é interesantes que 
ha conseguido reunir, y no faltan en su colección algunos que 
ofrezcan indicios claros de la antiquísima existencia del Torreón 
de Santa Clara. Abarcando el sitio que ocupa, se extendieron por 
un lado, la puebla del Valle, con fuero especial que confirmó el 
conde D. Ramón ó Raimundo el año 1094; por otro, la puebla de 
San Torcaz, de cuyo concejo, también independiente, y del mo- 
nasterio del mismo nombre se trata en donaciones del año 1139. 
Entre los términos de ambas pueblas ó burgos, avanzado centi- 
nela de ellas, se alza precisamente aquella histórica fortaleza, 
muy de cuenta en su tiempo. 

El correspondiente de nuestra Academia D, Tomás María Gar- 
nacho, defendiendo las murallas contra arremetidas anteriores, 
de estas modernas, más destructoras que las cavas de D. Sancho 
el Fuerte, indicó en su libro la hermosura del soberbio torreón 
almenado de la puerta de Santa Clara, entre los restos de anti- 
güedades notables que Zamora posee, como excepción recomen- 
dada al implacable ejercicio de la piqueta; y discurrió con razo- 
nable criterio sobre lo que sería aquel pueblo si, dejando al des- 
cubierto el pobre caserío, se echaran por tierra además las nobles 
edificaciones interiores, á cuya contemplación acuden todavía los 
amantes de las bellas artes. 

Los excelentes dibujos enviados por la Comisión de monumen- 
tos completan la ilustración de los antecedentes. 

El torreón que motivó el informe, se representa mirado desde 
el norte, ó sea desde la parte exterior de la muralla, que es desde 
donde se descubren en toda la altura sus bellas proporciones. La 
planta es un octógono regular, y forman las caras del prisma si- 
llares bien labrados, en perfecta, conservación por aquella parte y 
no tan bien en la opuesta, batida por las aguas y vientos predo- 
minantes en el invierno. Atraviesa al torreón, de lado á lado, una 
galería con bóveda de arco ligeramente apuntado, como el de las 
•dos puertas en que termina (ejemplar que se repite en otra torre 
-antigua de las de Zamora) , y remata, ó más bien remataba hasta 



PUERTA Y CUCO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 329 




Torreón y puerta de Santa Clara en Zamora. 



330 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

ahora, en lo alto, con almenas puntiagudas, sin labor ó adorno de 
ninguna especie. Reúne la fábrica las condiciones de fortaleza, 
severidad y elegancia que tan hábilmente supieron armonizar 
los alarifes mudejares toledanos, cuya presencia en la restaura- 
ción de Zamora comprueban las investigaciones de los académi- 
cos, nuestros compañeros, Sres. Fernández y González, Codera y 
Fernández Duro; bien que sin ellas parezca descubrirse la mano 
de aquellos operarios, en la sección poligonal del edificio, seme- 
jante á la de la torre del Oro de Sevilla, en el arco de la galería y 
en el poético almenaje, que marcan la obra con el sello peculiar 
de aquella arquitectura. Los límites de la erección pueden conje- 
turarse entre mediados del siglo xi y mediados del siguiente, por 
el dato importante que suministra el restablecimiento de la Sede 
zamorana. Sabido es que el primer obispo , D. Bernardo, trajo 
de Claraval con los monjes y los macones franceses un gusto 
nuevo, y echó á un lado las tradiciones del arte con los mode- 
los á que se ajustaron la Catedral, la Magdalena y otros edificios 
no menos conocidos, desde el año 11-24 en que empezó su pon- 
tificado. 

He tenido á la vista el plano de la ciudad y sus alrededores, 
donde el torreón de Santa Clara ocupa el vértice de un ángulo 
próximamente recto que forman la calle principal del mismo 
nombre y la ronda ó carretera exterior; de manera que ni para 
el ensanche de la entrada, ni para la prolongación de la vía, ni 
para la edificación en cualquier sentido ofrecía obstáculo, y por 
el contrario se había de apreciar por ornato no común. Este co- 
nocimiento me obliga, bien á pesar mío, á deducir que el Ayun- 
tamiento de Zamora, deliberada y caprichosamente , ha desoido 
las atinadas indicaciones que á tiempo se le hicieron por quien 
podía y debía presentarlas; ha infringido el Real decreto vigente 
de 16 de Diciembre de 1873; y ha menospreciado la orden que re- 
cibió do suspender los trabajos de demolición, al derribar un mo- 
numento estimable así en el concepto artístico como en el his- 
tórico. 

¿Tanta era la urgencia del caso que no consentía prolongar 
algunos meses la exi.itcncia secular de la torre? ¿Tan ligera pa- 
recía á los concejales la responsabilidad en que habían de incu- 



PUERTA Y CUBO DE SANTA CLARA DE ZAMORA. 33 1 

rrir no llenando los trámites y requisitos legales para dar Ijuena 
cuenta de los intereses que administran? 

La singular afirmación de bastar las páginas de la historia á 
mantener vivo el recuerdo de nuestras glorias, responde, expli- 
cando de paso por qué no existen ya en la provincia los castillos 
que se mencionan, los monasterios y otros edificios que se dejan 
de mencionar, y que generaciones sensatas se habrían apresu- 
rado á conservar costase lo que costase. 

Páginas vivas de la historia son esas, despreciadas por la igno» 
rancia ó falta de patriotismo, obras de otras generaciones, que 
dicen á los sentidos y al alma lo que en ausencia suya no ex- 
presarán nunca las páginas escritas; hojas en que leen el igno- 
rante y el sabio; que engrandecen el espíritu popular; que inspi- 
ran y completan la lección del romance y el drama; que herma- 
nan las sublimes concepciones de las artes bellas; que ofrecen, 
en fin, demostración evidente de la cultura de los pueblos no 
atenidos á la grosera materialidad. Que haya quien no las com- 
prenda ni las estime ¿quién lo duda? Para los ciegos no alumbra 
el sol. Hablando ásu alcance, habría que explicarles que los mo- 
numentos son en ciertas poblaciones lo que los grabados en el 
libro impreso en lengua desconocida: si el volumen cae en manos 
de niño travieso y mal educado que arranca las láminas , el libro 
es inútil. 

Dura es la necesidad de hacer notoria la censura que merece 
el Ayuntamiento de Zamora; pero ante el riesgo que corren 
otras antigüedades, con vista de la repetición frecuente de haza- 
ñas semejantes, en otras poblaciones, alentados por la indiferencia 
y la impunidad los que tal hacen, y guiados á veces por miras bas- 
tardas, cumple á mi juicio que la Academia deje oir su voz au- 
torizada y denuncie al Gobierno de S. M. el peligro que amaga 
al concepto nacional, y pida como corrección y ejemplar prove- 
choso que se cumplan sin contemplación ni miramiento ninguno 
las prescripciones del citado Real decreto de 16 de Diciembre 
de 1873. Y que en virtud de él, se proceda desde luego á restaurar 
el torreón de Santa Clara hasta dejarlo en el estado y forma que 
tenía, con arreglo al exacto dibujo con tanta previsión formado 
por la Comisión provincial de Monumentos. 



o'3'2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Pienso que al propio fin ejemplar y al del general interés, con- 
vendrá que se publique lo ocurrido en Zamora, y se acompañe 
grabado de la torre. Adoptada que sea esta resolución urgente, 
la Academia debiera meditar si es llegada la oportunidad de ins- 
tar por un proyecto de ley que, á semejanza de la que adoptó el 
Senado y Pueblo romano y de las que otras naciones tienen, 
afiance la conservación de los monumentos artísticos é históri- 
cos. También la Academia verá si importa manifestar al Go- 
bierno la conveniencia de vulgarizar una cartilla ó prontuario 
arqueológicos, destinados á formar en los Institutos, en los Semi- 
narios y demás centros de pública enseñanza el gusto de la ju- 
ventud y á infundirle el respeto á los monumentos , que son or- 
namento, lustre y realce de la patria. 

En algún modo suaviza lo desagradable del encargo que des- 
empeño, el justo reconocimiento que se debe á la prudencia, 
ilustración y celo con que la Comisión provincial de Monumen- 
tos de Zamora, para honra suya y de la ciudad en que reside, ha 
procedido. Mucho me complace reconocerlos, al someter mis ob- 
servaciones á la sabiduría de la Academia. 

Madrid 2 de Octubre de 1883. 

AURELIANO FeRNÁNDEZ-GuERRA. 



II. 

LA C.^.LAVERA DEL CONDE DE TENDILLA. 



Cuentan en el Escorial, que cuando estuvo allí M. Thiers y 
subió al cimborrio, para dominar desde aquel paraje, no sola- 
mente el conjunto del edificio, sino también el panorama que des- 
de allí se descubre, hi:bo de lanzar alguna frase de vilipendio sobre 
la incuria de España, al observar las ruinas de la casa de la ba- 



LA CALAVERA DEL CONDE DE TENDILLA. 333 

llestería y otras de las que rodean el edificio. El ciego Cornelio, 
que le servía de Cicerone, como á casi todos los viajeros y tou- 
ristas, le dijo con tono socarrón: — «Esas son las gangas que nos 
dejaron por aquí los soldados de Napoleón, paisanos de V.» No 
sé hasta qué punto será cierta la anecdo lilla, que en letras de 
molde la he leido: si non é vero, e ben trovato. 

Y en efecto , como decía en aquella misma iglesia el respetable 
P. Guadalupe, cuando con su habitual parsimonia enseñaba las 
reliquias, «los franceses (omito un adjetivo) nos llevaron el oro y 
la plata, pero afortunadamente nos dejaron el hierro de la parrilla 
en que fué martirizado el bendito San Lorenzo.» 

No en todas las iglesias se podría decir lo mismo, ü otro tanto, 
pues profanaron muchas reliquias y destruyeron no pocas: ade- 
más, lo que no era plata ú oro lo destrozaban, y, no contentos con 
asesinar vivos, se dieron á maltratar muertos. Se comprende que 
tuvieran ojeriza al antipapa Pedro de Luna, á quien los mayores 
de ellos hicieron Papa , y luego persiguieron cuando le hallaron 
poco dócil á sus insinuaciones; y que, al llegar al castillo feudal 
de Yllueca, propiedad de la casa de Luna y condes de Morata, y 
hallar allí su momia íntegra y bien conservada, la tirasen por 
un balcón, la arrastraran por las calles y le cortasen la cabeza á 
cercén, cabeza que hoy se conserva en el palacio de los condes de 
Argillo en Sabiñán. Compréndese también que tuviesen ojeriza 
al duque de Alba, que dio también malos ratos á los antiguos 
guerreros franceses; y, que, por tanto, le desenterrasen de su 
sepulcro en la gran iglesia de de San Esteban de Salamanca y 
destrozasen sus restos, robaran su espada, y arrastrasen su ca- 
dáver y el del cardenal Toledo , fundador de la iglesia y los de 
otros personajes de la familia, que, si [dieron que hacer en vida 
á los franceses, allí reposaban pacíficamente. 

Y no seguiré enumerando el largo catálogo de otras iguales 
profanaciones de restos mortales de personajes célebres, santos 
obispos, guerreros célebres, incluso el Cid, políticos discretos y 
afamados , sino que me concretaré al del célebre D. Iñigo López 
de Mendoza, primer conde de Tendilla, uno de los más ilustres 
personajes que intervinieron en la conquista de Granada. 

Al otorgar testamento, mandó este buen conde, el primero de 



334 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

SU título, que se trajesen sus restos mortales á su monasterio de 
Santa Ana, patronato suyo y de su casa por fundación y dotación. 
Con su manto de caballero de Santiago se le enterró en rico y 
fuerte ataúd, en una alhacena al lado del Evangelio junto al 
altar mayor. Cerraban la alhacena fuertes puertas y tenían las 
dos llaves de ellas y del ataúd los condes, sus descendientes y 
el prior del monasterio de Jerónimos. Allí se colocaron además, 
las estatuas yacentes de él y de su mujer, sobre ricos túmulos 
góticos, teniendo él á sus pies un paje que parecía velar su sueño 
eterno, y ella una dueña en actitud doliente. 

Guando á fines del siglo pasado vino á Tendilla el marqués 
de Bélgida, su descendiente y sucesor en los títulos, vínculos y 
derechos del condado de Tendilla, se procedió, reunidas las dos 
llaves, á la apertura de la alhacena, y sacando el ataúd con re- 
ligioso aparato se le colocó en medio de la iglesia, donde le 
pudo ver despacio todo el pueblo, observando todavía sus fac- 
ciones acartonadas ó momificadas , y viendo el esqueleto con el 
manto de caballero de Santiago, el cual conservaba sus cordo- 
nes y borlas, distinguiéndose aún las franjas y bordados de su 
vestido. 

Pocos años después en la noche del 15 de Enero de 1809, inva- 
dieron el pueblo las tropas francesas, saquearon el monasterio y 
la iglesia y violentaron las puertas de la alhacena, creyendo quiz;í 
encontrar algún tesoro; mas hallando solo el ataúd, lo rompieron, 
destrozaron el cadáver, y, poniendo en la calavera un cabo de 
vela, hicieron con ella una ridicula procesión, remedando los 
cánticos fúnebres de la iglesia , que oía con indignación mal 
comprimida el aterrado y maltratado vecindario de Tendilla, 
cuyas casas habían saqueado á mansalva, pues ninguna resisten- 
cia se les había hecho. 

Y como si no fueran bastantes tanta impiedad y tan feroz y sal- 
vaje profanación de los invasores, siguió á ella la habitual incu- 
ria de los españoles, y, ni la casa de Bélgida, ni los monjes se 
cuidaron de recoger y conservar los restos en un ataúd, por 
modesto que fuese, ni volverlos á la alhacena, y á reponer las 
llaves, sino que, cogjendo la calavera y los restos que por allí se 
hallaron, los pusieron debajo de la mesa del altar mayor, donde 



LA CALAVERA DEL GONCE DE TENDILLA. 335 

no debían estar según las reglas litúrgicas, no siendo reliquias 
de ningún santo. 

Los que utilizaban las rentas que él les dejara, ¿no podían entre 
todos reunir la enorme cantidad de unos cien reales para hacer 
una caja de pino con dos cerraduras, y arreglar las puertas de la 
alhacena, y volver á su sitio los restos mortales del honrado y 
generoso primer conde de Tendilla? La impp,rcialidad exige que 
al censurar la brutalidad de los invasores, acusemos también 
acerbamente la incuria de los nuestros. 

No se diga que estas cosas se debeu callar: no se diga que se 
tenga compasión con la memoria de los que no lo hicieron, bus- 
cando atenuaciones en la penuria, en la inadvertencia, y en la 
urgencia de mayores apuros. Ese olvido, ese descuido, esa inad- 
vertencia, esa nueva profanación, son actos de ingratitud, y, como 
de ingratitud, vituperables y punibles. Para esos castigos sirve la 
Historia, la cual, semejante al tribunal de Minos que fingió la fá- 
bula, tiene la misión de residenciar á los muertos, y no como 
quiera á los individuos, sino á las colectividades, cualesquiera 
que sean, y, al flagelar con su crítica imparcial, pero inexorable, 
los vicios, la incuria, los errores, las profanaciones, las ingrati- 
tudes de los pueblos y de las corporaciones , como también las de 
los individuos que ya dieron cuenta particular á Dios verdadero 
ante su tribunal eterno, omnipotente y justo, enseña á los vivos 
y á las corporaciones y á los pueblos y á los gobiernos, lo que les 
aguarda para en su día , y lo que se hará con ellos acusándolos 
ante las generaciones venideras, cuando la historiado entonces 
venga á decir lo que ahora quizá , ó se calla por respeto, ó no se 
puede acusar sin lastimar altas consideraciones. 

Y en efecto, aun con relación á la malparada, abandonada y ol- 
vidada calavera del conde de Tendilla se vino á descubrir su 
paradero, cuando menos se podría esperar. Los monjes, que ha- 
bían vuelto á Tendilla en 1814, fueron expulsados en 1822. Vol- 
vieron en 18:25 y fueron otra vez expulsados en 1835. En este si- 
glo duran las cosas en España diez años á todo rabiar, y es muy 
oportuna la frase, pues se pasan entre tanto algunas temporadas 
rabiando , aunque sin hidrofobia, por misericordia especial. 

Diez años después, en 1845, la Comisión de Monumentos de 



336 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Guadalajara, cumpliendo con su deber, quiso averiguar el para- 
dero de los restos mortales de D. íñigo López de Mendoza, uno 
de los opulentos magnates de aquella célebre. casa, cuyas glorias 
van estrechamente unidas á las de la ciudad y aun á las de la 
provincia en gran parte. 

A fines de Octubre de dicho año pasó á Tendilla el secretario 
de la Comisión de Monumentos de aquella provincia, D. Fernando 
Ahumada, por encargo y comisión de la misma, á investigar el 
paradero de los restos mortales de aquel personaje y el estado de 
su sepulcro. El convento se había vendido, la iglesia estaba sin 
culto: el secretario hubo de impetrar permiso del dueño del con- 
vento para entrar en la iglesia á cumplir su cometido. Allí no 
había ya ni altares, ni epitafios, ni vestigios de tal cosa: una fá- 
brica de mampostería indicaba solamente donde había estado el 
altar mayor. 

El dueño del convento, D. Pedro Díaz de Yela, abogado de 
Tendilla, proporcionó tres trabajadores para que se hicieran ex- 
cavaciones donde fuera necesario. Los ancianos que acompañaban 
al Sr. Ahumada recordaban, no solamente el paraje donde había 
sido enterrado, sino también el estado del cadáver cuando se le 
expuso al público á fines del siglo pasado, y las horribles escenas 
de la funesta noche del 15 de Enero de 1809. Se cavó en varios 
parajes del presbiterio, se picó en las paredes contiguas, pero nada 
se pudo hallar. Por algún indicio que sé tenía de que se habían 
metido algunos restos del cadáver debajo del altar mayor, se hizo 
que uno de los trabajadores entrase allí para reconocer lo que 
hubiese. «A corto tiempo de entrar y tantear, dice la declaración 
«que se tomó ante el Alcalde y Escribano, manifestó que tocaba 
»una calavera, la cual extrajo, y examinada por dicho Sr. Secre- 
starlo y Sr. D. Pedro y los declarantes, vieron tener algunas 
^cuchilladas en la parte alta y posterior del cráneo, y notando que 
«sonaba dentro alguna cosa, se sacó, y era un cabito de vela de 
»cera. Después entró con mucho trabajo el mismo Sr. Secretario 
»con una luz en el hueco mencionado, é indicándole desde fuera 
«el A. (el trabajador) el sitio donde había estado la calavera, los 
«declarantes vieron ser un nicho pequeñito formado en el rincón 
»que resultaba de la mesa del altar y un tabique que se conocía 



LA CALAVERA DEL CONDE DE TENDILLA. 337 

»había para dividir esta por la mitad. El dicho Sr. Secretario 
«extrajo del nicho, según vieron los que declaran, algunos huesos 
«como de manos y pies, otro del pecho y canillas, todo de perso- 
»na humana, que con el mayor esmero hizo el referido Sr. Se- 
«cretario que condujesen los declarantes.» 

Entre las declaraciones que se tomaron es la más curiosa la del 
licenciado D. Casimiro José Olivera, de edad de 70 años, que dice 
así: «Que le consta, lá no dudarlo, que D. Iñigo López de Mendoza, 
«Conde de Tendilla, Fundador del convento de Jerónimos de Santa 
«Ana, extra-muros de esta villa (de Tendilla), estaba enterrado 
»en una caja con dos llaves, que una tenía el Sr. Conde, y otra 
«el Prior del enunciado Monasterio, y colocada en un nicho al 
j)lado del Evangelio de la iglesia del dicho Monasterio, debajo del 
«sepulcro artístico que hay en su pared, y el nicho estaba cerrado 
«con dos puertas, y encima de ellas el epltaño de su cadáver (1), 
«el cual estaba embalsamado, cubierto con el hábito de la orden 
»de Santiago; lo que sabe el declarante por haberlo visto en oca- 
«sión de haber venido el Sr. Conde (2j, á fines del siglo pasado, 
«haberse sacado la caja al cuerpo de la iglesia^ y abierto para la 
«exposición pública, y advirtió también que el cadáver se hallaba 
«acartonado.» 

«Que asimismo le consta, que en la noche del quince de Enero 
»de mil ochocientos nueve, se alojaron en el Monasterio unas 
«compañías de tropas francesas, quebrantaron las puertas y caja, 
«sacando el cuerpo acartonado, le destrozaron y anduvieron con 
«sus huesos por el Monasterio, cantando entre otras cosas la Le- 
» tañía, pues se oía en el pueblo. Que luego que marcharon las 
«tropas, subió el testigo, y vio el destrozo del cadáver, hallando 
«huesos por la iglesia, los claustros y el corral, y lo que había 
«sido carne se hallaba convertido en un polvo como de tabaco y 



(1) Así dice. 

(2) El Presbítero D. Raymundo Olivera, hermano ó pariente del declaraníe, y de edad 
de- 67 años, dice que vio el cadáver con motivo de encontrarse en esta villa el Excelen- 
tísimo Sr. Marqués de Bélgida, Conde de este pueblo, que estaba (el cadáver) cubierto 
con hábito blanco, como de seda, con franjas y cordones dorados, al parecer de caba- 
llero de algunas órdenes militares. 

TOMO ni, 23 



338 boletín de la real academia de la historia. 

«serrín, y además se veían algunas partes de piel cuartonada. Que 
»los huesos que vio y más le llamaron la atención fueron los de 
«las piernas y brazos, y habiendo visto en la noche del diez y 
»ocho del que concluye, los que de aquellas partes recogió el se- 
«ñor secretario de la Comisión, le parece son los mismos; tanto 
»más forma este juicio y presuncióu quanto que después que los 
nmouges colocaron los huesos, oyó decir lo habían hecho en el 
«Altar Mayor, que comunmente se llama el presbiterio, que es 
«donde se han hallado. Por todo lo cual cree, si no por una evi- 
«dencia física, al menos moral, que los referidos huesos son del 
»Sr. Conde de Tendilla D. Iñigo López de Mendoza; corrobo- 
»rando este juicio por la señal que tiene la calavera de haberla 
j)dado un golpe con sable, ú otro instrumento cortante, en la 
«occipital, con el ñn tal vez de destrozarla, como lo hicieron 
«las tropas francesas con las demás partes del cuerpo de dicho 
«Señor.» 

El presbítero Olivera añade, que oyó á diferentes gentes de esta 
población, que en la referida noche las tropas francesas llevaban 
en procesión la calavera del Sr. Conde, con una luz dentro de ella, 
cantando lo que no entendían. Lo mismo dice otro vecino de 
edad de 75 años. 

Añade el clérigo que «le consta que los monjes recogieron la 
calavera y huesos que quedaron de aquel cadáver, que noticiaron 
lo ocurrido al Excmo. Sr. Marqués de Bélgida, quien les mandó 
los depositaran en su iglesia, pero que ignora el declarante el si- 
tio en que los pusieron, aunque infiere sería en lugar distinguido 
é inmediato adonde estuvo colocado.» 

Omitimos la descripción de los preciosos mausoleos de mármol 
con las estatuas yacentes del buen Conde y su esposa Doña El- 
vira, que fueron trasladados de Tendilla á Guadalajara, y se ha- 
llan colocados en la antigua iglesia de Santo Domingo, actual 
parroquia de San Ginés, los cuales pueden verse á la página liv 
del tomo ii de la magnífica obra de nuestro compañero D, Va- 
lentín Carderera, titulada Iconografía Española, y una precio- 
sa lámina en que se hallan exactamente dibujados ambos se- 
pulcros. 

El Sr. Carderera tributa con ese motivo un merecido elogio á la 



LA CALAVERA DEL CONDE DE TENDILLA. 339 

Comisión de Monumentos, y lo merece igualmente la Diputación, 
que costeó la traslación y restauración de aquellos monumentos, 
los cuales hoy honran la capital de la Alcarria. 

Madrid, Febrero de 1S81. 

Vicente de la Fuente. 



IIL 



ASSILAH DE ABEN PASCUAL (1). 



n. 



Al terminar la reseña que del contenido del segundo cuaderno 
de la Assilah de Aben Pascual, tuve el honor de leer ante la 
Academia, adelanté la idea de que en las primeras páginas del 
tercer cuaderno se resolvía una cuestión cronológica, que me 
proponía tratar cuando hubiera de dar noticia de la última 
parte del primer volumen de dicha obra. 

La historia de Córdoba en el decenio comprendido entre los 
años 480 y 470 de la hégiraes tan obscura por los pocos y contra- 
dictorios datos encontrados hasta ahora en los autores árabes, 
que nuestro sabio correspondiente M. Dozy, después de prolijas 
investigaciones, sólo pudo fijar de un modo aproximado las fe- 
chas de la toma de esta ciudad, primero por Almotamid de Sevi- 
lla, — después por Aben Occaxah, partidario de Almamun de To- 
ledo, — y nuevamente por Almotamid, que la arranca del poder 
de Aben Occaxah. 



(1) Véase Boletín, t. ii, pág. 1G4. 



340 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Las fechas respectivas de estos sucesos, son, según la opinión 
de M. Dozy hacia fines de 462, 467 y 471 (1). 

Con el testimonio de monedas perfectamente conservadas, creo 
haber probado (2) que la proclamación de Almotamid en Córdoba, 
después de haber auxiliado á Abdelmélic ben Ghawar contra Al- 
mamun de Toledo, se llevó á cabo en el año 461 como dice Aben 
Aljathib, no en 462 como creyó M. Dozy siguiendo á Aben 
Bassam. 

De la fecha de la toma de Córdoba por Aben Occaxali nada 
pude decir en virtud de monumentos numismáticos, pues enton- 
ces no conocía monedas acuñadas en Córdoba por Almamun de 
Toledo. 

Respecto á la fecha en que Almotamid pudo recobrar la antigua 
capital del Califato, entre las dos fechas , 469 que nos da Aben 
Aljathib, y la de 471 que se encuentra en Abdelwahid, y que seguía 
M. Dozy, hubimos de aceptar laprimera, en virtud de haber visto un 
diñar acuñado en Córdoba en el año 469, con los nombres de Al- 
motamid y do su hijo Adhido-d-Daulah, que á la muerte de su 
hermano Abbad fliracho-d-Daulah, vino á ocupar el lugar de 
Príncipe heredero, y por ende á figurar lo mismo en las mone- 
das acuñadas por su padre en Sevilla, que en las acuñadas en< 
Córdoba: con esta moneda, si se probaba que no era exacta la 
fecha 471 que nos da Abdelwahid, no se probaba que fuese ver- 
dadera la versión de Aben Aljathib, aunque se acercase más á la 
verdad: nosotros aceptamos sin reserva esta última, si bien en ri- 
gor debiéramos haber advertido que solo la aceptábamos provi- 
sionalmente. 

En dos pasajes de Ahen Pascual (páginas G7y 184) encontramos 
indicado el hecho de que Almamun de Toledo era rey de Córdoba 
en el año 467; pero en ninguno de ellos encontramos menciona- 
do el mes. 

En 468 era rey de Córdoba Almotamid de Sevilla, pues Aben 



(1) Ilistoire des mvsulmans d'Esjjagnejusqn'ci la conqucte de l'Aiidalousie par ler 
almorávides par R. Dozy, Leyde, 1861, tomo IV, pág. 156 y sig. 

(2) Estudio histor ico-crítico sobre las monedas de los Ahhadies de Sevilla, publicada 
en el Museo espaTiol de Anügiiedades, tomo VI, pág. 115 á \Z^i— Cecas arábijo esjjañolaSf 
pág. 10. 



ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 341 ■ 

Pascual, hablando de Obaid-Allah ben Moliammad ben Adliam, 
dice (pág. 298) que Alniotamid-ála-AUah Mohammad ben Abbadle 
nombró kadhí de la aljamah de Córdoba el jueves, cinco (noches) 
faltando del mes de safar del año 4G8. 

Combinado este texto de Aben Pascual con lo que dice Abdel- 
wahid (1) «que el apoderarse Almotamid de Córdoba y el hacer 
salir de ella á Aben Occaxah fué en martes, siete (noches) faltando 
del mes de safar del año 471», nos induce á suponer que este tex- 
to sería exacto sustituyendo la fecha 471 por 468; pues el 22 de 
safar del año 471 no era martes sino lunes; de los años inmediatos, 
sólo en el 468 se da la circunstancia de que el 22 de safar sea mar- 
tes; como Almotamid nombró kadhí de la aljamah á Obaid- 
Allah ben Mohammad ben Adham el 24, jueves del mismo mes, 
podemos suponer que efectivamente se había apoderado de Córdo- 
ba dos dias antes y que Abdelwahid equivocó el año, como equi- 
vocó el nombre del Príncipe, á quien Almotamid dio el mando de 
Córdoba al regresar á Sevilla; pues le llama Abbad Almamun, 
siendo así que Abbad (Qiracho-d-Daulah) había sido muerto por 
Aben Occaxah al apoderarse de Córdoba en 467, y el hijo de Almo- 
tamid, que después tomó el título sultánico Almamun y quedó 
de gobernador de Córdoba, se llamaba Alfatah (2). 

A la cronología que con estos datos establecemos, pudiera opo- 
nerse que Aben Pascual, pocas páginas después, cita á Aben Occa- 
xah como alcaide de Calatrava cerca del año 480, lo cual no pare- 
ce convenir con lo expuesto; pues es sabido que fué muerto al 
ser recobrada Córdoba por Almotamid ; pero la palabra ce^xa es 
tan vaga, que lo mismo puede ser verdad con aplicación al año 
468 que al 480. 

Pasando ya á dar un resumen general del contenido del tercer 
cuaderno de Aben Pascual, diremos que van impresas 408 pági- 
nas, en las que se comprenden 888 biografías, de las cuales al ter- 
cer cuaderno corresponden 283. 



(U T/ie hislonj of the almohades... by Abdo-1-Waliid Al-Marrekoshi... edited by 
E. Dozy, second edition, Leyden, 1881, pág-. 90. 

(2) Véase nuestro folleto, Títulos y notnWes propios en las monedas arábigo-españo- 
las, pág-. 44. 



342 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

De estas biografías, 93 pertenecen á personajes de Córdoba; 3! 
son de Toledo, 18 de Sevilla, 11 de Zaragoza, 7 de Almería, 6 de 
Játiva, Guadalajara y Murcia, 5 de Badajoz, 4 de Málaga, Valen- 
cia y Baena, 3 de Talavera, 2 deEvora, MallorcayRayyah,y una 
de cada una de las poblaciones siguientes, Denia, Tudela, Saltis, 
Riela, Algeciras, Alpuente, Uclés, Balagiier, Tortosa, Madrid, 
Xomontan, Sidonia, Daroca, Segura, Medinaceli, Osuna, y El- 
vira, aparte de algunos personajes de cuyo pueblo natal no da 
noticias el autor ó no es fácil determinar. 

El catálogo de los escritores árabes españoles se aumenta con- 
siderablemente, pues Aben Pascual cita 34 escritores que no cons- 
tan en el Diccionario hibliográfico de Hachi Jalifa^ siendo solo 7 
los citados por ambos autores. 

El número de los que hicieron la peregrinación á la Meca, as- 
ciende á 29, y á 34 el de los que viajaron por Oriente; con la par- 
ticularidad de que el autor dice de algunos que viajaron por 
Oriente, sin decir que hicieran la peregrinación, como á su vez 
no considera como viajeros á los que se limitaban á cumplir con 
el precepto koránico. 

Son tantas las noticias de carácter administrativo que como de 
paso se encuentran en Aben Pascual, que ellas solas debieran 
dar lugar á un concienzudo estudio sobre la administración de 
los árabes españoles: me limitaré aquí á traducir casi literalmente 
lo que dice de algunos personajes que ejercieron cargos, que me 
parecen nuevos. 

Hablando de Abderrahman ben Ahmed ben Obaid-Allah, el 
Roainí, natural de Córdoba, dice entre otras cosas «mandó el Con- 
sejo en tiempo del kadhí Abu Bequer ben Zarab, y Aben Abu 
Amir (Almanzor) le encargó de los juicios de la guardia (ó poli- 
cía) y la inspección de los contratos (ó registros notariales) del 
sultán, dándole al mismo tiempo el cadiazgo de Ecija, Osuna, 
Carmona, Morón y Tecorona, todos juntos: después le trasladó 
de ellos, y le dio el mando de los juicios de contabilidad, que en- 
tre nosotros se llama waliazgo del mercado : luego fue kadhí de 
Jaén, y después de Valencia y sus distritos; el mismo Almanzor 
le invistió del cargt de ordenar la historia de su tiempo, en cuyo 
cargo reunió su admirable libro, que hizo perecer el saqueo en 



ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 343 

la desgracia de la familia do Abu Amir (Almaiizor), intei-rumpicu- 
düse su institución y desapareciendo su propósito (pág. 301): 
aquí tenemos mencionada la institución del oficio de cronista, que 
desapareció al poco tiempo á consecuencia de las turbulencias 
que siguieron á la muerte de Almanzor. 

En las biografías correspondientes á los números 786 y 805 se 
hace mención de un cargo que conferia el kadhí de Córdoba: 
Abdel-Aziz ben Macud, el de Evora y Abdclsámid ben Alfatah el 
Abdarí estuvieron encargados de anotar ó registrar los fallos 
dictados por el kadhí, cuyo cargo parece era compatible con el 
de ¿Abogado ó Consultor de número en Córdoba?, pues de Abdel- 
Aziz dice el autor á continuación que «estaba en el número do 
los consultados (M. Dozy da á, esta palabra la acepción de juris- 
consulto á quien se pide decisiones y las da) en Córdoba: de otras 
muchas particularidades referentes á cargos administrativos pu- 
diera tratar, pero las omito en gracia á la brevedad. 

He hablado alguna vez de musulmanes españoles colectores de 
libros: en la biografía núm. 679 se trata de Abderrahman ben 
Mohammad ben lea ben Fothais, natural de Córdoba, cuya manía 
bibliófila era tal, que en cuanto tenía noticia de algún libro bue- 
no que él no tuviera, proponía á su dueño la venta, y si no podía 
adquirirlo, lo copiaba y devolvía: sin duda no hacían todos lo 
mismo; pues con referencia á un nieto suyo dice nuestro autor que 
Abderrahman bajo ningún pretexto dejaba sus libros, si bien, 
cuando alguien se los pedía con insistencia, los daba á uno de sus 
copistas, quien lo copiaba, y después de cotejar la copia, la entre- 
gaba al postulante, y si la devolvía, (bien), y si no, le dejaba (en 
paz): el número de los libros que llegó á reunir fué tan conside- 
rable, que según contaron al autor varios de la familia de Abde- 
rrahman, la gente de Córdoba acudió á la venta de los libros que 
se efectuaba en su mezquita (en la mezquita de su ¿parroquia?), du- 
rante un año entero, y de su precio se reunieron 40000 dinares 
kacemies, suma que por su valor intrínseco equivalía á más de 
100.000 duros de nuestra moneda: los cargos que ejerció y los li- 
bros que escribió fueron muchos, y de ellos da noticia Aben Pas- 
cual y también le menciona Hachí Jalifa en su gran Diccionario 
bibliográfico. 



344 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Discípulo del anterior fué Ornar ben Obaid-Allah ben luQuf , 
natural también de Córdoba, gran colector de libros, á quien los 
bereberes robaron 8 cargas de estos que había encerrado en su 
casa en el arrabal occidental, con objeto de llevarlos á otra parte. 

Habiendo entre los árabes españoles tantos bibliófilos, natural- 
mente debía haber muchos y buenos copistas; así, de Abde- 
r-Rahmau ben Mohammad ben Fothais, mencionado antes, 
dice el autor, que tenía seis libreros (ó copistas), y que por no 
prestar los originales, hacía sacar copias para poderlas prestar: 
de muchos de los literatos dice que tenían buena forma de letra, 
y es notable lo que asegura (pág. 324) de Abderrahman ben Mo- 
hammad ben Abbac ben Ghauxac, natural de Toledo, quien en 
un día copiaba y cotejaba la obra titulada Mojtasar de Aben Obaid 
y sin tomar tinta escribía 15 líneas. 

Muchos eran los entierros á los cuales asistía un gran acompa- 
ñamiento: á mitad de xaában del año 422 de la hégira moría en 
Córdoba Abde-r-Rahman ben Ahmed... ben García (pcág. 321), 
kadhí que había sido de la aljama durante el califato de los Ham- 
mudies en Córdoba, y que depuesto á fines de 419 por Hixem III, 
que le odiaba, éste asistió á su entierro, manifestándose en su cara 
la alegría; pero corto fué el fruto que de esto sacó en esta vida 
después de él, añade el autor, y efectivamente no debió durarle 
mucho la alegría, pues á los pocos meses fué destronado, y gra- 
cias que pudo evadirse del castillo en que le tuvieron detenido y 
refugiarse en Lérida, donde murió algunos años después casi 
completamente ignorado. 

De otro entierro presidido también por un Sultán (así le llama), 
y no con tan malas disposiciones, nos da noticia Aben Pascual: 
á mitad del mes de xawal del año 444 moría en Denia Otsman 
ben Qalá, natural de Córdoba, gran viajero y escritor: en su entie- 
rro y delante del cadáver iba á pie el Sultán, de quien no dice el 
autor cómo se llamaba, aunque no hubiera estado demás, pues 
ni entonces, ni ahora tendrían todos á mano un libro donde poder 
averiguar que el rey de Donia en este año se llamaba Alí Ikba- 
lo-d-Daulah. 

Pocas veces menciona Aben Pascual á los príncipes españoles; 
pues de ordinario solo se acuerda de ellos cuando asisten á algún 



ASSH.AII DE AÜEN PASCUAL. 345 

enlierro ó coiiíiercn algún cargo; pero en esle cuaderno los men- 
ciona varias veces para reprocharles por sus iniquidades: ya 
hemos vislo la poco lisonjera mención de Hixem III: á Almota- 
dhid de Sevilla le menciona al hablar de Ornar bcn Alhacan ben 
Ornar el Hanzani, á quien aquel dio muerte en el alcázar de Sevi- 
lla, enterrándole dentro del mismo alcázar con sus vestidos, en la 
noche del sábado á 15 de rebia postrero del año 460, sin lavar su 
cadáver y sin oración; «Allah le haya perdonado»: añade el autor, 
Allah es el que pedirá cuenta de su sangre, pues no hay Dios sino 
él (pág. 394): en la página siguiente menciona también la muerte 
dada en Almodóbar á Ornar ben llayyan hen Jálaf ben ííayyan 
por un nieto de Almotadhid, llamado Almamun Alfatah, hijo de 
Almotamid: de esta muerte sólo añade «que se hizo proverbial.» 

En la pág. 3G0, el autor da la biografía de su padre Abdel-Me- 
lic ben Macñd ben Muca ben Pascual, y entre otras cosas dice, 
que leia el Coran día y noche, y en verdad que no se necesitaba 
menos para leerlo todo en un dia como asegura: de Ali ben Muca 
hen Ibrahim, natural deTalavera, dice (pag.405) que lo leía todo 
en tres noches; de otros asegura respecto al número de veces que 
leyeron esta ó la otra obra piadosa ó literaria, cosas que nos pare- 
cerían imposibles, si no tuviéramos en cuéntala paciencia verda- 
daderamente admirable de que dan pruebas los semitas. 

Entre las mezquitas y cementerios nuevos, sólo haremos men- 
ción de la mezquita de Yucuf hen Bacil^ situada en la plaza de 
Aben Dirhamain' (el hijo de los dos dirhemes): es probable que la 
mezquita tomase el nombre del fundador, que parece ser el hijo 
de un renegado: quizá el Bacil que ñgura en monedas de Abde-r- 
Rahman II, y Yucuf ben Badl será el que ñgura como prefecto 
á la muerte del mismo Abde-Rahman. 

Pudieran citarse casos curiosos de personajes nombrados para 
cargos importantes, que no hubo medio dehacerles aceptar, y otras 
muchas particularidades; pero esto me llevaría muy lejos y no 
quiero molestar por más tiempo la atención délos Sres. Académi- 
cos, tanto menos cuanto estas reseñas deberán repetirse con fre- 
cuencia, gracias á la rapidez con que llevan á cabo la composición 
del texto árabe los alumnos que me ayudan en esta enojosa tarea. 

Madrid, 3 de Abril de 1883. 



346 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



III. 



Creo que la Academia oirá con satisfacción que el texto de la 
Assilah de Aben Pascual está ya impreso todo, y que pronto po- 
drán los eruditos aprovechar las muchas noticias que en dicha 
obra se hallan esparcidas. 

Mil cuatrocientas cuarenta son las biografías contenidas en esta 
obra; los tres primeros cuadernos, como tuve ocasión de infor- 
mar á la Academia, comprenden las 887 primeras: cúmpleme 
ahora decir algo de lo contenido en los cuadernos iv y v. 

De las 553 biografías incluidas en ellos, como siempre, obtie- 
nen la supremacía los individuos de Córdoba , patria del autor, 
quien, como es consiguiente, conocía mejor á sus paisanos que á 
los naturales de otras poblaciones, siquiera las hubiera visitado. 
Ciento treinta y nueve son los individuos de esta ciudad, cuyas 
biografías pueden leerse en los dos últimos cuadernos de Aben 
Pascual: Toledo figura con 54 , Sevilla con 3? , Almería y Zara- 
goza con 17, Granada con 10, Badajoz y Xátiva con 9, Murcia, 
Málaga y Guadalajara con 8, con 7 Huesca y Jaén, con 6 Denia 
y Pechina, con 5 Talavera, con -4 Medinaceli, Tudela y Mallorca, 
con 3 Valencia y Madrid y con 1 ó 2 Tortosa, Lebla, Elvira, Uclés, 
Vélez, Calatrava, Castalia, Santarén, Béjar, Osuna, Zurita, Al- 
puente, Quesada, Santamaría de Algarbe, Santamaría (de Aben 
Bazin?), Silves, Cuenca, Maqueda, Écija, Orihuela, Cádiz, Si- 
donia, Baeza, Alcira, Lisboa , Onda, Calatayud y Barbastro, y 
cuatro ó seis poblaciones más, cuya correspondencia no es fácil 
determinar. 

El contingente de autores españoles no citados por Hachi Jalifa 
en su gran Diccionario bibliográfico , se aumenta con treinta 
nombres nuevos, siendo sólo cinco los que citados por Aben Pas- 
cual aparecen también en aquél. 

Sólo por seguir la marcha iniciada al dar cuenta de los cuader- 
nos anteriores, diré que 95 de los personajes biografiados hicie- 
ron largos viajes, generalmente á Oriente, y para cumplir el pre- 
cepto koránico de la peregrinación, si bien sólo de 45 dice de un 
modo expreso que lo hicieran. 



ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 347 

Noticias curiosas consignadas por Aben Pascual en estas bio- 
grafías podrían indicarse muchas, pero sólo haré mención de 
algunas que tienen interés cronológico ú ofrecen mayor novedad. 

En la biografía 1190, hablando de Abu Bequer Mohammad 
ben lea ben Zauba, kadhí de Ceuta, su patria , nombrado por Al- 
muthaíTar, hijo de Almanzor, dice que cuando Aben Hammud 
(Alí ben Hammud) llamó á la rebelión contra los Omeyyahs, le 
mató en 401 ó 402, por sospechas en favor de ellos: esta noticia, 
que parece de poca importancia , puede aclarar un punto oscuro 
de nuestra historia : Alí ben Hammud y su hermano Alkáccm 
fueron nombrados gobernadores de Ceuta y Algeciras el primero, 
y de Tánger el segundo por Quleimán Almoctain: por las pocas 
noticias que en los autores encontramos, parecía inferirse que 
este nombramiento fué posterior al año 403, fecha del segundo 
reinado del intruso Quleimán, y de la desaparición de Hixem II. 
Por la existencia de una moneda del año 402, acuñada por Alí en 
Ceuta á nombre de (^uleimán , di por hecho que el nombramiento 
de Alí para gobernador de Ceuta debió de tener lugar en el año 
400, en el primer reinado de ^Aileimán (1). Hubo de tratar de 
nuevo de esta cuestión el Sr. Guillen Robles en su Málaga Mu- 
sulmana, y no pareciéndole prueba bastante para alterar la cro- 
nología recibida la existencia de una moneda, que yo confesaba 
no haber visto, me propuso la sospechado si en el original diría 
«-jj^ y no (.r:>'^1- Examinada de nuevo la lámina de donde yo 
h¿ibia tomado el dato, me pareció casi seguro que el grabador 
había alterado algún tanto los trazos , tomando uno por otro, y 
como el Sr. Guillen había tenido la suerte de adquirir una mo- 
neda igual del año 405, dio por sentado que no existía tal dato, y 
por tanto que no había motivo para alterar la cronología: así lo 
creí yo también; pero en virtud de lo que dice Aben Pascual, 
hay que abrir de nuevo el proceso. Al llamar Alí ben Hammud á 
la rebelión, ¿contra quién se rebelaba? Si el llamamiento tenía 
lugar en el año 401 , ó 402, como dice ó indica Aben Pascual, se 
rebelaba contra Hixem II , y lo hacía probablemente en apoyo de 



(1) Estudio crítico solre la historia y monedas de los Hammudtes de Málaga y Al- 
geciras: publicada en el Museo Español de Antigüedades, tomo vm. 



348 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

las pretensiones de Culeimán, que trataba de destronar de nuevo 
al legítimo Califa Hixem II. ¿Habrá equivocado Aben Pascual las 
fechas, diciendo que Aben Hammud se rebeló contra los Omey- 
yahs en 401 ó 402, en vez de decir 404 ó 405, en cuya fecha es se- 
guro que se rebeló contra su protector (Culeimán, tan Omeyyah 
como Hixem, como nietos ambos de Abde-r-Rahman III? Podrá 
ser, pues no le creemos infalible; pero en buena crítica no creo 
que pueda admitirse una equivocación en un autor , sólo porque 
su aserto no se aviene con la inteligencia que se ha dado á otros 
textos , ni abundantes ni explícitos. 

Posteriormente á la publicación de la memoria sobre los Ham- 
mudies de Málaga y Algeciras y aun á la publicación de la Mála- 
laga Musulmana de nuestro correspondiente Sr. Guillen Robles, 
he visto, ya que no la moneda en cuestión, una impronta sacada 
al parecer por el Sr. D. Antonio Delgado. Hállase entre los Estu- 
dios inéditos ])ara la obra sobre las monedas arábigo-hispanas, 
paquete núm. 1, papeles existentes en nuestra Biblioteca: de la 
impronta retocada con tinta por el Sr. Delgado, resulta que la 
moneda no estaba bien conservada: el Sr. Delgado leía año ^--^j'í 
(dos), y así hay que leer, á no admitir que vio cosa muy dife- 
rente de la que había : por tanto con el dato que nos suministra 
la moneda que posee el Sr. Guillen, resultaría que Alí ben Ham- 
mud acuñó, reconociendo á Culeimán, desde 402 á 405 y que en 
este año, y no antes, se rebeló contra el misiuo Omeyyah á quien 
había ayudado en su rebelión contra el legítimo Califa Hixem II: 
y como Alí ben Hammud llamó á la rebelión contra Hixem en 
401 ó 402, debe inferirse que nombrado por (Culeimán en el año 
400, al ser destronado éste por Mohammad Almahdi , ó al ser 
reslablecido en el trono Hixem II, Alí, gobernador de Ceuta, puso 
esta ciudad bajo la obediencia del segundo usurpador, ó más bien 
bajo la del legítimo Califa. 

Por otra parte, la misma existencia de las monedas en que Alí 
ben Hammud reconoce á (^luleimán antes de que aparezcan las 
que dan testimonio de su rebelión contra éste, aun admitiendo 
que las dos conocidas fuesen del año 405, no probarían que Alí 
era algo más que un simple ivali recien nombrado después del 
nuevo triunfo del usurpador? Nótese que entre las muchas va- 



ASSILAH DK AHEN PASCUAL. 349 

piedades de monedas acuñadas por Culeimán, S(31o estas tienen el 
nombre de la caca de nn modo concreto, pues en las otras se 
lee ^*JjJ^lj (e7i Alcmdahis). 

La moneda que ha motivado esta digresión hist(5rica,perteneci(), 
según las notas del Sr. Delgado, al Sr. Brigadier Piñeiro, y antes 
al Duque de la Victoria. 

Entre los reyes independientes de Toledo se cita como el prime- 
ro ;í Yaíx.ben Mohammad ben Yaíx, de cuyo reinado se sabe tan 
poco, que M. Dozy le supone desde 100 ? á 427. Aben Pascual nos 
da su biografía, pero con tan pocos datos bajo el punto do vista 
que hoy más nos interesaría, que sólo dice, después de hablar de 
sus estudios, «desempeñó el cargo de los juicios en su país; des- 
pués llegó á él la administración del principado en él, con lo cual 
Allah aprovechó á la gente de Toledo, de donde fué echado luego, 
marchándose á Galatayud, donde murió en el año 418; así lo dice 
Aben Mothahir; pero Aben Hayyan dice que murió en el mes de 
safar del año 19»: de modo que según esto, el reinado de Icmail, 
sucesor de Yaíx, debió de comenzar lo menos diez años antes de 
lo que se había creido, terminando también bastante después de 
la fecha 429 que indica Aben Jaldun ; pues reinó hasta el 435 
según resulta de Aben Al-Atsir (1) y Annowairí. 

Si por el estudio de las monedas acuñadas en Córdoba (2) por 
Almotamid de Sevilla no hubiéramos podido rectificar la fecha 
en que se apoderó de Córdoba, echando pérfidamente de ella á su 
protegido Abdel-Melicben Mohammadben Ghahwar, podría creer- 
se que en la biografía de su padre íbamos á encontrar resuelta la 
cuestión con todos sus detalles; pero nada, más lejos de la mente 
de Aben Pascual; nada nos dice de la vida política del que llama 
Arráez de Córdoba, y gracias si al indicarnos su muerte, nos dice 
que murió en Xaltis, desterrado por Almotamid: por casualidad 
en la biografía anterior, al dar noticia de la muerte de Moham- 
med ben Atab, acaecida á 19 del mes de safar del 462 , nos dice 



(1) M. Dozy nos indicó esta corrección á la cronologia que liabiamos seguido en 
nuestro Tratado de Numismática Arábigo-española. Apéndice xi. 

(2) Estudio historico-critico sobre las monedas de los Alhadies de Sevilla, tomo vi 
del Museo Español de Anligüedades, pág. 128. 



350 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que Almotamid presidió el entierro á pié, de donde resultaría, si 
ya lio lo supiéramos, que se apodero de esta ciudad antes de ñn 
de año como creyó M. Dozy , bien que las monedas nos le mues- 
tran en Córdoba ya en 461; por la asistencia á otro entierro re- 
sulta casi lo mismo, aunque no dice el mes, pág. 67. 

Muchos son los ejemplos que cita Aben Pascual de personajes 
que rehusaron aceptar los cargos más distinguidos: de varios que 
pudieran aquí citarse, anotaré sólo el de Muza ben Iludzail, na- 
tural de Córdoba, á quien siendo ¿asesor ? en los juicios, quiso 
nombrar khadí de Córdoba Mohammed ben Ghahwar : Muza 
pidió ocho días de plazo para pedir á Allali (el acierto) : concedido 
como era de esperar, quedó ciego en estos días, y la gente creyó 
que él mismo había pedido esto. 

Y no es extraño que el pueblo creyera que Muza ben Hudzail 
había conseguido lo que había pedido por verse libre de un cargo, 
que sin duda aborrecía; pues Aben Pascual dice de muchos de 
sus biografiados , quo su intercesión ú oración en provecho de 
otros era muy atendida ?_ai_01 w^'-f^ ^^^. Véanse las biografías 
1262, 1285 y 1384. 

Algún ejemplo he citado en trabajos anteriores de prodigiosa 
memoria deque ofrecen muchos ejemplos los pueblos semitas: sin 
contar los muchos que sabían de memoria el Koran, pues parece 
que eso al menos se necesitaba para que uno llevara el título 
de iiiU. (hafiUi) y lo llevaban muchos, Aben Pascual nos dice 
de Mohammad el Haximi, natural do Zaragoza, que sabía de 
memoria la Almowatha, el libido de Albojarí, y otros, entre los 
cuales naturalmente debe comprenderse el Koran: de Farech el 
Yahsobi, natural de Toledo, dice que sabía muy bien ImAlmoclaj- 
rachah grande: y téngase en cuenta, que si siempre prueba mu- 
cha memoria el saber retener un libro tal como estií escrito, si 
este es de tradiciones árabes, la prueba es mucho mayor, por el 
desorden é inconexión que al menos para nosotros presentan ta- 
les libros; tanto ó menos valdría aprenderse de memoria uno de 
nuestros Diccionarios; bien que la paciencia de los árabes es tal, 
que cita quién había leido la Sahih de Albojarí 700 veces, como 
de üalib el Maharabi asegura Aben Pascual, ó leía todo los días 
todo el Koráii, como dice de alguno, aunque parece imposible: 



ASSILAH DE ABEN PASCUAL. 351 

también necesitaba paciencia quien, como Abdallah ben Mo- 
hammad ben lea ben Walid (vid. pág. 255), leía el libro de Qi- 
bawaihi (1) cada quince días. 

Varias veces dice Aben Pascual que éste ó el otro personaje 
fué enterrado en el sepulcro de sus antepasados ó con su familia: 
á este espíritu obedecei'ía sin duda el hecho de que varios indivi- 
duos fuesen trasladados á enterrar de un punto á otro no poco 
distante, como de Córdoba ó Marruecos á Sevilla, ó de Valencia á 
Murcia, cuyos hechos se consignan en las biografías 1143, llGl 
y 1140. 

Entre muslimes, como entre cristianos, era frecuente dedicarse 
como ejercicio piadoso á la guerra contra cristianos ó muslimes 
respectivamente, haciendo profesión de establecerse en alguna 
fortaleza fronteriza: al castillo de Alfamín en tierra de Toledo es 
adonde con preferencia se dirigían los piadosos muslimes: va- 
rias veces se le cita con este motivo ; así del hachch Hixem beu 
Mohammad el Keici, después de indicar los muchos maestros á 
quienes oyó en España ó trató en su peregrinación, dice que ayu- 
naba el mes de ramadhán en Alfamín, celebrando allí la fiesta de 
la ruptura del ayuno, dando una abundante comida á la gente del 
castillo y á cuantos fronteros se encontraban allí, gastando en 
esto sus muchas riquezas, mientras él, vestido toscamente, estaba 
dedicado á la guerra de las fronteras. 

Si de muchos de los biografiados, dice Aben Pascual que te- 
nían buena letra, ó que su conducta, siendo kadhíes había sido 
alabada, no faltan casos en que diga lo contrario, como de Mo- 
hammad ben Culeiman el Nafazabí, cuya letra era mala, ó de 
Mohammad ben Ibrahim el Gacaní, quien después de haber sido 
consejero en Almería, fué nombrado kadhi de Murcia, en cuya 
población no sabemos si su conducta fué mala, sólo sí, que no 
fué alabada. 

Innumerables son los casos citados por Aben Pascual de nom- 



(1) Nuestro amigo, el sabio orientalista, Mr. Hartwig Derenbourg, profesor de 
árabe ea la Escuela especial de Lenguas orientales de París, está publicaudo esta inte- 
resante y voluminosa obra, conforme á los manuscritos del Cairo, del Escorial, de Ox- 
ford, de Paris y de Viena.' 



352 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

bramientos para cargos administrativos; he indicado y creo fir- 
memente que merecen un estudio especial, en el que se fijase la 
naturaleza de los diferentes cargos en cuanto pudiera hacerse; 
cuáles eran compatibles, cuáles de más categoría; quiénes hacían 
los nombramientos, si era limitado ó no su número, etc., apro- 
vechando cuantas indicaciones nos ofrece Aben Pascual; indica- 
ciones que de seguro completarán más ó menos los autores que 
nos proponemos publicar: así, respecto al número de los mufhíes, 
si era indefinido, ó de ejercicio libre, como parece ser por ejemplo 
el de notarios, encontramos la indicación de que Yahya ben Ha- 
cam el Amili, natural de Córdoba, era del número de los mufhíes 
en esta ciudad por nombramiento de Aben Zarbi (el kadhi?): si el 
número no era limitado, al menos no era profesión libre, pues 
se necesitaba nombramiento. 

Son tantas las cosas que pudieran anotarse de las noticias que 
da nuestro autor, y que de seguro, si no aprovechaban á unos, 
aprovecharían á otros, que sería interminable si hubiera de hacer 
uso de las papeletas que había separado para redactar esta noticia 
de lo contenido en los cuadernos iv y v del texto; pero reconozco 
mi impericia para hacerlo sin molestar mucho á los Sres. Acadé- 
micos, de cuya benevolencia he abusado ya bastante y por tanto 
doy por terminado mi propósito. 

Madrid ItJ de Noviembre 1883. 

Francisco Codera. 



LA REJA DE SAN MILLÁN. 353 



TV. 



LA REJA DE SAN MILLAN. 



El texto de la Reja de San Millán, que reproduje en nuestro 
Boletín (1) toraíüidolo de Llórente, ha sido al fin cotejado por el 
docto P. Minguella con las fuentes más antiguas, si no primeras, 
que todavía subsisten en la biblioteca del célebre ex-monasterio 
Emilianense, y son el Becerro gótico (fol. 61) y el galicano (folios 
189 y 190). Anotaré las pocas variantes ó erratas que arroja este 
último, no desatendibles; y en punto á las de Llórente, prevengo 
una vez por todas, que omitió las sumas de las rejas correspon- 
dientes á cada uno de los diez y seis distritos (2). 

«In era millesima sesagesima tertia decano sancti Emiliani, 
sicut colligebat ferro per Álava, ita describimus (3). 

Ubarrundia xviii reggas. 

Gamarra maior duas reggas. Gamarra (4) minor una regga. 
Erretana una reg. Hamarita una rg. Mengano i* rg. H[ur]riba- 
ri (5) I* rg. Menganogoien una reg. Gernica i rg. Zeriano i rg. 
Betellogaha ii"« rgs. Nafarrate et Elhossu (6) i rg. Hurnaga i rg. 
Urbina et Angellu i rg. Lucu et Arzamendi i rg. Goiahen i rg. 
Bagoeta i rg. 



(1) Tomo III, pág. 219-222. 

(2) El encabezamiento «De ferro de Álava. Ubarrundia» no existe en el Becerro 
fótico. 

. (3J Gal., Llor. «scribimus.» 

(4) Llor. «Hamarra.» 

(5) Gal. «Hurriuari«; Llor. «Hurribarri.» 

(6) Llor. «Elhosu.» 

TOMO III. 21 



354 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



Camhoa (1) xx rgs. 

Lehete i rg. Essavarri Argillana et Arina (2) iii rgs. Lángara 
et Moio III rgs. Aroma (3) i rg. Mariaeta (4) i rg. Hazua ii rgs. 
Hurizahar et Orengohin (5) i rg. Menisur (6) i rg. Maturana 
III rgs., uno (7) de cubito in longo et dúos (8) minores. Essa- 
varri I rg. 

Harhazua xxvii rgs. 

Durana ii rgs. Arzubiana (9) i rg. Zurbano ii rgs. Hillarra- 
zaha II rgs. Zerio i rg. Oretia et Matauco iii rgs. Ania et Jungi- 
tu (10) III rgs. Argumaniz iii rgs. Arbuslu ii rgs. Lubiano (11) 
II rgs. Huribarri (12) i rg. Doipa ii rgs. Sansoheta i rg. Arroiaha 
etRetia(13) i rg. Mendivil i rg. 

Harhazua xii rgs. (14) 

Betonia ii rgs^. Elgorriaga (15) i rg. Arcaia(16) i rg. Sarricohuri 
I rg. Otazu I rg. Gamiz i rg. Borinibar (17) i rg. Huribarri (18) i rg. 



(1) Llor. «Gamboa.» 

(2) GaL «Aroma.» 

(3) Gal., Llor. «Azoma.» 

(4) Llor. «Mariheta.» 

(5) Llor. «Oreugoin.» 

<6) Gal., Llor. «Meudissur.» 

<~) Llor. c<una.» 

(8) Llor. «duas.» ' 

(9) Gal., Llor. «Arzubiaga.» 
<10) Gal., Llor. «Junguitu.» 

(11) Gal., Llor. «Luviano.» 

(12) Gal., Llor. «Hurribarri.» 

(13) Gal. «Reztia.» 

(14) Gal., no sin error, xxii rg-s. 

(15) Gal., Llor. «Slhorriaga.» 

(16) Gal., Llor. «Arcahia.» 

(17) Gal., Llor. «Borinivar!» 
<jl8} Llor. <^Hurribarri.» 



LA REJA DE SAN MILLAN. ,<0.t 

iraberasluri et Iluriarte, Argeudonia Betrikiz ( 1 ) Ascarzaha el 
eancli Roiiiani iii rg¿. 

Maliszhaeza (2) xxii rgs. 

Abeiidagu (3) i rg. Ai-inenli (4) i rg. (5). Echari (6) i r^. 
Gazaheta i rg. Berroztegieta ii rgs. Lassarte (7) iii rgs^ Hariza- 
iaalleta et Gardellihi iii rgs. Gaztellu et Meiana iii rgs. Meii- 
diolha HollarruizLi et Adurzaha in rgs. Gastehiz ni rgs. Arria- 
•ga I rg. 

Hiraszaeza ( 8 ) xxii rgs. 

Gelegieta (0) iii rgs. Iscona iii rgs. Troconiz ir rg?. Burgelki 
■et Garonna ii rgs. Hararihin (10) i rg. Aíalha ii i-gs". Larrahara 
i rg. Dullanzi ii (1 1) rgs. Aniu i rg. Larraza et Arbelgoien (12) in 
■dúos anuos iii rgs. Hereinzguin (13) et Abaunza (14) iii rgs. 

Regir az xiin rgs. 

Hamamio(15) i rg. Harhaia (16) i rg. Haktara i rg. Zalduoa- 
do (17) II rgs. Mizkina i rg. Paterniana i rg. Hagurahin et Salur- 



(1) Gal., Llor. «Betriquiz.» 

(2) Gal., Llor. «Malizhaeza.» 

(3) Gal., Llor. «Abendangu.i> 

(4) Gal. «Armentei»; Llor. í<Arraentelii.>> 

(5) Gal., Llor. otres regas.» 

(0) Gal., Llor. «Ehari.» 

(1) Gal., Llor. «Lasarte. >> 
(8) Llor. <<Hirnzhaeza.» 

19) Gal. «Gelliegieta»; Llor. «Igelliegieta.» 

(10) Gal., Llor. «Hararihini.» 

(11) Llor. «I»; pero hay que mantener el «ii» textual si se computan bien las rejas 
■de Arbelgoihen. 

(12) Gal., Lor. «Albergoihen.» 

(13) Gal., Llor. «Hereinzguhin.» 

(14) Gal., Llor. «Habaunza.» 

(15) Gal., Llor. «Hansamio.» 

(16) Gal. «Harhahia»; Llor. «Harrahia.>> 

(17) Gal., Llor. «Zalduhondo.» 



356 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA H[STORL\. 

tegiz (1) I rg. Munniahin i rg. Pingunna i rg. Ocariz et Padura 
et Opaucu i rg. Harrizavallaga (2) Heguilior (3) et Abulanga 
III rgs. (4). 



Septem Alfoces. 

Hegiraz (5) et sanctí Romani et Hurabagin et Halbiniz (6) et 
Hamezaba uno andosco. Hillardui (7) et Arzanhegi, Ibargureii 
Antuiahin et Heinhu (8) uno andosco. Zonotegi (9) Irossona (10) 
Horibarri (11) et (12) Udalha uno andosco. 

Barrundiz (13) xxii (14) rgs. 

Galharreta i rg. Gordoua (15) i rg. Harriolha ii rgs. Narbaiza 
II rgs. Larrea i rg. Hazpurba (16) Hurigurenna (17) et Zuhazulba 
i rg. Ermua i rg. Audicana i rg. Algio i rg. Deredia i rg. Andoz- 
keta i rg. Kircu (18) i rg. Helkeguren i rg. Zuazu (19) i rg. Uhu- 
11a II (20) rgs. Erdongana i rg. 



(1) Gal, «Salurtegi»; Llor. f-Salurtegui.» 

(2) GaL, Llor. «Harrizaballaga » 

(3) Gal., Llor. «Hegilior.» 

(4) Gal., Llor. añaden «in anno.» 
(ü) Gal., Llor. «Heguiraz.y 

(6) Gal,, Llor. «Albiniz.» 

Ci) Gal., Llor. «Hilarrlui.» 

(8) Gal., Llor. «et Ibarg-uren et Anduiahin, Heinbu.» 

(9) Gal., Llor. «Zornoztegi.» 

(10) Llor. «Irrossona.» 

(11) Gal, «Horiuarri.» 

(12) Gal,, Llor. omiten «et.» 

(13) Gal., Llor. «Barrandiz.» 

(14) Gal. «xx\.v Computando por una reja cada andosco de los siete alfoct'S. se llena 
efectivamente el número xxii, que el Becerro g-ótico exhibe. 

(15) Llor. «Gordua.» 

(16) Gal., Llor. «Hazpurua.» 
(H) Llor. «Hurrigurrena.» 

(18) Llor. «Kirku.» 

(19) Gal., Llor. «Zuhazu'.» 
(20J Llor. «una.» 



LA REJA DE SAN MILLÁN. 357 



Langrares xxiv rgs. (1). 

Transponte uno. carnero Mendihil (2) i rg. Harrieta i rg. (3). 
Eurtupiana (4) i rg, (5). Adanna i rg. Mendoza r rg. Eztarro- 
na I rg. Otazaha i rg. Ilaztcgieta i rg. Gobeio i rg. Zuahaza (6) 
I rg. Lernianda i rg. Margarita ii rgs. Gomegga (7) i rg. Ari- 
niz I rg. Zumelzu i rg. Benea i rg. Suvillana (8) r rg. Elheni 
villa (9) I rg. Luperho (10) i rg. Quintaniella de sursiim Zaballa 
I rg. Billodas iii rgs. Langrares iii rgs. 

De (11) Murilles (12) xiii y-gs. 

Gersalzaha i rg. Olhabarri (13) i rg. Huerzas i rg. Mandaita 
I rg. Subillana (14) i rg. Murielles i rg. Urbillana (15) i rg. Haiz- 
coeta I rg. Artazaha i rg. Baroha i rg. Kincia (16) i rg. Garcamu 
I rg. Frasceueta i rg. 

Ossingani (17) xxii (18) rgs. 
Pavés I rg. Arbigano i rg. Basconguelas i rg. Erenna (19) i rg. 

(1) Gal. añade «van alfoces.^ — La suma total es de xxvii, que fácilmente se defor- 
mó en xxiiii. 

(2) Llor.c<Mendil.» 

(3) Gal., Llor. añaden <<in anno.>> 
(i) Llor. <'Curtupiano.>> 

(5) Gal. añade c<in auno alio^; Llor. «in alio anno.v < 

(6) Gal., Llor. «Zuhazu.» 

(7) Llor. «Gomegra.» 
l8) Llor. «Subillana.» 

(9) Gal., Llor. «Ellienivilla.» 

(10) Llor. «Lupero.>> 

(U) Suprimida en Llórente. 

^12) Gal., Llor. «Murielles. w 

(13) Gal. «Olhauarri.» 

(14) Gal. «Suvillana.» 

(15) Gal. «Urvillana.» 

(16) Llor. «Kinea.» 

(17) Llor. «Ossiuganin.» 

(18) La suma en realidad es lii. No corrige el Becerro galicano la equivocación, pues 
pone XXV, sin duda por tener en cuenta las rejas, de que no hace mención el gótico. 

(19) Llor. «Erennua.» ■ 



358 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Cassicedo i rg. (1). Licingana (2) i rg. Gassicedo i rg. AntepardO' 
I rg-. Moliniella i rg. Olivani (3) una regga. Gomungoni (4) i rg. 
Torreciella i rg. Arcillaría i rg. Villavizana i rg. Lunantu i rg, 
Garasta i rg. Ripa i rg. Torissu (5) i rg. (6). Zuhiabarrueta (7) 
novem rgs. in Quartango duodecim rgs. in Urca octo rgs. Bo- 
cara i rg. Irzu i rg. (8). Revendeca i rg. Olhaerrera (9) i rg, 
Bardahurri (10) i rg. 



Alfoce de Fornello xx rgs. (11). 

Erenna i rg. Anuzquita i rg. Villaluenga(12) i rg. Forniello (13) 
I rg. Luni villa (14) irg. Tui'u i rg. Sancti Juliani i rg. Rivamar- 
Lin(15) i rg. Licinganiella (16) i rg. Antezana i rg. Mazanes (17) 
i rg. Ripaota(18) i rg. Mclietes i rg. (19). Ripacuta (20) i rg. Logra- 
zona (21) I rg. Baia i rg. 



(1) Desde el primer Caicedo hasta Leciñana, el Becerro galicano intercala: «Caste- 
Uu unarega. Padul una rega. Billoriaunarega. Arreio una rega. Lagus una rega. Cas- 
sicedo una rega.» Debió de pertenecer al texto primitivo, anterior al del Becerro gó- 
tico; y la omisión fácilmente se explica en razón de haberse distraído y ofuscado el ojo 
del copiante, confundiendo el primer «Cassicedo» con el segundo. 

(2) Llor. «Lecingana.» 

(3) Gal., Llor. «Olibani.» 

(4) Gal. «Moscatuero una rega. Conmungoni.» 

(5) Llor. «Torrissu.» 

(6) Gal., Llor. trasladan & este punto «Carasta.» 

(7) Gal., Llor. «Zuhiabarrutia.» 

(8) En Llor. no comparecen Socara é Irzu. 

(9) Gal., Llor. 'lOlhaerrea.» 

(10) Gal. , Llor. «Bardauri.» 

(11) En efecto, eran veinte; pero el Becerro gótico se dejó en el tintero cuatro. 
(r2) Gal. «Billa luenga.» 

(13) No lo nombra Llórente. 

(14) Gal., Llor. «Lunivilla.» 

(15) Gal., Llor: «Ripa Marlini.» 

(16) Gal., Llor. «Lizinganiella.» 

(17) Gal., Llor. «Mázanos.» 

(18) Gal., Llor. «Ripa Orta.» 

(19) Gal., Llor. añaden: «Quintaniella una rega. Igahigi una rega. Ripavellosa una 
rega. Aramingon una rega.» 

(20) Gal., Llor. «Ripa Acu.'a.» 

(21) Gal. «Logrozona»; Llor. «Logrozana.» 



LA REJA DE SAN iMILLÁN. 359 



Rivo de Ibita (1) xxxii rgs. (2). 

Prango et Praiigo ii rgs. Armendihi i rg. Artazabal (3) i rg. 
Betruz i rg. Argote i rg. Sancti Meiano (4) i rg. Torro i rg. Sancti 
Martini i rg. Gabbari (5) i rg. Gimcntu i rg. Barola (6) i rg. 
Loza I rg. Alma i rg. Paldu i rg. Mcsanza i rg. Sebastian ( 7 ) 
I rg. Bergilgona i rg. Langu i rg. Guzquiano ( 8 ) i rg. Bustia 

I rg. Gogate i rg. Agellu i rg. Pudio i rg. Barizahaga i rg. Saga- 
saheta (9) i rg. Orzalzan i rg. Uarte i rg. Marquina de iuso i rg. 
Carrelucea i rg. Marquina de suso i rg. Basahuri (10) i rg. Ho- 
becori (11) i rg. Hasarte (12) i rg. 

Harrahia siii rgs. (13). 

Sancta Pia ii rgs. Atahuri de suso ii rgs. Atahuri de iuso ii rgs. 
Okerhuri (14) ii rgs. Sabando de suso ii rgs. Sabando de iuso 

II rgs. Ebissate (15) ii rgs. Donnas ii rgs. Mussitu ii rgs. Kerria- 
nu II rgs. Haizpilleta ii rgs. Erroheta (16) ii rgs. Allegga ii rgs. 
Zekungau (17) ii rgs. Elhorzahea ii rgs. Bahaeztu ii rgs. Kessalla 
II rgs. In his villis predictis obi (18) bacca occiderint duas reggas 



(1) Gal., Llor. «Mta.» 

(2) Gal. «XXX reg.» en vez xxxv, que estimo ser el número verdadero. 

(3) Gal. «Atazaval»; Llor. «Atazabal.» 

(4) Llor. «Meiani.» 

(5) Gal., Llor. «Galbari.» 

(6) Gal., Llor. «Barolha.» 

H) Gal. «Sevastian»; Llor. «Sabastian.>> 

(8) Gal. «Guzliiano i rg. Guzkiano de Suso i r'g.»; Llor. «Guzkiano de Yuso una 
rega.» 

(9) Gal., Llor. «Sagassaheta.» 

(10) Gal,, Llor. «Bassaliuri.»> 

(11) Llor. «Hobbecori.» 

(12) Gal., Llor. «Hassarte.» 

(13) En realidad son xLiii, que marcaba el rabillo de la x original. 

(14) Llor. «Okerrhuri.» 

(15) Gal., Llor. «Ebisate.» 

(16) Llor. «Erroeta.» 

(17) «Gal. Cekungau»; Llor. «Cekungano. 

(18) Gal., Llor. «ubi.»— 0¿¿ indica el tránsito al antiguo castellano é italiano ove^ 
francés ou. 



360 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

donant. Okina (1) i vg. Izarza i rg. Azazaheta i rg. Sirgara de 
suso et Birgara de iuso ii rgs. Apiíigaiiiz i rg. Gessalba (2) i rg. 
Bahanezta i rg. Beerrocihabi (3) i rg. 



Divina xxii rgs. (4). 

Oto et Oto iii rgs. Huribarri (5) et Urrialdo (6) iii rgs. Maii- 
doiana i rg. Gerenga i Fg. (7). Aboggako (8) i rg. Ihurre et Lo- 
peggana iii rgs. Apodaka ii rgs. Mendiguen i rg. Arangiz i rg. 
Andiggaua (9) et Oronda iii rgs. Quina (10) de suso et Quífia de 
iuso novem reggas.» 



Anda extraviado, si por desdicha no pareció, el instrumento 
original de la Reja de San Ilillán, escrito en 1025. Sirvió, no 
mucho después, de tipo ejemplar al Becerro gótico, y algo más 
tarde al galicano. Este códice acertó á suplir varias omisiones en 
que aquel incurrió; pero tampoco se halla exento de errores, que 
importa rectificar, en atención á que el documento es fundamen- 
tal, como lingüístico y como geográfico, de amplios y trascenden- 
tales estudios. 

Igual desgracia han sufrido no pocas lápidas romanas que, 
arrancadas de Iruña, perecieron, sin valerles el celo protector de 



(1) Gal., Llor. «Oquina.» 

12) GaL «Gessalua»; Llor. «Gesalua.» 

(3) Gal., Llor. «Berroziliavi.» 

(i) La suma efectiva asciende á 28, que originalmente se notaría xxiix, ó tal vez 
á30 (xxx), yendo comprendidas las poblaciones de Legarda y Artaza, que el códice 
galicano expresa. 

(5) Gal. «Huriuarri.» 

(G) Llor. «Uribaldo.» 

O) Gal., Llor. interponen aqui: «Legarda una rega. Artazaha dúo regas. Apodaca 
dúo regas. Mendiguren una rega. Arangiz una rega.>.> 

(8) Gal., Llor. «Avoggoco.» 

(9) Gal. «.\ndigana»; Llor, «Audicana.» 
<10) GaL, Llor. «Zuffla.» 



LA REJA DE SAN MILLÁN. 361 

sociedad benemérita. Una de ellas (Ilübner, 2929) ofrecía el Upo 
éuiico de los Eushaldúnac y el radical de la Euskara: 

Al • P o R C I V S 
A V S C I • F 
Q_ V I R . T O N I 
VS • AN • LXXV 
H • S • E 

Marco Poncio Toqío, hijo de Auscio, de la tribu Quirina, de 15 años de edad, aquí yace. 
Madrid, 7 Noviembre, 1883. 

Fidel Fita. 



LOS SAAVEDRAS. 

Preclarísimo linaje y glorioso nombre es el de Saavedra para 
la honra de España; él aparece una y otra y otra vez brillando en 
nuestra historia literaria é irradia su fulgor en épocas y genera- 
ciones diversas. 

Séame permitida ó perdonada á lo menos esta enunciación que 
me asaltó al evacuar el informe con cuyo encargo me honró el Pre- 
sidente de nuestra Academia, referente al insigne escritor Saave- 
dra Fíijardo. Ni creo que sean estas noticias de familia impertinen- 
tes al asunto, ni impropias de la Academia de la Historia. Porque 
¿qué cosa es la historia de un país sino la narración exacta de 
los hechos realizados por el pueblo que lo habita? Y ¿qué es pue- 
blo en este sentido sino el conjunto de gentes ó razas que viven 
en un territorio? Y ¿qué es, en ñn, raza sino una agiomeracióu 
de familias de un mismo origea más ó menos remoto? 

Y siendo esto así, séame de nuevo lícito admirarme y llamar 



3G2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 

vuestra atenci(5n hacia esta familia de Saavedra, que eu épocas 
distintas ha dado tan esplendente brillo á nuestra fama literaria, 
y que aún hoy día nos envía un valeroso combatiente á este pa- 
lenque de nuestras glorias históricas. 

Los Saavedras, oriundos del reino de Galicia y ricos-hombres 
de tiempo inmemorial, bajan con los Reyes Conquistadores, to- 
mando gloriosa parte en la restauración de nuestro territorio. 

D. Alonso Fernández de Saavedra, vigésimo primero Señor de 
esta Gasa y Gaballero de Santiago, Comendador de Aledo y Ade- 
lantado de Murcia por D. Alfonso XI en 1330 (1), asistió á la sen- 
tencia arbitral que dio D. Dionís de Portugal sobre las fronteras 
de los reinos do Valencia y Murcia. 

En este caballero, dejando aparte el antiguo y primitivo patri- 
monio de Galicia, que heredó su hijo D. Gonzalo, se dividieron 
otras dos ramas, la andaluza y la murciana. 

En la primera encontramos á Juan García de Saavedra, vigé- 
simo segundo Señor de la Gasa de Saavedra, que toma parte eu 
la batalla del Salado ^a). 

A su hijo Fernán Yañez de Saavedra, doncel del Rey D. Pedro, 
luego fiel partidario de Enrique II y camarero de Enrique III (h). 

Al hijo de éste, Fernán Arias de Saavedra, llamado el Bueno [c], 
primer Señor del Castellar y del Viso de Alcor, que se distinguió 
en la conquista de la primera de estas villas. 

Y, en ñn, á D. Juan Arias de Saavedra, segundo Señor del 
Castellar (d). 

Este D. Juan Arias de Saavedra, segundo Señor del Castellar 
y del Viso, justamente llamado el Famoso, allá por los tiempos 
de D. Juan II, tuvo en su mujer Doña Juana de Abellaneda, 
entre otros hijos, á dos que nos conviene nombrar. Doña Juana 
de Saavedra y D. Hernando Arias de Saavedra (2). 

(1) Cáscales, discurso 19,— Pellicer, Memorial de la Casa de á'aavedra, núm. xxi, pá- 
gina 35 vuelta. 

{a) PeWicer y Toxar, Mei>iO)-ial de la Casa ¡/ servicios de D. José f de Saavedra, f." 45, 
número xxii. 

(i) ídem id., núm. xxni, f.° 48 -vuelto. 

(c) ídem id., núm. xxiv, pág. 51. 

(rf) ídem id., núm. xxv, ^ág. 55. 

(•2) Navarrete, Vida de Cervantes, documentos, pág. 2:37. 



LOS SAAVEDRAS. 3G3 

La Doña Juana casó con Diego de Cervantes, Comendador de 
la Orden de Santiago, y los descendientes de este matrimonio 
juntaron en uno los dos apellidos, llamándose desde entonces 
Cervantes Saavedra. Hijo de ambos fué Jnau de Cervantes Saa- 
vedra, Corregidor de Osuna, que tuvo á Rodrigo de Cervantes, 
casado con Doña Leonor de Cortinas, dichosísimos padres del in- 
mortal autor del Quijote. 

Volvamos ahora á a(jucl Alfonso Fernández de Saavedra, rico- 
hombre de D. Alfonso Xí, cuantiosamente heredado en las tierras 
de Andalucía, pero Comendador de Aledo en Murcia y Adelan- 
tado de aquella frontera. 

De él descienden á la vez, como prueba Cáscales, y como refie- 
ren en la parte que les concierne los nobiliarios andakices, las 
dos ramas, la una murciana, que pasando por D. Gonzalo de Saa- 
vedra, Comendador de Calasparra en la Orden de San Juan, fundó 
la capilla de los Saavedras en la parroquia de San Pedro de Mur- 
cia, y que fué heredada en aquella fértilísima vega, con casa en 
la ciudad, hoy poseída á lo que creo, ó si acaso recientemente ena- 
jenada por los Barones de Albalat, Condes de Alcudia, con una 
granja además en la vecina villa de iVljezares; familia que estaba 
representada á fines del siglo xvr por D. Pedro de Saavedra, es- 
poso de Doña Fabiana Fajardo, la cual en la humilde villa citada 
dio á luz en 6 de Mayo de 1584 al tercero de sus hijos varones, á 
quien por el nombre mismo del respetable sacerdote que le bau- 
tizó se puso por nombre Diego (a). 

La rama andaluza necesitaba aún más tiempo para crecer y 
producir su mejor fruto. 

Retrocediendo, pues, á aquel D. Juan Arias de Saavedra, se- 
gundo Señor del Castellar y del Viso de Alcor, hallamos el otro 
hijo llamado D. Hernando (6), tercero de este título, que le cambió 
en condado en favor de su hijo D. Juan Arias de Saavedra, cuarto 
Señor y primer Conde del Castellar en tiempo del Emperador 
Carlos V. 

A la quinta generación, D. José Ramírez de Saavedra y Ulloa, 



{a) Pellicer, Memorial, f.° 11 vuelto. 

(l>) ídem id., núm. xxviipág. 59 vuelta. 



364 boletín de la real academia de la historl^. 

segundo de su Gasa, dejando al primero D. Fernando el condado 
del Castellar, que hoy ha ingresado en la Gasa de Medinaceli, 
obtuvo de Felipe IV en 1637 el título de Marqués de Rivas. 

Otras cinco generaciones más adelante este marquesado fué ele- 
vado á la dignidad ducal y á la grandeza de España en favor de 
D. Juan Martín Pérez de Saavedra, sexto Marqués y primer 
Duque de Rivas, padre del insigne escritor D. Ángel, predecesor 
nuestro en esta Real Academia, y cien veces justamente laureado 
autor de D. Alvaro^ del Moro Expósito^ de los romances y leyen- 
das históricas, y de la Historia de la sublevación de Másamelo. 

¡No os parece, señores, coincidencia notable que pertenezcan 
estos tres grandes ingenios á una misma familia como (sin pre- 
tenderlo) lo prueban Züñiga y Argote, Cáscales, Pellicer y Na- 
varrete! De mi sé decir que me ha llamado la atención ver usar 
del mismo apellido al sin par ingenio que desterró los libros de 
caballería que influían dañosamente en la literatura, en las cos- 
tumbres y hasta en la política de nuestros antepasados; al cris- 
tiano erudito y profundo filósofo que supo reducir á pictóricas 
empresas y eruditísimos artículos los preceptos del difícil oficio 
de reinar, y en fin, al insigne dramaturgo que en nuestros días 
hizo revivir la escena española desmayada ó adormecida por los 
preceptistas franceses, y volverla á la vigorosa vida de Rojas y de 
Calderón, elevando al mismo tiempo un diqueque nos preservase 
del descabellado romanticismo y del vulgar naturalismo que de 
allende el Pirineo nos invade: inspirado y patriótico poeta ade- 
más que con populares romances dio á un tiempo vigor á tradi- 
ciones gloriosas, y al género de poesía pura y exclusivamente es- 
pañola. 

Ni se limita al nombre la analogía que existe entre estos dos 
varones insignes. Hijos ambos de muy ilustre familia, pero no 
llamados por las leyes de vinculación á heredar sus riquezas, son 
uno y oti'o nobles segundones; los mayorazgos de Murcia los ha- 
bía de heredar D. Pedro de Saavedra, los de Córdoba tocaban á 
D. Juan Remigio. Sin embargo, ni D. Diego, ni D. Ángel se re- 
signan ;í vivir ociosos á expensas de una pensión alimenticia, ni 
á l)uscar una rica heredera que les dore el escudo de armas. As- 
piran ambos á ilustrar con sus propios hechos el nombre de sus 



LOS SAAVEDRAS. 365 

mayores; así que si el satírico Quevedo huhicra querido censurar 
á su contemporáneo D. Diego de Saavedra no hubiese dicho: 

¿ Qué cosa es ver a iin infanzón de España 
abreviado en la silla á la jineta, 
y gastar un caballo en una caña? 

Y eso que en verdad la nobleza murciana y más aún la gente 
popular de Aljezares se precia de caballista y gusta de aventuras, 
quizá más de lo necesario y plausible. El Sr. de la Torro de Juan 
Abad hubiese hallado al caballero murciano en las aulas de Sala- 
manca ó en empleos de harta ciencia y no poco trabajo. Siglos 
adelante el gran patricio Jovellanos exclamaba criticando los vi- 
cios de los nobles de su tiempo: 

¿Y es esta la nobleza de Castilla? 
¿Es este el brazo un día tan temido 
en quien libraba el castellano pueblo 
su libertad ? - 

¡Ah! vuelve fiero, berberisco vuelve, 
y otra vez corre desde Calpe al Deba 
que ya Pelayos no hallarás ni Alfonsos, 
que te resistan. 

Pero tampoco estas bellísimas apostrofes podrán dirigirse al 
denodado y entusiasta D. Ángel de Saavedra, á quien casi en aque- 
llos mismos días, sino el fiero berberisco, el invasor francés , de- 
jaba exangüe en los campos de Ocaña. 

Con once heridas mortales 
hech'a pedazos la espada, 
su caballo medio muerto 
y perdida la batalla. 

Con el estudio de los cánones y leyes D. Diego, con el manejo 
de las armas D. Ángel, procuraban defender los derechos de la 
patria, hacerse dignos del apellido heredado, y que el hábito de 
Santiago que llevaba el uno y el de San Juan que vestía el otro, 
fuesen tan honrados en sus pechos como en los de Lope ó Cal- 
derón. 

Sin embargo, ni el clero ni la milicia eran la verdadera voca- 



3G6 boletín de la real academia de la HISTORLí^. 

ción de uno y otro Saavedra: el espíritu observador, el genio ame- 
no, la natural elocuencia de uno y otro los llamaban por otros 
senderos, y así ambos, dejada la primera carrera, brillaron luego 
en la diplomacia, en las embajadas, en los Congresos. Los proto- 
colos de Munster en el siglo xvii, y los de Gaeta en el nuestro 
guardan elocuente testimonio de su habilidad y de su patriotismo. 
Guando, más que la edad, los trabajos, los rindieron, ambos vi- 
nieron á ilustrar con las laces do su experiencia los consejos de la 
corona. 

En el primer período uno y otro habían cumplido como buenos 
y pagado generosamente la deuda que tenían con su propio lina- 
je, D. Diego llegó joven aún al interior de dos cónclaves, D. Án- 
gel esmaltó con su sangre su nobleza en los campos de batalla, 
¿qué más pudieran pedirles sus insignes antepasados? 

En el segundo período de su vida uno y otro por el propio rum- 
bo hicieron altísimos servicios al Rey y ala patria, los cuales, 
bien ó mal pagados, fueron públicamente reconocidos y procla- 
mados. 

Pero donde adquirieron indadablemente mayor gloria y más 
duradera fama es, sin duda, en la carrera literaria: la pluma era, 
á no dudarlo, el poderoso instrumento de ambos: ni el murciano 
ni el cordobés la dejaron de la mano, ni en los estudios y pasio- 
nes de la juventud, ni en medio de sus largos y trabajosos viajes, 
ni en la final elevación de altísimos empleos. 

Por ella más que por cosa alguna vivirán admirados en las 
generaciones venideras. 

Demos una ligera ojeada á las obras de cada uno en tales pe- 
ríodos. 

La República literaria es el primer parto del ingenio de Saave- 
dra Fajardo, según él mismo escribe en su dedicatoria al hijo 
natural del Conde Duque , y aunque así no lo declarase, bien lo 
dan á entender de una parte el desenfado juvenil con que está 
escrito, y de otra el respeto imitativo á libros que en aquel pe- 
ríodo corrían en gran voga, como El viaje al Parnaso de Cervan- 
tes, El Laurel de Apolo de Lope, y otros extranjeros. 

Joven era también I}. Ángel cuando dio á la estampa la Oda 
á la batalla de Bailen, El Paso hom^oso, Florinda y Laniiza^ y 



LOS SAAVEDRAS. 367 

¿quién no ve entre aquellos clásicos versos el fogoso patriotismo 
del joven oficial y la respetuosa imitación del admirador de 
Quintana y Gallego? 

Pero siendo esta exuberancia juvenil en el estilo, este español 
patriotismo en el pensamiento, y este respeto á los modelos en el 
gusto, cualidades comunes á ambos escritos ¡cómo se marca ya 
la diferencia entre los autores! ¡cómo se percibe la profundidad 
filosófica del canonista murciano y el brillante pincel del oficial 
andaluz! 

El servicio del Rey llevó pronto al tonsurado D. Diego á la 
corle y á Roma, allí, ve, estudia, medita y más independiente y 
más espontáneo y profundo, escribe las Introducciones á la Polí- 
tica, y Razón de Estado del Rey Católico D. Fernando. 

También las vicisitudes políticas y no ya el servicio sino la 
sentencia del Rey sacan á D. Ángel del hogar amado y lo llevan 
lejos de España; y asimismo más independiente, más resuelto, 
más Él^ escribe ya el Faro de Malta., y comienza aquella serie de 
romances históricos, una de las obras que más le caracterizan y 
una de las más preciíidas joyas del parnaso español, 

Pero sigamos en su marcha á estos dos ingenios que á pesar 
del vasto espacio á que se extienden en sus escritos y del largo 
transcurso de dos siglos, no se encuentran nunca; pero que como 
dos líneas paralelas, siguen la misma dirección y como que se 
encaminan al mismo norte... y así es en verdad; al norte del bien 
moral y al engrandecimiento de su patria. 

Saavedra Fajardo dejada Italia y tomando á su cargo las múlti- 
ples negociaciones de Alemania, como embajador ora cerca del 
Duque de Baviera, ora en el Círculo de Borgoña, en la dieta 
de Ratisbona, en la Confederación Helvética, en Paris, en Yiena 
trata íntimamente con los profundos pensadores de aquellas na- 
ciones con los hábiles estadistas y grandes capitanes de aquella 
época, bien que puesto siempre el corazón en su amada patria y 
fijo su pensamiento, no tanto en Felipe IV, perezoso en el oficio 
de Rey y entregado á sus validos, cuanto en el joven D, Balta- 
sar Garlos objeto del público amor y fundamento (presto malo- 
grado) de grandes esperanzas. No emplea su ingenio en novelas 
picarescas ó viajes más ó menos ciertos y entretenidos. «Sino que 



368 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»en la ociosidad (así la llama), de sus continuos viajes por Ale- 
T)mania y por otras provincias, piensa en las cien empresas que 
»forman la idea de un Príncipe cristiano, y escribiendo en las 
«posadas lo que entre sí había discurrido por el camino,» remata 
aquella admirable obra traducida en vida de su autor á todas las 
lenguas, código ingenioso y elocuente de moral, de justicia, de 
religiosidad y á veces de administración y de milicia, de cuanto 
en ñn constituye lo que él llama la ciencia de reinar. 

Vicisitudes políticas también sacan á D. Ángel del hospitalario 
suelo de Malta, cruza con fruto por Inglaterra, llega á Francia, 
se establece en Tours, visita frecuentemente á Paris, y así como la 
culta sociedad inglesa le había inspirado el amorá Shakespeare y 
á Byron, en la Francia del año treinta se pone al tanto del mo- 
vimiento que Lamartine, Hugo, Nodier, Delavigno, Mériméc, 
Dumas y otros muchos habían impreso á todo género de litera- 
tura; madura él más y más el pensamiento que ya tenía de dar 
á semejante evolución intelectual, el carácter castizamente espa- 
ñol, emancipando las letras patrias del falso clasicismo francés y 
restaurando en ellas el espíritu de nuestros antiguos romanceros 
y autores dramáticos. 

El Moro expósito que tenía muy adelantado desde Malta, es 
continuado con calor y rematado con éxito; D. Alvaro concebido 
allá donde se hablaba la lengua de Byron, es discutido larga- 
mente con su amigo Galiano y puesto en. fácil prosa y armonio- 
sos versos, en las márgenes del Loire. 

Admirable colección de caracteres, galería perfectísima de cua- 
dros de costumbres, de personajes, de sucesos españoles todos, 
pero que afectan, retratan y enseñan á la humanidad entera sin 
que su estilo peque en el conceptismo de los autores antiguos ni 
llegue al realismo que afectan los modernos. 

En el Moj'o expósito hay trozos tan grandilocuentes como en 
las Naves de Cortés y como en los mejores cantos del Bernardo-^ 
parajes tan fáciles y llanos como en la Gatoniaquia. 

En cuanto al drama, diremos que mientras Moratín y el mismo 
D. Ramón de la Cruz no desdeñarían las escenas del Mesón de 
JIornachnelos y el carácter de Fr. Melitón: Calderón y Rojas 
suscribirían las décimas de D. Alvaro ó el proyecto de fuga con 



LOS SAAVEDRAS. 369 

SU amada Leonor: obras son ambas admirables que enseñan 
también la ciencia de reinar en la epopeya y en el drama. 

Otras dos escribieron los Saavedras que nos reclaman mayor 
atención, La Corona Gótica del uno y La Sublevación de Ñapóles 
del otro. Ambas caen más directamente bajo la jurisdicción de la 
Academia por ser historiales; pero eso mismo me impide hablar 
de ellas dado que esta sabia Corporación ha colocado á Saavedra 
Fajardo al lado de los Melos y Moneadas y que dio alto asiento al 
Duque de Rivas encargándole llevar la voz de la Academia para 
laurear á sus premiados. Pero no puedo ni debo dejar de tomar 
en cuenta la semejanza entre ambos autores, que llegados al pos- 
trer escalón de su carrera diplomática, embajadores arabos, 
emplean su pluma en trabajos históricos y desde remotas tierras, 
entre extranjeras gentes, vuelven la vista á la amada patria y 
ponen la pluma en asuntos que conciernen á su historia y á sus 
Clerechos. 

¿ Son estas dos obras las más importantes de los insignes escri- 
tores? Hay quien así lo piensa. 

La fama popular no lo sanciona cuando llama al uno el autor 
de las Empresas Políticas y al otro el autor de Don Alvaro. 

En mi humflde opinión y según escribe el autor antiguo y oí 
yo mismo decir al poeta contemporáneo no son estas las que con 
mayor trabajo y diligencia compusieron. 

Otras no tan aplaudidas son sin duda las que acreditan mayo- 
res tareas, más concienzudos estudios históricos y más sostenida 
inspiración á saber: El Moro expósito de D. Ángel y La Corona 
Gótica de D. Diego. 

Propusiéronse además los autores fines trascendentales y en 
cierto modo parecidos, 

D. Ángel eligió un asunto de la historia de España de los siglos 
medios^ y sus héroes, leyes, ritos y costumbres están tratados con 
tan bizarro y animado estilo, con tan varia versificación y por tan 
libre manera, que el lector no sólo halla entero conocimiento de 
todo sino también practicadas máximas literarias apropiadas á 
nuestra época. 

D. Diego intentó reducir en breve volumen las historias de los 
Reyes Godos de tal suerte dispuestas, que no solo hallase el Prín~ 

TOMO III. 25 



370 boletín de la real academia de la historia. 

cipe (D. Baltasar Carlos) entero conocimiento de ellas, sino tam- 
bién advertidas máximas políticas, pero con inoderación; porque 
el oficio de historiador no es de enseñar refiriendo sino de referir 
enseñando. 

Notables diferencias median entre ambos libros ó por mejor 
decir en las condiciones y circunstancias en que sus respectivos 
autores se encontraban. Las fechas de sus dedicatorias bastan á 
explicarlas. 

La de El Moro expósito dice así: A. Mr. John H. Frere. — Paris. 
1." Diciembre 1833. Es decir cuan lo el autor contaba cuarenta 
años, lo había pues escrito reposadamente en la flor de su vida, en 
el mayor vigor de su ingenio en las risueñas márgenes del Loire 
(Tours, Mayo 1833) y estaba rodeado de su familia que le idola- 
traba, de amigos (como Galiano) que le hacían justicia, lo rema- 
taba y daba á la estampa en el brillante y bullicioso Paris, cuando 
le estaban tras larga emigración abiertas las puertas de la patria, 
cuando ya amanecía en ella una aurora de libertad y ventura con 
el reinado de Isabel II y la regencia de María Cristina, cuando 
en fin su esposa y sus hijos precursores de su regreso le anuncia- 
ban desde Madrid cariñosos abrazos y populares triunfos. 

Del todo opuestas eran las circunstancias que rodeaban al 
embajador Saavedra Fajardo y que se compendian en la cabeza y 
pié de su dedicatoria de La Corona Gótica que dice: 

Al Príncipe Nuestro Señor. — Munster 8 de Setiembre 1645. 
En efecto, no contaba ya cuarenta años como el autor de El Moro 
expósito, sino que tenía bien cumplidos sesenta y uno, no depar- 
tía como aquel con su familia y sus amigos por las verdes colinas 
de la Turena ó por los alegres boulevares de Paris, sino que con- 
finado por su oficio en las heladas llanuras de Westfalia cubierto 
por las nieblas otoñales con que el mezquino Aa envuelve los 
monótonos campos de Munster, solitario allí y preso además por 
la convalecencia de una enfermedad que en Bruselas le había 
puesto á las puertas de la muerte; más afligido aún moralmente 
por lo que le escribían de la corte y porque su experiencia de las 
cosas internacionales le hacían preveer claramente el triste desen- 
lace que tuvieron las negociaciones que seguía y la decadencia 
de la monarquía que era su ídolo. Inquieto, atormentado en fin 



LOS SAAVEDRAS. 371 

por las dificultados y dilaciones que hallaba ¿1 tratado de la paz 
universal, negocio tan grande, dice, de que pende el remedio de 
los mayores peligros y calamidades que jamás ha padecido la 
cristiandad. 

¿Qué mucho que mientras el desterrado, iluminado por la 
aurora de sus esperanzas componía un poema por todo extremo 
deleitable, el embajador, al triste anochecer de sus desengaños 
escribiese la grave y severa historia dedicada al primogénito del 
distraído ó imprudente Felipe IV y termine así su libro: 

«Lo que conviene, es que la virtud, la prudencia y la atención 
»do los Reyes hagan durables sus reinos, porque si bien son 
«inmutables los decretos de la divina Providencia en las mudan- 
Bzas de las coronas... es verdad infalible que la duración de los 
))Ceptros es premio de la virtud y que por el vicio, la impruden- 
»cia, el engaño y la injusticia muda Dios los reinos de unas gen- 
» tes en otras.» 

Hemos dicho que la obra fué dedicada por el negociador de 
Munster al Principe del Reino en 8 de Setiembre de 1645. 

Parece fatalidad: el Príncipe D. Baltasar Garlos murió poco 
después; el negociador no vio la conclusión de su tratado; y el día 
mismo en que escribía su dedicatoria (como en presagio) moría 
en España el escritor político de más nota de nuestra patria, 
•Quevedo. 

Volvamos al paralelo de los dos Saavedras. Ambos terminaron 
su carrera pública en los Consejos supremos. 

D. Diego en la Cámara del de Indias, D. Ángel en la Presidencia 
del de Estado; pero ni los vaivenes de la política, ni los achaques 
de la ancianidad, ni los desengaños de la vida los respetaron allí. 

Ambos buscaron el refugio que á cada cual consentían los 
tiempos: nuestro procer cordobés en los cuidados y cariño de 
su numerosa familia, de su primogénito á quien legaba con la 
dignidad nobiliaria su lira más bella y gloriosa todavía: viendo 
asi acercarse su fin en la casa que la habían legado sus antepasa- 
dos, y junto al templo mismo de la Concepción Jerónima en que 
aquellos reposaban. Guando el 22 de Junio de 1805 sonó la hora 
de su eterno sueño á los 74 años de su edad, fué sepultado en 
el convento de Rivas de su patronato. 



372 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

El historiador murciano que no tenía hijos hizo de la familia 
agustiniana la suya propia, construyó una celda en el convento 
de Recoletos cerca de donde hoy está la fábrica de moneda, y 
preparó allí su postrer descanso que logró el 24 de Agosto de 1648 
á los 64 años de su edad. Aquella comunidad amiga y respetuosa 
en vida, y agradecida en muerte le erigió digno sepulcro en la 
capilla inmediata al coro y le dedicó sufragios hasta la época de 
su extinción. 

He terminado este impertinente paralelo, no por encargo vues- 
tro, sino por espontánea y quizá senil inclinación mía escrito, é 
inspirado por un nombre cuatro veces respetado ó querido en esta 
Academia. 

El primero que he nombrado, nacido en el siglo xvi, de las 
glorias militares y de las tiránicas demasías, sentó plaza de sol- 
dado y se vio cautivo. 

El segundo, tloreciendo en el siglo en que las guerras i-eligio- 
sas producían su amargo fruto y España confiaba á la diplomacia 
la defensa de su poder espirante, fué clérigo y diplomático. 

El tercero, que alcanzó la epopeya de nuestra independencia y 
el renacimiento de nuestras Cortes, fué guerrero y orador parla- 
mentario. 

El que felizmente nos acompaña, perteneciente ala edad en que 
el ferrocarril horada las montañas y allana los valles, en que la 
electricidad comunica los hemisferios y la industria junta los ma- 
res, es ingeniero. 

Las cenizas del primero, Cervantes Saavedra, no se han hallado 
ni so pueden hallar; tan modesta fué su sepultura; pero aún están 
en pie los muros que le guardan, y aiín resuenan las oraciones 
que le bendicen. 

Al revés acontece con los restos del segundo, Saavedra Fajardo; 
se ha perdido el magnífico epitafio, derribado el templo, allanada 
y desfigurado el terreno en que descansaron. 

Pero ellos se han salvado merced á la Academia, y aún ha po- 
dido en nuestros días el hombre de ciencia tomar en su niano el 
cráneo, sede otro tiempo de tan profundos pensamientos, y aún 
podrá el sacerdote rociar con el agua santa los huesos del que fué 
tan piadoso como elocuente. 



LOS SAAVEDRAS. 373 

Del tercero todo ha sido hasta ahora respetado, sus. despojos y 
su sepulcro; aüu sejuntau alrededor de su tumba, bajo la bóveda 
consagrada, sus hijos y sus admiradores. 

El cuarto, felizmente, vive; nos edifica con su laboriosidad, y, 
gracias á Dios, esperamos que largo tiempo nos instruya y honre 
con sus trabajos. 

Porque es lo cierto que todos cuatro, en el trascurso de otros 
tantos siglos, han comprendido que la religión y la patria deben 
ser el primer objeto de nuestro amor, y que las obras intelectua- 
les son el mejor medio de prestarles defensa y culto. 

Pido de nuevo humildemente perdón por este escrito, por de- 
cirlo así, intruso y advenedizo, y paso á cumplir más concreta- 
mente el encargo de la Academia. 



LOS RESTOS DE SAAVEDRA FAJARDO. 

En los primeros meses del año 1836 vivía en Madrid el sabio 
académico D. José Musso y Valiente, varón de vastísima y general 
erudición, contrariado por tan gran modestia que apenas ha de- 
jado público testimonio de su saber sino en las actas académicas; 
de piedad cristiana tierna y ferviente, lo cual le ponía en aquellas 
circunstancias en íntimo contacto con dignos eclesiásticos regu- 
lares, perseguidos á la sazón; de patriotismo además tan sincero 
y cordial, que confundía en un mismo amor las épocas todas de 
nuestras glorias nacionales, y que extendía el cariño que profe- 
saba á su familia á toda la provincia de Murcia, en que de ilustre 
y antiguo linaje había nacido, como si toda aquella fértilísima 
comarca fuera su hogar y todos aquellos moradores, grandes y 
pequeños, antiguos y contemporáneos, fuesen sus padres, sus 
hermanos ó sus hijos. 

Debo añadir (para dar autoridad á lo que he de referir) que 
tenía conmigo algunas relaciones de parentesco, y más aún de 
amistad que pudiera llamar paternal, si su edad ya entonces ma- 
dura y su vastísimo saber no le dieran para mí autoridad y ca- 
rácter de padre y de maestro. 

Lecciones eran y muy sabrosas é instructivas los paseos que 



374 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

casi todos los días dábamos juntos: recuerdo que uno, justamente 
el de su santo, discurriendo por la entonces estrecha alameda de 
Recoletos, y contemplando la elegante puerta ó arco de triunfo 
que aún llevaba tal nombre , comenzamos á razonar sobre los 
derribos que entonces airadamente se hacían, algunas veces con 
daño de las artes y otras con ofensa de gloriosos recuerdos. «Jus- 
«tamente, dijo Musso, ahora ando yo á caza de los huesos de nues- 
»tro Saavedra Fajardo, que aún han de estar ahí (y se paró, se- 
«ñalando lo que era á la sazón taller de coches de D. Mariano 
«Garsi, y Galería topográfica pintoresca); pero en donde se con- 
»servaba, hacia la derecha de la abandonada iglesia y al extremo 
«del edificio del convento, una especie de pabellón de arquitectura 
«diversa, que remataba en lo alto en una galería ó soleadero coa 
«cinco arcos al Mediodía. — Aquella (añadió Musso), era la celda 
«que para su retiro, hizo fabricar nuestro autor, ni más ni menos 
«que Floridabhmca, en el convento de San Francisco de Murcia. 
«Su sepulcro está en la capilla de junto al coro y su epitafio 
dice...» y me lo recitó entero, mostrando aquella prodigiosa me- 
moria que celebraba Lista por lo extensa y que Gallego, por lo 
pronta en retener, llamaba memoria á lo Stanhop. 

Roguéle que me pusiese al corriente de lo que en el particular 
averiguase ó consiguiese, y me dijo que había el día antes hecho 
conversación de todo en la Academia de la Historia (a) para que 
tomase parte en el asunto; que la Academia, sin que constase nada 
en actas para no sufrir desaire ó desengaño, había acordado diri- 
girse confidencial y verbalmente al Gobernador civil para ver de 
salvar los restos del insigne escritor, y que en efecto había tomado 
este encargo el Sr. Baranda, que como eclesiástico y como íntimo 
amigo de Olózaga podía satisfactoriamente desempeñarlo. 

Y acertó en la elección la Academia; porque en el acta del 
viernes 25 de Marzo de 1836, (es decir en la sesión siguiente), 
leemos: «El Sr. Baranda manifestó que había conferenciado con 
»el Sr. Gobernador civil sobre la conservación de los restos mor- 



ía) En la sesión de 18 de Marzo, á la cual, como á otras de que lueg'o hago men- 
ción, asistió D. Juan Roca lie Togores, mi padre político, que vivía conmigo, y que 
me refirió muchos detalles. 



LOS SAAVEDRAS. 375 

» tales del célebre D. Diego de Saavedra Fajardo que se hallaban 
«hace poco tiempo en el convento de Recoletos; y que aquella 
«autoridad se había mostrado pronta y dispuesta á coadyuvar á 
»ello ; pareciéndole al Sr. Baranda sería oportuno que por parte 
»de la Academia se le hiciese alguna recomendación sobre el mis- 
»mo objeto.» Así lo acordó laAcademia. 

A lo que vagamente recuerdo y no aseguro, el Gobernador so- 
lícito en complacer á la Academia , como aquel que desea con- 
traer méritos, aprovechó la próxima semana santa y sin aguardar 
la comunicación escrita comenzó á dar pasos en el asunto. 

Lo que sí sé de cierto es que llamó con urgencia ásu despacho 
al último prior y aun á otros religiosos del extinguido convento, 
causándoles no leve susto; porque el Sr. Olózaga, no tenía fama 
de llamar á los frailes para convidarlos á chocolate ó para darles 
limosnas de misas. El hecho es que los infelices poco enterados ó 
poco tranquilos, no acertaron á decir sino que en efecto «D. Diego 
había sido sepultado en la iglesia, que se habían cumplido sus 
píos legados hasta la exclaustración, que el sepulcro estaba en la 
capilla próxima al coro y que había sido violado en tiempo de los 
franceses.» 

Bastaron estas noticias para que el activo Gobernador enviase 
allá agentes y operarios y mandase sacar de la sepultura y traer 
al Gobierno civil los deseados huesos. ¡ Cuál fué su sorpresa 
cuando vio que sobraban algunos y faltaban otros, entre ellos 
nada menos que el cráneo! 

Algo se trasluce de esto en el siguiente párrafo del acta del 
viernes 15 de Abril de 1836. 

«Di cuenta asimismo de un oficio del Gobernador civil de esta 
«provincia de 13 del corriente, en el cual manifiesta que á conse- 
«cuencia del que se le dirigió con fecha del 7, había practicado 
»las oportunas diligencias para averiguar el paradero de los restos 
«mortalesde D. Diego de Saavedra Fajardo y conseguido tenerles 
»á su disposición. Pero que como han sido trasladados del sitio 
«varias veces desde su extracción del sepulcro en la guerra de la 
«Independencia, que para afianzar más su identidad, sería indis- 
wpensable continuar la indagación de lo ocurrido y recoger todas 
«las noticias que los moradores de aquel convento ú otras perso- 



376 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

«ñas pudieran suministrar : que si la Academia era del mismo 
«parecer, podía servirse nombrar una comisión de su seno, que 
«entendiese en ello por sí misma ó en unión con dicho Goberna- 
«dor civil en la seguridad de que emplearía para llevar á su tér- 
«minoeste negocio, cuantos medios pendiesen de su autoridad. 
»La Academia en vista de esta apreciable indicación, acordó nom- 
«brar á los Sres. Musso y Baraoda, para que en unión con dicho 
«Gobernador civil entiendan en este negocio, hasta terminarlo 
«debidamente.» 

Los comisionados siguieron otro método que el Gobernador. Vi- 
sitaron amistosamente á los exclaustrados; tranquilizándolos so- 
bre el asunto de que se trataba, y confidencialmente averiguaron 
que en efecto no sabían más que lo que habían dicho á Olózaga; 
pero por su medio entablaron relaciones con cierto fraile lego 
que había entrado de monaguillo en el convento á fines del siglo 
pasado , y que, profeso ya, era sacristán cuando la invasión 
francesa. 

¿Era este uno de ios moradores de aquel convento á quienes 
aludía Olózaga en su oficio? Lo ignoramos. 

En todo caso por él supieron que los gabachos creyendo que la 
comunidad habría escondido sus alhajas y las de sus bienhecho- 
res en los sepulcros, los profanaron todos, entre ellos el de Saa- 
vedra, rompieron ó se llevaron la lápida, sacaron el ataúd, aún 
estaba el cuerpo entero , y tenía pedazos del manto de Santiago; 
pero no hallando los gabachos (siempre los nombraba así), tesoro 
ni alhajas ni siquiera espada ó venera lo dejaron todo tirado. El 
piadoso lego volvió á meter como pudo el ataúd en el sepulcro 
pero no la lápida que había desaparecido. 

Al regreso de la camunidad sn prior quiso examinar lo ocurri- 
do y al abrir de nuevo el ataúd se encontró el esqueleto deshe- 
cho y mezclados confusamente los huesos. 

O por esta causa, ó por que se hubiesen de hacer reparaciones 
en la capilla, ó por otra razón, tales huesos reunidos en una 
arquilla preciosa, se depositaron en un armario de la sacristía. 

Estando allí acaeció un suceso que merece referirse; vino á 
Madrid, según relación del lego un lord inglés. (En concepto del 
pueblo todo viajero es inglés, y lodo inglés es lord) ; sin embar- 



LOS SAAVIÍDRAS. 377 

go, no sería raro en aquella época que fuese exacta la relación, 
y aún puede convenir al célebre Lord llolland ó á su hermano 
el general Fox, que viajaba á la sazón por España en compañía 
de su hijo y que era gran conocedor de nuestra literatura: pues 
bien, diz que este lord, ponieudo en las manos de su hijo la cala- 
vera de Saavedra, dicen que dijo: «Toma, para que digas que has 
«tocado con tus propias manos el cnuieo del primer político de 
»esta nación y de uno de los mayores ingenios de su siglo.» 

Copio estas palabras del artículo que yo mismo escribí en aque- 
llos días casi al dictado de Musso, y que se publicó eu el núm. G 
del Semanario jñntoresco de 8 de Mayo de 1836, pág. 55. Y una 
vez citado aquel articulejo humorístico, pero veraz, (|ue recuerda 
hechos que ya había olvidado, séame lícito reproducir algunos 
renglones más que precisan otros. 

«El dicho de aquel inglés hubo de dar en qué pensar al pre- 
lado, que entonces había en el monasterio, averigua que su ante- 
cesor había confundido las reliquias de un sabio con las de los 
santos, y quiere enderezar el entuerto.» 

Su proceder no sólo era ortodoxo sino asimismo razonable: ve- 
remos ahora documeutalmente los resultados. 

En el expediente que sobre este negocio existe en la Academia 
y en la minuta del oficio que ya hemos dicho se pasó al Goberna- 
dor civil, se encuentra esta noticia importante. «... que V. S. (dice) 
«tómelas disposiciones más oportunas pai-a que se averigüe el 
p paradero de los enunciados despojos que recientemente, esto es, 
«poco tiempo antes de la supresión de dicha comunidad se halla- 
shan en una arquita en la celda del P. Provincial, etc.» 

Esto consta por una parte, por otra hemos visto consignar que 
el Gobernador civil no se atrevía á reconocer por sí solo la iden- 
tidad de aquellos despojos, y en efecto, cuando los comisionados 
de la Academia los vieron, la arquita preciosa había desaparecido, 
los huesos estaban en un cajón mezclados con otros muchos, en- 
tre ellos cuatro tibias y ningún cráneo. Merced, pues, á la dili- 
gente habilidad de Musso y Baranda, se pudo averiguar, por con- 
fesión del mismo lego, que desde niño los había (por decirlo así) 
seguido, que él siendo sacristán había obtenido del prelado que 
el bello cráneo (hasta en las calaveras hay estética) y los fémures 



378 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

se extrajesen de la citada arquita cada vez que hubiera de cele- 
brarse algún funeral, para coronar el túmulo mortuorio. 

Confesó más el buen lego, que á la supresión y venta del con- 
vento, él había prestado ó cedido aquel fúnebre y precioso adorno 
al dueño de la llamada Galería Topográfica y Pintoresca, para 
colocar la calavera en la mano de una Magdalena, que más ó me- 
nos vestida, acompañaba á una Venus del todo desnuda, y al fa- 
moso torero Montes con su traje, su espada y su muleta. 

Cierto que al ver tales despojos de tal varón y en tal empleo es 
forzoso repetir el lema de su última empresa: 

LUDIBRIA MOR TI S. 

De esos ludibrios procuraron sacarlo nuestros mayores, y lo lo- 
graron por el tacto y diligencia de los Sres. Musso y Baranda que 
lo participaron, no por escrito sino verbalmente (é hicieron bien) 
á la Academia en sesión del viernes 22 de Abril de 1836, cuya acta 
dice: 

«Los Sres. Musso y Baranda participaron ala Academia, que en 
desempeño de la comisión que se había servido confiarles habían 
concurrido con el Secretario del Gobierno civil de esta provincia 
á practicar las diligencias oportunas para asegurarse de la iden- 
tidad de los restos mortales de D. Diego Saavedra Fajardo que 
habían estado depositados en el convento de Agustinos Recoletos 
de esta capital, de cuyas diligencias sólo había resultado hasta 
ahora el recoger la calavera y fémures que indudablemente fueron 
del dicho D. Diego Saavedra; pero que aún se continuaban las 
indagaciones en busca del resto del cadáver. )> 

Tales indagaciones no produjeron resultado alguno por las cau- 
sas que quedan apuntadas; y aunque las actas de nuestras juntas 
no vuelven á hacer mención de este asunto, bien claro lo demues- 
tra el señor director D. Martín Navarrete en su discurso leido en 
junta de 24 de Noviembre de 1837, donde dice en su párrafo 20, 
página 36, que la Academia noticiosa de que en el convento de 
Agustinos Recoletos estaban á punto de perecer los pocos huesos 
(que en la guerra de la Independencia lograron salvarse) del dis- 
tinguido literato y profundo político D. Diego de Saavedra Fajar- 



LOS SAAVEDRAS. 379 

do, acudió al señor Gobernador civil y comisionó á los Sres. Musso 
y Baranda, que puestos de acuerdo con S. S. recogieron su ca- 
lavera y ambos fémures, y los depositaron en la Iglesia de San 
Isidro. 

Allí en la capilla de la Virgen del Buen Gousejoon un compar- 
timiento de la cajonería de una sacristía, mas como utensilio de 
culto que como restos de un varón insigne permanecían , de mu- 
chos desconocidos; para otros pasando falsamente por ser de Cer- 
vantes; engañados por el apellido de Sabedha, que mal escrito de 
letra quizá del lego de Recoletos se lee en la calavera; por los más 
en fin ignorados á pesar de lo que dice y explica Mesonero en su 
Antiguo Madrid, hasta que poco hace, el activo académico corres- 
pondiente y vecino de Murcia D. Javier Fuentes y Ponte ha in- 
tentado trasladarlos á aquella catedral con ocasión del centenario 
del natalicio del insigne escritor, y con este fin y en unión con 
el Reverendo Obispo y demás autoridades de aquella provincia, 
solicitan de la Academia que sea su mediadora para que el Gobier- 
no de S. M. obtempere con sus deseos y permita la traslación de 
los restos mortales de D. Diego Saavedra Fajardo á la ciudad que 
fué, por decirlo así, su cuna. 

¿Debe ó no nuestra Academia condescender con esta súplica? 

En mi entender no, si los restos se hallasen en el sitio y sepul- 
cro que Saavedra eligió, encomendado á la memoria y oraciones 
de aquellos que designó por guardadores desús cenizas. Pero esto 
no sucede. 

Sería todavía dudoso si hubiese siquiera remota probabilidad 
de que se le dedicase monumento digno... pero la verdad es que 
están sus despojos desconocidos y colocados menos dignamente 
que otros que allí yacen, como los de Laíilez, Rivadeneyra, Nie- 
remberg y Esquilache, y aun los modernos Melendez, Moratín y 
Valdegamas, los cuales al menos no están manoseados por la cu- 
riosidad de los viajeros ó la travesura de los infantillos 

LUDIBRIA MORTIS. 

En el caso presente, y en la realidad de los hechos, mi opinión 
es que Saavedra (si me es lícito hablar así) ganará mucho; que la 



380 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

corte no perderá nada y que la Academia, accediendo á los deseos 
de los demandantes, concluirá la piadosa obra de reparación y 
patriotismo que comenzó en 1837. Si así lo estima, pienso yo que 
no sólo debe recomendar al Gobierno de S. M. la solicitud de las 
autoridades de Murcia, sino que fuera bien nombrar una comisión 
que autorizase la entrega de los restos que ella salvó hace cua- 
renta y seis años y presenciase su colocación definitiva en el templo 
mismo en que yacen en monumental capilla los Fajardos, ante- 
pasados del iasigne escritor; para que, como escribe el mismo 
(Empresa ci) , en la contemplación del sepulcro halle el alma el 
verdadero tesoro de la quietud eterna. 

Si así lo acordase la Academia, podría dirigir al Gobierno una 
solicitud que poco más ó menos dijese: 

«Excmo. Sr.: Los restos mortales de D. Diego Saavedra Fajar- 
do, el célebre autor de las Empresas politicas, de la Corona gótica 
y de la República literaria^ que yacían en la iglesia de Padres 
Agustinos Recoletos desde 1648, fueron en 1836 recogidos por esta 
Real Academia y depositados de orden del Gobierno en la Real 
iglesia de San Isidro. 

«Allí estaban arrinconados, quizá desconocidos, y tal vez pronto 
hubieran sido, como otros, perdidos; porque la Academia al recla- 
marlos no se propuso erigirles monumento digno y vistoso, em- 
presa que si con todos los que se hallan en el caso del ilustre es- 
critor se hubiera de llevar á cabo, excedería con mucho á los es- 
casos recursos de esta Corporación. Atendió en 1836 sólo á lo que 
se consiguió, á saber: salvar de la profanación y del olvido tan 
preciosos despojos. 

»A1 presente, noticioso de lo referido el celoso corresponsal de 
esta Academia D. Javier Fuentes y Ponte, sabedores del caso el 
prelado y las autoridades de Murcia, se han propuesto trasladar 
á aquella ciudad y depositar en su catedral, en monumento digno, 
los restos del que fué gloria de aquella provincia, honra de España, 
sujeto respetado en naciones extrañas y aun enemigas, y aman- 
lísimo servidor de su Rey y de su patria. 

»Gon semejante intento se han dirigido á esta Academia pi- 
diéndola que sea su medianera con el Gobierno de S. M. para la 
consecución de tan piadoso como patriótico propósito. 



LOS SAAVEDRAS. 381 

«Siesta Corporación creyese posible elevar en la capital de Es- 
paña monumentos á los varones ilustres que en ella están sepul- 
tados, vacilaría en prohijar el proyecto de los patricios de Murcia, 
porque no está resuelto si es ó no conveniente esa centralización 
absoluta aún de los recuerdos gloriosos, Pero lo ocioso de tal 
cuestión y lo irrealizable de semejantes monumentos se demues- 
tra con sólo decir que en las mismas bóvedas de San Isidro, aun 
descontando los Laínez, Rivadeneyras y Nieremberg, yacen 
arrinconados Esquiladle, Melcndez Valdós, Moratín y Valdc- 
gamas. 

»Ni hay tampoco en el intento de los murcianos el menor asomo 
de egoismo provincial ó do demostración ruidosa de espíritu de 
localidad, sino el piadoso deseo de honrar la memoria y salvar 
las cenizas de quien fué ejemplo de buenos ciudadanos como de 
clásicos escritores, y estimular así el estudio y la imitación de los 
venideros, 

>)Por estas causas la Academia espera que el Gobierno do S. M. 
accederá á la súplica de esta Corporación, y que, de acuerdo con 
la autoridad eclesiástica, dispondrá le sean devueltos los restos 
mortales de D. Diego Saavedra Fajardo, que la misma Academia 
depositó en 1836 en la Real iglesia de San Isidro^ autorizando á 
la misma Academia á que los entregue á las autoridades de Murcia 
para ser allí honrosa y definitivamente sepultados.» 

La Academia, en vista de todo, resolverá, como siempre, lo 
más acertado. 

Madrid 16 de Noviembre de 1883. 

El Marqués de Molins. 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 



VI. 



LÁPIDAS ROMANAS DE IRUNA Y LEÓN, 



D. Juan Ochoa de Alayza, digno é ilustrado párroco de Tres- 
puentes, contestando á mi solicitud acerca de los epígrafes roma- 
nos que se han descubierto recientemente en Iruña, me dice que 
en la primera mitad del año pasado, como arase un labrador en 
el campo contiguo á la puerta casi derruida de la que fué muralla 
del Norte, sacó á flor de tierra cinco lápidas, cuyo rápido bosquejo 
me envía, y son las siguientes: 

1) ELANVSV 

R A E S A M I 
F I C S I 
TEST 

Elanus Uraesamif(iliusj ic sitfusj esl. 
Elano, hijo de Urésamo, aquí j-ace. 

Ilustra esta inscripción las de Valladolid (H. 2726) y Contrasta 
(2956), donde suenan Uraesamu Cantabri ffiliusj y Saeliá Elani 
mater. 

La segunda letra de la línea segunda tiene la forma ibérica de 
la sílaba ka (A), según el sistema del Sr. Zóbel (1); y si se le da 
este valor, resultaría que el padre de Elano se llamó Urkaesamo. 
Corroboran esta interpretación dos razones. En primer lugar, 
porque dentro de la misma línea y en la anterior, es diferente la 
forma indubitable de la A, dispuesta en ángulo recto y sin tra- 
vesano; en segundo lugar, porque, fuera de la inscripción de 
Contrasta, cuyo tipo exacto no conocemos, todos los demás ejem- 
plos de la raíz de ese nombre indígena incluyen la gutural con 

(i) Estudio histórico de la moneda antijua española^ i. i, pág:. 179; Madrid, ISIO. 



LÁPIDAS ROMANAS DE IRUÑA Y LEÓN. 383 

aspiración ó sin ella. Tales son (11. 2057, 2087, 2800, 2818, 2967): 
Urcestar Tascasecéris, Urcliail A ti tía, Urcaliociis, Urcico, Ur- 
chatetellus. La raíz puede aproximarse del latín ursus, griego 
oíipKToi;, címrico a7-Ui, vascuence arcaico Jiarsus (oso), origen de ape- 
llidos vascongados, como lo ha demostrado M. Liychaire (1). Tam- 
poco será inútil conjeturar, que el segundo factor de JJrkaesamus, 
ó Uraesamiis, estoes, samiís, corresponde al moderno éuscaro seme 
ó semen (hijo), que ha producido los apellidos patronímicos ter- 
minados en z, como Ximenez, conforme nos lo ha mostrado el es- 
tudio comparativo de la degradación por apócope en el antiquísi- 
mo vascuence (2). 

Elanus sonaba Elonus (3) al otro lado de la frontera francesa, 
y demuestra que no es forzada la asonancia que establecí entre 
Dullanci (Alegría) y Tullonio. 

2) S I L A N 

F VS C VS 
E V I L I F 



Silamis Fuscus Evili ffiliusj. 



Evili está por Avili, genitivo de Avilius ^ y se amolda á una re- 
gla, por lo visto muy antigua, de la fonética vascongada, que ex- 
pone D. Arturo Gampión en la preciosa Monografía (4) que en su 
nombre os presento. 



3) 

A N L X V I I 

H o S O E 

An(noriimj LX Vil hficj sfitusj efstj. 



(1) Eludes sur les idiomes Pyrcnéens, pág. 84, 85; París, 18~P. 

(2) Véase Boletín, t. ni, pá;?, 234. 

(3) Barry, Inscriptions inéditos des Pyre'ne'es, 18G3; pág. 21. 

(4) Ensayo acerca de las ley es fonéticas de la lengua eiiskara: Sau Selastián, 1883, pá- 
rina 27. 



384 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

Completa este fragmento el sentido del anterior; si bien care- 
ciendo de calcos y datos suficientes, no me atrevo á decidir que 
fuesen los dos de una misma lápida. 



4) 



V I 

N I V S 

I I T I L I V S 

SANNXXXV 

H I I S 



Vinius Etilitis s(enusj annCorumj XXXV JificJ efstj s(itusj. 
Aquí yace Vinio Etilio, siervo, de edad de 35 años. 



Esta inscripción es importantísima. Gomo algunas cantábricas, 
que ha examinado y descifrado el Sr. Fernández-Guerra, ofrece 
la especialidad de estar escrita de abajo arriba, y las líneas en 
dirección de izquierda á derecha. En Etiliusse reproduce la apli- 
cación de la ley fonética del vascuence, que hemos visto en 
Evilius. Vinius quizá dimanó de un nombre geográfico poco le- 
jano; por ejemplo, el de los Vennenses, que cita Plinio, y parece 
traslucirse en Bénea, que la Reja de San Millán atribuye á la co- 
marca septentrional de Iruña, donde se alzan Ullibarri de Viña 
y Echavarri de Viña. 

La íiltima, ó 5.' inscripción que se ha descubierto,, es aún más 
importante: 

T V T 3. A E 

S A C 

— • V a L E K ' E D 

FLAMDIVIAV 

P 

Tiitelae sac(rumj [? va]lerfiíisj eáfilisj fiam.{enj divi Aiti'gusHJ pfQsriitJ. 

Consagrado á la diosa Tutela. Púsolo (Cayo?) Valerio edil, flamea del divo Augusto. 

Es, en efecto, esta lápida, la primera y única de Iruña que nos 
brinda el nombre de una deidad, y la única y primera también 



LÁPIDAS ROMANAS DE IRüÑA Y LEÓN. 385 

que nos hace reconocer que allí existió municipio romano con sus 
ediles y ílámines del divo Augusto. 

La inscripción se ha trasladado al Musco provincial de Vitoria. 

No se ha contentado el digno párroco de Trespuentes con ha- 
ber buscado y recogido estos monumentos. Coi\ la lista en la 
mano de los que no dice Hübner que hayan salido de Irnña y de 
su comarca, me certifica que faltan los que el doctor alemán re- 
seña con los números 2927, 2032, 2935 y 2937. Los demás perma- 
necen sin haberse movido del sitio exactamente indicado por el 
Corpus inscriptionwn latinarían. Una rectificación, que afecta al 
sentido, hay que hacer en la inscripción 293G, que existe en Tres- 
puentes «en el quicio de la puerta de entrada á la casa de D. Juan 
López.» Jjéese claramente con todas sus letras y con su forma 
arcaica : 

RHODANVS 
AÍLI' F • SERVO. S 

A N • í. 

TICHIA'VXOR 

í'ZZVNA'SOCRA 

I • E 

BhndaniíS A HUffilUi-tj sercos anf'norum) L TyrJria vrmr \ JU?' vva .fncra. TfcJ fístj. 
Aqui j'aee Ródano, siervo, hijo de Atilio, de 50 años de edad. Pusiéronle esta memo- 
ria su mujer Tiquia y su suegra Illuna. 

Padre de Ródano fué probablemente Vinio Atilio, cuya lápida 
sepulcral se nos ha descubierto. Fácil se hace suponer que la raíz 
de Tichia sea rv^-n (fortuna). Desgraciadamente están cortadas por 
la mitad inferior las tres primeras letras del nombre que encabeza 
la última línea, pudiéndose leer iil ó ill, y resultando el nombre 
Eluna, ó mejor Illuna, cuyo radical aparece con frecuencia en 
inscripciones de la región pirenaica (1): Iluni deo, Herculi Ilunno 
Andose, Uriaxe Ilunnosi filia, Astoiliinno deo. ¿Sería el adjetivo 
éuscaro, correspondiente al latín fitscíís, que cabalmente en viz- 

(I) Luchaire, Op. cit., pág-, 50, 55, 58. 

TOMO III. "26 



386 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

caino y guipuzcoauo se dice illún y en labortano y hajo-navarro 
ilhún? Así lo pienso; tanto más, cuanto que en Iruña fué sepul- 
tado «Silanus Fuscus Evili filius.» Socra, finalmente, está por 
socrus, demostrando no ser poco antigua la forma romanceada, 
de laque ha salido inmediatamente la castellana suegra. Ni de- 
jaré de observar, que así como el vascuence se acerca por su 
artz (oso) del griego ¿px-s?, así también del griego ixvfí, pare- 
ce haber sacado guiarrá (suegra) ; confirmándose de esta manera 
la conocida expresión de San Jerónimo (1): «Máxime quum Aqui- 
tania graeca se jactet origine; et Galatae, non de illa parte terra- 
rum, sed de ferocioribus Gallis sint profecti.» 

Las relaciones de España con el Oriente durante la Edad Ro- 
mana y las influencias del griego en nuestro romance, se dejarán 
más y más apreciar conforme vaya creciendo el estadio de la 
Epigrafía, Ya lo hice ver, al imprimir y comentar ampliamente 
la inscripción del ara leonesa de Tito Vitrasio Pollón en el tomo ii 
de la revista La Academia (2) y en el tomo xi del Museo españ ol 
de antigüedades (3). A este último estudio mío, cuyas ideas 
é investigaciones se apropia nuestro aprovechado correspon- 
diente el Sr. Gaslrillón {\), sólo añade que el ara es de mármol 
blanco, simulando una pilastra con plinto, cornisa y frontón, y 
midiendo 1,29 m. de alto por 0,54 ra. de ancho y 0,49 m. de grue- 
so; y que hallada en la escalera que conducía al sótano de la casa 
número 4 de la calle de la Escalerilla, contigua al lienzo meridio- 
nal de la antigua muralla de la ciudad, ha sido cedida por el pro- 
pietario, D, José Lorenzana, al Museo arqueológico provincial, 
sito en los claustros del monumonfal edificio de San Marcos. 

Fidel Fita. 



(1 ) Comentarios á la epístola de San Pablo á los Gálatas, lib. n, prólogo. 

{2J Pá?. G6; Madrid, 1877.— De aqui pasó, con sucinto comentario de Hiibner, á la 
EpJtenieris epigraphira, vol. iv, pág. 17; Herlin, 1^7'^. 

(í!) Pág. 3^8-nílO. 

(1) Rfvista de Arr/nvos, fíihliotecas y 3/í'.?ío.<í (segunda época, ano ix, núm. 11); Ma- 
drid, ms;j;|,ág. 3!)S-101. 



índice del tomo III. 



Acuerdos y discusiones de la Academia. ( Noticias) 5 

informes: 

I. Escritura hierática de la Ainérica Central. — E. Saavedra, 

A. Fabié, F. Fita - 

II. Biografía de tres ilustres misioneros en América y África. — 

A. Fabié 9 

III. Rudimentos de árahe vulgar. — F. Fernández y González. ... 13 
IV. El río Salom de la Crónica del moro Rasis. — F, Fernández 

y González 17 

V. Objetos romanos ¡j árabes hallados cerca de la ciudad de Mur- 
cia. — A. Fernández-Guerra 20 

VI. Geografía romana de la provincia de Álava. — A. Fernández- 
Guerra. 22 

VIL Correspondencia autógrafa de Carlos VI de Austria. — P. de 

Gayangos 33 

VIII. Cartas de Carlos VI de Austria al Barón de Freisheim. — 

J. de la Pezuela 36 

IX. Tratado elemental de derecho internacional marítimo. -Iñ.. Col- 

meiro 37 

X. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. — V. de la 

Fuente 41 

XI. Inscripción arábiga de Castellón de la Plana. — P. de Ga- 
yangos 48 

■ XI. Declaración de una coluna del Emperador Adriano, Obra (re- 
impresa) del Dr. D. Agustín Sales. — F. Fita 51 



-188 boletín de la real academia de la historia. 

Paps. 



Noticias c . c 65 

informes: 

I, Monedas inéditas de tipo ibérico. — C. Pujol y Camps 67 

II. Historia de Valladolid. — F. Fernández y González 77 

III. Última campaña del Marqués del Duero. — J. Gómez de 

Arteche 83 

IV. La catedral del Pmj y la de Gerona. — V. de la Fuente. ... 87 
V. Historia de la instrucción pública en Portugal. — V. de la 

Fuente 97 

VI. Templo de Sérapis en Ampurias. — F. Fita 124 

VIL Inscripciones romanas de los valles de Saii Millán y de Aran. 

— F. Fita 1 30 



Noticias 1 37 

informes: 

I. Altahiskarco Cantuá. — Wentwoith Webster 1 39 

II. Antigüedades prehistóricas del partido de Molina de Aragón, 

— R. Andrés de la Pastora 154 

III. Expedición científica y artística á la Sierra de Francia., pro- 
vincia de Salamanca^ en el mes de Julio de 1857. — V. de 

la Fuente 1 59 

variedades: 

Discursos pronunciados por el Sr. Rada y Delgado en el último Con- 
greso de americanistas de Copenhague 190 

Escrituras inéditas de los siglos xi y xiv. — F. Fita 202 



Noticias 209 

informes: 

I. Santiago^ Jerusalén, liorna. — F. de Cárdenas 21 1 

II. El vascuence alavés anterior al siglo xiv. — F. Fita 215 

variedades: 

Misiones de indios guaranis. (Continuación) . . 244 



Noticias 257 

informes: 

I. Cartulario de las abadías de la Couturey de Solesmes. — V. de 

la Fuente, C. Fernández Duro 26 1 



ÍNDICE. 389 

PáffS. 

ir. La Catedral de Murcia en 1 29 1 .— F. Fita 268 

III. Bosquejo histórico de la Sede Cartaginense. — F. Fita 276 

IV. Compendio de la historia de Burgos. — M. Oliver y Hurtado. 293 
V. Monumentos antiguos de la Iglesia Comjwstelana. — M. Menen- 

dez Pelay o 295 

VI. Málaga musulmana. — E. Saavedra 299 

VAIUEDADES: 

El Museo Arqueológico de Constantinopla. — J. de la Rada 303 



Noticias 321 

INFORMES : 

I. Puerta y cubo de Santa Clara de Zamora. — A. Fernández- 
Guerra 324 

II. La calavera del Conde de Tendilla. — V. de la Fuente 332 

III. Assilah de Aben Pascual. — F. Codera 339 

IV. La reja de San 3lillún.— F. Fita, 353 

V. Los Saavedras. — El Marqués de Molina 361 

VI. Lápidas romanas de Iruña y León. — F. Fita 382 



ÍNDICE DE LOS GRABADOS CONTENIDOS EN ESTE VOLUMEN. 



Pñffs. 

Inscripción arábiga de Castellón de la Plana 49 

Monedas ibéricas (lámina \.^) 68 

— — 2.") [\) 76 

Inscripción de Sérapis en Ampurias (tamaño natural) 127 

Inscripción vasco-romana del valle de Aran 1 36 

Facsímile de escritura cursiva hebreo-toledana (siglo xiv) 208 

Torreón y puerta de Santa Clara (Zamora) 329 



(1) Se distribuirá en el próximo número del Boletín. 



EI^I^J^T^S. 



PÁGINA. 


LÍNEA. 


DICK. 




DEBE DECIR. 


134 


2 


OBIONESIS 




OEFONES 


» 


29 


tierra yerma ó de 


páramo 


Tilla (le Herramel ó Villa-Ramiel 


204 


18 


sánete 




sancti 


» 


2Í» 


ankeJo 




ankelv- 


i> 


30 


Sanri 




Sancio 


205 


Última. 


11 




1. ni 


206 


5 


Durango 




Duranco 


» 


13 


aptus 




ausus 


239 


9 


Haztegiata 




Haztegiata 


» 


31 


recuesto 


1 


í recuesto, al decir de Madoz (Dic- 
\ cionario, art. ariñkz) 


260 


19 


29 




27 



LAM ? II 



frl^'^íis 
















^^-^ 17 




i5 




\C ;. 




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S:%0V V^'-nS 



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18 





„' V-. J ..;!'?»'£««. '•■'í-'''5''«íí' '^^'* 



boletín 



REAL ACA.DEMIA DE LA HISTORIA 



í 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO IV 



MADRID 

IMTEENTA DE FORTANET 

CALLE DE LA LIBERTAD , NÚM. 23 
■1 8 8 '¿^ 



«En las obras que la Academia adopte y publio^ue , cada autor será responsable de 
sus asertos y opiniones ; el Cuerpo lo será solamente de que las obras sean acreedoras 
;í la luz p'''i'Vi 

Eatot'i'o XXV. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO IV. Enero, 1884. cuaderno i. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS. 

En la sesión del 14 de Diciembre fueron reelegidos Censor y 
Tesorero los Sres. Golmeiro y Saavedra, y elegido Bibliotecario 
perpetuo el Sr. Oliver Hurtado. 



En la misma sesión dio parte ú la Academia el Sr. Rada y Del- 
gado de haberse comenzado á proceder, por acuerdo municipal, 
al derribo de la muralla pelásgica de Tarragona. La Academia, re- 
cordando un hecho análogo acontecido recientemente en la ciudad 
de Zamora (1), no pudo menos de lamentar tamaños excesos; y 
dictó las medidas convenientes á impedir que desaparezca un 
monumento tan glorioso para España. Es nacional; no pudo ni 
puede estar á disposición del Municipio; y es además de no escasa 
valía para la historia universal del linaje humano. 



En la sesión del 21 de Diciembre expuso á la Academia su be- 
nemériio Director el feliz éxito de las diligencias que en nombre 
de la misma había practicado cerca del Gobierno de S. M., de 
suerte que no hay temor pase adelante el derribo de la muralla 

(I) Véase Boletín, t. iii,- pág"- *24-33-2. 



G BOLETÍN DE LA P.EAL ACADEMIA DE LA HISTORL'i. 

pelásgica. Propuso y se acordó un oñcio de gracias al Excelentí- 
simo Sr. Marqués de Sardoal Ministro de Fomento y al señor 
Director de Instrucción pública, por el ilustrado interés y expe- 
ditiva eficacia con que habían acogido al momento las represen- 
taciones de la Academia. 



Los Sres. Fabié, Balaguer y Fernández-Duro, han sido nom- 
brados para formar la Comisión que fije el precio, procure la ex- 
pendición y entienda en todo lo referente al curso de los libros 
que publique este centro. 



Los Sres. Académicos Excmo. Sr. Marqués de Molinséllustrí- 
simo Sr. Rada y Delgado, son designados para representarla en 
el acto solemne de trasladar á Murcia los restos mortales del exi- 
mio D. Diego Saavedra Fajardo. 



La Academia vio con satisfacción tres lujosos tomos de la His- 
toria general de España, escrita por Lafuente (D. Emilio) y con- 
tinuada por D. Juan Valera hasta nuestros días. Sobre ellos la 
Academia dará dictamen á propuesta de la Dirección de Instruc- 
ción pública. 



El Académico Sr. Arteche ha de informar acerca del libro Gue- 
rra de anexión de Portugal, escrito por nuestro correspondiente 
el Sr. Suarez Incláu. A cargo del Sr. Fita corren los informes so- 
bre las obras de los Sres. D. Antonio López Ferreiro y D. Arturo 
Gampión, que anunciamos en otro número (1). 



El Sr. Fernández Duro presentó una Memoria, escrita por don 
Saturnino .limenez, sobre las ruinas del municipio romano Vo- 



(l) Torno iii, pág. ;K3. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 7 

luhilianum, que se encuentran al Norte de Mequinez en el im- 
perio de Marruecos. Los diseños de los monumentos arquitectó- 
nicos y la copia de varios fragmentos epigráficos, uno de ellos con 
el nombre del municipio, realzan el valor de esta Memoria. 



En el Boletín de la Institución libre de enseñanza , número del 
15 de Diciembre, ha comenzado á ver la luz el trabajo crítico que 
nuestro sabio correspondiente, el Dr. Wentworth Webster, ha 
hecho acerca de la Influencia de los Fueros pirenaicos en la Cons- 
titución inglesa. 



Ha dado parte á la Academia el Sr. Fita de haber encontrado y 
copiado el texto de las Cortes celebradas en Barcelona por D. Ra- 
món Berenguer III, conformándose á lo dispuesto por el Papa 
en el concilio de Glermont (1130), Las apunta nuestro Catálogo (1) 
bajo el año 1125. El texto, inédito aún, es el mismo que vio Dia- 
go (2), sobre cuya autoridad descansa la de Feliu (3). Se escribió 
durante la primera mitad del siglo xiii, alterando la fecha de las 
Cortes que, en sentir de dicho Sr. Académico, es la de 10 de 
Marzo de 1131. 



Han sido muy considerables los donativos de objetos arqueo- 
lógicos y de obras impresas y manuscritas que varios señores 
correspondientes acaban de poner á disposición de la Academia. 
Veráse esto por el catálogo de obras y objetos recibidos, que sal- 
drá en el Boletín de Febrero. 



fl) Colección de Cortes délos antiguos veinos de EspaTm, por Jo lieol Academia de f-a 
Historia. Catálogo. Madrid, 1855; pág. 131. 

(2) Anales de Cataluña, 1. x, c. 12. 

(3) Historia de los victoriosissimos Condes de Bflrrelona:'Bí\rco\on». Ifi03. fol. l"<o. 



INFORMES. 



ANTIGÜEDADES SORIANAS POR D. ANTONIO PÉREZ KIOJA. 



Excmo. Sr.: Terminada con la unificación de la monarquía la 
inquieta actividad municipal de nuestras antiguas ciudades en la 
Edad Media, casi todas buscaron refugio en el recuerdo de pasa- 
das glorias para distraer la acompasada regularidad de su nueva 
vida; y fija la atención en los ideales propios de la época, no sa- 
lieron del círculo de la historia romana, ya que de la posterior 
no apreciaron otra cosa que las relaciones de la Leyenda sa- 
grada, ó la tradición que de sus santos é imágenes conservaba 
cada localidad piadosamente. No valió á Soria para escapar á la 
regla común el significativo mote de sus armas , que por ser ca- 
pital de comarca fronteriza, así de moros como de aragoneses, la 
llama cabeza de Extremadura ^ ni despertó la curiosidad de sus 
cronistas la multitud de hermosos edificios románicos que cubren 
su suelo, entre los cuales descuellan, al lado de la Colegiata de 
San Pedro, con la magnífica arquería de su claustro, los bien 
conservados ingresos á la Sala Capitular primitiva y tal cual resto 
de viejas pinturas, la iglesia medio arruinada y singularísima de 
San Juan de Duero, análoga algún tanto á la Magdalena do Za- 
mora , y las parroquias de Santo Tomé , de San Juan y de San 
Nicolás, sin contar no pocos templos de Agreda, Almazán, Garray, 
Huerta y otros muchos pueblos de la provincia. 

Siguiendo tal criterio, los antiguos escritores sorianos no re- 



ANTIGÜEDADES SORIANAS. O 

putabaii como cosas memorables siiio el íloro lieiuismo de Xa- 
maiicia ó el dulce y celestial heroísmo de San Saturio. Si por 
acaso descendían á tratar de tiempos más cercanos, era para bus- 
car origen y fundamento á los piivilcgios del estado noble, i-e- 
parlido en los Doce Linajes, sin pararse á apuntar hechos tan 
famosos como la convocatoria de las huestes de Alfonso VII en 
Almazán para combatir íi su padre político, ó el campo que asentó 
en Galtojar Don Alvaro de Luna después de haber rechazado sin 
lidia á los reyes de Aragón y de Navarra confederados, ó el real 
de Don Juan II en Velamazán , donde prendió y aseguró en su 
propio alfaneque al Duque de Arjona. Gompláceuse muchas veces 
en describir menudamente las tradicionales fiestas de San Juan, 
sin ver en ellas viva todavía la organización militar y política del 
estado llano de la villa y tierra; y si ponderan la pasada prospe- 
ridad de las cabanas de ganado merino , no advierten que ya las 
señaló en sus versos el festivo Arcipreste de Hita. 

No cabe negar que Loperraez dio notable impulso al estudio de 
las antigüedades romanas y de la historia eclesiástica de una 
parte considerable de la provincia, y que varias de sus tradicio- 
nes se han vulgarizado embellecidas por la pluma de un poeta 
tan dado á todo lo que sabía á romántico como Gustavo Adolfo 
Becquer. Pero el cuadro completo de los recuerdos de pasadas 
edades que el suelo soriano encierra, aprovechando los numero- 
sos datos que suministran, por una parte los campos y los mo- 
numentos y por otra los documentos y los libros, todo examinado 
y discutido conforme á las exigencias de la crítica moderna, es- 
taba todavía por hacer, y es la tarea que ha emprendido Don 
Antonio Pérez Rioja, ya conocido en la reptiblica de las letras por 
su Romancero de Numancia y su Crónica de la provincia de Soria. 

El libro cuya publicación emprende ahora se titula Antigüeda- 
des Sorianas, y de él nos ha remitido el Gobierno los ocho pri- 
meros pliegos para pedirnos parecer sobre su contenido, á causa 
de la solicitud de auxilio que su autor ha elevado al Ministerio de 
Fomento. En estos pliegos hay una descripción de los principales 
rnonumentos arquitectónicos de la provincia, noticia de los restos 
de antiguas ciudades, datos biográficos relativos á sus hijos céle- 
bres, y lo que es más importante, se da principio á la pública- 



10 boletín- de la real acadenha de la historia. 

ción de documentos curiosos con la reimpresión del Fuero de So- 
ria. Como no es dudoso que entre otros de notoria utilidad habrá 
de ver la luz en esta obra el padrón de la villa y aldeas formado 
en tiempo de Alfonso el Sabio, así como las escrituras de la al- 
jama morisca de Agreda, cuyos restos se conservan en la Biblio- 
teca Nacional, el que suscribe tiene la honra de proponer á la 
Academia que informe favorablemente la petición del autor en 
vista del mérito, originalidad y utilidad de su libro. 
La Academia, como siempre, resolverá lo más acertado. 

Eduardo Saavedra. 

Madrid 29 de Noviembre de 1883. 



II. 



L.\PIDAS ROMANAS DEL VALLE DE SAN MILLAN, VALLADA. 
TERNILS Y DENIA. 



1. Valle de San Millán (1). 

Tengo el honor de presentar los calcos que ha sacado por su 
propia mano el R. P. Minguella. Rectifican é ilustran la copia de 
aml)as inscripciones, hecha al lápiz, que se nos había remitido. 
Las dos son votivas. 

SE&O N TIVS 
OBIONESA.M 

Segonthís Obione s(olmt) a(nimo) ¡(ibens) ínferito). 

Á Obiona cumplió Segoncio gustosa y merecidamente su voto. 

La piedra no está rota debajo de la línea segunda, antes bienpre- 



(1) V6ase Boletín, t. ii:, pág. 133, 134. 



LÁPIDAS IlOMANAS DEL VALLE DE SAN MILLÁN. 11 

senta una cara lisa, que nunca se escribió. Huelga, por lo tanto, 
la conjetura que hice sobre el destino sepulcral del .epígrafe. El 
nombre de la diosa, ligeramente modiíicado, vuelve á comparecer 
en otra inscripción votiva (1) que se halló en la ribera del Ebro, 
dentro del término de la antigua Colonia victrix Julia Celsa, hoy 
Velilla: 

PRO . S A L V 
TE' ET- REDITv 
A B V R I • eres 
C e N T I S • L V 
LORVS • OBA 
N AE- V« S • L «M 

Gomo Elanus á Elonus, así Obana (Obiana?) es á Obiona (2). 
Quizá se deban estimar variedades dialécticas de Epona, diosa de 
los pesebres, á quien se puso en Sigüenza (3) notable ex-voto: 

EPON^ 
S • S EC 
VNDVS 

V» S -M 

La segunda inscripción del valle de San Millán, que del monte 
Castillo se ha bajado al pueblo de San Andrés, dice así: 

DERCETIO 

S A M * 

■ MA S 

...S AC 

L«M 

Dercetio safcntjm. M(a;-ceUvs?} A[ureUu?]s [pro?] s{al(v,tej sua?] ac [sv.orv.m?] [víotumj 
síolvitj] l(iJ)ens) mferitoj. 

Ex-voto que Marcelo Aurelio consagra piadosamente á Dercecio. 



■(1) Hübner, Ephemens e'pigrapMca (Berlín, 1872), 1. 1, pág. 47. 

(2) Véase Boletín, t. iii, pág. 383. 

(3) Fernández-Guerra, Cantabria, pág. 47. 



J2 boletín de la real academl\ de la HISTORL-^. 

Para suplir ó (mejor dicho) conjeturar ei nombre del dedicante 
me sirven otras dos lápidas: la de Lara de los Infantes (llübner. 
2870), cuyo epígrafe 

MARCELO • AVRELIO 

corre debajo de la efigie de este personaje; y la tercera, del valle 
de San Millán, dedicada á los Manes del legionario Aurelio. El cual 
probablemente estuvo de guarnición en la fortaleza, de cuyas rui- 
nas, que todavía existen, ha tomado nombre el monte Castillo. 

2. Vallada, partido judicial de Enguera, provincia 
de Valencia. 

Dentro del término de esta villa, en la partida que llaman Ta- 
rrassos, terreno de su propiedad, ha descubierto D. Francisco 
Belda y Pérez una muy preciosa laja de fino mármol, cuadran- 
gular, que mide 57 centímetros de alto por 79 de ancho y llévala 
inscripción 

CAECILIA • & • F 

FESTA 
M- VALERIVS'M'F 
GAL • VERANVS 
AN'LXXXV'H-S'S 

Caecilia QfaiJ ffiliaj Festa, M(arcusj Valerius Mfarci/ /(iUusj Qülferiaj Veradus 
an(noruM) lxxxv, hficj sfiti) s(unt). 

Cecilia Festa, hija de Cayo; Marco Valerio Verano, de la tribu Galería, liijo de 
Marco, de 85 auos de edad, aquí yacen. 

A la noticia del descubrimiento nos acompaña el Sr. Belda Pé- 
rez la impronta ñel de la inscripción, cuyo [razado es del siglo 
Augusteo, mas no del mismo año; pues, con efecto, alguna va- 
riedad de estilo caligráfico menos puro caracteriza las tres líneas 
últimas. Mucho antes que Valerio debió de fallecer Cecilia; y el 
epitafio no se remató sino cuando el anciano consorte fué á jun- 
tarse con ella en el regazo de un solo sepulcro y bajo una misma 
losa. De la familia de ambos se hacen eco las lápidas de la vecina 
Játiva (Iliibn., 3(i29, 3617), que mencionan á otros dos persona- 
jes, también afiliados á la Iribú Galería: Lucio Cecilio Marcio y 



I.ÁPIUAS nOMANAS DK TERNILS. 13 

Valerio Miiriano, Itijo de Marco. Conviene además notar sobre el 
mérito del epígrafe recien descnbierto en Vallada, que no es in- 
diferente para los adelantos de la geografía. Es e*l primer monu- 
mento que se nos brinda para comprobar la existencia de pobla- 
ción romana cerca de Mogenfe (1), distanto diez y seis millas ni 
occidente de saetabi, y punto donde nuestro sa])io compañero, 
D. Aureliano Fernández-Guerra, justamente ba colocado el sitio 
de la mansión ad statvas (2). 

3. Ternils (despoblado de Carcagente). partido ju- 
dicial de Alcira. 

Simétrica de Vallada con respecto á Játiva, y á la derecha del 
.h'icar, está la deliciosa villa de Carcagente con un ramal de tran- 
vía, que desprendiéndose de la estación del ferrocarril, sigue la 
dirección del itinerario que fué insinuado, por el Ravenate (3), y 
bajando hacia la costa del mar discurría entre Celeret (Cullera) y 
Dionio (Denia). La interesante inscripción de la ermita ó antigua 
parroquia de San Roque de Ternils, persevera en el mismo sitio 
donde la citó, sin haberla visto, Villanueva (4). La copia que han 
enviado desde allí al Sr. Codera, si bien adolece del vicio de no 
transcribir la parte inferior, inédita, de la piedra que el suelo 
oculta, merece no obstante consideración, porque rectifica, aun- 
que ligeramente, el texto fundamental, ó clásico (digámoslo así), 
que adoptó el esclarecido Hübner (3652). Leo, pues: 

F A B I A E 

L • F 

F A B V L L .íí: 
P • L I C I N I tí S 

l i c i n i a n v s 
matrI'pIssim.íT: 



(1/ Villa contérmina de Vallada. 

(2) Discurso de contestación al de ingreso del Sr. Rada en nuestra Academia, pá- 
i-'ina 124. 

(3) «Hildum, Turres. Edelle. Celeret, Dionio.-» 

(1) «Es un pedestal pegado á la pared, indicando iiaber servido de base á la pila 



14 boletín de la beal academia de la historia. 

Tres lápidas manchegas (3230, 3232, 3237), al paso que mani- 
fiestan la alta graduación militar de Publio Licinio Liciniano, 
hijo de Fabia Fábula, nos dan á conocer el nombre de su herma- 
no Máximo y el de su hija ó sobrina Licinia Avita. La cual fué 
probablemente hermana de Licinia Materna, casada con Lucio 
Fabio Fabulo y domiciliada con él en la Edetania ^30 18). De este 
matrimonio hubo de nacer una hija que se llamó Fabia Fábula, 
como su bisabuela; y se desposó con su primo, hijo de Licinia 
Avita. Así, por medio de la epigrafía, van esclareciéndose más y 
más y deslindándose los vastagos de las familias romanas que 
arraigaron en España, y aun las obras de los poetas latinos ; por 
ejemplo, Marcial (i, xlix, 3): 

«Videbis altam, Liciniane, Bilbilim;» 

y Catulo(i, 14-17): 

«Nam sudaría Saetaba ex Hiberis 
Miserunt mihi muneri Fahullus 
Et Veranius; haec amem necesse est 
Ut Veraniolum meum et Fabullum.') 

4. Denia. 

Acerca de las inscripciones romanas de esta ciudad lamenta 
Hiibner (1) la desaparición del códice Palan, que extractó Nicolás 
Antonio. Cuatro copias manuscritas del siglo xviii existen, délas 
que ha dado noticia el Sr. Cbabás, nuestro digno correspondiente. 
Conocéis su erudita obra (2), no exenta de algún lunar, porque 
estriba demasiado en la de Palau (3) é ignora la de Hübner; pero 
si bien no siempre le ha salido exacta la transcripción de las lá- 
pidas auténticas (4), avaloran con todo grandemente el conjunto, 



bautismal. La copia solo es de lo que se descubre sobre el pavimento, quedando ente- 
rrada parte de ella, que no pudo descubrir el que la copió.» Viaje Ut., i, 8; cf. 17. 

(1) Corpus inscriptionum latinarum, vol. ii, pág. 484. 

(2) Historia de la ciudad de Denia; Denia, 1. 1, 1874; t. ii, 1876. 

(3) Exhibe (t. i, pág. 41-89) como srenuinas las apócrifas IGl' y 364*. Tampoco se 
pone en guardia contra los sur'.ementos bastardos que añadió Palau á la 3595; y atri- 
buye á Denia la 1^05, que es de Málaga. 

(4) 3r,«o, ;5.-3S3, .35»!, 3.jS5. S.'SS, 3590, 3593. 



LÁPIDAS ROMANAS DK DENIA. 15 

nuevos y preciosos datos que aprovechai-é en el decurso de esta 
Reseña. La divido en dos secciones, deslinando la segunda á los 
epígrafes no registrados por Hübner. 

1 . Fragmento de mármol blanco, delgado y lino, como lo ei-an 
los de la inscripción 3581. Lo vi eu casa y en poder de D. José 
Morand, cuando por Febrero de 1870 visitó á Denia: 




El tipo de las letras es de principios del siglo ii, como lo pa- 
tentizan las inscripciones 453G-4548, y otra que descubrí y publi- 
qué (1) en Barcelona. Sobre este fragmento, mal comprendido, y 
otro más pequeño* que no comparece en Denia, fabricó Palau y 
adornó á su manera la inscripción 3595, que debe relegarse entre 
las espurias. La transcribe Chabás (í) en esta manera: 

C E L • T RyiT lAN V S 
AELJO • ADR I AN Ó 
TR AJ AN I • NE P OT J 
AMICO 

En realidad, es preciosísimo resto de la inscripción 3581, que 
en vista de los indicios suministrados por Palau, cabe restituir al 
año 105 de nuestra era (3). 

¿mp • caesari • nervae • traiano 
augusto • gerniANlCo • dacico • pont 
máximo • trih • POTestate • uini 

IMP • iiii • eos • u • p ' p 

res • publica • dianensitim 

El fragmento que el Sr. Morand me enseñó, tiene 16 centí me- 



cí) Revista histórica; Barcelona, 1870, pág. 129. 

(2) Tomo I, pág. 9G. 

(3) Hübner, Co'rpxís inscript. lat.., vol. vn, llí'l. 



If) BOLETÍN OE LA líEAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

Iros de ancho por 13 do alto. Ha x^erdido el cabo inferior, cuyas 
letras (imp) transformó en amí el autor de la Diana desenterrada. 
2. (Hübn., 358G: Ghabás, t. i, pág. 100, 101.) La vi empotrada 
en lo alto de la torre, al Oeste del castillo, mirando al campo que 
se tiende al pié de la fortaleza, y del cual se sacó. A su vista, y 
con ayuda de un calco, facilitado por el Sr. Ghabás, puedo ofre- 
cer una copia y suplementos exactos, f^as letras, separados los 
vocablos por puntos triangulares, son del mismo estilo y tiempo 
que las de la inscripción 358G; de manera que se hace fácil sos- 
pechar fuese dedicada á Tito Junio Severo: 

quod ^■A'\BRrBVS• PER «LOCA 
rf¿#ICILIA« AM^íZlSSimO 
SMMPTV • INDVcTlS • MOX 
<7r-a V I S S 1 M A • A N N O N A 
frv.MEKTO • PRAEBITO 
?« «< N I C I P I B V S • S V I S 

SVBVEMSSET 
f/ecRETo • DECVRIOXVAI 

DIANENPIVM 

En la primera línea no hay duda que la leyenda genuina es 
hiihrihus. Únicamente debo advertir que la primera letra visi- 
]tle, ó M, está cortada de arriba abajo por la mitad; y otro tanto 
acontece en las líneas tercera, cuarta, quinta y sexta. 

Sección ii. — Inscripciones no registradas porllübner. 

Un asterisco notará las que estimo inéditas. 

* 1. En poder de D. José Morand. Se halló en 1872 en el cam- 
po, ó dehesa de su propiedad: la cual encierra una porción del 
que fué vastísimo cementerio romano, tendido cabe el mar entre 
el barranco de la Murta y la falda occidental del promontorio co- 
ronado por la alcazaba ó villa vieja de Denia. Es una laja de már- 
mol blanco, descantilladTpor el lado derecho, que mide 39 cen- 
tímetros de alto por 28 de anr-ho. T.o? puntos son triangulare?. 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 17 

C • IVL • Hermadio 

SIBI ET comeliae 

S P H R lagidianaefl 
VXOri 

VOTO SVM COA1POS SVPE 

COxMV&IS VT VOLVÍ SVM 



€(aius) JiilfixsJ Hermadio sibi ct Comeliae Spliragidianae uxori. 
Voto sum campos. Supe Trest mihi cara sepulcro] 
Coniugis, ni voliii, Síí/H^maque et alta quiesj. 

Restituyo, por vía de conjetura, lo que falta al dístico (1). Ju- 
lio Hermadióu dejó en Tarragona rastro de agradecida piedad, 
erigiendo monumento fúnebre (Hübn., 4155) á su patrono Gayo 
Julio Comato. 

2. (Ghabás, t. r, pág. 101.) — Hallóse en el mismo año y sitio 
que la precedente; y la vi en casa de D. José Mdrand: 

L • DOMlTIVs • EQJ/ES 

AX • XXXV 
SE M PRO nía «L'F 
CA Al PANA «VXOR 
PRIOR • AN • XVIII • H • S • S 

Lucio Domicio Eques, de edad de 35 años, y su primera roujer Sempronia Campana, 
¡bija de Lucio, de 18 años de edad, aquí yacen. 

Cuatro Sempronios, dos de ellos de la tribu Galería, habitaron 
en Denla (Hübn., 3583, 3590, 3592, 3598). 

3. «En las excavaciones practicadas cerca del lugar del tem- 
plo, en 1872.» (Ghabás, 101.) — La vi tendida al lado de la noria 
que riega la propiedad del Sr. Morand, á pocos pasos del sitio en 
que se había descubierto. Es de piedra blanquizca, alta 1 metro, 
ancha 0,37 m. y gruesa 0,11 m. Letras hermosas, casi cuadradas; 
p-untos triangulares. 

(1) La misma idea se repite en otra inscripción (3596) de Ondara. 

TOMO IV. 2 



18 BOLETÍN DE LA REAL ACAIjEMIA DE LA HISTORLA.. 

Q^ • GRANIO • QL • F 

GAL • CLEMElSri 
O Al ^^ B • H O N O R I B 
LM • REPVBLICA SUa 

FvxcTo oIViM 

FESTVSOET • SEVERVS 

AVVNCV lo 

Á su tío materno Quinto Granio Clemente, hijo de Quinto, de la tribu Galería, que 
ha desempeñado todos los cargos honrosos del municipio, levantaron este monumento 
Junio Festo y Junio Severo. 

El segundo de los dedicantes, Tito Junio Severo, nos muestra 
todos sus títulos en otra inscripción de Denia (Hübn., 3583), que 
no se ha movido del centro de la fachada de las Casas consisto- 
riales. 

T • IVNIO • T • F 
GAL • SEVERO 

DIANENSl 
OMNIBVS • HONO 
RIBVS* INREP'SVA 
FVN'CTO • PRAEF 
COHORTIS • iTTi 
D A L M A T A R V M 
TRIBVNO* LEG'XX 
VALERIAE-VICTklC 
L • SEMPRONIVS 
ENIPEVS • AMIGO 

ÓPTIMO ;e 

El punto final, ó decorativo de óptimo^ tiene figura de palma. 

Consta por esta inscripción que la patria de Tito Junio Severo, 

ó el municipio de Denia, estuvo afiliado á la tribu Galería, como 

el de J;itiva. Del otro hcriüano. Junio Festo, por ventura quedci 

memoria en el fragmento lapidario (Flübn., 3591): 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 19 



FESTVS 
PATRI 



* 4. En casa Morand, descubierto en el mismo lugar. Frag- 
mento marmóreo de 0,23 m. ancho por 0,13 de altura: 



ANN • LX • H • S • E 

mVNATIA • RESTlTVTa 

0ONT»ÍERNALI 

POSVIT 



de edad de 60 años, aquí yace. Munacia Eestituta puso este monumento á su 

consorte) contubernal. 

* O. La descubrí empotrada en lo alto de la alcazaba, cerca de 
la garita del ángulo septentrional en la muralla que llaman del 
Vergeret. Fragmento de piedra común, cuyas medidas son 22 por 
13 centímetros: 



o ISE s I M o 
L . S A E ]>í V S 
POSVIT • P 



Onesimo {anfnorumj ] LfuciusJ Saenius [LfíiciiJ Ifibertus//] posv.it ^[atn 

indídgentissimo?] 

Á su padre bondadisimo Onésimo, ha puesto este monumento Lucio Senio, liberto 
de Lucio. 

El nombre del patrono, nacido tal vez ó domiciliado en Denia, 
ha sido conservado por una lápida (Hübn., 4243) de Tarragona: 

L.SAENIO.L.F 

GAL • IVSTO 
FLAJ\1 • ROMAE 
DIVOR • ET • AV&VS 
PROVIXC • KISP • CITER 

P o H O C 



20 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Los sobrenombres de origen griego, tales como Sphrfagidia- 
nafj, Onesimus, Pammony Doryphoris que luego veremos, Lem- 
naeus y otros ya conocidos debían abundar en la ciudad de Ár- 
temis, fundada sobre nuestras playas por la pujante Marsella. 

6. En poder de D. Roque Chabás. —Se halló empotrada en 
el lavadero de la cocina de la casa de D. Antonio Bordehore, calle 
de Caballeros. Tiene la piedra 39 centímetros de alto por 25 de 
ancho. Encima de la inscripción aparece esculpida la figura del 
dios egipcio Ammón en figura de carnero. 

P • STATILIVS • ÁFRICA N2ÍS • an 
XIIII«M'n'D'XIII-P'S¿aa7¿MS 
PAMMON'PATER^Eí ...... 

MATER •FILI«DVLCISS¿WU' • [^JOS?] 



PCvMiusj Statilius Africanv.s an(norumJ XIIII, mfensium) II, díierumj XIII. P(v- 
blñisj Statilius Pammon pater et mater flli/ij dulcissimi 2^osfuerv.ntJ. 

Aquí yace PublioStatilio Africano, fallecido ala edad de 14 años, 2 mesesy 13 días. 

Pusiéronle recuerdo fúnebre Publio Statilio Pammon y padre y madre de este hijo 

dulcísimo. 



Sobre el culto de los dioses egipcios en toda esta costa del Me- 
diterráneo, desde el cabo de Greus hasta el de San Antonio, no 
tengo para qué repetir lo que llevo apuntado en el Boletín, t. iii, 
pág. 125-127. ¿Es de extrañar que en el Cerro de los Santos hayan 
aparecido vestigios escultóricos de ese culto ya degenerado y en 
el último período del decadente imperio? Lo extraño es que haya 
quien se empeñe, ó en negar en globo la autenticidad de todos 
los objetos del famoso Cerro sin excepción de ninguna especie, ó 
en atrasarlos á una antigüedad remotísima. Por varios canales, 
durante la época romana, vinieron y se difundieron latamente en 
toda nuestra Península, las divinidados del Nilo; ' y (si mal no 
imagino) no fué ajena á este movimiento la Mauritania, gober- 
nada por Juba II, patrono de Cádiz y Cartagena (1). 



(1) Véase Müller, Les monnaies de la Numidie et de la Maurítanie; Copenhague, 1862, 
pág. 120-124. 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 21 

Pammon salió do uáuaw, nombre griego citado por Homero y 
Heródoto. 

Han publicado el dibujo de este monumento las Memorias de 
la Sociedad arqueológica valenciana, Valencia, 1877, lámina 3/ 

* 7. La descubrimos el Sr. Chabás y yo, haciendo excavar el 
terreno, junto á la noria sobredicha, el día 10 de Febrero de 1876. 
Es de piedra pesadísima; 0,92 m. y 0,G0 ra. en cuadro por 0,45 ra. 
de profundidad. Sendos losanges adornan los lados del epígrafe: 

T E R E N" • D o 
RYPHORIDI • SEX 
FU^IAE • AEMILIA 
SCINTILLA • FIL 
PIENTISSIMAE 
ET • SEX • TEREN 
TIVS • LEMNAE 
V S • S O R O R I 

TerentfiaeJ DorypJioricU: SexftiisJ flliae, Aemilia Scintilla fll(iae) pientissimae, et 
Sex(tus) Terentius Lemnaeus sorori. 

Á Terencia Doriforis: Sexto á su hija; Emilia Escintila á su bija piadosísima; y 
Sexto Terencio Lemnéo á su hermana consagraron el monumento. 

Felizmente ha venido esta inscripción á ilustrar los datos his- 
tóricos ofrecidos por otra (Hübn., 3597), que sin duda salió del 
mismo cementerio y se trasladó al vecino pueblo de Ondara. En 
balde la busqué. Decía: 

SEX • TERENTIO 
LEMNAEo . HoN 
ORE • FVNCTO 

SEVIRATVS 
SEX • TERENTIVS 
LEAINAEVS • FI 
L I V S • E T • AE 
MIL • SCINTIL 
L A • M A R I T O 
D I G N I S S I :vl O 



22 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 

Otro seviro augusta!, Gneo Octavio Floro, suena en la inscrip- 
ción 3580. 

* 8. Fragmento marmóreo: 0,18 m, por 0,15 m. En poder del 
Sr. Morand. Tres letras del siglo augusteo, altas casi un decímo- 
tro; recortadas las dos primeras por la .extremidad superior, y la 
última por la inferior: 

L ' D 

S 

* 9. Fragmento bocelado de piedra común. Procede, como el 
anterior, del campo sobredicho: 

. . . N V . . . 
. . . A V . . . 

* 10. Fragmento de ladrillo; con sollo íntegro, largo de 85 mi- 
límetros: . 



M 



Cfenturiae) Mfarci?) Ifuni?) 
De la centuria de Marco Junio. 



¿Sería Junio Fasto? Su hermano, Tito Junio Severo, era mili- 
tar de alta graduación, según hemos visto arriba. Gomo quiera, 
el ladrillo demuestra ostensiblemente que Denia tenía guarni- 
ción romana. Lo propio se infiere de la inscripción 3588. 

11. «En un campo de las inmediaciones de Denia se encontró 
un trozo de teja que obra en mi poder, en que está grabado y se- 
llado el nombre de su fabricante, 



L • S V L P I c I 
S A B I N I 



y al nombre va adherido en la segunda línea un ramito, que sea 
tal vez la señal déla fábrica de este sujeto.» Boix, Memorias de 
Sagunto, 1865, pág. 122. 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 23 

12. Mosaico «descubierto á IG de Diciembre de 1878. Brinda 
con labores, fojas y compartimientos, diciéiidonossu inscripción 

S E V E R I N A 
r I X I T A N 

nos X X X X 
reC ES S !T 1 N 
iJACE TERTI 
V I D V S F E B 

haber muerto en la paz. del Señor á 11 de Febrero y edad de cua- 
renta años Severina. D. Roque Ghabás, correspondiente de la 
Real Academia de la Historia, ha publicado en el folleto de El 
Porvenir una erudita monografía sobre este monumento cristia- 
no, que creemos del siglo iv.» Recuerdos de un viaje á Santiago 
de Galicia, pág. 72; Madrid, 1880. 

El mosaico se mostró al pié del sepulcro, que cobijaba el esque- 
leto entero de Severina. 

La colocación de esta memoria funeraria sobre el que fué ce- 
menterio idolátrico no debe causar extrañeza de ningún género. 
En la misma circunstancia se hallan los antiguos cementerios 
cristianos de Tréveris, el famosísimo de Saint-Pierre-l'Estrier en 
la ciudad de Autun (1), y tal vez el de Talavera de la Reina (2). 
Denia, indudablemente, no estuvo exenta de las horribles devas- 
taciones de los bárbaros que lamenta Paulo Osorio (3), é insinúa 
el poeta Avieno (4): 

€ Hemeroscopium quoque 

Habitata pridem Me civitas, uuuc jam solum 
Vacuum iucolarum, lánguido staguo madet. » 

Así que, no es lícito en buena crítica suscribir á la de Cortés 



(1) Le Blant, I/iscrÍ2>tions chrétitnnes de la Qaule, t, i, pág. 9 y 380. 

(2) Boletín, t. in, pág. 301. 

(3) L. vil, cap. 22 y 41. 

(4) Ora marit, 476478. ■ 



24 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

sobre este pasaje, oponiendo á la recta inteligencia de Vosio la. 
especie de que «Denia jamás ha desaparecido, ni dejado de estar 
habitada. ¿Qué documentos, ó monumentos, pudo alegar en prue- 
ba? Hasta nuestros días los romanos no alcanzaban con certi- 
dumbre más acá del siglo ii, ni los visigodos más allá del vi i (1). 
Por otro lado, Avieno está terminante : habla de una ciudad si- 
tuada al occidente del Jilear sobre la costa del golfo de Valencia, 
y alude visiblemente al texto (2) donde Es trabón explica la razón 
de haberse dado á Himeroscopio el nombre de Dianio. 

Un fragmento lapídeo, inédito^ trazado con caracteres de fines 
del siglo VI se halló en 1874 muy cerca del sitio donde, cuatro 
años después, apareció el mosaico de Severina. Lo recogió y le 
posee D. Roque Ghabás, en cuya casa lo copié: 



. . R E L I C¿?í¿ae 
s~c~0 A E P O s i t a e 

s C I V I T yX L ¿ s 
. . . . V S T ¿ . . . 



[ t /« nfomijne Díomijni lúe smit?] reli(¡f[uiae] sfanjc(tjo{TumJ depofsitaej: sfanjcftji 
Vital[is\ [Fa?] icst[i\ 

El fragmento que falta y que debía contener el nombre del 
Obispo consagrante del ara y de la basílica, si (como no es difí- 
cil) se llega á encontrar, derramará por ventura gran claridad so- 
bre la historia eclesiástica de la provincia bizantina y visigoda de 
Cartagena, que tiene pendientes aún cuestiones de interés muy 
grave y sumidas en oscuridad profundísima. 

Fidel Fita. 

Madrid, 14 Diciembre 1883. 

(1) Florez, España Sagrada, vii, 203-210. 

(2) MsTa^u uiv ciiv ~QV Soúxijwyjg v.(>.i t«5 KapxnS'óyís rpía 7roXí'x;v'a 
IMaCcraXico rwy ezViV ov ttoXv cÍTroúev rov Trorafíov • tcCtuv B^sctI yvuoi/iÚTarov 
To 'HafpO(7xci7r£íoy, í'yjy im j^ ¿'xoa toj ^E^íViat; ApTÍ/íiBos hfov Céó^^oc 
TifíiifjLívoj... y.aXíiíTOLi ^¿ Aíavíiv, ohy ' A^tíu.í7i:j. ni, 4, 6. 



LES MARIAGES ESPAGXOLS. 25 



III. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS SO US LA BEGXE DE HENRl IV 
ET LA RE6EXCE DE MARIE DE MEDICIS. 



. Tal es el título de la ol^ra escrita en francés por M. J. T. Pc- 
rrens , y confiada tiempo há por la Academia á informe del qne 
suscribe. Ocupaciones apremiantes en azarosa época, la escasí- 
sima trascendencia de mi dictamen, y sobre todo, lo reacia que 
se hace la obligación cuando ha de censurar, han motivado la de- 
mora en el cumplimiento de encargo tan honroso. Ruego, pues, 
á la xVcademia que acepte dichas causas como legítima excusa por 
el tiempo trascurrido. 

La obra do M. J. T. Perrens divídese en dos partes. Comprende 
la primera desde el origen de las negociaciones mediadas entro 
ambas cortes para los enlaces de los hijos del tercer Felipe de 
Austria, especialmente los de Doña Ana Mauricia con el Delfín, 
y Príncipe D. Felipe con Madame Isabel, hasta el abandono de 
aquellas y muerte del Rey de Francia. La segunda comienza en la 
reanudación de las notas, durante la regencia de María de Módi- 
cis, y termina con la realización de los matrimonios. 

Las relaciones de los embajadores de Venecia cerca de ambas 
coronas, los despachos do los del Rey de Francia en Madrid y 
Roma, y los remitidos al Pontífice por sus nuncios en Paris, con 
especialidad los extensos de Ubaldini, principal negociador de es- 
tos enlaces, sirven á M. Perrens como pilares de su obra: algunos 
trozos de la correspondencia entre Enrique IV y su ministro Vil- 
leroy, y entre este y el presidente Janin ó embajadores, trae con 
frecuencia para verificar el texto, y procura reforzarlo, cuando 
conviene á su propósito, con insertos ó citas de varias obras, en- 
tre ellas las Econo^nies royales de Sully, la historia titulada de la 
Mere et du fils, atribuida á Richelieu, la de Francia, de Martin, 
Memorias históricas, de d'Artigni, Historia del pojitificado de 
Paulo y, por Gouget, la de Los siete años de paz^ por Mathieu, 



26 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

el periódico coetáneo Le Mercure, y otras producciones que sería 
difuso enumerar; de tal modo, que si la profusión de citas é in- 
sertos, sin discernir la congruencia y oportunidad de unas y otros, 
constituyese la excelencia de una obra, pocas podrían disputar el 
lauro á la que motiva este informe. 

En medio de tal concurso de autores y documentos franceses 
para veriñcar hechos que sólo por mitad atañen á Francia, se ven 
como prisioneros en extranjera tierra, cuatro ó cinco dictámenes 
del Consejo de Estado de España, alguno poco pertinente, sin fe- 
cha todos, y tan estropeados, que causarían lástima al más des- 
piadado de sus lectores, y parecen recusar la corapeiencia de quien 
allí los puso. 

¡Tal vez no encontraría M. Perrens ningún historiador, ó cro- 
nista, ó autor de relaciones é historias particulares en el siglo de 
oro de la literatura española con que enriquecer sus citas! que 
casi esto se desprende de alguno de sus comentarios; pero creo 
que para salir airoso en su ensayo de crítica, valiérale más haber 
escogido asunto que no se desarrollase en el periodo de los Gari- 
hay, Sandoval, Mariana, Moneada, Molo, Perreras, Antonio Ni- 
colás, Miñana, Gil Dávila, Pujados, Herrera y otros, cuya me- 
moria no reportará mucho daño por no haberlos conocido el autor 
de la obra que cuidadosa ó descuidadamente los omite. 

Verdad es que de otro modo no hubiera entrado en el palenque 
rompiendo lanzas, contra la corte del tercer Felipe y su Consejo 
de Estado, contra sus diplomáticos y políticos, contra las costum- 
bres, carácter é inclinaciones de nuestros antepasados, y lo que 
es más sensible, contra la verdad histórica, desfigurada á veces 
en la narración y frecuentemente en el comentario. Pero ¡qué 
mucho! ¡si en su afán de batallar las rompe contra sí propio, cual 
acontecía al célebre hidalgo en el pasaje de los cueros de vino! 
¡ Tales son sus contradicciones ! 

De España hace una especie de estafermo donde topa su airada 
pluma, revolviéndola á diestra ó siniestra, según le impulsa el 
liumor ó cuadra á su propósito. No quiero decir que nunca acierte 
en el blanco, ¿ni cómo, siendo el blanco tan grande y tan repeti- 
dos los golpes? Y al hacer esta confesión comprenderá la Acade- 
mia (¡ue, antes de tomar la pluma, he procurado posponer toda 



LES MARIAGES KSPAGNOLS. 27 

idea de amor patrio al esclarecimiento de la verdad, revistiéndome 
así del espíritu de imparcialidad que exige cualquier trabajo his- 
tórico. Si al mismo proceder se hubiera ajustado el autor de la 
obra que nos ocupa , ahorraríase la Academia la molestia que ha 
de producirle este despergeñado escrito ; pero su criterio , sea por 
convicción ó por naturaleza, sigue camino opuesto. 

El irritante orgullo español, lastimosamente confundido por el 
en muchos puntos con la dignidad, la insidia de los españoles, la 
falsía del Consejo de Estado, la ignorancia, doblez, presunción y 
perfidia españolas: no hay en suma mala cualidad ni vejatoria 
condición que no naturalice en este suelo, sin discurrir que, vin- 
cular en un vasto territorio todo lo malo sin concederlo nada bue- 
no, es tan absurdo como suponer en el orden material sombra sin 
luz , ó en el moral vicio sin virtud alguna. 

Lo más donoso es que regalando á este país un epíteto por cada 
suceso , y deduciéndose en el curso de la narración idéntico pro- 
ceder por pai'le de los suyos, se abstiene de calificarlos, cuando 
no les encuentre una disculpa que, retorciendo el discurso, echa 
á la postre sobre España: por tan ingeniosa manera la hace tam- 
bién reo de ajenos delitos, causa de todas las faltas, origen de to- 
das las torpezas cometidas por los franceses, no como franceses, 
que dudo que el autor asintiera á esta aveyíturadísima hipótesis, 
sino como hombres constreñidos por su mala fortuna á tratar con 
una tan desventurada nación. 

j Cualquiera diría que el tercer Felipe había mendigado estos 
enlaces á costa, no ya del decoro, sino de la dignidad de España! 
Y así ni m¿'is ni menos se asevera en la obra de M. Perrens, y en 
algunos documentos que cita ó inserta, por mucho que de otros 
se deduzca lo contrario, y terminantemente se compruebe esta 
segunda lección con los escasísimos, por desdicha, que aquí po- 
seemos de buen origen. 

El autor siguiendo la correspondencia particular del Secretario 
de Estado del cuarto Enrique de Francia, con un tal Regnault, 
aventurero que durante el mes de Junio de 1G02 viajaba por Cas- 
tilla, supone vivos deseos en el duque de Lerma de dar satisfac- 
ción al Bearnés por el ultraje inferido años atrás á su embajador 
en esta corte M. de la Fiochepot, renovando por ello continua- 



28 boletín de la real academia de la histopja. 

mente sus escusas al Encargado de Negocios, único representante 
á la sazón del Rey de Francia, para que de nuevo viniese á Ma- 
drid un embajador, y llevando su afán de estrechar las relaciones 
basta el punto de manifestar al Nuncio del Papa que «no parecía 
sino que Dios babía permitido que en el propio mes y año nacie- 
ran dos príncipes de ambas Gasas, varón y hembra, para que el 
matrimonio de ellos fuese lazo de unión entre ambas coronas.» 

El Nuncio por indiscreción calculada y proba])Icmente conve- 
nida, añade, trasladó la plática al encargado de Negocios, el cual 
la trasmitió al rey sin que en el principio obtuviese respuesta por 
ver Enrique IV la mano de España en la conspiración reciente 
del mariscal Byron, Pero el duque de Lerma no parecía inquie- 
tarse de ello, ni aun darse por ofendido de otras violentas recri- 
minaciones; antes bien, haciendo caso omiso de tales fundamen- 
tos de discordia, volvía sobre el asunto, auni|ue siempre por 
medio de tercero. El encargado de Negocios de Francia notició á 
su amo una plática habida sobre la propia cuestión entre Lerma y 
principales señores de la corte en la cámara de la infanta parvu- 
lita; mas los políticos franceses no creían en la buena fe del Rey 
católico; el embajador de Francia en Roma Bethunes, suponía en 
los españoles el doble juego de sugerir al Papa la idea de estos 
matrimonios sin ánimo de verificarlos, y Enrique al contestar á 
su encargado en Madrid, Brunault, decíale, que se abusaba del 
Nuncio, pues no creía sincero el designio de España respecto á 
los enlaces, sino que por tal modo solamente pretendían vivir en 
paz con él. 

A pesar de esto, nombraba su embajador en Madrid á M. Bar- 
rault, encargándole tratara confidencialmente con el Nuncio so- 
bre estas declaraciones, pero con discreción y en tórmmos gene- 
rales; «cosa, añade M. Perrens, que le fué muy difícil, porque 
desde las primeras audiencias prodigáronle demostraciones muy 
expresivas á fin de que se franqueara.» Inserta un despacho en 
que este refiere menudamente á su rey la entrevista con el de Es- 
paña, y la complacencia de la corte al ver que la infantita le 
echaba los brazos; tanta fué, que Lerma, aludiendo al accidente, 
le dijo al oido , esto es c?4 hiien augurio para ambas coronas. El 
embajador deduce, por último, que todos los principales señores 



LES MARIAC.KS ESPAGNOL?. '29 

de la corle de Felipe deseaban el matrimonio con Francia , á ex- 
cepción del Condestable de Castilla, y algunos más, de dictamen 
contrario, por ser la infanta hija ünica y por tanto heredera de 
estos reinos, sin que la generalidad aprobase esta razón. El autor 
fundado, no se sabe si en Brunault ó Barrauil, expone que Lerma 
era el único ministro que no tenía como los demás resolución do 
envolver ¿'i Francia en guerra civil, usando de toda suerte de arti- 
ficios, y favorecer á uno de sus partidos logrado aquel propósito. 
Gomo prueba, añade que se acercó al duque un hombre ruin, 
proponiéndole cosas perjudiciales al cristianísimo Rey, y que 
Lerma, después de reprocharle sus aviesas intenciones, lo arrojó 
por una ventana. De aquí que el embajador pensase aprovechar 
el momento en que el duque acompañaba al rey cá misa, para ma- 
nifestarle su gratitud. 

Extráñame en este punto que el minucioso Cabrera de Córdoba 
omita en su Relación de las cosas de la corte, un suceso tan gra- 
ve, y no menos que la gratitud del embajador francés quedara 
encerrada en su pensamiento, lo cual induce á la sospecha de si 
la ventana á que el autor alude sería de las que por dar salida á 
la calle se llaman aquí puertas. 

Como quiera que fuese, prosigue exponiendo que el duque al 
fin rompió la reserva diciendo al embajador: «Preciso es creer 
que las hijas de la corona de España no pueden contraer ])uen 
enlace sino con hijos de la de Francia,» á lo que sólo repuso el 
diplomático, «que verdaderamente eran las dos Casas mejores de 
la cristiandad.» El Cardenal arzobispo de Toledo y demás señores 
presentes añadieron , que esperaban ver algún día realizado este 
matrimonio, concretándose Barrault á contestar: «Será lo que 
Dios quiera.» 

En verdad que hasta ahora no tiene el autor motivo para que- 
jarse del orgullo español, tan insufrible é irritante como en algu- 
nas páginas después expone. Lejos de ello, nos va pintando la 
corte del tercer Felipe de tal modo, que su ministro y privado 
más que arrogante señor, parece cortesano humilde del embaja- 
dor de Francia; y digo así, esquivando la palabra que vendría de 
molde al oficio que le hace representar. 

En la sistemática frialdad del francés, tenía sobrado motivo 



JU DOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

para desistir del papel nada decoroso que había tomado á su cargo. 
A pesar de ello, prosigue el autor, «la reserva era tan obstinada 
por una parte, como persistentes las insinuaciones por la otra, y 
si esto no desanimó completamente á Lerma, inspiróle recelos 
sobre sus designios. Por tal causa, añade, sin abandonarlos del 
todo, formó el de proponer la infanta parvulita al Rey de Ingla- 
terra, no obstante la diversidad de religión y de intereses.» 

El autor supone que tal fué la misión que el Condestable llevó 
á Inglaterra, y de aquí toma pié para aseverar que el hííbil mi- 
nistro Rosny, tenía un motivo más de prevención contra la per- 
fidia española. 

Lástima que Cabrera de Córdoba en sus minuciosas relaciones, 
Vivanco en su prolija historia, y la misma jornada del Con- 
destable impresa pocos años después, omitan este punto impor- 
tantísimo de la embajada, y mayor aún, que ni en el archivo de 
Simancas , ni en el de esta Academia , se encuentren documentos 
que comprueben la aseveración; pero aun suponiéndola cierta, 
¿qué motivo hay para calificar de pérfido aquel acto del Gobierno 
del tercer Felipe, y á mayor causa teniéndose presente los desai- 
res que supone inferidos por el Bearnés? Aunque lo hubiese, 
¿cómo se amplía la calificación de un hecho aislado, no ya á la 
política de una nación, sino al carácter nacional, que no otra 
cosa se desprende de la frase? Sobre todo, ¿qué concepto merece 
un historiador que , narrando de su país la propia falta , no sólo 
se abstiene de calificarla, sino que la atenúa parcialísimamente? 

Rosny había ido á Inglaterra para análogo fin respecto á su 
Rey, que el supuesto por el autor en el Condestable de Castilla, 
sin embargo de haber dicho el embajador del de Francia en Ma- 
drid á Lerma que su majestad cristianísima estaba dispuesto á 
ohrar en este asunto cual cumple á un rey cristiano^ y animado 
de muy buena fe para conservar la paz entre ambas coronas con 
ventaja de las dos y 'provecho de la cristiandad. Y es de advertir 
que los planes del Rey de Francia debían quedar en el mayor se- 
creto hasta su ejecución; lo que implica la aceptación de proposi- 
ciones do otras potencias, si así conviniera- á sus intereses. 

Se ve, pues, que la pa^.tíica del Bearnés era mucho más preca- 
vida y astuta que la de Lerma: no obstante, guárdase mucho de 



LES M.vniAGES ESPAGNOLS. 31 

caliílcarla como á la cspañoia; antes bien, en su propósito de mi- 
rar nuestros asuntos con diverso criterio, escribe que «el Consejo 
de Madrid, supongo aludirá al de Estado, empleaba un refina- 
miento de hipocresía de que no era capaz el carácter abierto de 
Enrique, aunque para ello esforzase su deseo.» 

Cierto que muchos atribuyen tal condición al hijo de Juana 
d'Albret; pero si en vez de informe fuese este escrito refatación, 
alreveríame á negarle la cualidad que le regalan los que, fiján- 
dose en apariencias y no en hechos, han confundido la franqueza, 
compañera de la lealtad, con la astucia que dimana de interesa- 
bles miras. Con esto, lejos de amenguar, se acrecen sus grandes 
condiciones de rey en su época, y no es difícil deducir que la más 
provechosa para su política fué la habilidad que desplegó para 
desorientar á la diplomacia sobre sus planes más importantes, 
con una franqueza, en ocasiones ruda, para que fuese mejor si- 
mulada. 

¿No comenzó por disimular su religión, dado que tuviese al- 
guna, vistiéndose de católico sin perjuicio de seguir subrepticia- 
mente favoreciendo á sus antiguos correligionarios? ¿No usó de 
doblez al firmar lascivo contrato con la marquesa de Verneuill? 
¿No la tuvo para embaucar á Gabriela? ¿No la desplegó al tender 
sus redes á los de la liga que conceptuaba cómplices de Byron? 
¿No la refino en sus notas sobre la ruptura entre el Pontífice y 
Venecia, yendo contra el primero cuanto pudo, sin perjuicio de 
jactarse á la terminación de haber salvado á la Santa Sede, dis- 
putando tal éxito al Rey de España? ¿No la puso en juego hasta 
la indignación, favoreciendo á los rebeldes de Flandes? ¿No la 
demostró como nunca, precisamente en la cuestión de los matri- 
monios españoles ? 

Pues sin embargo de narrar el autor lo expuesto, y mucho más 
que sobra para deducir el doble juego de Enrique y su política 
artera, tiene su criterio la elasticidad de regalar al Consejo de 
Madrid la calificación que en sana crítica cuadra mejor al gran 
Rey. Tal vez la distancia entre las páginas le haría olvidar al 
escribir el capítulo II lo que había consignado en el I , ¡ó quien 
sabe si llamará franqueza á la cínica declaración de que (.(■Paris 
hien valía la pena de una misa.y> En todo caso será la única que 



32 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 

para desgracia de la memoria del héroe le podrá reivindicar, y 
aun así tendría que exponer el disimulo que para el éxito hizo de 
sus creencias religiosas, dado, repito, que tuviese alguna. 

Pero lo más donoso en este punto es la candidez del autor en la 
siguiente frase: «Rosny estaba en lo cierto al reprochar á los es- 
pañoles de profanar lo que hay de más sagrado en religión y de 
abusar del nombre de matrimonio.» Conócese que al trascribir 
algunas frases de las Economies royales quedó su mente supedi- 
tada por el estigma que SuUy lanzaba á nuestros antepasados. 
«El artificio, dice este aludiendo al doble juego de las proposicio- 
nes, parece tan malicioso como grosero: podria tratarse alguna 
cosa huena si los españoles fuesen Mancos en lealtad como ángeles, 
y no tiznados de perfidia como los demonios. ^^ 

Y como al célebre ministro, á pesar de los tratos de Rosny, no 
se le ocurrió objetar lo mismo de la política francesa ni de su rey, 
es posible que el autor considerase que a él tampoco se le debía 
ocurrir nada, ni siquiera que tal profanación era más imputable 
al cristianísimo que al católico rey; puesto que la del primero, 
aunque sin comentario , nos la da por averiguada , mientras que 
la del segundo, que nos reprocha, puédese poner en tela de juicio ■ 
de no presentar mejores documentos. Y si los antecedentes valen, 
es seguro que en cuanto á profanaciones no ha de salir mejor li- 
brado el que apostataba de su religión por una corona, que el que 
subordinaba la suya á los intereses del Catolicismo; el que vendía 
sus creencias por poseer la capital de un reino , que el que mani- 
festaba con fervor que saldría de la del suyo de rodillas hasta la 
del orbe católico, por conseguir que se declarase punto del dogma 
la Concepción inmaculada de la Madre de Dios; el despreocupado 
en materias religiosas que visiblemente protege á los calvinistas, 
que el que por motivos de religión llevados al extremo , más que 
por razones políticas, expulsa de su país á los brazos que consti- 
tuían su más positiva riqueza. Por último, ¿no era más lógico 
suponer asentimiento al abuso del nombre de matrimonio en el 
marido amante de muchas mujeres, que en el esposo modelo de 
amor y de fidelidad conyugal? Nada de lo anterior obsta á que, 
visto por otro prisma, aparezca el primero gran Rey y el segundo 
un príncipe poco dado á la gobernación de sus pueblos. Cierto 



LES MAR I AGES ESPAGNOLS. 33 

que el autor dirige el reproche íi los españoles; mas como alude 
á las proposiciones dirií?idas, según él, y no comprobadas, al 
Príncipe de Gales, he debido entender que por reflexión iba contra 
el Rey, sin cuyo asentimiento no puede suponerse que se diera 
un paso respecto á su hija, aunque la dirección de la política la 
tuviese de hecho su favorito. 

Si se debiera tomar la frase en su sentido recto, le diría que 
más fácil era que abusaran de un sacramento los calvinistas y 
aun católicos que estaban en roce continuo con los sectarios del 
reformador que por bastardos fines autorizó al Príncipe marido 
de Cristina de Sajonia á contraer dobles nupcias con Margarita de 
Saal, que los que á todo trance quisieron y formaron la unidad 
católica. 

Conócese, repito, que el autor ni ha querido molestarse en dis- 
currir, ni tampoco en leer el período de nuestra historia que 
pretende historiar. 

En su obra sostiene que la iniciativa en el asunto de los matri- 
monios era de España, contrastando el gran deseo que aquí había 
de realizarlos, con la frialdad con que el Rey cristianísimo oía las 
proposiciones, y el desdén que demostraba en el asunto. Esto, 
empero, no es óbice para que á vuelta de hoja asegure qlie el car- 
denal Aldobrandini, sobrino y secretario de Estado de Clemen- 
te VIII, afirmaba en alta voz que se había de llevar á cabo la 
alianza de las dos coronas , y que se haría por decidir á ella al 
Rey de España de cualquier modo que fuese. 

Más adelante expone, que tan creido estaba el nuevo nuncio 
del Pontífice Ubaldini, que la idea é iniciativa de los matrimonios 
había partido de Enrique IV, que se lo confesó así en la primera 
audiencia, á lo cual contestóle enojado el Rey cristianísimo: <.<No 
es costumbre que un padre ofrezca sus hijas;» pero en seguida es- 
cribió á su embajador en Roma, asegurándole que las proposi- 
ciones habían partido del nuncio Barberini y del embajador en 
Madrid M. Barrault, á nombre del duque de Lerma ; insistiendo 
en todas sus cartas hasta lograr que el Pontífice y Barberini re- 
conociesen que ellos habían dado el primer paso. Lo que temía, 
añade el autor, al dejar creer que había él tomado la iniciativa, 
era verse obligado á aceptar otras condiciones que las suyas, si la 

TOMO IV. 3 



34 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

política Ití constriñese á concluir estos matrimonios; pero salvados 
su amor propio como padre y sus intereses como soberano, lejos 
de rehusar el debate sobre este asunto, se quejó al Pontífice, por 
medio de su embajador en Roma de que Barberini no le hubiese 
escrito nada acerca de los enlaces en el espacio de seis meses. 

También confiesa M. Perrens que el Rey de Francia recibió con 
júbilo al padre provincial de los jesuítas de Flandes, á fin de que 
instara al de España sobre la realización de los matrimonios; y 
atribuye al primero las siguientes palabras: v-Lo mucho que deseo 
el hien común de la cristiandad me lia hecho olvidar la costumbre 
que no autoriza á un padre á ofrecer á sus hijas, sino que le manda 
aguardar á que sean pedidas. n Luego expone haber ordenado al 
Delfín, no obstante de hallarse aún entre el regazo de las damas, 
que escribiese á la infantita española una carta, la cual entregó 
al P. la Bastida con encargo de decir al tercer Felipe, que el Rey 
cristianísimo deseaba ser su compadre y servidor, y estrechar 
más y más las relaciones entre ambas coronas, con tan sólida 
amistad, que se trasmitiese y perpetuase en los hijos respec- 
tivos. 

Inserta además una carta de Breves, embajador de Enrique en 
Roma, donde dice á su soberano; «He hecho saber á Su Santidad 
que todas las cosas van bien encaminadas hacia los españoles. 
V. M. reconoce que no es posible realizar matrimonios más hon- 
rosos y útiles que los de España, siempre que sean propuestos 
por aquel Rey, etc., etc. 

Pues si tal cosa confiesa, ¿por qué asegura y sigue aseverando 
que las proposiciones partieron de España; que aquí había gran 
deseo de que se realizaran los matrimonios, no obstante el desdén 
del Rey de Francia, y supone al país sufriendo humillaciones en 
pro de tal manía, sin perjuicio de tildarle de orgulloso y altivo 
hasta la irritación? 

No pretendo con esto negar la justicia de la calificación en mu- 
chos casos; pero en este creo que España estuvo digna, y de nin- 
guna manera tuvo que sufrir humillaciones por cosa en que Fran- 
cia estaba mucho más interesada. La'contradicción, sobro todo, 
es evidente, y repito que si el autor no incurriese en casi tantas 
como páginas tiene su libro, daría á sospechar sa inocente con- 



LES MARIAGES ESPAGiNOLS. 35 

fianza de que el lector habría de olvidarse en un capítulo de lo 
«scrito en el anterior, sin tenerlo tampoco en cuenta para el si- 
guiente. 

Por ejemplo; sin recordar tal vez que en la pág. 26 ha dicho 
que el Consejo de Madrid desplegaba en este asunto un refina- 
miento de hipocresía, de que era incapaz el carácter abierto de 
Enrique IV, aunque esforzase su voluntad, dice en la 69: «Enri- 
que titubeaba aún en romper con los protestantes para aproxi- 
marse á la política de España. De aquí la doblez con que ocultaba 
su perplejidad. Gonfesalia <'i sus cortesanos íntimos que la nece- 
sidad, que es la ley del tiempo, le hacía decir ahora una cosa, 
ahora otra; y nadie lo encontraba censurable, porque tal era en- 
tonces en todos los países la regla de la política.» 

Y entonces, ¿por qué censura al Consejo de Estado de Madrid, 
y en general á la política española por la doblez de que la supo- 
nía animada? 

Prosigue M. Perrens en estos términos: «Si por haberla prac- 
ticado lo censuramos nosotros, es porque él la creía deshonrosa, 
vanagloriándose de jugar siempre á cartas vistas. Negociaba la 
tregua con los holandeses, y decía áD. Pedro de Toledo, por con- 
ducto de Ubaldini, que sólo por artificio les proponía buenas con- 
diciones, á fin de decidirlos á reanudar una guerra para la que no 
estaban bien preparados. El único medio de perderlos, añadía, 
consiste en dicho tratado. Si tales palabras eran verídicas, de- 
muestran que hacía traición á los holandeses; si mendaces, que 
engañaba á España. Ignoraba y temía, por consecuencia, el re- 
sultado de las decisiones tomadas, ó que pensaba tomar. Los que 
Je rodeaban perdíanse en conjeturas sobre sus designios.» 

Pues si tal conocía el autor en la pág. 170, ¿por qué en las an- 
teriores regala al Bearnés tanta sinceridad, y sigue suponiéndo- 
sela en muchas de las posteriores? 

Más adelante escribe: «En Setiembre de 1G08 penetraba bien el 
P. Coiton los pensamientos de su real penitente, y sin querer con- 
tradecía Ubaldini sus propias acusaciones, reconociendo que En- 
rique IV hacía depender los matrimonios de la conclusión de la 
tregua, á la cual, después de haberse opuesto, sólo se prestaba 
para casar á sus hijos. r> 



36 boletín de la real academl4. de la historlv. 

¿Dónde está, pues, la repugnancia de dicho Rey á los matri- 
monios, tantas veces expuesta por el autor? 

A mayor abundamiento dice en la pág. 95: «Así, pues, mien- 
tras que Enrique IV quería los matrimonios para consentir en la 
guerra (contra las provincias unidas), Felipe III quería la guerra 
para consentir en los matrimonios.» 

Mayores contradicciones aún se notan en los siguientes pá- 
rrafos: 

Pág. 173. «Trasmitidas por D. Pedro do Toledo al Consejo do 
Madrid estas palabras (alude al reconocimiento que hacía Francia 
de la razón que á España asistía en la cuestión con los holande- 
ses, y la proposición hecha por la primera de que modificase sus 
condiciones), fueron tomadas en él por signo de debilidad y se 
aumentó la arrogancia española.» 

Pág. 17 í. «España, por medio de su embajador, humillóse 
hasta ofrecer prendas de su sinceridad y de su palabra, confesando 
así, en cierto modo, que había razón para no darle crédito.» 

Al hablar del embajador del tercer Felipe, D. Pedro de Toledo 
le concede verdadero talento, por lo menos en la pág. 111; pera 
esta cualidad y la de su parentesco con María de Médicis hallá- 
banse contrarestadas por otras de mucha cuantía, éntrelas cuales 
descollaba su intolerante orgullo; y añade: «Tales defectos, uni- 
dos á los del carácter nacional, le hacían poco, á propósito para 
una misión conciliadora.» 

Censura el retardo del viaje del embajador que tanto contras- 
taba con la vivacidad francesa (sic), suponiéndole calculado para 
mortificar á Francia: en lo cual manifiesta no haber leído la Re- 
lación de Cabrera de Córdoba^ tan indispensable para el asunto; 
juzga con sañudo y parcialísimo criterio á todos y á cada uno de 
los consejeros de Estado de Castilla, tachándolos de orgullosos y 
sumamente ignorantes, con lo que falsea las mismas citas de las 
Relaciones de los Embajadores venecianos en que se funda, por 
hacer estas excepciones honrosas de algunos; y severamente cri- 
tica las contestaciones de D. Pedro de Toledo al Rey Enrique en 
sus primeras entrevistas, cuyas frases califica, en su mayor nú- 
mero, de inconvenientes, de irreverentes otras, y alguna de 
brutal. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 37 

«La primera muestra de dignidad que dio D. Pedro, dice en 
sentido irónico, fué hacerse esperar mucho, exagerando aún la 
lentitud española, en lo que la vivacidad francesa veía un inso- 
lente desdén... Su calculado retardo debía provocar vivo disgusto 
en. la corte de Francia.» 

Repito que el autor, con vivacidad suma, da por cierto lo que 
sólo está en su mente, pues que el retardo de D. Pedro, según la 
relación mencionada, cuya existencia debe ignorar M. Perrens, 
consistió en la falta de recursos para el anticipo de gastos del via- 
je, que al íln consiguió, merced á la usura de un prestamista (1). 

Hablando de su entrada en Paris, prosigue, que chocó desde el 
primer momento su actitud altanera y arrogante, y traslada el 
siguiente párrafo del Lestoiee: «Los que han visto á este señor, 
»dicen que tiene talento y que sus discursos son sentenciosos, 
«aunque siempre acompañados de presunción española.» 

M. Perrens, conforme con esta calificación en las páginas 111 
y 119, parece contradecirlas en la 120 al reseñar en estos térmi- 
nos la primera audiencia con Enrique IV: «Queriendo el Rey, 
«dice, desde el primer momento significarle su bienvenida, le 
«dijo; «Temo, caballero, que no se os haya recibido tan bien como 
»merecéis.» «A estas graciosas palabras no supo responder D. Pe- 
»dro sino con una amenaza brutal: «Señor, replicó, lo he sido de 
» tal modo, que estoy pesaroso de tantas inconveniencias como 
«veo, las cuales podrían obligarme á volver con un ejército, y 
«hacer que yo no fuese tan deseado.» «VeHíre Saint-gris, repuso 
«vivamente el Rey: venid cuando plazca á vuestro amo, que no 
«por ello dejaría de ser bien recibida vuestra persona; y en cuanto 
«al hecho de que me habláis, vuestro amo mismo, con todas sus 
«fuerzas, se encontraría bastante embarazado desde la frontera, 
»la cual es posible que no le diera yo el gusto de ver.» 

«Lección merecida, añade el autor, que no aprovechó al espa- 
pañol arrogante.» Y en verdad que si hubieran pasado así las 
cosas sería merecida la lección del Rey, y no podríamos quejar- 
nos; pero ¿se concibe tal contestación en una persona á quien se 
supone verdadero talento y sentenciosa palabra, sin que mediase 

(1) Véase la pág. 359 de la Relacióii de Cabrera de Córdoba. 



o8 boletín de la real academla de la historl^. 

algún antecedente, si no para justificarla, para atenuar al menos 
su aspereza? (1), 

No diré lo mismo de las demás que el autor tanto le censura, á 
saber: la que dio á la Reina al enviarle persona que le cumpli- 
mentara y le recordara los lazos de parentesco que le unían á 
ella: «Los Reyes y Reinas no tienen parientes, sino subditos.» 
«Palabras, dice el autor, que aunque entrañen verdad, la más^ 
simple conveniencia hubiera debido retener en sus labios.» 

¡Lo que es la diversidad de criterios! Yo hubiera vuelto la frase 
del revés, exclamando: Palabras que, aunque no entrañan ver- 
dad, la más simple conveniencia las aconsejaba entonces como 
deferentes y oportunas. 

Al hablar más adelante del duque de Pastrana, á quien llama 
D. íñigo de Selva, le reprueba el haberse atrevido á bailar con la 
prometida esposa de su Rey, contrariando el uso de su país. Si 
hubiera rehusado, ¿no puede i'-:ferirse que por ello merecería 
igual censura? No sale mejor librado D. íñigo de Cárdenas, de 
quien dice que era mal cortesano porque ofendía á la Reina con 
galanterías demasiado libres, como D. Pedro de Toledo había 
irritado al difunto Rey con sus insolencias. Sin embargo, cuando 
estos embajadores defendían puntos en que por cualquier motivo 
halagaban á la nación francesa, eran hombres razonables; y hasta 
de verdadero talento si el halago era sostenido, cesando, empero, 
estas cualidades al terminar la lisonja. Así que no es de extrañar 
que D. íñigo, tan mal parado en su primera calificación, mere- 
ciese en páginas posteriores estas líneas : «Tenía todo el espíritu 
de conciliación que es permiiido á una cabeza castellana;» ni quo 
dijese estas otras del embajador de España en Roma: «El emba- 
jador de España en Roma, que pertenecía á la ilustre casa de 
Moneada, tenía el mérito, raro en su nación, de estar exento de 



(1) Tal vez se infiera algo de las siguientes palabras de Cabrera de Córdoba, que 
86 leen en su carta, fechada en Madrid á 10 de Octubre de 1G08. (Página 351 de las He- 
lacio'.ies J 

«De Paris ha s-enido el marqués de Tabara, que fué cort D. Pedro de Toledo, el cual 
■viene con mucho descontento de allá, por no haber hecho el acogimiento que se acos- 
tumbra en las cortes do los príncipes á los caballeros que van á ellas, y más enviados 
por S. M.; publica que D. Pedro de Toledo verná mal despachado, etc., etc.» 



LES MARI.VGES ESPAGNOLS. 39 

vanidad, y aparte de la fidelidad á su Rey, no había nada que no 
hiciera en servicio del de Francia.» Y se me ocurre: ¿tendría 
aquella cualidad sin esta última condici(3n? Tal es el criterio que 
preside a toda la obra; Francia so])re todo y antes que todo, in- 
clusas la justicia y la verdad; y esto aun cuando se atropello las 
autoridades que ciía en el texto. En todo hace á su nación supe- 
rior á España, hasta en la extensión de dominios, que no de otro 
modo se consideraba entonces la grandeza de los Estados. 

En este como en otros puntos pudiera citársele á M. Perrens 
los mismos autores en quien se apoya para deprimir á los espa- 
ñoles. 

Simón Gontarini dice en su Relación correspondiente al año 
de 1605: «El Rey de quien vengo á tratar es tan grande, que 
abraza del mundo lo que hasta hoy nadie ha poseído, o 

Girolano Soranzo, en la suya de los años IG08 y 1611, pág. 477, 
confirma lo anterior con estas palabras: «Es cosa indudable que 
*la mayor parte del mundo está dividida entre el Rey de España 
y el gran Turco.» 

Pietro Gritti, en la de su embajada de 1616 á 1620 se expresa 
de este modo: «S. M., alude al tercer Felipe, posee un imperio el 
más vasto y rico que desde la decadencia del imperio romano ha 
poseído príncipe alguno; porque extendiéndose^ según el cómputo 
de los cosmógrafos, en un espacio de veinte mil millas, se esparce 
por las cuatro partes de la tierra y circunda todo el mundo.» 

Tales párrafos que el autor debe haber leído, puesto que cita 
estas relaciones y aún inserta los trozos desfavorables para Es- 
paña, no le impiden anteponer á su país, al expresar que B'rancia 
y España eran las dos naciones más grandes del mundo; si bien 
la segunda había perdido considerablemente desde la paz de 
Vervins. 

No le negaré lo último: España había perdido ante la opinión, 
pero no de su territorio, que es de lo que se trata: aún en este 
caso aventajaría á Francia, y nunca podía considerar á su nación 
ni tan pujante ni tan extensa como el imperio del gran Turco, 
del cual hace caso omiso. Tampoco debe ignorar que los embaja- 
dores citados escribieron años después de la paz de Vervins, ni 
mucho menos que el mencionado Soranzo termina su relación 



40 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

diciendo, que (¡.España estaba llena de hombres doctísimos en to- 
das letras y facultades, particularmente en literatura y leyes, co^a 
digna de alabanza y aplauso que deseaba para otras provincias. n 
Y sin embargo, el autor no tiene por conveniente seguirle en este 
punto; antes moteja á esta misma nación de ignorante, precisa- 
mente en el siglo de oro de una literatura afamada en^l mundo, 
y aún estudiada hoy por las gentes que más presumen de erudi- 
tas, aunque el autor no tenga noticia de ello, que esto no es de- 
lito, ó procure cuidadosamente velar una noticia que saben los 
estudiantes de cualquier mediana Universidad. 

Largo y harto enojoso sería el reseñar todas las contradicciones 
en que incurre, y aunque no lo es menos el ocuparse de los erro- 
res que comete, debo añadir algunos que por completo desfiguran 
la historia. Consiste uno en atribuir al Rey de Francia el arreglo 
de las diferencias trascendentales habidas entre la Santa Sede y 
la República de Yenecia, censurando al de España que se atribu- 
yera el éxito, y no menos al Pontífice por reconocerlo así; y aña-- 
de: «Los españoles no habían visto sin celos á Enrique lY arre- 
glar las diferencias entre Yenecia y la Santa Sede.» 

La Academia sabe los esfuerzos hechos por el Gobierno del ter- 
cer Felipe para el arreglo de tan espinosa cuestión ; las tropas re- 
unidas en Italia á dicho fin; lo que la diplomacia española tuvo 
que trabajar; por último, lo que instó al Rey de Francia para que, 
dejando su fría y más que reservada indiferente actitud, hiciera 
ver al Pontífice que su conversión al catolicismo no era objeto de 
interesables miras, levantando algunas tropas, siquiera hasta el 
número de 5.000 hombres, que aun cuando fuera aparentemente 
auxiliaran á los 30.000 empleados por España para llegar al arre- 
glo. En esto convienen todos los historiadores; y si se consulta al 
minucioso Vivanco, nos dirá en su obra inédita que exclusiva- 
mente á España se debió el buen resultado de este difícil y tras- 
cendental suceso. 

Aunque de tal modo no constase en documentos fehacientes, 
¿cómo no inferirlo de un príncipe tan desapegado al gobierno de 
su país, como celoso en todo lo que tendía al bien del catolicis- 
mo, y deferente en extremo á la corte de Roma? Este fué el punto 
primordial y único de su política, en el cual obraba personal- 



LES MA.RIAGES ESPAGNOLS. 41 

mente, y de viva voz dictaba sus disposiciones, dejando lo demás 
á la inspiración ó capricho de Lerma; y á dicho ün subordinó por 
completo la cuestión de matrimonios, como puede verse en las 
cartas que por apéndice inserto íntegras unas, y extractadas 
otras. 

Si el autor las hubiera visto, como parecía de rigor, tratándose 
de un asunto de España que detalladamente pretende historiar, 
es posible, aunque no seguro, que hubiese rectificado muchas pá- 
ginas, y entre ellas las 126 y siguientes hasta la 131, en las que 
expone que Yilleroy estuvo acertado al creer que la verdadera 
misión de D. Pedro de Toledo consistía en proponer los matrimo- 
nios con cierta diplomacia. «No debía esperarse, dice, que el Rey 
de Francia abandonase la alianza con los holandeses para obtener 
la de España por medio de matrimonios que él no había jamás 
solicitado, ni hecho que los solicitara persona alguna.» 

Sin embargo, su propia narración nos enseña que Enrique IV 
introdujo la cuestión de los matrimonios en la primera audiencia 
de D. Pedro, el cual le contestó que antes de pasar á otra cosa se 
debía resolver á abandonar á los holandeses, añadiendo secamenle 
y con altanería, que él no tenía encargo de proponer ningún ma- 
trimonio. 

Así era verdad, si se juzga por las cartas mencionadas; pero el 
autor establece la siguiente disyuntiva: «Si era verdad, no había 
nada que más en lo profundo pudiera herir á Enrique, porque él 
sabía por los despachos de su embajador en España, como por los 
de Ubaldini, que el Soberano Pontiñce había propuesto los ma- 
trimonios á S. M. Católica.)) Cúmpleme notar, por vía de parén- 
tesis, la contradicción cometida en este punto respecto á otros en 
que asegura que la proposición de matrimonios partió de España, 
pudiendo inferirse de las líneas acabadas de leer, que el autor 
reconoce que el Rey sabia lo que él en otras páginas ha tenido 
por conveniente ignorar. 

Siguiendo el párrafo, continúa: «Si el castellano mentía, y po- 
día creerse así.» Mas, ¿por qué? ¿Ha visto el autor las instruccio- 
nes ni ningún otro papel de España de donde pueda inferirlo? 
Lejos de ello, el único que inserta es el estropeado de que á la le- 
tra tomo la parte congruente y más clara: «Y habiendo pasado á 



42 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Otras pláticas y asegurado D. Pedro que no tenía comisión ni po- 
der para tratar casamientos se (por sí) bien avia daño (por dado) 
grata audiencia en España á los propuestos por el Papa y el va- 
ron (sic) de Barrault se despidió del Rey, etc., etc.» 

Este inserto, cuya procedencia no se indica más que por pape- 
les de España, prueban precisamente lo contrario de lo que el au- 
tor dice. Si son relaciones del Consejo de Estado, como parece 
desprenderse de la conclusión, ¿no es más lógico suponer que el 
autor está en mal terreno al sentar gratuitamente aquella hipó- 
tesis? Infiérese que la funda en una carta de Villeroy á Janin; 
pero, ¿por qué dar más crédito á una carta, donde á lo sumo no 
se ve más que una sospecha, que al dictamen de un Consejo, en 
que para nada tenía que jugar la diplomacia, por no deber salir 
de la nación? 

Prosigue el autor que el Rey replicó á D. Pedro con palabras 
tan duras, que si éste hubiera dado cuenta de ellas á su amo, po- 
drían ocasionar un rompimiento, según se lee en un despacho de 
Ubaldini. 

Y hé aquí, digo yo, un Rey irritado porque no le hablaban de 
lo que él quería, sin embargo del desdén que aparentaba. ¿Cómo 
aquel embajador tan grosero y adusto, tan altivo é imprudente, 
segiín lo califica M. Perrens, tuvo más sensatez y comedimiento 
que el franco, amable y conciliador Monarca? 

Conociendo el autor que estuvo muy inconveniente, y no que- 
riendo este papel para el Rey de un país donde dos centurias más 
tarde habría él de nacer, se apresura á escribir; «Estas palabras 
imprudentes que no se hallan en ninguna parte, y que Enrique 
las sentiría sin duda.r> 

Pues si en ninguna parte se hallan, ¿á qué hacer mención de 
ellas? Y si estampa literalmente el despacho de Ubaldini que asi 
lo expresa, ¿qué importa el ignorar las pala])ras, puesto que exis- 
tieron y han merecido aquella calificación? JNo es, sin embargo, 
la ambigüedad lo más donoso del caso, sino que el autor se iden- 
tifica con el personaje historiado por él, y tal cariño le toma, que 
responde de sus intenciones en el hecho de suponer que el Rey 
sentiría sin duda el hab^flas dicho, por omitirlas en la relación 
que hizo á Breves de esta entrevista. ¡No podría haberlo dis- 



LES JÍARIAGES ESPAGNOLS. 43 

culpado con mejor intención el más adicto de sus cortesanos! 

En realidad, continua, D. Pedro debía obtener de Enrique que 
sin dilación abandonase la alianza de los holandeses para merecer 
la de España. La de España, dice; pero en el documento en que 
se apoya se lee: «para merecer los matrimomos;f> lo cual es muy 
distinto, porque echa por tierra cuanto el autor ha aseverado so- 
bre la iniciativa y afán de la corte española en la cuestión, así como 
el desdén del Rey de Francia, y presta veracidad á las palabras 
de D. Pedro, dando por el pié á la sospecha de Yilleroy y á la 
gratuita afirmación del mismo que inserta el documento, 

Al hablar de la entrada en Madrid del duque de Mayenne, em- 
bajador extraordinario de María de Mediéis para la realización de 
los matrimonios, expone la miseria y la parsimonia de España, 
ya en los presentes que le hicieron, ya en la mezquindad del 
mantenimiento y pobreza de los trajes españoles, «que tan humi- 
llados se veían en todo y por todo al compararse con los bravos, 
ricos y apuestos caballeros franceses del séquito del embajador.» 
Viendo, dice, la suntuosidad de los franceses, que en un mes ha- 
bían cambiado por tres ocasiones las libreas do sus lacayoS; y pro- 
digaban el dinero en su camino, tuvieron los españoles vergüenza 
de su vergüenza, se ruborizaron de sus viejos atavíos, y ni aun 
á los criados de Mayenne osaron dar las cadenas que habían re- 
cibido para este fin, porque conocieron que los franceses eran 
gente demasiado lucida y sagaz para hacer caso de tales regalos. 
iiPor miseria y vanidad aparecieron, pues, más estúpidos é indo- 
loites de lo que eran.» 

Varias de estas frases las escribe entrecomadas citando las car- 
tas de Vaneólas á Villeroy: y motiva la última el retraimiento 
que la grandeza mostró respecto al embajador francés. 

Extráñame que tantas ocasiones aproveche para tildar á esta 
nación de mezquina, el mismo autor que inserta un trozo de 
carta de Vaneólas á Puysieux, donde consta que D. Iñigo de 
Cárdenas entregó en nombre del tercer Felipe á Madarae Elisa- 
beth, una joya con los retratos de ésta y del príncipe español, 
que tenía engarzado un brillante, la cnal se estimaba en 100.000 
escudos. 

Verdad es que siguiendo su sistema de prevención céntralo que 



44 boletín de la real academia de la historia. 

pudiera favorecer á España, añade: «Si no hay exageración en el 
precio, preciso es confesar que en esta ocasión aohubo mucho es- 
tímulo por parte de Francia.» Así dice porque el regalo del Delfín 
á la infanta de España era un brazalete que no valía más de 
15.000 escudos. 

Seguramente que al hablar de la miseria y mezquindad de los 
españoles en trajes y en todo, no recuerda que él mismo ha es- 
crito en la pág. 389, á propósito de los festejos celebrados en Pa- 
rís á la publicación de los matrimonios, «que se hicieron enormes 
gastos, ó como suele decirse, que se quiso echar el resto^ reci- 
biendo orden los encargados de sobrepujar aún el fausto de los 
españoles.» 

¡Vea la Academia la escasa memoria del autor! Tan poca es, 
que en la misma página en que censúrala mezquindad española, 
inserta una relación del recibimiento al duque de Mayenne en 
el castillo de Lerma, donde después de ponderar las viandas y 
aparato con que se las presentaron, exclama en tono festivo: (íFiié 
aquello wi verdadero triunfo sobre la cuaresma, ó más bien una 
de las ¡procesiones que los gastrónomos de Ravalais hacen á su dios 
ventri-jjotcnte.-» Cosa análoga dice acerca de los perfumes y lujo 
de las habitaciones. 

A pesar de todo, y contra el inserto que estampa de carta del 
embajador, supone que se fué disgustado de Madrid, si bien su- 
mamente complacido de las señoras, tanto, que según relación de 
Puysieux, su hombre de negocios, llegaron á producirle una in- 
disposición de estómago. <s.Los mensajes, añade, que diariamente 
recibía, debidos al atrevimiento, avaricia y lujuria de las señoras 
del país, le empeñaron al combate de tal manera, que yo no sé 
cómo se habrá podido zafar. y> 

El autor, por su parte, dice: «Las señoras j)araban sus carrua- 
jes delante de la morada del embajador, le llamaban á las venta- 
nas, le daban música por sí mismas, enviábanle guantes, perfu- 
mes, aguas olorosas, dulces y toda clase de regalos; y en alta voz 
publicaban que nunca habían visto hombre, ni más galante, ni 
tan buen mozo. Admiraban su librea, su vajilla de piala, etc., 
asistían á sus comidas, ypor tales modos le provocaban á galan- 
terías de que no se podía abstener.» 



LES MARUGES ESPAGNOLS. 45 

¡Dichoso mortal que, sin sor mahometano, gozó en vida del pa- 
raíso prometido por el profeta á los que mueren fieles á su ley! 

¿Pero no sería posihle que el autor hubiese cometido alguna 
inexactitud, quiz;i por inspirarse para escribir sobre este punto de 
la época de Felipe III, en un libro contemporáneo de un compa- 
triota suyo, donde dice éste, que las damas españolas acostum- 
braban llevar una navaja en la liga? Deduciría, no sin funda- 
mento que tales damas debían ser zafadotas^ y teniendo en cuenta 
que el carácter y costumbres de los pueblos no varían tan fácil- 
mente, podía inferir que las abuelas de las visabuelas de dichas 
damas legaron á las actuales aquella condicicju, y de aquí que un 
mozo del garbo, donaire y atavío del du(]ue de Mayenne, ó de 
Uména, como en Madrid se le llamaba, habría de dar al traste 
con el resto de simulado pudor de las señoras de la corte del ter- 
cer Felipe. 

No es esto negar la esencia del hecho; ¡ni cómo, siendo Ma- 
yenne tan rumboso y rico! sino inferir que las que le importuna- 
ban con tantas citas y piropos, debían ser las legítimas ascendien- 
tes de las que hoy, por tales hábitos, llamamos de navaja en liga, 
aunque no usen ninguna de estas prendas. ' 

Nada tendría que oponer si se concretase á decir que la gallar- 
día, donaire y gentileza del embajador fué celebrada por las da- 
mas de la corte, hasta el punto de tenerle por el más galán y me- 
jor parecido de todos los de su acompañamiento. Así, poco más ó 
menos, se lee en la verídica y detalladísima relación de Cabrera 
de Córdoba, y no ya el criterio, sino el buen sentido, basta para 
rechazar todo lo que de esto pasase. 

Que el autor inserta la carta de un testigo como Puysienx, 
cierto; ¿pero para qué sirve el criterio? ¿Qué diría si un autor es- 
pañol, reüriéndose á Francia espusiese, apoyado en la relación 
de un viajero, que las señoras francesas acostumbraban asediar 
á los españoles en las principales calles y cafés, usando de expre- 
siones y modales algo libres; ó que solían bailar danzas en pos- 
turas algo más que descompuestas? Diría, con mucha razón, que 
tal viajero no había salido de los que en Paris llaman houlevares, 
ni asistido á otros bailes que los celebrados en Mahille ó Chateau- 
roiige, y que tal autor había cometido la ligereza de apoyar su 



46 uoletín de la real academia de la historia. 

historia, sin el menor discernimiento, en lo narrado por un cual- 
quier transeunle, y la mayor aún de, con tales datos, ó ampliando 
alguna aventura, calificar al núcleo de las señoras de una nación- 
Y no es mucho que de aquí se deduzca culpa de ligereza contra 
el autor y contra Puysieux. ¿No conocemos lodos al del libro an- 
tes mencionado sobre costumbres de España? ¿No sabemos tam- 
bién de otro, y de ilustre apellido, que desde alta mar, como pa- 
sajero de un buque en viaje de circunnavegación, decía que con 
sus anteojos liabia podido ver á las bellas catalanas paseándose 
en la Rambla de Barcelona del brazo de sus jóvenes é indulgentes 
confesores, lo cual, aparte de lo raro de la visión, es algo menos 
verosímil que distinguir desde el Manzanares una cosa situada en 
la Puerta del Sol nunca vista por los habitantes de Madrid? (1) 
¿No habló otro renombrado autor con ligereza sobre las Canarias, 
aunque nunca tan desatinadamente como el del mencionado 
viaje? 

Lo extraño es que al hablar M. Perrens de la miseria española, 
perjudica mucho á su habilidad la circunstancia de insertar es- 
critos que lo contradicen, y de añadir: «Tal gasto, por desigual 
que fuese (respecto al de Francia), acabó de arruinar á los espa- 
ñoles. Para cubrirlo tuvieron que echar mano de pequeñas sumas 
destinadas á los infantes y á las viudas de los antiguos servidores 
de Carlos Y y de Felipe II. 

»Despu6s de la partida de Mayenne encarecieron en algunos 
maravedís la libra de carne, como único recurso de volver á lle- 
nar su exhausto tesoro.» 

Si se tiene en cuenta la carne y demás comestibles regalados 
diariamente á la embajada de Francia, cuya relación, que el autor 
no debe conocer, detalla Cabrera de Córdoba, no es extraño que 
aquel artículo alcanzase mayor precio en razón al excesivo con- 



(l) M. Arago i Stiiitiag-o), en su Viaje alrededor del mnndo, escribe la frase, sin haber 
siquiera fondeado en la rada su buque; pero aun cuando así fuese, no se podía ver la 
Rambla desde aquella, ni aun desde el mismo puerto, ni en la época á que alude ni 
en otra posterior, hasta estos últimos años en que se derribaron las Atarazanas. 

Mayores ligerezas expone sobre las Canarias, que fueron refutadas por uu exce- 
lente escrito, tan bien razonado camo sentido, del publicista de marina D. Ignacio de 
Nfgrín. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 47 

sumo; pero subir la carne para volver alienar un tesoro exhausto, 
presupone en primer lugar la idea de que el tesoro estaba reidcto, 
en segundo, la de que todo él se invirtió en la recepción mezquina 
á que el autor alude, y en tercero, la de que unos cuantos mara- 
vedís bastaban para repletar el tesaro de la nación cuyos domi- 
nios eran, materialmente por lo menos, los más ricos y extensos 
de ambos mundos (1). 
Oigamos á Cabrera de Córdoba en este punto: 

«Por la calle del Sordo (dice en la pá|,'. 486), que es detrás del hospital 
de los Italianos, hay en esta calle, á donde sale, una puerta que á las tres 
de la tarde se abre, y tiene una llave tni criado del Duque de XJména que 
abriendo entra á tomarla viíuula que hoy lueten para mañana, y esto sin 
verse el que lo deja allí, que es un guarda mangel, que se llama Felipe de 
Ardíanos; en metiendo la vianila cierra y se va hasta otro día á las tres. 

Día de carne es esto. 

Ocho pavos. — Veinte y seis capones cebados de leche. — Setenta galli- 
nas. — Cien pares de pichones.— Cien pares de tórtolas.— Cien conejos y 
liebres. — Veinte y cuatro carneros. — Dos cuartos traseros de vaca. — Cua- 
renta libras de cañas de vaca. — Dos terneras. — Doce lenguas. — Doce libras 
de chorizos. — Doce pemiles de Garrovillas. — Tres tocinos. — Una tinajuela 
de cuatro arrobas de manteca de puerco. — Cuatro fanegas de panecillos 
de boca. — Ocho arrobas de fruta; cuatro frutas á dos arrobas de cada gé- 
nero. — Seis cueros de vino de cinco arrobas cada cuero y cada cuero dife- 
rente. 

DÍA DE PESCADO. 

Cien libras de truchas. — Cincuenta de anguilas. — Cincuenta de otro 
pescado fresco. — Cien libras de barbos. — Cien de peces. — Cuatro modos 
de escabeches de pescados, y de cada género cincuenta libras. — Cincuenta 
libras de atún. — Cien de sardinillas en escabeche. — Cien libras de pescado 
cecial muy bueno. — Mil huevos. — Veinticuatro empanadas de pescados 
diferentes. — Cien libras de manteca fresca. — Un cuero de aceite. ^Fruta, 



(1) iSo quiero decir que la nación fuese inmensamente rica; lejos de ello, en otro 
libro procuro demostrar que la miseria del oro había muerto aquí á la riqueza del 
trabajo, y que España sucumbía por la pesadumbre de su grandeza. Solamente noto 
la contradicción entre la mezquindad aseverada y la ruina de un tesoro for los gas- 
tos verificados para el recibimiento. 



48 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTÜRL4. 

vino, pan y otros regalos extraordinarios, como en el día de carne se dice. 

Esto es cada día, sin otras cosas extraordinarias de regalos más órnenos. 

Para esto hay dedicadas cuatro acémilas con sus cajones que traen este 
recado, y lo ponen en el aposento sobre imas mesas y cierran, y no parece 
otro día sino las cestas vacías, y no quien las vacia. » 

En resumen, por cálculo nada exagerado, resulta que el emba- 
jador y su comitiva consumían diariamente unas tres mil seis- 
cientas libras de carne, que casi montan á dos toneladas desleidas 
en treinta arrobas de vino, acompañadas de cuatro fanegas de pa- 
necillos de boca, y endulzadas con ocho arrobas de fruta (1). 

Otra de las inexactil;udes que comete, es asegurar que el Rey 
de España consideraba ligereza muy reprochable que su hija, ya 
reina de Francia, adoptase algunas modas francesas, y sobre todo 
que bailara. 

Permítame la Academia que en este punto le recuerde algunos 
trozos de las cartas del tercer Felipe á su hija, por ser la mejor 
refutación contra lo que asevera M. Perrens. 

En una que lleva la fecha de G de Junio de 1618 le dice...: «Me 
hubiera holgado de ver el bailete que hicistcs, que todos los que 
le vieron escrevieron maravillas del, y de quan linda salistes, y 
quan bien danzastes: acá también se hizo la mascara.» En otra 
de 3 de Abril del mismo año: «Me holgué mucho con las nuevas 
que truxo el último correo, aunque sin carta vuestra; pero yo le 
doy por bien á trueco de que no os cansasedes en escrevirme pues 
lo estaredes desde el bailete y todos escriven quan bueno fué, y 
quan bien lo hicisteis vos: hasta envidia tuve á los que lo vieron, 
y mas á vos que diz que estabades muy linda, y esto debe de ser 
cada dia mas, según habéis embarnecido y crecido, etc., etc.» 

Ignoro, pues, el fundamento que haya tenido el autor para su- 
poner que el tercer Felipe reprochaba duramente á su hija el baile, 
como no sea una de las peregrinas invenciones del Mercurio, de 



(1) «Dicen que todo el tiempo ([ue el duque se detuviere aquí, se le proveerá de la 
misma manera este regalo, y si se entendiese que fuese necesario proveer con más 
larga mano, se haría de la misma manera, según es grande la voluntad con que se 
hace.» (Cabrera de Córdoba, pi'v" 182.) Véase lo que contrasta esta buena voluntad 
con lo que el autor dice. 



Ll;S MARIAGES ESPAGNOLS. 49 

cuyo pajicl hace un documento fehacieute para su historia. Si 
hubiese consultado estas cartas, quizá no incurriría en este ni en 
otros muchos errores , y digo quizá por ser también posible que 
rehusase la prueba en vista de no decir en ellas baile sino bailete. 

Respecto al otro extremo, pudiera trascribir muchos trozos de 
otras cartas anteriores en que siempre le recomienda la obedien- 
cia á su marido, en gracia á la buena armonía que debe existir 
en los matrimonios. Todas rebosan en paternal solicitud, y tanto 
que á veces descienden á preguntas un tanto enojosas y de difícil 
contestación para una niña, no obstante su cambio de estado. 

«cMe he holgado mucho, dice en una de 16 de Enero de 1016, 
por saber que quedabades buena, y el Rey mejor del mal que ha- 
bía tenido, de que os podemos dar la enhorabuena como rauger 
tan bien casada; y me ha parescido muy bien lo que me decís de 
las visitas que le habéis hecho y lo que habéis madrugado á las 
purgas y sangrías, etc., etc., me ha dado cuydado el decirme 
que no tenéis buenos los ojos: espero en Dios que lo estarán 
presto y ya querría que acabasedes de ser muger, que para esso 
y para que me diessedes presto un nieto podría servir; y respon- 
ded á lo que otras veces os he preguntado de si el Rey quando 
está bueno duerme siempre en vuestro aposento ó algunas veces, 
y no os corráis de decirlo á un padre que os quiere tanto como 
sabéis, etc.» 

Sigue congratulándose de la buena armonía que existe entre 
ella, el Rey y la Reina madre , y continúa: 

«El bailete que hicisteis debió de ser muy bueno , y yo holgara 
harto de veros, que la de la Torre me escríve maravillas de como 
ibades.» 

Sigue hablando de que le envía un chapín de seis dedos más 
de largo como le pedía, y concluye: «Os confieso que quisiera, 
aunque os pongáis colorada, que como el Rey está muchos ratos 
del día en vuestro aposento estuviera algunos de noche.» 

En casi todas sus cartas le habla de bailes , y lejos de repro- 
barlos, envidia á los que la vieron. ¿Y cómo no, si aquel príncipe 
tan buen padre y esposo como rey deslucido, despuntaba precisa- 
mente en él baile hasta merecer el dictado de primer bailarín de 
su corte? 

TOMO IV. 4 



50 BOLETÍN' DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 

Quizá M. Perrens ignore también este particular por no haber 
tenido á la vista ni la crónica, ni ninguna de las historias parti- 
culares, ni las relaciones que corren impresas sobre este reinado. 
Y en verdad que es omisión de alguna monta en quien narra 
asuntos que lo abarcan de lleno. 

Pues error más de bulto contienen las siguientes líneas: «La 
corte de España creía tan próximo el éxito (habla de los matri- 
monios) que desde los primeros días de Diciembre de 1613 anun- 
ció su designio de establecerse en Valladolid.» 

¡Véase cómo al fin se descubren todos los secretos! Así excla- 
marán seguramente, si pudiéramos oírles, Cabrera de Córdoba, 
Yivanco, León Pinedo y demás autores de relaciones, cronistas ó 
historiadores de aquella época, y testigos oculares de los suce- 
sos , al leer en esta singular historia uno que todos ellos vieron 
realizado por motivos muy diferente en fecha anterior, y es se- 
guro que no menos había de sorprender la noticia al tercer Fe- 
lipe, á Lerma, al Consejo de Estado y á los alcaldes de Vallado- 
lid en aquel tiempo. 

Durante mucho he molestado la atención de la Academia expo- 
niendo todas las contradicciones que se notan en este libro; pero 
no puedo menos de cerrar el examen con una, como norma del 
criterio que ha presidido á su redacción. 

Dicho está que la corte de Madrid usaba de doblez y perfidia al 
proponer subrepticiamente al rey de Inglaterra la infanta es])a- 
ñola al príncipe de Gales , á fin de precaverse contra la derrota 
que, á juzgar por el desdén de Enrique IV, iba á sufrir en las 
presentadas á Francia. Pues vea la Academia lo que en la pág. 451 
hablando del doble juego de la corte de María de Médicis, sobre 
el matrimonio de Madame Ghretiene con el mismo príncipe de 
Gales, dice de Villerroy, autor de las negociaciones: 

«Así, pues, con una habilidad que no puede desconocerse en- 
tretenía Villeroy el matrimonio con el Inglés, y contaba utili- 
zarlo para reparar la derrota que había sufrido en el terreno de 
los enlaces españoles.» 

Lo cual enseña, a trovóme á añadir, que la perfidia tratándose 
de España es habilidad cuando á Francia se refiere. 
De propósito he dejado para fin de fiesta la traducción de un 



LES >rARlAGES ESP.VGXOLS. 51 

escrito anónimo que insería el autor, pul ilicado en Paris al arribo 
de la embajada de D. Pedro de Toledo. Dice así: «Asomaos á 
las ventanas y mirad cual vienen los galantes. En primer término, 
se ven los bagajes del modo que sigue: tres carros tirados por 
búfalos y cargados de patrañas cultivadas y cogidas en el jardín 
del Escorial: oíros Ircs por dromedarios cargados de galimatías: 
tres más por mulos de Auvergne: otros tres por ¡)écoras arcádi- 
cos (1) cargados de eléboros y de gomorra extractada en Ñapóles 
hasta la (juíiiluple esencia: tres amadrinados en parejas, tirados 
por diez y ocho elefantes, llevando la carta de los Países Bajos 
pintada en claro oscuro, sobre un lienzo de veinte y cinco toesas: 
un carromato soberbiamente atalajado con doce africanos tigres, 
conduciendo en un tiesto roto de tierra de Navarra, el contrato 
matrimonial entre el Señor Delfín y la infanta española, exten- 
dido en romance sobre pergamino de cordero nonnato , y escrito 
proféticamentc por el buen patriarca Ignacio de Loyola, según la 
revelación en sueño que, tres días después de su muerte, le habia 
hecho Santiago de Galicia; todo él en cai-actéres tan diminutos, 
que se necesitaba buena vista para poderlo leer. Veíase luego so- 
])re dos angarillas llevadas á espaldas de dos esclavos como la caza 
de Santa Genoveva , una almohada de terciopelo carmesí ; sopor- 
tando la gorgnera de Don Pedro que medía en redondo catorce 
varas y media, y media cuarta (2). Después marchaban sus pajes, 
caballeros en animales de piel gris y largas orejas parecidas á IíJB 
burros, toda gente joven con barbas canas, cantando á la entrada 
de la corte acompañados de las melodiosas voces de sus cabalga- 



(1) Quizá aluda á los guardias del rey por el epíteto que se dio durante el bajo im- 
perio á los del emperador Arcadio. 

(2) En carta fecha en Madrid á 19 de Enero de 1608 dice Cabrera do Córdoba (pá- 
gina 323). 

«Antes de Pascua mandó S. M. que se guardase la premática do las lechuguillas 
pareciéndole que habia de tener su mandamiento para la ejecución más fuerza que el 
rigor de los alguaciles; y sobre la medida se replicó por los de su Cámara, y ha que- 
dado en sétima de vara; y conforme á esto toda la corte ha reformado los cuellos y obe- 
decido á la voluntad de S. M.; por ser demasiado el exceso que en esto habia.» 

Don Pedro de Toledo salió para su embajada algunos meses después. Si obedeció la 
pragmática debía ser su gorguera de cuatro y media pulgadas próximamente. Sin 
embargo es muy cierto que en esto de vestir había mucha exageración. ¡Pluguiera 
Dios que todos los defectos de vuestros mayores fuesen tan criminales! 



52 boletín de la real academla de la historl\. 

duras. Seguían los oficiales de la casa de Don Pedro con toda 
clase de utensilios de caza: el primero con la marmita, el segundo 
con las parrillas, el tercero con la cadena del caldero y así con- 
secutivamente los demás con lo restante de la cocina. Más atrás 
el Mayordomo en noble arreo llevando por peto una cazuela, un 
tarro de manteca por casco, una pringosa rodilla á guisa de bandfi 
y empuñando un largo asador. Después la sumillería con tazas, 
cubiletes, potes, viandas, botellas y cuarenta mulos cargados de 
nieve, que no derretía el sol por hallarse polvoreada de catoli- 
cón (1) castellano. Seguían los gentiles hombres de su casa mon- 
tados en mulos, vestidos de tela vieja de cáñamo, botas de perga- 
mino, en una palabra, con traje acomodado á la estación, es de- 
cir, camisolas de escarlata, justillos de terciopelo negro, á causa 
del polvo, sobre otros jubones de la misma tela y color, cinchados 
como mulos por el vientre, apretados de tal modo que sacaban 
medio pió de lengua , mitrados cual obispos de Calcuta , con gor- 
gueras de pió y medio que no habían olido el almidón desde la 
salida de España, golillas de terliz blanco, tan tiesas que pare- 
cían de porcelana, rasuradas las cabezas á lo monge, los bigotes 
como colas de mulos , y con mucha gravidad (sic) van tocando la 
guitarrita y cantando á coro, cada uno diferente canción, todo 
ello por supuesto muy católicamente.» 

«Se ve detrás una carroza de figura de pentágono á semejanza 
de la ciudad de Amberes, hecha de cartón fino y papel de estraza 
y uncidos á ella diez y ocho toros de Granada. Van dentro tres 
marqueses y tres condes levando un palio á la alemana, tara- 
reando un nuevo aire en honor de la infantita , y tocando todos 
un manicordio sin cigüeñal. Don Pedro de Toledo venia el último 
como un cura de regreso de precisión, conservando la gravedad 
de un vendedor de pajuelas, dentro de un aparador de tela ence- 
rada bien cerrado para evitar las moscas, tirado por dos caballos 
indios, y con traje de abrigo cual requería la grandeza de su 
casa.» 

«A la mañana siguiente tuvo lugar la audiencia. En la antecá- 
mara, donde se preparaban para presentarse al Rey más grande 
— « 

(1) Especie de electuario purgante, compuesto de sen y ruibarbo. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 53 

del mundo, cepilláronse muluamente, por caridad, lodo el polvo 
recogido en el camino desde su entrada en territorio francés , de 
tal manera que oscureciendo la cámara obligaron á salir al aire 
libre á los gentiles hombres y demás de la nobleza que en orden 
gerárquico hallábanse en ella apostados. Pasaron en seguida á 
otra llena de marqueses, nobles y plebeyos, hicieron segunda pa- 
rada, comenzando á alechugarse, á despiojarse unos á otros, y 
unos á otros á sonarse las narices por caridad, cosa que cada uno 
por sí no hubiera podido verificar sin estropear sus gorgneras , y 
esponerse á volver á España para lavarlas; pues no se hubieran 
atrevido á darlas en Francia, temerosos de que cayendo en ma- 
nos heréticas incurriesen en excomunión mayor, ó lo que peor 
seria, en las reclamaciones del Santo Oficio de la Inquisición.» 

«Mondos ya y lindamente zurrados, diéronse á marchar con 
tanta furia, y á echar con tal brío los pies por el aire, que hubie- 
ran dejado tuerto, ó roto los dientes á alguno, si á los primeros 
pasos no les hubiese dicho un ugier que olió como á queso de 
Auvergne, — Señores, no levantéis tanto los pies que al Rey no 
agrada este olor. — Así, pues moderándolos, acercáronse hasta 
arrodillarse ante S. M.; dijéronle en cifra su embajada, se les 
contestó en solfa, hablaron en español corrompido y se les dio 
respuesta en buen francés (1). 

«Bajo esta forma ligera, añade el autor, se demuestra la anti- 
patía y desconfianza que inspiraban los españoles.» 

No trato ni de afirmar, ni de refutar esta antipatía, aunque 
pudiera encontrar en la misma obra muchos otros insertos que 
contradicen al anterior; pero ¿se podrá ocultar á M. Perrens que 
el sabor calvinista del escrito es lo que manifiesta antipatía, no 
ya entre franceses y españoles, sino entre reformados y católicos? 
¿No ha reparado que el artificio del papel burlesco , consiste en 
involucrar la diferencia de religiones con la de nacionalidades? 
Y aún así, no creo yo que el autor ó autores anónimos consi- 
guieran sus fines. Movería el escrito ciertamente á risa, pero risa 
trivial que, pasados los primeros instantes, despierta por lo me- 



(1) Recueil d'ambassade et de plusieurs lettres misives concernant les aflfaires de 
l'Etat de France depuis 1525 júsqu'á en 1606. Bib. Imp. ms. fr. núin. -291. 



54 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORL\. 

nos indiferencia, cuando no desdén, contra el libelista, no sólo 
en los católicos, sino aun en los de su misma secta, y después 
únicamente podrán utilizarlo los representantes de farsas ó entre- 
meses de corral , como medio de sacar algunas monedas de cobre 
al vulgo rústico y sencillo, que en su ignorancia propende á ri- 
diculizar y deprimir todo lo que pertenece al extranjero. 

He procurado exponer el espíritu de parcialidad que de relieve 
sale en la obra. Quizá sea ajeno á la voluntad de su autor, ó tal 
vez reconociendo en él tal propensión irresistible , y no ocultán- 
dosele que constituía un defectillo para tratar de historia, creyó 
cohonestarlo con la siguiente protesta estampada en su prólogo: 

«Debo notar con qué escrúpulo me abstengo de conjeturas y 
aserciones aventuradas, como asimismo de reproducir algunos 
despachos verdaderamente picantes que escribían nuestros diplo- 
máticos menos conocidos, en desaliñado é incorrecto lenguaje, 
pero vivo y ya muy francés, en los cuales la originalidad eclipsa 
á veces las de las cartas tan bellas y ponderadas del cardenal 
D'Ossat.» 

Tal promete el autor, pero la Academia discernirá hasta el 
punto que lo ha cumplido. En cuanto á que el público note los 
despachos que dice se abstiene de reproducir, paréceme asunto 
imposible, y expresado de tal modo que todas las palabras huel- 
gan en la frase, á no ser que se dirija á una- pequeñísima parte 
del público que fué en la época historiada, ó sea á las gentes na- 
cidas dos siglos antes que el autor. Todo pudiera ser según el 
criterio de los espiritistas. 

M. Perrens, por último, dirige su obra con una carta en que 
después de manifestar modestamente la gran aprobación que 
aquella ha obtenido, y el honor que ha merecido de ser insertada 
íntegra en el Diario de Sesiones y trabajos de la Academia de 
Ciencias Morales y Políticas de su nación, expresa el deseo de 
que esta, á quien se dirige, y califica de una de las más célebres 
y respetables de Europa, le asocie con cualquier título á su com- 
pañía, para significarle así la satisfacción con que veía un tra- 
bajo, que llena una laguna en la historia de ambos países. 

Si en vez de convertirla en pantano la hubiera saneado con los 
instrumentos que la verdad, madre de la historia, proporciona, 



LES MARIAÜES ESPAONOLS. 00 

entiendo que sería pertinente la petición que dirige á la xVcade- 
mia guardadora de ¡aquella, molestara poco ó mucho al espíritu 
de patria. Sin embargo, siendo la Academia el único juez para 
decidir con el criterio levantado ó imparcial que corresponde, re- 
solveni en este caso lo más oportuno , si bien el autor debe darse 
por satisfecho con que haya tocado este informe al menos auto- 
rizado y perspicaz de sus individuos. 

Javier de Salas. 
Madrid, 24 Febrero 1871. 



DOCUMENTOS. 



I. 

CdTtd del Rey al Marqués de Aitona, en San Lorenzo, 
6 de Airil de 1608. 

^Archivo general de Simancas.— Estado.— Legajo núm. 1860 ) 

«Por una carta vuestra de los 5 de Febrero próximo pasado se lia 
entendido que el Papa os babia dicbo que el Key de Francia deseaba 
el casamiento del Principe mi bijo con su bija mayor y que se le diese 
á la infanta Doña María mi segunda bija para el Delfín su bijo y que 
también os babia dicbo Su Santidad que el mismo Eey dijo al Provin- 
cial de los Jesuítas de FLandes para que él lo dijese al Embajador del 
Archiduque mi tio residente en París que haciéndose el casamiento del 
infante D. Carlos mi segundo hijo con su segunda bija y dándole yo 
los Paises-Bajos en dote para él y para los que deste matrimonio des- 
cendieren después de los días de la Infanta Doña Isabel mi hermana 
pues no tiene hijos, se ofrece de hacer que aquellas Provincias queden 
sujetas al Archiduque mi tio como los Países ovedientes, y que se es- 
tablezca en ellos la religión católica. Esto mismo me ha dicbo el Nun- 
cio que aquí reside de parte de Su Santidad y lo ha acordado segunda 
y tercera vez y últimamente lo ha hecho en virtud de cartas que dice 
ha tenido del mes pasado de Marzo haciendo mucha instancia sobre la 
resolución y es bien que sepáis que há muchos días que el Barón de 
Barrault que aquí reside por Embajador del Rey de Francia movió la 



56 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

plática de los casamientos del Príncipe mi hijo con la Infanta mayor de 
Francia y de la Infanta Doña María con el Delfín de Francia y des- 
pués acá lia hablado diversas veces al Duque de Lerma mostrando mu- 
chos deseos de que estos casamientos se concluyesen y se estrechase 
mas la amistad y hermandad entre las dos coronas, y también deveis 
saver como el Key de Francia ha procurado que de nuestra parte le 
metiesen en el tratado de la paz con los rebeldes, ofreciendo hacer muy 
buenos ofizios para facilitar la conclusión della y en particular ayudar 
mucho al establecimiento de la religión católica y de que mi tio hize 
ofizio con él en esta conformidad y yo lo aprové ; pues estando las co- 
sas en éste estado y habiendo el Duque de Lerma respondido al Em- 
bajador de Francia lo mucho que yo deseaba estrecharme en deudo y 
amistad con su Eey y que para tratar desto era necesario que él se 
apartase de socorrer y ayudar á mis rebeldes como lo habia hecho por 
lo pasado, se ha entendido que en lugar de corresponder á lo que ha- 
bia prometido en beneficio y aumento de nuestra santa fé, procurando 
que las Provincias rebeldes se redujesen á recevirla y consentir el ejer- 
cicio público della no solamente no lo ha hecho pero ha concluido con 
ellos la liga cuya copia se os embia con esta ; y lo que es peor es que 
no falta quien dice que há persuadido á los rebeldes que no admitan la 
religión católica porque haciéndolo á instancia mia y de mis hermanos 
irán creciendo los católicos y estando á nuestra devoción como obliga- 
dos al beneficio que habrán recevido por nuestro medio, podremos ha- 
cer después lo que quisiéremos sin que lo puedan remediar, de todo lo 
cual he querido avisaros para que lo representéis al Papa y le digáis 
la novedad y sentimiento que me ha causado entender que al mismo 
tiempo que el Eey de Francia se ofreció por medianero de aquella paz 
y de apoyar mucho la causa católica y metió á Su Santidad en pláticas 
de casamientos para estrecharle mas conmigo aya salido con cosas tan 
derechamente contrarias, en que no es menor el tiro que hace á Su 
Beatitud que á mí por el poco respeto que muestra á su Santa persona 
y al lugar que tiene aviendole puesto por medianero, y no es la menor 
causa de mi sentimiento ver que por este camino se me quitan los me- 
dios de poder acudir á Su Santidad como lo hice la vez pasada pues si 
se vuelve á la guerra con los rebeldes será cosa imposible poderlo ha- 
cer, que yo me he conmovido de esta sin razón, que ano estar Su San- 
tidad de por medio pasara mucho mas adelante; pero con todo eso como 
quiera que mi intención ha sido, és y siempre será de preferir el bien 
público y universal de la cristiandad y augmento de nuestra santa fé al 
particular mió, no he podido acabar conmigo de dejar de embiar perso- 
na al rey de Francia que se resienta de este agravio ni tampoco sus- 
pender la ida hasta tener respuesta de Su Santidad, mas por el respeto 



LES MARI AGES ESPAGNOLS, , 57 

que le tengo se lo he querido hacer saber al mismo tiempo para que 
todo corra á un paso. Representareis á Su Beatitud que á no estar Su 
Santidad de por medio fuera de diferente forma el resentimiento que 
embio ú hacer con el Rey de Francia pero atento el respeto que yo ten- 
go á su Santidad se le dirá solamente cuan maravillado me tiene el 
aviso de ésta liga, y que apenas la puedo creer por más que se califique 
por ser acción tan indigna de Rey cristianísimo que le pido me haga 
saber lo que en esto ha pasado y si lo piensa remediar, pues se halla á 
tiempo si quiere, atento que aun no esta prendado pues la liga presu- 
pone que es para la observancia de la paz y ésta no está hecha y avien- 
do el mismo pedido le tomen por medianero y teniendo tanta mano, 
como dice, con Olandescs, de la demostración que hubiere se conocerá 
si quiere mas mi amistad que la suya. 

Y aclarando á su Santidad mi pecho como es justo le diréis que mi 
intento es apurar esta verdad, porque si el Rey cristianísimo hace en 
esto lo que pide la razón no solo holgaré de tener y conservar con él 
buena amistad y hermandad pero de estrecharla mas si á su Santidad 
asi pareciere, mas si debajo de decir que es mi amigo me ha de hacer 
obras tan contrarias, mejor me será saber que es mi enemigo declarado 
que no que debajo de capa de amigo me haga obras de enemistad. 

Diréis mas á Su Santidad que la persona que embio á Francia lle- 
vará orden de comunicar con el nuncio de Su Santidad en aquella Corte 
la comisión que lleva y todo lo que hiciere confidente y llanamente, que 
si su Beatitud quisiere ordenar algo á su nuncio xi este propósito lo po- 
drá mandar hacer luego, aunque lo que principalmente deseo que le 
ordene es que penetre la intención de aquel Rey y le haga hacer la 
prueba del) a en lo que se trata con olandeses pues tal podria ser el 
efecto que en ello hiciese en beneficio de la religión, que es lo que yo 
principalmente deseo, y en los demás requisitos de la paz que fuese 
justo admitirse y estrecharse mas su amistad por los medios y pláticas 
de casamientos movida por su Santidad y por el mismo Rey ; pero no 
procediendo ésto su Santidad verá claro que él seria el que cerraría la 
puerta á lo que tanto ha mostrado desear, pues en tal caso si por una 
parte lo ha pedido por otra desobligaría dello. Añadiréis alo dicho que 
su Santidad y yo somos igualmente interesados en no dejarnos enga- 
ñar debajo de tantos artificios como el Rey de Francia usa con quiebra 
de nuestra reputación y dando que decir á las gentes, y que así le su- 
plico ordene á su nuncio diga claro lo cierto de lo que siente de la in- 
tención del dicho Rey á la persona que embio, para que con la verdad 
que apurase de verdadera amistad ó falta della, pueda yo luego tomar 
la resolución que mas convendrá á mis cosas. 

Y por que la persona que embio lleva como queda dicho orden de 



o8 boletín de la real academia de la historia. 

comunicar con él nuncio de su Santidad su comisión y lo demás que en 
estos negocios se ofreciere y tener con él muy particular conformidad y 
buena correspondencia, sera bien que su Santidad le ordene que baga 
lo mismo con él y procurareis que el despacbo que le hubiere de embiar 
sea luego sin perder hora de tiempo para que habiendo hecho los ofi- 
zios que ha de hacer con el Rey de Francia, pueda cuando llegue la 
persona que de acá va, que partirá luego, advertirle muy en particular 
de lo que se ofreciere para que tanto mejor pueda cumplir con lo que 
lleva á cargo, y ireisme dando cuenta de lo que en todo se hiciere.» 

II. 

mi Marqués de Aitona al Rey Feli])e III en 5 de Julio de 1608. 

(Archivo general de Simancas.— Estado.— Legajo 988.) 

Extracto. «Que ha sabido por resolución cierta que el Rey de Fran- 
cia espera con mucho gusto á D. Pedro de Toledo y desea el efecto de 
los parentescos; que decia Villeroy su gran privado que si quisiera el 
Rey de Francia ha tenido ocasiones grandes para intentar novedades: 
que el mismo Villeroy dijo que no hay que apartar al Duque de Saboya 
de V. M, por lo que está interesado y por la mucha merced que V. M. 
le hace pero que estaria cauto sin inclinarse mas á la una parte que á 
la otra. Que el Rey aunque desea mucho los parentescos quiere dar á 
entender que es mas el interés de España que el de Francia; con el 
propósito sin duda de tratar este asunto con mayores ventajas; y dice 
«que faltando su hija segunda la que querría casar con el Sr. Infante 
después de algunos años de concertado el casamiento quedaría V. M. 
con los estados de Flandes pacíficos por lo que él ayudará á ello y que 
el no tendría entonces ningún interés sino á V. M. mas poderoso con- 
tra él, y dice que á V. M. le están mejor estos casamientos por que 
teniendo los dichos Estados de Flandes pacíficos se ahorrará V. M. todo 
lo que gasta en la guerra. El encarece que á V. M. le está bien por 
asegurar mas lo que desea que és dejar á su hijo de tan poca edad, en 
muy estrecha amistad con V. M. y á V. M. obligado á hacérsela.» 

El Marqués de Aitona en 27 Abril acusó á su Magestad el recibo 
del despacho de 6 del mismo (1608), en que se le mandaba representar 
al Papa el sentimiento contra el Rey de Francia por que al mismo 
tiempo que se ofrecía por medianero de la paz y pedia para estrechar 
las relaciones los casamientos por conducto del mismo Papa, favorecía 
en causa de olandeses haciendo ^liga con ellos. Que habia mostrado el 
Papa sentir este proceder del Rey de Francia y se manifestaba cansado 



LES MARIAGES ESPAC.NOLS. 59 

de SU conducta en esto y en otias muchas mas cosas. Que el correo con 
orden del Papa para que el nuncio trate con la persona que iva á Pa- 
rís á penetrar la inteligencia del Rey partirla inmediatamente. 

El Obispo de Montepulchiano nuncio de su Santidad en Francia es- 
cribió al Papa en 28 de Mayo de 1608 la conferencia que liabia tenido 
con Villeroy sobre los asuntos de España. Dice que por haber estado 
el Rey en Fontenebló, á caza, no habia podido tener audiencia de su 
Magestad pero que habia cont'erenciado con Villeroy en lo de la liga 
con olandeses, liga celebrada sin conocimiento del Rey de España 
á lo que contestó Villeroy que el Rey de España hizo la paz y se acor- 
dó con él de Inglaterra sin dar parte de ello al de Francia, que la liga 
habia sido en palabra con los olandeses y que el oficio fué de ceremo- 
nia, pero que si los españoles caminaban con serenidad y están resuel- 
tos a estrecharse con Francia no debian tener sombras desta materia, 
pues las sospechas entre los dos reyes cuando sean unidos con paren- 
tescos y separada Flandes de España no tendría su Majestad cristia- 
nísima que desear otra cosa que ver unido á la obediencia de la hija y 
del hierno á los olandeses. 

Que la querella de los españoles no pedia argumentar sino tibieza de 
inclinación á ésta plática, la cual le obligaba á creerlo tanto mas no 
viendo llegar á la persona de España según la promesa que él Sr. Du- 
que de Lerma habia hecho al embajador de su. Magestad cristianísima. 
Respondió el nimcio que de los españoles se podia argumentar buena 
disposición pues decian libremente sus dudas y que todavía trataban de 
enviar persona á Francia donde sino era llegada procedía del maduro 
consejo que se acostumbra tomar en cosas tan graves. 

Que habiéndole obligado á dar alguna respuesta al Papa le dijo que 
escribiese al Papa que su Magestad estaba dispuesto y pronto á hacer 
el uno ú el otro parentesco con la investidura de Flandes, pues el Rey 
se inchnaba mas por el Rey de España que por olandeses cuando serán 
parientes y se tratará del interés de su hierno. Que Toly y el canciller 
participantes y sabidores havian podido colegir que eran de una misma 
voluntad como verdaderamente los ha hallado. 

Que el Embajador de Flandes le ha dicho haberle sido comunicado 
en confianza por el Sr. Zametto que el Rey le ha hablado en esta ma- 
teria con mucha alegría como de cosa casi hecha, y que habiendo de 
embiar á criar la hija á manos del Archiduque y de la Sra. Infanta ten- 
dría gusto de llegarse la vuelta de Cales y pasar alguna vez disfrazado 
á Bruselas. 

Y añade: 

Che per lettere particolari di Spagna si intende che D." Pietro di 
Toledo será la persona che andará in Francia in compagniadi D." Bal- 



60 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLA DE LA HISTORIA. 

dasai-e di Zuñiga. Ma ne rAmbasatore di Spagua ne di Jiandraue san- 
no cosa alcuna per ria di Corte, clie andando egli trattará con essi con 
la sólita confidenza che tratta con l'Auíbassatore de Fiandra, il quale 
ha ordine dall' Arciduca di communicar seco con gran liberta et procu- 
rará che da ttitte le parti si parti con ogni chiarezza et sinceritá.» 



III. 

Carta del Rey al Marqués de Aitona. — De Madrid d 22 de 
Novieml)re 1608. 

(Archivo general de Simancas. — Estado.— Legajo núm. 1860.) 

Por vuestra carta de los 26 de Agosto queda entendido lo que os 
dijo el Papa de lo que deseaba el Rey de Francia tubiesen efecto los 
casamientos que se han puesto en platica y que habiéndole de tener por 
su mano como lo pide el mismo Rey no puede ser sino cometiéndolo 
ahí á quien lo trate con su Santidad con todo lo demás que acerca desto 
apuntáis, y lo que se os puede responder es que tuvistes harto buena 
ocasión para representar á su Santidad que el embiar yo á D." Pedro 
de Toledo á Francia nació de haberme hecho decir por medio de su 
nuncio la proposición que á su Santidad se le habia hecho de parte de 
aquel Rey en materias de casamientos, y qiie al mismo tiempo que 
trataba desto hizo liga con los rebeldes, cosa tan contraria que me 
obligó á embiar á D." Pedro á resentirme con el dicho Rey y que 
supiese las causas que le habia movido á una resolución tan contraria 
á lo que habia propuesto á su Beatitud, pues no le habia yo dado nin- 
guna como vos lo habéis visto por la copia que os emhio de la comisión 
de D.° Pedro (1) el cual cuando haya apurado lo que á esto toca, y 
visto lo que responde el Rey de Francia responderé á lo que agora me 
proponéis de parte de su Santidad sobre la misma materia, y pues por 
lo que D." Pedro os ha avisado habéis visto que aquel Rey ha negado 
lo que primero habia dicho á el nuncio de su Santidad fuera bien que 
se lo representaredes y a lo que ésta manera de proceder le obligaba y 
que no debía su Beatitud dejarse engañar de hombre que lo que dice 
un dia niega otro, y cuando os hablaren en estas materias justificando 
mi causa descubriréis á su Santidad las marañas del Francés para que 
vea lo poco que se puede fiar de su modo de proceder, que en esto os 



(1) Tso está. 



LES MARIAC.ES ESPAGNOLS. (Jl 

pudierades haber alargado mas estando enterado de cuan doblado es, 
y avisareisme de todo lo demás que acerca destas pláticas pasaredes con 
su Santidad.» 



IV. 

Estado.— Legajo 1860. 

Por otra carta del Rey al Marqués de Aitona de igual feclia que la 
anterior se le dice «que el Marqués D. Pedro de Toledo habia escrito 
diciendo que allá (en Francia) se niega haber ofrecido el Rey que si se 
concluyese el casamiento del Infante D. Carlos con su hija segunda ce- 
diéndole los Estados de Flandes, él haria que los rebeldes se redujesen 
á la obediencia de nuestra santa madre Iglesia y de sus Príncipes. Que 
conforme estas noticias con las indicadas por el nuncio combenia que 
apurase esta verdad hasta saber de positivo lo que el dicho Rey ofreció 
acerca desto. Que advirtiese á su Santidad que ¡a ida de D. Pedro á 
Francia se fundó eu lo que su Beatitud dijo por medio de su nuncio y 
que caminando en esta plática en conformidad de lo que el Rey de Fran- 
cia oíreció de religión y obediencia por el casamiento y cesión de los 
dichos estados holgaría que se haga y daría la seguridad que conviniere 
de sxi parte para el cumplimiento de ello, como también el Rey de 
Francia debia dar la suya; y que para ello procurase con la instancia 
que el caso pide que el Papa lleve adelante lo que en esta materia co- 
menzó avisando de lo que hubiere y á D. Pedro de Toledo.» 



Archivo general de Simancas.— Estado.— Legajo 1860, 

Én despacho del Rey Felipe III al Marqués de Aitona, embajador 
en Roma de 16 de Noviembre de 1608 hay el párrafo siguiente: — 
«También he visto lo que el Papa os dijo de que con todo lo que él di- 
cho Rey (el de Francia) ha negado á D. Pedro de Toledo, en materia 
de casamientos le habia asegurado su embajador que su amo ayudaría 
las paces de Flandes con veras y que deseaba mucho los casamientos, 
y con ésta ocasión fuera justo que le respondierades, pues sabiades todo 
lo que habia pasado, que la habia tenido su Santidad muy buena para 
resentirse de que habiéndole puesto el Rey de Francia por medianero 
para tratar de matrimonios entre mis hijos y los suyos, negase después 
todo lo que habia dicho mostrando en ésto, como lo habia hecho en 
otras cosas, el poco respeto que le tiene, y así será bien se lo digáis y 



62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

le advirtáis que al mismo tiempo que su embajador le habló en ésto 
estaba embiando gente escogida á los rebeldes (como se os avisa en 
otra) para que vea lo que se puede fiar de tal modo de proceder, que 
pues su Santidad lo disimula y sufre no es mucho que se le atreva.» 



VI. 



Estado. — Inglaterra. — Legajo ntím. 2513. 

El Embajador de Inglaterra, D. Pedro de Zúñiga en 30 de Julio 
de 1608 decía al Rey Felipe III «que había entendido las platicas y 
juntas que el Embajador de Francia que allí residía tubo con el para 
manifestarle que su amo le encargaba diese cuenta al Rey de Inglaterra 
de la embajada que había llevado D. Pedro de Toledo para tratar de 
casamientos de sus hijos que aunque le podían estar bien, todavía de- 
seaba correr su fortuna con él, y saber sí se podía asegurar de que en 
Inglaterra ayudarían vivamente á los rebeldes de manera que con es- 
fuerzo pudiesen volver á las armas y lioJgara de tratar allí de casamien- 
tos de sus hijos ¡jara cuando tengan edad y que convenia luego dalle 
respuesta para poderla el dar á D. Pedro de Toledo, y á este propósito 
dice que aquel Rey hizo poca instancia en ello. El consejo fué de pa- 
recer que se escribiese á D. Pedro de Zúñiga que podía responder que 
D. Pedro de Toledo no llevó orden de tratar de casamientos sino en caso 
que le hablaran de ellos por haberse movido ésta filática de parte del 
Rey de Francia por medio del Papa aunque agora lo niega por que va 
en todo sobre falso y con intento de engañar.» 

En otra de 17 de Diciembre de 1609 D. Pedro de Zúñiga manifiesta 
al Rey Felipe III «que el Embajador de Inglaterra residente en Fran- 
cia al despedirse de aquel Rey le pidió le dijese lo que había en mate- 
ria de casamientos para decirlo a su amo, porque había rumor de que 
se trataba uno con España y otro con Saboya. Que el Rey le respon- 
dió que era verdad que en esta materia se tenían discursos, pero, sin 
conclusión alguna; que confesaba que estaba su corazón muy inclinado 
á estos parentescos por ser los mas honrados y poderosos de toda la 
cristiandad y que el que pudiera hacer con Inglaterra no había lugar 
por qué su amo con este nuevo lihro (1) había desviado mucho de si los 
corazones de todos los Príncipes católicos y que aunque él por el amor 



(1) L'n libro que publicú contra el Papa Uamúudole el ante-cristo. 



LES MaRIAGES espagxols. G3 

que le tenia, había procurado mitigar el ánimo del Papa, liabian llega- 
do las cosas á tal término que ni el ni otros podian continuar estos 
oficios (1).» 

VII. 

Las emlaxadas célebres de los Duques de Hwnena, y de Pastra- 
oía, para la condv.sion de los casamientos del Rey de Francia 
Luys XIII y del Principe de Espafia Felipe IV. 

(Códice H. 50 Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 51.) 

Tratado etc. 

Para este dia (22 Agosto segunda Audiencia) dexo el duelo la Corte 
de España (fuera del Rey) hazieüdo lo mismo el de Humena, y les de 
su compañía. 

Entre los acuerdos se expressaua: Que la Infanta renunciaua peder 
suceder ni sus hijos, ni descendientes en ningún Estado de España, sino 
en dos casos solamente: quedando ella viuda de Luys XIII boluiendo 
á España, y también si por razón de Estado, por el bien público de los 
Reynos de España, y por justas consideraciones se cassase con voluntad 
del Católico Rey su Padre, ó del Principe su hermano. Finalmente con- 
cluydo el acto, y pedida licencia en otra audiencia, se partió el Duque 
para Francia muy acariciado y los suyos con lamagnificencia del Rey: 
y el agrado de la mucha cortesía y benevolencia de España. Escriuió 
el Príncipe á Madama Isabel, y el secretario dé la primera carta fué 
Don Juan Idiaquez, que dize assí: Señora embidia tengo á Don Iñigo 
de Cárdenas, y que á de ver á V. Alteza primero que yo: pagúemelo 
en tenerme muy en su memoria, que selo meresco por tenerla á V. Al- 
teza en la mia. Espero en Dios, muy breue se certificara ú V. Alteza 
deste amor, y verdad mia, yo deseo que sea luego. 

Hizo su vistosa entrada (Pastrana) por la puerta de San Jaques con 
este orden, los clarines españoles con cotas de armas de tela de oro, y 
encarnado con las armas del Duque Embaxador; ochenta y ocho aze- 
milas con reposteros de tapizeria, y armas del Duque y las de su com- 
pañía: los Caualleros y criados costosissimamente vestidos, siete azemi- 



(1) Debo estos documentos con sus extractos á la diligencia é ilustración de mi dis- 
tinguido amigo D. Francisco Díaz, archivero interino del general de Simancas. Con 
las anteriores cartas paréceme que queda clara la cuestión de matrimonios y doblez 
de Enrique IV, así como que de él partieron las proposiciones de matrimonios. Tam- 
bién cae por tierra lo aseverado por M. Perrens sobre las instrucciones de D. Pedro 
de Toledo y sobre otras muchas cosas expuestas por dicho autor hasta el punto de 
constituir por sí solas la mejor refutación de su libro. 



64 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

las con reposteros de terciopelo carmesí, bordados de oro y plata; diez 
correos, treinta y oclio azemilas con los guarda joyas, sesenta y ocho 
personas con los oficios de sa cámara en postas; luego en su segui- 
miento dos clarines, y catorce pages del Duque de Neuers en cauallos 
españoles, y la librea española, después doze clarines del Rey con ca- 
sacas de terciopelo blanco, veinte caualleros españoles, vestidos de tela 
de oro y plata, cada vno en medio de dos Señores Franceses, y los 
principales eran los dos hermanos del de Pastrana, Don Francisco, y 
Don Diego de Silua, el Conde de Galue, dos Marqueses, dos deudos 
del Duque Don Antonio y Don Pedro de Silua, Don Sancho de Leyuas 
Don JiTan Maldonado, Don Antonio del Águila, el adelantado del Rio 
de la Plata, Don Manuel de Meneses, Don Rodrigo Herrera, Don 
Alonso de Luna, Don Gabriel de Chañes, y Don Fernando de Leiua, 
y otros Caiialleros. Después el Duque de Pastrana brillante de oro y 
pedrería sobre vn brioso y bien enjaezado cauallo, y el Duque de Xeuers 
á mano izquierda. Con esta Magestad entró en Paris, y fué hospedado 
en la Rúa de San Antonio en la casa de Rochelaura. 



VIII. 

La Embaxadcb que lazo a Francia el Duque de Pastrana para la 
conclusión del casamiento del Principe de España Felipe IV. 

(Códice H. Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 55.) 

Tres dias antes que llegasse a Paris el Duque de Pastrana, fue la 
Reyna aner la composición, y aderezo de la casa de Rochelaura. La 
misma tarde que llegó ala posada, visito al Duque de 'parte del Rey 
Mos el Grande (que es cauallerizo mayor) acompañado de mucha No- 
bleza, y cantidad de hachas blancas por ser de noche. El Jueues a 16 
de Agosto alas dos después de medio dia embio Mos el Grande de parte 
de sus Magestades al de Pastrana treinta cauallos con gualdrapas de 
terciopelo negro, y seis carrozas, las dos a seis cauallos, las otras dos a 
quatro, y las vltimas a dos. Después salió a acompañar al de Pastrana 
el Duque de Guisa con sus dos hermanos el Principe de Zoinville, y el 
cauallero de Guisa, su primo el Duque de Elbeuf, los Marqueses de 
Nermoustier, de Nesle, y de la Valeta, los Señores de Crequi, de San 
Luc, de Bassompicrre, y de Termes, y mucha Nobleza, todos con cos- 
tossisimas galas. Halló al de Pastrana con la Nobleza Española, todos 
acanallo, y mucha vizarría, y con gallardo orden llegaron a Loure, lle- 
nando el de Guisa la mano izquierda. Estañan en la puerta del Palacio 
con buen orden el Capitán de la Guardia con sus Archeros en dos lu- 



T,KS MAniAf.ES ESPAf.NOLS. ÜO 

leras, el gran Preuoste, sus Lugartenientes con los demás Arclieros, y 
la compañía ordinaria de los Suyzos. En la gran Sala liizieron la misma 
assistencia el Capitán de las Guardias, sus Tenientes y Arclieros y fue 
receñido el Duque del Conde de Suison?, estando los pages de la pe- 
queña, y grande cauallcría tendido a lo largo de aquella sala con ha- 
chas de cera blanca encendidas: y entro por la Cámara del liey en la 
Galería, en donde la esperaua. En los dos lados desta Galería auia vn 
palenque vestido de alfombras y por el contorno los pages de los Reyes 
también con hachas encendidas. De frente auia una tarima l)ien leuan- 
tada, cubierta de una alfombra de terciopelo violado, sembrado de flor 
de lises de oro y vn dosel de la misma forma, y arrimadas dos sillas, la 
del Rey de terciopelo, azul, y la de la Reyna de terciopelo negro, á mano 
izquierda con muchas Princesas y Damas. Estando el Duque en la Ga- 
lería, y los suyos arrimados alos Palenques con placa para los Caua- 
lleros, se detuuo vn poco hasta que el Mariscal de Boís Daufin le hizo 
passar adelante. Hechas sus cortesías presentó al Rey vna carta, d¡- 
zíendole: Que el Rey su Señor le auia embiado para assegurar a su 
Magestad de su afición y estimación que hazia de la suya. Entonces el 
Rey le abraco y le respondió: Yo agradesco al Rey de España mi her- 
mano su buena voluntad, la mía estava siempre dispuesta a honrrarle 
como a padre y amarle como a hermano. Puede assegurarse bien la in- 
fanta de mí entera afición a su seruicio, y de que la amare perfecta- 
mente. Y también se assegure Mos el Principe de España que le tengo 
de amar con toda afición como a hermano proprío. Haziendo el Duque 
vna cortes reuerencia, boluiose ala Reyna, y con grandes sumissiones 
le presentó otra carta. Después de muchas razones y cortesías pidió el 
Duque licencia para besar la mano a Madama la infanta. Llenóle el de 
Guisa por otra Galería ala antecámara, donde le reciuieron los quatro 
Mayordomos, y le acompañaron hasta donde estaña Madama assentada 
en vna silla baxa debajo de vn dozel de terciopelo carmesí, con franjas 
de oro, vestida con ropa encarnada, bordada de oro, y mucha pedrería, 
pendiente al pecho vna cruz de inestimable valor, con vna sarta de per- 
las griiessas, con el adereco de la cabera vistoso y rico, dando estima- 
ción a todo esto su rara hermosura. Haziendo el Duque tres reuerencias 
la besó la mano, y entretanto que hazían lo mismo los Caballeros Es- 
pañoles, hizo vna cumplida visita á su hermano y hermanas, y acabados 
los cumplimientos se boluíó asn casa con el mismo acompañamiento que 
salió della. 

El sábado á 25 de Agosto dia de San Luys Rey de Francia le seña- 
laron al Duque para darle la segunda audiencia, en que se auia de leer 
y firmar el contrato del Matrimonio. Tomó á su cargo el Príncipe de 
Conty acompañar al Duque á Palacio, y assi alas cinco de la tarde fue 



86 boletín de La real academia de la historl\. 

por el, y dentro de la carroza del Rey y el Embaxador ordinario con 
Mos de Bonneuil liizieron su camino, siguiéndoles veinte y cinco carro- 
zas llenas de Caualleros Españoles y Franceses, todos con nueuas y 
vistosas galas y quarenta pages del Duque, todos con libreas costosis- 
simas. Llegando á Loure, entró en la galena, donde le esperauan el 
Rey con la Reyna su madre, la Reyna Margarita, Roberto Obispo de 
Montepulciano, Nuncio de su Santidad, el Marques de Boti Embaxador 
de Florencia, los Príncipes déla Sangre, y otros Señores con las Da- 
mas déla Corte. Después de auer liecho el Duque sus reverencias, y 
tomado su puesto, mandó la Reyna á Villeroy leyesse los acuerdos del 
casamiento de Isabel con el Principe de España, firmados por el Roy, 
el Duque de Pastrana y la Reyna madre, recibió al acto el Señor de 
Seaux Secretario de Estado; bohiiendolo á entregar al Señor de Ville- 
roy; y con esto se boluió el Duque á su casa con el mismo acompaña- 
miento. Al otro dia Domingo á 26 de Agosto celebró el sarao la Reyna 
Margarita Real y magestuosamonte assistiendo a el sus Magestades, 
Madama Isabel, las Princesas y Grandes del Reyno. Los primeros que 
danjaron fue el Rey con su hermana Isabel, después el Cauallero de 
Luisa con la Duquesa de Vendosme. Madama Isabel dancó vn canario 
con el Duque de Elbeuf. Mos de Bressieux la gallarda con la Duquesa 
de Aumalla: y con la misma el Duque de Pastrana: y el después con la 
Princesa de Conty, y la Princesa con el segundo hermano del Duque: 
este con la Duquesa de Guisa, y su Excelencia con el otro hermano, q\ie 
dancó después con la de Vendosme, y su Excelencia con el caballero de 
Guisa. Y la Reyna madre mandó al Duque de Pastrana sacasse á dan- 
par á Madama la Princesa de España, que se reuzó, diciendo: que en 
España no acostumbraban los Grandes y Señores dancar con las Prin- 
cesas, e Infantas: y la Reyna madre, por escusar porfías, mandó ala 
Princesa sacasse al Duque, como lo hizo. Y finalmente se acabó el dan- 
zar con vna folia, en la qual entraron Madama Isabel, el de Pastrana, 
la condesa de Soissons, el Principe de Jonuille, y los demás con las de- 
mas Princesas. Diose remate al sarao con vna colación esplendidissima. 
Boluiendo las visitas el de Pastraua, y haziendo otras cumplidas alas 
Princesas, despidióse délos Reyes, de Madama Isabel, y de sus herma- 
nos: y después auiendo embiado delante la mayor parte de su compañía 
a Orleans, se partió de París con quatro carrozas del Rey. Comió en 
Corbéil, y durmió en Fontaineblau, passo por Orleans á 25 de Setiem- 
bre llego a Burdeos, donde hallo al Duque de Humena, que se visita- 
ron. Al otro dia de mañana se partió el de Pastrana para la corte de 
su Rey, y el do Humena tomó la posta para Paris á donde llegó pri- 
mero de Octubre y fue recibido de todos los de la casa de Lorena y otros 
Principes con mucha alegría.- 



LES MARIAGES ESI'AGNOLS. 67 



IX. 



Relación del Des2)osorio que se celeh'ó en la ciudad de Burgos en- 
tre la Serenísima Princessa de España DoHa A na y el Chris- 
tianissimo Princí2)e Luis de Francia. 

fCódice H. 50. Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 385.) 

Domingo día de San Luciis 18 de Octubre de 1615 años a las once 
del dia salieron de su Palacio que es la cassa del Condestable de Cas- 
tilla tiene en la Ciudad de Burgos. Iba la Real Magestad del Rey Don 
Phelipe 3.° acompañado de sus hijos, y Príncipes, y Grandes de su Corte 
en. esta manera. Toda la guarda española, y Alemanes con sus capita- 
nes, que eran el de Camarassa, y el de siete Iglesias y sus Tinientes Al- 
férez y demás ministros y todos con libreas nueuas y muy ricamente 
aderezados, y acabada la guardia yban los Atabales trompetas, y menes- 
triles, y luego 4 Reyes de Armas. Tras ellos comenzaron los Caualle- 
j'os Duques, Condes, y Marqueses y embajadores que serian en todo 
hasta ciento ricamente aderezados sus personas, y cauallos con vesti- 
dos vordados, y llenos de muy ricas joyas, y pedrería, de tal manera que 
algunos señores como era el Almirante de Castilla, el de Velada, Sal- 
daña, Peñafiel, el de los Arcos, el de Mirabel, y otros, era necesario yr- 
les ayudando a tiempos a leuantarles las capas por el mucho peso que 
tenian. Los cauallos yban con sus gualdrapas cabezadas y colas borda- 
das sobre terciopelo negro de la mesma manera que las capas y muy 
largas y cumplidas las gualdrapas, y demás aderezo que parecía que los 
cauallos tenian harto que licuarlos con sus dueños enzima, y los que 
yban en esta forma serian hasta 24. Sin los demás que yban ricamente 
aderezados, que por todos serian los ciento que esta dicho. 

Todos estos señores Ueuauan a ocho, y a doce Paxes, y otros tantos 
lacayos con muy ricas libreas de diferentes sedas y colores, con mucho 
oro y bordadas algunas y con cadenas, y otros aderezos de oro que huuo 
mucho que ver. Estos Señores yban por su orden hasta llegar a la Car- 
roza de la Reyna, tras ellos yba la Catholica Real Magestad del Rey 
Don Phelipe en vn cauallo ricamente aderezado, yba vestido calza, y 
coleto de Rasso blanco, y capa de terciopelo negro guarnecida con vo- 
tones de oro y lo mismo la gorra con su tusón al cuello, y a sus lados 
jimto a los estribos sus cuatro cauallerizos. Y luego yba vna carroza 
muy rica de brocado i)or dentro, y fuera bordada con grande pedrería, 
y clauos, y ruedas, y toda la madera por dentro, y fuera bordada muy 



68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ricamente, la qual lleuauan seis cauallos alazanes Napolitanos muy 
grandes con ricos aderezos bordados, de terciopelo carmesí sobro que 
estaua lo bordado: esta carroza lleuaua dos cocheros, y dos mozos de 
coclie vestidos de terciopelo carmesí bordado de oro muy cumplida- 
mente, Kn ella yba el Serenísimo Principe Don Plielipe 4 y su hermana 
la Princesa Doña Ana Reyna de Francia a la cabecera y enfrente los 
Infantes Don Carlos, y Don Fernando, y en medio la Infanta Doña 
Margarita ricamente aderezados, como para tal ocasión. 

Su Magestad de la Reina yba vestida de nacarado vordado y lo mis- 
mo el Principe y Infantes junto a esta carroza, yba el Marques de Ve- 
lada mayordomo mayor y el Duque de Uceda, ayo del Principe y al- 
derredor della muchos caualleros, y Señores y quatro maceros con ce- 
tros Reales. Luego el Embajador de Francia ricamente aderezado en vn 
cauallo muy galán como los grandes. 

Luego yba el Duque de Lerma en vna silla muy ricamente aderezada 
y era de brocado bordada por dentro y fuera acompañado de muchos 
caualleros a pie, y a cauallo, yba por esta forma por estar indispuesto 
de tercianas. Luego yba la camarera mayor de la Reyna, y la muger 
del Embajador de Francia. Tras esto yba en vna carroza el Padre Con- 
fesor de Su Magestad y sus compañeros. Y otras carrozas de Damas y 
mugeres de Grandes, ricamente aderezadas que serian hasta doce co- 
ches, y en cada vna dellas dos y quatro señores de titulo ricamente ade- 
rezados como los de adelante. 

Con este acompañamiento y fauorecidos del buen dia que les hizo 
llegaron Sus Magestades a la Sancta Iglesia metropolitana de la Ciu- 
dad de Burgos donde estaua el Arzobispo y Nuncio, y el Cabildo, y 
Capellán Real y Capellanes de la Capilla Real y otros muchos señores 
esperando sus personas Reales, fueron con mucha música a la Capilla 
mayor adonde estaua hecho vn taltlado muy grande que tomaua toda 
la Capilla donde estaua la cortina, como suele ponerse. Sentóse el Rey 
el primero en su silla, y luego la Reyna, y luego el Principe y los In- 
fantes y Infantas en Almoadas de terciopelo. Dijo el Arzobispo la mis- 
sa, y acabada celebraron los despossorios entre el Duque de Lerma en 
nombre del christianissimo rey de Francia con la serenissima Princessa 
de España. 

El Arzobispo fue el Cura, y acabados y auiendose cantado mucho, y 
hecho muchos regocijos por los músicos se salieron todos, y se pusieron 
en sus cauallos y carrozas, como auian venido. Su Magestad honró mu- 
cho al Arzobispo porque al salir de la Iglesia, le echó los brazos, y se 
rió con el con mucho gusto mostrando el mucho que tenia en esta oca- 
sión. Bolbieron por las mismab calles por do so auian ydo que son la 
Plaza, y Cerrajería, y Saomental, las quales estaban muy ricamente 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 69 

aderezadas con grandes colgaduras de grande valor, como para seme- 
jante ocasión. 

Comió Su Magestad en público con la Reyna, y el Príncipe gustando 
muclio de que la gente le viesse, y con auer alguna licencia en las 
Puertas, entraron mas de 600 personas averíos, sin los Grandes, y de- 
mas señores que seruian ala mesa. Las Damas estañan á la mano de- 
recha, todas en pie arrimadas ala pared, y con ellas algunos señores 
hablando. El Arzobispo hecho la bendición ala messa, el qual, y el 
Nuncio, y el Embajador de Francia, y todos los Grandes estuuieron en 
pie mientras duró la comida y el de Velada, como mayordomo mayor 
estaua junto ala silla del Rey, y el de Uceda como ayo junto ala del 
Príncipe arrimados ala pared debaxo del dosel de los Reyes auia qua- 
tro músicos. Menestriles, Cantores, Vigüelas de arco, Vigüelas guitar- 
ras, Rabeles, y arpas, y cantauan algunas letras muy buenas en ala- 
banza de la Reyna que parecía cosa del cielo. 

A la tarde huuo sarao publico que fue mucho de ver, ala noche lu- 
minarias y muchas inuenciones de fuego. El sábado antes auia anido 
vna mascara de treinta y^seis caualleros todos de Burgos con ricas li- 
breas bordadas de tela de oro y con gran música corrieron delante de 
Palacio y del Embajador de Francia, y otras partes, yban en quatro 
quadrillas vestidos la vna Española, y otra francesa, y otra Alemana, 
y otra Portuguesa, y todos muy al proprio como si de las naciones di- 
chas fueran. Lunes huuo toros, y juego de cañas con capa, y gorra muy 
bien corridas, que las fiestas Reales se guardaron para la vuelta. 



IV. 



HEBREOS DE BARCELONA EN EL SIGLO IX. 

El Cali (Snp) antiquísimo, ó aljama y barrio hebreo de Barce- 
lona, estaba dentro de los muros romanos; y adherido á ellos en- 
tre las puertas del Oeste y del Norte, dominaba la rarribla (Ü-*^) 
del Monjuí (monte judaico). Esto explica la acción que apuntan 
los Anales Bertinianos sobre el año 852: «MauriBarcinonam, ju- 
daeis prodentihus ., capiunt; interfcctisque pene ómnibus chri- 
stianis et urbe vastata, impune redeunt.» 



70 boletín de la real academia de la historia. 

Del mismo siglo y del imperio de Garlos el Calvo (25 Diciembre 
875-6 Octubre 877), cuando fué consagrado Frodoino obispo de 
Barcelona y reparaba su Catedral, es el diploma que trac el Liher 
cartarum Sedis Barchinonensis (1), y mal copió Diago de quien 
pasó á Florez (2). El original dice así: 

(íLiftere sunt karoli regís /rancie, qui laudavit fidelítatem harclúnonen- 
sium civiiim et niisit pecuniam acl reficiendam ccdesiani. 

In nomine sánete et individué trinitatis karolus eiusdem dei omnipo- 
tentis in ecclesia imperator augustus. Ómnibus barcliiuonensibus , pecu- 
liaribus nostris, salutem. 

Sciatis quoniam superno muñere congrua prosperitate valemus. Apud 
vos quoque ut et id ipsum maueat valde desideramus. Plurimas autem 
vobis grates referinuis, eo quod in nostram fidelitatem semper omnimodis 
tenditis. Venit denique Judas hebreus, fidelis uoster, ad nos; et de vestra 
fldelitate multa nobis designavit; unde vestre fidelitati condignam remu- 
nerationem et decens premium referre parati sumus. De nostre igitur fide- 
litatis assiduitate nuUomodo retardetis; set in ea, prout melius scitis et 
potestis , in ómnibus tendentes permaneatis, sicuti bactenus f actum habé 
tis. Válete et sciatis vos quia per fldelem meum Juda cot (3) dirigo ad fro- 
doynum episcopum libras X de argento ad suam ecclesiam reparare. > 

Tal vez Jada el catalán fué platero ú orífice. En otra escritura 
(462) del Líber cartarum, fechada en el año 1073, suena « Bonus 
ysaach, cuius pater dudum vocitatus fuit Bonus Ysaach, cuius 
pater nuncupatus fuit ioseph aurifex.» Con éste se ilustra el 
texto de la inscripción leonesa del año 1100 (4), donde aparece 
^lliM WJ p =1D1i José, ¡lijo del platero Aziz. 

Fidel Fita. 

Madrid, 1 Enero 1881. 



(1) Folio IX, escritura Ki. Códice manuscrito do la primera mitad del siplo xui. 
Existe manuscrito en el archiTO capitular de la Catedral, y allí lo acabo de Tcr. 

(2) Espa'ia Sagrada., t. xxix (2." edición), pág-. lM.5. 

(3) De la Marca gótica, catalán, godo, 'C'p' ^~^» ^n contraposición de francés. 
En el nombre de Cataluña persiste «'"Bonido árabe de la Gotia, ó Gothland de los reyes 
de Francia. 

(1) Boletín, t. ii , páy. 20o. 



MOVIMIENTO DEL PERSONAL ACADÉMICO 

DURANTK EL SEGUNDO SEMESTRE DE 1883. 



ELECCIONES. 

Señores Académicos Honorarios. 

Sr. Príncipe ÍAiis Luciano Donaparte, en Londrea. 
Sr. Antonio d'Abbadie, en Paris. 
Sr. Dr. A. H. Sayce, en Oxford. 

Correspondientes nacionales. 

Sr. D. Federico Baraibar, en Vitoria. 
Sr. D. Antonio Rubio y Lluch, en Barcelona. 
Sr. D. Rafael Bocanegra y González, en ídem. 
Sr. D. José Ramos López, en Graciada. 
Sr. D. Julián Suarez Inclán, en Madrid. 

Sr. D. Francisco Romero de Castilla y Perosso, en Alcalá de He- 
nares. 
Sr. D. Adolfo Herrera, en Cartagena. 

Correspondientes extranjeros. 

R. P. Serváis Dirks, en Saint -Trond (Bélgica). 
Sr. Dr. Godofredo Baist, en Mvnich. 
Sr. A. Germond de Lavigne, en Paris. 
R. P. Garlos Smedt, en Bruselas. 
Sr. Anatolio Bamps, en idem. 



72 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Académicos fallecidos (1). 

Correspondientes : 

Sr. D. Ramón Ortíz de Zarate, en Vitoria. 

Sr. D. Francisco Miguel y Badía, en Barcelona. 

Sr. D, Andrés Balaguer y Merino, en idem. 

Sr. D. Domingo de Porlefaix, en Córdoba. 

Sr. D. Pedro Tercero Urqiiiano, en Calahorra. 

Sr. D. Manuel Mamerto de las Heras, en Madrid. 

Sr. D. José María Escudero de la Peña, en Alcalá de Henares, el 

16 de Setiembre de 1883. 
Sr. D. Agustín Juan Maurandi, en Ma-arrón, cl 20 de Mayo 

de 1883. 
Sr. D. Zacarías Acosta y Lozano, en Madrid (2), el 10 de Abril 

de 1883. 
Sr. D. Gabino Abadía, en Panvplona. 
Sr. D. Nicolás Taboada y Leal, en Vigo. 
Sr. D. Ramón Depret, en Segovla. 
Sr. D. Hipólito Estatuet, en idem. 
Sr. D. Nicolás Sancho, en Alcahir. 
Sr. D. Paulino Álvarez Aguíñiga, en La Habana. 



(1) So anotan íilg'imos fallecidos antes (iel seg-undo semestre del año último: pero 
que no se tenía noticia de ello en la Academia. 
(2; Residió antes en Murcia. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO IV. Febrero, 1884. cuaderno ir. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS, 

Dos Académicos de número, los Excmos. Sres. D. Antonio Ro- 
mero Ortiz y D. Antonio Benavides y Navarrete, fallecieron con 
piedad cristiana en los días 18 y 23 del próximo pasado Enero. 
La Academia ha sentido ^n-andemente su pérdida y acordado 
dignos elogios y honores fnnehres á la memoria del que fué lar- 
gos años su hcnemérito Director, y del que ilustró la historia li- 
teraria de Portugal y la legislativa de Aragón. 



Por acuerdo y con apoyo del Señorío de Vizcaya se han dado 
á luz en Bilhao los «Discursos fllosóñcos sobre la lengua primi- 
tiva, ó Gramática y análisis razonada de la Euskara ó Bascuen- 
ce,» que dejó manuscritos su autor D. Pablo Pedro de Astarloa, 
y cedió al Señorío el Sr. D. Maleo de Erro. A esta obra se refiere 
á menudo Astarloa en su «Apología de la lengua bascongada.« La 
edición, salida de la imprenta de D. Pedro Velasco, consta de 
792 páginas en 4.", y va precedida de una breve Lürodiicción por 
el editor D. Pedro de Merladet. 



La Academia ha visto con agrado y pasado á informe las si- 
guientes obras, regaladas á su Biblioteca por los autores, socios 

TOMO IV. 6 



74 BOLETÍN DE LA REAL AGADEML\ DE LA HíSTOniA. 

correspondientes en el extranjero: Folk-lore du paijs Basque^ par 
Julien Yinson; Zur Diplomatik Silvesters 77, von Paul Ewald; 
Les pierres gravees de la Haute Asie: Recherches sur la glyptique 
oriéntale, par M. Joachim Menant; Al-Batalyo{(sÍ (extracto de la 
llevue desÉtudesjuives, Octubre-Diciembre de 1883), por M. Harl- 
wig Derenbourg; Codex Cortesianus (manuscrito yucateca, foto- 
grabado y explicado), por M. Léou de Rosny. También ha reci- 
bido de su ilustre socio honorario, Mr. Julio Oppert, Monografías 
que interesan al estudio de la Numismática española en razón 
del tipo ponderal babilonio. Ni menos importan al estudio del 
vascuence la obra que ha dado á luz (1) el académico honoraiio 
Mr. Sayce. con el título The cuneiform inscriptions of Van deci- 
phered and translated. La lengua ibérica oriental ó georgiana, tal 
como se hablaba nueve siglos antes de Jesucristo en la región 
caucásica, se ha descubierto por medio de numerosas inscripcio- 
nes talladas en la piedra con caracteres cuneiformes por los mo- 
narcas indígenas del lago de Van. Su estudio comparativo ofrece 
nuevos y cuantiosos datos acerca de las emigraciones hacia el oc- 
cidente de Europa, determinadas por la invasión de la raza arya, 
que al abrirse dichos epígrafes no había todavía sojuzgado la 
Armenia. 



La Academia acordó insertar en su tomo dé Memorias que está 
imprimiéndose, la del Sr. Fernández Duro, que tiene por objeto 
documentar con amplitud la biografía del célebre Duque do Al- 
burquerque, y vindicar su honroso comportamiento en la batalla 
deRocroi (19 Mayo, 1643). 



El Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer ha hecho presente á la Aca- 
demia del tomo iv de su historia de los Trovadores (2." edición); 
Barcelona, 1883. 



El catálogo de obras y objetos recibidos, que debía enriquecer 
este número del Boletín, saldrá en el mes de Julio, á fin de no 
retrasar otras publicaciones más perentorias. 

(1) Journal of the Royal Society of Great Britaiu and Irelund, voL xiv, part. '3, í. 



INFORMES. 



CORTES DE BARCELONA (10 MARZO, 1131). TEXTO INÉDITO. 



Asistieron á ellas San Olaguer, arzobispo de Tarragona (1118- 
1137], Ramón Gaufredo, obispo de Tich (1109-114G), Bcrenguer 
Dalmau, obispo de Gerona (1114-1147), abades y magnates en 
grandísimo número, presidiéndolas el Conde de Barcelona Don 
Ramón Berenguer III (1) con su bijo Raimundo, asociado desde 
la infancia al gobierno supremo (2). Celebráronse con toda so- 
lemnidad en el palacio condal de Barcelona el día 10 de Marzo 
del año de la Encarnación 1130, que corresponde al 1131 de la 
<ira vulgar. Así lo testifica el ejemplar original, que vio y copió 
Yillanueva en el archivo del monasterio benedictino de San Pe- 
dro de Roda, cuyas ruinas mirando al mar descuellan ahora 
tristemente sobre el cabo de Creus, mezcladas acaso con las del 
templo antiquísimo de Venus Pirenéa. Recordáis á este propó- 
sito lo que escribió el sabio autor del Viaje literario (3) : «A este 
mismo año 1130 (de la Encarnación) , pertenece la Junta de con- 
des y obispos en Barcelona, que Florez adelantó al 1125. Al año 
que digo lo pone el original que vi en San Pedro de Roda, donde 
lo copié para mi colección. Y es de notar, que las palabras que 



(1) Falleció á lít de Julio de 1131. 

(•2) BofaruU, Los Condes de Barcelona vindicados, t. ii., pág-. 1C3; Barcelona, 1835. 

(3) VI, 227. 



76 boletín de la real academl\ de la historla. 

Florez copió para honrar la Sede de Vique ( I ) , en el mió hon- 
ran la de Barcelona. Y es que debieron escribirse varios ejem- 
plares, según la variedad de los obispos que asistieron; á cada 
uno de los cuales en su distrito hicieron juez de los malhecho- 
res que allí se quisieron castigar.» 

Desgraciadamente no he podido hallar el ejemplar original 
que manejó Villanueva, ni la copia que de él sacó. Diez años ha, 
me [detuve en las poblaciones de Llansá y de Figueras, donde 
quedan restos del archivo de San Pedro de Roda, que examiné. La 
pesquisa fué en balde. Tampoco nuestra Real Academia posee, 
ni recibió el traslado en cuestión entre los documentos y papeles 
correspondientes al viaje literario á las iglesias de España del 
P. Fr. Jayme Villamteva ^ que había heredado el presbítero Don 
Ignacio Herrera y nos entregó D. Miguel Aparici y Ortiz en vir- 
tud de real orden expedida por el Ministerio de Fomento (2). En 
el tomo XV del Viaje, pág. 36-56, discurre largamente el autor so- 
bre el ai-chivo de aquel monasterio; pero del documento que bus- 
camos, con ser de tanta importancia como lo dejó advertido en el 
tomo VI, ni siquiera hace mención. ¿Por qué? ¿Se le habría ex- 
traviado la copia? Así lo pienso. 

Forzoso me ha sido, pues, si había de recobrar el texto, acudir 
á la fuente única, que vio, mas no publicó Diago. En el archivo,. 
dice (3), de la Catedral de Barcelona , en el primer libro de las 



(1) «Establecieron la inmunidad de las iglesias por sus treinta pasos con pena de 
COO ¡sueldos y excomunión contra los violadores: y liaj* la especialidad de señalar por 
jueces sobre la materia al obispo Diocesano, ó la Sede de Vique en caso de inobedien- 
cia: Si auteni il!i pftpdones , ant f tires prtecejito Fpiscopi ant Canonicormn Vicensis Seáis-- 
Jnslitiam faceré noluerint, aut distiilerint, tune auctoritate pradictíc Sedis Episcopi et 

Canonicorum, haheatur illa Ecclesia absque mnnitione. Alargaron la inmunidad á los 
clérigos monjes y monjas, que no lleven armas, y á los bienes de sus comunidades, 
prohibiendo hurtos, incendios ó hacer mal á las caballerías del viajante, de! que va 
al molino, del que labra los campos; y el Conde con su hijo, y los señores dejaron 
en mano de los prelados lo que pretendían sobre las iglesias, cementerios y rentas, 
según consta en el libro i de las Antigüedades del Cabildo de Barcelona, citado por 
Diago; donde prueba que esto no fué en el año 1115, allí escrito, ni en el de 1135 sino- 
en el de 1125.» EspaTia Sagrada, t. xxm, pág. 197 y IS'íí. 

(2) Noticia de las actas de la Real Academia de la Historia leida en Junta pública del 
1 de Junio de 18C8 por D. Pedro Sabaí', académico de número y secretario: Madrid , 18C8,. 
P-'igina 7. ' 

(3) Historia de los victoriosísimos Condes de Barcelona; Barcelona, 1GÜ3, fol. ISn. 



CORTES DE BARCELONA. 77 

Antigüedades, fol. cv (1), donde vi todo esto ^ se Italia que fué ello 
■ordenado en diez de Marzo de mil ciento y quinze. No le ñiltó á 
Diago cierta dosis de sano criterio: rechazó la fecha del año pro- 
puesta ó viciada por el códice manuscrito; sentó que la genuina 
■dehe colocarse entre el principio del arzobispado de San Olaguer 
(1118) y la muerte del Conde D. Ramón Berenguer iii (11311; 
imaginó que el error del número xv dimanaba de la omisión de 
una x; y conociendo perfectamente el estilo catalán de calendar 
los años de la Encarnación añadió: «moxxv, ó por mejor dezir, 
sejjún los años de aova, que son los del nacimiento de Christo el 
de veijnte y seys, siendo verdad, como lo es, que las Cortes se ce- 
lebraron en diez de Marco del dicho año de la Encarnación de 
Christo.» 

No es cierto , ni es verdad , que las Cortes se celebrasen el año 
1125 de la Encarnación. ¿Pues qué? Por ventura ¿no puede el 
amanuense del Códice mudar una cifra por otra, tan bien como 
suprimirla? 

La afirmación de Diago, que acogió sin examen Feliu, ha sido 
perjudicial al catálogo de Cortes, trazado é impreso por nuestra 
Real Academia (2): 

«1125. Feliu, Anales de Cataluña, tomo i, pág. 333, dice que en estas 
Cortes se dio forma al gobierno, y se mandaron devolver á la Iglesia los 
bienes usurpados por los seglares.» 

Acogióla asimismo Florez; é hizo arma de ella para reducir á 
límites de tiempo escasísimos el viaje de San Olaguer á Levante. 
Citaré sus palabras (3): 

«Tratáronle con honor los prelados del Oriente, en especial el obispo de 
Trípoli y el patriarca de Antioquia; y (el biógrafo del Santo) dice que vol- 
vió á Barcelona en el año :\[cxx[i; pero debe leerse xxv, como prueba lo re- 
ferido hasta aquí (4). Entonces, añade, compuso muchas disensiones, y se 
dedicó á obras pías y útiles al público, recobrando para su iglesia de Barce- 



(1) En realidad es ex. 

(2) Colección de Cortes de los antigvos reinos de España. Catálogo, pág. 133; Ma- 
drid, 1855. 

(3) Bsp. Sagr., t. xx:x (2.* edición), páginas 265 y 266. 

(4) Escrituras flrmadaspor San Olaguer, del 24 de Abril de 1123 y 9 Julio 1121. 



78 boletín de la real academia de la historia. 

lona la décima de la moneda, y moviendo al Conde á buenas leyes y concor- 
dia con los genoveses. De esto hay las pruebas siguientes: 

Arnaldo Guillen tenía usurpados los diezmos de San Saturnino de Collsa- 
ladell, pero el santo le obligó á volverlos en 7 de Noviembre del año 18 del 
Rey Luís, que fué el año 11 25 de Cristo; y así sabemos que había vuelto á 
Cataluña en aquel año. 

Pero otra escritura anticipa meses, refiriendo en 6 de los idus de Marzo 
la gran Junta de prelados y señores tenida en el palacio de Barcelona, con 
asistencia del santo arzobispo, de los prelados R. de Viquey B. de Gerona^ 
según prevenimos en el tomo precedente de Vique sobre el año 112o, y do 
ella trata Diago sobre aquel año (I), Las iglesias lograron muchas ventajas 
en sus bienes é inmunidades, lo que sin duda provendría de la eficaz inter- 
vención y valimiento de San Olegario, que como refiere aquel autor, iutluyó 
también en componer las diferencias que había entre el Conde de Barcelona 
y la república de Genova. 

Otra escritura del libro i de Antigüedades, folio 200, nombra al santo con- 
firmando la donación que el deán Arnal hizo al sepulcro de Santa Eulalia, 
dotando una lámpara para siempre. Fecha en 13 de Febrero, an. Incarna- 
iionis Domini mcxxv, sin año del Rey; según cuyos documentos no gastó el 
santo en el viaje á Jerusalen más que el tiempo preciso, para menor ausen- 
cia de su iglesia.» 



Ni esta üllima escritura, ni mucho menos, la de las Cortes an- 
ticipan meses al 7 de Noviembre de 1125 para el regreso de San 
Olaguer desde Jerusíilón á Barcelona; pues, como llevo dicho y 
no negaréis, el año de la Encarnación, usado en Cataluña y eii 
toda España, anda una unidad rezagado del nuestro común, ó 
vulgar, desde el dia 1,' de Enero, y no le alcanza hasta el 25 de 
Marzo. 

Sobre la cuestión i¡ue nos ocupa, nadie (que yo sepa), á excep- 
ción de Vilianueva, ha hecho adelantar un solo paso á la critica. 
Peor que eso, Florez la empujó hacia ativis tomando de Diago lo 
malo, y suprimiendo en parte lo bueno. 

Si tuviésemos á nuestra disposición el ejemplar original que 
poseían los monjes de San Pedro de Roda , esto nos bastaría. 
para dirimir la contienda. ¿Cómo no preferirlo a una copia escrita 
más de un siglo después y que lleva en su propia frente, ó en la 
fecha que señala, el torpe rastro de amanuense imperito? 



(4) Diago, seg-ún se ha visto, entieniJe que elaño en cuestión es el 112G de la era vul- 
gar, ó 1125 de la Encarnación, á 10 de Marzo. No debía callarlo Florez. 



CORTES di: RAKCELONA. /9 

El códice, que Di¿igo y Florcz llarnau TAhro I de las Juligüedct' 
des y lie compulsado no lia muchos días alentamenle, es un enor- 
me Cartulario de pergamino en folio mayor, rayado á punziui 
y á dos columnas, encuadernado con planchas de madera, forra- 
das de cuero rojo y asitlas por abrazaderas de cobre. En el dorso 
brilla dorada la inscripción: LÍBER I ANTÍQVITATVM. Con- 
tiene más de ochocientas páginas, donde se desarrollan 1.131 do- 
cumentos, 6 escrituras de un mismo carácter paleográfico, que 
alcanzan hasta mediados del siglo xiii, si bien están numeradas 
de cifra moderna al margen. El verdadero título de todo el Có- 
dice viene expresado por la rúbrica inicial: «Incipit liber carta- 
rum sedisharchinonensis, primo continens privilegia regum fran- 
corum. Secundario, privilegia barchinonensium comituin et prin- 
cipum. Tercio, privilegia romanornm pontificum et decreta. Quar- 
to, comissiones. Deinde continet cartas et testamenta donacio- 
num, venditionum, commutationum, laxationum, impignoratio- 
num, infra muros et extra, et de territorio. Postea de parochiis (1) 
per ordinem.» 

El documento que buscamos, aparece registrado en e\ folio 105^ 
escritura 256. Lo transcribo, marcando entre iniciales, ó por vía 
de nota, las correcciones oportunas. Para mayor claridad y dis- 
tinción numero las leyes ó capítulos. 

« Hec sunt securitates ecclesiarum, clericorum, 
monachorum et feriarum, mercatorum , aratorum, 
constitute ab episcopis et comité (2). » 

Annodominiceincarnationis C.° xv° [corríjase xxx^] post M, vi 
idus marcii, convenerunt O. tarragonensis archiepiscopus, et 
R. Ausonensis et B. gerundensis episcopi, et abbates terre, et, 
magnates quamplurimi, in palatio barchinoncnsi in presencia 
domni Raimundi barchinonensis comitis et marchionis (3), et filii 
eius Raimundi, ad tractandum de comuni utilitate ipsius terre. 

1. Constituerunt namque predicti episcopi cum ceteris mag- 



(1) Esta parte de las parroquias llena otros tres volúmenes. 
(2J Epígrafe de tinta encarnada. 
(3) Marqués de Provenza. 



80 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

iiatibus ut ab ipsa die et deinceps ullus utriusrjue sexus eccle- 
siam, aut mansiones que in circuita ecclesie sunt aut erunt, us- 
que ad. xxx. passus non invadat, aut infringat, iiisi episcopi aut 
canonici, quibus illa ecclesia subiecta fuerit, propter suum cen- 
suní aut propter hominem bine eicienduní excommunicatum, 
Ecclesias autcm illas in bac defensione non posuerunt, in quibus 
castella constructa sunt. Eas vero ecclesias, in quibus raptores 
vel fures predaní vel furto (1) congregaverint, vel malefaciendo 
exierint, aut illic redierint, tam diu salvas esse jubemus doñee 
querimonia raale facti aut proprium episcopura aut ad sedem 
[vicensem (íj] prius perveniat. Si autem illi predones aut fures 
precepto episcopi et canonicarum [viccnsis] sedis justitiam faceré 
noluerint aut distulerint, tune auctoritate prcdicte sedis episcopi 
et canonicorum habeatur illa ecclesia absque [imjmunitione. Ule 
autem homo, qui aliter ecclesiam invaserit, aut que in circuitu 
eius sunt usque ad xxx* passus irruperit, summam sexcentorum 
solidorum pro sacrilegii compositione emendet, et tam diu ex- 
communicetur quousque digne satisfaciat. Siquis tamen intra ip- 
suní cimiterium alodium proprium habuerit, et eo pacto illud ec- 
clesie dederit ut habeat inde ecclesia annuum censuní pro salvi- 
tate in qua cpiscopus eum posuit resérvala sibi proprietate, pote- 
rit ipse homo in ipso suo alodio distringere hominem suum vel 
feminam de sua iuslilia, cum opus fuerit. 

2. ítem placuit ut clericos qui arma non portaverint, aut 
monachos seu sanctimoniales, sive celeras mulleres aut eos qui 
cura eis ierint aut fuerint, si arma non tulerint, ullus homo non 
invadat nec aliquam eis injuriara faceré presumat. Gomunia vero 
canonicorum vel monachorum ullus homo non infringat, aut 
inde non ali(]uid diripiat. 

3. Similiter confirmavcrunt predicli episcopi et principes ut 
ullus homo in islo episcopatu predam non faciat de equabus vel 
pullis earum; et ut omnes negociadores, qui causa mercandi 



(1) Mantengo el solecismo. Furto es palabra técnica del idioma legislativo que se 
introduce en el texto latino con tanta propiedad como aguayt, aliscara, engan, ttvaga, 
en el Código de los Usajes de Barcelona. 

(2) En el original de San Pedro de '?oda <íbarchinonensem;» y más abajo <^<barchino- 
nensis.» 



CORTES DE BARCELONA. 81 

vaduut per terram vel ad forura, et omnos qui vaJiint ad moleii- 
dinum causa molendi, cum ómnibus suis rebus in hac pacis 
securitate cum ipsis bestiis et houoribus suis constiluerunt. 
Boves autem et omncs alias bestias aregas cum loto suo apere et 
cum ipso aratore , qui inde araverit, vel pascuis cas duxcrit, 
vel custodierit, cum ipso sementé (1), iu eadem pace nichilomi- 
nus posuerunt. 

4. Nullus liomo audeat incendere domum vel res alterius, 
nisi sicut sci'iptnm est pro necessitate iusticie cum consilio ipsius 
episcopi. Quod si aliter presumpserit, sententiam , que super boc 
a romano pontifica (2) promúlgala est, subeat; et doñee boc 
facial, sit excommunicatus et abhominatus ab ómnibus fidelibus. 

5. Quicunque hanc pacem quam prediximus infregerit, et 
lili cui eam infregerit infra. xv. dies in simplum non emendave- 
rit; si dies. xv. transierint, in duplo componat. Quam duplatio- 
nem habeat episcopus ipse qui eam redirigere fecerit. 

6. Predictus quoque venerabilis comes cum filio suo Rai- 
mundo cum consensu et aclamatione magnatum et nobilium 
virorum , ipsi et omnes qui in ecclesiis aliquid requirebant 
dimiserunt in potestate archiepiscopi et predictorum episcoporum 
omnes ecclesias cum alodiis et oblalionibus et defunctionibus 
suis, que modo habent, vel habere debent, vel in antea eis iuste 
coQcessa fuerint; clericos quoque et eorura bona et capellanias 
et omnem donationem ecclesiarum , ut ipse archiepiscopus et 
episcopi babean t ea omnia libere et disponan t ea in beneplácito 
suo secundum cañones ad honorem Dei et ipsius ecclesie. Gimi- 
teria quoque dimiserunt eis libera, excepto hoc quod supra scrip- 
tum est, si forte aliquis habuerit ibi alodium suum proprium, 
quod non erit in ipsa salvitate nisi annuum censum ipsi red- 
dierit (3) ecclesie. In parte autem decimarum , quam ecclesie 
habent, ipsi clerici ponan t homines suos, qui requirant et acci- 
piant ipsam partem liberam ad opus ecclesie, sicut et decimarum 
laicorum accipiunt suas. Pro illis autem decimis , quas laici 



(1) El ms. añade «qui». 

(2) Inocencio II. 

(3) En lugar de «reddiderit»*. 



o2 boletín de la real academia de la historia. 

adhuc sibi relinent, faci¿int ómnibus per. sxx. dies super sarra- 
cenos quecunque suus episcopus eis mandaverit. 

7. Si clericus tenuerit aliqua alodia scrvicialia a laico, et 
ipse laicus voluerit ainicabiliter dimittere, habeat ea; sin autem, 
recuperet sibi, dummodo ut laica persona nullatenus habeat 
aliquam dominationem super ecclesiaslicam personara vel cctera 
bona eiüs. 

Hasta aquí el Cartulario. Su lipo dimanó de un ejemplar pro- 
cedente de la diócesis de Vich, como lo pruelja el primer artículo 
de las Cortes; y por curiosa coincidencia el original que vio Yí- 
llanueva en San Pedro de Roda, monasterio enclavado en la 
diócesis de Gerona, pasó allá desde Barcelona. 

Todas las leyes, ó Constituciones, son eco vivo y claro espejo 
de dos concilios á los que asistió San Olaguer: el primer ecumé- 
nico de Letrán (27 Marzo 1123), que reunió Calixto II; y el de 
Clcrmont (18 Noviembre 1130) presidido por Inocencio II , cuyo 
canon xni no figura en el de Letrán y le fué añadido. 

Este canon célebre (1), que las Cortes mandaron guardar y 
cumplir fsententiam , qicae super hoc a romano pontífice promid- 
<jata est, suheatj decide completamente nuestra cuestión cronoló- 
gica. Propuesto asimismo en los concilios de Reims (18 Octu- 
bre 1131) y ir ecuménico de Letrán (8 Abril 1 139) se insertó por 
el provincial de Lérida (6 Febrero 1173) en los siguientes tér- 
minos: 

«Horrendam quidem incendii malitiatn , taraquam pestem prae caeteris 
depopulatricetn, et Dei populo damnosam , et uon 6olum corporibua sed 
aniíiiabus perniciosam, auctoritate Dei et beatorum.apostoloruin Petri et 
Pauli orunino detestamur et interdiciraus. Quisquís igitur post prohibitionis 
iiostrae promulgationem malo studio, sive pro odio sive pro vindicta, ignera 
apposuerit, vel apponi ftcerit, vel appositoribus consiliuiu et auxilium 
scienter tribuerit, excornniunicationi subiaceat, doñee damnum ei cui 
intulerit eecundum facultatem suam resarcierit, et tale scelus nequáquam 
86 perpetraturuní iuraverit; alioquia, si mortuus fuerit, ecclesiastica sepul- 
tura careat. Poenitentia ei detur a Jerosolymis; vel in Hispanias (2) in 

(1) Tejada, Colección, de cánones y de todos los concilios de las Iglesias de España,, 
tomo III, pá^'. 28t;. Madrid, 1801.— Sainz de Baranda, España Sagrada, t, xi.viii, 
piií,-. 30"J. Madrid, 18'!2. 

(2) Ocupadas jtor los sarracenos. 



CORTES DE BARCIÍLONA. 83 

servitio Dei per annura integrum serviat. S¡ quis episcopus hoc relaxavent, 
damnum restituat et per annuru ab oíTicia pontificali se abstincat. Sane 
regibus et principibus faciendae justitiae , consultis archiepiscopis et 
episcopis, facultatem non denegaiuue.» 

La fecha de las Corles no es dudosa. El día íO de Marzo, poste- 
rior al del concilio de Glermont (18 Noviembre 1130), y anterior 
al del fallecimiento del Conde D. Ramón Berenger III (19 Julio 
1131), no puede convenir sin'o al año designado por el ejemplar 
de San Pedro de Roda, el cual por lo visto, era autentico. 

El carácter legislativo de tan notable Asamblea, su tiempo apro- 
ximado y la gran parte que en ella cupo á San Olaguer, son cir- 
cunstancias que menciona expresamente (1) la Biografía del 
Santo escrita en 1324 y publicada por Florez. 

Cumque Cathaloniam pervenisset, coepit dirutam Tarraconensem civita- 
tem et templa reaedificare. Tune vocatus a Calixto adiit Lateranense conci- 
lium, in quo multa consilia praeetitit salutaria et ad erigendas sacras san- 
ctiones. Cumque tantam esset Pontifex intuitussapientiam, in Hispaniarum 
regnis suum a latere constituit legatum. Cumque Legati officio fungeretur, 
adstitit Comiti Dertosara et Ilerdam oppugnanti; quid vero in illis praeliis 
prüficeret, militiam consolando et sacramentaliter ¡líos confitendo, dixitbel- 
li fortunatus eventus et militantium ablali abusas. Ejus autem adventas 
ínter Berengarium Guillelmum et Capitulum Barchinonense pacera pepe- 
rit (2\ dura a bello revertitur, Post haec Jerosolymara, Urbani pontificis 
auxilio restauratam, et locasantta invisendi amere accenditur; sicque, Bar- 
cbinona relicta, illuc proficiscitur: uta solisortu usque ad occasum magna- 
lia Oldegarii annut-ciarentur, et per extrema terrae verbum resonaret illius. 
Ivit, locaque sancta invisit lacrymabiliter, et ad reaedificandum divinum 
templum animarum multum profecit. Magno cura honore ab ómnibus fuit 
reoeptus episcopis, a patriarcha praesertim Antiocheno, cum quo aliquos 
conversatus est dies. Postea vero a Tripolensi episcopo magni habitus, Bár- 
chinonam revertitur anno mcxxu [^corr. mcxxv]; ubi multas sedavit contro- 
versias et pia loca construxit; et suo consilio decima monetae restituía est 
Ecclesiae Barchiuonensi (3) ; et leges sánelas curavit Comilem per genérale 
Consilium er¿gere.y> 

Las Cortes (genérale Consilium) no se inspiraron solamente de 
lo decretado fuera de España por los Papas Calixto II é Inocen- 



(1) ^íí;.^í7^í-., XXIX, -198. 

(2) Por sentencia del 9 de Julio, 1124. 

(3) En 1131. 



84 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cío II. Alma de ellas, San Olaguer había hecho, un año antes, 
oir su voz en el concilio de Garrión de los Condes (4 Febrero 
1130), cuya parte principal ó leader fué, como cuenta la Historia 
Compostelana (1). Nada nos falta en este concilio de Garrión para 
que podamos llamarle nacional y Gortes del Reino (2): «In Kar- 
rionensi concilio a Romanae Sedis Legato Gardinali presbytero 
Domno Humberto, archiepiscopis, episcopis atque abbatibus His- 
paniae in unum convocatis, Adefonso etiam Hispaniaruin rege et 
multis comitibus aliisque potestatibus praesentibus.» Legislaron, 
como las de Falencia (1129), en virtud de facultades atributivas 
al poder real (3): «Qui falsam monetam fecerint excommunicentur, 
et a Rege eíTosionem oculorum patiantur.» Mas como quiera que 
por su tenor y espíritu no puedan menos de asemejarse á las de 
Barcelona, casi coetáneas; todavía entre aquellas y estas media y 
se deja sentir cierta distancia. Estas son posteriores y aquellas 
anteriores al dia (18 Noviembre 1130), en que Inocencio II desde 
Clermont, y de acuerdo con San Olaguer (4), lanzaba contra los 
incendiarios el rayo del anatema. 

Fidel Fita. 

Madrid 4 de Enero de 1884. 



(1) ''<Postridie res Adefonsus et ipse Compostellanus cuna Romano Gardinali et Le- 
gato et cum Tarraconensi archiepiscopo quamdam secretara domum ingressi sunt, ubi 
quid in concilio essent stabilituri etsancituri studiose providerunt et pertractaverunt. 
Quibus praevisis et pertractatis, Fratribus in unum convenientiBus, Concilium in 
monasterio santi Zoyli, II nonas Februarii, celebraverunt, in quo multa ad honorem 
et utilitatem sanctae Ecclesiae et Hispani regni pertinentia stabilierunt et conflrma- 
verunt.v Esji. Sagr. xx, 49~, 498. 

í) Ihid., 499. 

(3) Cortes de los antiguos reinos de León'y de Castilla, publicados por la Real Academia 
de la Historia; t. i, pág. 33; Madrid 18(51. 

(4) «Vocatus tándem a pontífice Inuocentio in illo inclementi saeculo, in quo prin- 
ceps Ecclesiae, Christi vicarius, in carcerem est traditus a pessimo Guillelmo Cala- 
briae duce, Leoque ferocissimus civis romanus, sub divi Anacleti nomine, Romae an- 
tipapa est factus, et sanctas invadens ecclesias raptor earum est factus qui earum 
inipie caput vocabatur{parebant et multi itali, praesertim Berengarius Siciliae Comes; 
cumque familiaris esset Rogerius, imo sanguiue sociatus Comiti nostro; et ^lioc] non 
obstante, amicilia qua semper Gotalani familiares filii Ecclesiae sanctae fuerunt, neo 
noster Comes impedivit Oldegarjum, nec pessimis illis viris voluit umquam auxilium 
praestare): convenit iste soliis Hispanus ad sanctum Claromontanum concilium; quem 
gratitudinis causa et gratanfer rece|Jit eum Innocentius et honoribus cumulatum di- 
mibit.y Esp. Sagr., xxix, 498-499. Cf. xx, 509-522. 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 85 



n. 



CüDIOÜ DE LOS USAJES DE BARCELONA. 
ESTUDIO CRÍTICO. 



Antiquiores Bardiinonensmm leges, qxias vrdgus Usaticos ap- 
pellat: T¿il es el título que dieron á este Código consuetudinario, 
el más antiguo de Occidente (1), los célebres jurisconsultos Jaime 
de Montjuich, Jaime y Guillermo de A'allseca y Jaime Galicio, 
cuya edición, nutrida de copiosos comentarios, se publicó en 
Barcelona el 7 de Abril de 1544, en el establecimiento tipográfico 
del impresor provenzal Garlos Amorós, á expensas de Rafael 
Dauder y Jaime Laceras, libreros de Barcelona. Los eruditos y 
voluminosos comentarios del insigne Jaime Marquilles, el fa- 
moso jurisconsulto barcelonés, vicecanciller del Rey D. Martín, 
el Humano, habían visto la luz treinta y nueve años antes en la 
magnifica edición gótica que termina con estas líneas: Insigne 
hoc atque preciarían opus, commentariura Jacohi de Marquilles 
preshyteri super Usaticis barchinone vigilante cura et diligentia 
emendahim , revisiimqiie iussu et impensis magnifici JoJiannis 
andree Riquer legum doctoris et Judiéis Regie curie et de Regio 
consilio: Impressuní harchinone per JoJiannem luschner alama- 
niim felici numini Expliciturn est. Anno domini M°. d. quinto, 
séptima die Mensis septemhris. 

Además de estas colecciones, que gozan la reputación de clási- 
cas, tanto por la escrupulosa corrección de los textos legales como 
por el gran valor jurídico de sus comentarios, he tenido ala vista 
para depurar el texto del Código varios ejemplares manuscritos 
que se conservan en el Real y General Archivo de la Corona de 



(1) Los benedictinos de la congregación de Saint-Maur, en su Art (le vérifier les da- 
tes, lo encomian diciendo que es «!a compilación sistemática íntegra de usos más anti- 
gua y auténtica que se conoce.» 



86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Aragón. Procede el uno del archivo de la Antigua Generalidad ó 
Diputación de Cataluña: y los otros de la biblioteca riquísima 
del ex-monasterio de Ripoll. 

Descuella entre lodos ellos, así por el valor y precio de su an- 
tigüedad como por la corrección del texto, el códice señalado con 
el número 38. Es de pergamino, en folio mayor, á dos columnas. 
Encabézalo una viñeta que representa al conde Ramón Beren- 
guer el Viejo, sentado en troiio de majestad, ciñendo la corona, 
empuñando con la diestra el cetro, y manteniendo con la izquier- 
da una espada, que pasando perpendicularmente por entre ambas 
rodillas se apoya en el suelo. Hácele sombra un dosel, donde 
campea el escudo de Cataluña; y al uno y al otro lado del legis- 
lador se apiñan prelados y magnates, armados estos de punta en 
blanco y más cerca del ceiro. En la viñeta, por cierto muy tosca, 
brillan los colores encarnado, azul y amarillo claro. Floreada so 
muestra la letra maijúscula capital, y de mayor tamaño que las 
dos siguientes, en tanto que las restantes iniciales del códice son 
sencillísimas. Debajo de la orla inferior de esta primera página, 
destácase de color amarillo un escudo sostenido por dos grifos 
alados, con la divisa, ó salulición angélica, repartida en tres tar- 
jas, ó cartelas: Avemaria gratia 'plena. Dominiistecum. Benedicta 
tu in mulieribus (I). 

Este códice en su origen, sólo debió conslar.de 95 folios escri- 
tos; los cuales comprenden el código de los Usajes desde el folio 1 .° 
al II vuelto. En el 12 empiezan las constituciones de paz y tregua, 
leyéndose en la parte superior de la página una nota escrita con 
letra del siglo pasado, que dice: aFins asi son continuáis J.'^s Usal- 
f/es de Barcelona, qui son los matexos que son commentais per Ja^- 
me de Monjuicli, Jaume y Guillem de Vallseca y Jaume Callicio, 
que son impresos ea un volumen ab titol de ANTIQüIORES BAR- 
ClNONENSlüM LEGES.y> En el folio 20 empiezan las Costum- 
bres llamadas de Pedro Albert, que terminan en el 32, donde so- 
breviene un tratado acerca de los desafíos, que concluye en el 35 
vuelto; siguiendo luego una copia del famoso privilegio titulado 



(l) Dalmaciode Cartellá, de cuya- noble familia es la divisa, fué abad de Ripoll á 
principios del siglo xv. 



CÓDIGO ÜE LOS USAJES DE BARCELONA. 87 

Rocognoverunt proceres; y (iiuilincute, desde ol folio 41 ;il 95, una 
serie de Gonsülucioiics de paz y tregua. 

De esle Villimo en adelante, ya desmerece mucho el códice, no- 
tándose muy marcada inferioridad en el pergamino y mayor des- 
cuido en la letra, cuyas iniciales, no obstante, están escritas con 
tinta encarnada. Al llegar al folio 117 encuéntrase una línea que 
dice: Finito libro, sit laus, rjloria^ christo.i> 

La detenida inspección de este códice, manifiesta que primero 
se escribió hasta el folio 95; pocos años después del 95 al 117 y 
posteriormente de este al 121. Van añadidas, ó interpoladas va- 
rias constituciones, que al cabo de algún tiempo debieron aña- 
dirse aprovechando los folios que habían quedado en blanco. Des- 
pués del último documento, el cual es la copia en latín, dictada 
por Fernando de Antequera en 1413, léese: aFinitolyhro syt Imts 
et gloria Christo. Amen dyco hohys.y> 

Examinado este códice atentamente, resulta pertenecer, en 
cuanto al fragmento comprendido entre el folio 1.° y el 117 al si- 
glo xiv; del folio 117 al 121 á últimos del mismo siglo y lo res- 
tante que está sin foliar al primer tercio del siglo xv. 

Muchos han sido los jurisconsultos catalanes que en diferentes 
siglos han escrito comentarios á los Usajes de Barcelona. Los más 
ilustres son: Vidal de Ganyelles, Pedro Albert y Guillermo Botet 
en el siglo xiii; Jaime de Montjuich, Jaime y Guillermo de Vall- 
seca, Narciso de San Dionís, Pedro Despens, Pedro Terré, Ber- 
nardo de Geva, Guillermo Domenech , Jaime Monells , Jaime 
Cardó, Jaime Matheu, Jaime Calvet, Raimundo de Área, Beren- 
gucr Vives y Bernardo de Montjuich, en el siglo xiv; Jaime Ca- 
llís, Guillermo Prepósito ó Despaborde, Juan de Socarráis, Bc- 
renguer de Monrabá, Tomás Mieres, Jaime Marquilles y Espera 
en Dios Cardona, en el siglo xv; Luís de Peguera, Antonio Oliva, 
Berenguer Gualbes y Jerónimo Dalmau, en el siglo xvi; Juan 
Pedro Fontanella, Felipe Vinyes, Antonio Vilaplana, en el si- 
glo xvii; Pedro Vives y Bienvenido Oliver, en el xix. 



88 BOLETÍN HE LA REAL ACADENHA DE LA HISTORL\. 

Usaje Cum Dominus. 

Constitait et misil iisaticos. 

Si se examinan las ordenaciones contenidas en el Código de los 
Usajes, échase de ver que concurrieron á su formación varios y 
muy diversos elementos, pues al paso que algunos se reducen á 
una mera sanción de los más antiguos usos y costumbres del 
territorio, otros recuerdan la jurisprudencia establecida por los 
tribunales; otros copian la legislación visigoda, aunque sea mo- 
dificándola algún tanto para atenuar su rigor, como aconteció 
con los usajes S¿ qiiis se mi^erit en agitayt, Si quis cdiquem per- 
cusserit etc.; y textualmente lo declara el titulado Judicia enrice; 
otros la legislación canónica, por ejemplo, el usaje Una quceque 
gens, copiado de los cánones Mos, Consuetudo, con su párrafo 
postrero tomado del canon Privilegia , el usaje Nnlliis iinquam 
sacado del canon Nullus, el usaje Per scripUiram^ trascripción 
del canon Priescripta, el usaje Accusatores, simple reproducción 
del canon del mismo titulo, etc.; otros, por último, recuerdan 
las prescripciones del Derecho romano, como el ya citado que 
empieza con las palabras Una quceque gens, trascrito del § 6 del 
título II, libro I de las Instituciones de Justiniano. 

Sin embargo, dióse á estas leyes el nombre de Usatges porque 
la mayor parte de ellas se habían sacado de los usos y costumbres 
del territorio. Llamáronse Usatges de Barcelona^ ya por titularse 
así el condado, ya por ser la ciudad metrópoli del mismo. 

Tanto en las leyes de orden político como en las concernientes 
al derecho civil privado se tenía muy en cuenta el elemento ju- 
rídico consuetudinario. Las antiguas Consiteludines tan frecuen- 
temente invocadas por las corporaciones políticas y administrati- 
vas y por los jurisconsultos del Principado, sacáronse casi todas 
de los Usajes; y son una aclaración de los mismos, formando por 
consiguiente un cuerpo de doctrina importantísimo para fijar la 
interpretación que se les dio en la prííctica. De ellas hay 14 ti- 
tuladas simplemente Costximhres de Cataluña y 43 tituladas: 
Costumbres generales de Cataluña entre los señores y los vasallos, 
recopiladas á mediados del siglo xiii ¡lor Pedro Albert, canónigo 



CÓDKIO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 89 

de Barcelona y sabiamente comentadas por el celebro jnriscon- 
sullo Juan Socari-ats, cuya ol)ra lleva el mismo título y es precio- 
sísimo tratado de derecho feudal. Otras nueve escribió Pedro 
Albcrt, alusivo A los casos en los cuales no estaba obligado el 
señor á devolver á su vasallo el castillo ó feudo del cual hubiese 
tomado posesión. Ignórase el origen de estas costumbres; pero es 
lo probalde que esta incertidumbrc nazca precisamente de su 
carácter especial; pues se requiere una pr¿íctica larga y asidua ;í 
la vez, una prolongada serie de hechos uniformes, una constante 
igualdad de criterio jurídico para que la costumbre, formando ju- 
risprudencia, llegue á tener fuerza legislativa en la forma que ex- 
presan las leyes si de interpretatione (37 ff. de legih.] y qxtod si 
nolit, (31, § qiiia assidna, ff. de ccdil. edict.) Y que las menciona- 
das Costumbres se hallan en este caso es indudable , desde que 
Juan II en las Cortes de Monzón de 1470 declaró que en Cata- 
luña se guarda])a estas Costumbres por observación y práctica 
antigua é inconcusa. 

Existían además otras muchas costumbres , dotadas de fuerza 
legal en varias comarcas , ciudades y villas- de Cataluña , como 
las reunidas en la famosa compilación titulada: Recognovenmt 
proceres. Estas son las primeras palabras escritas en ,el privilegio 
que Pedro el Grande otorgó á Barcelona, aprobando y sancio- 
nando sus más antiguas costumbres jurídicas, á tenor de la enu- 
meración que de ellas le hicieron los proceres ó prohombres de la 
capital del condado. 

Usaje Haec sunt usualia. 

Assencione et exclcanatione illorum terre magnat\im. 

En el tercer usaje, que es el titulado Cum Dominus, se expli- 
can las razones que impulsaron á D. Ramón Berenguer el Viejo 
á hacer esta compilación; y en el siguiente, que empieza con las 
palabras Haec sunt usualia , se declara cómo el Conde y su es- 
posa Almodis dictaron estas leyes con el consentimiento y acuerdo 
de los magnates de su corte, entre los cuales sólo se contaban los 
vizcondes, valvasores, barones y otros nobles hasta los simples 
caballeros exclusive. Así lo entienden Guillermo de Vallseca y 



í)0 ijoletín de la heal academia de la historia. 

Galicio sobre este usaje, y en los titulados: Si a vicecomitihus y 
Ex Magnatihus. Y á la verdad, no parece que en aquella asam- 
blea de proceres interviniesen los prelados, ni los represeniantes 
de las comunidades religiosas, ni los síndicos de las ciudades y 
villas. Por esta razón, ya hizo notar Vallseca en sus comentarios 
al usaje Judicium in Curia datum, que hablando con propiedad 
no puede decirse que hubiese entonces Cortes catalanas. Sin 
embargo, claro está que ese aristocrcático Parlamento fué el pre- 
cedente histórico, el esbozo y el fundamento de la grande insti- 
tución política, que, más adelante, debía tener una influencia 
trascendentalísima en los asuntos políticos y en el carácter jurí- 
dico y social del antiguo Principado. En el proemio de la cons- 
lilución de Paz y Tregua titulada: De las divináis, dictada por 
Alfonso I el Casto, cu Fontdaldara, en 1173, léese que el monarca 
tuvo allí consejo y deliberación con varios y muy distinguidos 
representantes del brazo militar y eclesiástico. En 1218, Jaime 
el Conquistador dictó en Yilafranca otra constitución de Paz y 
Tregua, que empieza con las palabras: Á honor de Deu omnipo- 
tent; de cuyo texto resulla que se formó con deliberación y con- 
sejo de varios magnates que allí se citan «y de muchos otros no- 
bles de Aragón y Cataluña y de ciudades y villas. » Desde 
entonces siempre estuvo representado el brazo real ó popular en 
las asambleas políticas de Cataluña; pues cesó la ficción legal 
que atrilmía al Trono la representación de las villas y ciudades 
de realengo, y que no quedó subsistente sino para las que se 
hallaban sujetas al dominio feudal, por cuanto éste era el que 
confería á sus respectivos señores jurisdiccionales el derecho á 
sentarse en los escaños de la Asamblea. Finalmente, Pedro el 
Grande, hijo é inmediato sucesor de Jaime I, otorgó solemne- 
mente á sus pueblos el derecho de asistir á las Cortes y tomar 
parte en sus deliberaciones y acuerdos, dictando en las de Bar- 
celona de 1283 la famosa Constitución Uxa vedada lo any; con la 
que se obligó por sí y por sus sucesores á celebrar una vez al 
año en Cataluña Cortes generales, en las cuales con asistencia de 
los prelados, religiosos, baj'ones, caballeros, ciudadanos y hom- 
bres de villax. debía tratarse del buen estado y reformarion de la 
tierra. 



CÜDUiO DE LOS USAJKS DE BAHCELONA. 91 

Eli la remota época délos Usajes no se había fijado aún ninguna 
forma de legislación ni cuándo debían reunirse los representan- 
tes de la nación para tratar con el Trono de los altos intereses 
■confiados á su poder soberano. 

Usaje Cives autem. 

Cives autem et hurgenses. 

Entendíase por ciudadano, según el derecho foral de Cataluña, 
cil que había nacido en la misma ciudad, con la particularidad 
de que el que hal)ía nacido fuera de ella, do padres barceloneses, 
se consideraba también ciudadano de Barcelona. Si una mujer 
del cani[)0 alumbraba en esta ciudad y bautizaba en ella á su 
hijo, este no disfrutaba por ello de la consideración y prerogati- 
vas de ciudadano, mientras que el forastero que entraba en un 
convento situado intra-muros se hacía ciudadano por adopción. 
Llamábase propiamente de este modo á los que habitaban siem- 
pre la misma ciudad; y burgueses, de la voz latina hurgus, á los 
que moraban en los ai-rabales inmediatos á la misma, llevando 
vida militar y honorable. Estos gozaban de los mismos privile- 
gios que los primeros. Por el derecho de los Usajes el ciudadano 
se diferenciaba del caballero en que no podía tener feudo; pero 
érale lícito entrar en la milicia, sin que por esto perdiese sus 
derechos y prerogativas de ciudadano, con tal que no tuviese 
arriba de 30 años y que se hallase con vigor bastante para ir á 
iiuestes y cabalgadas, conforme lo previene el usaje Miles. 

Es sabido que entre estos ciudadanos había algunos que se de- 
signaban con el especial epíteto de honrados.'En su acepción propia 
y característica el ciudadano honrado, civis honoratus, era el que 
poseía honores, es decir, no precisamente distinciones nobilia- 
rias, sino propiedades inmuebles , como lo definía el derecho 
feudal. Eran los hijos del trabajo intelectual, industrioso y lu- 
crativo, que no habiendo podido ennoblecerse por causa de la 
misma profesión en la cual se habían señalado, se distinguían 
por su opulencia, á título de propietarios, tanto ó m.ás que los 
hombres de ilustre prosapia, pero sin escudo de armas ni ascen- 
dencia militar. 



92 boletín de la. real acade.ml\ de la historia. 

Todos los ciudadanos y burgueses se dividían en tres órdenes:- 
los mayores, que eran los que no ejercían artes mecánicas, sien- 
do por este motivo los más estimados; los medianos, que eran los 
que vivian dedicados al comercio, y los menores, que eran los 
menestrales. Pues bien, los mayores eran los que tenían el tí- 
tulo de honrados, extensivo también á los burgueses de las villas. 
Las diferencias que había entre ellos locante á sus prerogativas^ 
procedían naturalmente de las que pudiese haber éntrelos varios 
privilegios concedidos á las respectivas localidades. Por lo demás, 
no existía entre ellos distinción ni privilegio de ninguna clase,, 
gozando todos por igual, no solamente de los privilegios milita- 
res contenidos en los usajes, menos el de votar en las Cortes con 
el brazo militar, sino también- de los que más adelante les fueron 
concediendo los príncipes, para lo cual les bastaba tener su do- 
micilio en la población á cuyas exenciones ó prerogativas preten- 
dían tener derecho. 

Usaje De rustico interfecto. 

RllStiCKS. 

Los villanos se llamaban así porque vivían adscritos á la villa 
ó predio rústico, sujetos á una condición vil y servil, y entrando- 
en el comercio como parte integrante del fundo. Del mismo modo- 
so habían formado las palabras rusticus y page)isis de las voces 
latinas mts y pagus, así como de campo se dijo campesino y de 
aldea aldeano. Alarias eran sus clases, y su condición, más ó me- 
nos dura según los lugares. Llamábanse en Galaluña liomhres de 
remensa, de la voz rcdimentia con la cual se designaba en el bajo 
latín de la época un tributo anual que pagaban los hombres de- 
condición inferior á los poderosos por la tutela y protección que- 
les otorgaban. El hombre libre podía constituirse adscripticio por 
estipulación prestando homenaje á algún noble, el cual se com- 
prometía por su parte á ayudarle y guardarle de sus enemigos y 
en cuanto pnidiese defenderle en derecho, como es de ver en la 
Costumbre 33.^ de P. Albert. Si el padre que se constituía hom- 
bre sólido de un noble porque le dio en feudo alguna cosa y con 
la mira de que le defendiese y prolegiese era caballero, los hijos- 



CÚDIOO DE LOS rSAJKS DE BARnELONA. 93 

110 estaban obligados á prestar homenaje, ni eran hombres do 
aquel magnate, ;í menos ijue tuviesen hi heredad paterna. Si el 
padre era rústico y pertenecía á la antigua Cataluña, como se de- 
nominó míís adelante el territorio compuesto de todo el obispado 
-de Gerona y casi la mitad del de Barcelona, que era la parte de 
oriente del río Llobregat y la mayor parte del obispado de Vich, 
estaba tan estrechamente obligado ;í su señor que sus hijos eran 
hombres de éste; de manera que no podían contraer matrimonio 
ni salir de los mansos sin redimirse, teniendo les señores en el 
primer caso la cuarta parte del laudemio de esponsalicio, y en el 
segundo el derecho de exigirles por un año y un día la redención. 
Pero en la Nueva Cataluña, que era la situada al occidente del 
I.lobregat, ni los hijos de caballero ni los hijos de labrador eran 
hombres de los magnates de sus padres, sino en el caso de haber 
-aceptado la herencia feudal, pudiendo todos emigrar cuando qui- 
siesen, dejando las heredades. fCost. 35 de Albert.) 

La remensa personal y los demás titulados malos usos que de 
ella derivaron fueron totalmente abolidos por la sentencia arbi- 
tral que dictó en Guadalupe en el año 1486 el rey D. Fernando 11 
de Aragón, V de Castilla. 

Usaje Captus a curia. 

Curia, 

En Cataluña usaban los legisladores y los juristas la palabra 
■Curia en muchas y muy distintas acepciones, pues así denotaba 
el tribunal de juez ordinario, como la audiencia ó Corte suprema 
del Príncipe, ó las Cortes generales de Cataluña que nunca se de- 
signaban en plural por los documentos catalanes de aquellos 
siglos y no rara vez con el dictado de Consilium genérale. 

Por esto al comentar Montjuich, G. de Vallseca y Calicio el 
usaje jwcíicúím in curia datum dicen que la palabra Curia debe 
en él tomarse en la acepción de tribunal, significando el consejo 
de personas sabias y esclarecidas, con cuya ilustrada coopera- 
ción solía el Príncipe dictar sus sentencias, las cuales eran en 
tales casos inapelables. 



94 boletín de la HEAL ACADEMrA DE LA HISTORIA. 

Usaje Magnates. 

Magnates. 

Designábase solamente con este nombre á los vizcondes, valva- 
sores, barones y otros nobles basta los simples caballeros exclu- 
sive. Así lo declaran Guillermo de Yallseca y Galicio en los usa- 
jes Haec sunt usiialia^ Si a Vice-coniitibus y Ex Magnatibus. 

, Apprehenderint potestatem. 

Para que el vasallo entregase la potestad, había de sacar todas 
sus cosas del castillo y su término, dejándolo libre á su señor 
.sin retención ni contradicción alguna, entrando luego éste ó un 
apoderado sayo en la fortaleza, los cuales hacían subir á lo alto 
de la torre á algunos hombres de armas que pronunciaban gri- 
tando en todas direcciones el nombre del señor. Hecha este cere- 
monia no podía el vasallo permanecer en el término del castilla 
sin la anuencia del señor, incurriendo de lo contrario en el cri- 
men de felonía (1) que las leyes feudales de la tierra denomina- 
ban hausía. Una vez recibida la potestad, el señor podía poner 
en el castillo los guardas que juzgase necesarios, en la inteligen- 
cia de que si el vasallo ú otro en su nombre trataban de impe- 
dirlo ó de mudarlo dentro de los diez días no podia decirse que 
se hubiese entregado plena potestad, en cuyo caso empezaba tan 
sólo á correr dicho término cuando hubiese cesado la opo- 
sición (2). 

Lo mismo acontecía cuando teniendo el señor la potestad, su 
vasallo ó alguno de su familia, con armas ó sin ellas, estaban ó 
entraban en el término del castillo sin anuencia del señor, ó si 
alguno de ellos tomaba alguna cosa de las rentas del castillo 6 
aceptaba algún servicio gratuito ó forzado de los hombres del 
mismo (3). El vasallo debía reintegrar todos los gastos hechos por 



(1) Cosdmbi-c i.» de 1'. Albert. 
{'2) Cosí. 3.' id. 
(3) Cost. 8.» id. 



CÓDIGO DE LOS USAJKS DE n.vnin; LONA. 95 

el sei'or en la toma de la poleslad, pudieiido éste i-echimai- su re- 
sarcimiento antes de restituir el castillo, á no ser «¡ue so los hu- 
biese cobrado con los bienes muebles del vasallo mientras se ha- 
lló en la fortaleza. En caso do discusión tocante á la cuantía y 
procedencia de estos gastos, se estimaban arbitralmente (l)..Diez 
días después de recibida la plena potestad, debía el señor resti- 
tuir el castillo al vasallo si éste le requería al efecto; pero antes 
podía exigir de él que le prestase homenaje si aún no lo había 
hecho, que le diese la seguridad de que ni él ni los suyos habían 
de ofender á sus guardas y que le firmase de derecho, abonándo- 
le en cambio todos los daños que con su gente hubiese tal vez 
causado en el castillo ó en su término [2]. Guando el señor einpu- 
raba un feudo ó tomaba potestad de un castillo por falta fie servi- 
cio y deueg¿ición de estar á derecho, no estaba obligado á la res- 
titución ni á devolver los frutos que hubiese percibido hasta (]ue 
el vasallo hubiese resarcido duplicado el daño y las costas hechas 
por el señor á consecuencia de su relieldía (3). 

Vel emparaoerint eis suuní fevum. 

Jaime de Montjuictíen sus comentarios sobre este Usaje, dis- 
tingue en el código de Cataluña dos clases de empava^ llamada 
real la una y verbal la otra. La primera producía el efecto de pri- 
var completamente al poseedor de la finca feudal, confiscándola 
el señor en su provecho; y á ella se refieren este Usaje y el titu- 
lado Si quis suum feíidum. Por la segunda sólo se privaba al po- 
seedor de sacar objeto alguno de la finca, mas sin impedirle que 
entrase en ella ó saliese de la misma cuando bien le pareciese, 
que es el caso á que se refiere el Usaje Rusticus si desempara- 
verit. 

Staticani. 

Galicio dice aquí que había en Cataluña muchos castillos, en 
los cuales, el castellano ó carian tenía el derecho de estancia en 



(1) Cost. 9.' id. 

(2) Cosí. 7.» id. 

(3) Cost. de Cat. la 2.' 



96 boletín de la real acade.mla de la historia. 

sus edificios y en su torre; y el señor gozaba también del mismo 
derecho en la torre y eii los edificios del castillo. 

Usaje Gastlani. 

Castlani. 

Hablase muy á menudo en los Usajes y en las Costumbres de 
Cataluña de los castlanes ó carlanes] acerca délos cuales, bastará 
decir, que estos títulos eran meramente feudales , de modo que 
sólo se obtenían por ellos los privilegios derivados de los honores 
ó propiedades que poseían; pero no las preeminencias y preroga- 
tivas de la clase militar, en atención á que el ejercicio de tales 
cargos no era más que un acto de vasallaje. En resolución, el car- 
lán no era sino un vasallo que tenía el castillo en feudo de otro 
señor. Todo carian, dice Socarrats, era vasallo; pero no todo va- 
sallo ei-a carian. 

Usaje Qui fallierit. 

Hostes vel cavalcatas. _ 

Hueste [hostis] en nuestras leyes feudales era el ayuda que 
debian prestar los vasallos á sus señores cuando la Potestad, esto 
es, el Príncipe los llamaba á la guerra, de conformidad con lo es- 
tablecido en los Usajes Alium namque y Princeps namque. La 
cabalgada tenía lugar , según los antiguos escritores catalanes , 
cuando la Potestad ú otros señores inferiores, no habiendo aque- 
lla convocado hueste general, pedían ayuda á sus vasallos para 
un caso de guerra particular y determinado, v. gr., para redu- 
cir á la obediencia á un feudatario rebelde. Distinguíase, pues, 
la hueste de la cabalgada, en dos atribuciones. La primera solo 
podía convocarla el jefe del Estado, al paso que todo señor podía 
llamar para la segunda á sus vasallos. La hueste se convocaba 
para un hecho y un tiempo indeterminados, mientras que la ca- 
balgada se reunía siempre para día cierto y con limitación de 
tiempo. 

En Francia también se conocía esta diferencia entre la hueste 
y la cabalgada, que llamaban allí Iloust y chevauchie. 



CÓDIGO Dli LOS USAJES DE BAIlCELON.V. 97 

Usaje Qui viderit. 

Deiieficiion. 

Dicen los comentadores del derecho feudal, que antes de con- 
cederse los terrenos en plena propiedad en recompensa de servi- 
•cios militares se habían otorgado por título precario y luego en 
mero usufructo, y que estas concesiones se denominaban benefi- 
cios, como debidos exclusivamente á la liberalidad del Príncipe. 
Después se llamaron también feudos, del juramento de fidelidad 
que al señor se prestaba; mas no desapareció completamente por 
esto su antigua denominación. 

Usaje Qui solidus. 

Solidus. 

Llamábase vasallaje la profesión de fidelidad y homenaje que 
prestaba el vasallo al señor, y también la servidumbre, depen- 
dencia ó sujeción que aquel debía á éste; de modo, que vasallo 
tanto vale como feudatario ó subdito, esto es, el que está ligado 
con vínculo de sujeción legal á otro por razón del feudo. El feudo 
se ha definido: «El derecho á un predio ajeno en cuya virtud se 
puede usufructuar perpetuamente, concedido como beneficio por 
el señor, á condición de que el que lo recibe le preste fidelidad, 
servicio militar y otros» (1); ó, como ha dicho D. Alonso el Sabio: 
^Bienfecho que da el señor á algunt home porque se torna su va- 
sallo et le face horaenage de serle leal: et tomó este nombre de fe 
que debe siempre guardar el vasallo al señor» (2). 

Significaba, pues, la palabra feudo el servicio feudal que se 
prestaba en razón de beneficio, y también el mismo predio conce- 
dido en esta manera. 

Encuéntrase con frecuencia en las leyes feudales la palabra 
hombre, que genéricamente designaba al que por cualquiera ra- 
zón estaba sujeto al dominio de otro; como los vasallos que por 



(1) Cuyacio en el libr. i de los Feudos, tít. i. 

(2) Códiffo de las Siete Partidas, ley 1.», tit. xxvi, part. 1.» 



08 nOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

razón de sus feudos debían A sus señores fidelidad y servicios, 
prometidos especialmente en el acto que por la misma razón se 
llamaba homenaje. 

Este podía ser de dos maneras, á saber: sólido y no sólido. El 
primero era de tal naturaleza, que no exceptuaba á nadie, bien 
(|ue siempre se entendía exceptuado el que tenía la jurisdicción 
general, de lo cual se deduce que no podía prestarse á dos seño- 
res á un tiempo. El segundo tenía lugar cuando aquel que lo pro- 
metía exceptuaba á alguno, ya por haberlo prestado anterior- 
mente ;i otro como hombre sólido, ya por reservarse el derecho 
de elegir otro señor ó por no querer encontrarse en el caso de 
hacer armas contra una persona determinada (1). Estos hombres 
sólidos se llamaban también ligios. 

Usaje Si quis in Curia. 

Bausia. 

Socarrats, en sus comentarios á la Gost. i.'' de Pedro Albert, 
dice, que la palabra hausia se deriva de hcnisio i\ ósculo, porque 
el señor y el vasallo, en el acto de pi-estar éste fidelidad y home- 
naje, se besan recíprocamente. Este crimen se castigaba según su 
gravedad con diferentes penas, como es de ver en los mismos 
Usajes. Era sinónimo de traición; mas no totalmente. Esta era 
el género y aquel la especie; porque si bien toda' bausia era 
traición, en cambio sólo ciertas y determinadas traiciones se ca- 
lificaban de ]:)ausías, siendo estas las felonías que cometía el va- 
sallo en detrimento del señor. 

Usaje Cunctum malum. 

Sine fatigatione de directo et sine acuydamento. 

Dice el Diccionario de la Real Academia Española, que desafiar 
es retar ó provocar á pelea ó batalla y también romper la fe y 
amistad que se tiene con otro. En ambas acepciones se usaba esta 
palabra en el derecho feudal de Cataluña y del reino de Aragón; 

(1) Cosí. 30 de P. Albert. 



CODir.O DK LOS USAJES DK I!Ar!CEI,ONA. Oí) 

pues según los Usajes, las Constituciones, las Grónicns y otros 
documentos do aquella época, no era lícito romper las hostilida- 
des con el par ó igual, ni con el señor á quien se debía vasallaje, 
sin que antes se declarase en toda forma la guerra, manifestando 
en este último caso el vasallo que en virtud de los agravios que el 
señor le había inferido se consideraba desligado del juramento 
de fidelidad, acto que tenía el nombro de desnaturalización, por 
llamarse naturaleza las relaciones de fidelidad que mediaban en- 
tre el señor y el vasallo. 

G. de Vallseca, en sus comentarios á este Usaje, dice que aquel 
que se creía perjudicado pedía que se le hiciese justicia, y si fa- 
ticaverit, esto es, si se le denegaba ó retardaba, podía declarar 
que le haría la guerra; declaración que se llamaba acu^cíare ó /«- 
cere acuydamentum. 

De todo ello trata extensamente el Código de las Siete Parti- 
das en su part. iv, tít. xxiv. Por otra parte, en el lib. i, tít. v, del 
Fuero Viejo de Castilla, también se prohibe matar, herir ó des- 
honrar á otro sin desafiarle previamente en la forma establecid¿\ 
en las Cortes de Nájera, que, como es sabido, se celebraron 
en 1138 con el objeto de fijar los derechos y los deberes de lo& 
fijo-dalgos, ya entre sí, ya respecto á los monarcas ó con rela- 
ción á sus propios vasallos. 

Usaje Sacramenta rustici. 

Bacalarii. 

Du Cange, citando precisamente este Usaje, dice que se desig- 
naba con este nombre á los rústicos que cultivaban los haccalaria, 
ó feudos de los vasallos inferiores, sujetos, si no á prestaciones 
personales y serviles, á algunas otras cargas, como por ejemplo^ 
á un censo determinado. Du Cange hace á haccalaría sinónimo 
de vasseleria. 

Mieres, al comentar el cap. xxii de las Cortes de Gerona de 1321 , 
dice que horderius, según algunos, es lo mismo que hacallariiis, 
quasi minor riisticus, en lo cual coincide con la interpretación de 
Du Cange; pero no así en lo que respecta á la etimología de la 
palabra, pues dice: «rusticus est magister agriculturae: sedbor- 
derius est bacallarius, quasi minor magister, sive repetitor.» 



100 BOLKTÍX de la real academia de la HISTOrUA. 

Usaje Camini. 

Pedites. 

Llamábase hombres de ú pié á los plebeyos en contraposición á 
los caballeros, como puede verse en muchísimos documentos ca- 
lalaues de la Edad Media. 

Usaje Stratae et viae. 

Alodium. 

Alodio — en catalán alou — es lo mismo que predio, esto es, po- 
sesión ó herencia que podía venderse y donarse como cosa pro- 
pia, ó en otros términos, era una herencia ó propiedad completa; 
de modo que en muchos documentos se loe: '■udodium, sive haere- 
ditatem.i) Decir que una finca es alodial vale tanto como decir 
(jue es inmune de toda carga y prestación, así como de todo ser- 
vicio real y personal. Sin embargo, a veces se usaba esta palabra 
como sinónima de predio en su acepción más lata y genérica, de 
donde provino aquella fórmula vulgar: de libre y franco alodio; 
por lo cual se llamaban alodiarios, tanto los propietarios que de 
este modo poseían sus tierras, como los que las tenían por un 
señor á quien dcljían una prestación como vasallos, ó en calidad 
de censatarios. Esto no obstante, no hay que echar en olvido que 
las más de las veces se toma la palabra alodiario en su acepción 
concreta para significar la persona que posee libremenie su predio 
sin depender sino de Dios, como dicen los doctores, on contrapo- 
sición al vas;illo ó feudatario, que por razón del feudo que posee 
se halla sujeto á su señor con arreglo á los pactos de la inves- 
tidura. 

Usaje ítem statuerunt. 

Pacem et Ireugam. 

En Cataluña deíhiían los autores la paz y tregua diciendo que 
era «la protección y defensa úada por el Príncipe, y según las 
leyes de la [ierra, á todas las personas y á todas sus cosas posei- 



CÓDir.O DE LOS USAJES DE BARCELONA. 10 1 

das dentro del Principado. » Tres eran las clases de tregua vigen- 
tes en Cataluña: la que se acaba de definir, que era la legal; la 
llamada tregua del Señor ^ coniiín á todos los pueblos cristianos de 
la Edad Media, y la convencional^ en cuya virtud se reconcilia- 
ban dos enemigos, compromelióndose por medio de contrato á no 
dañarse durante cierto tiempo, bajo algunas penas que se estipu- 
laban . 

En cumplimiento de este Usaje, todos los Príncipes fueron con- 
firmando las constituciones de paz y tregua, quehacian entonces 
las veces de verdaderas leyes de orden público. 

Excluy(3se de esta general garantía á varias personas y Ingai-es 
de Cataluña, á saber: las iglesias en las cuales hubiese fortalezas, 
baluartes ú otras obras en forma de castillo, y las que sirviesen 
de refugio á ladrones y salteadores, siempre que después del re- 
querimiento del obispo no se enmendasen estos excesos; los la- 
bradores que labrasen ó cultivasen tierras puestas en litigio des- 
pués de amonestados tres veces por un